La depresión olvidada

Por Iván Carrino. Publicado el 26/5/16 en: https://igdigital.com/2016/05/la-depresion-olvidada/

 

El lunes de esta semana estaba almorzando en las oficinas de Inversor Global con Diego Martínez Burzaco, Nery Persichini y Sebastián Maril. Dado que Sebastián es un minucioso observador de la realidad política norteamericana, el tema de debate era si la presidencia de George W. Bush había sido austera, o no, en términos fiscales. A renglón seguido, comenzamos a hablar de si la salida a la crisis de 2008-09 se había producido gracias al megaestímulo fiscal lanzado por Bush y Obama, o si ésta sucedió a pesar de él.

Depresión

Como muchos sabrán, si bien se asocia a la ortodoxia económica con posiciones liberales, de desregulación y poca participación del estado en la economía, lo cierto es que hoy en día impera una nueva ortodoxia, la keynesiana, que prescribe el accionar del estado para superar casi cualquier problema económico con el que nos encontremos. En el caso de las crisis, la receta es sencilla, mucho gasto público, si es deficitario mejor, y una buena dosis de emisión monetaria.

Si la economía no se reactiva, entonces volver a probar, esta vez con mayores dosis.

El pensamiento keynesiano está tan extendido que incluso en una economía como la Argentina, en recesión y con elevados niveles de inflación, desde el gobierno y la oposición proponen que el estado salga a gastar (¡más todavía!). La idea es mover la obra pública y que esto dé impulso al consumo y la actividad económica.

La charla y la reflexión sobre estos temas me llevó a pensar en lo que Jim Grant llamó “La Depresión Olvidada”, un caso de estudio que refuta la falacia keynesiana y que ocurrió no hace mucho, en un país llamado Estados Unidos.

En su monumental obra “Economics and the Public Welfare”, el economista norteamericano Benjamin Anderson también había hecho referencia a esta situación.

Luego de terminada la guerra, el enorme gasto y el déficit en que se había incurrido habían generado un considerable aumento de los precios, fuerte aumento del nivel de empleo, y también burbujas en algunos sectores como el de las tierras agrícolas. Sin embargo, terminada la guerra, la ilusión de prosperidad llegó a su fin.

Según Anderson, en 1920 el nivel de precios mayoristas en Estados Unidos estaba 248% por encima de su nivel de 1913. Para agosto del año siguiente, el índice se había desplomado. Lo mismo sucedía a nivel minorista. El 3 de mayo de 1920 la tienda de John Wannamaker liquidó su stock de mercadería, ocasionando una caída del 20% en sus precios de venta.

El índice Dow Jones, que en octubre de 1919 había alcanzado un pico de 113,9 puntos, en diciembre del año siguiente se encontraba en 72,2, un descenso del 36,7%. Las firmas tenían problemas de liquidez, y también los bancos, y el desempleo creció con fuerza, afectando a 4,7 millones de personas.

Sin embargo, Anderson relata que la crisis fue rápidamente superada:

“… en el mes de agosto de 1921, comenzamos de nuevo. Para la primavera de 1923 habíamos alcanzado nuevos máximos en la producción industrial y teníamos escasez de mano de obra en muchas líneas”.

A los ojos de hoy, uno podría pensar que el gobierno emprendió una activa política para favorecer la recuperación, incrementando el gasto público, sancionando leyes para evitar el desempleo, cerrando la economía al comercio internacional y ofreciendo créditos blandos. Sin embargo, nada de esto sucedió.

Como explica Anderson, en 1920-21:

La idea de que un presupuesto desequilibrado con un enorme gasto público es un medio necesario para salir de una depresión no era considerada en absoluto. No se consideraba que fuera la función del gobierno inyectar dinero para generar actividad económica. En realidad, la responsabilidad del tesoro de los Estados Unidos era velar por la solvencia del gobierno, y la ayuda más grande que él sentía que podía darle a los negocios era reducir lo más posible la cantidad del gasto (…) para poder reducir los impuestos y la deuda pública

Y así sucedió. En 1920, el gasto público se redujo un 65%, pasando de USD 18.400 millones a USD 6.400 millones. Esto, sumado a la mejora de la recaudación, permitió equilibrar el presupuesto. Al año siguiente, el gasto volvió a reducirse, y también la recaudación gracias a la baja de impuestos. El superávit fiscal creció año tras año.

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El país del norte, a pesar de haber sufrido una caída del 6,3% en su ingreso per cápita en dos años, salió rápido de la mala situación. En 1922 el ingreso avanzó al 4,1% anual, mientras que en 1923 este se disparó hasta el 11,3%, inaugurando una racha alcista que no se frenaría hasta la llegada de la Gran Depresión.

