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La Madre Teresa corrige a Fidel Castro

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 19/5/17 en: http://www.actuall.com/criterio/democracia/la-madre-teresa-corrige-fidel-castro/

 

La reivindicación de los izquierdistas de ser como la Madre Teresa en la atención a los más desfavorecidos es una mentira en todos los caso; no sólo en el del socialismo más carnívoro, sino también en el caso del más vegetariano, el caso de la socialdemocracia.

 

Madre Teresa de Calcuta y Fidel Castro/Actuall.

La Madre Teresa estuvo en La Habana en julio de 1986, y se reunió con Fidel Castro, a quien regaló una imagen de la Virgen del Milagro. Según contó Alfredo Bryce Echenique, testigo del encuentro, el dictador le dijo a la monja de Calcuta: “Es usted un producto finísimo del marxismo leninismo porque le ha dado todo a los pobres”. Y ella le contestó: “A los pobres no. ¡Por amor a Dios!”.

La corrección de la religiosa es muy notable, por lo que dice y también por lo que podemos colegir de su conversación con el sátrapa caribeño. Ante la repugnante alusión a una posible identificación entre ella y el marxismo, la Madre Teresa no hizo ninguna referencia a la flagrante incompatibilidad entre ambos. Se limitó a explicar en una palabra la razón de su vida y de sus actos: Dios.

En efecto, era el amor a Dios lo que la impulsaba a dedicarse a los pobres, y a especializarse en los más pobres de los pobres. Ella, que afirmó, “si no se vive para los demás, la vida carece de sentido”, se consideraba “lápiz de Dios, un trozo de lápiz con el cual Él escribe aquello que quiere”. Pero Dios es el principio, y por eso ella decía: “Para mí es un deber luchar por la santidad como para todos los cristianos”.

Por eso sus palabras ante el tirano de La Habana señalaron en realidad en una sola línea la radical incongruencia entre la religión y el marxismo, algo que los marxistas saben perfectamente, y por eso se han especializado en el último siglo en perseguir las religiones y a los religiosos, llegando incluso a asesinar en masa a curas y monjas.

Hablando de incongruencias, una clásica del marxismo es precisamente la que expresó Fidel Castro, presentando al socialismo como el paradigma del cuidado exquisito de los pobres.La verdad es justo la contraria, porque la característica de los países marxistas es su trato brutal hacia los pobres: sus políticas anticapitalistas y antiliberales arrastraron a la muerte por hambre a decenas de millones de modestos trabajadores. Así sucedió en China donde, por cierto, los comunistas le impidieron a la Madre Teresa lograr en vida el sueño de abrir allí una misión. Ella sabía lo que hacía. Ellos también.

La reivindicación de los izquierdistas de ser como la Madre Teresa en la atención a los más desfavorecidos es una mentira en todos los caso; no sólo en el del socialismo más carnívoro, sino también en el caso del más vegetariano, el caso de la socialdemocracia. Aquí vemos numerosos ejemplos en donde lo que los políticos antiliberales hacen es empobrecer a los ciudadanos mediante onerosos impuestos, con la excusa de que protegen a los pobres, como si pudiéramos realmente comparar a la Madre Teresa con la Agencia Tributaria.

El diálogo de la santa con el dictador continuó así. Le dijo Fidel: “Pero Dios, madre, no existe”. Una vez despedida la Madre Teresa, y ya a solas con Bryce Echenique, le comentó: “¿Sabes qué? Es la primera vez que me visita una santa”.

No hay testigos de lo que comentó dicha santa después. Pero es bonito conjeturar que habrá sonreído para sus adentros pensando en la imagen de la Virgen con que había obsequiado al déspota cubano.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Democracias que mutan en dictaduras

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 8/5/17 en: http://economiaparatodos.net/democracias-que-mutan-en-dictaduras/

 

Por eso es importante insistir en limitar el poder del estado y no tanto en el voto para elegir autoridades

La dictadura chavista que hoy está cometiendo todo tipo de terrorismo de estado, encarcelando a opositores y asesinando a mansalva al pueblo venezolano surgió del voto popular. No es la primera vez que la democracia muta en dictadura. Hitler ganó las elecciones de noviembre de 1932 con el 33% de los votos. Sin embargo, por esas cosas de la historia, terminó siendo nombrado canciller estableciendo una de las dictaduras más sangrientas de la historia y sumergiendo a Europa en la Segunda Guerra Mundial.

