“El mito de la incompetencia del Estado”

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 2/6/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/libertad-digital/el-mito-de-la-incompetencia-del-estado/

 

Leí hace tiempo en El País un interesante artículo de Diego Beas con ese título. Era una versión entusiasta de la tesis de Mariana Mazzucato según la cual el Estado es el verdadero empresario. Para llegar a una conclusión tan asombrosa hay que combinar muchos errores con pocas evidencias.

Don Diego se inventa que el liberalismo se reduce exclusivamente a la tesis de la eficiencia del mercado, y sigue con la fantasía de que “buena parte de la ideología conservadora moderna, de este y del otro lado del Atlántico”, se ha basado en la idea de reducir el Estado, porque es incompetente. Si lo primero es un dislate, lo segundo es realmente increíble, considerando el más que probado intervencionismo de los conservadores en todo el mundo, empezando por España, incluyendo en lugar destacado al recientemente defenestrado Mariano Rajoy.

El señor Beas resume así su argumento, que sigue el de Mazzucato, a la que cita con admiración:

La entelequia ideológica de la incompetencia del Estado se cae en pedazos, sin embargo, cuando miramos con detenimiento la evolución del espacio de la tecnología, la innovación y el papel del Estado durante el último medio siglo (…) Detrás de la mayor parte de los éxitos tecnológicos más importantes ha estado, invariablemente, la mano de la inversión estatal.

Es una inversión estupenda, subraya don Diego, que no ve entelequias ideológicas en nada de lo que afirma:

Un tipo de inversión más estable, menos centrada en la cuenta de resultados de corto plazo, la especulación bursátil, aspectos comerciales y, más importante aún, enfocada en la innovación en el ámbito público. En utilizarla para resolver los grandes problemas sociales –y no solamente financiar las tecnologías comercialmente más rentables.

A partir de ahí, el papel de las empresas privadas, en busca del malvado lucro, es de puro aprovechamiento:

Compañías como Apple, Google y la mayor parte del sector farmacéutico y aeroespacial, entre varios otros, podrían considerarse free riders de los sistemas de investigación del Estado.

Es cierto que el Estado ha emprendido inversiones, pero de ahí a que ese gasto demuestre de por sí las tesis antiliberales hay un trecho, igual que lo hay entre la comprobación de dichas inversiones y la tesis de que nunca se habrían acometido sin el Estado.

En un artículo crítico publicado en el Cato JournalAlberto Mingardi demuestra que no hay base empírica sólida para la idea de que las empresas son meros free riders del Estado. Es revelador que los ejemplos que ponen los intervencionistas se basen en Estados Unidos y no en Europa. Sugieren que todas las innovaciones son fruto del intervencionismo público pero, paradójicamente, elogian la política industrial en EEUU, donde a menudo no existió abiertamente, mientras que ignoran en general a Europa, donde sí se llevó a cabo abiertamente.

Mingardi señala que las tesis se concentran exclusivamente en el último siglo, cuando el gasto público pasó del 10 al 40% del PIB en todas las democracias occidentales: habría sido raro que la inversión pública no se hubiese involucrado en ninguna innovación –aunque las que suelen señalarse son más externalidades positivas que consecuencias previstas y deseadas de políticas industriales.

La clave del asunto es que quienes utilizan el gasto en investigación básicacomo prueba de que el Estado es un eficaz y abnegado empresario pasan por algo que dicha investigación básica fue prácticamente nacionalizada tras la Segunda Guerra Mundial. Esto sucedió sobre todo en el gasto en defensa canalizado a través de las universidades, que fue lo que tuvo lugar en Estados Unidos, gran gastador en defensa, de donde salieron inventos como la internet.

En realidad, don Diego y los demás que atribuyen “entelequias ideológicas” a sus adversarios, suponen que, si algo sale bien, ha de ser porque el Estado está detrás, un Estado que crece porque es estrictamente necesario, y porque el cobarde y codicioso capital privado se retira debido a su rácana visión cortoplacista. Esto, naturalmente, no es ninguna entelequia ideológica sino un análisis serio y riguroso. ¿Verdad?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

El peronismo y el fascismo

Por Gabriel Boragina Publicado  el 2/9/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/09/el-peronismo-y-el-fascismo.html

 

El peronismo es la fuerza política que, desde su fundación en 1945 hasta la fecha, gobernó más veces la República Argentina. Fue la única que tuvo el mérito de captar y usufructuar en su favor una característica que se encuentra presente en la mayor parte de los argentinos. Esto es, una inclinación y tendencia hacia la ideología fascista. El fascismo, surgido en Italia unas décadas antes de la aparición de Juan Domingo Perón en la escena política, prendió rápidamente en tierra argentina, precisamente de la mano de este último, quien fuera un confeso cultor y admirador del Duce Benito Mussolini, de quien se propuso ser su emulador vernáculo, objetivo que, de cierto modo, logró.

