La zoncera de las clases sociales y la suma cero


Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 11/9/2
en: https://www.infobae.com/opinion/2021/09/11/la-zoncera-de-las-clases-sociales-y-la-suma-cero/

Las palabras son para pensar y luego para comunicarnos, si recurrimos a un lenguaje pastoso, pastosos serán nuestros pensamientos

World news: Disney CEO said 'Hitler would have loved social media'
Adolf Hitler en Munich en 1932

Es habitual -y generalmente con la mejor de las intenciones- que se haga referencia a las clases sociales sin percatarse de la genealogía de esa expresión ni de su significado preciso. Pertenecer a distintas clases sociales remite a distinta naturaleza, lo cual es un desatino mayúsculo cuando se aplica a seres humanos ya que todos compartimos la misma condición.

Más aun, la expresión “clase baja” resulta repugnante, la “alta” es de una frivolidad alarmante y la “media” resulta del todo anodina. Se argumenta que no es a la naturaleza de las personas a que se refiere la clasificación de marras sino que se alude a los ingresos bajos, medios y altos y las circunstancias varias que rodean a estas situaciones. Pues si de eso se trata es mejor decirlo abiertamente, es decir, referirse a ingresos bajos, medios y altos. Por otra parte, tengamos siempre presente que todos tenemos en común que descendemos de las cuevas y de la miseria más brutal.

Sé que no pocos encuestadores, sociólogos y colegas economistas recurren con pasmosa inocencia a esa terminología de las clases sociales pero recordemos la genealogía que proviene del marxismo que efectivamente consideraba a personas de distinta naturaleza según “la clase” y Hitler y sus secuaces luego de infinitos embrollos clasificatorios finalmente adoptaron el criterio de Marx dado que rapaban y tatuaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios y concluir que el tema era “mental” para separar al “ario” del “judío”.

En mi columna de la semana pasada sobre el marxismo, anuncié que me explayaría sobre el tema que ahora abordamos. Tal como hemos apuntado, Marx sostuvo que el proletario y el burgués son de una clase distinta porque tienen una estructura lógica diferente, lo cual se denominó polilogismo. Ni Marx ni ningún marxista explicaron en qué se diferencian las ilaciones lógicas y los silogismos respecto a lo estampado por Aristóteles. Como hemos dicho antes, no explica qué le ocurre en su estructura lógica al proletario que se gana la lotería, al burgués que se arruina o al hijo de un burgués y una proletaria.

No caigamos entonces en esta zoncera al parlotear de clases sociales puesto que las palabras son para pensar y luego para comunicarnos, si recurrimos a un lenguaje pastoso, pastosos serán nuestros pensamientos.

En este contexto se suele hablar también de “clase trabajadora” lo cual es otro sandez puesto que esta sola referencia está avalando la teoría de la explotación, a saber, que habría una clase que trabaja y otra que la explota sin percatarse que en un mercado libre todos los que obtienen ingresos corresponden la fruto del trabajo. Solo en un sistema estatista hay quienes obtienen ingresos como consecuencia de la exacción del trabajo ajeno y solo los empresarios prebendarios succionan prepotentemente el ingreso de los demás. En el proceso de mercado cada cual para mejorar su situación patrimonial se ve obligado a mejorar la condición social de su prójimo y el que yerra incurre en quebrantos y el que acierta en las necesidades de otros obtiene ganancias. El empresario en la sociedad abierta es tan trabajador como el que realiza faenas manuales. Decir que las negociaciones salariales tienen lugar entre el capital y el trabajo es tan insensato como decir que puede haber un círculo cuadrado ya que el capital no negocia, son instalaciones, equipos, maquinarias, tecnología, aparatos y equivalentes que no piensan ni actúan puesto que son inanimados.

Otra acepción del mismo tenor es la referencia a “clase privilegiada” para aludir a los más ricos, lo cual naturalmente remite a un privilegio, o a varios, situación que resulta del todo incompatible con la sociedad libre que por definición decide la absoluta abolición de todo privilegio ya que todos son iguales ante la ley. Y dicho sea al pasar, esta igualdad de derechos está indisolublemente atada a la noción de Justicia que según la definición clásica significa “dar a cada uno lo suyo” y recordamos que “lo suyo” se refiere al derecho de propiedad. Desde luego que lo de la clase privilegiada tiene mucho sentido cuando nos referimos a los antedichos prebendarios o a una casta política que se apropia de lo ajeno y se excede en su misión específica de proteger y garantizar derechos.

Claro que es otro cantar si se usa en un sentido metafórico lo de “privilegiada” en el sentido del disfrute de la capacidad de poder vivir holgadamente gracias al propio esfuerzo, lo cual es a contracorriente del otorgamiento de un favor que brinda el aparato estatal que consiste en una excepción.

En esta misma línea argumental, hay quienes declaman a favor de los emprendimientos chicos en oposición a los grandes como si la ambición de los pequeños no fuera ser grandes y como si los grandes no hubieran parido como chicos. El tamaño de la empresa o el comercio depende exclusivamente de la opinión de terceros en el mercado que con sus compras y abstenciones de comprar van marcando la dimensión del negocio.

Esto último no termina de comprenderse porque desafortunadamente está muy instalada la peregrina idea que lo que a uno le falta es porque a otro le sobra. Esto en teoría de los juegos se denomina suma cero pero en el mercado libre toda transacción libre y voluntaria inexorablemente significa que ambas partes ganan, por ello es que en los diferentes comercios las dos partes se agradecen luego de la transacción.

Tal vez el argumento central que alimenta el resentimiento y la envidia es la noción de lo que se conoce con el nombre del “dogma Montaigne”, es decir, que la pobreza de los pobres se debe a la riqueza de los ricos (aunque en última instancia todos somos pobres o ricos según con quién nos comparemos). En el siglo XVI, Michel Montaigne concluyó en su ensayo número veintidós que “no se saca provecho para uno sin perjuicio para otro” en el contexto de todas los intercambios.

Éste es el punto de partida de un error garrafal. Como queda dicho, al contrario, en toda transacción libre y voluntaria en el mercado, ambas partes ganan siempre. Para seguir con la terminología de la teoría de los juegos, en esta situación hay suma positiva. En cambio, cuando tiene lugar la violencia, sea gubernamental directa o indirecta a través de que acepta la intimidación sindical o, como hemos apuntado, al otorgarle mercados cautivos a empresarios prebendarios, hay suma cero, es decir, lo que gana uno lo pierde otro del mismo modo que ocurre cuando se asalta un banco.

Es muy frecuente que se piense que la pobreza relativa de unos se debe a la riqueza de otros y que si unos tienen “demasiado” no queda para otros. Esto es un completo error. La riqueza no es algo estático. Los recursos naturales de hace siglos eran iguales o mayores aun que los actuales y, sin embargo, en la actualidad la gente en general vive mejor respecto de la época de Montaigne en la que la condición natural era las hambrunas, las pestes y la miseria (incluso los reyes morían por una infección de muelas). Esta mejora se debe a marcos institucionales que respetan derechos de propiedad, lo que al destapar la olla de la energía creadora hace que se multiplique y extienda la riqueza y que el obrero de un país civilizado pueda vivir mejor con posibilidades tales como calefacción, automóvil, agua potable y medios de comunicación y, por cierto, más tiempo que un príncipe de la antigüedad.

En física se ha visto desde la formulación precaria de Lucrecio pasando por Newton, Lavoisier y Einstein que nada se pierde y todo se transforma. La cuantía de la masa de materia, incluyendo la energía es la misma en el universo pero lo relevante para el aumento de la riqueza no es el incremento de lo material sino su valor. Puede ser que artefactos tales como un teléfono antiguo contengan más materia que un celular moderno pero el servicio de este último y su precio son sustancialmente distintos.

La creación de riqueza es creación de valor en el contexto de un proceso dinámico. En la medida en que el empresario ofrece en el mercado bienes y servicios que la gente acepta, incrementará su patrimonio y en la medida en que no acierte lo disminuirá. Dejando de lado la lotería, solo hay dos maneras de enriquecerse: sirviendo a los demás o robando a los demás. El primer método es el de la sociedad abierta y los mercados libres, el segundo es el de los regímenes socialistas e intervencionistas en los que el favor oficial establece los patrimonios de los allegados y amigos y condena a la miseria al resto.

Los menos eficientes deben su prosperidad a las tasas de capitalización que generan los más productivos, eventualmente como una consecuencia no buscada pero inexorable pues esa es la razón y la causa de la suba de salarios. Solo por eso es que los ingresos de Alemania son más elevados que los de Uganda, no es porque los alemanes sean más generosos y los ugandeses más avaros es por la diferente inversión per capita.

No es reclamando que se lesione el derecho de quienes crearon riqueza lícitamente la forma de prosperar, sino contribuyendo a crear el propio patrimonio sirviendo a otros. Hoy resulta en verdad triste el espectáculo que ofrecen debates de candidatos a cargos electivos que reinciden en errores gruesos de tiempo inmemorial que han empobrecido a los pueblos.

Entre nosotros Juan Bautista Alberdi insistía en preguntarse y responderse “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra”. Y los postulados de los Padres Fundadores en Estados Unidos consideraban fundamental el derecho de propiedad, de responsabilidad individual y de desconfianza al poder gubernamental. James Madison, el padre de la Constitución, escribió en 1792 que “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Éste es el fin del gobierno, sólo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo”.

¡Qué lejos estamos de los principios de libertad cuando observamos que de un tiempo a esta parte gobernantes y futuros gobernantes del baluarte del mundo libre se han dejado seducir por el bochornoso síndrome de la suma cero! Pensemos lo que queda para países con tradiciones menos civilizadas. Es imperioso retronar a las bases sólidas de la sociedad libre a través de una educación más esmerada y cuidadosa respecto de valores fundamentales.

En resumen, las palabras y los conceptos resultan fundamentales para entendernos, por tanto, dejemos de emplear la peligrosa zoncera de las “clases sociales” y abandonemos la falacia de la suma cero y recién entonces estaremos en condiciones de prosperar.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿Hay un sistema capitalista en China?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 12/6/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/06/12/hay-un-sistema-capitalista-en-china/

En el gigante asiático existen algunos islotes limitados de libertad. Sin embargo, el Partido Comunista mantiene un régimen totalitario. Los dos caminos hacia los cuales podría evolucionar esta nación, según la visión de dos intelectuales

Liu Xiaobo (Reuters)

Hay veces que uno concluye que en algunos casos son menos dañinas las izquierdas que los que se dicen amigos de la libertad. Este es el caso de quienes alardean como partidarios de la sociedad libre y sin embargo afirman sandeces mayúsculas como que en la China de hoy existe el sistema capitalista.

