Ni herencia, ni gradualismo. Macri (y los del REM)

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 11/3/19 en: https://www.ambito.com/ni-herencia-ni-gradualismo-macri-y-los-del-rem-n5020072

 

Ni herencia, ni gradualismo. Macri (y los del REM)

Tal cual escribo desde hace trece años, la economía caerá con Macri. Dicho sintéticamente, cree que la locomotora es el Estado y, consecuentemente, lo ha “potenciado” a costa del sector privado -el mercado, las personas, el pueblo- cada vez más expoliado y asfixiado.

Se equivocaron -y feo, por ignorancia- quienes creyeron que Macri es pro mercado; se equivocaron -y muy feo, por ignorancia- quienes lo justificaron argumentando que había recibido una pesada herencia. Si recibió el vaso vacío, eso era una “bendición” política porque, con poco que hubiera hecho -solo un par de gotitas-, el cambio habría sido radical: ¡de nada a tener agua!

Se equivocaron -y feo, por ignorancia- quienes lo criticaron porque, supuestamente, era “gradual”: nunca lo fue, en el sentido de una economía libre, de haber sido así el mercado se habría expandido “gradualmente” pero se contrajo, porque, si hubo “gradualismo”, fue en el aumento a la expoliación del mercado: cada vez más impuestos, inflación y endeudamiento/tasas altas.

Pero Macri no estuvo solo, los registros históricos del REM que realiza el BCRA muestran cómo las “consultoras” allí encuestadas le creyeron al Gobierno -y lo alentaron- y erraron y yerran sistemáticamente en sus pronósticos. Creyeron que el PBI crecería por una mayor cosecha o un mejoramiento de Brasil u otros argumentos mercantilistas que no van al fondo: crece el Estado parásito.

De paso, tampoco es cierto lo que dicen conservadores y clásicos sobre el ajuste, la reducción del gasto y el déficit cero. Estrictamente, lo que destruye a la economía no es el gasto en sí -EE.UU. tiene uno muy superior y crece- que, eventualmente, podría financiarse con dineros del Estado: vendiendo sus incalculables propiedades.

Lo único malo del Estado es la absorción coactiva de recursos -impuestos, inflación, tasas altas- porque son, precisamente, recursos que el mercado en pos de la eficiencia económica no entrega voluntariamente, sólo con coacción, y la violencia siempre destruye, a la eficiencia en este caso.

Y con estos fondos el Gobierno pretende, entre otras cosas, reactivar vía el consumo. El aumento del 11,8% en jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares y la suba extraordinaria del 46% en la AUH y el pago de la ayuda escolar, por única vez en 2019, de $1.700, inyectarán este mes al mercado $21.100 M adicionales. Poco.

Según el Ieral, considerando la evolución de los ingresos de trabajadores, jubilados y beneficiarios de planes durante el primer semestre los ingresos familiares tendrían una caída i.a. en términos reales de hasta 7%. Pero en el segundo semestre se recuperarían entre 9% y 11% i.a. Irreal.

Se basan en una inflación de hasta 35% anual para 2019 cuando no hay razones de fondo para creer en una recuperación, del PBI, y sí que la inflación podría equiparar, y hasta superar, a la de 2018, del 47,6%. En enero el IPC ya subió 2,9%, en febrero superaría el 3,5% y empeora, así la caída de los ingresos en términos reales superará estas estimaciones. Con esta errada idea de la inflación, para el Ieral la pobreza retrocedería 3 puntos en 2019 desde el 33% de 2018. Por el contrario, la pobreza tiende a de aumentar.

Por mostrar un disparate, las pymes para financiarse -hasta hace días cuando la tasa de las Leliq bajaba- con cheques avalados de pago diferido tienen que pagar 39% anual, en tanto que en los bancos la tasa ronda el 60%. Ahora, el BCRA, asustado con la suba del dólar -creyendo que provoca inflación cuando es al revés- vuelve a subir las tasas lo que, irónicamente, si provoca inflación desde que -además de destruir la producción- disminuye la demanda de dinero: ya en febrero, la demanda cayó 31% i.a. en términos reales.

Y se pincha la burbuja de la Bolsa inflada por la falsa “calma cambiaria”, el dólar artificialmente planchado. Así la subida de un 20% -en pesos y en dólares- de enero queda atrás, y va camino de quedar debajo de 2018 en términos reales. En lo que va de 2019 el S&P Merval gana un 6% en dólares y cae. Entretanto, el riesgo país supera las 750 unidades y podría batir récords pronto.

Para peor, el viento de frente recrudece. La economía global se debilita, incluyendo EE.UU. que en 2018 creció 2,9%, cuando Trump prometió superar el 3%, y empeora. Otra promesa incumplida es la de reducir el déficit comercial: su proteccionismo produjo el efecto contrario, lógico. El déficit creció hasta los u$s621.000 M en 2018, 12,5% más que en 2017 y 23% más que cuando Trump llegó a Washington.