Pero, el surgimiento de Perón como importador del fascismo italiano a la Argentina no fue -en modo alguno- un hecho aislado. Militares y políticos, hacia la década del 30 del siglo XX ya simpatizaban con el ideario fascista. Y comenzaron a estructurar y emitir leyes que le daban forma y contenido en muchas áreas y disciplinas, tanto políticas como económicas.

En 1930 comenzaron los golpes de estado en Argentina con el del general Uriburu a la cabeza, un fascista precoz que no llegó (por causas ajenas a su voluntad) a desplegar todo su potencial fascista. De ello se encargó el coronel Perón, quien llega al poder de la mano de otro golpe (1943) dado por otro grupo de militares -encabezado por el general Edelmiro J. Farrel-, integrantes del autodenominado G.O.U. (siglas del Grupo de Oficiales Unidos) con la caída del entonces presidente constitucional Ramón S. Castillo por parte de este grupo militar.

Se continúa y afianza una modalidad de asalto al poder que se consolidará en los decenios posteriores, pero, y esto es para mí lo más importante: se constituye y apuntala -al punto de arraigarse hasta el presente- una forma de pensar y de actuar.

Se legitima un modo de ser que enraizará en la población, y que podemos denominar el “ser fascista”. Es en este punto histórico, donde creo que se pierde la democracia o el “ser demócrata” para dar lugar al fascismo o el “ser fascista”. Y esta triste transformación perdura hasta nuestros días, incluyendo el momento en que escribo estas líneas.

Y si bien, en las formas y en su Constitución escrita, la Argentina sigue siendo una “democracia”, en su otra constitución, la que yo llamo su constitución interna (en el más literal sentido de la palabra), es decir, su estructura constitucional, el argentino promedio es un fascista no asumido como tal, negador de su condición fascista.

Esto explica -a su turno- también a mi modo de ver, los repetidos éxitos electorales del peronismo, ya sea en su versión fundadora (primero, segundo y tercer gobierno de J. D. Perón) como en sus posteriores derivaciones (Menem y los Kirchner). Estas adaptaciones variaron entre si, pero el vínculo común y constante entre ellas, fue el fascismo que, tanto Perón como Menem y los Kirchner practicaron en distintos grados (el fundador se destacó como un extraordinario fascista, y el matrimonio Kirchner estuvo muy cerca de igualar a su líder. Entre ellos, Menem se mostró como un aprendiz de fascista y -hasta un cierto punto- logró pasar desapercibido como tal.

Para entender algo más de lo que hablamos, será de mucho interés recordar la excelente definición de fascismo que nos brinda el diccionario de economía:

fascismo. Movimiento político de gran importancia entre las dos grandes Guerras Mundiales que surgió en Italia, en 1922, bajo el liderazgo de Benito Mussolini. El fascismo se caracterizó por su oposición a la democracia liberal y al comunismo, por su nacionalismo, su culto a la violencia y su actitud proclive al colonialismo y al racismo. Surgido inicialmente como un movimiento de masas sin una definición ideológica muy precisa, aunque siempre opuesto a la agitación sindical y socialista, el fascismo, en Italia y en otras naciones, fue adquiriendo luego perfiles más claros y más amenazantes.

Para el fascismo la soberanía del Estado-nación era absoluta y se erigía, por tanto, como una crítica a la libertad individual, siempre mencionada despectivamente como “individualismo”, ya se manifestase ésta en el campo del pensamiento, las costumbres o la actividad económica. Su lema “Creer, obedecer, combatir” expresaba no sólo esta subordinación del individuo al líder, concebido como encarnación de la voluntad nacional, sino también el espíritu militarista y el apego a la disciplina que tanto contribuyeran al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Los gobiernos fascistas fueron, sin excepción, dictaduras unipersonales absolutas que, en algunos casos, llegaron a convertirse en sistemas abiertamente totalitarios, como ocurrió en la Alemania de Hitler. Aparte de las experiencias italiana y alemana deben mencionarse también los regímenes fascistas o filofascistas que se establecieron en Rumania, España, Argentina, Brasil y otras naciones durante los años treinta, en algunos casos con características sin embargo más próximas al populismo.

El énfasis en lo colectivo en detrimento del individuo hizo que los experimentos fascistas desembocasen normalmente en una u otra forma de corporativismo. Las naciones se organizaron así a través de corporaciones, no personas, que podían ser cámaras de industriales o comerciantes, sindicatos, gremios o cualquier otra institución semejante. Estas corporaciones, representadas en órganos políticos o de dirección económica, eran los auténticos actores sociales, aunque cada una de ellas, en realidad, estaba dirigida férreamente por personeros del partido gobernante que se subordinaban al líder supremo. Ellas decidían la política general a seguir, trazaban planes económicos e intervenían en muchos asuntos cotidianos, convirtiéndose en órganos del Estado de casi ilimitado poder.

