Jean-Francois Revel en escorzo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 31/1/08 en: https://independent.typepad.com/elindependent/2008/01/jean-francois-r.html

 

Muy de vez en cuando surgen aquí y allá personajes de un vuelo intelectual y un coraje moral que todo lo envuelven y que dejan rastros tan profundos en la historia que marcan períodos muy diferentes, en los que inyectan una luz tan penetrante y acogedora que resulta imposible atenuar y mitigar con las mediocridades habituales.

Éste es el caso de Revel. Un ejemplo de conducta íntegra, abierto en su mente a la incorporación de nuevas contribuciones, pero incapaz de claudicar en sus principios liberales de respeto irrestricto al prójimo, los cuales incorporó fundamentadamente luego de abandonar el ideario socialista de sus primeras épocas el cual percibió como empobrecedor e inmoral.

Participé con él en distintos seminarios en diversos rincones del mundo. Disfrutaba de su amena conversación durante sus célebres aperitivos con jerez y jamón crudo y de las largas caminatas en las que siempre nos sorprendía con alguna reflexión aguda y alguna anécdota esclarecedora, las mas de las veces rebosante en buen humor. Tuvo la generosidad de escribir un sesudo prólogo para uno de mis libros.

Sus obras escritas son muy numerosas y exploran múltiples avenidas que ponen de manifiesto una pluma magistral con un contenido de información notable y una erudición pocas veces igualada. Selecciono en estas líneas unos pocos de sus pensamientos para que el lector le tome el peso a este “ciudadano del mundo”, como decían los estoicos. Es apenas una muestra de la formidable producción de Jean-Francois Revel pero ilustra su tesón y su capacidad para exponer de modo simple problemas complejos.

No es que coincidamos en todo con lo que escribía este autor, eso no ocurre con nadie. Incluso cuando después de un tiempo leemos algo escrito por nosotros mismos, es frecuente que concluyamos que lo hubiéramos presentado de otra manera. Es que como decía Borges, no hay tal cosa como el texto perfecto y, citándolo a Alfonso Reyes, repetía que “si no publicamos, nos pasaríamos la vida corrigiendo borradores”.

Manos a la obra entonces con las anunciadas muestras. En El renacimiento democrático Revel se pregunta y responde “¿Cómo extrañarse que excepto los liberales todos hayan mantenido que ninguna actividad puede desarrollarse plenamente sin auxilio del Estado, es decir, sin la ampliación de su propio papel?”, esto es así debido a que todos los autoritarismos comparten “el único sentimiento que produce la unanimidad de todos los partidos y en todos los partidos: el odio salvaje que alimentan contra lo que denominan con horror “individualismo”. Esa palabra designa para ellos la pesadilla suprema, la sospecha de que en alguna parte subsiste un fragmento del espíritu humano que escaparía a la esfera política, a lo colectivo, a lo comunitario, a lo gregario, al dominio del público”. Y concluye que la perversión de la democracia, la que no respeta el derecho de otros, conduce a que “puedan existir poderes democráticamente elegidos que devoran a la sociedad civil, a la libertad, a la diversidad, a todos lo que es privado”.

En La gran mascarada señala que “Si el nazismo y el comunismo han cometido genocidios comparables por su amplitud, por no decir por sus pretextos ideológicos, no es en absoluto debido a una determinada convergencia contra natura o coincidencia fortuita debidas a comportamientos aberrantes sino, por el contrario, por principios idénticos, profundamente arraigados en sus respectivas convicciones y en su funcionamiento”. Asimismo, dice en el mismo libro: “Estoy de acuerdo en que se me exhorte a que abomine cada día mas a los antiguos admiradores de Himmler, a condición de que no sean antiguos admiradores de Beria los que administren esa homilía conminatoria […]. La analogía no es mía: es de Stalin. Fue el que llamaba a Beria ´nuestro Himmler´y fue en esos términos en los que lo presentó al presidente estadounidense Franklin Roosevelt”.

