Ludwig Von Mises y su planificación para la libertad.

Por Adrián Ravier. Publicado el 23/11/12 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=4207

En junio de 2012 recibí una invitación de Fritz Thomas, Decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Francisco Marroquín, para viajar a Guatemala y dictar algunos cursos durante el segundo semestre de ese mismo año. Uno de estos cursos fue La Filosofía de Mises, sobre el cual tuve el desafío de preparar un programa que incluyera lo más esencial de su literatura.

 El programa naturalmente incluyó su tratado de economía, pero también trabajos metodológicos como Teoría e Historia, e incluso algunos capítulos de sus libros de filosofía política como Liberalismo o Burocracia. Dado que el curso era de grado, me pareció oportuno incluir un libro que quien escribe leyó a los veinte años, precisamente como mi primer acercamiento a la filosofía del autor. Pero al buscarlo entre las colecciones de Unión Editorial, este libro brillaba por su ausencia. Aquel libro -que hace tiempo robé de la biblioteca de mi padre- se titulaba Planificación para la Libertad.

Me pareció oportuno entonces proponer a Juan Pablo Marcos, Director de la mencionada editorial, la posibilidad de reeditar esta obra, publicada por primera vez en español en 1986 bajo el sello del Centro de Estudios para la Libertad y gracias al esfuerzo de Alberto Benegas Lynch padre. La extraordinaria eficacia de Juan Pablo, sumado a la voluntad y generosidad desinteresada de Alberto Benegas Lynch (h), permitió muy rápidamente conseguir los derechos del libro, y a poco más de un mes de aquella idea, mientras escribo estas líneas, el libro está siendo diagramado.

Fue tal el impacto que este libro generó en mi formación, que desde entonces nunca dejé de reflexionar sobre los procesos de mercado y las políticas económicas en los términos de la lógica misesiana. Y es que Mises hace fácil lo difícil. Cuando uno comprende la filosofía de este autor, su praxeología y los teoremas de la economía política, la complejidad de la acción humana, sus interrelaciones y el mundo social que éstas conforman, se simplifica. Planificación para la Libertad  no explica concretamente la filosofía del autor, ni su economía política en forma integral, pero abre las puertas que conducen a ella. Al menos, esa fue mi experiencia.

Aquí el lector encontrará una claridad conceptual única para tratar los temas más complejos de las políticas públicas como la inflación, el control de precios, las inversiones de capital, la seguridad social, el desempleo, así como las consecuencias del intervencionismo o aquellas del socialismo.

Pero esta claridad conceptual jamás habría sido posible sin el entendimiento teorético que el autor desarrolló en los trabajos previos.

Es por esta razón, que aquí me propongo describir sintéticamente el contexto biográfico de Mises, recorriendo su vida y su obra, pues sin ello, las líneas que el lector encuentre en Planificación para la Libretad no podrían comprenderse en su plenitud. Es mi intención que leída esta obra, el lector desee recorrer el camino más extenso que lo conduzca a absorber también la filosofía de una de las mentes más brillantes del siglo XX.

Mises en Viena

Ludwig von Mises nació el 29 de septiembre de 1881 en la ciudad de Lemberg, en el Imperio Austro-Húngaro, hoy conocida como Lvov, en Ucrania. Hijo de un ingeniero, se mudó a Viena siendo un niño.

Desde joven se interesó por la historia y la política, hasta que en 1903 leyó los Principios de Economía Política de Carl Menger, y decidió volcar su atención a esta ciencia. Se doctoró en derecho en 1906 y hasta 1914 participó del seminario privado de Eugen von Böhm Bawerk, donde surgieron otras figuras como el prestigioso Joseph Schumpeter.

En 1912, hace precisamente cien años, Mises publica su primer gran trabajo, La teoría del dinero y del crédito, un tratado de teoría monetaria en el que elabora sus primeras contribuciones a la ciencia económica (resumidas en el capítulo 13 de este ejemplar).

Al año siguiente Mises comienza a ejercer la docencia en la Universidad de Viena, actividad que debe interrumpir para participar de la Primera Guerra Mundial como oficial de la artillería y asesor económico del Departamento de Guerra.

Terminada la guerra, Mises retorna a la academia, pero siempre con un pie en el mundo real. Habiendo sido testigo de la disolución del Imperio Austro-Húngaro, en 1919 escribe Nación, Economía y Estado, donde muestra su entendimiento de la historia y la política europea de los primeros años del siglo XX, y donde empieza a manifestar sus preocupaciones en torno al avance del socialismo.