La primera recomendación a estos comentaristas estrafalarios es que estudien qué significa el capitalismo, que es un sistema basado en la propiedad privada y en el respeto irrestricto a los proyectos de otros, es decir, la consideración y garantías a las autonomías individuales. Para los distraídos que mantienen que el capitalismo es una realidad en China es muy recomendable estudiar, por ejemplo, el libro de Ludwig von Mises titulado La mentalidad anticapitalista porque esas falacias precisamente se encuentran incrustadas en las mentes de los propagandistas del supuesto capitalismo chino.

Una cosa es observar que el gobierno chino ha autorizado islotes limitados de libertad con lo que financia el enriquecido aparato estatal y otra bien distinta el pregonar la burrada de marras lo cual constituye un agravio a toda la tradición de la libertad que se ha esforzado en mostrar sus valores, principios y fundamentos a través del tiempo.

Es lo mismo que los irresponsables que parlotean del capitalismo ruso sin percatarse del sistema autocrático que allí impera que ha pasado del terror blanco al terror rojo y de allí al terror de los descarnados atropellos de los nuevos mandones ex KGB que todo se lo embolsan en un clima irrespirable de botas que anulan todo lo que no coincida con la prepotencia del momento. Es lo mismo que aquellos energúmenos que ponderan “la educación cubana” sin entender que donde hay adoctrinamiento hay anti-educación (para no decir nada de la obligación en esa isla-cárcel de escribir con lápiz pues la tanda siguiente debe borrar y usar el mismo papel debido a la fenomenal escasez de ese material). Es lo mismo que los bellacos que seriamente dicen que en Cuba hay buena medicina sin la elemental información de las pocilgas en las que se han convertido los hospitales tal como, entre muchos otros, explica la neurocirujana cubana Hilda Molina y que solo hay centros de salud para los burócratas y para ciertos extranjeros que apoyan al régimen comunista. En Cuba la detención más generalizada es bajo el cargo de “peligrosidad pre-delictiva” para encerrar a los sospechosos de oposición (igual que en la contrarrevolución francesa con los “delitos de intención”).

Para tener esos aparentes “amigos de la libertad” es mejor contar con los enemigos que por lo menos no actúan disfrazados y tienen la honestidad intelectual de confesar abiertamente sus designios.

Como es del dominio público hay una frondosa literatura sobre China pero en esta nota periodística centramos la atención en dos libros que desarrollan tesis opuestas respecto del posible horizonte futuro de ese país. En ambos casos claro que parten de la indiscutida premisa para todos los investigadores rigurosos que se vive hoy en China un régimen totalitario con los antedichos islotes de libertad que naturalmente generan un colosal resultado, pero, como queda dicho, estas dos prognosis difieren radicalmente en sus perspectivas para el futuro.

Veamos algunos flancos de estos estudios pero digamos que para ponerlo en una píldora telegráfica se trata de lo siguiente: por un lado Guy Sorman en China, el imperio de las mentiras sostiene que el sistema irá desembocando en un incremento aún mayor del espíritu totalitario a través del tiempo, mientras que Eugenio Bregolat en La segunda revolución china pronostica un futuro promisorio puesto que se basa en la idea que esos islotes de libertad que por más limitados que sean generarán nuevos incentivos y renovada fuerza para irse extendiendo a través del tiempo.

Sorman -aunque presenta varios escenarios posibles- se inclina por el mantenimiento de un sistema opresivo para la gran mayoría de los chinos que se refleja de entrada en su signo monetario ilustrado con la figura del asesino serial Mao, en el pretendido olvido de la masacre de Tiananmen y en los permanentes intentos de manotazos a Hong Kong en medio de cientos de millones sojuzgados por el régimen y literalmente muertos de hambre. La salida más próxima del sistema actual la esboza en dirección a la posibilidad de un eventual golpe de Estado que militarizaría aún más el país. Las rebeliones que aparecen “no se comunican entre sí, no constituyen un movimiento unitario, no tiene líder ni programa. El Partido llegó a fragmentarlas, no parecen capaces de conmoverlo ni de una magnitud suficiente como para enfrentar a la policía o al ejército”. El objetivo central de las posibilidades y variantes que se detectan en posibles gobernantes que se perciben como posibles consiste en todos los casos probables en “mantenerse en el poder” y “el segundo objetivo es el enriquecimientos de sus miembros” [los del Partido Comunista], lo cual lo fortalecen con empleos adicionales de armamentos adquiridos con la nueva riqueza.

Por otra parte, Guy Sorman lo cita a Mao Yushi, “el más lúcido de los economistas chinos, lo que le trae como consecuencia ser vigilado permanentemente por milicianos de la Seguridad Pública”, quien “considera que el desarrollo económico de China es más un desastre que un milagro” en primer lugar porque las “tasas chinas” no son confiables “ya que el gobierno es el único que tiene acceso a las estadísticas y que éstas no se pueden verificar.” Además eso de los islotes de libertad debe tomarse con precaución ya que están frecuentemente resquebrajadas, por ejemplo, “son los dirigentes del Partido los que dan a los bancos orden para otorgar préstamos por motivos políticos o personales y de no exigir el reintegro de esos préstamos” y así sucesivamente las cortapisas en el mercado inmobiliario, permisos en el comercio etc. Pero a pesar de todo, la liberación parcial y a regañadientes produce sus frutos que deslumbran a todos.

Como anunciamos, del otro lado del espectro se encuentra el libro de Bregolat quien concluye que todo lo que viene ocurriendo en China “configura una nueva mentalidad. Es probable que, antes o después, la ciudadanía demande un mayor grado de participación en los asuntos públicos. El Partido es consciente de ello y es muy posible la evolución desde dentro del sistema en dirección a la democracia, principio introducido ya, con limitaciones, en los pequeños municipios […] China sorprendió al mundo con su cambio económico y bien puede sorprenderlo en el terreno del cambio político. No es seguro que ocurra, pero no puede excluirse. El tiempo dirá”.

En todo caso las maravillas que en diversos planos describió Marco Polo sobre la antigua China del siglo XIII no se condicen con lo que viene sucediendo, tal vez solo que al encandilarse con el descubrimiento de la imprenta se le pasó inadvertido la irrupción del papel moneda lo cual transmitió su espíritu a la tan ajetreada vida contemporánea.

Por último, cierro esta nota con la mención de un personaje sobre el que he escrito antes en detalle. Se trata de Liu Xiaobo muerto a los 62 años de edad en China a raíz de un cáncer de hígado eventualmente fruto de los sucesivos disgustos y de su condena por el régimen a once años de cárcel en 2009 “por el delito de socavación al poder estatal” lo cual comenzó por la denuncia (préstese atención a la denominación orwelliana de la repartición gubernamental) de la Brigada Primera de la Oficina para la Seguridad y Control de la Red de Noticias Públicas de los Servicios de Seguridad de la Ciudad de Pekín, en concordancia con el párrafo 105, apartado 2 del Código Penal de la República Popular China referido al antedicho delito. Las autoridades no lo dejaron salir del país para tratarse la enfermedad.

Xioabo ha sido un baluarte de la libertad. En ese contexto sostiene con énfasis que la concesión a algunos de ciertas libertades producen una explosión fenomenal de la energía creadora que con razón deslumbra al mundo, pero el autor subraya que ese vergel de lo material no debe tapar la vergüenza de los atropellos a las libertades de prensa, de asociación, de reunión, la privación de una Justicia independiente del poder político y la corrupción astronómica de todos los funcionarios de más alta jerarquía. Señala que no resulta digno para la condición humana que se pretenda cubrir la bajeza de lo dicho con edificios y automóviles mejores puesto que esto significa la miserable renuncia de valores esenciales del espíritu por lo que en definitiva son las chucherías de la materia.

Este doctor en literatura fue profesor invitado, entre otras, en las universidades de Columbia y Oslo. En su obra más conocida –No tengo enemigos, no conozco el odio– se consigna que participó activamente en las antes aludidas protestas estudiantiles de junio de 1989, reprimidas de modo sangriento (colaboró en la redacción del documento titulado “La voces de las madres de Tiananmen”). Publicó once libros en el extranjero debido a la censura en China y fue condenado varias veces a “campos de reeducación” (un eufemismo para esconder los campos de concentración que millones de veces fueron campos de exterminio).

Fue presidente del PEN Internacional en la clandestinidad china y en 2010 fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz que no pudo ser recibido por él por encontrarse en la cárcel y tampoco pudo ser recibido por sus familiares a quienes se les prohibió la salida del país (el 10 de diciembre, simbólicamente el galardón fue depositado en una silla vacía). Fue uno de los redactores de la célebre Carta 08 en pos de la libertad por la que fue severamente reprimido junto a otros colegas.

A pesar de que de joven admiraba a Marx debido al sistema de adoctrinamiento de todo régimen totalitario, por consejo bibliográfico del antes mencionado Mao Yushi fue muy influido por autores como Isaiah Berlin y Friedrich Hayek. En su último ensayo Xiaobo escribió -pese a las dificultades permanentes de saltear a los comisarios del pensamiento: “Anhelo ser la última víctima de la inquisición literaria en este país y que de ahora en más ninguna otra persona sea juzgada por sus palabras”.

En su antedicho libro critica a los que le dan prioridad en sus vidas “a los cargos, la riqueza y los viajes, los intereses especiales de las modas, el consumo, los buenos looks de las actrices de cine, los juegos de Internet y las relaciones de una noche”. Critica a los nacionalismos que “producen el mayor entusiasmo en la joven generación, sobre todo, el sentimiento antiestadounidense y antijaponés, así como el rechazo de la independencia de Taiwán, son reacciones con las cuales la juventud expresa su compromiso con el Estado chino y su odio por su nacionalismo […] Ese es el nacionalismo de la juventud china: fanfarronería para afuera, cobardía para adentro […] Si se quiere llegar al éxito rápido, debe estarse en el Partido [Comunista] apenas uno termina sus estudios […], este fenómeno que se vive tranquilamente, aunque con la moral rota, es perfectamente acorde con la esquizofrenia espiritual de toda la sociedad […] Las noticias no oficiales, que circulan de forma privada, muestran la forma verdadera del sistema informal, un verdadero reino del terror”.