La economía se organizaba así mediante consejos generales que dictaban normas de cumplimiento obligatorio para todas las cámaras afiliadas. Estas fijaban precios y cantidades a producir, determinaban los salarios y las normas de trabajo, intervenían sobre las decisiones de inversión, regulaban las ganancias y controlaban toda la actividad productiva, a veces, hasta los mínimos detalles. La propiedad privada de las empresas se mantenía, al menos formalmente, pero quedaba por completo vacía de contenido: no existía ya riesgo empresarial ni posibilidad alguna de competencia, por lo que los dueños de empresas se convertían en una especie de asalariados privilegiados, a veces devengando incluso sueldos, cuyas ganancias se asemejaban más a bonos o compensaciones especiales que a la retribución por el riesgo asociado a la inversión. La política económica general, por otra parte, además de basarse en un extendido intervencionismo estatal, se encaminaba a lograr la autarquía, el desarrollo económico nacional aislado del resto del mundo.

Los fascismos más militaristas, como los de Hitler, Mussolini y la Europa Oriental no sobrevivieron mucho tiempo y fueron devorados por la propia conflagración mundial que tanto contribuyeron a desencadenar. Otras experiencias, como la de Franco en España, fueron evolucionando gradualmente hacia sistemas menos totalitarios, abandonando casi por completo el corporativismo y asemejándose así a otras naciones de economía intervenida y democracia restringida. En América Latina, dentro de este modelo, los experimentos fascistas se convirtieron rápidamente en populismos. [1]

[1] Carlos SABINO; Diccionario de Economía y Finanzas. Contiene léxico inglés-español y traducción de los términos al inglés. Consultores: Emeterio Gómez; Fernando Salas Falcón; Ramón V. Melinkoff. CEDICE. Editorial Panapo. Caracas. Venezuela.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

El principio de “no intervención” y los derechos humanos

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/8/17 en:  http://www.lanacion.com.ar/2049577-el-principio-de-no-intervencion-y-los-derechos-humanos

 

El  argumento no se le cae de la boca al autoritario Nicolás Maduro . Tampoco al también autoritario presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Ni al vicepresidente de Cuba, José Machado. Todos ellos responden a las crecientes acusaciones de que los regímenes que encabezan violan los derechos humanos de sus pueblos con el argumento sintonizado de que señalarles objetivamente esa circunstancia implica una violación del principio de “no intervención” en los asuntos internos de sus respectivos países.

¿Es así? Ciertamente no, como enseguida veremos.

Primero, ¿Qué sostiene el principio de “no intervención? Muy simple: que cada Estado tiene el derecho soberano de conducir sus propios asuntos, sin ser perturbado por injerencia extranjera alguna. Lo que está expresamente previsto, tanto en varias resoluciones especiales sobre el tema de la Asamblea de las Naciones Unidas, como en la propia Carta de la Organización de los Estados Americanos. Salvaguardia que, sin embargo, no es absoluta.

Diversos internacionalistas latinoamericanos fueron, en sus momentos, decisivos con sus contribuciones doctrinarias, al nacimiento y consolidación del principio de “no intervención”. Desde su origen. Entre ellos: el gran jurista chileno Andrés Bello y nuestros extraordinarios y recordados ilustres connacionales: Carlos Calvo y Luis María Drago. También, aunque más tarde, el jurista mexicano Isidro Fabella.

El principio en cuestión, por lo demás, adquirió una fuerza muy particular después de la Segunda Guerra Mundial, conformándose desde entonces como pauta central de las relaciones internacionales contemporáneas. Acompañada de una conciencia generalizada en el sentido de que la observancia de los derechos humanos ha dejado de ser una materia sometida exclusivamente a la jurisdicción interna o doméstica de los Estados. La comunidad internacional toda ha mostrado su interés inequívoco por tratar de asegurar la protección efectiva de los derechos humanos, cualquiera sea el Estado u organismo multilateral que, de pronto, sea responsable de su violación.

“Intervenir” se entiende como tratar de plegar o doblar la voluntad de otro Estado mediante la coacción, cualquiera sea la forma de presión utilizada. No sólo mediante la recurrencia a la fuerza armada, sino también a través de cualquier otra forma de injerencia. Fuera cual fuera, si con ella se hace presión efectiva.

