Monetary Equilibrium and Monetary Theory: The Case of Nominal Income Targeting, by Nicolas Cachanosky (Routledge International Studies in Money and Banking) 1st Edition

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 3/12/17 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2017/12/03/monetary-equilibrium-and-monetary-theory-the-case-of-nominal-income-targeting-by-nicolas-cachanosky-routledge-international-studies-in-money-and-banking-1st-edition/

 

This book examines the case of nominal income targeting as a monetary policy rule. In recent years the most well-known nominal income targeting rule has been NGDP (level) Targeting, associated with a group of economists referred to as market monetarists (Scott Sumner, David Beckworth, and Lars Christensen among others).

Nominal income targeting, though not new in monetary theory, was relegated in economic theory following the Keynesian revolution, up until the financial crisis of 2008, when it began to receive renewed attention. This book fills a gap in the literature available to researchers, academics, and policy makers on the benefits of nominal income targeting against alternative monetary rules.

It starts with the theoretical foundations of monetary equilibrium. With this foundation laid, it then deals with nominal income targeting as a monetary policy rule. What are the differences between NGDP Targeting and Hayek’s rule? How do these rules stand up against other monetary rules like inflation targeting, the Taylor rule, or Friedman’s k-percent?

Nominal income targeting is a rule, which is better equipped to avoid monetary disequilibrium when there is no inflation. Therefore, a book that explores the theoretical foundation of nominal income targeting, comparing it with other monetary rules, using the 2008 crisis to assess it and laying out monetary policy reforms towards a nominal income targeting rule will be timely and of interest to both academics and policy makers.

TABLE OF CONTENTS

1. Introduction

2. Free Banking and Monetary Equilibrium

3. The Productivity Norm and Nominal Income Targeting

4. Nominal Income Targeting and Monetary Rules

5. Nominal Income Targeting with Monetary Disequlibrium

6. Nominal Income Targeting as Policy Outcome versus Market Outcome

7. NGDP Targeting and the 2008 crisis

8. Policy Reforms Towards Nominal Income Targeting as a Rule

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Una crítica al monetarismo de mercado.

Por Adrián Ravier: Publicado el 24/10/14 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/10/24/una-critica-al-monetarismo-de-mercado/

 

Ivo Sarjanovic nos ofreció hace un tiempo una síntesis de un nuevo movimiento llamado “Monetarismo de Mercado“, el que intenta generar una segunda contrarrevolución en el ámbito científico. Hoy queremos compartir una nota crítica de Shawn Riteneour a esta teoría, con el objeto de impulsar o abrir el debate. A continuación copiamos una traducción al español que tenemos gracias al esfuerzo del Instituto Mises Hispano.

Si el lector no ha leído antes la nota de Sarjanovic, sugerimos comience leyendo aquella, para luego estudiar esta nota crítica.

Objetivo de PIB nominal: Monetarios de nuevo cuño o keynesianismo al viejo estilo

Al inicio del pánico financiero y la recesión económica de 2008, se revisaron múltiples políticas macroeconómicas. Algunos economistas argumentan que la crisis demuestra una necesidad de alejarse de una política monetaria discrecional al estilo de la de Ben Bernanke y por el contrario adoptar alguna norma de política monetaria. Una de las normas propuestas es el objetivo de PIB nominal (PIBN), popularizado por un grupo de economistas que han recibido el alias de “monetaristas de mercado”.

El monetarismo de mercado es sobre todo un fenómeno de la blogosfera, siendo los blogs más prominentes The Money Illusion, de Scott Sumner, The Market Monetarist, de Lars Christensen y Macro and other Market Musings, de David Beckworth. El más conocido del grupo, Scott Sumner (2012; 2011) ha escrito dos obras de investigación que explican su visión de la política monetaria y Christensen (2011) ha escrito un papel de trabajo que resume el trabajo del grupo.

Pero el monetarismo de mercado y el objetivo de PIBN han empezado a abrirse paso en los medios de comunicación, think tanks y también en el mundo político. El economista Tyler Cowen calificó al día en que la Reserva Federal anunció la QE3 como “día de Scott Sumner”, atribuyendo parcialmente a la influencia de los blogs de Scott Sumner el movimiento expansionista de la Fed. El experto de la CNBC, Larry Kudlow, ha alertado contra el objetivo de PINB y por tanto cambiado su tono previamente crítico sobre Bernanke. James Pethokoukis, un columnista del enormemente influyente American Enterprise Institute, ha estado utilizando el monetarismo de mercado para tratar de convencer al Partido Republicano para aprender a dejar de preocuparse y amar el helicóptero.

