Cuando son los dioses los que gobiernan, la decadencia es el resultado

Por Aldo Abram: Publicado el 5/3/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/03/15/cuando-son-los-dioses-los-que-gobiernan-la-decadencia-es-el-resultado/

Hay que convencer al Capitán de este barco que no cometa los mismos errores que las anteriores tripulaciones. Debe encarar las reformas estructurales pendientes o terminará chocando nuevamente contra el mismo iceberg

El presidente Alberto Fernández (EFE/José Méndez/Archivo)

El presidente Alberto Fernández (EFE/José Méndez/Archivo)

Cuando llegan al gobierno, muchos funcionarios parecen volverse dioses. En el primer día determinan los precios; en el segundo, deciden dónde se ahorra; en el tercero, en qué se invierte; en el cuarto, ordenan cómo producirán de los distintos sectores; en el quinto, establecen cómo la gente tiene que trabajar; en el sexto, organizan las relaciones financieras y comerciales de los residentes con los que viven en el exterior; y en el séptimo, descansan, para eso son Dioses.

El gran problema es que no lo son y no saben más que el resto de los que habitan el suelo argentino sobre cómo invertir o ahorrar la propia plata, cómo producir o manejar un negocio, cómo comerciar o negociar con los extranjeros ni cuánto valen las cosas. Por otro lado, muchos políticos y funcionarios creen que, para financiar su perseverante derroche desde el Estado, ellos pueden “multiplicar los panes y los pesos”. Por eso, al final, todo sale mal y vienen las crisis; porque no pueden hacer milagros.

El problema es que a casi todos ellos les enseñaron que “la sociedad produce, ahorra, exporta, importa, trae dólares o se los lleva, invierte, etc.”. Por lo tanto, si un gobierno te nombra como funcionario es para que administres todo lo que hace la sociedad, que los votó para eso. Sin embargo, no conozco ninguna sociedad, excepto las “personas jurídicas” formadas por individuos, que haga todas esas cosas. Lo hace la gente o las mencionadas asociaciones de personas que se unen para hacerlas.

A muchos que leen estas líneas les debe parecer bien que así sea; pero si logra ahorrar no le debe gustar que le prohíban comprar más de 200 dólares en el mercado oficial y que, por adquirir hasta ese monto, lo castiguen con altos impuestos. Puede ser que le resulte razonable que se fijen los precios y tarifas de lo que consume; pero reclamaría horrorizado si esos mismos funcionarios le redujeran el ingreso o le fijaran un valor menor que el cree que tiene su auto o casa que está por vender. Es lamentable, pero sólo nos damos cuenta que se está violando un derecho cuando a quien se lo están avasallando es a uno mismo. Si es a otro y, eso nos favorece, está todo bien.

Es así como al día de hoy hemos llegado a tener más de 170 impuestos y tasas municipales. Logramos que Argentina esté, entre 190 países, en el puesto 21 de los que más exprimen a sus empresas con gravámenes. Todo esto porque los gobiernos perseveran en gastar cada vez más a costa del sector productivo y, la mala noticia, es que ni así les alcanza; por lo que absorben el crédito que debería ir a producir más. En una palabra, el Estado crece y crece, nunca se ajusta; porque muchos políticos y economistas dicen que así “la economía crezca”. Sin embargo, al quitarle los recursos para producir e invertir al sector privado, lo único que logran es que se achique (ajuste) quien genera lo necesario para pagar los sueldos y gastos propios y, a través de impuestos y tasas, los del Estado. No parece la mejor forma de garantizar un crecimiento sustentable, por el contrario sólo asegura la historia de más de 80 años de decadencia argentina.

Las regulaciones con las que los funcionarios pretenden ordenarnos cómo hacer las cosas superan las 67.000. Es imposible conocerlas y cumplirlas, sobre todo para las Pymes, a las que asfixian. Por otro lado, no es verdad que la legislación laboral protege los derechos de los trabajadores, que son todos. Es decir, los que tienen un empleo formal o están en “negro” o no lo tienen. En realidad, sobreprotege al que tiene la suerte de estar en “blanco” y excluye de esa posibilidad a todos los demás. En los últimos 20 años, hubo gobierno de todos los tipos y períodos de gran crecimiento; pero en cualquiera de ellos más del 40%, y probablemente más del 50% de los argentinos, estaba desocupado, en la informalidad o tenía un seguro de desempleo disfrazado de puesto público o plan asistencial. Lo único que fue permanente en todo ese tiempo, es la normativa laboral que destruye puestos de trabajo productivo formal.