A lo antedicho cabe agregar que hoy está claro que los asuntos relativos a los derechos humanos no se consideran como reservados exclusivamente al dominio “reservado” a los Estados. En rigor, muy pocas materias están tan reguladas desde el derecho internacional como lo está el tema de los derechos humanos respecto del cual lo cierto es que la comunidad internacional ha creado una panoplia de importantes organismos especializados en defenderlo.

Por esto, la situación actual en esta materia puede resumirse fácilmente, como lo hace Edmundo Vargas Carreño: “Los Estados no pueden invocar como un asunto de su dominio reservado el tratamiento que le dispensan a las personas sometidas a su jurisdicción y los Estados y las organizaciones Internacionales no dejan de cumplir con el principio de no intervención cuando adoptan medidas en contra de Estados que violan los derechos humanos, siempre y cuando dichas medidas sean compatibles con otras normas del derecho internacional”.

Medidas que, entonces, no pueden considerarse como intervenciones “ilícitas”, desde que -queda claro- son valederas. Entre ellas, las de carácter o naturaleza meramente de “representación diplomática” (incluyendo las que se vinculan con el “nivel” de la representación diplomática) y las denominadas “expresiones de preocupación” o de “desaprobación”, en cuanto tiene que ver con situaciones particulares en materia de derechos humanos.

A su vez, la protección efectiva, en sí misma, puede teóricamente obtenerse a través de los diversos sistemas regionales o de la propia Naciones Unidas.

Es cierto, cabe apuntar, que para el referido organismo multilateral las violaciones graves y masivas y sistemáticas de los derechos humanos (a la manera de lo que hoy desgraciadamente sucede -de modo abierto y descarado-en Venezuela ) han dejado de ser asuntos que sólo conciernen individualmente a los respectivos Estados y se han transformado en un verdadero tema de la comunidad internacional, que debe asumir la tarea de defender esos derechos humanos, prevenir sus violaciones, denunciarlas y hasta sancionarlas.

En esta materia, la comunidad internacional no tolera, ni permite, la existencia de impunidad. Aunque en los hechos, en las instancias particulares, no tenga la capacidad real de poner inmediato fin a las violaciones o atrocidades de las que se ocupe. Lo cierto es que las violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos se enfrentan hoy con rapidez y decisión.

Entre los medios de que se dispone están los “informes” de los organismos internacionales o regionales sobre las violaciones a los derechos humanos que se detectan. Ellos operan a la manera de mecanismos de alerta y son, además, elementos dinamizadores de la acción requerida en cada caso para tratar de ponerles fin.

La soberanía no incluye el derecho de los Estados de asesinar o lastimar en masa o de reprimir con la muerte como variante, cuando de controlar protestas pacíficas de los civiles se trata. Esto debe sostenerse enérgicamente y con todas las letras desde que es nada menos que una conquista esencial de la larga marcha de la humanidad en el camino moderador de la civilización. Por esto los intentos de los partidarios del llamado “apartheid”, tanto en Rhodesia, como en Sudáfrica terminaron felizmente fracasando. Y por esto el totalitario Nicolás Maduro no tendrá éxito.

A la tarea de defender la vigencia de los derechos humanos también contribuyen los distintos tribunales e instituciones especiales en materia de derechos humanos que han sido creados y que generalmente son bastante eficientes y efectivos, particularmente en los ámbitos regionales.

En cambio, la cuestión de la llamada posibilidad de una “intervención humanitaria” -que no es ciertamente un tema menor desde que incluye el eventual uso de la fuerza- aún no parece haber sido todo lo definida y regulada que ella teóricamente debiera ser en el concierto de las naciones.

Ocurre que no es fácil armonizar la idea de “no intervención” con los límites que debe tener el uso de la fuerza y, además, con la necesidad de asegurar el respeto de todos a los derechos humanos. En esto no hay dos circunstancias idénticas y las reacciones deben necesariamente tener en cuenta las particularidades propias de cada caso. Pero lo cierto es que, según ha quedado rápidamente visto, el llamado principio de “no intervención” ya no sirve para tratar de asegurar impunidad para quienes, desde los distintos gobiernos, de pronto se atreven a violar sistemáticamente los derechos humanos de sus pueblos, pretendiendo escudarse tras él. Mal que le pese a Nicolás Maduro y a su ácida colaboradora, la ex canciller Delcy Rodríguez.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Europa no se hizo rica gracias al Estado de Bienestar

Por Iván Carrino. Publicado el 20/11/16 en: http://www.ivancarrino.com/europa-no-se-hizo-rica-gracias-al-estado-de-bienestar/

 

El viernes pasado estuve debatiendo sobre la coyuntura económica en C5N con, entre otros, el economista y profesor de la Universidad de Buenos Aires, Andrés Asiain. (El debate completo puede verse en este link).