En todo caso, en este texto hemos intentado mostrar la falsedad, el insulto a la inteligencia y la contradicción en los términos de mantener que hay un sistema capitalista en la China del abuso del poder.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Apuntes en torno al terrorismo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 24/5/2en: http://www.laprensa.com.ar/502431-Apuntes-en-torno-al-terrorismo.note.aspx

Ahora se alardea con los jóvenes idealistas y otros dislates en relación a los ponebombas y criminales que apuntaban a intensificar problemas en lugar de resolverlos y convertir a nuestro país en la islacárcel cubana. Entre las muchas documentaciones sobre las intenciones totalitarias de los terroristas se encuentra el formidable libro de Graciela Fernández Meijide en coautoría con Héctor Ricardo Leis titulado El diálogo. El encuentro que cambió nuestra visión sobre la década del 70.

Pero en estas líneas centramos la atención en el origen marxista de lo ocurrido, no solo entre laicos sino también entre miembros de la Iglesia. De allí es que, por ejemplo, el Padre Carlos Mugica haya declarado públicamente que “Marx y Engels no hicieron más que parafasear al Evangelio”, y que “Mario Eduardo Firmenich, es un cristiano ejemplar” (La Razón, Julio 16, 1970). Y ese es el motivo por el que el Papa Francisco ha declarado el 11 de noviembre de 2016, en una entrevista al diario italiano La Repubblica: “Son los comunistas los que piensan como los cristianos”, y la explicación por la cual uno de sus primeros actos de su pontificado fue el concelebrar misa con el Padre Gustavo Gutiérrez, el creador de la llamada Teología de la Liberación.

Recordemos que la primera influencia de Jorge Bergoglio en su juventud provino de la marxista doctora Esther Balestrino y su mentor en su período de ordenación fue Monseñor Enrique Angelelli, quien celebraba misa bajo la insignia de los Montoneros. Esto explica sus textos y declaraciones varias.

En este contexto, es oportuno reproducir una cita que recoge preocupaciones aun antes del actual pontificado y en pleno resurgir de las propuestas iniciadas primero en Medellín y más adelante en Puebla, expuestas por el sacerdote polaco Miguel Poradowski -doctor en teología, doctor en derecho y doctor en sociología- quien escribe en su libro El marxismo en la Iglesia: “No todos se dan cuenta hasta dónde llega hoy la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia. Muchos, cuando escuchan algún sacerdote que predica en el templo, ingenuamente piensan que se trata de algún malentendido. Desagraciadamente no es así. Hay que tomar conciencia de estos hechos porque si vamos a seguir cerrando los ojos a esta realidad, pensado ingenuamente que hoy día, como era ayer, todos los sacerdotes reciben la misma formación tradicional y que se les enseña la misma auténtica doctrina de Cristo, tarde o temprano vamos a encontrarnos en una Iglesia ya marxistizada, es decir, en una antiIglesia”.

LOS JUICIOS

Estimamos de especial interés subrayar que en los documentos originales promulgados por el ex Presidente Alfonsín (no los que adulteraron el prólogo de Ernesto Sábato a la Conadep y otras alteraciones) se pretendía no solo juzgar a los militares por sus conductas aberrantes sino juzgar a los terroristas y a los primeros por sus pares al efecto de proceder de acuerdo al juez natural (lo cual en su momento no fue bien comunicado, situación que mal informó a muchos sobre el debate circunscripto al concepto del juez natural, incluyendo en una primera etapa al que estas líneas escribe). 

Esta iniciativa fue finalmente dejada de lado pues de manera inaudita los militares en funciones se pronunciaron en el sentido de aprobar las aberraciones llevadas a cabo por el régimen militar, cosa que no se conoce en la medida suficiente.

Es del caso señalar que durante el referido régimen militar en su inmensa mayoría la población estaba engañada respecto a los procedimientos a todas luces indecentes a que se recurría de modo oculto en los embates antisubversivos y muchos estábamos concentrados en criticar públicamente las medidas económicas y políticas sumamente desacertadas del régimen.

Se daba por sentado la honorabilidad de los representantes de las Fuerzas Armadas y su empeño en poner coto al terrorismo lo cual era naturalmente apoyado por todos los que queríamos vivir en paz en una sociedad libre. Recién fueron saliendo a la luz -para horror y sorpresa de todos- los asesinatos, las torturas y los secuestros que se cometían con independencia de lo sucedido en las batallas contra atentados y matanzas diarias provocadas por el terrorismo.

En este sentido, es también pertinente recordar que los generales Juan Antonio Buasso, Arturo Corveta y Rodolfo Clodomiro Mujica insistieron en que una vez eliminada la Cámara Federal en lo Penal se llevaran a cabo juicios con las debidas defensas en sede militar, lo cual fue respondido por la cúpula con el pase a retiro de los referidos oficiales. 

Y el general Alejandro Agustín Lanusse con toda razón declaró el 29 de diciembre de 1970 ante sus camaradas de armas: “En la lucha contra el enemigo subversivo debe evitarse la fácil tentación de emplear los mismos métodos que los terroristas ya que ello deterioraría gravemente la eticidad de nuestra posición y destruiría el fundamento de nuestra lucha”.

Mucho horror, angustia y pena se hubiera ahorrado de seguir estos consejos en lugar de emplear el método criminal de los encapuchados para liberar la guerra antisubersiva.

Pero en todo caso, en esta nota periodística destacamos el rol de las ideas marxistas presentes en muchos políticos y dirigentes argentinos. Lo que se ha bautizado como La tragedia de los comunes hace estragos pues lo que es de todos no es de nadie como ya había puesto de manifiesto Aristóteles en su refutación al comunismo de Platón. Cierro con una frase de Borges que utilizaba muchas veces al despedirse de su audiencia y que ilustra el problema de la colectivización: “Me despido de cada uno y no digo de todos porque cada uno es una realidad, mientras que todos es una abstracción”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Estamos todos en el mismo barco

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 8/4/21 en: https://eleconomista.com.ar/2021-04-estamos-todos-en-el-mismo-barco/

Estamos todos en el mismo barco

En su libro “El antiguo régimen y la Revolución Francesa”, Alexis de Tocqueville sostuvo que el países en los que se goza de gran progreso moral y material la gente suele dar eso por sentado y ese es el momento fatal pues ocupan espacios otras corrientes de pensamiento que navegan en direcciones contrarias a las que brindaron la posibilidad del mencionado progreso. Por su parte, Thomas Jefferson repitió en diversas ocasiones que “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”.

Estas dos citas de personajes ilustres son para mostrar la imperiosa necesidad de que todos –reitero, todos- los que pretenden que se los respete contribuyan en el estudio y la difusión de los valores y principios que abren paso a la sociedad libre. Ningún adulto está eximido de esa obligación moral, no importa si se dedica a la jardinería, la música, la filosofía, la economía o lo que fuere. Todos están interesados en que se los respete.

No es cuestión de mirar para otro lado y esperar que otros sean los encargados de mantener y reforzar el sistema. Es sumamente desgraciada la situación en la que muchos se concentran en sus negocios personales pero en lo que concierne al problema que venimos comentando, se limitan a mirar televisión y criticar a la hora de engullir alimentos pero, acto seguido, vuelven a sus intereses particulares que, si son legítimas, bienvenidas sean, pero es indispensable que se comprenda que no sobreviven si no son apuntalados por marcos institucionales civilizados y esto no viene del aire sino que es el resultado de esfuerzos cotidianos.

Es triste y muy peligroso observar a quienes no se preocupan y ocupan de alimentar el respeto recíproco porque las cosas van bien y cuando van mal es porque la faena se torna mucho más difícil y empinada. Siempre hay un pretexto. No puede actuarse como si estuviéramos en la platea de un enorme teatro esperando que los actores en el escenario resuelvan los problemas: ese es un buen método para que el teatro se derrumbe liquidando a todos.

No es una exageración decir que cada noche antes de acostarnos debemos preguntarnos que hicimos durante la jornada para que se nos respete y, si la respuesta es nada, no tenemos derecho a quejarnos.

Es sabido que los canales más fértiles para lograr el cometido son la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo, pero no son los únicos procedimientos. Por ejemplo, un buen ejercicio consiste en grupos de lectura de buenos libros en reuniones en casas de familia de pocas personas en las que por turno una comenta la lectura de una parte del texto en cuestión y los otros debaten. Esto tiene un efecto notablemente productivo y constituye un potente efecto multiplicador en los lugares de trabajo, en reuniones sociales y equivalentes.

Todos estamos en al mismo barco y cuanto más globalizado el mundo más cercanos son los problemas. En uno de mis primeros libros fabriqué una definición de liberalismo que veo con satisfacción que se cita con frecuencia: es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros. No es que se suscriba el proyecto de vida del vecino. La prueba decisiva de tolerancia es cuando no lo compartimos, pero la vida se torna imposible si pretendiéramos imponer nuestro proyecto a otros. En ese contexto solo es admisible el uso de la fuerza cuando hay lesiones de derecho y todo lo demás queda al entero criterio de cada cual.

Esta concepción que parece sencilla en la práctica en muchos lugares no es compartida y se delega en manos de megalómanos el manejo arbitrario y prepotente de vidas y haciendas ajenas lo cual indefectiblemente conduce a la miseria moral y material. En esa línea argumental, es de especial importancia percatarse que la democracia consiste en un aspecto central de la garantía y protección de los derechos de las personas y una parte secundaria y accesoria que consiste en los votos de mayorías o primeras minorías tal como han puesto de manifiesto los Giovanni Sartori de nuestra época.

Sin embargo, se observa la malsana tendencia a revertir las prioridades y otorgan prelación al conteo de votos y dejar de lado y renegar de la antedicha custodia a los derechos individuales. En este sentido el eminente constitucionalista argentino Juan González Calderón ha señalado que los demócratas de los números ni de números entienden puesto que parten de dos ecuaciones falsas: 50%+1% =100% y 50% – 1% = 0%. Con este criterio antidemocrático los dictadores electos simulan democracia como fue antaño el régimen nazi o lo es hoy el chavista.

En resumen, hoy son muchos los lugares donde se han abandonado o se está en vías de abandonar los valores centrales del respeto recíproco bajo diversos ropajes y etiquetas. Es urgente que cada uno asuma su responsabilidad y, sin descanso, contribuyamos a que se suscriban los principios básicos de la libertad, lo cual para nada quiere decir que no existan disensos que son indispensables para mejorar puesto que, precisamente, el pensamiento único es propio de mentes antidemocráticas.

Como reza el lema de la Royal Society de Londres: “nullius in verba”, es decir, no hay palabras finales en el proceso evolutivo del progreso…para lo cual es requisito la sociedad libre.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La batalla cultural

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 7/9/19 en: https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/batalla-cultural.html

 

En medio del fárrago de noticias cotidianas, es bueno hacer un alto en el camino y detenerse a considerar ideas de fondo al efecto de mejorar el panorama. Si nos encajamos solo en la coyuntura estaremos como perros histéricos que en círculos pretenden morderse la cola. La coyuntura es necesaria al efecto de estar informado pero solo si nos damos espacios para meditar sobre el largo plazo es que será posible zafar de coyunturas que nos desagradan.

