Sobre el poder (¿se está debilitando?) y la autoridad, y por qué la gente lo obedece

Por Martín Krause. Publicado el 2/8/14 en: http://bazar.ufm.edu/sobre-el-poder-se-esta-debilitando-y-la-autoridad-y-por-que-la-gente-lo-obedece/

 

La Nación publica un artículo de Héctor D’Amico que es un diálogo con el analista político venezolano Moisés Naím, con el título: “El malestar que sacude al poder”: http://www.lanacion.com.ar/1712157-el-malestar-que-sacude-al-poder

Que el poder esté molesto no sería necesariamente una mala noticia. Es más, según el análisis de Naím los libertarios deberíamos estar celebrando, ya que plantea que el poder está teniendo crecientes problemas en ser obedecido.

“En el reportaje que mantuvo días atrás con LA NACION, Naím precisó la magnitud y complejidad del escenario. Estamos, advierte, ante un fenómeno global, relativamente nuevo, que no respeta fronteras, culturas, religiones, políticas, ni la soberanía de los Estados. Los síntomas son visibles de Moscú a San Pablo, de El Cairo a Singapur, pero el diagnóstico no es otro que la degradación del poder tal como lo conocemos. Es la pérdida de la capacidad para lograr que otros hagan o dejen de hacer algo, de impulsar o impedir las acciones actuales o futuras de otros grupos o individuos.”

Y más adelante:

“Con los años, lo hablé con muchos presidentes y todos habían pasado por lo mismo. Joschka Fischer, que fue vicecanciller de Alemania, recordó que de chico lo impactaban el tamaño de los edificios oficiales, los enormes despachos. Cuando llegó al poder se dio cuenta de que el propósito era disimular el hecho de que quienes estaban ahí adentro daban órdenes, pero sin que pasara mucho. Kofi Annan recordó algo parecido. La consola que tenía sobre su escritorio de secretario general de la ONU estaba llena de botones, pero al apretarlos lo que obtenía era muy poco. Fernando Henrique Cardoso todavía hoy se asombra de la idea desproporcionada del poder presidencial que tiene la gente. No quiero que los lectores de LA NACION piensen que yo opino que no existen personas con mucho poder, lo que digo es que muchos lo tienen de manera cada vez más restringida y efímera.”

Ahora bien, cuando uno ve la terrible monetaria de los últimos años, el descubrimiento del espionaje sobre las comunicaciones de todos los ciudadanos norteamericanos, el constante déficit fiscal, etc, no parece que ese poder sea menor en absoluto. Tal vez opiniones como las de Fischer y Annan sean más bien nostálgicas ya que ciertamente les gustaría poder mover todo tocando algunos botones.

Y eso no es posible porque también podemos reaccionar. Por ejemplo, en nuestro caso, cuando el gobierno destruye el valor de la moneda local y luego impone un cepo para la compra de divisas extranjeras, simplemente se acude al mercado paralelo. Es decir, se limitan los “botones” que el funcionario puede tocar. En ese sentido, si hubiera tal cosa como debilitamiento del poder sería resultado de su propia ineficiencia y afán de control.

En verdad, tener poder no necesariamente se mide por la cantidad de “botones” que se pueden tocar. Por ejemplo, un Secretario de Comercio en Argentina tiene muchos más botones que otro en Alemania ya que este último no puede frenar importaciones, imponer precios, etc. Sin embargo, tal vez no podríamos decir que el primer tiene más “poder”.

Political authority

El tema del poder no deja de ser un enigma. ¿Por qué la gente lo obedece? Este es el tema que trata un fascinante libro recientemente publicado. Por Michael Huemer: http://www.amazon.com/The-Problem-Political-Authority-Examination/dp/1137281650

La descripción de Amazon dice:

“Los estados modernos comúnmente utilizan la coerción en una gran variedad de circunstancias en las que el uso de la fuerza por parte de un agente privado sería mal vista. ¿Qué autoriza al estado a actuar de esa forma? Y, ¿Por qué los ciudadanos obedecen sus órdenes? Este libro examina las teorías sobre la autoridad política, desde la teoría del contrato social hasta las teorías de la autorización democrática hasta las basadas en la equidad. En definitiva, ninguna teoría de la autoridad tiene éxito, y ningún gobierno tiene la clase de autoridad que usualmente se les asigna”.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Argentina y los magros resultados del Índice de Libertad Económica

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 20/3/14 en http://economiaparatodos.net/argentina-y-los-magros-resultados-del-indice-de-libertad-economica/

 

En los últimos días, The Heritage Fundation difundió la 20ª edición del Índice de Libertad Económica, año 2014. Este índice, que proporciona una herramienta objetiva de análisis para las 186 economías evaluadas, muestra que la libertad económica está una vez más en auge, alcanzado su máximo puntaje en los 20 años de existencia (el puntaje promedio del índice arrojó un incremento cercano al 5%, pasó de 57,6 puntos, en el año de origen, hasta la cifra máxima de 60,3, para el período corriente). Detrás de este récord hay historias de progreso humano y logros de países. Literalmente, miles de millones de personas en todo el mundo cuyas vidas mejoraron de manera efectiva. El sistema de libre mercado impulsó un crecimiento económico sin precedentes en todo el mundo. Durante las últimas dos décadas, en las que la economía global avanzó hacia una mayor libertad económica, la economía mundial logró una verdadera expansión de su PIB de alrededor del 70%.