Lamentablemente, en su discurso ante el Congreso, el Presidente no habló de solucionar los problemas de fondo que tiene la economía y que son la causa de la decadencia que nos lleva de crisis en crisis. Sólo propuso parches, como las leyes sectoriales que pretenden incentivar que se invierta en donde ellos consideran relevante o estratégico. Para ello, les moderan el impacto enormemente negativo de las distorsiones y la presión tributaria que se vienen acumulando desde hace décadas y que, en la actualidad, se están agravando. Es como si el Capitán del Titánic les dijera: “Sé que dicen que vamos a chocar contra ese iceberg; pero igual siga viaje con nosotros. Lo pasaremos de tercera clase a primera sin que pague más y le garantizaremos un bote salvavidas, por las dudas”. No creo que haya cola de pasajeros aceptando esta propuesta. Mucho menos en la Argentina, donde cuando fue de conveniencia de la gestión de turno o cambió la idea de qué es estratégico fomentar, nuestros gobernantes han violado dicho tipo de leyes cambiándolas inconstitucionalmente en forma retroactiva. Como sucedió en la anterior gestión K con la Ley de Minería quitándoles beneficios impositivos que ésta les había otorgado.

Por ello, más allá de la actual recuperación, que también el gobierno de Cambiemos la tuvo, hay que convencer al Capitán de este barco que no cometa los mismos errores que las anteriores tripulaciones. Debe encarar las reformas estructurales pendientes o terminará chocando nuevamente contra el mismo iceberg.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) . Sigue a @AbramAldo

¿Se ajustará alguna vez la política?

Por Enrique Aguilar: Publicado el 12/1/21 en: https://eleconomista.com.ar/2021-01-se-ajustara-alguna-vez-la-politica/

¿Se ajustará alguna vez la política?

El reciente episodio protagonizado por la directora del INADI, quien reveló haber hecho beneficencia con dinero ajeno al contratar a gente cercana y presuntamente necesitada porque “para eso está el Estado”, es un testimonio más de la inconexión existente entre la clase gobernante y el común de los mortales argentinos. La política, en efecto, siempre propensa a colonizar el Estado y convertida desde hace tiempo en un ámbito de movilidad social ascendente, se ha mostrado porfiadamente incapaz de dar el paso inicial, revisando sus propias cuentas antes de obligar a la sociedad a incrementar las suyas con más impuestos y restricciones de toda índole.

¿Cómo se explica, por ejemplo, que con nuestros exorbitantes niveles de pobreza tengamos veinte ministerios, con el tendal de dependencias que ello supone? ¿Cuántas oportunidades ofrece este exceso de organismos para la generación de contratos de los que luego algunos hacen usufructo? ¿Cómo se explican las remuneraciones que se perciben en muchos de esos ámbitos que, como señaló la revista “Criterio” en un editorial titulado “¿Cuánto Estado puede sostener el sector productivo?”, “alimentan el deseo cargos públicos en profesionales jóvenes conscientes de lo difícil que les resultaría alcanzar esos ingresos en ámbitos privados”? ¿Qué decir de las exenciones impositivas, los regímenes especiales y demás privilegios enquistados en los poderes del Estado que, por lo pronto, resultan incompatibles con el principio de igualdad “como base del impuesto y de las cargas públicas” consagrado por nuestra Constitución?

El recurso a una mayor presión fiscal, en un país que ha perdido el sentido del límite en este como en tantos otros terrenos, no puede sino consternar todavía más a una clase media que viene siendo esquilmada indisimuladamente por gobiernos tan faltos de voluntad como de imaginación para recortar gastos. Un ejemplo reciente nos sirve de ilustración. Me refiero a la alícuota del 1,2 % en concepto de Impuesto a los Sellos que se aplica desde ahora sobre las compras y débitos por tarjetas de crédito de ciudadanos residentes en CABA. Se trata, como siempre, de la solución más fácil y al alcance de la mano para quienes prefieren no pagar el precio de revocar una regla no escrita de nuestra vida política, a saber: la que estipula que los ajustes siempre deben recaer sobre el sector privado.

Las críticas se han hecho oír prontamente con respecto a este nuevo gravamen al consumo: por el contrasentido que supone su imposición al mismo tiempo que se pretende alentar la recuperación de la actividad económica (“quieren estimular la economía agobiando al que la pone en marcha”, adujo el presidente de la CAME, Gerardo Díaz-Beltrán); porque desalienta la bancarización y aumenta la informalidad, e incluso por sus vicios de legalidad al vulnerar –según se ha advertido también– normativas vigentes que impiden gravar con dicho impuesto instrumentos que no revisten los caracteres exteriores de un título jurídico válido, como ocurre con los resúmenes de tarjeta de crédito que obran meramente como una liquidación de gastos.

Por su parte, el Gobierno de CABA (cuya estructura y plantilla de empleados parecen fuera de toda proporción) defendió el nuevo tributo aludiendo a la necesidad de compensar la pérdida originada en la decisión del gobierno nacional de redirigir un porcentaje de la coparticipación que percibía la ciudad. Asimismo, se respaldó en la necesaria “armonización” con otras jurisdicciones que ya aplican este impuesto, argumento cuando menos absurdo para los que creemos que un buen gobierno debería caracterizarse por “armonizar” para mejor, pero nunca para peor.