Cuando yo sugerí que los países ricos y desarrollados (como los europeos), no conocen la pobreza como la conocemos nosotros (34% de la población que no puede comprar una Canasta Básica), dije que eso era porque no habían tomado medidas intervencionistas como inflación, control de precios, y porque se habían enriquecido gracias al comercio internacional.

Frente a esto, Asiain respondió:

Europa tenía hasta la Segunda Guerra Mundial a su población en la miseria y el hambre, fue después que se instaló un estado que empezó a hacer políticas públicas de intervención, de seguridad social, de subsidios, de controles de precios, etc., que logró crear el Estado de Bienestar que mejoró la vida de los europeos y que hoy lo están destruyendo

Bien, lo que dice Asiain es básicamente el conocimiento popular en la materia, pero  parte del famoso error de confundir correlación con causalidad. Es decir, se piensa que dado que Europa Occidental es un continente rico, y que hay allí políticas “de Bienestar”, son esas políticas las que lo hacen rico.

El argumento, sin embargo, no es cierto. En realidad, la Segunda Guerra Mundial hundió a Europa Occidental en la miseria por unos años, pero éste ya era un continente rico en comparación con el resto del mundo desde principios de la década del 20. Eso puede verse con claridad en el gráfico de abajo, armado en base a los datos de PBI per cápita recopilados por Angus Maddison.

Gráfico 1. PBI per cápita de Europa Occidental vs. América Latina y la Unión Soviética

 

europa

Elaboración propia en base a Angus Maddison

 

Los 12 países de Europa Occidental son Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Noruega, Suecia, Suiza e Inglaterra. Estos países ya venían acumulando riqueza gracias a la Revolución industrial y su apertura al comercio internacional, cosa que evidencian los gigantescos puertos de Hamburgo en Alemania y Rotterdam en Holanda.

Como se ve, ya en 1920 eran mucho más ricos que los países de América Latina tomados como promedio y que la Unión Soviética, en datos disponibles comparables para la misma época y medidos en dólares constantes internacionales. Creo que el gráfico es suficiente para mostrar que la frase “Europa tenía hasta la Segunda Guerra Mundial a su población en la miseria y el hambre”  no se corresponde con la realidad. Es más, podríamos decir que Europa era rica hasta la SGM, y se hundió en la miseria gracias a ella. Esta situación la pudo superar después, pero no por el Estado de Bienestar, sino por el crecimiento económico derivado de la situación de estabilidad y paz posterior al conflicto.

El Estado de Bienestar redistribuye la riqueza, pero hay que crearla en primer lugar, y para eso se necesita libre comercio y capitalismo. Además, en cualquier índice de libertad económica los países europeos superan a nuestro país, por lo que podemos decir tranquilamente que, a pesar de su Estado de Bienestar, tienen mucha más confianza en el liberalismo que la política económica argentina.

¿Te preguntarás qué pasaba con Argentina en esos años?

Gráfico 2. PBI per cápita de Europa Occidental vs. América Latina,  la Unión Soviética y Argentina

europa

Elaboración propia en base a Angus Maddison

Sí, éramos casi tan ricos como Europa antes de la Segunda Guerra. Una vez que estalló el conflicto, ellos se empobrecieron y nosotros, al mantenernos neutrales, la sacamos barata. Pero ya el populismo estaba latente en el país y luego el camino fue siempre divergente.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Dante Alighieri

Por Israel Lotersztain.

 

Todo indica que llegó a Ravena en torno al comienzo del año 1310. Tenía unos 45 años, pero los que lo conocieron por entonces coincidían en que parecía muchísimo más viejo, un anciano, incluso para una época en que se envejecía muy rápidamente. Es que su vida había resultado terriblemente dura, azotada por un inimaginable cúmulo de conflictos y sinsabores. Sin embargo ya era reconocido en toda la península como un valioso escritor, por lo que la ciudad costera le brindó un cálido reconocimiento. Y allí, con esa tranquilidad duramente alcanzada luego de una azarosa existencia, pudo finalmente dedicarse a culminar una gran obra que había meditado y probablemente iniciado algunos años antes.

Esa obra en cierta manera daba forma poética a su voluntad de reencontrarse, a través de la literatura, con la que había sido la gran pasión de su vida, la hermosa Beatrice, quien murió cuando ambos tenían tan solo 25 años.  Y el dolor provocado por esa temprana desaparición fue de tal magnitud que el florentino jamás pudo reponerse. Ese reencuentro con su amada, reencuentro que habría de posibilitar la maravilla del arte a través de la poesía, implicaba en su imaginación un peligroso viaje al mundo del Mas Allá. Al Universo donde reina la Muerte, un mundo en el que él, atravesando bajo la guía del poeta Virgilio el Infierno y el Purgatorio, alcanzaría finalmente el Paraíso donde se reuniría para siempre con el amor de su juventud.