La libertad económica es el derecho fundamental de todo ser humano de controlar su propio trabajo y propiedad. En una sociedad económicamente libre, los individuos son libres de trabajar, producir, consumir e invertir en todo lo que quieran. Para que esto suceda, los gobiernos permiten que la mano de obra, el capital y los bienes puedan moverse libremente, y se abstienen de la coerción o restricción de la libertad más allá de la medida necesaria para proteger y mantener la libertad misma.

El Índice evidencia que la variable más importante para el incremento sostenido de la riqueza, así como el medio más efectivo para eliminar la pobreza, es la libertad económica.

La variable estadística consta de diez componentes, a saber: derechos de propiedad, libertad frente a la corrupción, libertad fiscal, gasto público, libertad empresarial, libertad monetaria, libertad comercial, libertad laboral, libertad de inversión y libertad financiera. Cada libertad es ponderada por igual en la determinación de las puntuaciones de los países. Los países que consideren las reformas económicas pueden encontrar oportunidades significativas para mejorar el rendimiento económico de estos factores en los que puntúan. Estos factores pueden indicar restricciones limitantes significativas sobre el crecimiento económico y la prosperidad.

Solo seis de las economías clasificadas en el Índice 2014 obtuvieron la designación de “libres”, con puntajes superiores a 80 puntos. Los 28 países siguientes, con puntajes entre 70 y 80, están considerados como “mayormente libres”. Estas 34 economías mantienen y proporcionan un entorno institucional en el que personas y empresas privadas disfrutan de un grado sustancial de

libertad económica en su búsqueda de más oportunidades y mayor prosperidad.

El caso de los países que obtienen puntajes que reflejan incluso niveles moderados de libertad económica (60 o más puntos), la relación entre libertad económica y PIB per cápita es extremadamente significativa. La mayor parte de los países evaluados (117 economías) tienen puntajes de libertad económica que van de 50 a 70. De éstas, 56 economías están consideradas como “moderadamente libres” (puntajes entre 60 y 70) y 61 como “mayormente controladas” (puntajes entre 50 y 60).

Finalmente, veintisiete países tienen economías “reprimidas”, con puntajes inferiores a 50, y ocho, sin clasificación.

El país más libre del mundo es Hong Kong, con 90.1 puntos, y lo ha sido a lo largo de los últimos 20 años de manera consecutiva. Su puntaje general es levemente mejor que el año pasado debido a las mejoras en el tamaño del gobierno y la eficacia de la reglamentación que compensaron una disminución de la libertad frente a la corrupción.

El puntaje de libertad económica de Singapur es 89,4, lo que ubica a este país en el segundo lugar del índice 2014. Su puntuación es 1,4 puntos mejor que el año precedente, debido a las mejoras en la libertad de inversión y libertad laboral que superan a las pequeñas disminuciones de libertad monetaria y libertad de empresa.

En tercer lugar se encuentra Australia con 82 puntos. Su puntaje general es 0,6 puntos menos que el año anterior, con un aumento en la libertad de inversión compensado por la disminución de la libertad monetaria y libertad laboral. Suiza es el cuarto, y primero de Europa, con 81,6 puntos. El quinto puesto muestra a Nueva Zelanda con 80,6 puntos. Y, en el sexto lugar, se ubica Canadá con 80,2 puntos, lo que destaca a este país como la economía más libre de América.

Argentina, por su parte, con un puntaje de 44.6 es, con la sola excepción de Venezuela, la economía menos libre de Sudamérica. Ocupa el puesto 166 en el índice 2014. Su puntaje general se redujo en 2,1 puntos, respecto del año anterior, lo que refleja una disminución sustancial en la libertad de inversión, libertad comercial, libertad de trabajo y la gestión del gasto público. Argentina ocupa el lugar 30 de 32 países del continente, y su puntaje general está muy por debajo de los promedios regionales y mundiales.

La libertad económica de Argentina, durante los 20 años de historia del índice, sumió hasta el estado &”reprimido&”. Con una caída general de puntuación de 23.4 puntos, registró la segunda caída más grave desde que se comenzó a medir la puntuación del Índice de Libertad Económica. Ocho de las 10

libertades económicas se deterioraron debido a las políticas que incluyen severos controles de capital, la fijación de precios, las restricciones a las importaciones, y una serie de nacionalizaciones

La injerencia del Estado en la economía argentina creció substancialmente desde 2003, lo que aceleró la erosión de la libertad económica. Deficiencias institucionales siguen socavando las bases de un desarrollo económico duradero. El sistema judicial se volvió más vulnerable a la interferencia política y la corrupción se volvió frecuente. La presión regulatoria en el sector privado siguió aumentando, con medidas de gasto populistas y el control de precios que distorsionan aún más los mercados.

Por las razones expuestas, en tanto no se advierta la importancia del sólido vínculo entre libertad y desarrollo: no se realizarán cambios estructurales que soslayen estrictas medidas de corto plazo. El futuro de los argentinos seguirá comprometido a prácticas mezquinas que posterguen los intereses de generaciones futuras.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), Profesor Titular en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Indice de libertad económica 2014

Publicado por Pablo Guido el 14/1/14 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

 

Desde el año 1995 que Heritage Foundation viene midiendo la libertad económica en la mayoría de países en el mundo. Son 10 variables que miden: carga tributaria, gasto público, inflación, apertura comercial, mercados laborales, corrupción, etc.

Desde su inicio Hong Kong y Singapur se ubicaron siempre en los dos primeros lugares de la lista. En esta oportunidad le siguen Australia, Suiza, Nueva Zelanda, Canadá, Chile, Mauricio, Irlanda y Dinamarca. Es decir, en los primeros 10 lugares tenemos 4 países del sudeste asiático/Oceanía, 3 europeos, 1 de América del Norte, 1 latinoamericano y 1 africano. Los “grandes” países desarrollados se ubican más atrás: EEUU (12º), Reino Unido (14º), Alemania (18º), Japón (25º), Francia (70º), Italia (86º). Las economías más libres, en general, son aquellas que han logrado “navegar” la crisis de los últimos años porque no han cometido el error de “inflar” su gasto público en las últimas décadas a niveles estratosféricos (más del 50% del PIB), o han avanzado en liberalizar su comercio exterior, no tienen un mercado laboral demasiado rígido ni cargado de excesivos impuestos, con monedas estables y un marco jurídico respetuoso de los derechos de propiedad. Los “grandes” países desarrollados son “elefantes” que les cuesta moverse por la fenomenal carga tributaria que enfrentan sus ciudadanos y empresas, con excesivas regulaciones que hace muy complicado desenvolverse en un mundo cada vez más cambiante en lo que respecta a nuevas tecnologías, cambios en la demanda, descubrimiento de nuevas herramientas de gestión empresarial, etc. Es por eso que crecen a una tasa “raquítica”. Y año tras año son empujados a puestos cada vez más bajos en este ránking de libertad económica.

¿Los peores? Las economías menos libres vuelven a repetirse este año: Cuba, Corea del Norte, Venezuela, Zimbabwe, Irán, República del Congo. No es casualidad que también sean países donde los derechos políticos y libertades civiles sean casi inexistentes en esos territorios, configurando regímenes totalitarios o autoritarios en el mejor de los casos. Vale mencionar el colapso argentino en el ranking. En los años noventa se ubicaba en los primeros 30 lugares de la lista, pero en la última década no ha parado de caer en picada. A pesar del crecimiento anual promedio del 6% en los últimos diez años, la economía argentina se desploma en el ranking de libertad económica. Parece una contradicción. Sucede que desde 2002 el país se encuentra transitando una de sus tantos ciclos populistas, con un “viento de cola” que el mundo le ha ofrecido gracias a los extraordinarios precios de sus principales productos de exportación, bajas tasas de interés mundiales, un stock de capital significativo generado por las inversiones de los años noventa y una devaluación furibunda en el año 2002 que abarató los costos de producción argentinos. Pero la destrucción de la propiedad privada, una economía más cerrada, una moneda que se deprecia al 30% anual, un gasto público en récord histórico (50% del PIB), una carga tributaria que “vuela” (45% del PIB), controles de capitales y cambiarios, han ido modificando el panorama institucional del país. Situación que se refleja en el índice de libertad económica de los últimos años: en esta edición 2014 la economía argentina se ubica en elpuesto 166º, de un total de 178 países evaluados, cayendo 6 lugares respecto al último año.

Los países sudamericanos peor ubicados son Bolivia (158º), Ecuador (159º), Argentina (166º) y Venezuela (175º). El famoso “socialismo del siglo XXI” se desploma y arrastra hacia la pobreza a una mayor cantidad de gente. Justo cuando el mundo marcha en dirección contraria hace décadas, con una caída enorme en el porcentaje y en la cantidad de pobres.

 

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina).Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.