¿La mejor o peor década de la historia? Para La Nación así es, Matt Riddley asegura que es todo lo contrario

Por Martín Krause. Publicado el 2/1/20 en: https://bazar.ufm.edu/la-mejor-peor-decada-la-historia-la-nacion-asi-matt-riddley-asegura-lo-contrario/

 

Se han puesto de moda las distopías, que buscan reflejar mundos dramáticos hacia los cuales estaríamos caminando impulsados por el crecimiento económico a toda costa. El ambiente quedaría en el camino y los recursos se agotarían, las cosas van de mal en peor.

Un buen ejemplo de esto es la reciente publicación en la revista del diario La Nación, ahora muy «políticamente correcta», donde se plantea:

Como nunca antes, somos conscientes de la necesidad imperiosa de proteger nuestro hábitat. Pero como nunca antes, lo estamos dañando. ¿Qué debemos hacer ya para cambiar el destino de la Tierra? «Los dinosaurios también pensaban que les quedaba tiempo», aseguran

https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/cinco-temas-urgentes-salvar-planeta-nid2318889

No parece ser así, al menos para Matt Riddley, autor de “El Optimista Racional”, quien en una columna plantea que ésta ha sido la mejor década de la historia:

 

“Que nadie te diga que la segunda década del siglo XXI ha sido un mal momento. Estamos viviendo la mayor mejora en los estándares de vida humana en la historia. La pobreza extrema ha caído por debajo del 10 por ciento de la población mundial por primera vez. Era el 60 por ciento cuando nací. La desigualdad global se ha desplomado a medida que África y Asia experimentan un crecimiento económico más rápido que Europa y América del Norte; la mortalidad infantil ha caído a niveles bajos récord; la hambruna prácticamente se extinguió; la malaria, la polio y las enfermedades del corazón están en declive.

 

Poco de esto fue noticia, porque las buenas noticias no son noticias. Pero lo he estado observando de cerca. Desde que escribí The Rational Optimist en 2010, me he enfrentado a preguntas de «qué pasa con …»: ¿qué pasa con la gran recesión, la crisis del euro, Siria, Ucrania, Donald Trump? ¿Cómo puedo decir que las cosas están mejorando, dado todo eso? La respuesta es: porque las cosas malas suceden mientras el mundo aún mejora. Sin embargo, mejora, y lo ha hecho en el transcurso de esta década a un ritmo que me ha sorprendido incluso a los ojos estrellados.”

Parece que estamos utilizando menos recursos, no más, pese al notable crecimiento económico de las últimas décadas:

Los teléfonos móviles tienen el poder de cómputo de las computadoras del tamaño de una habitación de la década de 1970. Yo uso el mío en lugar de una cámara, radio, antorcha, brújula, mapa, calendario, reloj, reproductor de CD, periódico y paquete de tarjetas. Las bombillas LED consumen aproximadamente un cuarto de electricidad que las bombillas incandescentes para la misma luz. Los edificios modernos generalmente contienen menos acero y más se recicla. Las oficinas aún no tienen papel, pero usan mucho menos papel.

 

La nota completa: https://www.spectator.co.uk/2019/12/weve-just-had-the-best-decade-in-human-history-seriously/

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

Una buena del papa Francisco (o la ‘rosa de la revolución’)

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 21/8/18 en: http://www.noticiasdenavarra.com/2018/08/21/opinion/una-buena-del-papa-francisco-o-la-rosa-de-la-revolucion

 

El yihadismo, acorralado en Siria, ha retomado su retórica amenazante en forma de vídeos en los que rehenes extranjeros atemorizados piden ayuda para no ser decapitados, repitiendo la escalofriante serie de grabaciones emitidas por Estado Islámico (ISIS) en los años de su máximo apogeo, de 2014 a 2017.

El declive de este tipo de propaganda coincidió con la captura de Raqqa (que fue capital del califato islámico en Siria), en octubre de 2017, que supuso una gran derrota. Poco antes, en julio de ese año, el ISIS fue expulsado de la ciudad iraquí de Mosul, su otro bastión. El 98% del territorio una vez dominado por la organización terrorista ha sido recapturado.

