El 2019 será todo un desafío económico para Cambiemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 17/12/18 en: https://www.ambito.com/el-2019-sera-todo-un-desafio-economico-cambiemos-n5005402

 

Las tensiones en el mercado de cambios y financiero y la inflación serán predominantes para ver cómo llega el oficialismo a las elecciones de octubre.

El 2019 será todo un desafío económico para Cambiemos

El 2019 va a estar económicamente condicionado por factores políticos y otros puramente económicos. El factor político tiene que ver, obviamente, con las elecciones presidenciales, dato que en Argentina no es un tema menos porque vamos a los bandazos entre populismos autocráticos y populismos menos agresivos con los derechos individuales, pero ambos populismos al fin.

En lo estrictamente económico, el nivel de actividad, las tensiones en el mercado de cambios y financiero y la inflación, serán predominantes para ver cómo llega el oficialismo a las elecciones de octubre.

En lo que hace al nivel de actividad, los motores de la economía son tres. A saber: 1) consumo interno, 2) inversiones y 3) exportaciones.

Siendo que el ingreso real depende de la tasa de inversión y considerando que esta está estancada, se hace muy difícil imaginar que en los próximos meses el salario real vaya a recuperar terreno en forma significativa como para movilizar la economía. Es difícil imaginar un aumento artificial del consumo interno como en la era k porque ya no queda stock de capital para ser utilizado para financiar el consumo interno. Recordemos que en la era K el estímulo al consumo interno se basó, entre otras cosas, en consumirnos 12 millones de cabezas de ganado para tener, durante un tiempo, barato el asado de tira. Que nos consumimos el sistema energético estableciendo tarifas artificialmente bajas y financiando solo la compra de insumos dejando que el sistema energético se cayera a pedazos. Lo mismo se hizo con el agua potable, el transporte público, las rutas, los trenes, etc. Lo que la gente se ahorraba por consumir servicios públicos artificialmente bajos, se destinaba a pagar la cuota del televisor, el celular, etc., mientras se caía a pedazos la infraestructura del país.

También se financió el consumo confiscando los ahorros de aquellos que habíamos aportado a las AFJP, decisión que fue letal para el crecimiento económico porque se le quitó financiamiento de largo plazo a la economía argentina.

Todos estos artificios para financiar consumo interno no están a la vista y el acceso al crédito internacional para aumentar el gasto público y estimular el consumo interno va a estar restringido, por no decir ausente. De manera que se podría descartar el consumo como factor que movilice la economía. Lo mejor que podría ocurrir es que el salario real deje de caer.

Delirio

Suponer que la inversión se va a transformar en el motor del crecimiento económico en los próximos meses es casi un delirio. Nadie va a invertir en un país con la incertidumbre política que en particular tiene la Argentina ante cada elección, dada la inestabilidad en las reglas de juego. Hoy las encuestas muestran cierta paridad en intención de voto entre Macri y Cristina Fernández. Ambos tienen un núcleo duro de votantes de aproximadamente el 30% y el resto está desconforme con la gestión de Cambiemos pero tiene miedo a que vuelva el kirchnerismo. Todo parece indicar que la elección se va a definir entre la billetera y el rechazo a la vuelta del kirchnerismo. Ahí la clase media y la clase media baja van a definir el partido.

Ahora bien, como decía antes, supongamos que llegando a las elecciones se despejara el horizonte político y mostrara a un Macri ganando cómodamente las elecciones, ¿ese escenario podría traducirse en un mayor flujo de inversiones en el sector real de la economía que contrate personal, baje la tasa de desocupación, incremente la masa salarial y el consumo interno? Francamente veo bastante complicado que con encuestas que muestren una baja probabilidad de retorno del kirchnerismo vaya a producirse la lluvia de inversiones que no se produjo en estos 3 años que gobierna Cambiemos. Es que los cambios estructurales que se necesitan para atraer inversiones parecen ir más allá de la mayoría que necesitaría el oficialismo en el Congreso para implementarlas. Más bien todo parece indicar que no está en el espíritu o la filosofía de Cambiemos ir hacia las reformas estructurales necesarias, especialmente en materia de reforma del estado, del sistema tributario y de la legislación laboral.