Por desgracia, a pesar de la reciente popularidad del monetarismo de mercado, el objetivo de PIB nominal no consigue el fin de ayudar a la coordinación macroeconómica. La teoría y política monetarista de mercado son insatisfactorias principalmente porque los monetaristas de mercado usan un marco teórico defectuoso al analizar la actividad económica, entienden mal cómo entran las expectativas en la toma de decisiones económicas y no reconocen las consecuencias reales de la política monetaria necesaria para estabilizar las expectativas de PIBN.

Los monetaristas de mercado ven lo que llaman “desorden monetario” como la causa del desplome financiero de 2008 y la consiguiente recesión (Christensen 2011, pp. 2-3). Al hacerlo, rechazan explícitamente la idea de inversión de capital como origen del ciclo económico (Sumner 2012, p. 132). También afirman creer en los mercados, suponiéndolos “eficientes y enfocados al futuro” (Christensen 2011, p. 29).

Destacan la naturaleza del enfoque al futuro de los mercados porque, para los monetaristas de mercado, las expectativas parecen prevalecer sobre todas las demás consideraciones. Así, ven el crecimiento esperado del PIBN como un mejor indicador de la política monetaria que los tipos de interés o la oferta monetaria real (Sumner 2012, pp. 143-151). Ven los tipos de interés como el precio de los fondos prestables, pero no reconocen que el tipo de interés es realmente una relación entre los precios de los bienes presentes respecto de los precios de bienes futuros o que la transacción no se produce solo en el mercado de los fondos prestables, sino de manera más importante a lo largo de toda la estructura de producción.

Al mismo tiempo, se argumenta que el actual nivel de precios y PIBN son mucho más dependientes de las expectativas actuales acerca de la oferta monetaria futura de lo que son de la oferta monetaria actual (Sumner 2012, p. 144). Como los mercados se enfocan al futuro, una política monetaria exitosa sería una que estabilice el PIBN esperado, porque los cambios repentinos en el PIBN esperado son los que causan perturbaciones macroeconómicas (Sumner 2012, p. 130).

La supremacía de las expectativas en su análisis puede verse en su explicación de la Gran Recesión. Se afirma que el origen del desplome financiero de 2008 fue contraccionista para la política de la Reserva Federal lo que hizo que los inversores se dieran cuenta de que la Fed no podría impedir o impediría una caída en el PIBN. El objetivo de PIBN supuestamente atemperaría las recesiones cuando la economía afronte sacudidas negativas en la oferta sosteniendo la demanda agregada cuando caiga la producción real (Christensen 2011, pp. 20-22; Sumner 2012, p. 147).

Dado el enfoque sobre el gasto agregado, no sorprende que los monetaristas de mercado hayan sido criticados por adoptar una visión keynesiana de la macroeconomía. No aceptan esas afirmaciones en absoluto. Su defensa de un estímulo monetario, dicen, no se debe a ningún deseo de políticas discrecionales, sino a su creencia en que la política monetaria ha sido demasiado rígida (Christensen 2011, p. 28).

Al mismo tiempo, rechazan volver a un patrón oro riguroso, pensando que contribuiría a problemas macroeconómicos porque muchos precios, se alega, son rígidos. Además, un patrón oro no puede evitar que  gobiernos irresponsables generen inestabilidad monetaria (Sumner 2012, pp. 161-62).

Problemas con el objetivo de PIBN

Hay varios problemas con el monetarismo de mercado que pueden clasificarse bajo tres categorías principales: su marco teórico y visión de la actividad económica, la forma de las expectativas y el grado en que entran en la toma de decisiones económicas y las consecuencias reales de su política monetaria sugerida.

Marco analítico defectuoso y visiones de la actividad económica

La razón fundamental por la que el objetivo de PIBN no está bien dirigido se debe a un marco analítico en general defectuoso que conlleva una compresión insatisfactoria de la actividad económica. Entiende mal la naturaleza de la coordinación de precios y deja a la estructura intertemporal del capital fuera del análisis.

Aunque los monetaristas de mercado rechazan categóricamente las afirmaciones de que son keynesianos, es comprensible que la gente lo piense. Afirman que las recesiones se deben a una insuficiente Demanda Agregada. Si piensa que la renta se crea por los flujos monetarios en lugar de por provisión de servicios productivos justificados en precios monetarios. Ignoran, rechazan u olvidan la importancia de la estructura de capital. Las inversiones están solamente dirigidas por las expectativas (o la sabiduría convencional) acerca del gasto nominal. Un colapso en la inversión lleva a la recesión y el desempleo debido a la rigidez de los precios (Sumner 2012, p. 161). La disminución de la demanda agregada y los precios y salarios rígidos se combinan para generar factores ociosos de producción y desempleo. Sin embargo, la política monetaria puede servir como remedio universal para los persistentes desequilibrios en los precios. Todo esto suena bastante keynesiano.[1]

De hecho todo su análisis se fundamenta en la aceptación del marco neokeynesiano de la oferta agregada-demanda agregada. Incluso en sus propios términos, hay problemas analíticos con el análisis OA/DA (Colander 1995; Garrison 1996). Lo más relevante y problemático para evaluar el objetivo de PIBN es que no existe una demanda agregada que se iguale con la oferta agregada a un solo nivel de precios.