En sus memorias –Diario de fin de siglo– destaca una cita que toma de Einstein y que aplica a la tozuda repetición de los errores y horrores estatistas: “Los problemas no pueden resolverse con quienes los han creado” y en El monje y el filósofo, diálogo que mantiene con uno de sus tres hijos (el biólogo molecular y monje budista), afirma que “La idea directriz del Siglo de las Luces y, mas tarde, del socialismo “científico” de Marx y Lenin es, en efecto, que la alianza de la felicidad y de la justicia ya no pasaría, en el futuro, por una indagación individual de la sabiduría, sino por una reconstrucción de la sociedad en su conjunto […] Así, la salvación personal se encuentra, desde entonces, subordinada a la salvación colectiva […] esta ilusión es la madre de los grandes totalitarismos que han devastado nuestro siglo XX”.

Encontramos tantas personas que confusamente tratan de explicar lo inexplicable y que suelen acompañar sus peroratas con torpes movimientos de las manos -“en ademán natatorio”, como decía Ortega- que deberíamos aprovechar más los valiosos testimonios de intelectuales nobles y de fuste que explican los problemas y ofrecen las soluciones con precisión y claridad, tal como era el caso del prolífico Revel.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

“Robaron, pero hicieron”

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  

 

“Robaron, pero hicieron” es el slogan con el cual políticos y quienes los votan justifican sus latrocinios una vez alcanzado el poder.
En el fondo, está el dogma marxista detrás de este slogan. Por el cual, se da por sentado que la única manera de hacer cosas es mediante el robo, con lo que el robo queda “admitido” socialmente, aunque este penado jurídicamente (menos cuando el que roba es el propio gobierno a través de los impuestos y otros “pretextos” legales).
Si el robo está aceptado para todos como “único remedio” para solucionar problemas económicos de la gente, la sociedad civil se convertirá -más temprano que tarde- en otra de ladrones que se robarán continuamente unos a otros. No cuenta -quien pronuncia esa frase- que, en dicho marco, lo que es objeto de robo será dejado de producir por el antes dueño (hoy robado) porque para robar algo de alguien otro debió haberlo producido primero, y es esta la parte que no refieren. Porque, si lo razonara, advertiría lo absurdo del slogan.
Y es marxista porque, justamente fue Marx el que decía que la producción capitalista no era más que un dato, o sea algo “dado”, presupuesto. Y que obedecía a ciegas “fuerzas materiales” de producción. Para Marx, la producción y la riqueza eran algo presupuesto, y -conforme a su determinismo- siempre seria así. Ergo, quien aprueba el robo es porque da por sentado que la propiedad privada no existe o no debería existir, entonces contribuye a su abolición de la manera que puede, que es precisamente robándola.
Quien pronuncia el eslogan cree que el gobernante al que se refiere robó a otros para darle cosas a él, a su familia, o a otros “en necesidad”. Nunca se cuenta entre los robados. Sin embargo, está en un error, porque cuando el gobernante se decide a robar no discrimina a sus víctimas (salvo en el discurso cuando declama “a los cuatro vientos” -y a quien quiera escucharlo y a quien no también- que el despojará a los ricos para darles a los pobres y -de esa manera- consumar la “justicia social”).
No obstante, esto nunca es así, lo sepa el tirano o no. Podrá quizás -si habla sinceramente- ser esa su intención, pero en los hechos, si se decide a robarle a los ricos lo estará haciendo también a los pobres, porque la riqueza de los ricos es la misma que comparten con los pobres obligados los primeros por el mercado a proveerles de trabajo, bienes y servicios, para beneficio de los pobres y para que mediante el ejemplo de los ricos, aquellos pobres vayan dejando de serlo, siempre y cuando decidan aprovechar ese modelo y el gobierno no se entrometa en el asunto para echarlo todo a perder como habitualmente sucede en casi todas partes. En el mercado libre los ricos están forzados a compartir su riqueza con los menos ricos (o pobres) porque de lo contrario la irán perdiendo en favor de estos últimos.