Entretanto, el Banco Central Europeo decidió retrasar la suba de tasas para fines de 2019, y nuevas inyecciones (TLTRO) de liquidez a largo plazo para la banca, lo que tiene doble lectura: más liquidez, pero más temor por el futuro económico. De hecho, las Bolsas globales empeoraron y más al conocerse el viernes la débil creación de empleo en EE.UU. y el desplome de las exportaciones de China. Por cierto, desde 2009 cuando Wall Street marcó su mínimo tras la crisis de las hipotecas basura, el SP500 subió 318% mientras que los salarios sólo 27,6%.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Por qué Argentina no crecerá con este “modelo”

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 30/1/19 en: https://www.ambito.com/por-que-argentina-no-crecera-este-modelo-n5013245?fbclid=IwAR1ipIgk2X46P77SEL6ZlN24WsWVnyZST_l9BFw-Mm5nTCn2lSdBYKAfORQ

 

Por qué Argentina no crecerá con este modelo

Dados dos motivos fundacionales, la eficiencia económica es una cualidad exclusiva del mercado (la sumatoria de las personas individuales). Primero, porque es el que la define: un tren puntual, rápido y bonito que llega al desierto, no sirve a nadie, es económicamente ineficiente. Segundo, es necesario competir. Un jugador, solo, no tiene marco de referencia ni contrincante que lo incentive a superarse.

Así, el Estado, es necesariamente ineficiente. No compite o porque es monopólico -como AySA- o porque tiene fondos inagotables del tesoro -como Aerolíneas Argentinas– de modo que no necesita ser eficiente, basta con ser “políticamente correcto”.

Entonces, el modelo oficial al aumentar el peso estatal sobre el sector privado sólo incrementa la ineficiencia y, por tanto, la economía caerá. Podrán inflar el PBI circunstancialmente -como en 2017- con entrada de dinero por préstamos, buena cosecha y mejora en la balanza comercial, pero el sistema seguirá perdiendo eficiencia, productividad.

Y los datos muestran que el peso estatal se agranda a costa de las personas. El Estado tiene tres modos de absorber recursos. Primero, con impuestos.

Según el IARAF, la presión tributaria que en 2018 finalizó en 32,6% del PBI (0,02% encima de 2017) llegará al 33,4% en 2019. Y esto a pesar de que entre 2015 y 2018 el gasto público bajó cuatro puntos del PBI, según Abeceb. Sucede que creció el servicio de la deuda y que la presión fiscal debe computarse sobre el PBI del sector privado, que cayó.

Dicen que la presión fiscal en Argentina llega al promedio de los países de la OCDE. Suponiendo que sea cierto, hay que sumar los otros dos modos de absorción de recursos: la inflación, 47,6% de disminución del valor de la moneda debido al exceso de emisión para solventar gastos estatales, y el tercer modo, el endeudamiento/tasas altas.

Un informe del Bank of America Merrill Lynch muestra que los préstamos al sector privado, en relación con el PBI, llegan al 18% en Argentina -el promedio de la región es 45% y en los emergentes llega a 90%-; el resto se lo “llevó” el Estado.

Pero hasta inflar el PBI con fondos del exterior se va a complicar, porque el “viento” parece ser de frente. Mientras el “brexit” se demora, entre hoy y mañana, se realiza otra ronda de negociaciones entre China y EE.UU. dentro de la tregua comercial que finaliza el 1 de marzo. Dejemos de lado, el suspendido cierre del Gobierno en EE.UU., además de los datos de empleo y crecimiento a ambos lados del Atlántico, hoy también se conocerán los resultados de la reunión de la Fed. Según el FedWatch, el 68,4% de los analistas cree que no moverá las tasas durante 2019 y 4,2% cree que podría hasta bajarlas en diciembre, dada la desaceleración global, y la sombra de recesión en EE.UU.

Habrá que ver si la Fed insinúa que se trata de una pausa, para tomar fuerzas, y seguir subiendo las tasas cuando los mercados se estabilicen. Además, es importante ver si decide finalizar el adelgazamiento de su balance antes de lo previsto. Desde el inicio de la dieta en 2017, la reducción trepa a u$s400.000 M, lo que tendría el mismo efecto que dos subidas de tasas, de 25 pb cada una, según Natixis.

Así, la tasa de fondos federales actual estaría cerca del 2,875%, el extremo superior de lo que la Fed considera neutral (2,8%). Y si reduce su balance en otros u$s400.000 M en 2019, equivaldría a una subida de otros 50 pb llevando la política monetaria a “territorio restrictivo”.

También hoy al anunciar el reembolso trimestral -de la próxima semana- el Tesoro aumentaría las ventas de deuda, para financiar el creciente déficit dado el crecimiento del gasto y de los servicios de la deuda, récord, de u$s16 B. La cantidad total de títulos a 3, 10 y 30 años que se ofrecerán en la próxima subasta de reembolso se estima en $84.000 M, 1.000 M más que hace tres meses.

La emisión de deuda nueva neta total del Tesoro en 2018 ascendió a u$s1,34 B, contra u$s550.000 M en 2017. En 2019, sería de u$s1,4 B y oscilaría entre u$s1,25 y 1,4 B en los próximos cuatro años. A pesar de la inundación de oferta, los rendimientos del Tesoro no se elevan debido a la firme demanda.

Pero el problema de la deuda global empieza a preocupar. Gracias a tasas del 0% ofrecidas por los bancos centrales, según el Instituto Internacional de Finanzas (IIF) superó el 318% del PBI global en el tercer trimestre de 2018. Y no sólo es deuda pública sino, sobre todo, privada que no está en entidades financieras. Hoy la cifra ronda u$s72 B, frente a 27 B de hace una década.

Y, dadas las perspectivas, los inversores se están deshaciendo de los bonos de deuda. Pero no sólo los principales compradores, los bancos centrales, también muchos secundarios. De hecho, según los datos que maneja Bank of America Merrill Lynch, el pasado año salieron u$s63.000 M de fondos de deuda corporativa, lo que ha llevado a acuñar el término Crexit para definir estos reembolsos en bonos corporativos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El plan quinquenal: la decadencia

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 17/12/18 en: https://www.ambito.com/el-plan-quinquenal-la-decadencia-n5005427

 

Desde el inicio de su mandato como jefe de Gobierno porteño quedó claro que Mauricio Macri provocaría la decadencia del país. Al llegar a la Nación siguió con el mismo “modelo”.