Por entonces impulsa también el Instituto Austriaco de Coyuntura Económica, colocando a Friedrich Hayek al frente del mismo, quien más tarde tendría la responsabilidad de expandir estas ideas hacia Estados Unidos e Inglaterra.

En 1920 abre su propio seminario privado en el despacho oficial de la Cámara de Comercio de Viena, desde donde influye en la política económica de su país, como bien relata Richard Ebeling en los hoy conocidos “Lost Papers” o “Papeles perdidos” de Mises. En este seminario participaron figuras centrales de la historia del pensamiento económico del siglo XX, como el mencionado Hayek, Fritz Machlup, Gottfried von Haberler, Oskar Morgenstern, Paul Rosenstein Rodán, Félix Kaufman, Alfred Schutz, Richard von Strigl, Karl Menger (hijo matemático del fundador de la Escuela Austriaca), Lionel Robbins y Albert Hart, entre otros.

Si bien no duraría demasiado, Mises lograba entonces retornar al ambiente cultural de la Viena del Siglo XIX, interrumpida por la Primera Guerra Mundial. En 1920 escribe un artículo donde desarrolla otra de sus grandes contribuciones, ahora en torno al socialismo o la “socialización” de los medios de producción. En pocas palabras, Mises explicaba que en ausencia de derechos de propiedad sobre los medios de producción, no habrá mercados para esos medios de producción. Si no tenemos mercados para esos medios de producción, no tendremos precios monetarios. Si no tenemos precios monetarios, es imposible el cálculo económico. Si no hay cálculo económico, el sistema socialista está condenado al fracaso dado que los precios relativos no podrán reflejar la escasez o abundancia relativa de los bienes de capital y entonces las decisiones de inversión dejarán de ser racionales. La tesis fue ampliada dos años más tarde en un libro clásico de Mises que justamente se titula El Socialismo.

Mises, sin embargo, no era un anarquista. En su sistema capitalista, había un lugar fundamental para el Estado, entendido como “Estado de Derecho”. Y esto se ve claramente en su libro de 1927 titulado Liberalismo, definido este concepto como el primer movimiento político que quiso promover, no el bienestar de grupos específicos, sino el bienestar general. Para Mises la función del Estado no es la de un Ingeniero que lo planifica todo, sino la de un Jardinero que crea el ambiente adecuado para que florezcan los órdenes espontáneos. Ese marco institucional de respeto por la propiedad privada, es un rol que el Estado no puede delegar. Bajo este Estado de Derecho, dice Mises, surge la cooperación entre los individuos y los pueblos, siendo la iniciativa individual y la sociedad civil la protagonista del desarrollo económico.

Mises, sin embargo, no era ingenuo. Sabía también que la existencia del mismo Estado, crearía incentivos en los empresarios para buscar privilegios y rentas (rent-seeking), pero entendía que la única forma de luchar contra esa amenaza, era a través de las reglas constitucionales, la división de poderes, el federalismo y hasta el derecho de secesión, entre otras herramientas desarrolladas bajo la larga tradición de liberalismo clásico que incluye una larga lista de autores y literatura. Sin ánimo de ser exhaustivo, esta literatura incluye los trabajos de John Locke (Segundo Ensayo sobre el Gobierno Civil), Algernon Sidney (Los discursos acerca del gobierno), Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu (Del espíritu de las leyes), David Hume (Ensayos Políticos), Alexander Hamilton, James Madison y John Jay (El Federalista), los papeles Anti Federalistas, Thomas Jefferson (Borrador y Reforma de la Constitución del Estado de Virginia), Thomas Paine (Sentido Común), William von Humboldt (Los derechos del hombre), Benjamin Constant (Ideas para un ensayo de determinación de los límites que circunscriben la acción del estado), Benjamín Constant (De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos), Alexis de Tocqueville (La democracia en América), Frédéric Bastiat (La ley) y John Stuart Mill (Sobre la libertad).

Al respecto, publicó una serie de libros, desde la Crítica del intervencionismo en 1929, hasta Burocracia y Gobierno Omnipotente en 1944, trabajos que pueden entenderse hoy como la continuación de la mencionada tradición política del liberalismo clásico y también como el origen del Public Choice o Escuela de la Elección Pública, que precisamente profundiza hoy sobre distintos modos de controlar al Leviatán.