Tanto el Presidente como sus principales laderos parecen despreciar la importancia de la macroeconomía y consideran que todo es un problema de gestión. Es decir, administrar eficientemente el Estado y los recursos de los contribuyentes. En definitiva, el principal error de Cambiemos es creer que un sistema intrínsecamente ineficiente, el populismo, puede transformarse en eficiente con un buen managment. Con esta carga tributaria, esta legislación laboral, este nivel y calidad del gasto público es impensable hasta una garúa de inversiones, de manera que hay que descartar que las inversiones vayan a movilizar la economía en 2019 aun con encuestas que muestren el escenario político despejado. ¿Por qué Cambiemos modificaría su política económica si no lo hizo en 2015 cuando tuvo oportunidad de contar en detalle la herencia recibida, ni en 2017 luego de haber ganado en forma categórica las elecciones de medio término?

El único motor que le queda para llegar hasta octubre con una economía que deje de caer como actualmente ocurre, será el de las exportaciones, siempre y cuando no dejen caer nuevamente el tipo de cambio real como hicieron en 2017. Si el tipo de cambio real se mantiene en estos niveles. Tanto el sector agropecuario, como las economías regionales, el turismo y alguna sustitución de importaciones puede frenar la caída en el nivel de actividad, pero tampoco debe esperarse una estampida de reactivación. Solo frenar el proceso recesivo en el que estamos al momento de redactar estas líneas.

En términos de actividad, el escenario es, a mi juicio, el planteado más arriba, sin embargo la mayor preocupación debería estar en no tener una crisis cambiaria y financiera.

Sabemos que el gradualismo requirió de endeudamiento externo para financiar el déficit fiscal. También sabemos que esos dólares de crédito externo había que transformarlos en pesos para pagar los sueldos, las jubilaciones, etc. y que el BCRA compraba esos dólares contra expansión monetaria que le entregaba al tesoro a cambio de las divisas de la deuda. Luego retiraba los pesos emitidos colocando Lebac, que lo llevó a acumular un stock de Lebac de $ 1,3 billones que se transformaron en inmanejables.

Esas Lebac fueron reemplazadas por las Leliq y a fines de año el BCRA tendrá un stock de Leliq de aproximadamente $800.000 millones pero pagando una tasa de interés todavía sustancialmente mayor a las que pagaban las Lebac. ¿Qué hace pensar que el cambio de las Lebac por las Leliq aleja el peligro cambiario y financiero?

El hecho que las Leliq las tengan los bancos y no los particulares no es un cambio estructural porque los bancos compran esas Leliq con los fondos de sus depositantes. El depositante no compara la tasa de interés contra la tasa de inflación. Compara la tasa de interés que le paga el banco contra el tipo de cambio esperado. Si estima que la tasa le va a ganar al dólar, sigue apostando a la tasa. Si cree que el tipo de cambio va a subir más que la tasa, retira su plazo fijo y compra dólares. Esta historia la vimos muchas veces en Argentina.

Supongamos que el inversor decide retirar sus depósitos a plazo fijo de los bancos, la pregunta es: ¿con qué le paga el banco si tiene Leliq en su activo? El banco tendrá que pedirle al BCRA que le de los pesos a cambio de las Leliq y el BCRA no tiene los pesos para pagar las Leliq. Tiene que emitirlos. De manera que el cambio de Lebac por Leliq no solucionó nada.

¿Qué puede llevar al inversor a salir del plazo fijo y pasarse a dólares? En primer lugar ningún inversor devenga indefinidamente sus ganancias. En algún momento las realiza. En segundo lugar, si el escenario político mostrara alta incertidumbre sobre el resultado de las elecciones de octubre podría generar un cambio de cartera. En tercer lugar, estos arbitrajes siempre saltan en el momento menos pensados y por la causa menos sospechada. Son muy inestables.

En síntesis, 2019 se presenta complicado para el Gobierno, no solo porque es un año electoral, sino porque tiene que lograr llegar a las elecciones con la economía dejando de caer en su nivel de actividad y rezando para que los inversores no decidan realizar sus ganancias en dólares antes de octubre por el arbitraje tasa versus dólar.