Hay dos formas de llegar a una dictadura: 1) mediante las armas y 2) mediante el voto. En el caso 1) tenemos a Fidel Castro que bajo el argumento de luchar contra la dictadura de Batista, fue apoyado por el pueblo cubano y luego, una vez en el poder, estableció una dictadura mucho más feroz que la del sargento Fulgencio Batista. Castro se cuidó muy bien de no comunicar sus aspiraciones de establecer una dictadura comunista en Cuba y solo lo expresó abiertamente cuando tenía el control absoluto del poder armado.

Chávez primero intento llegar al poder por medio de un golpe de estado en febrero de 1992 y luego gana las elecciones presidenciales de 1998 pero escondiendo sus verdaderas intenciones de establecer una dictadura.

En nuestro país el kirchnerismo usó el voto para llegar al poder y luego, con recursos que le permitieron aplicar populismo en abundancia, quisieron “ir por todo” que no era otra cosa que establecer una dictadura simulando un sistema democrático.

Es claro que la democracia puede mutar en dictadura si los valores que imperan en una sociedad no son los de la libertad y el límite al poder del estado no es sólido. En una república democrática no solo es relevante la forma en que se eligen los gobernantes, el voto, sino que más importante aún es establecer límites al poder del estado. Es que en una democracia republicana el ciudadano se desarma y le entrega el monopolio de la fuerza al estado para que este defienda el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Si luego de asumido el poder mediante el voto, la persona elegida usa el monopolio de la fuerza contra los ciudadanos, la democracia republicana muta en dictadura y resulta muy difícil quitársela de encima sin derramar sangre.

En la década del 70 una ola terrorista impulsada, apoyada, entrenada y financiada por Cuba y la URSS intentaron, mediante el uso de las armas, establecer dictaduras marxistas en casi toda América Latina. Esos intentos no contaron con el apoyo de la población y fueron derrotadas por las fuerzas armadas de cada país. Unas veces manteniendo la democracia republicana y otras mediante golpes de estado. Latinoamérica fue objeto de una agresión externa bajo la forma de terrorismo. Es decir, fue un terrorismo de estado exportado por Cuba hacia los países latinoamericanos. Fidel Castro utilizó el poder del estado cubano para financiar, entrenar y apoyar el terrorismo de las diferentes bandas de terroristas. Por eso lo hecho por el ERP y Montoneros fue terrorismo de estado, pero un terrorismo de estado apátrida porque, incluso, esos terroristas traicionaron a su país para intentar tomar el poder y ponerlo bajo la órbita del poder de marxista de Fidel Castro. El objetivo subordinar la independencia Argentina a los caprichos autoritarios de Fidel.

La ola de dictaduras latinoamericanas de fines de los 90 y principios de los 2000 comprendió que el camino para conseguir el poder no pasaba tanto por las armas, sino por el apoyo del pueblo. Para eso usaron la democracia republicana para llegar al poder y una vez en el poder, con el beneficio de buenos precios internacionales de los precios de exportación, consiguieron el favor del votante repartiendo dinero a diestra y siniestra. El objetivo era: 1) ganarse el favor del votante mediante la distribución populista del ingreso y 2) ir controlando los resortes del poder usando el monopolio de la fuerza persiguiendo implacablemente a los opositores. Un verdadero terrorismo de estado surgido del voto.

Obsérvese que la mayoría de los dictadores surgidos del voto han buscado la reelección indefinida. En unos casos lo lograron y en otros el pueblo le puso un límite. Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y Cristina Fernández en Argentina son tres ejemplos. El proyecto kirchnerista era muy similar al del chavismo pero Cristina Fernández se topó con una resistencia pacífica de la población que en 2013 le cerró las puertas a la reforma constitucional y a perpetuarse en el poder.

Es que una vez que estos gobiernos autoritarios surgidos del voto van ejerciendo el poder, terminan en la corrupción y en la violación de los derechos individuales que les impide dejar el poder. Saben que pueden ir presos por corrupción y abuso del poder, por lo tanto tratan de perpetuarse en el gobierno para su propia protección. Para alcanzar ese objetivo llega un punto en que tienen que ser cada vez más violentos con la oposición, más autoritarios en la política economíca que agoniza y más arbitrarios en el uso del monopolio de la fuerza.