Supongamos que un empresario -rico y avaro- decidiera repentinamente no pagarle más salarios a toda su actual planta de obreros para no perder ni un céntimo de su enorme fortuna. ¿quién en ese caso trabajaría para él? Nadie. Y esos obreros que se rehusaran a trabajar sin paga serian contratados por otros empresarios menos avaros y menos estúpidos que el primero. Quien habría perdido, en este caso, sería el empresario avaro y no sus obreros. Estos y sus nuevos empleadores saldrían ganando.
Pero no hace falta llegar a estos extremos, porque la gente -consciente o inconscientemente- defiende la propiedad privada de sus bienes, y se resistirá a ser robada, por muchos que sean los “argumentos” con los cuales los ladrones quieran excusar el robo. De la misma manera que quien no recibe su pago se negará a trabajar sin cobrar, porque su propiedad es su trabajo, precisamente.
Quienes defienden el slogan, generalmente, son personas incapaces de producir nada, o que habiendo intentado producir y comerciar fracasaron al primer ensayo, y en lugar de superarse y probar de nuevo en el mismo o en otro renglón, permitieron que la envidia invada sus corazones y desean con todas sus fuerzas castigar al “otro” (aunque no lo conozcan y ni siquiera exista) de quien “suponen” ha sido el autor de sus fracasos en lugar de culpar a sus propias inhabilidades o incapacidades elaborativas. Es el síndrome de la génesis del socialismo, que se nutre de la semilla de la envidia al exitoso.
Ahora bien, para reconocer que el éxito de uno o de muchos es fruto de las personales habilidades laborales y/o productivas es necesario que el marco en donde el éxito aparece sea el de un mercado abierto, competitivo e inadulterado. Si estas condiciones no se dan, cualquier riqueza será digna de sospecha. Pero raramente ese entorno de libertad económica se presenta en los países actuales.
El slogan (bien visto) luce más socialdemócrata que marxista puro. Hay en el mismo un cierto tinte de reconocimiento de que robar está mal generalmente, pero está particularmente permitido cuando con el botín se hacen “obras” para los pobres. Parece decir que robar está mal, pero -a veces- está bien dependiendo para qué o para quién se robe. Si se roba para repartir a los pobres estaría “bien”, y estaría “mal” si se roba para quedárselo uno mismo. El fin (la solidaridad) excusaría el medio (el robo). Esto último está más aceptado social y jurídicamente que lo que podemos imaginar a simple examen. En realidad, todo nuestro sistema fiscal está basado en dicha premisa. Si robamos “un poco”, pero es para repartir, estamos “exceptuados de condena” parece decir el lema. En última instancia, y correctamente explorado, este es el sustrato “filosófico” del mal llamado “estado benefactor” o de “bienestar”, tan extendido hoy en día en el orbe.
Nuevamente, no se tiene en cuenta el meta-mensaje que se le da al resto de la sociedad con esta falaz pseudo-argumentación. Ya que, muchos serán los que se enrolen en “la causa de los pobres” simplemente para disimular sus ataques a la propiedad ajena y con fines de personal beneficio mediante el robo, quizás no por particulares manos, pero si apoyando leyes como las fiscales y la gran mayoría de las nuestras, que son expoliadoras de la propiedad privada.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Justicia, verdad y memoria (1976-2016)

Por Alejandra Salinas:

 

A cuarenta años del golpe de 1976 que instauró un gobierno dictatorial y criminal en la Argentina debemos profundizar la reflexión teórica sobre cómo lidiar con el legado de la violencia política. Muchos de los disparadores de esa reflexión giran en torno a las cuestiones de justicia, verdad, perdón y memoria. Sirva este breve texto de compendio preliminar de varias preguntas y algunas (pocas, escuetas) respuestas ya formuladas en torno al tema.

Entre los interrogantes: ¿Cómo articular la construcción de memorias subjetivas y parciales con la búsqueda de la verdad histórica y con una administración de justicia que reconozca el derecho a la verdad para todos y la igualdad ante la ley como principio insoslayable?

¿Es posible resolver las tensiones emergentes de las demandas simultáneas de justicia, verdad y memoria? ¿Existe una preeminencia moral de alguna de estas tres demandas sobre las otras? Si fuera así, ¿en base a qué principios quedaría justificada?