Pero del otro lado no son santos. Cuenta Noura Ghazi, de la organización Familias por la Libertad, que reúne a los familiares de los desaparecidos durante la guerra siria -que ya lleva más de 400.000 muertos- que “el régimen sirio ha empezado a enviar listas de prisioneros muertos al registro de seguridad”. Estos documentos suponen el primer reconocimiento tácito, por parte del gobierno de Bachar al Asad, de que miles de prisioneros han muerto entre rejas.

“La mayoría de las personas en las listas son opositoras que no estaban involucradas en actividad armada, eran activistas pacifistas”, asegura Basam Ahmad, del Centro de Documentación de Violaciones en Siria. Así acaba de conocerse el fallecimiento de la Rosa de la revolución, apodo islámico de un ingeniero de 22 años arrestado en 2011 que se hizo famoso por ofrecer agua a las fuerzas armadas que custodiaban las manifestaciones opositoras.

Pero no solo durante conflictos armados se ejecutan personas, en muchos países como Arabia Saudí, y con China en el podio -con unos mil ejecutados anuales- pero también en EEUU, la pena capital se aplica sistemáticamente.

El papa Francisco acaba de aprobar la modificación del Catecismo católico (artículo 2.267) para declarar “inadmisible” la pena de muerte y ha mostrado el compromiso de la Iglesia para promover su abolición en todo el mundo. El cambio, datado el 1 de agosto de 2018, entró en vigor con su publicación en L’Osservatore Vaticano, y en el Acta Apostolicae Sedis.

El nuevo texto asegura que “la Iglesia enseña… que la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”. El cambio se debe a que “está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves”.

Algún día comprenderemos que quitar una vida humana, cualquiera que fuera, es ponernos en lugar de Dios, es creernos dioses. Es creer que conocemos la verdad de modo absoluto, porque para terminar con la vida de una persona no tiene que existir ni la más mínima posibilidad de equivocarse. Primero, hay que tener la certeza absoluta de que el delito del que se lo acusa lo es realmente. Por caso, hay países que castigan con la muerte el tráfico de drogas y en otros ni siquiera es considerado un acto ilegal.

Segundo, hay que tener la total certeza de que efectivamente cometió ese crimen, ya que muchos fueron encontrados inocentes a lo largo de la historia luego de ser ejecutados. Y finalmente, hay que saber con absoluta seguridad que el reo es irrecuperable, lo que no resulta creíble. En fin, claramente como los que juzgan no son dioses, al ejecutar a una persona, más bien son asesinos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Sin la SGM el mundo sería más libre y rico

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 18/4/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/04/18/sin-la-sgm-el-mundo-seria-mas-libre-y-rico/

 

Mientras Trump se distiende frente al tirano de Corea del Norte y se tensa por el gas en Siria, vale dejar claro que la guerra no es una alternativa desde que la ciencia ha demostrado -de modo definitivo y concluyente- que la violencia destruye siempre: es contraproducente incluso en los casos de defensa propia y urgente. En tan corto espacio, es imposible completar el desarrollo lógico, pero veamos los enunciados.

Para empezar, es una incoherencia lógica -y la lógica es una ciencia- que la violencia se resuelva con más violencia, por el contrario, se suma, aumenta. Más, es más. Los griegos -e.g. Aristóteles- ya sabían que el universo está regido por un orden: el sol sale cada día a la misma hora, los animales necesitan alimentarse para vivir, etc.

Luego, dice la ciencia, la violencia es una fuerza extrínseca que desvía el desarrollo espontáneo de este orden natural: por caso, al asesinar una persona se coarta el que siga evolucionando -con su potencial intrínseco- como ser humano. Así las cosas, desde que la violencia es extrínseca y contraria al orden vigente, es imposible de toda imposibilidad que, en ningún caso, ayude -o “defienda”- al desarrollo del universo, de la vida, de la naturaleza.

Como evidencia empírica de que la violencia solo suma más violencia, tomemos por caso la emblemática Segunda Guerra Mundial (SGM). La propaganda oficialista ha sido tan fuerte -incluido Hollywood- que hoy, por caso, es difícil encontrar quién haga un análisis serio y objetivo. Por cierto, quizás tenga razón Marcos Rougès al decirme que la Primera Guerra Mundial (PGM) fue peor ya que indujo la Revolución Rusa, el ascenso del nazismo, la caída de las monarquías progresistas, la Gran Crisis y la SGM.