Un mercado flexible, con capacidad de adaptarse a la adversidad, y un gobierno comprometido a tener unas finanzas sólidas y preservar el valor de la moneda (en ese momento ligada al Patrón Oro), fueron suficientes para que Estados Unidos supere la depresión de 1920-1921.

En Argentina deberíamos aprender esta lección, luego de haber probado y fracasado, una y otra vez, con la receta keynesiana e intervencionista.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

¿Era necesario rescatar al Citibank en la crisis de 2008? Acá uno que dice que no…

Por Martín Krause. Publicado el 5/8/14 en: http://bazar.ufm.edu/era-necesario-rescatar-al-citibank-en-la-crisis-de-2008-aca-uno-que-dice-que-no/

 

¿Se justificaron los salvatajes de grandes bancos en la crisis de 2008?

Vern McKinley escribe un Policy Analysis del Cato Institute donde comenta que las decisiones se tomaron sin datos que mostraran específicamente la inminente caída de todo el sistema financiero, ya que más bien se trataba de la migración de depósitos de unas instituciones a otras, y esto nunca fue considerado: run-run-run-was-financial-crisis-panic-over-institution-runs-justified

Algunas de sus conclusiones:

“Este análisis comenzó con un comentario del Controlador Duggan, un oficial de alto rango de las agencias regulatorias del sector financiero durante el pico de la crisis de 2008. Advertía que si no se salvaba al Citibank y sus subsidiarias, que estaban experimentando una corrida, había una amenaza de una ‘corrida bancaria global’. Este comentario fue en respuesta a una pregunta sobre la estrategia de la agencia para controlar la situación. En respuesta a una demanda de más detalle para hacer ese comentario manifestó que la referencia era un documento interno de la agencia de seguro de depósitos FDIC. Sin embargo, el documento del FDIC no tiene ninguna referencia a una ‘corrida global’. La respuesta de Duggan no estaba basada en hechos.

Como se detalla en el informe este ejemplo es típico de la reacción de las autoridades financieras al fenómeno de las corridas bancarias: una gran dosis de exageración y retórica basada en el pánico para convencer a los directorios de las agencias para realizar un rescate que va a resolver el problema en el corto plazo. Este tipo de decisiones tienen luego consecuencias negativas de largo plazo que nunca son tema de atención por las autoridades en el pico de la crisis. La evidencia para apoyar estas medidas durante la crisis era muy poca. Como sintetizara un participante clave de estas deliberaciones, el presidente de FDIC, Bair,: “La falta de análisis profundo mostrando la necesidad de los rescates me llama la atención hasta hoy”. La pesada retórica y la falta de análisis sustantivo fue también evidente en la anterior crisis financiera y se utilizaron los mismos argumentos para intervenir en el FNB, Continental y BNE. EN ambas crisis nunca hubo evidencia de un inminente colapso análogo al de la Gran Depresión, pero la retórica nos hizo creer que estaba a la vuelta de la esquina si no se intervenía.

La respuesta a las corridas que se acercan a una crisis debería ser, como lo detallaran tanto Bagehot como Schwartz, decidir rápidamente una revisión sistemática de qué instituciones son sólidas, y permitiendo que las que no lo son cierren y las otras obtengan prestamos de última instancia. En un cierto nivel, la rapidez con que se actuó en 2008 y 2009 fue una mejora sobre las demoras en el período de los 70s a los 90s. Sin embargo, la eficacia de las intervenciones en 2008 y 2009 debe ser juzgada sobre la base de la sustancia de esas transacciones. En cada uno de los casos, los argumentos sobre una crisis sistémica fueron muy exagerados. EN el caso de Citibank fue una repetición de una crisis anterior: levantar a una institución mal administrada que, si no fuera por los repetidos salvatajes habría quebrado. Permitir que una institución quiebre es la única forma de asegurar que no operará más, como tampoco debemos aceptar lo que digan las autoridades cuando proponen su argumento favorito: la intervención para limitar el ‘riesgo sistémico’.

La nueva legislación Frank-Dodd, que tiene el expreso deseo de un financiamiento más coordinado y analizado de las instituciones ilíquidas, es un enfoque mejor que el enfoque caso por caso de 2008 y 2009. Esta “visión general” debería extenderse lógicamente al movimiento de los depósitos en todo el sistema: si una institución mal manejada y con problemas como Citibank tiene una corrida y pierde $50.000 millones en depósitos, pero JP Morgan y otras mejor manejadas y financieramente sólidas los ganan, no hay una base real para que las autoridades entren en pánico y hagan declaraciones sobre el colapso del sistema y una corrida global. Desgraciadamente, la discrecionalidad que Dodd-Frank otorga a las autoridades para determinar si una institución es “solvente” y todo préstamo tiene suficientes garantías permitirá a esas agencias continuar con decisiones que se acercan a su resultado deseado.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

¡Eso señora @CFKArgentina, vayamos a la quiebra!