De hecho, la economía social está constituida por una vasta red de mercados distintos que se integran en una compleja división del trabajo a través de la estructura intemporal de producción y el uso de un medio general de intercambio. Por tanto, la actividad productiva es el resultado de un enorme número de decisiones descentralizadas realizadas por una multitud de empresarios diferentes en lugares diferentes en la estructura de producción. El capital no es una masa informe homogénea (Foss y Klein 2012, pp. 105-130), así que la inversión no es un “yo” homogéneo (Garrison 2001). Un análisis sólido de la descoordinación macroeconómica debe tener en cuenta estos hechos.

Es posible que la gente disminuya su demanda de bienes de consumo y producción si aumenta su demanda de retener dinero. Esto, sin embargo, solo llevaría al desperdicio de recursos ociosos si los precios de estos recursos permanecieran por encima de los niveles de liquidación del mercado. Por supuesto, esto no persistirá si se permite que los precios se ajusten (Hutt 1979, pp. 138-139).

Si cae la demanda de un producto, el incentivo para obtener beneficios y evitar pérdidas llevará tanto a empresarios como a trabajadores a reducir los precios de venta. Salvo que se vean frustrados por decretos del gobierno o el miedo a la amenaza de huelga, los empresarios buscarán ajustar sus precios de venta a los niveles de liquidación del mercado. Esas reducciones de precios y recortes en el gasto estimulan la venta y el empleo continuos. Las ganancias reales de las empresas afectadas se estabilizarán, permitiéndolas continuar produciendo y, por tanto, demandando tierra, trabajo y bienes de capital de orden superior de otras empresas en la estructura de producción (Hutt 1979, pp. 53-56).

En lugar de permitir que los mercados se liquiden a través de los ajustes de precios de acuerdo con preferencias subjetivas, los monetaristas de mercado defienden que las autoridades monetarias produzcan estabilidad en el mercado aumentando la oferta monetaria. Sin embargo, esa inflación no equilibrará necesariamente la demanda y oferta específica  del dinero por parte de las personas que estén experimentando el exceso de demanda. Si precios y salarios son tan rígidos, necesitarán un aumento significativamente grande en el PIBN para mantener el equilibrio.

Sin embargo esto plantea todo el problema de los salarios rígidos. Existen varios problemas teóricos con la teoría de los salarios rígidos (Bellante 1995; Hulsmann 2003; Rothbard 2004, pp. 780-785). Por un lado, si hay solo una o un puñado de empresas usando, por ejemplo, salarios de eficiencia superior, entonces el empleo se restringirá solo en esos sectores y se expandirá en otros. Esto no llevaría a un aumento general del desempleo. Por otro lado, si todas las empresas pagaran los llamados salarios de eficiencia, ¿por qué este salario superior no se considera el salario de mercado?

Más importante es que centrarse en “salarios o precios rígidos” es de nuevo centrarse en algo equivocado. En el mejor de los casos, los precios rígidos no explican por qué empieza una recesión. Solo explicarían por qué se prolonga una recesión. Además, si los mercados no se equilibran debido al salario mínimo y otros controles de precios, difícilmente será un mercado libre. La solución sería eliminar la intervención del gobierno, no intervenir aún más arbitrariamente aumentando la oferta monetaria. Por otro lado, si los mercados laborales no se equilibran debido a contratos laborales a largo plazo (incluidos los sindicados), esto genera una oferta excesiva voluntaria de mano de obra.

De hecho, la historia revela que precios y salarios sí se ajustan a la baja si se les permite. Incluso en el caso de contratos a largo plazo, trabajadores y empresarios pueden negociar nuevos salarios de liquidación del mercado y lo hacen. Por ejemplo, los sindicatos de actores trabajaron junto a las empresas y músicos de las producciones de Broadway acordando un recorte salarial del 25% durante el periodo de siguió a los ataques terroristas del 11-S en Nueva York, que hicieron que cayera el negocio turístico (Daniels y Vann 2003). Varios sindicatos hicieron lo mismo en respuesta a la Gran Recesión (Uchitelle 2010). El sindicato de trabajadores del automóvil reconocía que a veces uno tiene que acordar un salario más bajo para mantener su trabajo cuando cae la demanda de mano de obra. Hace dos años, los músicos de la orquesta sinfónica de Pittsburgh acordar un recorte no menor del 9,7% en la paga. En respuesta a sus acciones, el director de la sinfónica, Manfred Honneck, se rebajó voluntariamente un 10% en el sueldo (Druckenbrod 2011).