Mises en Ginebra

Los quince años que unen a estos últimos tres trabajos, sin embargo, no pasaron sin sobresaltos en la vida de Mises. En 1934 se ve obligado a abandonar la ciudad de Viena, interrumpir el seminario privado que venía dictando desde 1920, para trasladarse a Ginebra, Suiza, y así huir de los Nazis. Consigue un cargo de catedrático en el Instituto de Relaciones Internacionales de Ginebra, y entonces, por primera vez en su vida, logra trabajar exclusivamente para la academia.

Esto le permite iniciar el trabajo que concluirá con su obra monumental, la primera redacción de un tratado completo de economía, sistematizando todo su pensamiento teórico y atendiendo a lo que en 1933 había llamado los Problemas epistemológicos de la economía. En 1940 publica su trabajo de 756 páginas bajo el título Nationalökonomie: Theorie des Handelns und Wirtschaftens [Economía: Teoría de la acción y del cambio] el que recibe escasísima atención, dado el comienzo –un año antes- de la Segunda Guerra Mundial.

Con casi 60 años, y sólo después de estar seis años en Ginebra, Mises debe abandonar la ciudad para salvar su vida, emprendiendo un viaje hacia Estados Unidos para volver a empezar de cero.

Mises en Estados Unidos

La situación no era nada fácil para un autor tan revolucionario como Mises. Metodológicamente, Mises defendía el apriorismo y criticaba el positivismo, por entonces de moda.  En economía, Mises se había mostrado opuesto al intervencionismo y la revolución keynesiana que crecía rápidamente desde la publicación de la Teoría General en 1936. En filosofía política, Mises era un liberal, y criticaba abiertamente el socialismo en todos sus formas.

Es recién en 1945 que Mises consigue un cargo de Profesor en la Universidad de Nueva York, obteniendo un año más tarde la ciudadanía americana. En 1947 se suma al proyecto de Hayek de impulsar la Mont Pelerin Society, que reunía académicos de Chicago y Viena indistintamente, además del filósofo Karl Popper, entre muchas figuras de renombre internacional.

En 1948 vuelve a abrir un seminario privado, el que se extenderá hasta 1969, y con nuevos alumnos, como Murray Rothbard, Hans Sennholz, Israel Kirzner, George Reisman y Louis Spadaro.

Finalmente, en 1949 publica su tratado de economía La Acción Humana, partiendo de aquel trabajo ignorado de 1940. El éxito de este libro fue rotundo, considerando las sucesivas ediciones. Algunos analistas sostienen que sin él, no habría una Escuela Austriaca Moderna. Las traducciones al alemán, español, italiano, chino, taiwanés, francés, coreano, portugués y japonés demuestran el alcance de la obra.

Mises, sin embargo, no abandonó la academia luego de este logro. Siguió trabajando en su programa de investigación y nos regaló otros escritos, ahora sobre cuestiones metodológicas quizás no cubiertas en su tratado de economía. En 1958 publicó Teoría e Historia, donde retoma el debate entre Menger y el historicismo de Gustav Schmöller, y establece claros límites a la tarea del historiador. Y sólo cuatro años después, insistió con El fundamento último de la ciencia económica.

Habrá que recordar también su paso por Buenos Aires, no porque quien escribe sea natural de esa ciudad, sino porque en 1959 ofreció seis conferencias de política económica, que desde mi punto de vista, son una extensión a este libro, en lo que concierne a la persuasión.

Mises falleció en 1973 dejando 22 libros publicados, centenares de artículos, numerosas contribuciones y un gran número de destacados alumnos y seguidores. Muchos pensamos que fue injusto el que no haya recibido el Premio Nobel de Economía. Pero sí debemos recordar la mención de la American Economic Association en su publicación oficial, The American Economic Review, en sepiembre de 1969. Allí se explica que el “importante flujo de publicaciones comenzó en 1902” y que a sus 88 años, en 1969, seguía enseñando. “Sus obras abarcan desde historia económica e historia del pensamiento hasta metodología y filosofía política, con especial énfasis sobre teoría monetaria, finanzas internacionales, fluctuaciones cíclicas, teorías de los precios y de los salarios, organización industrial y sistemas económicos.

Sería imposible enumerar las ideas que Mises ha concebido y difundido durante años, pero sí pueden mencionarse algunas de las más fructíferas: en teoría monetaria, la aplicación de la teoría de la utilidad marginal a la explicación sobre la demanda de dinero; en la teoría de los ciclos económicos, ciertas enmiendas a la teoría wickselliana del proceso acumulativo y la demostración de que una política monetaria que estabilizara ciertos índice de precios no estabilizaría al mismo tiempo la actividad empresaria; en la teoría de la planificación económica socialista, el descubrimiento de que es imposible realizar el tipo de cálculo económico necesario para una eficiente asignación de recursos sin un sistema de precios de mercado competitivo. Los recientes movimientos hacia una planificación descentralizada producidos en varias economías de tipo soviético demuestran que la historia confirma la veracidad de las conclusiones a que arribó Mises hace casi cincuenta años.”

Planificación para la Libertad

Lo dicho en las secciones previas, permitirá al lector conocer el contexto en el cual Mises publica Planificación para la Libertad, el que fue editado originalmente en 1952, apenas tres años después de la publicación de su tratado de economía. Incluía –en esa primera edición- unos 12 ensayos y conferencias, seleccionados y escritos por el propio Mises. El índice muestra entre paréntesis el año en que cada uno de ellos fue escrito.

Diez años más tarde, en 1962, se publicó la segunda edición, incluyendo el capítulo 7 titulado “Salarios, desocupación e inflación”.

Mises falleció el 10 de octubre de 1973, lo que motivó una tercera edición “conmemorativa” del libro, apenas un año más tarde. En esta reedición se incluyeron algunos agregados: “Salutación a von Mises”, por el Dr. Henry Hazlitt; “El seminario privado de Mises”, por el profesor Gottfried von Haberler; “Cómo Mises me hizo cambiar de opinión”, por el Dr. Albert Hunold; “Homenaje a un filósofo” y “Ludwig von Mises – Mención para un miembro distinguido”.

Una cuarta edición en inglés y ampliada apareció en 1980, pero ya el subtítulo había cambiado: Planificación para la Libertad “y otros ensayos”.

La primera edición en español de 1986 se basó precisamente en la versión de 1980, pero agregando además “Lo esencial de Mises”, por Murray Rothbard. En el prólogo de Alberto Benegas Lynch padre a dicha edición explica que la traducción y publicación se hicieron posibles por el apoyo financiero del Center for International Private Enterprise (CIPE), de Washington, comprometiéndose los editores a entregar los primeros 2000 ejemplares a jóvenes estudiantes que siguieran los cursos sobre los “fundamentos de la Libertad”, patrocinados por el CIPE y dirigidos por el contador Eduardo Marty.

Liberty Fund, sin embargo, reeditó el libro en inglés en 2008, retornando a la segunda edición ampliada y seleccionando sólo aquellos ensayos y conferencias escritas por el propio Mises. Esta reedición incluso separó los ensayos en cuatro partes y los reorganizó.

La reedición en español que el lector tiene en sus manos se basa precisamente en esta cuarta edición ampliada de 2008, donde reorganizamos los capítulos y donde incluimos esta introducción y un extenso estudio preliminar de Alberto Benegas Lynch (h).

Volviendo al contenido, Planificación para la Libertad se trata fundamentalmente de ensayos y conferencias que el autor ofreció en distintos lugares y contextos, pero siempre con una llamativa calidad de persuasión, con textos “informales”, de lectura amena, donde las ideas fluyen sin las “estructuras” y “rigideces” de las publicaciones científicas.

Brevemente, Mises transmite en este libro una idea que aun hoy es necesario recordar a los economistas. El debate no es acerca de si debe o no haber planificación en la economía. El debate es si dicha planificación deben llevarla adelante los empresarios, de manera descentralizada, o el Estado, de forma centralizada.

Aceptada la idea de que el socialismo es imposible –tesis resumida más arriba-, sólo nos queda la propiedad privada de los medios de producción. Sin embargo, dentro de este sistema capitalista, es necesario distinguir entre el capitalismo puro y el capitalismo intervenido, entre el laissez faire y el mercantilismo. En ambos existe propiedad privada, pero mientras en el primero hay lugar para la competencia privada entre empresarios, en el segundo la competencia sólo se concentra en la política, o en la idea de obtener una serie de privilegios de parte del Estado para evitar justamente la competencia aludida previamente. Mientras en el primero reina la soberanía del consumidor, en el segundo predomina el favoritismo, las regulaciones y los subsidios. Mientras en el primero los precios monetarios y libres habilitan al empresario a realizar el cálculo económico que le permite advertir los desequilibrios de mercado, en el segundo predominan los controles de precios con su consecuente distorsión de los precios relativos, y entonces no pueden tomarse decisiones racionales de inversión.