Mauricio Macri

Es imposible mejorar y ser eficiente, en cualquier actividad, sin competencia: no se puede ser buen tenista sin un contrincante, solo peloteando en un frontón, ni se puede ser un buen equipo de fútbol -como Riber, con la B de Bernabeu- solo tirando pelotas al arco. Por lo que solo la actividad privada en competencia -desregulada- es eficiente. En contraposición con la actividad estatal, que jamás es competitiva, o porque el Estado le garantiza “reservas de mercado” o porque, como Aerolíneas Argentinas, no compite realmente desde que el Estado le asegura “los goles”, es decir, que el Tesoro le gira todos los fondos necesarios para cubrir su déficit y, así, no tiene aliciente para ganar.

Por esto es que, un país es eficiente y crece en la medida del tamaño de su sector privado competitivo e, inversamente, decrece cuanto más se agranda su sector estatal. Así las cosas, desde el principio de su mandato en la CABA, quedó claro que Macri provocaría la decadencia del país: con la excusa de que, por ser opositor, la Nación no le giraba fondos, aumentó impuestos, regulaciones, empleados públicos y empresas estatales, es decir, aumentó la ineficiencia a costa del sector privado.

Y, al llegar a la Nación, como era de esperarse, continuó con el mismo “modelo” que dice que “es el correcto” y los burócratas internacionales lo apoyan -obvio, son burócratas estatales- con lo cual, como seguramente será reelecto según veremos, Argentina tiene por delante otro quinquenio de decadencia.

De los tres años de gobierno de Macri en la Nación, sólo en uno, 2017, el PBI creció, pero no verdaderamente, sino inflado gracias a créditos que supusieron un brutal aumento de la deuda -y de las tasas de interés, quitando recursos al sector privado-, siendo que en el acumulado registra una caída de algo más del 18%. Por su parte, el dólar aumentó casi 300% y, según Eco Go, la inflación acumulada se rondará el 158% a pesar de haber sido contenida por la recesión que dificulta inhibe que los empresarios aumenten precios, mientras que la suba de tarifas acumulada hasta este diciembre rondará el 280%.

Por cierto, quitar subsidios es de justicia si y solo si se les devuelve a los consumidores el correspondiente porcentaje de los impuestos con los que se solventaba ese subsidio, pero Macri “se quedó con el vuelto”: subió tarifas y no bajó impuestos, por el contrario, los subió provocando una fuerte -y muy injusta- caída en el poder adquisitivo de la gente. Mientras que en 2018 los salarios aumentaron sólo 31%, la suba interanual de precios terminaría en alrededor del 47,5%.

Dicen quienes justifican a Macri que, si bien los números no son buenos “se hicieron cambios estructurales” y que la culpa de la caída del PBI en 2018 habría sido de la sequía y la crisis cambiaria. Pues no hubo tal crisis, salvo en la imaginación de quienes no saben cómo justificar sus erradas predicciones, sino solo una previsible y justa apreciación del dólar.

Y no recuerdo que ninguna economía seria, ni Japón, ni EEUU, ni Alemania, que tuvieran caídas en el PBI por culpa de una sequía, o de un tsunami, o de un huracán como Katrina que destrozó, literalmente, a Nueva Orleans y el PBI de EE.UU. ni se inmutó. Si recuerdo, en cambio, que desde que China comenzó a realizar verdaderos cambios estructurales, “promercado”, su PBI entro rápidamente en una espiral de crecimiento de hasta el 13,5% anual llegando a ser hoy la segunda economía global.

Y la crisis argentina se profundiza. La construcción cayó 6,4% anual en octubre de este año, la industria 6,8%, el comercio minorista (CAME), la venta de autos 0 km y los despachos de cemento mostraron fuertes caídas mientras que la recaudación de la AFIP subió solo 34% anual, muy por debajo de una inflación que rondaría el 47%, proyección que pone en jaque al Presupuesto 2019. La Bolsa porteña cae más del 50% en dólares en lo que va de 2018 y empeora.

El 52% de los productores del campo cree que la situación de su empresa está peor que el año pasado, según SEA-CREA, a pesar de ser el sector más optimista, y un 70% de los consultados aseguró que no cree que estén dadas las condiciones para realizar inversiones. En el agro, las necesidades de financiamiento de las compañías serán mayores en la campaña 2018/19 respecto de la anterior, lo que se va a complicar notoriamente con estas altísimas tasas a partir de las de referencia que, del 70%, por ahora bajaron al 59%.

Por cierto, los REM del BCRA parecen un ranking de quién yerra más, habría que premiarlos con el récord Guinness. Todos los gurús empezaron diciendo que en 2018 se crecería alrededor de 3% y 3,5% en 2019 y lo peor del caso es que lo dijeron sin fundamento serio, pero aun así siguen pronosticando con la misma “certidumbre” y ahora dicen que, si bien habrá una caída del PBI de un -2,4% en 2018 y alrededor de -1% en 2019, en el famosísimo “segundo semestre” de 2019 empezaría la recuperación, dicen.