Adicionalmente, las disminuciones en la demanda se experimentan siempre en mercados concretos. Cuando haya una disminución en la demanda o una disminución en la oferta a la vista de una demanda elástica, caerán los gastos totales. Advirtamos sin embargo que el gasto es el efecto de los cambios en las preferencias de compradores y vendedores,  no la causa de la disminución en la demanda u oferta. Salerno (2006) demuestra cómo esto se aplica a la economía social en sentido amplio. Los precios (y cantidades) de liquidación del mercado están determinados en todo mercado por la interacción de las escalas de valores de los individuos en las que los bienes se valoran en su relación entre sí y con el dinero. Solo después de que se hayan determinado ya los precios y cantidades de equilibrio en el mercado y, por tanto, el valor del dinero, se produce ese “gasto”.

Comprensión defectuosa del papel de las expectativas

Una manifestación concreta del insatisfactorio marco económico de los monetaristas de mercado es su comprensión de la forma y grado en que las expectativas entran en su análisis. Indudablemente, nadie debería discutir que las expectativas desempeñan un papel importante en el presente, ya que los resultados de la acción se cosecharán en algún momento del futuro. Por consiguiente, toda acción, incluyendo la producción, mira al futuro. Toda acción debe por tanto basarse en especulaciones acerca de los resultados esperados de varias acciones potenciales (Rothbard 2004, pp. 4-7; Ritenour 2010, pp. 33-36). Sin embargo, para entender la naturaleza de las fluctuaciones macroeconómicas, es esencial que tengamos una comprensión adecuada de la naturaleza de las expectativas que afectan a las decisiones de inversión.

Como se ha indicado antes, los monetaristas de mercado parecen creer que las acciones de los inversores están determinadas casi exclusivamente por las expectativas de futuro gasto nominal (o PIBN). El problema con esa perspectiva es doble.

Aunque una teoría económica sólida reconoce que las expectativas de producción en el futuro son un requisito previo de la acción en el presente, la economía no puede proporcionar una idea del contenido de estas expectativas o de cómo pueden cambiar con el tiempo. Las expectativas no son entidades autónomas, sino que están ligadas al objetivo de una persona, a su experiencia pasada en tratar de alcanzar su objetivo y a su capacidad emprendedora. Por tanto las expectativas no son monolíticas y por eso los empresarios deben incorporar la timología a su toma de decisiones (Salerno 2010, pp. 215, 220). Tratar a las expectativas como universales y monolíticas abre la puerta a graves errores en teoría económica.

Por ejemplo, los monetaristas de mercado afirman que son las expectativas del PIBN futuro las únicas que determinan las decisiones presentes de inversión y por tanto la dirección de la economía. Esta afirmación no reconoce que las recesiones no son meramente el resultado de disminuciones en el gasto agregado que sigan a un auge. Son el resultado del error empresarial (Hulsmann 1998; Rothbard 2000, pp. 8-9). Por ejemplo, es posible que los empresarios consigan ganancias incluso en un entorno de gasto total en disminución. Lo que importa no es el gasto agregado, sino la diferencia entre el precio de los productos y la suma de los precios de los factores de producción. Si la cantidad total de todo el gasto en la economía social cae y caen los precios generales, las empresas siguen pudiendo obtener beneficios mientras identifiquen aquellos proyectos en los que los factores estén infravalorados con respecto al precio futuro del producto que pueden utilizarse para producir.

Adicionalmente, la forma de expectativas supuesta es el origen de una incoherencia concreta en la literatura monetarista de mercado. Esta incoherencia, a su vez, también está relacionada con su fracaso en comprender las recesiones como consecuencia de una serie de errores empresariales. Los monetaristas de mercado suponen que los mercados son eficientes y miran al futuro. Al mismo tiempo, las recesiones se deben a disminuciones en el PIBN esperado. Si los mercados son eficientes mirando al futuro, ¿cómo puede haber una serie de errores empresariales? Parece que si los participantes del mercado hacen ajustes eficientes mientras miran adelante, no debería haber errores extendidos realizados por los empresarios. Si es así, ¿cómo puede haber recesiones?  Tal vez la respuesta podría ser, como implica Christensen (2011, p. 5), que aunque la gente tenga expectativas que son realmente racionales, no son perfectas. Aun así, si los participantes en el mercado prevén adecuadamente que la Fed no continuará o no podrá continuar aumentando el PIBN en 2008, ¿por qué debería haber una recesión? Si su previsión fue correcta, deberían haber actuado adecuadamente y liquidarse los mercados y como mínimo no habría habido un desempleo persistente y extendido.

