La difícil tarea de construir una fuerza liberal

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/12/2019 en:

 

En mi visión solo un partido de centro derecha, pro mercado e integrando la Argentina al mundo es el que puede sacar al país de su larga decadencia

El peronismo adolece de su incorregible tendencia al autoritarismo y sigue firme en su vocación por adoptar políticas redistributivas, desentendiéndose de la generación de riqueza. Creen que la riqueza ya existe y solo hay que redistribuirla o que hay sectores que son egoístas que tienen que ser expoliados para darle a los que menos tienen, como si aquellos que ganan dinero honestamente fueran mala gente a la que hay que castigar.

La opción política que, por ahora, está en pie, es Cambiemos, que ya ha demostrado sus inclinaciones socialdemócratas, con un claro desprecio por las ideas liberales. A lo largo de los cuatro años de gobierno de Cambiemos, ningún liberal formó parte del gabinete. Ningún liberal fue convocado a participar, más bien fuimos denostados con el apodo de liberalotes que hablábamos desde la tribuna y que si entrábamos en la cancha, en el primer corner quedábamos todos desgarrados. Lo cierto es que Cambiemos terminó perdiendo por goleada y con todos sus integrantes desgarrados.

Algunas personas me han dicho que habría que construir una línea interna liberal dentro del PRO. Francamente no veo esa posibilidad porque no está en el espíritu de sus dirigentes darle espacio a una corriente liberal y que, llegado el caso, le cope el partido. Esa posibilidad es una ilusión y no tiene sentido volcar el esfuerzo en un proyecto así.

¿Qué opciones le quedan a la Argentina para salir de esta larga decadencia moral y económica? En mi visión solo un partido de centro derecha, pro mercado e integrando la Argentina al mundo es el que puede sacar al país de su larga decadencia. El problema es que hoy no existe esa alternativa política.

La opción que algunos creen que fue la alternativa liberal, realmente no lo fue. Sus integrantes no tenían esa ideología e hicieron un flor de papelón saliendo sextos de los seis partidos que compitieron en octubre.

Hago una breve aclaración antes de seguir. Algunos malintencionados me achacan que yo saqué muy pocos votos en 2017 cuando fui tercero en la lista de Pocho Romero Feris. La realidad es que solo le preste la firma. Tanto es así que el sábado mismo en que se cerraban las listas, Pocho Romero Feris recién me ubicó por teléfono a las 19.00 hs. de la noche y me pidió si podía ir tercero. Finalmente accedí pero nunca hice campaña y traté de pasar lo más desapercibido posible, al punto que el día del lanzamiento de la candidatura no fui al acto a pesar que me insistieron que tenía que ir. Dije que yo no tenía problema, que si querían bajaba mi candidatura y le daba el lugar a otro, pero que no iba a hacer campaña. De manera que achacarme el bajo porcentaje de votos que tuvo la lista de Romero Feris a mí que fui tercero y no hice campaña, es solo para molestarme si critico a algún figurón del mundo liberal.

Formulada la aclaración, el gran dilema es ¿cómo construir esa fuerza política para algún día llegar al gobierno? Algunas personas dicen que todos los liberales tienen que juntarse. Francamente no participaría jamás de un amontonamiento de gente que no tiene el mismo estilo, ni los mismos intereses. Por un lado he visto las traiciones más patéticas en estos meses previos a las elecciones. Cuando veo a alguien despreciar a otro y luego actuar como si fueran amigos, me queda claro que esa persona traiciona a quién sea por poder, por lo tanto, si llega al poder seguro va a traicionar a sus votantes. Con esa gente no quiero tener nada que ver. No me interesa trabajar con gente que traiciona por ambición política porque mañana traiciona las ideas que dijo defender. De manera que, para un proyecto de estas características no fracase, se necesita un grupo reducido, con gente confiable, cuyo único objetivo sea construir una fuerza política de centro derecha pero en un proyecto de largo plazo que primero vaya por bancas en el Congreso. Tener una parte importante de legisladores ya da poder por sí. Una vez que se crezca en el Congreso, se puede apostar por una candidatura presidencial, porque para eso primero se necesita poder cubrir el territorio para hacer campaña y una fuerza muy importante de fiscales que permita la fiscalización de las 100.000 mesas que hay que controlar.

Al mismo tiempo, hay que ir formando gente para que, llegado el caso, se disponga de personas preparadas para ocupar los cargos ejecutivos y bancas en el Congreso con personas idóneas, de manera de salir de esta espantosa mediocridad que hoy tiene la mayoría de la dirigencia política que lo único que busca es conchabarse en el Estado para su beneficio personal.

En este punto creo que hay que ser muy estricto. No se puede hacer la revolución liberal creando una legión de fanáticos que lo único que saben hacer es repetir frases que escucharon en la televisión y putear al que piensa diferente. Nada más alejado del liberalismo es ser intolerante con el que piensa diferente. Eso es propio de los sistemas dictatoriales, no de los liberales. ¿O creemos que vamos a hacer la revolución puteando en las redes sociales y en los medios de comunicación?

Hoy día hay instrumentos (partidos políticos) para competir electoralmente. Lo que falta es gente y formar un primer núcleo duro de personas que sepan que están construyendo algo para el futuro. Que están dando un primer paso y que no los mueve el vedetismo ni grandes aspiraciones de poder. Es trabajar para construir algo que, cuándo finalmente llegue al poder, tal vez no lo lleguemos a ver por nuestra edad.