¿Cabe, por ejemplo, descartar el perdón en pos de la justicia? Si no fuera ese el caso, si castigar es un deber, ¿cuál sistema judicial aplicar? ¿Quién lo decide?

¿Cuáles deben ser las funciones respectivas del Estado nacional, los organismos internacionales y las organizaciones de la sociedad civil en estas tareas?

¿Puede haber reconciliación social sin justicia o sin perdón?

¿Quién define lo que ha de ser recordado, investigado y juzgado sobre los crímenes de lesa humanidad? ¿Memoria(s) de qué, y por quién(es)?

 

Justicia

Hacer justicia implica llevar adelante la doble tarea de castigar el crimen y rectificar el daño causado. Sobre la rectificación: ¿Quién define lo que es una víctima? ¿Cómo y a quienes indemnizar?¿Cómo implementar un proceso de rectificación sin cometer nuevas injusticias?

La Asamblea General de las Naciones Unidas entiende por víctima “toda persona que haya sufrido daños, individual o colectivamente, incluidas lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdidas económicas o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales como consecuencia de acciones u omisiones que constituyan una violación manifiesta de las normas del Derecho Internacional Humanitario” (2005).

En 1984 la CONADEP documentó la desaparición de 8.963 personas durante la dictadura; entre 1984 y 1999, se sumaron tres mil casos; Amnistía Internacional estima más de quince mil, y otros hablan de treinta mil (Acuña, 2006: 209). En el 2006, el informe Nunca Más fue ampliado, listando en el Anexo II a 7.158 víctimas, que comprenden 6.415 desaparecidos y 743 víctimas de “ejecución sumaria” (Reato, 2013).

La rectificación del daño a estas víctimas incluye pensiones a los ex presos políticos e indemnizaciones a nacidos en el extranjero durante el exilio de sus padres.

Excluidos de los procesos de rectificación del daño causado durante aquellas décadas de tremenda violencia política están las otras víctimas, las que sufrieron daños a manos de la guerrilla. Para remediar esta situación, la exdiputada Nora Gunsburg (2008) propuso indemnizar a los familiares de quienes fallecieron a manos de grupos terroristas entre 1960 y 1989. El Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus víctimas (CELTYV) trabaja actualmente para lograr el reconocimiento y la reparación a estas víctimas y el castigo a sus victimarios.

En lo referente al castigo, hablamos de una retribución punitiva en respuesta a quien ha cometido un mal o un daño a otros. El filósofo Carlos Nino sostuvo el “deber de castigar” a todos los perpetradores: “Otorgar el perdón a los principales culpables de las dos clases de terrorismo es perjudicial para esa concientización, ya que el perdón indiscriminado confirma la impresión de que el peso de la ley nunca se aplica a los más poderosos, lo que crea incentivos para actuar ilegalmente y promueve el desencanto en el país” (2004: 11-12).  Si el castigo a todos es un deber de justicia, podemos afirmar por otro lado que el exceso de castigo no lo es. Para Roberto Gargarella (2013) resulta especialmente cuestionable cuando abolicionistas y garantistas abandonan sus posturas y sostienen de modo inconsistente que en los casos de lesa humanidad se justifican los encarcelamientos sin condena, o la prisión domiciliaria para ancianos.

En tales casos la justicia toma la forma de una venganza, porque no reconoce límites y porque no actúa en base a criterios jurídicos sino en base a motivaciones personales (Nozick, 1981: 366-368).

Contrapuesto a la justicia está el perdón. La filósofa política Claudia Hilb (2010) argumenta que el perdón es posible como camino de reparación al estudiar el caso de Sudáfrica, donde al lidiar con el legado del apartheid se optó por “una amnistía asentada en la exposición de la Verdad”; [allí] “puede haber perdón porque puede haber arrepentimiento”. En contraste, afirma, en “la Argentina está obturada la posibilidad de la reconciliación porque está obturada la posibilidad de la asunción de la responsabilidad, y está obturada la posibilidad del perdón porque está obturada la posibilidad del arrepentimiento”. También Ernesto Verdeja (2004) admite el perdón, al reconocer que “tanto el castigo como el perdón son formas de reconciliación en la medida en que representan una respuesta moral al pasado. Ambos se abstienen de olvidar y rechazan la venganza”.