Consecuencias de la política monetaria

El afecto de los monetaristas de mercado por el objetivo de PIBN demuestra una vez más que un marco teórico poco sólido a menudo lleva a políticas económicas poco sólidas. Uno de los mayores problemas de tratar de reducir las fluctuaciones económicas por medio del objetivo de PIBN son los efectos reales de la inflación monetaria necesaria para estabilizar el PIBN real o esperado. Es necesariamente cierto que el dinero recién creado entrará en la economía en puntos concretos. Por tanto, la inflación monetaria afectará a las demandas de ciertos bienes primero y luego a demandas de bienes diferentes al extenderse el dinero en la economía. El proceso de ajuste paso a paso durante el cual se absorbe el nuevo dinero genera necesariamente cambios reales en precios relativos y una redistribución real de la riqueza (Mises 1929, pp. 85-88; Mises 1938; Salerno 2010, pp. 202-203).

La expansión del crédito estimula necesariamente las malas inversiones al estimular los procesos de producción que son demasiado indirectos en relación con las preferencias temporales sociales (Strigl 1934, pp. 120-133; Mises 1949, pp. 547-562; Garrison 2001; Rothbard 2004, pp. 994-1004; Hayek 2008, pp. 189-329; Huerta de Soto 2006, pp. 347-384; Salerno 2012). Sin un aumento en los ahorros voluntarios, los procesos más largos de producción no pueden completarse. Este es el centro del problema de las malas inversiones.

Los defensores del objetivo de PIBN acaban potenciando la ilusión monetaria de que puede superarse la escasez y lograrse la prosperidad mediante inflación monetaria. DE hecho, emitir dinero fiduciario mediante expansión del crédito promueve una actividad insostenible de auge porque proporciona tanto el incentivo como los medios para que los empresarios asuman proyectos para los que no hay recursos reales suficientes. La consecuencia necesaria de la inflación monetaria (incluso si se desea estabilizar el crecimiento del PIBN real o esperado) es el ciclo de auge/declive, en el que se desperdician recursos, se consume capital y la sociedad se empobrece en términos relativos. Ese resultado es exactamente el opuesto de los deseos de los que defienden el objetivo de PIBN.


Bibliografía

Bellante, D., 1995. “Sticky Wages, Efficiency Wages, and Market Process”. Review of Austrian Economics, 8(1), pp. 21-34.

Christensen, L., 2011. Market Monetarism: The Second Monetarist Counter-revolution, s.l.: s.n.

Colander, D., 1995. “The Stories We Tell: A Reconsideration of AS/AD Analysis”. Journal of Economic Perspectives, 9(3), pp. 169-188.

Daniels, P., y Vann, B., 2003. Broadway Musicians End Strike on “Minimums.”World Socialist Web Site, 13 de marzo.

Druckenbrod, A., 2011. PSO’s Honeck Takes Pay Cut in Solidarity with Musicians. [Online] [Accedido el 18  de marzo de 2013].

Foss, N. J., y Klein, P. G., 2012. Organizing Entrepreneurial Judgment. Cambridge: Cambridge University Press.

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Hülsmann, J. G., 2003. “Optimal Money Policy”. The Quarterly Journal of Austrian Economics, 6(4), pp. 37-59.

Hutt, W. H., 1979. The Keynesian Episode: A Reassessment. Indianapolis, Ind.: Liberty Press.

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Mises, L. v., [1938] 1990. “The Non-Neutrality of Money”. En: R. M. Ebeling, ed. Money, Method, and the Market Process. Norwell, Mass.: Klewer Academic Publishers, pp. 69-77.

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Salerno, J. T., 2010. “Ludwig Mises on Inflation and Expectations”. En Money Sound and Unsound. Auburn, Ala.: The Ludwig von Mises Institute, pp. 199-236.

Salerno, J. T., 2012. “A Reformulation of Austrian Business Cycle Theory in Light of the Financial Crisis”. The Quarterly Journal of Austrian Economics, 15(1), pp. 3-44.

Strigl, R. v., [1934] 2000. Capital and Production. Auburn, Ala.: The Ludwig von Mises Institute.

Sumner, S., 2011. The Case for NGDP Targeting : Lessons from the Great Recession. Londres: Adam Smith Research Trust.