Mientras en el primero las ganancias y las pérdidas (capítulo 17) informan al empresario acerca del resultado de sus inversiones, en el segundo los pseudo-empresarios se mueven en la oscuridad, derrochando los recursos escasos que la economía enseña se deben racionalizar para satisfacer de la mejor manera posible las necesidades del consumidor.

Mises concluye que el intervencionismo keynesiano, también conocido como la tercera vía requiere a cada paso de una mayor dosis de regulaciones, controles, privilegios y subsidios, señalando que las políticas intermedias a menudo conducen al socialismo (capítulo 4).

Presentado de este modo, la crisis del mundo capitalista en 2008 y 2009 no es la crisis del capitalismo puro que presenta Mises en su obra, sino la crisis del capitalismo intervenido, cuyas raíces encontramos en el mercantilismo. Lo que el mundo necesita entonces para dejar atrás los ciclos económicos no es un mayor control del estado sobre la economía, sino un mayor espacio al mercado y al laissez faire. No necesitamos más estado, sino menos. En este libro queda clara la tesis de Mises de que el Estado –a pesar de sus buenas intenciones- siempre alcanza los resultados opuestos que se proponía alcanzar. Por un lado, por un problema de conocimiento, en el sentido que el gobierno no puede hacerse de la información necesaria para saber qué bienes y servicios debe producir, en qué cantidades y calidad. Corresponde a Hayek el mérito de haber extendido esta contribución de Mises al señalar que el Estado no puede hacerse de este conocimiento, porque la información que guía la función empresarial se encuentra dispersa en la mente de cada individuo, y además porque sólo puede crearse en una economía de mercado, a través de las interrelaciones de los individuos y los precios que surgen de ellas.

Pero además, aun asumiendo que pueda hacerse de este conocimiento, debemos considerar el problema de los incentivos. Corresponde a James Buchanan el haber extendido la tesis de Mises de que el gobierno no está compuesto por ángeles, sino por individuos que seguramente intentarán maximizar su situación individual o la de aquellos a quienes representan. De esta manera, quizás existen ciertas fallas de mercado, pero no debiéramos olvidar los fallos de la política.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

Un posible significado para el 8N

Por Adrián Ravier. Publicado el 12/11/12 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/11/12/un-posible-significado-para-el-8n/#more-3740

 Cientos de miles de personas salieron a las calles en todo el territorio argentino, y también en algunos puntos del exterior, para protestar en contra del gobierno. Las pancartas ofrecieron variados motivos, enfocados en la inseguridad, la corrupción, los controles cambiarios y, especialmente, el rechazo a la posible reforma de la carta magna para habilitar una nueva reelección de la actual mandataria. Pero cuál es el mensaje de fondo de esta parcialidad que salió a las calles. Me aventuro a ofrecer en este artículo un posible significado.

Ante dos posibles extremos, entre la sociedad abierta y el socialismo, interpreto el 8N como un rechazo del pueblo argentino a la tendencia del gobierno por canalizar la política pública hacia este último sistema.

Veamos entonces algunas diferencias entre estos dos modelos para comprender mejor el mensaje.

En una sociedad abierta, la estrategia de desarrollo es descentralizada. Bajo el respeto por la propiedad privada y la libertad individual, las personas realizan acuerdos voluntarios que dan lugar a cierta coordinación social que hace posible el desarrollo económico. Si entendemos el problema económico como aquel de decidir cuáles son los bienes y servicios que deben ser producidos, en una sociedad abierta cada miembro de la sociedad, con sus propias valoraciones y preferencias, aporta el conocimiento de sus circunstancias de tiempo y lugar.

Bajo el socialismo, la coordinación social se intenta imponer desde arriba, como si la sociedad fuera una gran empresa, con su orden jerárquico, sus estrategias, y sus premios y castigos, asumiendo que el fin de todos los individuos es único y aceptado por todos sus miembros.

En una sociedad abierta, el protagonista es el hombre común, empresario y asalariado, que actúa creativamente intentando solucionar sus propios problemas, con responsabilidad, sabiendo que no hay otra alternativa que forzar su propio destino.

Bajo el socialismo, el protagonista es el gobernante y los funcionarios, que diagraman el futuro del “pueblo”, de acuerdo a su acotado conocimiento. El pueblo juega así un rol pasivo.

En una sociedad abierta, los vínculos de interacción social son de tipo contractual, debiendo cumplir con sus compromisos o enfrentando a la justicia cuando incumplen los contratos.

En el socialismo, prepondera un vínculo de tipo hegemónico, en los que unos mandan y otros obedecen. En el caso de la democracia de masas, las “mayorías” coaccionan a las “minorías”. Las “minorías” no tienen otra salida que alinearse a lo que las “mayorías” pretenden, o abandonar el país.

En una sociedad abierta, prepondera el respeto por el derecho, entendido como una norma abstracta, de contenido general, que se aplica a todos por igual, sin tener en cuenta circunstancia particular alguna. Se trata de la “igualdad ante la ley”.

En el socialismo prepondera el mandato o reglamento, surgido del poder organizado, que de manera arbitraria ayuda a unos y afecta a otros, produciendo incentivos para que prepondere lo político, con lealtad al grupo y a su jefe, con respeto por el orden jerárquico y ayuda al  “prójimo conocido”, esto es, el que te vota en campaña.

En la sociedad abierta, el orden espontáneo hace posible la paz social, pues cada acuerdo es voluntario, y por lo tanto, beneficioso para las partes.

En el socialismo, cada política es discrecional y arbitraria, con beneficiados y afectados, lo que abre el conflicto social permanente.

Siempre he coincidido con Frédéric Bastiat, con esta cita que me parece es el mensaje que transmitió el 8N:

“Yo, lo confieso, soy de los que piensan que la capacidad de elección y el impulso deben venir de abajo, no de arriba, y de los ciudadanos, no del legislador. La doctrina contraria me parece que conduce al aniquilamiento de la libertad y de la dignidad humanas.”

El pueblo argentino no desea que fuercen su destino. El pueblo argentino quiere que se respeten sus libertades individuales. El pueblo argentino no seguirá aceptando que el gobierno decida qué se exporta o qué se importa (Guillermo Moreno). Tampoco se aceptará que se le diga en qué moneda debe tener sus ahorros (Anibal Fernández) o que se le mienta con la inflación (Marcó del Pont) o la inseguridad (Nilda Garré). Menos aun soportará que el gobierno quiera planificar “estratégicamente” los sectores claves de la economía (Axel Kicillof), pues cada vez que lo ha hecho, el resultado fue el despilfarro, el déficit, y al monetizarlo, la inflación.

El mensaje para la Presidente es que deje de avalar las atrocidades que muchos de sus funcionarios están realizando en materia de política pública.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

Un liberalismo

Por Armando P. Ribas. Publicado el 11/7/12 en http://www.libertadyprogresonline.org/2012/07/11/un-liberalismo/

En un reciente artículo Álvaro Delgado-Gal se refirió a la existencia de dos liberalismos. El uno político y el otro económico. Me voy a permitir discrepar con tal ambivalencia. El liberalismo surge del pensamiento de John Locke, tal como lo expresa fundamentalmente en sus dos Tratados Sobre el Gobierno Civil y en La Carta Sobre la Tolerancia. Allí manifiesta expresamente su oposición al derecho divino de los reyes y al respecto dice: “Como si todos los hombres abandonando el estado de Naturaleza, entren en la sociedad, ellos acuerden que todos ellos excepto uno debe estar bajo las restricciones de la ley; pero que deba todavía retener toda la libertad del estado de naturaleza, incrementado con poder, y hacerlo licencioso por impunidad. Esto es como pensar que los hombres son tan tontos que tienen cuidado de evitar las travesuras que pueden ser hechas por las mofetas y los zorros, pero están, más bien, piensan que es seguro, el ser devorado por leones”.

Y tomando en cuenta la naturaleza humana y refiriéndose a los monarcas dijo: “Pero yo deseo que aquellos que hacen esta objeción recuerden que los monarcas absolutos no son más que hombres”. Consecuentemente estableció los límites al poder político reduciendo las prerrogativas del rey y separando los poderes del estado. Por supuesto en contra del pensamiento de Rousseau estableció los derechos individuales incluyendo el derecho a la búsqueda de la felicidad y así como el derecho de propiedad. A partir de este reconocimiento el autor considera que frente al liberalismo político se encuentra el liberalismo económico generado por David Hume y Adam Smith.

Es cierto que concurren diferencias entre Locke y Hume pero ellas no surgen de manifestarse en dos campos distintos que supuestamente serían el político y el económico. En tanto que para Locke los derechos individuales son naturales, para Hume son el resultado del aprendizaje de la historia sobre la naturaleza humana. Por ello considero que el mayor aporte de Hume al concepto liberal es su análisis sobre la naturaleza humana para determinar el origen mismo de la justicia. Así llega a la conclusión de que “la naturaleza humana es inmutable, por tanto si queremos cambiar los comportamientos debemos cambiar las circunstancias”. Y seguidamente sostiene: “Si los hombres fueran generosos y la naturaleza pródiga, la justicia no tendría razón de ser”. Es decir sería posible la anarquía.

Por otra parte no es cierto que Hume proponga un gobierno absoluto, con tal que se atuviese a la ley. Lo que Hume está proponiendo al respecto es precisamente evitar la tiranía que puede surgir del reconocimiento del origen popular de los gobiernos. En ese sentido dice: “Pero si en lugar de protección y seguridad, se encuentran con la tiranía y la opresión, ellos (los pueblos) están liberados de sus promesas”. O sea Hume está opuesto al derecho divino de los pueblos que no es más que la demagogia impuesta desde el socialismo. Y es en este aspecto donde podemos encontrar alguna contradicción en el planteo de Locke.

Entonces no es que existen dos liberalismos, uno político y otro económico. Los principios en que Hume basa la estabilidad que son: “La seguridad en la propiedad, la transferencia por consenso y el cumplimiento de las promesas”, son éticos, políticos y jurídicos. Lo económico es la consecuencia de la aplicación de los mismos. En ese sentido de la defensa de la propiedad privada coincide plenamente con Locke. Pero pasando entonces a la supuesta economía de Adam Smith, debo rescatar igualmente un principio ético fundamental del liberalismo que es la conocida mano invisible y que la describió en la siguiente forma: “Persiguiendo su propio interés, frecuentemente promueve el de la sociedad mas efectivamente, que cuando el intenta promoverla. Yo no he visto mucho bien hecho por aquellos que pretenden actuar por el bien público”.

En la frase anterior encontramos un principio ético fundamental, y que por supuesto trasciende al plano político. En el mismo encontramos la justificación del derecho a la búsqueda de la propia felicidad, que como tal fuera igualmente reconocido por Locke y aplicado por los Founding Fathers, a quienes considero los instauradores iniciales del sistema liberal, al que denominaron the Rule of Law. Ese principio es fundamental en el ejercicio de la libertad. El mismo implica el reconocimiento jurídico de la eticidad de los intereses privados que no son contrarios al interés general. Cuando por el contrario se supone que el estado representa al interés general, tenemos de nuevo la voluntad general y el gobierno se constituye en el poder absoluto, tal como lo propuso Hegel. Como se recordará para Hegel el estado era la expresión de la ética, frente a la concupiscencia de las corporaciones. Principio fundamental del totalitarismo que nos regaló la Europa Continental., como reconociera recientemente Jean Francois Revel.

El liberalismo pues es un sistema ético, político y jurídico, en el cual el proceso económico es un resultado del ejercicio de los derechos reconocidos y respetados. Ese fue el sistema que se iniciara en Inglaterra con la Revolución Gloriosa en 1688 cuando se reconocieron los derechos tal como los había planteado Locke. Como antes dijimos ese sistema fue llevado a sus últimas consecuencias por los Founding Fathers. Fue pues en Estados Unidos donde se adicionó el principio del rol fundamental del departamento de Justicia y la Corte Suprema, para hacer que se cumplan los predicados constitucionales: Judicial Review (Revisión Judicial).

Es indudable que Madison estaba influenciado por el pensamiento de David Hume, cuando escribiera la Carta 51 de El Federalista. Allí escribió: “Si los hombres fueran ángeles no sería necesario el gobierno; si fueran a ser gobernados por ángeles ningún control externo ni interno sobre el gobierno sería necesario. Al organizar un gobierno, que es una administración de hombres sobre hombres, la gran dificultad yace en esto. Primero se debe capacitar al gobierno para controlar a los gobernados, y en segundo lugar obligarlo a controlarse a si mismo”. Las anteriores palabras reflejan una paráfrasis del pensamiento de Hume citado anteriormente. En la misma se registra un concepto fundamental de reconocer la naturaleza humana y al mismo tiempo la admisión de que el gobierno no es la entelequia de los ‘universales’ en el sentido de la voluntad general y su consecuencia el Estado. Por la misma razón seguidamente reconoce que las mayorías no tienen el derecho de violar los derechos de las minorías.