Este proyecto no es para figurones, vedetismos, ni soberbios. Solo se puede lograr con gente con trayectoria, conocimientos y, por sobre todas las cosas, dispuesta a trabajar codo a codo, en forma amistosa, en un idea para el largo plazo.

Para el corto plazo, no hay que hacerse ilusiones de cambiar el país. Lo máximo que se puede hacer es poner el primer ladrillo de un proyecto de centro derecha que es el que puede sacar a la Argentina de su larga decadencia moral y económica.

Si no se cuenta con recursos humanos de calidad y solo tenemos a fanáticos insultadores como todo aporte, no llegamos ni a la esquina para construir algo serio. El desafío es lograr que un grupo reducido de gente logre comenzar a trabajar en ese proyecto. Y puedo asegurar que gente preparada y desinteresada hay.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

JUAN CARLOS CACHANOSKY

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 10/1/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/01/juan-carlos-cachanosky.html

 

Conocí a Charly sin darme cuenta en 1974. Yo estaba asistiendo a los cursos que Enrique Loncán (otro santo) sobre economía en la famosa y entrañable Escuela de Educación Económica y Filosofía de la Libertad, dirigida por Carlos A. Sánchez Sañudo (otro héroe), y veía que adelante unos dos chicos con pinta de estudiantes hacían preguntas y comentarios cuyo sentido yo apenas comenzaba a barruntar. Después me enteré que eran Juan Carlos Cachanosky y Alejandro Chafuén, dos estudiantes de economía de la UCA que para entonces debían tener unos 20 años.

Lo vi de vuelta, ya con mayor uso de la razón :-), en 1979, cuando mi Delegación Juvenil del Centro de Estudios sobre la Libertad (formada 4 años antes, qué épocas) comenzó a asistir a ESEADE de Buenos Aires (dirigido por Alberto Benegas Lynch (h) y recién fundado en 1978) para recibir cursos que gratuitamente nos daban sus profesores de su Departamento de Investigaciones, dirigido por Ezequiel Gallo. Y el que más nos enseñó fue Juan Carlos. Y no fue poco. Un año entero de un curso completo sobre Keynes, con el libro original en mano, y otro año entero un curso sobre el libro I de El Capital de Marx, con el texto en mano. Ya para entonces Juan Carlos se perfilaba como uno de los mejores profesores de Historia del Pensamiento Económico, cosa que hubiera sido su destino académico permanente si algunos hubiera tenido mayor conciencia de la importancia de la investigación. Pero no puedo dejar de recordar que casi inmediatamente todos pudimos ver en él a un padre que generosamente prodigaba su alegría, su optimismo, su sabiduría, a todos nosotros. Y allí comencé con él una amistad muy, muy profunda que no se acabaría nunca.

Los años que siguieron estuvieron marcados por su presencia. En 1985 entré al Departamento de Investigaciones de Eseade, donde estuve hasta 1992. El compañerismo, la amistad, la donación mutua de conocimientos e inquietudes, fue permanente. Debatíamos, estudiábamos, salíamos a comer, hablábamos de Mises, Hayek, Rothbard, Sennholz, Israel Kirzner, etc., como marcianos en una Argentina que iba para cualquier otro lado y como lunáticos en un mundo académico que nos miraba con desprecio. Pero el optimismo de Juan Carlos hacía olvidar todo ello.

Desde 1993 hasta el 2000 nunca dejamos de vernos. Sobre todo, él siempre estaba allí, para aconsejar sobre cualquier problema que uno pudiera tener. En el difícil camino académico, hablar con Cacha era la generosa terapia que él nos dispensaba absolutamente, cubriendo con su mirada paternal las inexperiencias y los temores. En el 2000 él fue quien me propuso a la Universidad Francisco Marroquín como profesor visitante. No es poco, precisamente, lo que le debo. Con absoluta generosidad me incorporó a su cuerpo de profesores de Corporate Training y varias veces me intentó rescatar de caminos difíciles.  En la Marro, donde él llegó a ser decano de su Escuela de Negocios (el ESEADE de la UFM) fue la misma presencia paternal, para mí, para todos los argentinos que íbamos por allí y para cualquier marciano al que él viera solo y desvalido. Como Cristo, no se bancaba a los soberbios y a los hipócritas. Pero, como Cristo, sabía perdonar, algo raro en personas como él, porque me he dado cuenta, últimamente, de lo inmisericordes que pueden llegar a ser los genios.

El me decía San Ottis, patrono de los ascensores (ya ven quién me enseñó a hacer chistes………..), y luego, siempre, San Otti, pero yo le decía, en serio, San Francisco. Porque era igual. Su caridad, su preocupación por todos, no tenía parangón. Eso fue lo que ha conmovido a todos los que tuvimos el regalo de conocerlo.

Su muerte nos tomó muy de sorpresa. Mi vida había sido -para tomar la bella expresión de Cecilia Vázquez Ger- habitada por la suya y por mi amistad con sus hermanos, esposa e hijos. El 1ro. de Enero del 2016, a las 11 y media de la mañana, sonó el teléfono de casa y mi queridísima amiga, Angélica Cachanosky, sólo dijo una palabra, entre sus llantos:

Charly.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.