Poco antes de morir culminó su obra. Y como el final resultaba feliz por expresarse a través de su unión en el Paraíso con Beatrice, la tituló: “La Comedia”. La inmediata posteridad, sea por la temática de la misma, o quizá porque rápidamente comprendió la grandeza de la obra del florentino, le agregó a ese título la calificación de “Divina”. Y así ella fue, desde entonces y para siempre, “La Divina Comedia”, esa inmortal creación de Dante Alighieri. Una creación fabulosa, sin duda alguna. No solo la obra literaria mas importante de la Edad Media, no solo la base del hermosísimo idioma italiano, no solo un punto de partida insoslayable para la literatura de los siglos por venir. Es además una de esas creaciones insólitas, cuya relectura siete siglos mas tarde sigue teniendo para nosotros una actualidad inaudita, acompañada de la certeza de que dentro de otros siete siglos esa actualidad seguirá persistiendo.

 

Por eso no es para nada casual que un joven fiscal italiano, el Dr. Antonio Di Pietro, al encabezar un famoso proceso denominado “Mani pulite”, utilizara reiteradamente en sus alegatos las alusiones al Dante. Un proceso que, como puede recordarse, bruscamente barrió del mapa italiano a toda una clase política. Una clase que sin embargo había resultado extremadamente exitosa, ya que había conducido a una Italia desde su estado de postración a fines de la Segunda Guerra Mundial hasta transformarla en una de las primeras potencias económicas del planeta. Pero se trataba de una clase política totalmente corrupta, en un nivel tal que se había vuelto insoportable para el pueblo italiano.

 

¿Y que decía Di Pietro en sus alegatos? El fiscal recordaba de que manera estaba construido el Infierno para el Dante: una serie de Círculos que se hundían cada vez más acercándose a Satanás. Y cuanto mayor fuera la magnitud del pecado, mas profundo se ubicaba el Círculo donde se castigaba a los pecadores, y peor el castigo. En el último, destrozados por las garras del mismísimo Señor de las Tinieblas, se torturaba a los grandes traidores: Judas Iscariote, Casio y Bruto que traicionaron a Cesar. Pero tan solo un Círculo por encima de lo más profundo, y en un lugar mucho peor aún que el correspondiente a los asesinos, los parricidas, los herejes, los ladrones, los adúlteros, el Dante ubicaba al infierno de los corruptos. Es que para él era evidente que la corrupción constituía un pecado muchísimo mas grave y mas abominable que cualquiera de los anteriores.

 

¿Y como describía a los corruptos en su Infierno? Los contemplaba inmersos en un río de brea o alquitrán, un río interminable mezclado con mugre y suciedad de todo tipo. En ese río siniestro los corruptos se movían frenéticamente, con insólita actividad, hacia un lado y hacia el otro, hacia arriba y hacia abajo, procurando entre otras cosas escapar al castigo de los demonios. ¡Cuán interesante, profunda y sobre todo perspicaz la descripción del Dante! Ya que su visión de la corrupción implicaba, como hoy sabemos muy acertadamente, varias características simultáneas. Por un lado actividad: los corruptos no cesan de moverse, de actuar. Por el otro oscuridad y disimulo, la brea cubre todo e impide ver lo que están haciendo, para ellos la opacidad es esencial. A eso se suma la viscosidad, lo untuoso… la brea es además pegajosa y maloliente. Y por último la suciedad, la mugre insoportable y total.

 

¿Y cómo es descripto el castigo? En ese infierno del Dante los demonios encargados del mismo pescan con enormes ganchos a los corruptos pese a sus esfuerzos por escapar y los destrozan con todo tipo de instrumentos torturantes, sin atender a súplicas de piedad. Pero los pedazos se vuelven a rearmar y el proceso recomienza eternamente. Y cuenta además el poema (que nos muestra a un Dante desenfrenado con ellos) que los peores corruptos son arrastrados por el río de alquitrán hasta unos campos de hielo en los que reina un frío infinito, y en los cuales un viento infernal quiebra sus cuerpos congelados hasta hacerlos saltar en mil pedazos, cuerpos que vuelven a recomponerse para seguir recibiendo el dolor y el castigo eternos.