No será un año fácil en lo económico para la gente y para Cambiemos en particular 2019 se presenta como todo un desafío.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE  

La salida inmediata está en la exportación

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 4/9/16 en: http://economiaparatodos.net/la-salida-inmediata-esta-en-la-exportacion/

 

Como principio básico, es imposible consumir sin antes invertir y producir

La semana pasada el ex ministro de economía, Roberto Lavagna, afirmó que “las inversiones no van a llover, se van a mover cuando se mueva el consumo”. Llama la atención esta afirmación de un economista de reconocida trayectoria dado que como principio básico, es imposible consumir sin antes invertir y producir.

Imaginemos que un náufrago llega a una isla. Al tiempo de estar en la isla tiene hambre y ve unos cocos en el cocotero. ¿Puede el náufrago comerse el coco antes de invertir tiempo y trabajo en producirlo? No. Para poder consumir primero tiene que invertir tiempo y trabajo en treparse al cocotero y conseguir el coco. Con el tiempo, si no se come todo el coco y ahorra algo, puede destinar parte del tiempo a construir una escalera (stock de capital) para subir más rápido al cocotero hasta donde están los cocos y aumentar su productividad. Eso le permitirá disponer de muchos más cocos, no treparse al cocotero durante unos días para conseguir cocos y destinar ese tiempo a pescar, con lo cual incrementará su consumo en cocos y peces.

Con cocos y peces ahorrados puede destinar el tiempo a hacerse una choza que lo proteja de la lluvia y, por lo tanto, podrá seguir incrementando su consumo, ahora en bienes de consumo durables. Es más, al tener más cocos gracias a la escalera (stock de capital) puede destinar tiempo a fabricar un medio mundo (más stock de capital) y conseguir más peces. Al tener más peces puede consumirlos o intercambiarlos con los isleños vecinos que tienen buenos abrigos.

Como se ve, nuestro náufrago puede ir incrementando su consumo pero primero tiene que invertir para incrementar su productividad. De lo anterior se desprende que antes de consumir, el náufrago tuvo que invertir. Si hubiese querido consumir sin invertir (subirse al cocotero) ya estaría muerto de hambre. El primer paso está en invertir.

En el caso de la economía argentina, no veo como posible que el consumo sea el motor que ponga en funcionamiento la economía. Si bien es cierto que el fin último de la actividad económica es consumir, hay un paso previo que es producir y para producir hay que invertir. En los estadios más elementales de situación económica la inversión es tiempo y trabajo. No es casualidad que los países con mayor nivel de vida de la población sean los que tengan la mayor cantidad de stock de capital por persona. A medida que se va acumulando cada vez más stock de capital, se incrementa la productividad de la economía (se producen más bienes por unidad de tiempo) y hay más riqueza para consumir.

Salvo que Lavagna esté pensando en algún esquema de cerrar más la economía para que la gente tenga que consumir solo bienes domésticos y que esa mayor demanda de bienes domésticos se traduzca en más inversión, no veo razón para pensar que es posible que primero aumente el consumo y luego la inversión. Incluso en el hipotético caso que Lavagna esté pensando en que con una economía cerrada las empresas invertirán más para abastecer la mayor porción de demanda para consumo derivada de la restricción de la oferta por el cierre de la economía, tampoco veo que vaya a haber inversiones. Si el empresario tiene un mercado cautivo, no invierte porque no tiene competencia que lo obligue a ser más eficiente. Con un mercado cautivo el empresario ajusta por precio, no por cantidad producida. Es decir, no invierte, aprovecha la protección que le da el gobierno para subir los precios y obtener una renta que no tendría en condiciones de libre competencia.

Tal cual están dadas las condiciones actuales y con un gobierno que tiene fuertes restricciones política, me parece que la salida más rápida de la recesión es por vía de la exportación. Esto significa que el BCRA se retire del mercado de LEBACs, deje de toquetear la tasa de interés, permita que el tipo de cambio flote libremente y mientras la economía se mueve por más exportaciones tiene que ir implementando las reformas estructurales en el sector público, en el sistema tributario y en la legislación laboral para atraer inversiones, crear más puestos de trabajo y generar más ingreso que lleve a niveles más altos de consumo.

Creo que el populismo político caló tan hondo en las mentes de los argentinos que hasta influye perversamente en el razonamiento económico de hombres de la economía como Lavagna.