Manso rebaño de sus sucesivos pastores, el sector productivo parece indefectiblemente condenado a obedecer y pagar, aceptando un sacrificio nunca compartido por el Estado en sus distintas jurisdicciones. ¿Por qué habría de ocurrir lo contrario? ¿Qué incentivos tiene la dirigencia política para cambiar sus viejas mañas? ¿Acaso cabe pensar que un individuo, habituado a maximizar sus intereses, habría de relegarlos a un segundo plano por el solo hecho de acceder a una función pública? Antes de crear nuevos impuestos, sería más que revelador para la opinión pública conocer con exactitud algunos detalles de un gasto público descomunal que, en un mano a mano con los contribuyentes, ningún funcionario se animaría en su sano juicio a defender y cuya prolija revisión, sea que redunde o no en un ahorro verdaderamente significativo, se impone por sí misma, como gesto no solo político sino primariamente moral.

Decía Benjamin Constant que, “en determinadas épocas, hay que recorrer todo el círculo de las locuras para volver a la razón”. ¿Habremos recorrido los argentinos todo ese círculo? Es un interrogante que nos invade a estas horas.

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Ex Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM. Es autor de libros sobre Ortega y Gasset y Tocqueville, y de artículos sobre actualidad política argentina.

¿Cuánto caerá el PBI en 2020?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 29/4/19 en: https://www.ambito.com/cuanto-caera-el-pbi-2020-n5028788

 

¿Cuánto caerá el PBI en 2020?

Mucho nerviosismo la semana pasada, el dólar rozando los $47 y el riesgo-país superando 1.000 pb para luego bajar. El Gobierno lo adjudicó a la “incertidumbre política”, en particular a Cristina. Pero el 18 de marzo, como recordó Mariano Fernández, cuando Macri anuncia su reelección, el riesgo-país sube de 721 a 768 y el dólar cotizaba a $40,92. Entre otros empresarios, “No creo que Cristina sea el cuco… los mercados internacionales deciden que les conviene invertir o no”, opinó Martín Cabrales.

La verdad es que el mercado -el capital- es un sistema anterior al hombre -y por ello no lo puede controlar- que actúa fríamente, sin “expectativas” y totalmente al margen de cuestiones políticas. Sí es cierto que, cuando la injerencia estatal es fuerte, el humor de los políticos puede degenerar todo y, por tanto, hay que andar adivinando qué harán para escapar, no del mercado, de los políticos.

Y hablando de cuestiones políticas, muchos ahora dicen que Macri los desilusionó, pero la verdad es que hace lo mismo desde que asumió en la CABA, 14 años atrás: aumentando el peso del Estado (impuestos, endeudamiento/tasas altas, inflación) sobre el sector productivo y por eso, no por otra cosa, la economía cae. Por cierto, decir que hubo “gradualismo” es incoherente: de haberse ido hacia una economía de mercado “gradualmente”, el país debería haber crecido lentamente.

Nervioso, el Gobierno toma medidas contraproducentes. La tasa de las Leliq subió al 73% anual intentando frenar al dólar. Luego el BCRA vendió -regalo, de nuestros bolsillos- dólares futuro para operaciones superiores a 5 M por un total de u$s200 M. Y, además, el Tesoro vendió -regaló a un máximo de $45,7432- los u$s60 M diarios, más las ventas por parte de bancos oficiales.

Con esto, quizás, logren dormir por un rato al precio del dólar, pero la devaluación del peso se debe directamente a la inflación, que no afloja, y nada tiene que ver con la oferta de dólares. Regalar billetes verdes -como regalar ganancias futuras vía altísimas tasas-, por el contrario, es inflacionario desde que absorbe demanda de pesos en tiempo real.

El BCRA, en 11 ruedas, perdió u$s5.583 M básicamente por el pago de bonos, la mitad del aporte de abril, por u$s10.835 M, del FMI. A lo que hay que sumar una “fuga de capitales” por u$s900 M. Por razones como esta, y no por “incertidumbre política” el riesgo-país sube.

Además de aumentar las tasas y fogonear la inflación, suben impuestos. Las anotaciones en el registro de Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior (DJVE) sumaron 7,6 M de toneladas recientemente. Las agroexportadoras quieren anticiparse a un aumento de retenciones. Según rumores, el FMI pide cambiar el esquema -en $4 y $3 por dólar exportado- dejando un porcentaje fijo del 10% para todos los productos y mantener el 30% para el complejo sojero.