Sumner, S., 2012. “How Nominal GDP Targeting Could Have Prevented the Crash of 2008”. En D. Beckworth, ed. Boom and Bust: The Causes and Curse of the Great Recession. Oakland, Calif.: The Independent Institute, pp. 129-164.

Uchitelle, L., 2010. “Unions Yield on Wage Scales to Preserve Jobs”. The New York Times, 20 de noviembre, p. A1.


[1] Ver Hutt, W. (1979) y Huerta de Soto, J. (2006) sobre las mentiras de la economía keynesiana. La misma crítica de la economía keynesiana en esta literatura se aplica también al monetarismo de mercado.


Publicado el 12 de abril de 2013. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Algunas reflexiones del viaje a Hong Kong

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 12/9/14 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/09/12/algunas-reflexiones-del-viaje-a-hong-kong/

 

La semana pasada tuve la oportunidad de estar en Hong Kong. En esta ocasión en la reunion general de la Mont Pelerin Society. Aquí se puede acceder al programa completo. John Taylor, Kevin Murphy, William Easterly, Diedre McCloskey, Pddro Schwartz, Scot Sumner y Luigi Zingales fueron algunos de los conferencistas que más se destacaron.

Del viaje a Hong Kong surgieron, sin embargo, dos claras posiciones de quienes no ven con buenos ojos al libre mercado. Una cosa es si digo desde mi oficina (donde estoy preparando este post) que Hong Kong, al ser una de las economías más libres posee una economía desarrollada con baja pobreza. Otra cosa es si digo exactamente lo mismo pero estando en Hong Kong (y acompañando el tweet o post con alguna foto.) La pregunta que me hice al partir hacia Hong Kong era si iba a encontrar los resultados de la salvaje explotación capitalista que el sistema de libre empresa el impone al (indefenso) trabajador. No hace falta viajar a Hong Kong para prever una respuesta negativa. Sin embargo, a lo largo de la semana fui recibiendo dos tipos de críticas al ir actualizando el negativo resultado de esta búsqueda. Ambas críticas creo que son equivocadas. Sin bien el contexto es Argentina, creo que es representativo de la región en general:

  • Hong Kong y Argentina tienen sus instituciones por distintos motivos históricos.

Hong Kong no es Argentina, Argentina no es Hong Kong. Ni siquiera están en el mismo continente. Por supuesto que el contexto histórico del origen de sus instituciones de mercado difieren. ¿Y? ¿Por qué esto es importante? Lo único que esto muestra es que lo que importa son la instituciones que están presentes, no el origen histórico. Lo que se me cuestionaba no era que en Argentina no se puede tener libre mercado, sólo se cuestionaba el origen de las instituciones.

Con esto no quiero decir que se puedan imponer las instituciones de arriba hacia abajo, pero sí que el origen histórico no es un argumento convincente para promover reformas de libre mercado. Siempre es ilustrativo recordar el caso de Corea del Norte y Corea del Sur. Dos países con misma historia y cultura, pero diferente marco institucional. Si estuviésemos en Corea del Norte, nos negaríamos a reformas que nos lleven a ser como Corea del Sur por qué nuestros orígenes institucionales “difieren” (siempre se puede encontrar alguna “diferencia” a consuderar “crucial” por más parecidas que pueda ser la historia de dos países.)

  • Hong Kong no es perfecto, por lo tanto es un mal sistema

Hong Kong no es perfecto, por supuesto que “algo” de pobreza hay, “algo de desocupación” hay, etc. ¿Quién lo niega? En ningún momento sostuve que la economía de Hong Kong sea perfecta. Especialmente las críticas de sectores de izquierda a veces parecen demostrar un alto grado de ignorancia sobre qué dicen y no dicen los autores defensores de un libre mercado cuando los critican como si estos pensadores sostuviesen que el libre mercado es perfecto. Así como los socialistas o grupos de izquierda difícilmente crean que el sistema que prefieren sea perfecto, tampoco es el caso de los pensadores de libre mercado. Si unos tienen derecho a defender sistemas que no consideran perfecto, ¿acaso los otros no? El punto es que sistema mejora el nivel de vida de la mayor cantidad de gente posible.

Decir que Argentina no debe adoptar instituciones de libre mercado por qué no es perfecto es errar por completo al argumento. El punto es qué economía esta mejor, la de Argentina o la de Hong Kong. Para el año 2013, en términos de PBI per cápita, Argentina rankea en el puesto 55, mientras que Hong Kong es top 10 (FMI). ¿Cómo explicarle a los sectores de menos ingresos y desempleados que deben quedarse donde están en lugar de pasar a ser un país top 10 en ingreso promedio per cápita porque dicho sistema no es perfecto a pesar de ser notablemente mejor al actual? ¿Cuánto de esta postura está alimentada por resentimiento al libre mercado que nos lleva a hacernos mal con tal de que nuestro vecino no este mejor? Hacer de la imperfección enemigo de la mejora no es de sabios.