En forma irresponsable el populismo siempre va a proponer incrementar el consumo para tener contenta a la gente. No importa que ese incremento del consumo sea insostenible en el tiempo. Los políticos populistas son así de irresponsables. Con tal de conseguir votos prometen e impulsan lo que no puede cumplirse. Ahora, que lo prometa e impulse un hombre como Lavagna, que tiene su trayectoria, es lamentable porque él sabe que el kirchnerismo llevó la economía a niveles de consumo insostenibles en el tiempo y que la herencia recibida de los k es que la gente va a descubrir que ya no puede consumir como antes. Que los niveles de consumo que tuvieron durante la era k fueron una ficción y que la realidad es que ahora todos tendremos que aceptar niveles de consumo menores.

Por otro lado, siendo que la inversión depende, entre otros factores, de la confianza en las instituciones y que esa confianza llevará tiempo recuperarla luego del destrozo que hizo el kirchnerismo, francamente no veo en lo inmediato otra salida de esta recesión que el camino de las exportaciones. Y, para eso, hay que dejar de toquetear las tasas de interés e ir a una libre flotación.

La reconstrucción de la economía argentina llevará muchos años. De todas maneras puede disminuirse el sufrimiento de la población por las heridas que dejó el kirchnerismo en la economía, buscando por el lado exportador. Es, tal vez, el primer paso, en el largo camino de la reconstrucción de la Argentina luego del tsunami kirchnerista.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Hacia un sistema tributario competitivo

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 9/1/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1758522-hacia-un-sistema-tributario-competitivo

 

Alcanza con ver un simple extracto la cuenta corriente bancaria o para advertir la cantidad de impuestos que tenemos que pagar en la Argentina aquellos que estamos en el sector formal de la economía.

Tan disparatado es nuestro sistema tributario que pagamos impuestos para pagar impuestos. En efecto, cuando uno paga, por ejemplo, el anticipo de ganancias o el IVA y hace la transferencia bancaria correspondiente, el banco le debita al cliente el impuesto al cheque cuando paga ganancias o IVA. Es más, supongamos que uno cobra un cheque con el IVA incluido, el impuesto al cheque no se aplica sobre el monto depositado sin el IVA, sino que se aplica sobre el monto que incluye el IVA. Y cuando llega el momento de pagar el IVA se paga de nuevo el impuesto al cheque. Considerando la fenomenal carga tributaria que hoy rige en la Argentina, el impuesto al cheque adquiere mayor relevancia y expulsa a mucha gente del sistema formal.

La evasión se combate disminuyendo la presión impositiva

Pensando hacia un futuro no kirchnerista, mi impresión es que habría que abordar una profunda reforma del sistema tributario. Y no es cierto el argumento de que primero hay que bajar la tasa de evasión y luego disminuir las tasas impositivas. La evasión se combate disminuyendo la presión impositiva. Reduciendo las tasas que se cobran. Ese es el camino a seguir. Primero se bajan las tasas de los impuestos y luego se busca reducir la evasión, porque al bajar las alícuotas el premio por evadir es menor. Muchos que hoy están fuera del sistema formal optarían por volver al sistema formal si la carga tributaria fuese realmente tolerable y, sobre todo, el Estado diera algún servicio a cambio de los impuestos que cobra. ¿Para qué asumir el riesgo de evadir si el impuesto que tengo que pagar no es asfixiante?

Una de las locuras del sistema tributario argentino es que se le pide 3 objetivos al mismo tiempo. Que recaude para financiar el gasto. Que asigne recursos (caso del sistema impositivo en Tierra del Fuego) y que también sirva para redistribuir el ingreso (impuesto a las ganancias). El sistema tributario tiene que cumplir una sola función que es la de generar ingresos para el fisco logrando la menor distorsión posible en la asignación de los recursos productivos. Si luego se quiere subsidiar a alguien, esos recursos se canalizan vía el gasto público, no por medio de sistema tributario. Si algún sector va a recibir un subsidio, que se discuta en el Congreso quién lo recibirá, por qué lo haría, qué monto y por cuánto tiempo.

Mi visión es que debería eliminarse el impuesto a las ganancias y cambiarlo por un flat tax. Es decir, un impuesto de tasa fija que se aplica a partir de determinado ingreso. Digamos que la tasa es del 10% y el mínimo no imponible es de $ 10.000. Con el flat tax, el que gana $ 15.000 pagaría el 10% sobre $ 5000 que es el excedente del mínimo no imponible. Pagaría $ 500. Y el que gana $ 100.000 pagaría el 10% sobre $ 90.000.