Entretanto, el FMI en octubre de 2017 estimó que el PBI en 2019 crecería 3,2% y ahora dice que caerá -1,7%. Si seguimos la curva de las proyecciones que venía haciendo (para 2019, +3,2%, luego +1,5% y ahora -1,7%) en marzo del año que viene dirá que el PBI caerá más del -3% en 2019 y aún más en 2020 y esto sí se acercará más a la realidad.

Además, tiene sentido lo que dicen muchos analistas -como el Estudio Broda– de que la curva de rendimientos de los bonos argentinos está indicando que el mercado tiene “serias dudas” sobre el financiamiento público a partir de 2020, cuando el programa financiero oficial asume que se recupera el acceso a los mercados de deuda en condiciones razonables. La asistencia del FMI se reduce y cubre 14,7% de las necesidades brutas. Y podría ocurrir una “reestructuración de deuda post 2019” salvo que el riesgo-país baje de los 500 puntos cuando hoy ronda los 750 y tiene ganas de seguir subiendo.

En el Gobierno insisten en que el rendimiento de los bonos que vencen luego de las elecciones “reflejan el riesgo político post electoral”. No es muy serio que en el mercado todavía se dude de la reelección de Macri y que esto traiga cierta incertidumbre.

Los mejores científicos políticos de EEUU tienen esto de las campañas muy estudiado. Las personas no votan racionalmente -de todos modos, los políticos dicen una cosa y luego hacen otra, de modo que no se los puede votar por sus programas- sino con “el corazón”. En particular, en el caso de las mujeres el proceso psicológico es muy parecido al de “elegir un marido”. Así, termina ganando básicamente quién tiene más y mejor publicidad y el oficialismo, al tener el aparato de gobierno, gana lejos en esto.

Además, más allá del discurso, la gente es conservadora, o sea, prefiere “malo conocido que bueno por conocer”. Total, que gana las elecciones quién va por la reelección en un porcentaje muy alto de veces: de los 24 presidentes -regulares, no como Gerald Ford que asumió por renuncia de Nixon- que fueron por la reelección en EEUU, 17 fueron reelectos, es decir el 70%, porcentaje que se eleva mucho en países con tendencias populistas como el nuestro. Así ganaron Menem, Cristina, Evo, Dilma Rouseff, Bachelet, Ortega, Santos, Correa, etc. Y pasa lo mismo a nivel diputados y senadores que van por la reelección, los “incumbents” que, según estadísticas recogidas por OpenSecrets.org, en más del 90% de los casos ganan la reelección.

O sea que Macri será reelecto, salvo una “catástrofe nuclear” que muy difícilmente ocurra. Ni siquiera el hecho de que el juez federal Claudio Bonadio haya citado a Franco y a Gianfranco Macri, padre y hermano del Presidente respectivamente, y aun recordando al “arrepentido” primo Calcaterra, podría cambiar esto.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Los números fiscales indican que hay que acelerar el gradualismo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 23/1/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/01/23/los-numeros-fiscales-indican-que-hay-que-acelerar-el-gradualismo/

 

La semana pasada el ministro Nicolás Dujovne presentó las cifras de diciembre y de todo 2017

 

Como era de esperar, Hacienda presentó un panorama fiscal alentador donde muestra un sobrecumplimiento de la meta de reducción del déficit fiscal primario, que en vez de ser 4,2% de PBI terminó siendo 3,9% de PBI en vez del 4,2% que se había puesto como meta.

En 2016 el déficit fiscal primario, es decir, sin considerar los intereses de la deuda pública, fue del 4,3% del PBI, con lo cual la reducción del déficit fiscal fue de 0,4% del PBI.

El problema es que el gradualismo requiere de financiamiento del déficit fiscal mientras el Gobierno se toma su tiempo para bajarlo. Es decir, hay un costo financiero por escapar al shock que son los intereses de la deuda pública que hay que pagar mientras se llega al equilibrio fiscal.

En 2016, los intereses de la deuda pública (sin considerar los intereses de la gasto cuasifiscal que genera el Banco Central) fueron 1,6% del PBI y en 2017 subió a 2,2% del PBI. Es decir, el gasto financiero aumentó 0,6 puntos del PBI contra una baja del déficit primario de 0,4 puntos del PBI.

En otras palabras, el rojo fiscal, incluyendo los intereses de la deuda, como corresponde, fue del 5,9% de PBI y del 6,1% del PBI, lo que significa que el modelo gradualista, tal cual está planteado, no converge hacia el equilibrio.

El debate ya deja de ser cuánto tiempo nos financian desde afuera para ir bajando gradualmente el déficit fiscal, sino que, de acuerdo a los datos de 2017, hay que preguntarse si nos van a financiar un desequilibrio fiscal creciente.

Y por favor que no me vengan con la historia de que los intereses se refinancian. Ya tuvimos varias experiencias al respecto para saber que no nos financian cualquier nivel de déficit fiscal.

Insisto, aquí el problema del ritmo de gradualismo que aplica el Gobierno conduce a un aumento del déficit fiscal y no a una baja. Aclaro lo del ritmo de gradualismo porque es obvio que no todos los cambios se pueden hacer de un día para otro, pero tener un rumbo de cambio es fundamental y, lamentablemente, no se observa ese rumbo de cambio en materia fiscal, y si lo hay es muy leve donde el peso del ajuste recae por completo sobre el sector privado lo cual impide tener tasas de crecimiento económico sostenidas.