 

Está mas o menos aceptado que las reglas de la profesión del historiador implican que éste debe tener con respecto a la corrupción una actitud mucho mas fría, más profesional que la del Dante, y por sobre todo no debe dejarse atrapar por exaltaciones como las que vimos caracterizaban al temperamental florentino. Y pese a lo difícil que por momentos pueda resultarle (especialmente si se trata de un historiador argentino), debe abstenerse de enunciar cualquier tipo de juicios de valor, debe calmar su irritación con ciertos protagonistas, y por sobre todo no debe formular pedidos de algún tipo de castigo póstumo, y menos aún descargar rencores si algún personaje objeto o no de su estudio o de su conocimiento aún está con vida. Está claro que él no es un fiscal como Di Pietro y aparentemente su serenidad es indispensable para comprender nuestra historia (y nuestro presente), pese a que con tal actitud corre el riesgo de que el propio Dante, quizá, lo hubiera caracterizado muy duramente. Es que probablemente uno de los fragmentos mas sublimes de la Divina Comedia lo constituye la descripción de la entrada al Infierno. El poeta comprueba allí que un número enorme de almas vaga sin destino, sin alejarse de su entrada pero sin penetrar en él. Recuérdese que de acuerdo a la teología medioeval era dual el posible destino de las almas: el Infierno para los pecadores, el Paraíso para los demás, sea directamente, sea pasando previamente por las angustias del Purgatorio.

 

¿Pero esas almas sin destino, a que tipo de personas corresponden? Virgilio se lo explica al Dante brillantemente: son las almas de aquellos hombres que jamás se jugaron, de los indiferentes y de los tibios. Aquellos seres especiales “que vivieron sin escándalos pero también sin honor. Los pusilánimes, los incapaces de asumir responsabilidad alguna, ni para sí mismos ni para los demás. A tan mezquinos individuos el Cielo no los quiso, pero tampoco el Infierno los ha aceptado”.

 

¿Será este el destino reservado a la tibieza de algunos historiadores?

 

Israel Lotersztain es Dr. en Historia Universidad Nacional de General Sarmiento. Participa de un proyecto de investigación sobre corrupción bancaria en ESEADE.

Un golpe mortal a la economía

Por Iván Carrino. Publicado el 31/8/14 en: http://opinion.infobae.com/ivan-carrino/2014/08/31/un-golpe-mortal-a-la-economia/

 

Para la mayoría de los economistas del mundo, Estados Unidos salió de la Gran Depresión gracias a la Segunda Guerra Mundial. En efecto, si uno mira los números del PBI norteamericano, 1940 es el año en que se regresa al mismo nivel que 1929. Sin embargo, esos números están fuertemente afectados por el esfuerzo prebélico del Gobierno, lo que hace que el PBI no sea la medida más adecuada para medir el bienestar de la ciudadanía. ¿Por qué? Porque los consumidores no están mejor cuando se fabrican tanques y ametralladoras, sino cuando se innova y se multiplican los bienes de consumo que mejoran directamente su calidad de vida.

Un indicador que tardó más en recuperarse fue la inversión privada, que recién superó los niveles previos a la crisis en 1946, una vez finalizada la guerra, dando lugar a una recuperación verdadera y sostenible que impactó directamente en la calidad de vida de la población. ¿Por qué tardó tanto la inversión privada en recuperarse y, por tanto, en sentar las bases para la recuperación sostenible? Para el economista Robert Higgs, se debió a la “incertidumbre de régimen”, es decir, a la “preocupación por parte de los inversores privados de que los derechos de propiedad sobre su capital y la renta que este produce serán atacados por la acción del gobierno. Tales ataques pueden surgir de muchas fuentes, que van desde simples aumentos de impuestos, a la imposición de nuevos tipos de impuestos, a la confiscación directa de la propiedad privada. Muchas amenazas intermedias pueden surgir de diversos tipos de regulación, por ejemplo, de los mercados de valores, del mercado de trabajo y los mercados de productos. En cualquier caso, la seguridad de los derechos de propiedad no descansa tanto en la letra de la ley sino en el carácter del gobierno que hace cumplir o amenaza esos presuntos derechos de propiedad”.

Como puede verse, Higgs no habla de otra cosa que de lo que conocemos como “seguridad jurídica” o “calidad institucional” y atribuye, nada menos que a este concepto, la demora de los Estados Unidos en recuperarse de la Crisis del 30. El tema no es menor ya que, por estos lares, el gobierno no parece entender bien la importancia de brindar seguridad jurídica o certidumbre de régimen. Para el Ministro de Economía, Axel Kicillof, el concepto en sí mismo es “horrible” y para la presidente Cristina Fernández son los empresarios y no el Gobierno los que tienen que “generar confianza”.

En este sentido, no solo impulsan una modificación a la Ley de Abastecimiento para perseguir a las empresas con la excusa de que ponen precios altos y acaparan mercadería, sino que ya han ensayado con más medidas del estilo como las discrecionales licencias de importación, las sucesivas prohibiciones para exportar productos, la confiscación de los fondos de las AFJP y la imposición de un sistema de control de cambios, donde luego de su flexibilización, solo a la porción más rica de la población se le permite ahorrar en dólares oficiales y hasta el 20% de sus ingresos.