La Argentina eligió el camino de la justicia, pero de un modo parcial o incompleto. Habrá que debatir públicamente los modos y procedimientos para continuar y ampliar la administración de la justicia, tanto retributiva como reparadora, tanto como debatir la posibilidad o no del perdón.

 

Verdad y Memoria

 

¿Qué implica buscar la verdad? Implica la intención de reconocer todos los hechos y a todos los actores involucrados. Dos testimonios han ilustrado tal intención. En una confesión pública Alfredo Scilingo admitió haber participado en dos vuelos de la muerte que arrojaron al mar a treinta detenidos clandestinamente. Por su parte, Oscar del Barco reclamó “no sólo la verdad de los otros sino ante todo la verdad ‘nuestra’. (…) Los otros mataban, pero los ‘nuestros’ también mataban. Hay que denunciar con todas nuestras fuerzas el terrorismo de Estado, pero sin callar nuestro propio terrorismo.”

Hablar es sincerarse, y habilita la posibilidad del perdón o del castigo. Callar es ocultar la verdad, e implica obstruir la justicia y distorsionar la historia.

En su visita al Parque de la Memoria, T. Todorov (2010) se quejó de que las víctimas de la dictadura son presentadas como seres pasivos y desideologizados en lugar de los combatientes que eran, luchando “en nombre de una ideología que, si hubiera salido victoriosa, probablemente habría provocado tantas víctimas, si no más, como sus enemigos”. Si la memoria puede ser invocada “como un medio para adquirir o reforzar una posición política”, para Todorov la historia “aspira a la objetividad y establece los hechos con precisión”.

Contra una memoria monopólica y una historia sesgada, urge promover un proyecto pluralista que refleje las múltiples memorias e historias individuales y colectivas. En este sentido coincido con Pilar Calveiro (2006) en que  “toda memoria tiene sus puntos ciegos, sus imposibilidades, lo que no puede o no quiere ver  (…). Por ello, ésta como cualquier otra memoria debe reconocerse sólo como una voz entre otras (…).”

No se trata entonces de una lucha o confrontación de memorias donde unas ‘vencen’ y otras son silenciadas, sino más bien de una convivencia de visiones plurales e incluso incompatibles, que no necesitan del diálogo ni suponen la exclusión. Lo que requiere esta convivencia es, ante todo, la no tan simple pero siempre necesaria virtud de la tolerancia, que es el respeto del otro a pesar de sus diferencias y la defensa de una vida social pacífica.

Una convivencia así entendida nos invita a realizar proyectos colectivos tal como el que propuso Héctor Leis (2012): “Un memorial conjunto de las víctimas, sin excluidos de ningún tipo, ni de inocentes ni de culpables, que incluya desde los soldados muertos en el asalto al regimiento de Formosa hasta los estudiantes secundarios desaparecidos en La Plata, desde los militares hasta los guerrilleros, abriría la posibilidad de un nuevo comienzo, de un ciclo de paz sin resentimientos.”

A cuarenta años del golpe, va siendo hora de dejar definitivamente atrás los residuos del plomo revolucionario y del plomo represor, de reemplazar el antagonismo por la concordia, y de pensar juntos un futuro donde el pluralismo y la tolerancia primen por sobre la hegemonía y la exclusión.

 

 

Referencias

 

Acuña, Carlos H. “Transitional Justice in Argentina and Chile: A Never-Ending Story?”, en Jon Elster (comp.), Retribution and Reparation in the Transition to Democracy, Cambridge University Press, 2006: 209.

Asamblea General de las Naciones Unidas, Resolución 60/147, 16/12/05.

Calveiro, Pilar “Antiguos y nuevos sentidos de la política y la violencia”, Revista Lucha Armada, Año 2, Número 4, 2006.

Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus víctimas (CELTYV). URL: http://www.celtyv.org/

del Barco, Oscar 2010,  “Carta a Sergio Schmucler”, en http://laempresadevivir.com.ar/2010/04/21/carta-de-oscar-del-barco/

Gargarella, Roberto “Una mirada igualitaria sobre el constitucionalismo”, 21 de mayo de 2013, en http://seminariogargarella.blogspot.com.ar/2013/05/qom-mferreyra-lesa-cels.html

Ginsburg, Nora “Causahabientes de personas fallecidas por el accionar de grupos terroristas subversivos en el periodo 1960 – 1989: derecho a percibir un beneficio extraordinario”, Proyecto de ley presentado en la Cámara Diputados de la Nación, Expte. 0413-D-2008, Trámite Parlamentario nº 5, 7 de marzo de 2008, en http://www1.hcdn.gov.ar/proyxml/expediente.asp?fundamentos=si&numexp=0413-D-2008

Hilb, Claudia, 2010, “¿Cómo fundar una comunidad después del crimen? Una reflexión sobre el carácter político del perdón y la reconciliación, a la luz de los Juicios a las Juntas en Argentina y de la Comisión  de la Verdad y la Reconciliación en Sudáfrica”, en http://es.scribd.com/doc/155719000/2-Discusiones-Central-Hilb (a publicarse en Revista Discusiones, XII, 2013).

Leis, Héctor Ricardo, “La tarea que falta para reparar la memoria”, La Nación, 28 de septiembre de 2012.

Nino, Carlos S., 2004 (1991), “El Deber de Castigar los Abusos Cometidos en el Pasado Contra los Derechos Humanos Puesto en Contexto: El Caso de Argentina”, en Ensayos justicia transicional y Democracia, compilado por el Centro de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Univ. Diego Portales,  en www.cdh.uchile.cl/media/publicaciones/pdf/18/57.pdf

Nozick, Robert, Philosophical Explanations, Cambridge University Press, 1981.

Reato, Ceferino, “Hablan de 30.000 desaparecidos y saben que es falso”, La Nación, 20/9/2013. URL: http://www.lanacion.com.ar/1621505-hablan-de-30000-desaparecidos-y-saben-que-es-falso

Todorov, Tzvetan, “Un viaje a Argentina,” El País, 7 diciembre de 2010, http://elpais.com/diario/2010/12/07/opinion/1291676411_850215.html

Verdeja, Ernesto, “Derrida and the Impossibility of Forgiveness”, Contemporary Political Theory, 2004 (3).

 

Alejandra M. Salinas es Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y Doctora en Sociología. Fue Directora del Departamento de Economía y Ciencias Sociales de ESEADE y de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas. Es Secretaria de Investigación y Profesora de las Asignaturas: Teoría Social, Sociología I y Taller de Tesis de ESEADE.

El cambio es una cuestión de días, el progreso no

Por Javier Cubillas.

 

Faltan muy pocos días para que el cambio se materialice. Las urnas ya dieron los resultados y en varios niveles estaduales y locales las muestras de alternancia se han sucedido de modo inequívoco, con datos impresionantes. Pero lo que en el fondo deseamos y todos queremos que ocurra, más allá del cambio de fuerzas de gobierno, es que de una vez por todas la Argentina se inserte en un camino de progreso y desarrollo institucional y social.

 

Es claro entonces que el cambio a partir del mecanismo electoral opera de modo irrefrenable pero la gran duda es si el camino del desarrollo también se encuentra nuevamente anclado a una mayoría social y cultural. Si es posible que las reglas de juego se instauren de modo claro y expeditivo, desde la batería de decisiones que vienen a tomar los actores de la nueva coalición política, le corresponde entonces a la sociedad civil la responsabilidad de saber reconocer y actuar que rol estratégico le toca en esta instancia más allá de la participación en el acto electoral.

 

El progreso entonces, hay que decirlo claramente, depende definitivamente de la sociedad civil y no de la clase política. Depende de su propia capacidad social, de no dejar que se pisoteen derechos individuales, que se respeten las reglas de juego, que se ejerza la libertad de expresión y la tolerancia, que no se continúe consagrando una democracia delegativa, que no se permita más la corrupción sistémica, que no se permita más la opacidad en la administración pública y la falta de escucha activa de la ciudadanía en los temas de agenda pública y que se instaure definitivamente la promoción de la innovación, la creatividad y el esfuerzo como valores claves de una sociedad abierta y plural.