Por supuesto que también está el tema de las retenciones y mil impuestos distorsivos más y que hay que modificar el sistema de coparticipación federal. Lo ideal sería que el sistema de coparticipación funcionara al revés. Que los municipios recaudaran y coparticiparan a las provincias y las provincias a la nación. Pero tal vez esto sea mucho pedir ahora.

La historia está repleta de ejemplos de casos de crisis políticas generadas en sistemas tributarios asfixiantes

Volviendo al tema del flat tax, lo prefiero al impuesto a las ganancias por varias razones. En primer lugar, porque ganancias es un impuesto que viola los derechos individuales por el tipo de información que recibe el fisco. Información que solo podría requerir un juez y con causa fundada. En segundo lugar, es un impuesto que, al ser progresivo, castiga al que mejor sirve al resto con su trabajo. Y, finalmente, es importante tener una base imponible amplia pero con bajos impuestos. Es decir, que muchos paguen impuestos, pero muy poco. ¿Por qué? Para terminar con esta historia de que muchos piden más gasto público haciéndose los solidarios, pero cuando llega el momento de pagar siempre dicen: “Que paguen los que más tienen”. La realidad es que los que más tienen se fueron o se están yendo de la Argentina por varias razones, entre otras, por la presión impositiva que hace inviable cualquier negocio lícito. Por lo tanto, lo que ha conseguido el modelo es que los que más tienen hoy en la Argentina sean el empleado bancario o el que maneja un camión que pagan ganancias. Tanto se degradó la economía argentina que hoy los que más tienen no son los más ricos, sino los menos pobres.

En 2003 el monto de impuesto a las ganancias que pagaron las personas físicas sumó $ 4.941 millones. En 2013, esa cifra trepó a $ 79.224 millones. Es decir, se multiplicó por 16 o, si se prefiere, la gente pagó 1500% más que en 2003. Aun ajustándolo por inflación privada, el aumento en términos reales es escalofriante. Por eso la gente protesta por la carga impositiva. Protesta por ganancias porque no ve todos los otros impuestos que paga a nivel nacional, provincial y municipal, sino protestaría mucho más.

La historia está repleta de ejemplos de casos de crisis políticas generadas en sistemas tributarios asfixiantes. Si el próximo gobierno quiere hacer crecer en serio la economía argentina, reformular buena parte del sistema tributario será una prioridad, buscando un sistema impositivo sencillo de liquidar, que no asfixie al que produce y que no estimule la evasión. Tener un socio caro e ineficiente como es el Estado argentino solo asegura espantar inversiones.

En síntesis, ser competitivo también exige tener un sistema impositivo que en vez de espantar inversiones, las atraiga.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

El nuevo rumbo de México

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 27/12/13 en:  http://www.lanacion.com.ar/1650812-el-nuevo-rumbo-de-mexico

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, que lideró el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al gobierno de ese país está cumpliendo, una por una, sus promesas electorales.

Esto supone haber puesto en marcha una profunda reforma estructural en su país. Los primeros pasos fueron en dirección a modernizar la educación, el régimen laboral y el sistema tributario, así como a limitar las actividades monopólicas en materia de servicios de telefonía. Peña Nieto dejó para el final de su esfuerzo reformista al capítulo más difícil de todos: el de los hidrocarburos, respecto del cual el imaginario mexicano ha venido construyendo, desde 1938, lo que algunos llaman una teología nacionalista repleta de tabúes. Todo lo relativo a la actividad energética tiene, en México, una importante carga emotiva.

Con el apoyo del Partido Acción Nacional (PAN) al PRI, México acaba de dar vuelta la página de los 75 años en los que el nacionalismo prevaleció absolutamente en el sector energético. A la manera de monopolio presuntamente sagrado. Esto se logró, siguiendo el procedimiento constitucional, mediante el voto del Senado, en primer lugar, con 95 votos a favor y sólo 28 en contra. Estos últimos fueron los de los legisladores del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del Partido del Trabajo (PT), que conforman la izquierda dura. Poco después, los diputados mexicanos, por 354 votos a favor y 134 en contra, avalaron -también ellos- la reforma que abre el sector energético a la inversión privada. Lo hicieron sin modificar palabra alguna del texto antes aprobado en el Senado.