Veamos un par de números

El gasto en subsidios económicos (tarifas de luz, agua, gas, etc.) se redujo en $65.466 millones en 2017 respecto a 2016. Esto es producto del incremento de las tarifas de los servicios públicos, pero el gasto en subsidios sociales como AUH, Argentina Trabaja, Pensiones no contributivas, etc. aumentó $82.267 millones. Todo lo que se ahorró de gasto y que salió del bolsillo del consumidor fue a parar a más subsidios sociales, incluso un 26% más, cuando en rigor debería haber disminuido la presión impositiva. Es importante aclarar que en ese incremento no se incluyen las mayores erogaciones por jubilaciones y pensiones.

En otras palabras, la gente paga más por la luz, el gas, el transporte, etc. pero la idea debería ser que el menor gasto por la reducción de subsidios económicos se tradujera en menor carga impositiva o por lo menos en una reducción final del déficit fiscal.

(Adrián Escandar)

(Adrián Escandar)

Vale la pena aclarar que si el Gobierno destina cada vez más dinero a planes sociales, lejos estamos de transitar una política económica exitosa, entendiendo por exitosa una política económica que cada vez más gente se mantiene gracias al fruto de su trabajo y no de subsidios sociales.

Suele argumentarse que no se puede ir más rápido porque si se recortaran los planes sociales o se redujera el número de empleados públicos habría un estallido social y se perdería gobernabilidad. Uno nunca sabe si este es un argumento para continuar con cierto grado de populismo que permita seguir ganando elecciones o si realmente hay temor a adoptar esas medidas.

Sí podemos afirmar que no va a haber financiamiento indefinido para esta política fiscal populista. Puesto de otra forma, es cierto que el Gobierno quitó el cepo cambiario, eliminó los controles de precios y se respira un aire de menores regulaciones, pero en lo fiscal no se observan cambios contundentes. Por otro lado, como siempre sostengo, es preferible endeudarse para bajar el gasto público, mejorar rápidamente el flanco fiscal y despejar el horizonte de dudas que hay respecto a ese punto, que continuar endeudándose para cubrir el déficit fiscal.

Considerando que los números fiscales no tienden a cerrar, el argumento que si se hace otra cosa los opositores le prenden fuego al país es ridículo, porque uno podría decir que es cambiar un incendio de la oposición por el incendio que puede producirse si se corta el financiamiento externo para cubrir unas cuentas públicas que no tienden a cerrar sino que tienden a ampliar la brecha fiscal.

Justamente, el presidente Mauricio Macri acaba de iniciar un viaje para, entre otras cosas, tratar de captar inversiones. Pasamos de la lluvia de inversiones a la danza de la lluvia de Les Luthiers. La realidad es que no hace falta hacer ningún viaje. Los inversores en el exterior saben muy bien la situación económica y política del país. Afuera también hay internet y se sabe que las cuentas fiscales no cierran.

El inversor externo y el local saben que ya no existen las locuras de Moreno, las torpezas de Kicillof o las arbitrariedades de Cristina Fernández. Pero esas son condiciones necesarias pero no suficientes para invertir en Argentina. Porque los inversores miran y saben que la presión impositiva es la misma, la legislación laboral es similar y la inconsistencia fiscal sigue estando presente.

En síntesis, nadie pide cambiar 70 años de decadencia en dos años de gobierno de Cambiemos. Lo que se pide es que el Gobierno tome conciencia que este ritmo de gradualismo no lleva a buen puerto.

 Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

La economía se arregla cambiando los valores

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 8/9/16 en: http://economiaparatodos.net/la-economia-se-arregla-cambiando-los-valores/

 

Una política económica que va logrando sus objetivos de crecimiento no necesita aumentar los planes sociales, los disminuye

Si uno tuviera que definir cuál es el desafío mayor para solucionar el problema económico heredado del kirchnerismo, un problema monumental por cierto, inevitablemente tiene que señalar el institucional, entendiendo por institucional las normas, reglas, códigos, leyes y costumbres que rigen en un país y regulan las relaciones entre los particulares y entre los particulares y el estado.

Ahora bien, esas reglas, normas, códigos, leyes y costumbres surgen, en última instancia, de los valores que predominan en una sociedad. Si en una sociedad todos quieren vivir a costa del trabajo ajeno, vamos a tener un orden institucional de saqueadores. Todos robándose a todos usando al estado como el gran ladrón. Es decir, el estado usando el monopolio de la fuerza para quitarle el fruto de su trabajo a un sector para dárselo a otro. Ese saqueo generalizado desestimula la cultura del trabajo, la inversión y, en definitiva, reduce la riqueza y lleva a la pobreza.

Cuando uno lee el comunicado de prensa del Ministerio de Economía que describe Aspectos Relevantes del Proyecto de Presupuesto de la Administración Nacional 2017 se encuentra con frases como esta: “Las políticas presupuestarias para el Ejercicio 2017 referidas a la política social, seguirán siendo la prioridad del Gobierno Nacional, con el objetivo de avanzar hacia “Pobreza Cero”. Para esto, se seguirá extendiendo la asistencia del Estado y ampliando el alcance de sus políticas sociales”. Es decir, se insiste en generar planes sociales en vez de trabajo. Una política económica que va logrando sus objetivos de crecimiento no necesita aumentar los planes sociales, los disminuye. No pretendo que de un día para otro se elimine la totalidad de los planes sociales, pero sí pretendo que no se sigan ampliando como una forma de vida. Insisto, una política económica exitosa logra reducir los llamados planes sociales, una política que fracasa en atraer inversiones y crecer, incrementa los planes sociales. En mi opinión es función de los gobernantes, particularmente de los estadistas, ir mostrando el camino de la dignidad del trabajo y lo denigrante de los planes sociales. Podrá argumentarse que el oficialismo necesita en 2017 ampliar su fuerza en el Congreso. Que necesita tener más poder político para poder frenar los embates del kirchnerismo. Ahora bien, si la única manera de ganar elecciones y frenar al peronismo es con sus mismas políticas, entonces estamos en un problema.