Si no se resuelve la comprensión de ciertos valores y principios que hacen de brújula a la acción, no resulta posible avanzar hacia una sociedad libre. Si nos estancamos en consideraciones del momento, nunca vamos a abrir los ojos para disfrutar de horizontes más fértiles y siempre nos quedaremos empantanados en nimiedades. La única manera de progresar es primero estudiar y luego difundir ideas que calen hondo y, por tanto, vayan al fondo de los problemas.

Lo primero de todo es aclarar que queremos significar con la expresión “cultura”. En nuestra época se ha degradado tanto el término que alude a cualquier manifestación humana en cualquier dirección, así es que con esta acepción se puede hablar de la cultura de la antropofagia y otras manifestaciones de anticultura. Es que en su acepción clásica, la palabra cultura remite a cultivar la mente que es lo más preciado que tiene el ser humano.

Ahora bien, las manifestaciones culturales abarcan las relaciones intraindividuales y las interindividuales. Las primeras abarcan todas las conductas que desarrollen las potencialidades de cada cual al efecto de buscar el bien, mientras que las segundas se circunscriben a las relaciones con el prójimo. En estas líneas nos limitamos a lo segundo para concluir que la batalla cultural apunta a que nos respetemos entre nosotros, independientemente de la conducta que cada uno decida en la esfera privada. Apuntamos a la convivencia civilizada para lo cual es indispensable que cada persona considere sagrada la esfera individual de sus congéneres y, por tanto, se abstenga del modo más categórico a interponerse y mucho menos a recurrir a la fuerza o amenaza de fuerza para con sus vecinos y recurra a esta vía extrema sola y exclusivamente cuando hay lesiones de derechos de terceros.

Cuando nos referimos al respeto a los derechos de otros no estamos diciendo que compartimos o adherimos las conductas individuales de nuestro prójimo, más aun podemos discrepar radicalmente con esos modos de proceder.

En realidad la demostración cabal de respeto es, precisamente, cuando no compartimos la conducta privada de nuestros coetáneos. Y es más precisa la expresión “respeto” que “tolerancia” que arrastra cierto tufillo inquisitorial como si uno tuviera la verdad y perdona el error del prójimo.

La verdad es la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado, pero para lograr aprehenderla se requiere esfuerzo en una permanente peregrinación al efecto de desprendernos del mar de ignorancia en el que nos debatimos para incorporar algo de tierra fértil. De allí la importancia de debates abiertos y absoluta libertad de expresión para arribar a buen puerto e incorporar nuevos conocimientos.

En este contexto estamos descartando cualquier manifestación de contracultura, a saber, conductas que invaden el fuero íntimo de nuestros semejantes, a toda manifestación que avasalle la privacidad del prójimo. De esto se sigue el respeto a la vida, a la libertad y a la propiedad de cada cual, entendiendo por esto último la consideración irrestricta al uso y disposición de lo que pertenece a cada uno.

En este sentido resulta llamativa la contradicción de aquellos que sostienen que son partidarios de la libertad política pero rechazan la económica. Esto es lo mismo que pronunciarse a favor del continente, es decir, marcos institucionales civilizados pero rechazar el contenido,  a saber, el uso y la disposición de lo propio, sin percatarse que el continente es para preservar el contenido.

Todo lo que hoy disponemos y usamos es fruto de una teoría previa, es decir, de un sueño, de un ideal, de un proyecto aún no ejecutado. Damos por sentado el uso del avión, la televisión, la radio, Internet, el automóvil, el tipo de comida que ingerimos, las medicinas a que recurrimos, los tipos de edificaciones, la iluminación, las herramientas, los fertilizantes, la biogenética, la siembra directa, los sistemas políticos y los regímenes económicos. Todo esto y mucho más, una vez aplicado parece una obviedad, pero era inexistente antes de concebirse como una idea en la mente de alguien.

Si se desea alentar la cultura y combatir la contracultura y la consiguiente batalla cultural, debe enfatizarse la importancia del trabajo teórico y no circunscribirse al ejercicio de practicar lo que ya es del dominio público. Por ello resulta tan estimulante el comentario de George Bernard Shaw cuando escribe que “Algunas personas piensan las cosas como son y se preguntan ¿por qué? Yo sueño cosas que no son y me pregunto ¿por qué no?”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La clave es la batalla cultural

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 31/8/19 en:  https://www.infobae.com/opinion/2019/08/31/la-clave-es-la-batalla-cultural/

 

Friedrich Von Hayek (Photo by Granger/Shutterstock (8684686a)

Friedrich Von Hayek (Photo by Granger/Shutterstock (8684686a)

 

Este tema es el central. Si no se resuelve la comprensión de ciertos valores y principios que hacen de brújula a la acción, no resulta posible avanzar hacia una sociedad libre. Si nos estancamos en consideraciones del momento, nunca vamos a abrir los ojos para disfrutar de horizontes más fértiles y siempre nos quedaremos empantanados en nimiedades. La única manera de progresar es primero estudiar y luego difundir ideas que calen hondo y, por tanto, vayan al fondo de los problemas.

Lo primero de todo es aclarar que queremos significar con la expresión “cultura”. En nuestra época se ha degradado tanto el término que alude a cualquier manifestación humana en cualquier dirección, así es que con esta acepción se puede hablar de la cultura de la antropofagia y otras manifestaciones de anticultura. Es que en su acepción clásica, la palabra cultura remite a cultivar el espíritu que es lo más preciado que tiene el ser humano, no es ejercitarse en ladrar o reptar sino en cultivar su mente o su psique que es lo que lo distingue de otras especies conocidas y lo reafirman en su condición humana.

Ahora bien, las manifestaciones culturales abarcan las relaciones intraindividuales y las interindividuales. Las primeras abarcan todas las conductas que desarrollen las potencialidades de cada cual al efecto de buscar el bien, mientras que las segundas se circunscriben a las relaciones con el prójimo. En estas líneas nos limitamos a lo segundo para concluir que la batalla cultural apunta a que nos respetemos entre nosotros, independientemente de la conducta que cada uno decida en la esfera privada. Apuntamos a la convivencia civilizada para lo cual es indispensable que cada persona considere sagrada la esfera individual de sus congéneres y, por tanto, se abstenga del modo más categórico a interponerse y mucho menos a recurrir a la fuerza o amenaza de fuerza para con sus vecinos y recurra a esta vía extrema sola y exclusivamente cuando hay lesiones de derechos de terceros.

Cuando nos referimos al respeto a los derechos de otros no estamos diciendo que compartimos o adherimos las conductas individuales de nuestro prójimo, más aun podemos discrepar radicalmente con esos modos de proceder. En realidad la demostración cabal de respeto es, precisamente, cuando no compartimos la conducta privada de nuestros coetáneos. Y utilizamos la palabra “respeto” y no “tolerancia” porque este último vocablo tiene la connotación de cierto tufillo inquisitorial. Los derechos se respetan, no se toleran como si estuviéramos en lo alto de una loma perdonando los errores de otros como si fuéramos infalibles en cuanto a percepción de la verdad.

La verdad es la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado, pero para lograr aprehenderla se requiere esfuerzo en una permanente peregrinación al efecto de desprendernos del mar de ignorancia en el que nos debatimos para incorporar algo de tierra fértil. De allí la importancia de debates abiertos y absoluta libertad de expresión para arribar a buen puerto e incorporar nuevos conocimientos.

Por todo esto es la definición a la que arribé hace mucho tiempo y celebro que otros la hayan adoptado en cuanto a que el liberalismo es el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros. Entonces, en este contexto, cuando nos explayamos sobre la cultura nos estamos refiriendo al respeto a los comportamientos de otros seres humanos y estamos descartando cualquier manifestación de contracultura, a saber, conductas que invaden el fuero íntimo de nuestros semejantes, a toda manifestación que avasalle la privacidad del prójimo. De esto se sigue el respeto a la vida, a la libertad y a la propiedad de cada cual, entendiendo por esto último la consideración irrestricta al uso y disposición de lo que pertenece a cada uno.

En esto consiste la batalla cultural que debe darse antes que ninguna otra cosa si queremos vivir en una sociedad libre. Las expresiones que se refieren a lo coyuntural son del todo secundarias respecto a la batalla cultural, puesto que la coyuntura es una consecuencia de esa batalla. No hay circunstancia alguna que no derive de esa batalla para lo cual es menester trabajar en el terreno teórico al efecto de contar con una práctica civilizada.

Sin duda que los medios de comunicación deben informar sobre la coyuntura pero es indispensable que se le otorgue suficiente espacio a la batalla cultural, es decir, al debate de ideas de fondo si es que se desea corren el eje de las agendas que apunten al respeto recíproco.

Hay dos planos de acción que es perentorio clarificar y precisar. Esta diferenciación de naturalezas resulta decisiva al efecto de abrir cauce al progreso. Constituye un lugar de los más común -casi groseramente vulgar- sostener que lo importante es el hombre práctico y que la teoría es algo etéreo, mas o menos inútil, reservado para idealistas que sueñan con irrealidades.

Esta concepción es de una irresponsabilidad a toda prueba y revela una estrechez mental digna de mejor causa. Todo, absolutamente todo lo que hoy disponemos y usamos es fruto de una teoría previa, es decir, de un sueño, de un ideal, de un proyecto aún no ejecutado. Damos por sentado nuestros zapatos, el uso del avión, la televisión, la radio, internet, el automóvil, el tipo de comida que ingerimos, las medicinas a que recurrimos, los tipos de edificaciones, la iluminación, las herramientas, los fertilizantes, plaguicidas, la biogenética, la siembra directa, los sistemas políticos, los regímenes económicos etc. etc. Todo eso y mucho más, una vez aplicado parece una obviedad, pero era inexistente antes de concebirse como una idea en la mente de alguien.

John Stuart Mill escribió con razón que “toda idea buena pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. Seguramente, en épocas de las cavernas, quienes estaban acostumbrados al uso del garrote les pareció una idea descabellada el concebir el arco y la flecha y así sucesivamente con todos los grandes inventos e ideas progresistas de la humanidad. En tiempos en que se consideraba que la monarquía tenía origen divino, a la mayoría de las personas les resultó inaudito que algunos cuestionaran la idea y propusiera un régimen democrático.