Por eso es importante insistir en limitar el poder del estado y no tanto en el voto para elegir autoridades. En ser absolutamente intransigentes con la redistribución arbitraria de la riqueza y el ingreso, porque es esa redistribución arbitraria de la riqueza y el ingreso el arma que usan los gobierno autoritarios para perpetuarse en el poder. Necesitan robarle el fruto de su trabajo a unos pocos para luego repartirlo entre muchos que son los que les van a dar su voto para seguir en el poder. Cuando los recursos se acaban por la misma dinámica saqueadora del gobierno, entonces la represión se hace sentir sobre los sectores más humildes, como puede verse en Venezuela.

El huevo de la serpiente para que las democracias muten en dictadura está en ese poder que se le otorga a los gobernantes para repartir la riqueza a su gusto, comprando voluntades políticas. La democracia republicana puede ser atacada por su peor enemigo, las dictaduras, gracias al llamado estado benefactor que elimina el límite que debe tener el estado.

En definitiva, la socialdemocracia ha transformado la democracia en una competencia populista para terminar estableciendo dictaduras como la chavista. Ser absolutamente severos limitando el poder del estado es la única forma de evitar que democracias republicanas terminen en feroces dictaduras como la que está padeciendo el pueblo venezolano.

Recordemos, lo importante no es solo votar para elegir las autoridades, lo más importante es limitar el poder de esas autoridades surgidas del voto.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

El peronismo

Por José Benegas: Publicado el 10/8/15 en: http://josebenegas.com/2015/08/10/el-peronismo/

 

Hay dos grandes mentiras de la historia reciente de la Argentina y sospecho que ambas vienen del mismo lugar. No es que no haya otras, la lista es grande, pero estas dos tienen influencia en lo que está pasando electoralmente.

La primera es que el terrorismo setentista fue consecuencia del derrocamiento de Perón, el bombardeo de la Plaza de Mayo y no se cuántas otros acontecimientos de los que los jóvenes psicópatas de entonces decían ser vindicadores. La realidad era que llevaban a cabo un proyecto de toma del poder para instalar un terror de estado total al estilo soviético y siguiendo una estrategia continental. La historia argentina, era usada para unos fines bien concretos, lo mismo ocurría en todos los países vecinos sin que hubiera habido nunca un 55 en ninguno de ellos.

La segunda es de ahora: “el problema es el peronismo”, cuando de nuevo nos encontramos con una estrategia continental que originada o no en Cuba, se une en función de la instalación de gobiernos criminales que asuman el poder total y se queden con los recursos, sometan a la población y obliguen incluso a votarla. El peronismo ha sido otra vez un instrumento. El kirchnerismo como chavismo es un sistema de dominación, no electoral. De hecho cuanto peor están los distritos más ventajas sacan, porque la población está a sus pies.

El peronismo fue “el problema” en la década del 40. Era una organización fascista típica, que seguía una estrategia más bien europea. Después de Perón o inclusive con Perón, se convirtió en un laborismo sindicalista – estatista, con el que compitieron otros estatismos de estilo socialdemócrata. La verdad es que no se puede diferenciar al peronismo post década del 40 del radicalismo en primer lugar, pese al complejo que tiene este partido de tildarse a si mismo de ético y republicano. Una socialdemocracia no es republicana, pero no me voy a extender en eso. Desde el 55 todos los partidos, salvo la UCEDE en su momento, quisieron representar variantes de “peronismo bueno”, incluido el partido militar.

El kirchnerismo implica volver al fascismo original, de un modo más eficiente, con un estado más afilado gracias al pensamiento socialdemócrata de medio siglo, y con unos ribetes un poco más puramente delictivos, todo enraizado en una historia heroica de aquellos jóvenes psicópatas de los setenta, de los que tampoco son exactamente una continuidad, pero incluye a sus protagonistas. Este fascismo contiene al marxismo revolucionario, confirmando una vez más que no tienen diferencias más que de forma, si Cuba sigue en pie es por haberse exportado como nazismo a Venezuela.

Otro dato importante es que sin la política de victimización del terrorismo iniciada por Alfonsín, enancada en “derechos humanos” al punto de la glorificación, el kirchnerismo tampoco hubiera fructificado. Esa estafa de que porque no se los había juzgado eran jóvenes idealistas, empezó ahí.