 

Por todo esto, el camino que aún nos falta por recorrer no es corto en plazo y tiempo y nos impone a todos un esfuerzo todavía muy exigente y cotidiano. Lo ocurrido el 22 de noviembre es una instancia más y puede resultar anecdótico -en un proceso que recién se inicia y que por ello no debe ser sobrevalorado- si no es correctamente estimado y reflexionado. En este camino, tendiente al crecimiento institucional y social, la responsabilidad es hija de los más amplios sectores económicos y culturales si es que queremos que definitivamente no nos gobiernen más dictadores o representantes de tintes autoritarios bajo ropajes democráticos. Este es el verdadero cambio intrinsecamente relacionado al progreso, el que se escribe con letras y caracteres atribuidos al largo plazo y sostenido por la sociedad civil.

 

Necesitamos entonces templanza para festejar y pensar en el futuro, pero también fortaleza para soportar los impedimentos y resistencias que vendrán, prudencia para impulsar las mejores medidas institucionales en el sector público y en el sector privado y finalmente justicia para el ejercicio de las críticas en la opinión pública y para dirimir las diferencias y la grieta social.

 

 

Ergo, sólo teniendo en vistas la complejidad de la realidad y no esperando medidas mágicas ni recetas automáticas, resta a cada uno de nosotros hacer lo propio para cambiar la inconmensurable historia y realidad argentina.

 

Javier Cubillas fue coordinador del programa de Jóvenes Investigadores de Fundación Atlas 1853. Es alumno de la Maestría en Ciencias Políticas de ESEADE.

Privacidad e intimidad

Por Gabriel Boragina. Publicado el 24/10/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/10/privacidad-e-intimidad.html

 

“Seguramente el tema central del siglo XXI será el derecho a la intimidad. Es de trascendental importancia definir y redefinir derechos de propiedad para proteger la privacidad en vista de la alta tecnología que, entre otras cosas, permite vulnerarla. Pero nuevamente “no es culpa” de la tecnología sino de la forma en que se la emplee. La alta tecnología igual que el martillo y el mercado puede emplearse para fines morales o inmorales. Nos brindan extraordinarias posibilidades pero de nosotros depende su buen uso.”[1]

La alta tecnología es particularmente peligrosa en manos de los gobiernos. Esto, se puede decir, es una constante y puede sentarse como una regla general. El gobierno es el mecanismo de compulsión y coerción por excelencia, y sus fines se concentran fundamentalmente en dichas tareas, por ello que los gobiernos dispongan de medios tecnológicos refinados confiere un serio riesgo al resto de la sociedad civil. Pero, como bien dice el autor citado, no solamente el gobierno se torna amenazante mediante el empleo de tecnología sofisticada, sino que en numerosísimos casos, son los mismos particulares quienes se ponen en riesgo mediante el uso que ellos mismos dan a ciertas herramientas tecnológicas, sobre todo en materia informática, exhibiéndose de manera imprudente en sitios tales como las redes sociales que, con su auge, han puesto en evidencia asimismo la necesidad compulsiva de mucha gente a desnudar literalmente toda su privacidad e intimidad. Por supuesto, el uso que se le da a la tecnología tiene un soporte de corte teórico tras de sí:

“Hoy día observamos tres corrientes de pensamiento que aparecen en escena con alguna contundencia: el socialismo aplicado al medio ambiente que abarca hasta los más mínimos resquicios de la intimidad, el “political correctness” que proclama el relativismo cultural y el llamado socialismo de mercado que pretende simultáneamente tener la torta y comerla. Este trípode resulta sumamente prolífico y cala cada vez más hondo en el espíritu de numerosas personas.”[2]