Los llamados prácticos no son más que aquellos que se suben a la cresta de la ola ya formada por quienes previa y trabajosamente la concibieron. Los que se burlan de los teóricos no parecen percatarse que en todo lo que hacen son deudores de ellos, pero al no ser capaces de crear nada nuevo se regodean en sus practicidades. Todo progreso implica correr el eje del debate, es decir, de imaginar lo nuevo al efecto de ascender un paso en la dirección del mejoramiento. Al práctico le corren el piso los teóricos sin que aquel sea para nada responsable de ese corrimiento.

El premio Nobel Friedrich A. Hayek concluye: “Aquellos que se preocupan exclusivamente con lo que aparece como práctico dada la existente opinión pública del momento, constantemente han visto que incluso esa situación se ha convertido en políticamente imposible como resultado de un cambio en la opinión pública que ellos no han hecho nada por guiar”. La práctica será posible en una u otra dirección según sean las características de los teóricos que mueven el debate. En esta instancia del proceso de evolución cultural, los políticos recurren a cierto tipo de discurso según estiman que la gente lo digerirá y aceptará. Pero la comprensión de tal o cual idea depende de lo que previamente se concibió en el mundo intelectual y su capacidad de influir en la opinión pública gradualmente a través de sucesivos círculos concéntricos y efectos multiplicadores desde los cenáculos hasta los medios masivos de comunicación.

En todos los órdenes de la vida, los prácticos son los free-riders (los aprovechadores o, para emplear un argentinismo, los “garroneros”) de los teóricos. Esta afirmación en absoluto debe tomarse peyorativamente puesto que todos usufructuamos de la creación de los teóricos. La inmensa mayoría de las cosas que usamos las debemos al ingenio de otros, incluso prácticamente nada de lo que usufructuamos lo entendemos ni lo podemos explicar. Por esto es que el empresario no es el indicado para defender el sistema de libre empresa porque, como tal, no se ha adentrado en la filosofía liberal ya que su habilidad estriba en realizar buenos arbitrajes (y, en general, si se lo deja, se alía con el poder para aplastar el sistema), el banquero no conoce el significado del dinero, el comerciante no puede fundamentar las bases del comercio, quienes compran y venden diariamente no saben acerca del rol de los precios, el que maneja un celular no puede fabricarlo, el especialista en marketing suele ignorar los fundamentos de los procesos de mercado, el piloto de avión no es capaz de fabricar una aeronave, los que pagan impuestos (y mucho menos los que recaudan) no registran las implicancias de la política fiscal, el ama de casa no conoce el mecanismo interno del microondas, ni de la refrigeradora y así sucesivamente. Tampoco es necesario que esos operadores conozcan aquello, en eso consiste la división del trabajo y la consiguiente cooperación social. Es necesario, pero sí que cada uno sepa que los derechos de propiedad deben respetarse para cuya comprensión deben aportar tiempo, recursos o ambas cosas si desean seguir en paz con su practicidad y para que el teórico pueda continuar en un clima de libertad con sus tareas creativas y así ensanchar el campo de actividad del práctico.

Desde luego que hay teorías efectivas y teorías equivocadas o sin un fundamento suficientemente sólido, pero en modo alguno se justifica mofarse de quienes realizan esfuerzos para concebir una teoría eficaz. Las teorías malas no dan resultado, las buenas logran el objetivo. En última instancia, como se ha dicho, “nada hay más practico que una buena teoría”. Como queda dicho, consciente o inconscientemente detrás de toda acción hay una teoría, si esta es acertada la práctica producirá buenos resultados, si es equivocada las consecuencias del acto estarán rumbeadas en una dirección inconveniente respecto de las metas propuestas.

Como hemos señalado, no solo no hay nada que objetar a la practicidad sino que todos somos prácticos en el sentido que aplicamos los medios que consideramos corresponden para el logro de nuestras metas, pero tiene una connotación completamente distinta “el práctico” que se considera superior por el mero hecho de aplicar lo que otros concibieron y, todavía, reniegan de ellos…los que, como queda dicho, hicieron posible la practicidad del práctico.

Afirmar que “una cosa es la teoría y otra es la práctica” es una de las perogrulladas mas burdas que puedan declamarse, pero de ese hecho innegable no se desprende que la práctica es de una mayor jerarquía que la teoría, porque parecería que así se pretende invertir la secuencia temporal y desconocer la dependencia de aquello respecto de esto último, lo cual no desconoce que la teoría es para ser aplicada, es decir, para llevarse a la práctica. Por eso resulta tan grotesca y tragicómica la afirmación que pretende descalificar al sostener aquello de que “fulano es muy teórico” o el equivalente de “mengano es muy idealista”, pues bienvenidos los idealistas si sus ideales fortalecen la cultura y se apartan de la contracultura en el sentido definido en esta columna periodística.

Estemos atentos y en la punta de la silla para juzgar las contribuciones que en estos momentos aparecen, como los debates sobre el dilema del prisionero, las externalidades, la asimetría de la información, el equilibrio Nash, los balances sociales y equivalentes pues el espíritu liberal está siempre en ebullición ya que no hay palabras finales para los mortales, de allí el extraordinario lema de la Royal Society de Londres nullius in verba.
Si se desea alentar la cultura y combatir la contracultura y la consiguiente batalla cultural, debe enfatizarse la importancia del trabajo teórico y el idealismo, y no circunscribirse al ejercicio de practicar lo que ya es del dominio público. Por ello resulta tan estimulante el comentario de George Bernard Shaw cuando escribe: “Algunas personas piensan las cosas como son y se preguntan ¿por qué? Yo sueño cosas que no son y me pregunto ¿por qué no?”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

VIKTOR FRANKL: LOGOTERAPIA EN LA VIDA MODERNA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Se conoce como la Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia la contribución de Frankl, siendo la primera la de Freud y la segunda la de Adler. En esta nota periodística intentaré resumir los aspectos centrales de la logoterapia y conexos en base a citas de su fundador tomadas de su Psycotherapy and Existencialism (Londres, Simon and Schuster, 1967) donde se recogen los ensayos de mayor peso de Frankl. Procederé en cuatro capítulos comenzando con citas del autor de la referida obra, seguidas de elaboraciones personales.

 

En primer lugar, el significado de la logoterapia. Escribe Frankl que “Logoterapia se ocupa no solamente de ser sino del significado, no solo con el ontos sino con el logos […] En otras palabras, la logoterapia no solo es análisis sino terapia […] es mi convicción que el hombre no debe, en verdad no puede, apuntar a la identidad de un modo directo, más bien encuentra su identidad en la medida en que se compromete en una causa más grande que su persona. Nadie lo ha puesto de un modo más claro que Karl Jaspers cuando dijo: ´Lo que el hombre es equivale a una causa que la ha convertido en propia´ […] El sentido de la vida no debe coincidir con lo que es, el sentido o significado tiene que estar delante de lo que es. El significado marca el camino para el ser”.

 

Frankl subraya la importancia de contar con ideales (lo cita a Ludwig Binswagner quien sostiene que “los ideales son la verdadera causa de supervivencia”).  Remarca que el actualizar las potencialidades en busca del bien es lo que abre paso a la felicidad. El mal naturalmente hace mal.

 

Tal como se ha señalado en diversas oportunidades, todos actuamos en nuestro interés personal el cual podrá ser sublime o ruin. En definitiva constituye una perogrullada sostener que está en interés del sujeto actuante actuar como actúa. También cabe recalcar que siempre apunta a lo que estima lo hará más feliz, ya se trate de un masoquista, un suicida o un acto corriente de los que se llevan a cabo cotidianamente.

En última instancia entonces todos los actos se basan en la conjetura de que lo realizado proporcionará más felicidad, lo cual no significa que en realidad esto ocurra: la persona en cuestión puede o no percibir el error después de llevada a cabo la acción pero la felicidad no es escindible del bien en el sentido de la incorporación de valores que alimenten el alma. Naturalmente el mal objetivamente considerado aleja de la felicidad por más que se lo pueda malinterpretar subjetivamente puesto que las cosas son independientemente de lo que se opine que son, de lo contrario caeríamos en el relativismo epistemológico (que convierte en relativa la propia afirmación del relativismo), lo cual no contradice el hecho  de la interpretación subjetiva (el prefiero o no prefiero, me gusta o no me gusta).

La vida está conformada por una secuencia de problemas de diversa índole, lo cual naturalmente se desprende de la condición imperfecta del ser humano. La ausencia de problemas es la perfección, situación que, como es bien sabido, no está al alcance de los mortales. Además, si los seres humanos fueran perfectos no existirían ya que la perfección -la suma de todo lo bueno- es posible solo en un ser (la totalidad de los atributos no pueden residir en varios).

De más está decir que el asunto no consiste en buscarse problemas sino en mitigarlos en todo lo que sea posible, al efecto de encaminarse hacia las metas que actualicen las potencialidades de cada uno en busca del bien ya que, como queda dicho, las incorporaciones de lo bueno es lo que proporciona felicidad. De todos modos, el estado de plenitud no es posible en el ser humano, se trata de un tránsito y una búsqueda permanente que exige como condición primera el amor al propio ser, cosa que no solo no se contradice con que ese cuidado personal apunte a la satisfacción de otros sino que es su requisito indispensable puesto que el que se odia a si mismo es incapaz de amar a otro debido a que, de ese modo, renuncia al gozo propio de hacer el bien.

El bien otorga paz interior y tranquilidad de conciencia que permiten rozar destellos de felicidad que es la alegría interior sin límites, pero no se trata solo de no robar, no matar, acariciar a los niños y darle de beber a los ancianos. En el contexto de la visión de Frankl, se trata de actuar como seres humanos contestes de la enorme e indelegable responsabilidad de la misión de cada uno encaminada a contribuir aunque más no sea milimétricamente a que el mundo sea un poco mejor respecto al momento del nacimiento, siempre en el afán del propio mejoramiento sin darle descanso a renovados proyectos para el logro de nobles propósitos.

Los estados de felicidad siempre parciales por las razones apuntadas, demandan libertad para optimizarse ya que esa condición es la que hace posible que cada uno siga su camino sin que otros bloqueen ese tránsito ni se interpongan en el recorrido personalísimo que se elija, desde luego, sin interferir en idénticas facultades de otros. Como veremos más abajo, en la perspectiva de Frankl los atropellos del Leviatán necesariamente reducen las posibilidades de felicidad, sea cual fuera la invasión a las autonomías individuales y siempre debe tenerse en cuenta que los actos que no vulneran derechos de terceros no deben ser impedidos ya que la responsabilidad es de cada cual. Nadie deber ser usado como medio para los fines de otros.

Voltaire, en uno de sus reflexiones se pregunta si no será más feliz alguien que no se cuestiona nada ni intenta averiguar tema alguno sobre las cosas ni siquiera sobre su propia naturaleza y concluye que esto último es compatible con el estado de satisfacción del animal no racional y no es propio de un ser humano. Esto no desconoce que todos somos muy ignorantes, que desconocemos infinitamente más de lo que conocemos, pero se trata del esfuerzo por mejorar, por la autoperfección según sean las posibilidades y las circunstancias por las que atraviesa cada uno, se trata de la faena de incorporar algo más de tierra fértil en el mar de ignorancia en el que nos desenvolvemos para así honrar nuestra condición humana.

En resumen,  la imperiosa necesidad de contar con proyectos nobles y de mantener la brújula, no significa tomarse demasiado en serio y perder el sentido del humor, especialmente la saludable capacidad de reírse de uno mismo. En este sentido, conviene tener presente la sentencia de Kim Basinger: “Si lo quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes” y también la sabia reflexión de quien fuera mi entrañable y queridísimo amigo José Ignacio García Hamilton en cuanto a que “lo importante no es lo que a uno le sucede, sino como uno administra lo que le sucede”. De cualquier manera, en línea con la conclusión aristotélica, Pascal afirma con razón que “todo hombre tiene a la felicidad como su objetivo; no hay excepción”, el secreto reside en no equivocar el rumbo y distinguir claramente la huella del pantano.

La segunda parte en este resumen que mencionamos en las conclusiones del doctor Frankl alude, como anticipamos, a la sociedad abierta. Escribe este autor en la obra citada que “Prefiero vivir en un mundo en el que el hombre tiene el derecho de elegir, aun si se trata de elecciones equivocadas, mejor que un mundo en el que no le está permitido al hombre elegir […] Prefiero este mundo al mundo de total, o totalitario conformismo y colectivismo en el que el hombre está rebajado y degradado a un mero funcionario del partido o del estado”.

Efectivamente la sociedad libre constituye condición necesaria para las realizaciones personales sin interferencias de mandones que pretenden administrar vidas y haciendas ajenas, lo cual no solo extermina psicológicamente a las personas sino que destruye toda posibilidad de bienestar material. Como es sabido, Frankl vivió la experiencia en campos de concentración nazis de modo que conoce el extremo del espíritu totalitario, pero apunta que no es necesario llegar a esas acciones criminales para producir daños morales y materiales en la medida en que los aparatos estatales se exceden de sus misiones de resguardar y garantizar los derechos individuales.

La tercera parte de lo que estimamos es el eje central de la propuesta de Frankl consiste en su crítica de la mal llamada enfermedad mental. Así escribe en el libro referido que “La búsqueda de significado o sentido a la vida no es patológica, pero más bien un signo inequívoco de la condición humana […] Tradicionalmente el clínico no está preparado en nada que se salga de los términos médicos. Por tanto está forzado a considerar el problema como algo patológico. Más aun, induce a su paciente a interpretar que está enfermo y que debe curarse en lugar de ver que se trata de un desafío que debe encararse”.

En esta misma línea argumental Thomas Szasz explica en The Myth of Mental Illness que la patología enseña que la enfermedad se traduce en lesión de órganos, tejidos o células pero que las ideas y los comportamientos no pueden estar enfermos, lo cual no pretende desconocer problemas químicos, en los neurotrasmisores o en la sinapsis lo cual es muy distinto. Sostiene Szasz que es un abuso inaceptable el considerar enfermos a quienes tienen comportamientos que el resto no aprueba, situación que no descarta la persuasión al efecto de eventualmente modificar conductas o las medicaciones en caso de referirse a problemas físicos pero no mentales. En este contexto es de interés prestar atención al título metafórico de Erich Fromm: La patología de la normalidad.

La cuarta y última sección de nuestro esquema telegráfico se dirige al libre albedrío. En este sentido Viktor Frankl (1905-1997), siempre en el libro de marras, enfatiza que “En realidad hay dos clases de personas que mantienen que su albedrío no es libre: los pacientes esquizofrénicos que sufren de la ilusión que su voluntad es manipulada y que sus pensamientos están controlados por otros y con ellos están los filósofos deterministas”.

Antes he consignado aspectos que hacen a este problema que ahora sintetizo. John Hick sostiene que allí donde no existe libertad intelectual, lo cual es propio del materialismo, naturalmente no hay vida racional, por ende, la creencia que el hombre está determinado “no puede demandar racionalidad. Por tanto, el argumento determinista está necesariamente autorefutado o es lógicamente suicida. Un argumento racional no puede concluir que no hay tal cosa como argumentación racional”.

 

Con razón el premio Nobel en neurofisiología John Eccles concluye que “Uno no se involucra en un argumento racional con un ser que sostiene que todas sus respuestas son actos reflejos, no importa cuán complejo y sutil sea el condicionamiento”.

 

Es de interés destacar la opinión del premio Nobel en física Max Planck en este contexto quien afirma que “se trataría de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados en manos de una férrea ley de causalidad”.

 

Juan José Sanguineti resume bien el problema al escribir en Neurociencia y filosofía del hombre que “Los actos intencionados son de las personas, no de las partes ni potencias de las personas. Si doy un apretón de manos a un conocido para saludarlo calurosamente, no tiene sentido decir ´mis manos te saludan calurosamente´, pues soy yo quien saluda con calor mediante un apretón de manos”. En este sentido junto a otros colegas (como Maxwell Bennett y Peter H. Hacker) se lamenta de que la literatura neurocientífica acuda con demasiada frecuencia a expresiones como ´mi cerebro cree´, ´mi hemisferio izquierdo interpreta´, ´la neocorteza percibe, ´las neuronas deciden´, ´el hipocampo recuerda´, ´mi sistema límbico está enfadado´, porque atribuir a cosas como células o grupos de células actos como entender, tomar decisiones, preferir etc., simplemente no tiene sentido […] Se puede decir mi ojo ve, aunque sería más exacto decir yo veo con mis ojos”.

 

La tesis de esta cuarta y última parte pone en evidencia que una cosa son los estados de conciencia, la mente o la psique y otra el cerebro que aunque están íntimamente vinculados son diferentes tal como lo ilustra el título del libro en coautoría de Karl Popper y el antes mencionado Eccles: El yo y su cerebro.

 

En resumen, Victor Frankl ha revolucionado la ciencia con sus contribuciones de gran valía. Como queda dicho, la obra que comentamos contiene aspectos medulares de lo que han sido sus escritos que son muy numerosos y apreciados por calificados científicos modernos a pesar de ir a cotracorriente de la opinión por el momento dominante.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

JACQUES MARITAIN Y EL “SOCIALISMO CRISTIANO”

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Estamos en un problema debido a no haber ahondado en principios económicos elementales y así predicar medidas absolutamente contrarias a la sociedad libre, lo cual implica desconocer principios morales básicos ya que se conculca el respeto recíproco al echar mano por la fuerza de lo que le pertenece a otros. Así se da por tierra con dos de los Mandamientos: no robar y no codiciar los bienes ajenos que aluden a la institución de la propiedad, comenzando por el propio cuerpo y por el uso y la disposición de lo adquirido lícitamente.

 

En este contexto se propicia la redistribución de ingresos por parte de los aparatos estatales contradiciendo la previa distribución que hace la gente en los supermercados y afines, con  lo cual se desperdician lo siempre escasos recursos que, a su vez, redunda en una reducción de salarios e ingresos en términos reales.

 

Antes de referirnos a Jacques Maritain debemos hacer una breve introducción. Michael Novak cuenta en El espíritu del capitalismo democrático como lo influyó aquel autor en su primera época cuando adhería al socialismo, aunque Pio xi había consignado en la Encíclica Quadragesimo Anno que “socialismo religioso o socialismo cristiano son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero”.

 

Y Leon xiii en la Encíclica Rerum Novarum declaró que “los socialistas, atizando el odio de los indigentes contra los ricos, tratan de acabar con la propiedad privada de los bienes, estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean comunes y administrados por las personas que rigen el municipio o gobiernan la nación. Creen que con este traslado de los bienes de los particulares a la comunidad, distribuyendo por igual las riquezas y el bienestar entre todos los ciudadanos, se podría curar el mal presente. […] Establézcase, por tanto, en primer lugar, que debe ser respetada la condición humana, que no se puede igualar en la sociedad civil lo alto con lo bajo. Los socialistas lo pretenden, es verdad, pero todo es vana tentativa contra la naturaleza de las cosas. Y hay por naturaleza entre los hombres muchas y grandes diferencias; no son iguales los talentos de todos, no la habilidad, ni la salud, ni lo son las fuerzas; y de la inevitable diferencia de estas cosas brota espontáneamente la diferencia de fortuna”.

 

Por su parte, las prédicas socialistas dentro de la Iglesia confunden la pobreza de espíritu del Evangelio con la pobreza material. Muchas veces alaban esta última con lo que debieran condenar la caridad puesto que mejora la condición del receptor, por una parte, y por otra debieran dedicarse solo a los ricos puesto que los pobres estarían salvados según esta postura. En realidad la posición resulta confusa ya que  al mismo tiempo la emprenden contra las situaciones de pobreza.

 

No repasan pasajes clave de la Biblia respecto a la riqueza como, por ejemplo, en Deuteronomio (viii-18) “acuérdate que Yahveh tu Dios, es quien te da fuerza para que te proveas de riqueza”. En 1 Timoteo (v-8) “si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe”. En Mateo (v-3) “bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos” fustigando al que anteponga lo material al amor a Dios (amor a la Perfección), en otras palabras al que “no es rico a los ojos de Dios” (Lucas xii-21), lo cual aclara la Enciclopedia de la Biblia (con la dirección técnica de R. P. Sebastián Bartina y R. P. Alejandro Díaz Macho bajo la supervisión del Arzobispo de Barcelona): “fuerzan a interpretar las bienaventuranzas de los pobres de espíritu, en sentido moral de renuncia y desprendimiento”  y que “ la clara fórmula de Mateo -bienaventurados los pobres de espíritu-  da a entender que ricos o pobres, lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza” (tomo vi, págs. 240/241). En Proverbios (11-18) “quien confía en su riqueza, ese caerá”. En Salmos (62-11) “a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón”. Este es también el sentido de la parábola del joven rico (Marcos x, 24-25) ya que “nadie puede servir a dos señores” (Mateo vi-24).