Claramente la SGM logró el efecto contrario, sumó violencia. Si miramos el mapa del totalitarismo antes y después vemos que el rojo stalinista supera al negro nazi. Esta guerra fue ganada por Stalin, y por eso es aún hoy héroe nacional en Rusia. Se diría que los gobiernos de Inglaterra y EE.UU. salieron a defender a la URSS que se expandió extraordinariamente, en lugar de debilitarse hasta desaparecer enfrentada con los nazis. Gracias a esta expansión soviética, hoy tenemos Cuba y el chavismo.

Por cierto, los campos de concentración nazis, que fueron atroces, fueron fogoneados por la SGM que distrajo a la opinión pública. Dicen que los británicos entraron primeros en esta guerra para defender a los judíos, pero Geoffrey Wheatcroft asegura que el gobierno inglés no pretendía terminar el Holocausto, sino “proteger” a Polonia, meta que Churchill abandonó en Yalta en manos de un tirano peor. Wheatcroft, también aclara que los crímenes de los soldados aliados no fueron menores.

Y va otra incoherencia: no se “defiende la libertad” coartando libertades. La SGM, uno de los acontecimientos más destructivos -más de 60 millones de muertos y una incalculable destrucción material- y liberticidas de la historia desde que agrandó el mapa totalitario, se realizó coartando libertades: obligando a los ciudadanos a alistarse, aumentando impuestos para financiar la guerra, etc.

Luego, el imperio soviético cayó pacíficamente demostrando que los grandes males se derriban con métodos libres y pacíficos, los métodos eficientes. La libertad y su sinónimo la paz -y la felicidad y la riqueza-, dicen la ciencia y la sabiduría, solo se consiguen con paz y libertad.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Estados Unidos ya no está solo en el centro del escenario internacional

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 14/11/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2087019-estados-unidos-ya-no-esta-solo-en-el-centro-del-escenario-internacional

 

El presidente norteamericano, Donald Trump, acaba de completar una extensa gira por Asia en busca del apoyo necesario para transformar a la península de Corea en una zona libre de armas nucleares. No obstante, las posibilidades inmediatas de alcanzar ese objetivo parecen remotas. ¿Por qué? Ocurre que la influencia norteamericana en el mundo ya no es lo que fuera. Estados Unidos no está solo en el centro del escenario, sino acompañado por China y Rusia.

Si Donald Trump no encuentra apoyo para su objetivo, la confrontación entre los Estados Unidos y Corea del Norte continuará y seguirá siendo una pulseada entre David y Goliat, en la que un Goliat que luce desconcertado no encuentra la forma de ganarla.

Los grandes objetivos de política exterior norteamericanos, más allá del caso de Corea del Norte, no están siendo acompañados por la comunidad internacional. El mejor ejemplo es quizás el de Siria donde, en tiempos del presidente Barack Obama,Estados Unidos definió que el régimen del Clan Assad debía dejar el poder si utilizaba armas químicas contra su pueblo. Lo hizo reiteradamente y, a pesar de ello continúa fortaleciéndose en función del intenso apoyo militar y diplomático que recibe de Irán y Rusia. A lo que cabe agregar que fue el propio Congreso de los Estados Unidos el que -en los hechos- negara al presidente Obama la posibilidad de actuar militarmente luego del horrible crimen cometido por las autoridades sirias.

Por muchos años Estados Unidos siguió el consejo del presidente Teodoro Roosevelt, esto es el de “hablar suavemente”, pero con un amenazante “palo grande” en la mano. Y lo hicieron funcionar. Hoy el presidente Trump habla con dureza, pero pocos creen en su capacidad real de poder presionar para imponer sus criterios.

A la evidente pérdida general de influencia en el escenario internacional, Estados Unidos agrega otra dura realidad: está empantanado en Irak y Afganistán. También, aunque en alguna menor medida, en la propia Siria. Esos conflictos, dos de los cuales se arrastran desde hace 15 años, han costado miles de vidas y trillones de dólares al pueblo norteamericano.

La presencia de Donald Trump en el mundo de hoy está lejos de ser la que en su momento tuvieran presidentes como Eisenhower, Reagan o los dos Bush. Esta es la nueva realidad, más allá de la retórica.

Mientras tanto, Rusia ha asumido una política desafiante y hasta belicosa, instalada -ella también- en el centro del escenario internacional.

China -por su parte- anuncia que ya está compartiendo el liderazgo internacional con los Estados Unidos y agrega que, en tres décadas más, seguirá haciéndolo, aunque sola.