Por si esto fuera poco, en un país que estuvo en default el 52% de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno entra nuevamente en suspensión de pagos por negarse a pagarle a los holdouts y propone al Congreso una ley para que unilateralmente se cambie la jurisdicción de pago. Esto no solo afecta los derechos de propiedad de los tenedores de bonos, sino que implica un mayúsculo incumplimiento de la sentencia de la Justicia norteamericana, enviando el mensaje de que Argentina es un país que siempre respeta las sentencias a menos que sean en su contra.

Tanto el default -voluntario o involuntario- como las medidas de intervención que le dicen a los empresarios “ustedes van a ganar plata cómo y cuando yo quiera”, son todos elementos que contribuyen a generar incertidumbre de régimen con el consecuente desincentivo a la inversión.

Los resultados de estas políticas están a la vista y por eso es que no solo es necesario que el Congreso no respalde ninguna de estas iniciativas, sino que aquellos que están pensando en postularse para las elecciones del 2015 tengan esto en cuenta y hagan de la seguridad jurídica la piedra fundamental de su política económica. De no ser así, seguiremos la senda del deterioro que emprendimos hace más de 50 años.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.

Los Castro, una creación de Washington

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 2/7/14 en http://www.elheraldo.hn/opinion/712737-368/los-castro-una-creaci%C3%B3n-de-washington

 

Existe gran distancia entre quienes creen que la libertad es un fin y quiénes sabemos que es el camino eficiente para la realización del hombre. A los primeros, para conseguir su objetivo, en el camino no les importa violar la libertad y, semejante incoherencia, conduce a empeorar la situación. Cuando la realidad es que solo transitando por la libertad –como ausencia de coacción violenta– y su correlato la paz, se realiza la plena vocación de la persona, superando el temor que supone transitar hacia el desconocido futuro.

Con el fin de “terminar con las tiranías”, los Aliados lanzaron la Segunda Guerra Mundial (SGM) y, luego de cercenar libertades en sus países y enormes pérdidas materiales y humanas, lograron consolidar a la URSS, la tiranía estalinista, que terminó cayendo sin guerras, pacíficamente. El camino debió ser la libertad y la paz: sin la SGM Hitler hubiera caído, por propio peso, provocando menos daño y más rápido que la poderosa Unión Soviética. No consolidada la URSS, difícilmente la tiranía castrista hubiera crecido. Pero Washington, además, con la invasión de Bahía de Cochinos y Guantánamo, dio a los Castro la excusa para militarizar la Isla. Y el gobierno de Estados Unidos de América continuó e impuso “sanciones a Cuba”, violando las libertades de sus ciudadanos y fortaleciendo el encierro en la isla cárcel.

Ahora más de 40 personalidades dirigieron una carta a Obama pidiendo que se atenúe el embargo, impuesto a Cuba desde hace más de 50 años. En un inédito consenso, exaltos políticos y militares, demócratas y republicanos, y destacados empresarios piden que apruebe unilateralmente, evitando de momento el engorroso trámite en el Congreso, nuevas medidas ejecutivas de apoyo a los emprendedores y la sociedad civil en la isla, con las que ganen “mayor libertad” para poder ser “catalizadores de un cambio significativo” en Cuba. Obama tiene una “oportunidad sin precedentes” dado que la mayoría de los estadounidenses apoya un cambio, según una reciente encuesta.

También interesante es lo que, según Andrés Oppenheimer, asegura que el presidente colombiano de que si sus negociaciones de paz con la guerrilla de las FARC tienen éxito, Colombia, que ya superó a la Argentina como tercera economía latinoamericana, crecerá más de 7% anual. Oppneheimer duda. Definitivamente es cierto que la paz y la libertad potencian enormemente el crecimiento, pero muchos inversores están más preocupados por problemas regulatorios –surgidos, precisamente, de la coacción estatal– y, además, un acuerdo con la cúpula de las FARC no necesariamente traerá la paz, porque muchos guerrilleros encontrarán más rentable seguir en el tráfico ilegal, ilegalizado por la coacción estatal.

Para terminar destaquemos el viaje del papa Francisco a Tierra Santa. Lleva a un rabino y a un profesor musulmán, de Buenos Aires, y para el gobierno israelí es “un verdadero amigo del pueblo judío” y me consta que es verdad, pero aun así visita una de las zonas más conflictivas donde, durante 2013 se produjeron 22 ataques vandálicos a lugares cristianos perpetrados por ultraortodoxos. Pero Francisco se moverá como lo hizo por Lampedusa, Río de Janeiro y cada miércoles por la plaza de San Pedro. En un coche descubierto, sin más protección que su propia cercanía. Y, definitivamente, no es suicida sino que sabe que la paz y la cercanía son mejor protección que los guardias armados, que pueden ser contraproducentes.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.