En el período enero/marzo la recaudación por derechos de exportación (DEX) fue de $50.500 M, suba de 476% i.a. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, el aporte del campo y la agroindustria en 2019, por DEX, por sobre lo aportado en 2018 equivale al 0,8% del PBI proyectado, “este aporte adicional equivale a cubrir… 60% del (déficit fiscal primario) que se esperaba para 2019”. No sólo es irreemplazable dado el derrumbe de la recaudación en IVA y Ganancias -por la caída del PBI-, sino que el Gobierno aumentará la presión impositiva en general, dado el modelo macrista: una auténtica bola de nieve.

El Gobierno desmintió el cambio en retenciones. “Habrá medidas, pero no van en esa dirección”, o sea, retenciones o no, los impuestos se aumentan. Hoy, ruralistas se reunirán con Etchevehere, y probablemente se medirá la reacción del campo. Por otro lado, a pesar de la fuerte caída del consumo, las fintech crecen al 110% i.a. precisamente porque hasta ahora -pronto podría no ser tan así- no les cae el Sirtrac, el nuevo mecanismo anticipado de cobro de Ingresos Brutos a las transacciones con tarjetas.

De modo que, a pesar de los pronósticos del FMI, el BM, la CEPAL, y los del REM que ya corregirán como hacen sistemáticamente y siempre tarde, el PBI en 2020 caerá con la muy probable reelección de Macri y quizás más todavía si gana la oposición. Aunque es imposible saber cuánto, es imposible saber qué tan irresponsables serán los políticos.

Para remate, los países desarrollados no vienen tan mal como se creía y, entonces, los capitales tienen más motivos para quedarse y no venir a emergentes. La economía de EE.UU. creció 3,2% en el primer trimestre de 2019, por encima del 2,5% esperado y del 2,2% registrado sobre el final del año pasado. La inflación -índice de precios del PCE-, por su parte, fue del 0,6%, debajo del 1,5% del último trimestre de 2018. Y en marzo se crearon 196.000 empleos.

Así, se disipan las preocupaciones de una recesión a corto plazo. Wall Street vuelve a moverse en máximos tras el batacazo a finales de 2018. De modo que, durante la reunión -mañana y el miércoles- de la Fed para fijar las tasas de interés, muy probablemente se reconfirme que no las subirán en 2019.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Para Abram el cepo era “asfixiante” y el déficit fiscal es “insostenible”

Por Aldo Abram: Publicado el 11/1/16 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2016/01/11/para-abram-el-cepo-era-asfixiante-y-el-deficit-fiscal-es-insostenible/

 

El economista Aldo Abram, director de la Fundación Libertad y Progreso, aprobó el levantamiento del cepo cambiario dispuesto por el Gobierno, ya que -a su criterio- esa restricción “asfixiaba a gran parte de la economía argentina” y generaba un “subsidio, una tremenda transferencia” de los sectores productivos a los consumidores, al tiempo que urgió a achicar el déficit fiscal que “es insostenible”.

En declaraciones a radio Continental, Abram sostuvo que “el problema urgente a resolver era levantar el cepo porque asfixiaba a gran parte de la economía argentina, todo lo que era el sector productivo de bienes, cuyos precios dependen del tipo de cambio oficial”.

Explicó que la restricción cambiaria afectaba a sectores como “las economías regionales” en tanto que en el campo “se producía cada vez menos, excepto soja. Los exportadores cada vez vendían menos al exterior; en el 2015 solo el 10 por ciento de los exportadores pymes exportaron, es decir nada; la industria, en su gran mayoría estaba decreciendo”.

Dijo que mientras que el sector productivo está afectado “por el otro lado se veía récord de venta de entradas de cine, restaurantes llenos, la gente viajando al exterior gastando los dólares que se suponía que no había”.

Graficó que durante el kirchnerismo “el país real era que el cepo generó un tremendo subsidio, una transferencia enorme de la riqueza de los sectores productores de bienes, a los consumidores”.

Dijo que una vez resuelto el tema del cepo “ahora le da la oportunidad de crecer al sector productivo” y lo que hay que resolver, gradualmente, es la parte fiscal.

“Tratar de mantener este nivel de déficit fiscal del año pasado es como la época de la crisis de 1989, con una hiperinflación, donde habían terminado de quebrar al Banco Central”, graficó.

Sobre el déficit fiscal dijo que “es insostenible. Hay que hacer algo para resolverlo. En los últimos años hemos sumado 1.800.000 empleados públicos. Echar a la mitad, aunque se debería, es gente con familia. Para que la gente vaya al sector privado hay que generarle puestos”, reflexionó.

Sugirió que los empleados estatales que estén sin tarea pueden ser puestos en “disponibilidad” y, si consigue un puesto en el sector privado, “se le pagan las cargas previsionales”.

Según los cálculos del economista, de esta manera el Estado ahorra dos tercios del sueldo de la persona por un tiempo: “Hay que buscar este tipo de esquema, que lleva tiempo implementar”, reflexionó.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .