REVISTAS ACADÉMICAS: HAY OTROS MODOS DE HACER LAS COSAS

Por Gabriel J. Zanotti. Oublicado el 1/11/15 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2015/11/revistas-academicas-hay-otros-modos-de.html

 

NOOOOOO tiene esta entrada NADA que ver con los heroicos, valerosos y casi esclavistas esfuerzos que hacen muchos para lograr que la revista académica en cuestión se adecue a los estándares internacionales actuales, muchos de los cuales son grandes amigos y tienen toda mi admiración. Yo mismo formo parte del referato de algunas y estoy muy agradecido por ese honor.  Pero se alzan voces, aquí y allá, de vez en cuando, sobre cierta exageración en todo esto y creo que hay que pensar más en el asunto, no para cambiar ahora lo que estamos haciendo, pero sí para pensar en algún cambio a mediano y largo plazo.

Que no es lo mismo una revista de difusión que una revista académica es obvio. Que no es lo mismo un artículo de divulgación que un artículo de investigación, es obvio. Que las comunidades científicas conforman paradigmas que tienen sus propios estándares de seriedad, y que en una sociedad libre tienen todo derecho a sostenerlos, obvio también. Que no hay “objetividad” sino, en todo caso, una honestidad y seriedad conformes a ese paradigma, obvio también.

Pero todas esas obviedades –que las recuerdo para que nadie diga que soy un apocalíptico, utópico, inadaptado, etc.- no justifican las exageraciones que, tímidamente, de vez en cuando, se están reconociendo, aunque no en artículos académicos, claro J. El problema del publish or perish ya está reconocido hace rato. Que ello disminuye la calidad de la investigación y aumenta la cantidad, sin calidad, de los artículos, no es ninguna novedad. Pero que además deba hacerse siempre siguiendo las exigencias del doble ciego, triple mudo, el pacto de Bolonia y, si quiero publicar en La Luna, el pacto de Marte, implica ya un “se hace así” que, por Dios, habría en algún momento que repensar. NO es esa la única garantía de seriedad.

Hay otras formas de hacer las cosas. Yo fui testigo de una y protagonista de otra.

Desde 1974 hasta 1991 existió en Argentina la casi única revista de estudios superiores en educación que no estaba ligada al marxismo internacional. Se llamaba “Revista del Instituto de Investigaciones Educativas”, y la dirigió mi padre, Luis J. Zanotti, y no dejó de salir, cada dos meses, casi ni una sola vez hasta el año referido. Tenía un Consejo de Redacción, y listo. Yo fui testigo permanente de ese trabajo. El Consejo de reunía, consideraba los artículos recibidos, publicaba algunos y descartaba otros. A pesar del ambiente ideológico en contra, la revista fue la única revista argentina de educación que estuvo (espero que aún esté) en los anaqueles de la biblioteca de la UNESCO.

Publicar en esa revista era todo un honor.

No había evaluadores anónimos, todos sabían quién era mi padre y su equipo técnico de colaboradores. Y ya está. Las exigencias de redacción y citado eran las mínimas obvias con tal de que el contenido del artículo fuera considerado bueno por el equipo en cuestión. En todo caso, si había un problema específico se hablaba –personalmente o por teléfono, no había otra- con el autor en cuestión. Recuerdo perfectamente con qué sano orgullo mi padre me traía, cada dos meses, el ejemplar de la revista. Fue como cursar una carrera completa desde 1974 hasta 1991. Aún hay artículos que son considerados un clásico. No hubo fondos para la digitalización.

Desde 1985 hasta 1992 formé parte del Departamento de Investigaciones del ESEADE de Buenos Aires, cuyo director era Ezequiel Gallo. De igual modo que en el caso anterior, había un equipo, del cual esta vez yo formaba parte, que pedía artículos, los evaluaba, los seleccionaba. Gran parte de los artículos eran fruto de papers que se presentaban en borrador y se debatían en sesiones del Departamento, cada 15 días. La comunicación con el extranjero, con las universidades y departamentos que estaban en el mismo tema, era por carta y por viajes donde heroicamente se traían fotocopias de papersrecién escritos. Gran parte de los ensayos de Israel Kirzner que están hoy editados en The Meaning of The Market Process, yo los leí en fotocopias del mismo paper que meses atrás había escrito el autor. El trabajo del equipo –Juan Carlos Cachanosky, Alberto Benegas Lynch (h), Alfredo Irigoin, Esteban Thomsen, y, en períodos diversos, Roberto Cachanosky, Alejandro Chafuen, Ricardo Rojas, Enrique Aguilar- era permanente. Las reuniones quincenales del departamento, las indicaciones académicas permanentes de Ezequiel Gallo, fueron casi como una carrera adicional, como una “residencia” si hubiéramos sido médicos. Algunos de nosotros terminamos allí nuestras tesis de doctorado. Era como un Conicet privado. Por lo demás, nosotros evaluábamos, todos lo sabían y a nadie le molestaba. En todo caso, los ultramarxistas e izquierdistas que caminaban en la hiel de su odio ni se molestaban en mandarnos artículos, y todo bien. La revista se llamaba LIBERTAS. Era un orgullo publicar allí. Aún debo acordarme de agradecer haber formado parte de esa isla milagrosa en esos momentos de la Argentina.

No había doble ciego, indexación, referato del referato, normas apa o etc –sólo una vez nos costó convencer a un genio suelto de que debía colocar notas al pie-. Y funcionaba. Funcionaba muy bien.

Claro, la objeción que se viene es obvia: puede ser que haya funcionado, pero ya no se puede. Ahora las cosas “se” hacen de otro modo.

Gente, ya lo sé. Se hacen de otro modo, además, porque las universidades llamadas privadas en Europa y Latinoamérica tienen que obedecer sin salida las coacciones impuestas por los estados. Eso en primer lugar.

Pero si estuviéramos en una sociedad libre, sí se puede. En todo caso los riesgos serían enormes: los héroes en cuestión se jugarían sus fondos, su prestigio, todo, pero sólo su seriedad académica, que no depende de ninguna acreditación, los salvaría a mediano y largo plazo, en caso de que el proyecto tuviera continuidad.

 

Por lo demás, esa sociedad libre, de hecho, ya existe. Los profesores jóvenes saben adecuarse al mundo: publican en journals indexados, se bancan las ideas y venidas de los referatos, publican y finalmente ayudan a su universidad con famoso ranking y etc. Pero al mismo tiempo saben que hay un submundo que, quizás, dentro de no muy poco sea el mundo. O sea, también publican en blogs, en Facebook, en Wikipedia, etc. Cuando dentro de 100 años se advierta, retrospectivamente, que las mejores producciones han sido en un blog y no en el Journal of International Studies of Numeritos Bien Presentados, será tal vez el momento óptimo de replantearse la relación entre seriedad y creatividad intelectual.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Argentina pasó la mitad de sus últimos 70 años reestructurando deuda.

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 1/9/14 en: http://www.infobae.com/2014/08/29/1591196-argentina-paso-la-mitad-sus-ultimos-70-anos-reestructurando-deuda.

 

El nuestro no es el país que más veces ha caído en default, aunque 8 es un número fuerte. Pero si se mide el tiempo pasado en cesación de pagos y en renegociación con los acreedores, la cosa cambia.

 

Argentina ha entrado a su octavo default desde su independencia en 1816. Si bien es cierto que éste es un número que impresiona, no es menos cierto que otros países han caído en default más veces que Argentina. Brasil y Chile, por ejemplo, lo han hecho 11 y 9 veces respectivamente.

Quienes no ven con mucha preocupación la manera en que el gobierno está manejando el tema juicio con los holdouts son rápidos en justificar el default argentino señalando que otros países han defaulteado su deuda externa más veces que Argentina. El señalar los problemas y errores de otros países como justificación de los propios entraña dos problemas. En primer lugar, los errores de terceros no justifican errores propios. Si mi vecino no paga crónicamente su hipoteca, yo no puedo justificar mi retraso señalando la conducta de ese tercero. En segundo lugar, no importa sólo la cantidad de veces que un país entra en default con su deuda externa. Porque también es una variable importante, la de cuánto tiempo permanece en default es. No es lo mismo salir rápidamente de un default que mantener acreedores de manera irregular (o directamente borrarlos de los reportes oficiales) hasta que un fallo judicial nos hace chocar con la realidad luego de una década.

El gráfico que acompaña esta nota muestra el porcentaje de tiempo (en años) que una serie de países ha estado en default: primero, desde su independencia [columna en rojo] y segundo, desde la Segunda Guerra Mundial [columna en azul]. Dado que cada país se ha independizado en distintos años, aquellos países con más años de historia tienen más posibilidades de haber entrado en default que países con menos años de historia. Por otro lado, el fin de la Segunda Guerra Mundial marca un punto de inflexión en la historia económica que también se ve reflejado en los defaults de distintos países (en este caso sólo se cuentan los nuevos defaults luego de finalizada la guerra, no los defaults heredados de la guerra.) Junto a Argentina se encuentran los datos de Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay, y Venezuela. Todos países emergentes en la misma región que Argentina y con los que se suelen hacer comparaciones económicas.

El gráfico permite extraer algunas conclusiones importantes. En primer lugar, desde su independencia, Argentina ha estado en default o con su deuda externa en reestructuración un 36% de su historia. Magro resultado compartido con Colombia, México, y Venezuela (pero no con Brasil, caso que se ha utilizado para justificar el nuevo default). Argentina es como un alumno con una de las peores calificaciones que intenta justificar su nuevo aplazo señalando las malas calificaciones de otros alumnos, ignorando convenientemente que no todos los alumnos tienen malas calificaciones. ¿Acaso Argentina no debería compararse con el mejor desempeño de la región? En segundo lugar, y éste es el dato más llamativo, desde la Segunda Guerra Mundial todos estos países han reducido el porcentaje de tiempo que se han encontrado con su deuda externa en default (sobresaliendo Colombia con un 0%). Hay sólo dos excepciones. Uruguay, que mantiene un porcentaje similar en ambos períodos y Argentina, que salta de un 36% a un 52%. Para ser claro: desde la Segunda Guerra Mundial Argentina ha estado el 52% del tiempo con su deuda externa en default o bajo reestructuración. Mientras el resto de los países de la región han mejorado el manejo de su deuda externa, Argentina lo ha empeorado, cabe decir, de manera considerable.

ARGENTINA HA ESTADO EN DEFAULT O CON SU DEUDA EXTERNA EN REESTRUCTURACIÓN UN 36% DE SU HISTORIA.

El tiempo que un país está en default muestra, entre otras cosas, con qué celeridad y seriedad el país intenta arreglar sus faltas frente a sus acreedores. Un país puede haber entrado en default una única vez y nunca haber arreglado con sus acreedores. Este país va a tener serias dificultades para acceder al mercado financiero internacional. Otro país puede haber entrado en default una mayor cantidad de veces, pero un trato serio, profesional, y veloz con sus acreedores puede darle más acceso al mercado internacional que el país que sólo defaultea una vez y decide ignorar la existencia y derechos de sus acreedores. Comparar únicamente la cantidad de veces que un país entra en default implica asumir, erróneamente, que todos los defaults duran la misma cantidad de tiempo. Si comparamos, en cambio, el tiempo que Argentina ha estado en default o con reestructuración de su deuda externa los números son llamativos y la comparación con otros países pasa de ser conveniente a incómoda.

Caben dos aclaraciones finales. En primer lugar, el default del 2001 no fue exitosamente reestructurado, por el simple motivo de que el canje de deuda nunca terminó. No por nada Argentina ha tenido desde entonces el acceso al crédito internacional cerrado, teniendo que endeudarse con Venezuela a altas tasas de interés. Argentina lleva, entonces, 13 años de irregularidad en su deuda externa. Argentina ha podido pagar a los holdins hasta ahora por dos motivos. Ignorar el fallo de la justicia americana que ordenaba el pago a los holdouts, y el stay que el Juez Griesa impuso cuando los holdouts, ante el incumplimiento argentino, apelaron a la violación del pari passu. Si Argentina hubiese efectivamente salido del default, no hubiese necesitado un favorable stay por parte de Griesa para poder seguir pagando a los holdins. Si bien calificadoras de riesgo habían quitado la calificación de “default” de Argentina, el país no ha dejado de tener deuda externa en reestructuración. Borrar a los acreedores de los reportes oficiales es muy distinto a solucionar problemas.

EL DEFAULT DEL 2001 NO FUE EXITOSAMENTE REESTRUCTURADO, POR EL SIMPLE MOTIVO DE QUE EL CANJE DE DEUDA NUNCA TERMINÓ.

En segundo lugar, un análisis más cuidadoso de los efectos del default sobre la economía Argentina, y por lo tanto sobre sus ciudadanos, no puede limitarse a contar la cantidad de defaults, sino que debe tenerse también en cuenta la intensidad del default (default grande o chico) y cuánto tiempo el país permanece en default. Argentina y Colombia tienen, en su historia, el mismo porcentaje de default desde sus respectivas independencias, pero mientras Colombia llevó ese porcentaje al 0% luego de la Segunda Guerra Mundial, Argentina lo elevó al 52%.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.