Volvamos a la actualidad. El eficiente aparato de manipulación kirchnerista consiguió dos cosas importantísimas para su subsistencia: una oposición que los subestimara como problema, por temor a enfrentarlos y, segundo, que diluyeran el conflicto en uno viejo, no vigente en iguales términos: peronismo antiperonismo. Entonces nos encontramos que los mismos que nos dicen que no hay que ser antikirchneristas, nos quieren convencer de que es momento de ser antiperonistas. Creo que con eso se entiende por qué al kirchnerismo esta sutileza le conviene tanto como convertir a Clarín en la oposición.

El kirchnerismo es parte de un problema continental actual, el peronismo es un problema viejo que no es mayor que el del resto de los partidos políticos. El kirchnerismo debe resolverse entendiendo lo que ocurre en Bolivia, Ecuador y Venezuela.

Sostener que el kirchnerismo y el massismo/de la sotismo son lo mismo, le conviene a los kirchneristas que tienen de ese conjunto las de ganar. La oposición necesita dividir ese frente, por lo tanto distinguir al peronismo laboralista del fascismo de ultra izquierda delictivo, asociado al Vaticano, como para complicar las cosas un poco más.

Lo paradójico es que si se hubiera entendido esto antes de las PASO, el peronismo entero estaría fuera de combate. El massismo/ de la sotismo por quedar fuera de octubre y el kirchnerismo por encontrarse en la posibilidad de perder en primera vuelta y en la certeza absoluta de perder en la segunda.

Por eso reitero, el desvío de la atención hacia el “peronismo” como un todo, es una estrategia K, como el convertir a un medio que no va a elecciones en su principal enemigo. Hace un par de años que se reflotó el conflicto como si fuera actual y se puso un empeño ciego en negar la naturaleza del kirchnerismo.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

El periodismo desapareció, pero llega #Alas8 (PM)

Por José Benegas. Pubicado el 3 de marzo de 2014 en http://josebenegas.com/2014/03/03/el-periodismo-desaparecio-pero-llega-alas8/

A las 8, hasta que vuelva el mercado.

La historia del periodismo es también la historia del capitalismo. Se ha pasado de sobreestimar el poder de los medios a menospreciarlo, yendo y viniendo desde estas visiones opuestas. Pero lo que está claro es que el capitalismo entre otras cosas generó ese periodismo disponible para cualquiera, hoy glorificado o extrañado en nuestro caso. Esa forma de enterarse de la realidad relevante con opinión, control del poder, unido al financiamiento de comerciantes que buscan vender sus productos y servicios.

La contrapartida del periodismo es el ciudadano individual, independiente, libre y orgulloso como la célula del poder y el comercio sin interferencias.

Acá viene la parte en la que nos vamos a dividir. El peor enemigo del periodismo ha sido la socialdemocracia. Esa pretensión de que hay una libertades que son materialistas y egoístas y otras que se le puede dejar a la gente tener, es una visión de Ayatolas. El ciudadano se vio escindido. Una oveja y un tribuno al mismo tiempo ¿Cuál de ellos es el cliente o el productor de periodismo?

En esos dos extremos ha tenido que desarrollarse un periodismo alterado que es un zombie de lo que fue. No solo en la Argentina, en todo el mundo, pero en nuestro país la cosa se puso mucho más grave por la injerencia específica y dolosa del estado para alterar la relación del medio ciudadano con la media información, que es todo lo que quedó.

No hay periodismo sin mayonesa, sin autos, sin heladeras. Y sin que el contacto entre el consumo, la producción y la información sea totalmente libre y no culposa ni controlada.

Lo que queda del periodismo es lo mismo que queda del mercado.

Hace unos años me invitaron a un evento en México para hablar de “Que se pierde cuando se pierde la libertad de expresión”, organizado por TV Azteca. Mi respuesta fue que el problema cuando se pierde la libertad de expresión no es qué se pierde, sino qué se perdió. Porque cuando ya no se puede hablar, antes se perdieron todas las libertades, empezando por el derecho de propiedad. Sin el cual la oveja no puede ni hablar de la esquila. El derecho de expresión es la última pérdida, antes vino la socialdemocracia a contarnos que querer “libertad de mercados” es de malos. Te mataron con impuestos, te acostumbraron a pedir permisos, te aplicaron la máquina de impedir, te dijeron que si te iba bien era porque a otro le iba mal y a la falsa idea de que tu misión en la vida era mantener a otro. Después de que te creíste eso ¿qué clase de ciudadano te parece que sos? Lo primero que habilita la social democracia es que el estado que monopoliza el armamento, vuelva a ser moralista como lo era en el oscurantismo.

Digo todo esto para entender que el periodismo ese de la lata de tomates no nos hará libres. Hoy vive de la publicidad oficial y de las ovejas asustadas. Si llegamos a ser libres otra vez, habrá periodismo, seguramente el día en el que el mundo condene la existencia del impuesto a las ganancias. Si, la socialdemocracia empezó en Estados Unidos. El populismo bajo la forma directa y descarada de dictadura moderna es como el dedo gordo que se comió el huevo duro.

Esto no quiere decir que haya que resignarse o que haya que renunciar a la información, a la opinión y al debate. Está internet.

Antes de que el periodismo ese para cualquiera que apareció porque cualquiera podía poner una empresa sin dar explicaciones ni pedir permisos, ni aguantar inspecciones u opiniones de los defensores de las ballenas, existían otras formas de comunicación política. El panfleto antecedió al periodismo. Es otro formato de comunicación, su contenido es la denuncia. Hoy lo consideramos menor, porque conocimos otra cosa posterior. Claro, puede haber panfletos de porquería, facciosos, que no es lo mismo que defender una idea. Por ejemplo la idea de que no tenemos que ser esclavos, ni ovejas y que ningún idiota por estar en el estado nos tiene que decir qué cosa es ser bueno.

Internet nos da la oportunidad de no quedarnos esperando a que la libertad nos devuelva al periodismo. Nos podemos comunicar para volver a ser libres sin majules.

En eso hemos estado pensando con Roberto Cachanosky. La mayonesa no financia nada, está esperando la protección del estado y tratando de evitar la inspección de la AFIP. Así que contrató a un gerente de relaciones institucionales que tenga tatuado al Che Guevara y se ocupe de diseminar culpa de ovejas bajo la forma perversa de robar a los accionistas llamada “Responsabilidad Social Empresaria”.

Necesitamos ciudadanos. Serán menos, pero hay muchos individuos que no se resignan. Hemos diseñado A las 8PM, una manera de financiamiento de la batalla diaria por la libertad como forma adaptada a las circunstancias de comunicación. Ojalá que sean muchos los que nos sigan.

Si querés contribuir, este es el link #Alas8

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

El plan social.

Por Ricardo López Göttig. Publicado el 31/5/12 en: http://lopezgottig.blogspot.com.ar/

 Como si fuese un gran logro, los gobiernos que se proclaman de signo “progresista” suelen esgrimir estadísticas de expansión de sus planes sociales, lo que en rigor debería interpretarse como una señal de fracaso.
La izquierda del siglo XIX no nació con el criterio paternalista de que las personas tuviesen que vivir a expensas del Estado. Para marxistas y anarquistas, por ejemplo, el Estado no era más que un instrumento de dominación en manos de los propietarios. Los marxistas, en consecuencia, anhelaban tomar ese Estado por la vía revolucionaria –violenta- para utilizar esa herramienta y establecer el dominio de los proletarios. Los anarquistas, en cambio, buscaban la destrucción de ese instrumento para que la propiedad privada no tuviera quién la defendiese, y así lograr abolirla. Para estas y otras corrientes de la izquierda, el creador de la riqueza era el obrero que, con su trabajo, daba valor a su creación. El objetivo no era la holgazanería ni el fin del trabajo, sino la plena disposición de aquello por lo que se había trabajado.
De allí que Karl Marx, con una visión religiosa y épica de la humanidad, entendiera que serían los obreros proletarios industriales los que conducirían las sociedades socialistas del futuro y, una vez superada la necesidad de la dominación de unos a otros, se eliminaría el Estado. No sólo ponía su fe en esa “clase social” porque era la que para él generaba la riqueza, sino porque además tenía incorporada la disciplina laboral necesaria y el conocimiento de lo que se hacía en la fábrica. Es por eso que despreciaba a lo que llamaba el “lumpenproletariado”: delincuentes, prostitutas, vagabundos, todos los que estaban inmersos en el submundo de la ilegalidad, porque no tenían hábitos laborales, no generaban riqueza ni tenían “conciencia de clase” y, a su criterio, no querían derribar el orden existente.
El gran problema del marxismo surgió cuando tomaron el poder los bolcheviques en 1917. Marx y Engels, profetas indiscutibles e infalibles de la nueva religión secular con pretensiones científicas, no habían escrito sobre cómo sería la sociedad socialista. Tan sólo esbozaron la idea de la “dictadura del proletariado” como la etapa en la que los obreros industriales tomarían el poder del Estado, dominarían a los burgueses y nobles, hasta que todos fueran laboriosos proletarios en las fábricas. Más risibles son las escasas páginas dedicadas al paraíso comunista, la última etapa sin Estado, en la que las personas vivirían en la superabundancia… Lo cierto es que Lenin y el resto de los bolcheviques tomaron el poder mientras el Imperio Ruso se hallaba combatiendo penosamente en la primera guerra mundial contra los alemanes y austríacos. El modelo económico que tomaron fue el de la Alemania imperial del Kaiser Guillermo II, una economía fuertemente centralizada y militarizada por razones bélicas, y eso es lo que implantaron a fuerza de bayoneta en el caído imperio de los zares, con un costo humano de millones de hombres muertos por hambrunas, requisas de alimentos, guerra civil y creación de los campos de concentración.
Este primer experimento socialista no tuvo una mirada contemplativa hacia el desempleado: como crudamente lo escribió Trotski, “el que no trabaja, no come”. Ironía de la historia, porque Lenin y Trotski nunca habían trabajado… Esta militarización y planificación central se acentuó en tiempos de Stalin, dejando por el camino a más de veinte millones de muertos, cifras colosales que estremecen.
En la etapa post-stalinista en Europa central y oriental, el castigo que recibían muchos intelectuales disidentes –escritores, profesores universitarios, artistas- era el de ser enviados a trabajar cavando fosas en los cementerios, limpiando vidrios en los edificios, cargando carbón en las calderas de calefacción central. O sea que, en el “paraíso de los trabajadores”, la sanción al disidente era, paradójicamente, el trabajo físico.
Está claro, pues, que la naturaleza del “plan social” que subsidia con largueza y que se reproduce generación tras generación, nada tiene que ver con la izquierda socialista en sus ideas del siglo XIX ni en su experiencia real de la centuria pasada. 
Y es que el “plan social”, la protección al desempleo y la mirada paternalista como si las personas fuesen menores de edad incapaces de administrar sus vidas, se fue estableciendo desde gobiernos autoritarios de signo nacionalista, ya desde tiempos de Otto von Bismarck, precisamente para contener el avance de la socialdemocracia en Prusia y el Imperio Alemán. Los socialistas de entonces, en los parlamentos y la prensa partidaria, solían denunciar estas prácticas clientelistas, porque ablandaban el espíritu laborioso y creaban un ejército de votantes sin “conciencia de clase”.
En su difícil combate contra estos “Estados benefactores”, los socialistas de Europa occidental fueron asimilando parte de esta prédica para ganar votos que, de otra manera, se fugaban hacia los partidos de carácter nacionalista y proteccionista. Un fenómeno que, aún hoy, vemos que perdura en el Viejo Continente, con votantes que pueden optar por el xenófobo y proteccionista Frente Nacional de la familia Le Pen o por la izquierda más radical y antiglobalizadora como la de Jean-Luc Mélenchon en Francia.
¿Dónde han quedado, pues, las consignas originales de la izquierda? El socialismo real del siglo XX demostró su manifiesta contradicción con la vida humana, con sus genocidios, empobrecimiento, brutalidad y afán de conquistas. Hoy se torna complejo desarmar ese nudo gordiano de lo que proponen unos y otros críticos acerbos a la democracia liberal y la economía de mercado, que no prometen vida fácil, gratuita y despreocupada de los paraísos seculares.
La paradoja de todo programa gubernamental de “plan social” de inserción laboral, de acceso a la vivienda, es que debería tender a su propia extinción; es decir, la emergencia es una situación temporal, y cuanto más breve sea, mejor. Un ministro de desarrollo social debería ser premiado y aplaudido por tener cada vez menos personas necesitadas de ayuda estatal, y no más. Una estadística optimista, feliz y liberadora, que pondría en evidencia que cada vez más personas son responsables y creadoras del propio destino.

Ricardo López Göttig es Profesor y Doctor en Historia, egresado de la Universidad de Belgrano y de la Universidad Karlova de Praga (República Checa). Es Profesor titular de Teoría Social en la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.