Sí se me podría haber hecho una crítica más atinada. Y es que estaría sacando conclusiones de una única observación (Hong Kong) y eso no es correcto. Bien podría ser una excepción (error estadístico o de muestreo). Como explico en este post, las comparaciones de este tipo deben hacerse mirando toda la muestra para evitar sesgos (por ejemplo el “mito” de que la distribución del ingreso es peor en países libres).

Alguien me dijo que por más buena que sea la economía de Hong Kong, no viviría allí. Pues bien, yo tampoco. Lo bueno del libre mercado es que permite a cada sociedad desarrollar su cultura, costumbres, estilo de vida, etc. en lugar de ser impuesta por lo que el gobierno a cargo considera debe ser la cultura y estilo de vida. Basta con ver el top 10 de los países más libres para encontrar variedad y elegir a gusto. Este, tampoco, es un argumento válido. ¿Realmente creemos que si Argentina se vuelve un país con libre mercado va a ser como China (cultura, costumbres, comida, etc.)?

Un último punto a resaltar. Es cierto que Hong Kong dista de tener un sistema político libre (así como que no esta ausente de “cronysm”). De nuevo, estamos hablando de cambios en el margen. Si un país tiene un sistema político no libre, va a estar mejor dentro de esos límites con una economía libre que con una regulada.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. 

Austriacos, Monetaristas, y Crisis Economicas

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 4/9/13 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2013/09/04/austriacos-monetaristas-y-crisis-economicas/

George Selgin tiene un reciente post en Free Banking sobre crisis económicas que es muy recomendable. En su post, Selgin comenta cómo distintas teorías de ciclos económicos pueden ser complementarias, y no necesariamente excluyentes. Más precisamente, como la teoría austriaca del ciclo económico y la monetarista pueden explicar distintas fases de una misma crisis, por ejemplo la Crisis del 30.

Selgin pone ambas teorías frente a frente y muestra que ciertas variantes del ABCT al no dar lugar a distorsiones cuando hay una deflación monetaria (no por aumento de productividad) tienen una posición simétrica a la de ciertas teorías monetaristas que no aceptan distorsiones cuando hay excesos monetarios. En el segundo campo ubica principalmente a Scott Sumner y a “algunos” representantes del Market Monetarism.

Si bien coincido con el post de Selgin, su exposición da lugar a un par de aclaraciones adicionales.

 

En primer lugar el post de Selgin se encuentra bastante en línea con los escritos de Horwitz sobre la Crisis del 30. Para comprender el proceso, sostiene Horwitz, la teoría austríaca tiene mayor relevancia como explicación durante la década del 1920, luego la teoría monetarista gana mayor relevancia explicativa cuando la Fed erra en su política monetaria. Finalmente cobra relevancia la “regime uncertainty” de Bob Higgs para entender por qué la crisis fue tan larga y difícil de solucionar (aparte de las complicaciones impuestas por el New Deal.) En principio estas tres explicaciones pueden ser complementarias; no hay motivo por el cual deban ser excluyentes.

En segundo lugar, la explicación monetarista no necesita de una explicación austriaca previa. Bajo esta perspectiva no hace falta que hayan distorsiones previas, sólo es necesaria una contracción monetaria que distorsione al mercado; pero esto no quiere decir que no pueda haber distorsiones previas. La teoría austriaca, en cambio sí da lugar a una contracción monetaria cuando se desata la crisis. Así como en la crisis financiera el aumento de las tasas subprime llevó a la incobrabilidad de hipotecas, aumentos en la tasa de interés llevan a incobrabilidad de préstamos por parte de las empresas lo que lleva a una contracción de la oferta monetaria por parte del multiplicador monetario. Para el monetarismo, la contracción monetaria es la causa de la crisis. Para los austriacos es una de las consecuencias. Esto hace que algunos Austriacos puedan ver a la explicación monetarista como parte de la teoría austriaca. Sin embargo, esta contracción monetaria es justamente el problema sobre el que el monetarismo llama la atención. Hayek, por ejemplo, explícitamente se refirió a la conveniencia de mantener MV constante, es decir, expandir M si V colapsa. En otras palabras, Hayek diferenciaba entre contracción primaria y secundaria; si un banco central expandió en exceso sus notas convertibles, es inevitable quitar algunas de circulación para evitar la quiebra del banco emisor (por este motivo, esta distinción carece de sentido bajo dinero fiat.) El problema sobre el que llama la explicación monetarista es justamente cuando la contracción monetaria va más allá de la sugerencia de Hayek de mantener MV constante permitiendo que MV se contraiga de manera innecesaria. Así como excesos monetarios generan desequilibrios, lo mismo sucede con reducciones relativas en la oferta de dinero (ante cambios en la demanda de dinero.)

El siguiente gráfico del NGDP (MV) per cápita está tomado del post de Selgin. El gráfico va de 1921 a 1939 y se puede apreciar una expansión de MV en la década del 20 (consistente con la teoría austriaca) y una contracción a partir de 1929, lo cual es consistente tanto con la teoría austriaca en la versión de Hayek (no se mantuvo MV constante) como lo es con la explicación monetarista (se contrajo MV.)

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Does it make any difference how money is injected into the market? Sumner and the Cantillon Effect

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 3/12/12 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/12/03/does-it-make-any-difference-how-money-is-injected-into-the-market-sumner-and-the-cantillon-effect/#more-3852

 At The Money Illusion a long and interesting discussion is still taking place around a post by Scott Sumner on monetary effects after a monetary injection of money into the market. Sumner takes on a quote by Sheldon Richman where he says that the Austrian school has (1) distinctively paid attention to the fact that money enters into the market through specific parts and not “as it falls from an helicopter” and (2) that money is non-neutral. Sumner argues that the non-neutrality of money is one of the most studied topics in monetary economics and that it is unimportant how money gets into the market. In the comment section (which I also recommend to read) David Henderson asks “Scott, Just so I can make sure what you’re saying: are you denying Cantillon effects?” Scott’s answer: “Yes.” I think there’s some true in Sumner comment, but also some shortcomings that overlook the presence of Cantillon Effects.

 Sumner offers the following 4 examples of how money can be injected in the economy:

  1. Newly injected base money is used to buy T-bonds from banks.
  2. Newly injected base money is used to buy T-bonds from non-bank securities dealers.
  3. Newly injected base money is used to buy T-bonds from individuals at a special auction excluding bond dealers.
  4. Newly inject base money is used to pay the salaries of government workers, and as a result less money is borrowed by the Treasury. The Treasury then creates and donates a T-bond to the Fed.

Since in all cases money has a direct and fast effect on T-bonds, it is indifferent how money is injected in to the economy. If directly to banks, to individuals or through the government. In all cases T-bonds and interest rates are affected first.

There are three things I want to mention.

First, it may be true that these 4 points are an accurate description of how changes in money supply happen in contemporary United States. It may also be true that an increment in money supply is done by buying financial assets at market prices rather than being a free gift of purchasing power. But none of these facts go against the presence of the Cantillon Effects.

Some ones, and not others, see their cash balances increased when the Fed decides to expand money supply. Those some ones are the ones spending the new cash first. Even if we accept this (as Sumner seems to do in the comments sections), there still are Cantillon Effects that can produce long-term non-neutral effects (short discussion here). What would be required for the Cantillon Effects to be absent?

Homogeneous and correct expected inflation is one of the requirements. If all agents know that inflation will be 3%, then they know now much prices will rise. This is a necessary but not a sufficient condition. If I’m an entrepreneur it doesn’t help my business to increase the prices 3% today if my clients still don’t have the extra 3% of money that’s in the economy. To avoid Cantillon Effects the money helicopter is needed in addition to the correct homogeneous inflation expectations. In other words, to argue against Cantillon Effects we need to assume the helicopter. We can indeed imagine a world scenario with such characteristics, but is not one that loyally expresses the problem of monetary policy and changes in money supply.

Second, what would a charitable interpretation (and what I think Sumner is trying to say) of Sumner’s post be? It is not that there are no effects but, that given the institutional and market framework, anyway money is injected into the economy produces the same effects. It is different, however, to say that there are no Cantillon Effects than to say that all money supply produces the same Cantillon Effects. Nonetheless, even if all 4 cases come to produce the same affect on the price of T Bonds, it still has a bearing in the market how the second step of money expansion takes place. It is not the same to call on Richman because one considers he made an analytic mistake than to call on Richman due to a different assessment on the empirical extent of the Cantillon Effects. All 4 cases can present the same first-step Cantillon Effect, but the second and following changes do differ from case to case.

Finally, an academic critique of Austrian theory should be based on academic work, not on media or blog posts. Not that this is what Sumner is trying to do on his post (maybe, maybe not). But it did bring back to my mind the too common rejection of all Austrian economics based on bad economic blogging and conveniently overlooking the academic output and contributions of the last hundred years.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.