Insisto por enésima vez. No estoy diciendo que mañana hay que firmar un DNU anulando todos los planes sociales, solo estoy diciendo que corresponde a un buen gobernante actuar como guía en la cultura del trabajo. En los valores que deben imperar en una sociedad.

En última instancia todas las crisis monetarias, inflacionarias, cambiarias y corridas financieras tuvieron su origen en crisis fiscales, y las crisis fiscales se generaron a partir de un gasto público imposible de ser sostenido por el sector privado. Por otro lado, la enorme carga tributaria que pesa sobre la población que trabaja en blanco se origina en la necesidad de financiar ese gasto público desaforado que, por competencia populista, va aumentando de elección en elección para ganar votos ofreciendo más planes “sociales”, empleo público y subsidios de todo tipo.

Lo que quiero transmitir es que el gasto público y la presión tributaria, con las consecuentes crisis periódicas, no crecen  y se producen por generación espontánea. Hay una demanda de populismo y una oferta de populismo. La gente demanda más gasto público con la esperanza que otro pague la cuenta. Y como nadie quiere pagar la cuenta el estado cada vez asfixia más al sector privado formal para quitarle recursos y financiar el gasto.

Lo normal es que los impuestos nunca alcancen y se termine financiando el gasto con deuda que finalmente también se defaultea por el aumento del gasto que generan los impuestos que devenga y con emisión monetaria, hasta que la inflación destruye la popularidad del gobierno de turno. Es decir, siempre terminamos en una crisis por problemas fiscales derivados del aumento del gasto público. Pero nuevamente, ese aumento del gasto público es fruto de los valores que imperan en la sociedad. “Valores” como sentirse con derecho a que otro me mantenga, me pague la vivienda, me de protección a la competencia de las importaciones, me subsidie la producción. Todos piden gasto público, que pasa por el presupuesto o que no pasa por el presupuesto pero que en definitiva es costo fiscal o peso para el resto de los sectores de la sociedad.

Si aceptamos que los desbordes de gasto público derivan en crisis fiscales y que el aumento del gasto público es consecuencia de los valores que imperan en la sociedad, esas 17 páginas que leí sobre las características del proyecto de ley de presupuesto que el Ejecutivo acaba de enviar al Congreso, no hacen más que consolidar esos valores que destruyeron la Argentina porque insisten en el subsidio, el asistencialismo estatal y el populismo en general.

No encontré en esas 17 páginas una sola frase en la que se diga que esos planes son transitorios, que el esfuerzo no lo hace el estado sino que lo hacen los sufridos contribuyentes y que el que recibe esos planes sociales tiene que estar agradecido con el contribuyente que lo mantiene mientras encuentra trabajo.

Para colmo, luego de 12 años de keynesianismo exacerbado, nos proponen reactivar la economía con más gasto público. Ni Keynes hubiese formulado semejante propuesta con esta tasa de inflación.

En definitiva, lo preocupante del texto del Ejecutivo sobre el presupuesto es que ni siquiera contiene un discurso que remarque la transitoriedad del asistencialismo populista. Diría que hasta contradice las declaraciones del mismo Macri cuando afirma que hay que generar inversiones y crear puestos de trabajo.

En síntesis, para cambiar en serio hay que comenzar a tener otro discurso. Un discurso que muestre como transitorio y excepcional el asistencialismo estatal y que no es el estado el que lo financia, sino el contribuyente. Personas de carne y hueso que están obligados a trabajar para mantener a su familia y a familias que no conocen.

Al menos empecemos por cambiar el relato de lo bueno que son los políticos con la plata ajena y dejemos en claro que estos no son recursos que caen del cielo como el maná, sino que es dinero que se le quita al contribuyente. No es un acto bondadoso del político, es un sacrificio que hace la gente que trabaja en blando. Ahí empezaremos a cambiar los valores que vienen destruyendo la Argentina desde hace 70 años.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Lord Keynes y el pleno empleo

Por Gabriel Boragina: Publicado el 11/9/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/09/lord-keynes-y-el-pleno-empleo.html

 

M. Keynes ha pasado a la historia económica como el paladín del “pleno empleo”. Sin embargo, aun no se encuentra suficientemente difundido (especialmente entre el vulgo) que sus recetas nunca consiguieron el tan ansiado objetivo y que, lejos de obtenerlo, tampoco podrían hacerlo, dado que su teoría para llegar a ello, fue y es -desde todo punto de vista- inviable.

Examinemos a continuación más en detalle la falacia keynesiana:

“Keynes argumentaba en La Teoría General que la economía de libre mercado no contenía ningún mecanismo interno para asegurar el pleno empleo. La debilidad crucial, decía, yace en la relación entre el ahorro y la inversión. La gente tiende a consumir más cuando sus ingresos suben, pero este incremento no es tan grande como el aumento en el ingreso. En otras palabras, también se ahorra una parte del aumento del ingreso. El problema, insistía, es que el ahorro es “no-gasto” y si la gente no gasta todo el ingreso extra que ganan, los empresarios pueden no tener el incentivo para invertir lo suficiente para emplear a todos aquellos que quieren trabajos a los salarios establecidos. Como resultado, una gran parte de la mano de obra puede acabar desempleada porque el sector privado ha fallado en crear suficientes puestos de trabajo. La economía, por tanto, se puede quedar atascada durante un periodo prolongado en lo que Keynes llamó un “equilibrio con desempleo”. ¿No podrían mejorar los trabajadores sus perspectivas aceptando salarios monetarios más bajos? No, insistía Keynes, porque los trabajadores sufren de una “ilusión monetaria” -incluso cuando los precios estuvieran cayendo y un recorte en los salarios no les afectara en términos de poder de compra, los trabajadores rechazarían aceptar menos dinero-“.[1]

El error de Keynes consistía en que impugnaba como “falsa” la ley de la oferta y la demanda, también denominada “Ley de Salidas” de Say. De haber aceptado la verdad de esta ley básica de la economía habría advertido que su planteo era por completo equivocado. Pero no era su único desconocimiento, sino que tampoco tenía claro cómo funcionaban el ahorro y la inversión, lo que brinda evidencia que sus conceptos sobre ambos también eran oscuros. No obstante, su ataque principal estaba dirigido contra el ahorro, que Keynes asimilaba por completo al atesoramiento, campo este último donde también padecía de una severa confusión. En suma, parecía creer que -en última instancia- lo que provocaría el desempleo sería el excesivo ahorro, lo cual bien sabemos que resulta por completo falso. En su diseño mental, suponía que la única forma de generar empleos era mediante el consumo íntegro del ingreso por parte de la gente, lo que demuestra la falacia de las conexiones causales que establecía en su “teoría”. El pleno empleo sólo reconoce una exclusiva y única causa : la total ausencia de interferencias regulatorias por parte de los gobiernos en el mercado laboral, es decir el más absoluto y riguroso respeto a las convenciones pactadas en los contratos laborales celebrados en el marco de la más incondicional libertad entre empleadores y empleados. En otras palabras, lo necesario para la existencia de pleno empleo es la no interferencia del gobierno en el mercado laboral, y no las abstrusas “elaboraciones” keynesianas.

“En vez de pedir que los trabajadores aceptaran cobrar menos, Keynes estaba a favor de aumentar el nivel general de precios para que los empresarios pudieran obtener beneficios sin recortar los salarios. En otras palabras, la solución de Keynes para el desempleo era la inflación de precios.”[2]

También proponía la misma solución respecto de los salarios, lo que demuestra un nuevo desconocimiento adicional de la teoría keynesiana, a saber: en qué consiste realmente la inflación y cuáles son sus efectos. En realidad, los empresarios no podrían obtener beneficios si por un excesivo nivel de precios los consumidores se veían impedidos de aumentar sus compras, lo que hacía necesario que por un mecanismo análogo (inflacionario) se aumentara el poder de compra de los asalariados. No obstante, Keynes tampoco parecía advertir que en el mediano y largo plazo la inflación no aumenta el poder de compra real del salario. Lo que se genera en los hechos, es una carrera infernal entre precios y salarios (en rigor, entre dos tipos de precios diferentes, pero ambos precios al fin).

“Déficit público. El gasto deficitario del gobierno proporcionaría una demanda adicional al mercado, empujando los precios hacia arriba y estimulando la contratación. Esta política continuaría hasta que se consiguiera el “pleno empleo”. Pero debido a que, desde el punto de vista de Keynes, los empresarios eran normalmente cortoplacistas e irracionales en sus miedos acerca de las perspectivas de las inversiones, el sector privado siempre se retrasaría en crear trabajos. El gobierno tendría que estar constantemente al control de los instrumentos monetarios y fiscales, inyectando gasto en la economía para evitar que volviera a hundirse en niveles de desempleo inaceptables.”[3]

A esa demanda adicional del gobierno es a lo que los keynesianos llamarían pomposamente “demanda agregada”. Keynes creía que las mayores ganancias de los empresarios, fruto, a su turno, del aumento de precios generado por la demanda adicional del gobierno, impulsarían a una superior contratación de empleo, pero es de sentido común saber que no necesariamente habría de ser así. En realidad, también en eso se equivocaba Keynes. El mayor gasto de consumo gubernamental podría tener como efecto –alternativamente- un incremento de los gastos personales o familiares del empresario en cuestión, o el atesoramiento empresarial, o bien mayor inversión en tecnología, dado que los empresarios siempre están alertas a cualquier oportunidad de abaratar costos. Es verdad que esta mayor inversión en tecnología podía, indirectamente, crear nuevo empleo, pero -al mismo tiempo- antiguos puestos de trabajo desaparecerían como fruto de la innovación tecnológica. Por otra parte, el gasto continuaría empujando los precios al alza, desalentando la demanda de los trabajadores que no pudieran afrontar esos aumentos.

[1] Richard M. Ebeling.”Hazlitt y el fracaso de la economía keynesiana”. The Freeman. Ideas on Liberty. Nº 2

[2] Ebeling R.”Hazlitt y el…” op. cit. p. 2

[3] Ebeling R.”Hazlitt y el…” op. cit. p. 2

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Opinar diferente también es ayudar al Gobierno

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 28/8/16 en: http://economiaparatodos.net/opinar-diferente-tambien-es-ayudar-al-gobierno/

 

El debate franco siempre genera ganancias para las partes

Cada vez me sorprende más la cantidad de gente que quedó tan asustada con el kirchnerismo que a la más mínima diferencia que uno plantea con las medidas que toma el gobierno de Cambiemos, reaccionan tipo k, es decir con agresión o, los más educados, diciendo que hay que tener paciencia o bien argumentando que hay que apoyar al gobierno como sea.