 

En todo caso en las referidas prédicas socialistas por parte miembros de la Iglesia debe siempre tenerse muy presente la siguiente declaración de la Comisión Teológica Internacional de la Santa Sede que consignó el 30 de junio de 1977 en su Declaración sobre la promoción humana y la salvación cristiana que “De por sí, la teología es incapaz de deducir de sus principios específicos normas concretas de acción política; del mismo modo, el teólogo no está habilitado para resolver con sus propias luces los debates fundamentales en materia social […] Las teorías sociológicas se reducen de hecho a simples conjeturas y no es raro que contengan elementos ideológicos, explícitos o implícitos, fundados sobre presupuestos filosóficos discutibles o sobre una errónea concepción antropológica. Tal es el caso, por ejemplo, de una notable parte de los análisis inspirados por el marxismo y leninismo […] Si se recurre a análisis de este género, ellos no adquieren suplemento alguno de certeza por el hecho de que una teología los inserte en la trama de sus enunciados”.

 

Vamos ahora al resumen sobre Jacques Maritain. Su filosofía extiende aportes aristotélico-tomistas e incluye enfoques epistemológicos, metafísicos y artísticos de gran interés pero en el terreno habitualmente denominado lo social contradice abiertamente los postulados de una sociedad libre, lo cual naturalmente abarca aspectos morales clave.

 

A diferencia de autores como Gustavo Gutierrez con su teología de la liberación (sobre lo que he escrito extensamente), Maritain despista al lector desprevenido ya que al entremezclar sus recetas con aspectos de gran enjundia, envuelve en una especie de marasmo de ambigüedades que confunden. En definitiva, como veremos a continuación con algunas pocas citas, convierte al humanismo en un pseudohumanismo que termina por negar el valor humano.

 

En su libro titulado True Humanism (New Hampshire, Ayer Co. Publishers, 1938/1993) se lee que “el liberalismo individualista erapuramente energía negativa, vivía a expensas de su opuesto. Una vez que el obstáculo se derribó se quedó sin sustento. Así nos percatamos de manifestaciones de una fuerza más profunda debido a los conflictos internos del sistema capitalista e industrial” (p. 152). También “Sostengo que el ideal histórico de mi nuevo cristianismo […] opuesto de aquel del liberalismo” (p.156) y “que pertenece a u orden económico liberado del capitalismo” (p.183) lo cual sigue elaborando bajo el subtítulo de “Un régimen conducente a la liquidación del capitalismo” (p.184).

 

Respecto a la propiedad dice Maritain que “Cuando hablo de una forma asociativa de propiedad industrial aludo a una sociedad de personas enteramente diferente de la de las compañias capitalistas. Tengo en la mente una sociedad de personas que sean co-propietarias de ciertos bienes materiales (medios de producción) que tenga como fruto un patrimonio común. De acuerdo a un comentario muy apropiado de M. P. Chason, la co-propiedad capitalista lejos de confirmar la libertad y la actividad del propietario como persona, instituye un tipo de plebeyo en el mundo de la propiedad y el ahorro” (p.181).

 

Sigue Maritain escribiendo que “En verdad, sin necesidad de caer en el marxismo mesiánico, un cristiano puede reconocer que hay una profunda visión en la idea de que el proletariado, por el solo hecho de formar parte del régimen capitalista sufre y no gana en la explotación de la capacidad del hombre como forma de mercancía” (p. 229). “Uno puede usar ciertas citas de Prudhon sin adherir al produhonianismo […] como que la co-participación puede sustituir al salario y a la servidumbre impuesta por la mecanización a la personalidad humana […] Esto no sólo derivará en generosidad y alegría en el trabajo que presupone una base mística que puede ser estimulada tanto por la fe cristiana como por el comunismo” (p. 231).

 

“La escuela de Sorel claramente ha mostrado el elemento de verdad de que hablamos” (p. 231). “Mientra que el fascismo o el racismo totalitario emplea fuerzas irracionales […] las verdades sociales y políticas que invoca, que son muchas –tengo en lamente la crítica al liberalismo individualista […] y la vital noción de la comunidad de personas” (p.274).

 

Resume nuestro autor su humanismo de la siguiente forma: “El socialismo en el siglo diecinueve fue una protesta movida por al conciencia humana y de sus más generosos instintos contra males que claman del cielo. Fue una tarea noble someter a juicio a la civilización capitalista y para debilitar los poderes que no tienen perdón, el sentido de la justicia y  la dignidad del trabajo” (p. 81). Y “Lo que he llamado humanismo integral es capaz de salvar y de promover, bajo una síntesis diferente, todas las verdades afirmadas e iluminadas por el socialismo humanista, uniéndolas de modo vital y orgánico en otras numerosos verdades” (idem).

 

En otras palabras, las mejores intenciones resultan irrelevantes si se aconsejan medidas que perjudican a todos, muy especialmente a los más débiles. La única manera de elevar la condición de vida es a través de nuevos ahorros y las consiguientes inversiones que hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar la productividad en un contexto de marcos institucionales civilizados. De este modo, el incremento de salarios e ingresos en términos reales obliga a quienes contratan a pagar dichas subas, de lo contrario se quedan sin la colaboración requerida.

 

Sin duda que estos predicadores entre los cuales se encuentra en primer término el actual Papa, no pregonan algo distinto de lo que hacen economistas, ingenieros, abogados o artistas que se inclinan por variantes socialistas, pero la gran diferencia es que lo hacen vistiendo sotana o a veces ni siquiera con ese ropaje pero pretenden hablar en nombre de la religión por lo que su predicamento se torna mucho más peligroso.

 

Finalmente decimos que en no pocos ámbitos para los distraídos resulta difícil entender que se quiere decir con el empresario cuando están rodeados de quienes se disfrazan de tal pero en realidad tejen todo tipo de inmundos arreglos con los gobiernos para poder explotar a la gente con privilegios inaceptables. Les resulta difícil concebir que el empresario en un mercado abierto es aquel que debe someterse a las preferencias de la gente y que si da en la tecla mejora y si no lo hace quiebra. En verdad un panorama muchas veces opaco, purulento  y cargado de trampas. De todos modos, esto no constituye un pretexto válido para que con la debida atención pueda verse a través de estas caricaturas grotescas.

 

Desafortunadamente en el mundo de hoy prevalecen no solo los mercados cautivos sino que están rodeados de gastos siderales de gobiernos desbocados, impuestos insoportables, deudas públicas colosales y regulaciones asfixiantes. En otros términos, solo vestigios muy tenues y mortecinos de liberalismo y capitalismo en el llamado mundo libre.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

El ala liberal de Donald Trump

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 23/9/16 en: https://es.panampost.com/alejandro-chafuen/2016/09/23/liberales-que-apoyan-a-trump/

 

liberales que apoyan a Trump
Si bien tengo mis reservas sobre el candidato Republicano, tengo más discrepancias con Hillary, como muchos liberales que apoyan a Trump. (Wikimedia)

Cuando Donald Trump se tiró al ruedo de las elecciones primarias en Estados Unidos, muchos pensaron que lo hizo para tantear el territorio e incrementar su prestigio y el de su marca. Quizás esa era la intención.

Pero los votantes Republicanos, e incluso los independientes y afiliados al Partido Demócrata que votaron en algunas de las primarias abiertas, dijeron otra cosa: votaron en forma abrumadora por Trump. En segundo lugar votaron por Ted Cruz, un candidato también considerado anti statu quo y rebelde.

Es entendible que los defensores de intereses de los políticos, comerciales, y medios de difusión constantemente atacados por Trump traten de mostrar solamente su lado y sus posiciones más negativas. Lo mismo sucede con la difusión de los pormenores de los equipos de asesores que ha estado armando.

Yo no comparto muchas posiciones, y menos el estilo, del candidato republicano, pero dado el sesgo de las noticias y especialmente las que se diseminan en el exterior, me parece importante que los que siguen esta elección tan importante conozcan otro mundo de Trump: el mundo de sus asesores comprometidos con la promoción y defensa de la sociedad libre.

En el equipo económico, la figura más conectada con el mundo de las ideas de libertad es Steve Moore. Moore tuvo una carrera muy exitosa en el Instituto Cato, de tendencia libertaria. Allí se convirtió en el economista con más conocimiento de la performance económica y fiscal de los estados provinciales de Estados Unidos. También se convirtió en un gran defensor de los inmigrantes. Su postura era muy cercana a lo que se llama “open borders” o política de puertas abiertas a los inmigrantes.

Moore luego fundó el “Club del Crecimiento”, un fondo de financiamiento de políticos conservadores liberales, de la tradición de Ronald Reagan, que competían dentro del Partido Republicano.

Algunos donantes poderosos criticaron a Moore por su supuesto sesgo en favor de candidatos provida y profamilia. De allí, Moore pasó al Wall Street Journal, ocupando un rol importante en sus páginas editoriales.

Cuando el think tank conservador más poderoso, especialmente por su presupuesto y cientos de miles de donantes, la Fundación Heritage, necesitaba reforzar su imagen en el mundo liberal y analítico, decidió contratar a Steve Moore como Economista en Jefe. Hoy muy enfocado en la campaña de Trump, su rol cambió al de investigador asociado.

El expresidente y cuasifundador de Heritage, Edwin J. Feulner, de impecable tradición conservadora, y expresidente de las asociaciones académicas de más prestigio liberal y conservador como la Sociedad Filadelfia y la Sociedad Mont Pelerin, también se sumó con un cargo importante en el equipo de transición de Trump.

Este equipo es liderado por el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, una especie de Trump de la política. Christie tiene una reputación de moderación y bipartidismo en políticas públicas, pero al igual que el candidato presidencial republicano tiende a ser inmoderado en sus discursos y muy duro con los que se le cruzan.

Parece paradójico que uno de los economistas más proinmigración como Moore tengan un rol tan alto en el equipo de asesores de Trump. También paradójico, que uno de los economistas que más ayudó a impulsar el libre comercio en las Américas, David Malpass, sea parte del equipo. Malpass comenzó a trabajar en favor de la liberación del comercio cuando fungía como subsecretario de estado durante la administración de George H. W. Bush.

Entre las economistas femeninas del equipo, vale la pena mencionar a Judy Shelton. En el pasado, cuando era investigadora de la Institución Hoover, en la Universidad de Stanford, Shelton fue la única académica que predijo la crisis monetaria rusa de 1997.

Shelton fue vicepresidenta del consejo de dirección del Fondo Nacional para la Democracia (National Endowment for Democracy) durante el período 2010-2014 y hoy es codirectora del Proyecto de Moneda Sana de la Atlas Network.

Otra colaboradora, Brooke Rollins, es la presidenta del Texas Public Policy Foundation (TPPF), el think tank liberal tejano que más ha crecido.

Hablando de think tanks liberales, el compañero de fórmula de Trump, Michael Pence, actual gobernador de Indiana, también fue presidente de un think tank. A comienzos de los años 90, dirigía el Indiana Policy Review Foundation, y ha sido un participante activo en programas de organizaciones que promueven la libertad económica.

Los índices que miden el respeto por el estado de derecho muestran una caída preocupante de Estados Unidos. Existe gran preocupación en el mundo conservador por este deterioro. Son las bases de grandes votantes conservadores que han puesto gran presión en el Senado de Estados Unidos para que el candidato nominado por el presidente Obama para ocupar el cargo dejado vacante por la muerte del juez Antonin Scalia (1936-2016) ni siquiera sea considerado.

A fines del año pasado, durante una reunión de la organización conservadora con más poder de convocatoria en Estados Unidos, me tocó ser testigo cuando Donald Trump aceptó contestar preguntas de los miembros en forma confidencial (sin acceso a la prensa).

Una de la preguntas fue: ¿Qué personas como las representadas aquí usted pondría en su equipo de gobierno? La respuesta de Trump me sorprendió: “Creo que necesitamos más jueces como Clarence Thomas en la Suprema Corte.” Thomas representa el ala más conservadora de la corte, defensor de las libertades de mercado basadas en los derechos naturales e inalienables de la persona humana.

A las pocas semanas de esa declaración en una reunión privada, durante una entrevista pública, Trump causó turbulencia en el electorado Republicano cuando dijo que su hermana sería buena jueza de la Corte Suprema. La hermana de Trump está identificada más con la izquierda y con posiciones casi opuestas a las de Clarence Thomas.

Las aguas no solo se aquietaron sino que empezaron a moverse a su favor cuando Trump pidió recomendaciones a las asociaciones de abogados y think tanks más involucrados en temas de estado de derecho. Su lista final de candidatos a la Suprema Corte durante su mandato es considerada tan estupenda por los sectores académicos de centro derecha que Trump, en este campo, consiguió un apoyo casi unánime desde el sector no-estatista de los expertos.

Además de la economía y del estado de derecho, otro tema que preocupa al electorado es el de seguridad nacional e internacional. Aquí Trump, al igual que Hillary Clinton, tiene el apoyo de expertos de distintas afiliaciones políticas.

Este empresario convertido en político lidera con amplitud los sondeos dentro de los votantes que han pasado por las fuerzas de defensa. Dentro de los afiliados al Partido Demócrata, los más famosos asesores de Trump son el Teniente General (ret) Michael T. Flynn, exdirector de la Agencia de Inteligencia de Defensa, y James Woolsey, exdirector de la CIA en tiempos de nada menos que Bill Clinton.

También, el colaborador más cercano en temas de seguridad interna es el exalcalde de Nueva York, Rudy Giuliani. Antes de la llegada de este último a la intendencia de Nueva York, la ciudad estaba en larga caída. Luego de su paso, la ciudad comenzó a recobrar su esplendor. Entre aquellos que han sido sumados en distintos roles en el área de seguridad que más conozco están el exembajador Curtin Winsor Jr., cuya tesis doctoral fue sobre Argentina; el exsecretario de prensa del Pentágono , J.D. Gordon (ambos hispanoparlantes); y también Walid Phares, experto en Medio Oriente.

Me siento obligado nuevamente a señalar que no comparto varias de las posturas del candidato Republicano. Tengo más discrepancias, empero, con la otra candidata con posibilidades a la presidencia.

Como cada vez que hablo con amigos de la libertad en el extranjero, tanto en Europa como en Latinoamérica, encuentro que casi nadie sabe de que gente capaz, comprometida por la libertad, pese a tener sus dudas, han decidido colaborar con Trump, me parece apropiado mencionarlos.

Estados Unidos enfrenta una elección muy peligrosa, donde en ciertos temas parece que hay una carrera en ver quién es más populista: Trump propone US$10 de salario mínimo nacional y Clinton US$15.

Difíciles tiempos para los amigos de la libertad en Estados Unidos, pero no es todo blanco y negro, y es de esperar que las instituciones republicanas sean suficientemente fuertes para soportar el sacudón que se viene.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

Liberalismo y dirigismo

Por Gabriel Boragina: Publicado el 5/11/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/11/liberalismo-y-dirigismo.html

 

La asociación común entre mercado y dirigismo es tan extendida que no han sido pocas las ocasiones en las que la gente poco informada (y menos formada) ha confundido programas político-económicos con medidas de libre mercado o –como usualmente aun se les llama- “liberales”. En Argentina, esta falsa vinculación es harto frecuente. Son comunes las referencias al gobierno militar habido entre 1976 y 1983 como “liberal” o “neoliberal”. Hasta el día de hoy, una gran pléyade de ignorantes lo sigue rotulando de dicho modo. Pero lo cierto es que, la realidad de aquel periodo fue muy diferente a la de cómo nos la enseñaron después. Para demostrarlo, basta examinar cual fue la política económica seguida por el ministro de economía de aquella época, el Dr. José Alfredo Martínez de Hoz:

“El Dr. Martínez de Hoz, que se definió a sí mismo como “pragmático”, “gradualista” y no comprometido con las ideologías “manchesterianas o del laissez-faire”, y sí solamente con sus propias convicciones, desarrolló bajo apariencias de “economía libre”, una acentuada política “dirigista”, aunque de nuevo cuño. Recurrió más a controles indirectos utilizando mecanismos del mercado, que a controles directos orientados a interferir el funcionamiento de éste. Aplicó, a partir de fines de 1978, métodos derivados del “enfoque monetario del balance de pagos”, practicando un “dirigismo” sui-géneris, con controles directos sobre las inversiones, el mercado de cambios y el laboral. Permitió el sobredimensionamiento del Estado y de las empresas estatales, financiándolo con endeudamiento externo. La deuda argentina pasó de 9.000 millones de dólares en marzo de 1976 a 29.000 millones de dólares al término de la gestión Martínez de Hoz, quedando pendientes en el momento de su retiro situaciones que, por efecto de arrastre, habrían de elevarla considerablemente durante el período posterior.”[1]

Pretender que lo anterior fue una política de “libre mercado” o “liberal” resulta, entonces, en un despropósito total, fruto de mala fe o de ignorancia (en el mejor de los supuestos), aunque -a veces- estos dos últimos factores se combinan, lo que es el caso del ignorante de mala fe, aquel que sabe que ignora pero no quiere confesarlo, ni quiere tampoco salir de su ignorancia. Esta última categoría de sujetos, suele “dar cátedra” acerca de lo que ignora, no con ánimo de convencer al contendiente, sino –la mayor parte de las veces- con la intención de vencerlo, cansarlo, desalentarlo o -simplemente- tratar de hacerle perder la paciencia. El ignorante de mala fe suele ser el típico fanático, el intransigente, el que se niega a ver la realidad o, al menos, conocer puntos de vista disimiles al suyo propio, rehúsa evaluar otras opiniones, es intolerante, obcecado y -con frecuencia- ofuscado cuando se le exhibe la menor objeción a sus palabras.

Sin duda, muchas veces, son los mismos dirigentes políticos lo que explotan la ignorancia económica de la gente, y tildan a sus programas económicos con etiquetas que no los representan. Este no sólo es el caso mencionado en la cita anterior, sino que se ha dado y se sigue dando en muchas épocas y en tantas otras partes del mundo.

El genuino liberalismo se configura de otra manera, muy disímil a la que sus críticos suponen. Sus bases reposan en quién o en quiénes depositan su confianza los ciudadanos:

“Si se confía más en el juicio de varios que en el juicio de uno solo, como se dijo, necesariamente se concluye que existe confianza en los ciudadanos. Se piensa que los ciudadanos tienen las habilidades y la razón suficiente como para actuar y decidir. Esto significa la negación absoluta de escuelas políticas como el nazismo, el comunismo y el dirigismo estatal, que colocan todo el poder de la sociedad en una élite que niega las habilidades del resto de los ciudadanos. La única posible justificación del intervencionismo es suponer que los juicios y las capacidades racionales de los ciudadanos son inferiores a los de los gobernantes.”[2]

Esta es precisamente la clave de la cuestión, y lo que diferencia al mercado liberal del mercado dirigido. El libre mercado se basa en la mutua confianza de las personas, es la sociedad interactuando consigo misma en absoluta libertad, sin directores ni dirigentes que le digan a la gente que es “lo mejor” o lo “más conveniente” para ella misma. El mercado dirigido o intervenido es su perfecta antítesis. Por otra parte, una sociedad libre, siente una natural –a veces sutil, y, en otras ocasiones, profunda- desconfianza hacia sus dirigentes políticos. Hoy en día, es bastante extraño encontrar este último tipo de sociedades. Algunos más, otros menos, el mundo ha llegado a un punto donde -al igual que en la antigüedad preindustrial- los pueblos parecen volcarse decididamente a confiar sus destinos a élites gobernantes.

Uno de los efectos más dañinos del dirigismo -como contrario al liberalismo- han sido y siguen siendo los préstamos intergubernamentales, tan populares y aceptados hoy en día. Pero:

“En resumen, la ayuda exterior de gobierno a gobierno fomenta el estatismo, el dirigismo, el socialismo, la dependencia, la pauperización, la ineficacia y el despilfarro. Prolonga la pobreza que pretende remediar. En cambio, la inversión voluntaria de los particulares en la empresa privada promueve el capitalismo, la producción, la independencia y la confianza en sí mismo. Las grandes naciones industriales de todo el mundo recibieron en otro tiempo ayuda mediante la atracción de la inversión privada extranjera. La propia Norteamérica fue ayudada por el capital británico, en la segunda mitad del siglo XIX, para construir sus ferrocarriles y explotar sus grandes recursos naturales. Así es como las zonas del mundo todavía “subdesarrolladas” pueden hoy recibir ayuda en la forma más eficaz para desarrollar sus grandes potencialidades y elevar el nivel de vida de sus masas.”[3]

[1] Robert L. Schuettinger – Eamonn F. Butler. 4000 AÑOS DE CONTROL DE PRECIOS Y SALARIOS Cómo no combatir la inflación Prólogo por David L. Meiselman. Primera Edición The Heritage Foundation. Editorial Atlántida – Buenos Aires Pág. 251

[2] Eduardo García Gaspar. Ideas en Economía, Política, Cultura. Parte I: Economía. Contrapeso.info 2007. pág. 45

[3] Henry Hazlitt. La conquista de la pobreza. Unión Editorial, S. A. Pág. 196

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.