Perdón pero confundir el pensamiento de Hume con el utilitarismo de Bentham y de Rawls es un pecado original que impide comprender la naturaleza ética de liberalismo. El utilitarismo per se es la negación del derecho del hombre a la búsqueda de la propia felicidad, y su consecuencia es el supuesto derecho a que se la provea el estado. Y en esa trampa ha caído el artículo 25 de La Declaración Universal de los Derechos Humanos y ahí tenemos el resultado: la crisis europea a través del estado de bienestar y el populismo en América Latina. Lamentablemente el confundir el sistema liberal con el concepto tergiversado de la derecha, le ha permitido a la izquierda apropiarse de la ética acorde con la pretensión de la igualdad económica, cuyo resultado es la desigualdad política que significa el poder absoluto y por supuesto el riesgo de perder la libertad, cuya consecuencia es la pobreza.

En ese sentido es asimismo lamentable que la supuesta civilización occidental no haya tomado conciencia de que la filosofía ética y política de Kant, como complemento de Rousseau, es a su vez el sustento de Hegel. Al respecto puedo decir que en esa carencia ha caído la Escuela Austríaca que en general ha ignorado y confundido el pensamiento kantiano, y a la vez ha intentado mantener la defensa de la libertad en términos de la economía de mercado, y no su sustento ético político. A mi juicio en la filosofía kantiana se encuentran los presupuestos liminares del totalitarismo al desconocer el derecho a la felicidad, por ser un acto deshonesto pues no se hace por deber. De hecho esa descalificación del comercio implica que la alternativa es la guerra. Tanto así que Hegel la consideró el momento ético de la sociedad.

Igualmente Kant siguiendo a Rousseau y la voluntad general, en su Metafísica de las Costumbres, estableció: “El poder soberano de un estado solo tiene derechos en relación a sus súbditos y no deberes coercibles” Y siguiendo esa tesis: “La constitución no puede tener ningún artículo que pueda hacer posible que para cualquier poder del estado el resistir o controlar al supremo ejecutivo en caso que violase la ley constitucional”. Y no olvidemos que en “Idea Para Una Historia Universal con un Sentido Cosmopolita” sostuvo que la razón estaba en la historia y que el progreso de la misma dependía del antagonismo,

No obstante lo dicho anteriormente debo reconocer que en uno de sus últimos ensayos, La Paz Perpetua, Kant dio marcha atrás a su racionalismo moral y político, y bajo la influencia de Hume, reconocida por el mismo, se atuvo al empirismo racional. Fue así que en dicho ensayo distinguió entre la república como el reino del derecho y la democracia como la justificación del despotismo. Este criterio debe ser considerado en los instantes en que vivimos como presupuesto del liberalismo. Seguidamente descartó la racionalidad de la guerra y rescató la importancia del reconocimiento de la naturaleza humana y así dijo: “Tal tarea no envuelve el mejoramiento moral del hombre; solamente significa encontrar como el mecanismo de la naturaleza puede ser aplicado a los hombres de tal manera que el antagonismo de sus actitudes hostiles los hagan exigir uno a otro a someterse a las leyes coercibles y así producir condiciones de paz dentro de las cuales las leyes puedan ser aplicadas”. Como podemos ver estos pensamiento se contradicen con las citas previas en su Metafísica de la Moral, y pueden ser aplicables a la realidad de hoy.

Por último el autor se refiere a la predicción de Schumpeter sobre el triunfo final del socialismo. Al respecto dice: “Este se equivocó al suponer que el futuro sería socialista”. Lamentablemente considero que la predicción de Schumpeter está hoy presente en el estado de bienestar europeo y el populismo “democrático” latinoamericano. Al mismo tiempo se perciben tendencias en Estados Unidos a violar los principios fundamentales del Rule of Law, en nombre de la igualdad económica. O sea lamentablemente la demagogia bajo la denominación “iluminista” del socialismo está monopolizando la ética en la llamada civilización occidental. Esperemos que recuperemos la noción clara del liberalismo y se de un vuelco en la historia que pueda demostrar que Schumpeter se equivocó.

El Dr. Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y profesor en ESEADE.