Corea del Norte probablemente será, pronto, una potencia nuclear más, con todo lo que esto significa para un país con un liderazgo megalómano y poco confiable.

En paralelo, Occidente tampoco es lo que era. Europa está dividida y debilitada, mirando más bien a su propio ombligo, enfrascada en conflictos estériles, como el provocado desde Cataluña. Quizás por esto Turquía ya no ambiciona acercarse íntimamente a la Vieja Europa, como si de pronto el altivo espíritu otomano estuviera de regreso, apuntando a su propia región.

Frente a este panorama, Estados Unidos parece estar cada vez más alejados del complejo contexto que los rodea. Y éste no es ciertamente un cambio menor. Es una señal de que su influencia está debilitándose.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Venezuela: el verdadero socialismo

Por Iván Carrino. Publicado el 10/5/17 en: https://elliberal.igdigital.com/2017/05/10/venezuela-verdadero-socialismo/?platform=hootsuite

 

Iván Carrino dice que Venezuela está sumida en el caos porque se siguió al pie de la letra el proyecto socialista iniciado por Chávez.

Venezuela está sumida en el caos. Las imágenes que llegan desde el país caribeño son de una convulsión social inocultable. Al mismo tiempo, el gobierno radicaliza su postura, confirmando cada vez más su carácter de dictadura.

En términos económicos, la situación es verdaderamente delicada. La inflación superará el 700% anual este año, la brecha entre el dólar oficial y el del mercado paralelo es de 49.000%, las reservas internacionales cayeron USD 20.000 millones en los últimos 4 años, la escasez afecta a todas las clases sociales y la producción nacional se derrumba.

El resultado es el éxodo de los venezolanos que pueden ahorrar para comprar un pasaje de avión. En España y EE.UU., los venezolanos son la primera nacionalidad en pedir asilo, por encima de países que atraviesan guerras como Siria.

¿Qué pasó con Venezuela que terminó así? En realidad, por más que a algunos les cueste aceptarlo, lo que sucedió es que se llevó a cabo a pie juntillas el proyecto socialista. El “Socialismo del Siglo XXI”, que inauguró Chávez a principios de la década del 2000, terminó siendo exactamente igual al socialismo del siglo XX. Las consecuencias han sido idénticas: exilio, autoritarismo y pobreza.

Muchos intelectuales buscan permanentemente desligar al socialismo de lo que sucede en Venezuela. Profesores marxistas en Argentina han llegado a decir que Venezuela es una economía capitalista, que combina “capitalismo estatal y capitalismo privado”. ¿Qué querrá decir eso? Por ahora es un misterio.

Otros intelectuales suelen indicar que lo de Venezuela no es el verdadero socialismo, sino que éste debe encontrarse en los países nórdicos como DinamarcaSuecia o Noruega. Este argumento es falso, puesto que estas economías, si bien tienen altos gasto público y presión tributaria, están lejos del socialismo. Dinamarca y Suecia, por ejemplo, se ubican en los puestos 17 y 19 en el ránking de libertad económica de la Fundación Heritage, que analiza nada menos que 186 países. ¿De qué socialismo hablan?

Es allí donde la intervención del estado en la economía es omnipresente y nada puede hacerse sin consultar con la burocracia central planificadora. En la Venezuela socialista, la planificación estatal es tan extensiva, que el resultado inevitable es el caos y el autoritarismo.

Quien bien explicaba esta situación era el economista austriaco Ludwig von Mises. En el epílogo de su monumental obra Socialismo, Mises diferenciaba el socialismo de tipo soviético del socialismo de tipo alemán.

En el primer caso, la revolución armada tomaba el poder y el estado se hacía cargo completamente del aparato productivo. El “proletariado”, tal como quería Marx, se hacía dueño del estado y de los medios de producción, y toda decisión económica pasaba al área gubernamental.

El socialismo de tipo alemán, si bien en apariencia era distinto, en esencia era exactamente igual. Incluso cuando la propiedad de los medios de producción quedara en manos de los capitalistas, lo cierto es que el estado controlaba todas las decisiones económicas, por medio de decretos, regulaciones y gasto público.

La explicación de Mises sobre el socialismo alemán sorprende por su vigencia y aplicación a la realidad de la Venezuela actual. Desde su punto de vista, cuando los gobiernos generan inflación e imponen controles de precios, ingresan en un camino donde el intervencionismo crece inevitablemente.

Al controlar los precios de un bien, aparece la escasez de ese producto. Para “resolver” ese nuevo problema, el gobierno decide controlar los precios de los insumos, generando ahora un faltante en esa área de la economía. Finalmente, como no dan marcha atrás, el gobierno pasa a controlar cada vez más y más áreas.

Al llegar a este punto, el socialismo queda instalado. Según Mises:

Cuando se alcanza este estado de control completo de los negocios, la economía de mercado se ha visto reemplazada por un sistema de economía planificada, por socialismo. Por supuesto, no es el socialismo de gestión directa de toda fábrica por el estado, como en Rusia, sino el socialismo del patrón alemán o nazi.

Venezuela combina ambos casos. Las expropiaciones de Chávez y Maduro traspasaron gran cantidad de los medios de producción a manos estatales. Además, de acuerdo con el centro de estudios CEDICE, en 2015 se decretó el cierre de nada menos que 28.000 empresas, mientras que otras 13.900 fueron multadas por el gobierno. El resto de los establecimientos está acosado por la inflación y los controles. En los últimos 10 años, cerraron sus puertas 500.000 empresas.

El socialismo, tal como se verifica en Venezuela, invade todos los aspectos de la libertad económica. Cuando los afectados buscan defenderse, entonces el gobierno acude a la represión, conculcando nuevas libertades. En el camino, la sociedad toda se empobrece.

Venezuela es hija del socialismo. Los resultados nefastos de su implantación no deben adjudicarse a los delirios de Maduro. El problema es el sistema.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La polémica sobre las migraciones y su impacto en la calidad institucional: los inmigrantes traen su cultura (I)

Por Martín Krause. Publicada el 10/4/17 en: http://bazar.ufm.edu/la-polemica-las-migraciones-impacto-la-calidad-institucional-los-inmigrantes-traen-cultura-i/

 

 

El fenómeno migratorio global es no sólo importante sino que ha desatado una intensa polémica en los últimos años. El presente trabajo tiene como objetivo considerar el vínculo entre movimientos migratorios y la calidad institucional de los países, planteando la hipótesis, un tanto obvia, de que aquellos países con mejor calidad institucional atraen flujos inmigratorios mientras que los que muestran baja calidad institucional, en general, generan flujos emigratorios. Asimismo, se consideran los principales argumentos en discusión respecto los costos y beneficios de los flujos migratorios.

Las noticias no pueden ser más dramáticas, y su impacto se ve amplificado por la facilidad con que recibimos sus crudas imágenes: niños pequeños ahogados en una playa como resultado del intento de sus padres de obtener tanto sea refugio como mejor oportunidades laborales en otro territorio; cientos o miles de personas viviendo en campamentos provisorios esperando un permiso para poder trasladarse; otros cientos siendo rechazados y deportados a sus lugares de origen donde los espera la violencia, la represión o el hambre; muros que se levantan, en algunos casos para evitar la salida, en otros la entrada. Comenta la revista The Economist (2016): “Los refugiados son gente razonable en circunstancias desesperadas. La vida, para muchos de los más de un millón que buscan asilo en Europa huyendo desde Siria, Afganistán y otros países devastados por la guerra, se ha vuelto intolerable” .

En nuestra región también se ha generado una crisis aunque, por supuesto, no es de la magnitud de la que acontece ahora en Medio Oriente y Europa. Curiosamente, los primeros pasos para normalizar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, han desatado una fuerte corriente migratoria con destino a este último país. Es que muchos cubanos sospechan que esa normalización de relaciones puede dar fin a la Ley de Ajuste Cubano, que permite ingresar a ese país a todo cubano con “pies secos”, es decir, que haya llegado y se encuentre en territorio norteamericano, ya que si es interceptado en el agua es devuelto a su país de origen. Entonces se trata de llegar antes que la ley pueda eliminarse. Y los cubanos han logrado ahora la posibilidad de salir sin tener que obtener permiso del gobierno. Como resultado de esto, muchos cubanos han estado volando hacia distintos destinos, desde Ecuador hacia el norte, y desde allí se dirigen por tierra tratando de llegar al norte, utilizando los llamados ‘coyotes’ que venden sus servicios para cruzar esas zonas desérticas que limitan uno u otro país, y ocasionando todo tipo de polémicas en los países por donde transitan. Hay cientos o miles de cubanos varados en algunas fronteras centroamericanas.