Si uno descarta a los macristas que reaccionan como los k, se encuentra con un universo que, a mi juicio, lejo está de aportar algo positivo para reconstruir el país y evitar que vuelvan los k, regreso que, creo, es bastante poco probable. Tal vez podría volver el peronismo, pero bajo otro de los múltiples formatos que tienen para tratar de mantenerse en el poder.

Creo que es un grosero error otorgar un cheque en blanco al que se vota. Uno vota a una persona en un momento determinado para que administre la cosa pública, dentro de un gobierno limitado entendiendo por gobierno limitado un gobierno que no puede utilizar el monopolio de la fuerza para violar los derechos individuales. La larga decadencia argentina es consecuencia de idealizar a personas como salvadoras de la patria, cuando en realidad son las instituciones las que salvan a un país. Las que lo hacen progresar. Y las personas son solo administradoras transitorias de la cosa pública dentro de ese marco institucional de un gobierno limitado.

Ahora bien, considero que descalificar o mirar con desconfianza al que opina diferente sobre cómo encarar la herencia recibida del kirchnerismo, no solo implica adoptar un comportamiento igual al del kirchnerismo que no tolera ninguna opinión diferente a la de la mandamás, sino que además no contribuye a lograr el éxito del gobierno diciéndole a Macri sí bwana a todo lo que hace. El apoyo constructivo es mostrar las diferencias cuando se las ve, y queda a decisión de Macri aceptar las opiniones diferentes o rechazarlas. Pero se equivocan quienes creen que no opinar diferente es ayudar al gobierno. Al contrario, de todo debate uno siempre sale fortalecido.

Si yo tengo una opinión sobre cómo encarar un tema y otra persona tiene una visión diferente, del debate pueden surgir dos opciones. Una opción es que la otra persona me convenza que estoy equivocado, en cuyo caso salgo ganando porque me saca del error. La otra opción es que la otra persona acepte que yo tengo razón, en cuyo caso, no gané la discusión, sino que gané confirmando mi teoría.

Insisto, acá no se trata de ganar la discusión, sino de encontrar soluciones a los problemas que dejaron los k. Y en esa búsqueda de soluciones hay diferentes opiniones que el debate franco siempre genera ganancias para las partes.

Pregunta para el debate: la ausencia de un plan económico global que el gobierno no quiere aplicar, ¿aleja o acerca la vuelta de la horda k? El plateo es válido porque si a la gente todo el tiempo la van limando con medidas que afectan su nivel de vida pero no le explican la herencia recibida, para qué se adoptan esas medidas y cuáles serán los resultados finales, la gente vive la transición sin esperanza porque no entiende para qué está haciendo el esfuerzo. Es como poner a dieta a una persona y no explicarle que al cabo de cierto tiempo va a bajar de peso.

Lo peor es que el PRO se esfuerza por mostrarse como un gobierno progresista al punto que tiene a un ministro de economía que viene del progresismo, pero la gente lo identifica como de derecha. Incluso los que los votaron lo ven como un partido de derecha a pesar de continuar con la misma política impositiva, los mismos planes sociales y el mismo nivel de gasto público y estado ineficiente que tenía el kirchnerismo. Así, el PRO paga todos los costos de una política que no asume cambios profundos y continúa con la estructura de la decadencia argentina, pero no cosecha los beneficios políticos del populismo.

Lo que pretendo transmitir es que la mejor contribución que uno puede hacer para que el kirchnerismo quede sepultado para siempre, es contribuir a implementar un plan económico consistente que la gente comprenda rápidamente sus beneficios, para entrar en una sólida senda de crecimiento que destierre el clientelismo político de los planes sociales.

Esa es la mayor objeción que hoy se le puede formular al gobierno. Por miedo a desarmar la estructura estatal que se fue construyendo a lo largo de décadas y explotó en envergadura con el kirchnerismo, el PRO mantiene esa legión de planes sociales y ñoquis entrando en una competencia populista con el peronismo en todos sus formatos.

Nadie pretende que de un día para otro se cancelen todos los planes sociales ni se echen a todos los millones de empleados públicos que hay en el estado, solo se busca iniciar un camino. Decir que el tamaño del estado va a seguir siendo éste pero bien administrado es no comprender el problema. La plata no alcanza para financiarlo y encima ese estado elefantiásico aplasta al sector privado que es el que lo sostiene con los impuestos confiscatorios que cobra el estado.

El gobierno habla que la salida es el crecimiento. ¿Cómo puede crecer el sector privado con un estado que lo aplasta? Y si no hay crecimiento basado en un plan económico consistente, la pobreza y el empleo público seguirán siendo el alimento del populismo y los aspirantes a autócratas.

En definitiva, si el gobierno quiere cambiar en serio este lago proceso de decadencia, quienes decimos lo “políticamente” incorrecto somos los que más contribuimos a cambiar el país, porque cumplimos la misión de decir las cosas que el gobierno, por corrección política, no puede decir. Todos sabemos que hay que bajar el gasto público. Si en el gobierno no se animan a decirlo por razones políticas, los “salvajes” liberales cumplimos una función de oro al decir lo que el gobierno no puede decir.

O sea, los que empujamos hacia el cambio y marcamos nuestra diferencia, somos más útiles que los que le dicen sí bwana a todo lo que dice el gobierno por miedo a que vuelvan los k.

Para salir de este populismo hace falta audacia, no timoratos temerosos de los k que no se animan a formular opiniones diferentes pero constructivas.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE