Políticos y empresarios, las dos caras de la corrupción

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 24/8/17 en:  https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2017/08/24/politicos-y-empresarios-las-dos-caras-de-la-corrupcion/

 

Según informa Infobae, Javier Gonzales Fraga (actual Presidente del Banco Nación) habría sostenido que el “arma más eficaz para combatir la corrupción es meter a algunos empresarios presos.” Disiento, lo que habría que hacer, en términos de “meter a alguien preso”, es encarcelar a algunos políticos. Posiblemente un número mayor a “algunos.”

La corrupción (en el sentido del pago de “coima”) requiere obviamente de alguien que paga y alguien que recibe el soborno. Sobre este hecho descansa el argumento de que ambas partes, empresario (quien paga) y políticos (quien cobra) son igual de responsables.

No es cierto, sin embargo, que ambas partes se encuentren en igualdad de poder de negociación. Es el político, no el empresario, quien posee el poder del estado para forzar al empresario a pagar sobornos. Y en un país con una justicia disfuncional, de poco sirve presentar denuncias a la justicia. Es el político quien puede poner al empresario contra la espada y la pared, donde si no se acepta el pago de soborno el empresario puede ver su negocio llegar a la quiebra.

Imagino que Gonzales Fraga, entre otros, no desconocerán las prácticas abusivas del kirchnerismo (y del peronismo en general) para extraer rentas del sector privado. Economistas colegas han sido denunciados antes la justicia por el mero hecho de difundir estimaciones privadas de inflación no hace mucho tiempo atrás.

No sólo más audaz, sino más preciso, sería pedir que sean quienes detentan el poder del estado quienes deban dar explicaciones de la corrupción argentina.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

La próxima guerra de las Malvinas

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 15/11/12 en http://www.laprensa.com.ni/2012/11/15/voces/123985-proxima-guerra-malvinas

Carmelo Titirico, del Consejo de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq) que agrupa a comunidades de indígenas bolivianos aymaras, informó que amputarán las manos a ladrones reincidentes y castrarán químicamente a violadores flagrantes, enmarcados dentro de la “justicia comunitaria” originaria, consagrada en la Constitución promulgada por Evo Morales. Ahora surge claro por qué, algunas tribus, se mantienen tan primitivas, es que la violencia va contra la naturaleza, destruye.

 La violencia es, en todo sentido, la corrupción. Evo afirma que su patrimonio creció gracias “a los ponchos regalados” por el pueblo. Ahora es verdad, como dijo una oficialista, que su patrimonio todavía es “muy escaso respecto al de otros presidentes”. Es que, a diferencia del mercado donde las transacciones surgen del acuerdo entre las partes, precio de por medio, la coacción del Estado —que se arroga el monopolio de la violencia— es decidida arbitrariamente por los políticos y la parte coaccionada, insatisfecha, queda tentada a sobornar. Así, no sorprende que el exjefe de gabinete del brasileño Lula, fuera sentenciado a casi 11 años de prisión por corrupción. Sorprende que no ocurriera con muchos más funcionarios.

 Más de 160,000 asesinatos se produjeron en Venezuela desde 1999 (sin invasiones ni guerras), es el resultado de la violencia estatal. Es que la coacción del Estado impide el desarrollo del mercado provocando miseria, marginación, desocupación, tráfico de drogas, etc., multiplicando el delito que resulta funcional al gobernante ya que atemoriza a la población y promueve el despliegue de fuerzas armadas que, por cierto, ganan terreno respondiendo al gobierno.

Guste o no al racionalismo, existe una naturaleza que tiene un orden maravilloso que debe respetarse. El sol sale todos los días, la ley de la gravedad no deja de regir, el sexo es para procrear y continuar la especie y muchas cosas. Y la moral es esa adecuación del hombre a las reglas naturales de supervivencia y continuidad que lo hacen útil y feliz. Lo inmoral, entonces, dice la filosofía desde los griegos, es la violencia que se define, precisamente, como aquello que pretende coactivamente torcer el desarrollo natural espontáneo de las cosas.

Así, inmoral es violar las reglas del mercado natural. Si un Estado, por caso, acuerda libremente tomar deuda a cambio de un pago determinado, debe respetar esa naturaleza pacífica, ese acuerdo voluntario. Precisamente a raíz de una deuda impaga del Estado argentino, el buque escuela de su armada, la fragata Libertad, fue confiscada en el puerto ghanés de Tema por un reclamo del fondo de inversión NML Capital. Pero el barco, ocupa demasiado espacio y la intención del puerto era remolcarla a un kilómetro. Cuando los funcionarios intentaron acceder a la nave los marinos apuntaron sus armas. Además, el gobierno argentino dijo que denunciará a Ghana ante el Tribunal Internacional del Mar.

 Pareciera que Argentina, como durante el último gobierno militar que utilizó la guerra de las Malvinas para exaltar el chauvinismo —imponiéndose violentamente a los habitantes de las islas— para tapar su fracaso económico (es que la coacción, la violencia sobre el mercado destruye, ¡qué otra cosa!), quiere exaltar el nacionalismo para esconder que, si el país anduviera razonablemente bien, la deuda sería irrisoria y podría pagarse, cumpliendo el mandato moral. 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.