La sesión en la Cámara de Diputados generó un intenso debate. De casi 20 horas, que debió realizarse fuera del recinto tradicional, bloqueado por quienes se oponían a la reforma.

La reforma del sector energético mexicano fue así puesta en marcha. Ahora está siendo rápidamente avalada por los congresos de los 32 estados. Cuando 17 de ellos lo aprueben, con dos tercios de votos a favor, será publicada por el Poder Ejecutivo y entrará en vigor.

El gran cambio de realidad es que, en más, se permitirán las contrataciones con el sector privado, tanto para explorar y extraer hidrocarburos, como para generar electricidad. Esas contrataciones deberán hacerse en los términos y condiciones de una Ley Reglamentaria que se aprobará, se estima, en el primer semestre del año próximo.

De todas maneras, la propiedad de los hidrocarburos, mientras estén en el subsuelo continuará siendo del Estado mexicano. De modo inalienable e imprscriptible.

Tanto Petróleos Mexicanos (Pemex), como la Comisión Federal de Electricidad (CFE), pasarán a ser empresas productivas de propiedad del Estado y podrán celebrar contratos con particulares.

El Sindicato de Trabajadores Petroleros saldrá del Consejo de Administración de Pemex, que se manejará entonces con criterios esencialmente comerciales. Sus representantes ocupaban un tercio de los puestos de ese Consejo.

Las mejores áreas conocidas hasta ahora, tanto de exploración como de explotación, quedarán reservadas para Pemex, con la anuencia de la Comisión Nacional de Hidrocarburos. Las ventas de Pemex, recordemos, equivalen al 11% del PBI de México.

La ley crea además el “Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo”, fideicomiso que será administrado por el Banco de México, de modo de maximizar la utilización de la renta petrolera pagando con ella el gasto corriente, el presupuesto de egresos, algunos proyectos de ciencia y tecnología, así como la pensión universal prometida por el PRI.

Las relaciones con el sector privado se edificarán sobre contratos de servicios o sobre acuerdos en los que -según el caso- se comparta sea la utilidad obtenida, sea la producción extraída. De crudo o gas natural.

Con esta reforma, México procura aumentar su alicaída producción de hidrocarburos, apuntando a lograr un aumento del 60% respecto del nivel actual, lo que debería alcanzarse en la próxima década.

De esta manera, la segunda mayor economía de América latina y la décima productora mundial de petróleo crudo, procura dinamizar el sector de los hidrocarburos y revertir lo que ha venido sucediendo. Esto es, una declinación productiva que -sólo en la última década- ha sido de un 25% desde su pico más alto de 3,4 millones de barriles por día, alcanzado en el 2004, para estabilizarse en apenas unos 2,5 millones de barriles por día.

Para aprobar el cambio de las reglas de juego se acordaron las necesarias modificaciones a la Constitución Nacional, que permitirán que los contratos se celebren directamente con el Estado y no necesariamente con Pemex, que pierde así el monopolio de la exploración y explotación de hidrocarburos del que gozaba.

Se espera que la reforma atraiga al capital privado, tanto nacional como extranjero. Y que, en el caso particular de la explotación del “shale” mexicano, así como en los yacimientos de aguas profundas, permita el rápido acceso a la tecnología e inversión que ellas requieren. También que con el mayor nivel de actividad que se anticipa aumente paralelamente la generación de empleo.

En el sector eléctrico, México tiene tarifas que -pese a estar subsidiadas- son un 45% más altas que las norteamericanas, situación que afectan obviamente la competitividad de su industria.

La participación del PAN, decisiva para que el PRI pudiera obtener la aprobación de su reforma, significó liberalizar más de lo originalmente previsto la participación del capital privado. Ayudó, entonces.

Para el sector energético de México ha comenzado una nueva etapa. Apasionante. De cambios profundos y mucha creatividad.

Pero si es cierto aquello de que no son las cosas las que cambian, sino nosotros, mucho dependerá de cómo se vaya explicando el proceso de cambio y sus resultados. Particularmente a un público acostumbrado a la retórica del pasado, que es precisamente lo que se quiere dejar atrás.

Por ello, aunque la reforma apunte a vencer la inercia del enfoque perimido, también será necesario convencer a los mexicanos de que el nuevo rumbo es el adecuado al mundo de hoy, bien distinto al de ayer..

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.