El tema de las migraciones ha estado entre las principales noticias de los últimos años y plantea algunas cuestiones estrechamente relacionadas con la calidad de las instituciones. También, por supuesto, con cuestiones ética y económicas que serán consideradas aquí. La hipótesis que vamos a considerar aquí es simple: aquellos países con mejor calidad institucional tienden a atraer inmigrantes, a punto tal que algunos de ellos erigen barreras tanto físicas como regulatorias; mientras que aquellos países con peor calidad institucional tienden a generar emigrantes y en algunos casos extremos construyen muros para prohibir su salida.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

¿No serán algo hipócritas?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 8/2/17 en: http://hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=41990&tit=%BFno_seran_algo_hipocritas%3F

 

El rechazo de una corte federal de apelaciones al pedido del Departamento de Justicia de EE.UU., para reactivar el veto migratorio contra inmigrantes de siete países musulmanes -Siria, Irak, Sudán, Somalía, Yemen, Libia e Irán-,trenzó al gobierno deDonald Trump en una lucha legal que podría llevar años y terminar en la Corte Suprema.

Entretanto, los ciudadanos que cuentan con visas válidas y provienen de los países vetados -algunos con trabajos o estudios y familia en EE.UU.- comenzaron a volver apresuradamente aprovechando la contienda legal y ante el temor de que todo pueda volver a revertirse. Han vuelto a una auténtica cárcel, casi al estilo castro cubano, ya que, si salen, por caso, a visitar a sus padres moribundos en medio oriente, corren el riesgo de no poder volver a entrar.

Poco después, Trump dijo algo francamente asombroso, por decir lo menos, ya que en un sistema republicano lo menos que se espera del presidente es que tenga fe, confianza y apoye al Poder Judicial. “Si algo pasa culpen a él (al Juez) y al sistema judicial”, dijo. O sea que no cree en la justicia de su país, no cree en su república, me pregunto ¿no es ésta suficiente razón, al menos desde el punto de vista moral, para que renuncie? Aunque las incoherencias son propias de los políticos, que siempre tapan con demagogia, de otro modo no subsistirían ni por un minuto.

Además, el presidente de EE.UU. prohibió la entrada de todos los refugiados, y la canciller Merkel le recordó la Convención de Ginebra -y el derecho de asilo- que fue adoptada como una parte del acuerdo internacional posterior a 1945. El asilo es un derecho fundamental, una de las armas para prevenir el genocidio y los crímenes contra la humanidad. Y, por cierto, ya se utilizaba en la Grecia antigua, y era un clásico durante la Edad Media que los perseguidos entraran en una Iglesia al grito de “¡Me acojo a sagrado!”, y no había enemigo que no respetara el inviolable el derecho a asilarse en una iglesia.

Hipócritamente, Trump y muchos gobiernos occidentales no excluyen a los súbditos de Arabia Saudí: la patria de Osama bin Laden, de la ideología de Al Qaeda y el Estado Islámico, y de 15 de los 19 asesinos del 11-S. Será, cómo escribió Pablo Pardo, porque ningún yemení o somalí suma el 4,9% del capital de Citigroup, el tercer mayor banco de EE.UU., el 10% del gigante editorial News Corporation, de Rupert Murdoch, que apoya a Donald Trump, el 10% de Eurodisney como tiene el príncipe saudí Al Walid bin Tanal, extravagante al punto de poseer un Airbus 380 que es el único avión del mundo con piscina.

Esa Arabia Saudí madre del fanatismo islámico, que Trump -¿el “macho alfa”?- apoya, donde las mujeres son consideradas, de por vida, menores de edad ya que requieren el permiso de un tutor varón para matricularse en la universidad, trabajar, casarse o sacarse un pasaporte, entre otras muchas cosas como que no pueden conducir automóviles ni ir sin compañía de un hombre a un supermercado, además de taparse el pelo.

Pero todo esto es nada, comparado con el padecimiento de las casi doscientas personas que han sido decapitadas en 2016, la escuela del ISIS… que Trump apoya incondicionalmente: la forma más común de ejecución es decapitación con espada y a menudo son realizadas en público para castigar, además del homicidio, “crímenes” como adulterio, traición, sexo gay, delitos de drogas, hechicería y brujería, y apostasía.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.