Por José Benegas. Pubicado el 6/9/13 en: http://josebenegas.com/2013/09/06/eso-senora-cfkargentina-vayamos-a-la-quiebra/

Tanto se ha criticado el uso de Twitter por la presidente de la nación y sin embargo parece haber hecho en esa red social un aporte muy interesante en su paso por la cumbre del G20. Le sobraron caractéres para “tuitiar” que en su reunión con el primer ministro de Japón Shinzō Abe le habló de “la necesidad de formular una ley de quiebras a nivel internacional” como una forma de enfrentar el problema de la deuda pública impaga.

Lo correcto hubiera sido hablar de un tratado, pero de cualquier manera lo que propuso la presidente es una genialidad, lo que no estoy muy seguro es de que sea consciente de lo que implica.

La quiebra supondría al menos dos cosas importantes para nosotros y para los acreedores. La primera sería la liquidación de los bienes de la fallida, esto es empresas comerciales, negocios como el fútbol para todos y todo tipo de activos que tengan un valor económico. La segunda la indagación sobre la responsabilidad penal de sus administradores. Toda quiebra abre una investigación sobre la posibilidad de que fuera fraudulenta, que existan acreencias inventadas, contratos realizados solo para vaciarla en beneficio de sus administradores. Un caso típico serían empresarios proveedores amigos de los gobiernos, que se pudiera sospechar además que fueran testaferros. También operaciones que escondan prestaciones a título gratuito, es decir sin una contraprestación justificable para el estado, como los recitales de Fito Paez, propagandistas contratados en los medios públicos o la pauta oficial.

Ambas cosas serían muy convenientes para los argentinos. Los acreedores en lugar de cobrar a costa de impuestos contra los contribuyentes argentinos que no acordaron ningún crédito con nadie, deberían rematar los bienes del estado, que de paso ya no tendríamos que mantener. Tendrían algo con qué cobrarse también los acreedores internos, como los jubilados por ejemplo. Las compañías comerciales en primer lugar y todo tipo de activos se rematarían en su beneficio. A su vez esos activos serían un límite a los acreedores, ellos no podrían pretender continuar sus pretensiones contra particulares..

Una vez que fuera establecido ese procedimiento, la capacidad de endeudarse de los estados sería limitada porque sus potenciales prestamistas deberán analizar su solvencia en base a sus bienes y a un flujo razonable y no al simple cálculo de que son un barril sin fondos dado que tienen la capacidad de obligar a terceros a trabajar para pagar sus deudas.

Supongamos que dejamos de lado otra de las consecuencias de la quiebra que sería la intervención de la administración por parte de un síndico para llevar a cabo el procedimiento, si la Argentina hubiera sido declarada en quiebra en 2002 el gobierno del matrimonio Kirchner hubiera sido de verdad uno de los mejores de la historia, porque no hubiera podido hacer nada de lo que hicieron desde que llegaron al poder. Por ejemplo, la idea de la quiebra es incompatible con su negativa a que se embarguen los bienes del estado.

De cualquier manera sospecho que más que en una quiebra la señora estará pensando en una suerte de “paga Dios”, es decir, que los estados puedan ofrecer a los acreedores lo que quieran y que esto no sea simplemente una situación “de facto” derivada de que no se los puede rematar, sino una prerrogativa avalada por los sindicatos de gobiernos. Quiere mantener el “es esto o nada” que es lo que le permitió a la Argentina lograr un nivel de adhesión al canje tan alto que ahora le permite pensar que los holdouts son una minoría testaruda, pero con cualquier mecanismo de quiebra eso no hubiera sido igual de sencillo, su margen de maniobra hubiera sido otro y el gobierno de los Kirchner hubiera terminado con la quinta de olivos convertida en un Club Med.

De cualquier manera el tratado del “paga Dios”, que supongo que es como la señora entiende a su propuesta también sería conveniente para los argentinos. Porque el estado quedaría fuera de los mercados de crédito para siempre. La reducción a la nada de la posibilidad de cobrar haría que nunca más se le prestara un centavo. Y lo hubiéramos logrado sin tener que elegir en las elecciones a un gobierno serio, cosa que está visto que no queremos hacer bajo ninguna circunstancia.

Por desgracia para nosotros y por suerte para la señora Kirchner, lo que propone no es lo que va a pasar. Nadie quiere acabar con el negocio de unos falsos insolventes que están legitimados para cobrar impuestos y hacer responsables como siervos a individuos privados de cualquier compromiso que quieran firmar. Lo mejor para todos los que están en el juego es la prolongación de la situación indefinida en la que de vez en cuando algún juez pueda jugar al derecho sin hacer justicia de verdad nunca.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.