El socialismo medioambiental -como podría perfectamente denominársele-, pretende, como bien se apunta en la cita, a interferir en la vida privada de las personas de muchísimas maneras diferentes, pero –fundamentalmente- tratando de dictar y de regular “qué es” lo que las personas “deben” consumir o no, o de qué modo emplear sus respectivas propiedades, al punto de disminuir precisamente sus derechos de propiedad al regular su uso, con pretexto de los efectos “potenciales” o “efectivamente contaminantes” que el uso de la propiedad privada “podría” causar en el entorno ambiental. La gran mayoría de los “argumentos” del socialismo ambiental no son más que meras excusas, para lograr el objetivo de siempre del socialismo en su más pura expresión: el control y final supresión de la propiedad privada. Pero también el tema tiene otras aristas a explorar:

“Estamos tan acostumbrados a que los gobiernos se infiltren en la intimidad de las personas que tiende a rechazarse la propuesta de abrogar el matrimonio civil. En verdad, constituye un atropello que el gobierno case o “descase”. Este campo debería librarse a las partes. Arreglos contractuales libres y voluntarios deberían acordar temas patrimoniales, uso de apellidos, custodia de los hijos, eventuales condiciones de separación, etc. El debate divorcio-antidivorcio es estéril y surge como consecuencia de la intervención estatal.”[3]

El matrimonio -como la mayoría de los temas que involucran a la familia- resulta claro para nosotros que se trata de una cuestión estrictamente privada y dentro de la órbita total de la intimidad de las personas. Los estados no tienen (no deberían tener en rigor) ningún rol a cumplir en estos asuntos. Sin embargo, es una de las zonas donde el intervencionismo estatal es mas aceptado que en ninguna otra, lo cual da cuenta de hasta qué punto nuestras sociedades llevan implícitas en su pensamiento y han incorporado en todos sus aspectos el más amplio intervencionismo estatal, incluso en esferas que son de índole privativa familiar como el matrimonio, y demás aspectos que bien se mencionan en la cita precedente.

“Claro que usar y disponer de lo propio no significa que se puedan violentar iguales derechos de terceros. De ahí es que debe resguardarse la intimidad de cada uno. Los actos privados que se hacen de modo tal que pretenden sustraerse del dominio público deben ser respetados. De lo contrario, la consideración a los distintos proyectos de vida se convertiría en pura declamación.”[4]

Es que lo propio involucra, con total claridad, también a lo íntimo y a lo privado, por eso el derecho de propiedad privada se extiende y comprende naturalmente lo íntimo y privado, en una palabra intimidad y privacidad son campos a los que pertenece la propiedad privada de cada persona. Estas zonas de privacidad no deben ser vulneradas por ninguna persona, ni “en nombre” de los estados, ni en nombre propio, caso contrario, no podría hablarse de un efectivo derecho de propiedad, sino de todo lo contrario a ello.

“Claro que si la gente anda desnuda por las playas y conversa en voz alta delante de los demás sobre sus intimidades, resulta claro que la intención no es resguardar nada sino más bien ventilarlo todo. De lo que se trata es de preservar la intimidad de quienes desean mantener su vida privada fuera de los alcances de los demás. Este derecho se desprende del derecho de propiedad sin interferencia de extraños. Esta es la razón por la que una Constitución que se precie de tal incluye la prohibición de entrometerse en los papeles, las conversaciones y los lugares privados, a menos de que se trate de un delincuente en cuyo caso se requiere de una orden judicial debidamente justificada. La preservación de la intimidad resulta indispensable además para la creatividad: Goethe subrayaba que “El talento germina en la intimidad”.”[5]

En un régimen liberal, entonces, el respeto a la intimidad y privacidad del vecino es un derecho fundamental que debe cumplirse y hacerse cumplir por todos y cada uno. Y, por supuesto, el gobierno ha de ser el primero en cumplirlo, ya que normalmente es el primero en violarlo, cosa que hace con frecuencia y con gusto.

[1] Alberto Benegas Lynch (h). El juicio crítico como progreso. Editorial Sudamericana. Pág. 109

[2] A. Benegas Lynch (h) El juicio….ob. cit. pág. 177

[3] A. Benegas Lynch (h) El juicio….ob. cit. pág. 126/127

[4] A. Benegas Lynch (h) El juicio….ob. cit. pág. 126/127

[5] A. Benegas Lynch (h) El juicio….ob. cit. pág. 126/127

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.