El ideal de soberanía y nuestra relación con el mundo.

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el 7/10/19 en: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_exportar_n__171

 

La concepción del ámbito de autonomía de los gobernantes actúa como un lastre que impide el crecimiento y afecta fuertemente nuestra credibilidad como nación moderna.

 

La historia de la Argentina es muy rica en términos de su lucha por la libertad y por sus intentos de establecer un sistema jurídico que le permita expresar la autonomía de la voluntad de sus ciudadanos.

Pero si bien, en este primer aspecto, en su lucha por la libertad, ha podido exhibir éxitos notables y ha conquistado un lugar merecido en el consenso de las naciones, no se puede decir lo mismo de su accionar político e institucional, tendiente a establecer bases sólidas para que la autonomía de la voluntad de sus ciudadanos y sus intereses últimos se expresen y puedan ser defendidos eficazmente. En estos momento de gran virulencia electoralista es muy frecuente ver que la discusión cotidiana se enfoca en lo que debería hacer el presidente Macri. Para luego pasar a intentar delimitar lo que podría hacer el gobernante actual. Y para, luego, pasar a discutir qué es lo que apenas lograría cambiar un eventual gobierno alternativo de los candidatos Fernandez – Fernandez.

Y el problema sobre el que queremos reflexionar es que no parece que se alcance a ver que lo que está en juego no es el ejercicio de la autonomía de la voluntad de un gobernante, o de un equipo de gobierno alternativo. Sino que, en esencia lo que estamos discutiendo es la posibilidad de poder asumir un lugar en el consenso de las naciones que nos convierta en un país previsible, con objetivos claros, con políticas de largo plazo, creíbles, posibles y en las cuales exista un compromiso de sustentabilidad en el tiempo.

La concepción de Sarmiento de que la soberanía, lejos de residir en el gobernante, debe residir en el ciudadano, nos hace reflexionar sobre la necesidad de un accionar político en el que sean nuestros conciudadanos los que construyan, determinen y diseñen, con su accionar cívico, las líneas de política a implementar desde el gobierno. [i]

Debemos abandonar cuanto antes esta idea tan generalizada y mesiánica de que el camino para salir del pantano en que se encuentra hoy la Argentina, va a ser delineado por la mente preclara de un líder con capacidad innata de estadista, que tomará todas las decisiones acertadas que sean necesarias. Mientras el resto de los gobernados lo mira perplejo desde una tribuna. Especialmente, porque no estamos buscando líderes nuevos y que surgen de un consenso, entre quienes no han tenido actuación política en los últimos años. Sino que se pretende intentar alternativas diferentes, con los mismos protagonistas.

Pero, además, porque esto es una quimera. Un capricho adolescente. Una falta total de realismo político. Porque el problema no es Macri. Ni son Fernández y Fernández. Ni lo es el Fondo Monetario Internacional. Ni la política expansiva de China en Sudamérica. El problema es que, para que un gobernante pueda tomar las decisiones que las distintas facciones en pugna pretenden que asuma, haría falta renunciar a nuestras instituciones democráticas, a nuestros principios individuales y dinamitar todos los derechos individuales consagrados por nuestra carta magna. Lo cual es un inaceptable salto al vacío.

El único camino verdadero es sencillamente, resignarnos a aceptar que deberemos convertirnos en un país normal. En donde los contratos se respeten, la propiedad sea inviolable, las confiscaciones estén al margen del derecho argentino y la más absoluta libertad de comercio, asociación e inversión sea el verdadero motor del crecimiento.

El problema no es el precio del dólar. Claramente, no es mantener un tipo de cambio estable. Ni el alto nivel de las tasas de interés. Ni las “dificultades” que plantean las autoridades económicas para mantener los flujos de comercio exterior. Ni la escasez de capital para desarrollar las espectaculares posibilidades de crecimiento que tienen nuestras exportaciones.

El problema es que los desequilibrios que impone a la actividad privada la irresponsabilidad fiscal de los sucesivos gobiernos, desde los últimos 80 años, como mínimo, derivan en una emisión desmesurada de dinero, en primera instancia y luego de deuda pública, al agotarse esta primera posibilidad. Esto devalúa nuestra moneda y confisca los ahorros del público. Dispara a niveles exorbitantes las tasas de interés. Absorbe en su totalidad la masa de fondos prestables, que al ir a financiar al estado asfixia a la actividad privada. Que pierde competitividad internacional al no poder bajar costos al ritmo de los países competidores, ya que no iguala las tasas de inversión, ni mucho menos las tasas de capitalización para tener eficiencia productiva y economías de escala. Esto impide que la producción de bienes y servicios crezca como el crecimiento vegetativo de nuestra población lo requiere. Y una baja productividad deriva en salarios reales estancados desde hacen décadas. Asimismo, tasas de interés deliberadamente intervenidas por el gobierno, que más que reflejar la preferencia temporal de los ahorristas, apenas intentan anticipar expectativas inflacionarias, hacen imposible el cálculo económico de calidad que permitiría diseñar e implementar proyectos de inversión complejos, que demandan mucho tiempo, pero que son precisamente los que incrementan la productividad y las economías de escala.

Todas estas calamidades nos impiden comprometernos en políticas de crecimiento sostenido de nuestras exportaciones, que nos permitirían desarrollar los mercados externos que resultan imprescindibles para explotar nuestras ventajas competitivas.

Lejos de eso, la inestabilidad de nuestros flujos de comercio exterior hace imposible mantener un mercado cambiario que refleje las tendencias del comercio con el mundo y que, al mantenerse estable, nos permita encarar las necesarias inversiones que movilicen el crecimiento.

Gobiernos acorralados, que pretendan solucionar estos problemas, que como hemos descripto son estructurales, mediante controles cambiarios, reglamentación que traben nuestra vinculación comercial con el mundo y asimismo pretendan seguir manteniendo ficticiamente la cotización de una moneda doméstica devaluada, solo aceleraran el camino de la decadencia.

Y como hemos descripto al inicio, se llevarán por delante a todo nuestro sistema institucional, violentando las garantías constitucionales, lo cual alterará el funcionamiento de las instituciones republicanas y solo puede mantenerse sin solucionar los problemas de fondo, si se llega al apocalipsis de derribar el sistema democrático, como ya hemos visto que se ha hecho en otros países de la región. Sumiendo a los ciudadanos en una larga noche, atados al yugo de la tiranía.

Por todo esto, urge que los dirigentes asuman una realidad que no implica aceptar una pérdida de la soberanía. Sino, por el contrario, reconocer  que no son más que meros administradores de las decisiones y de la voluntad de los ciudadanos. Que son los verdaderos soberanos. Y que, en el ejercicio de esos actos de administración, deben velar por las instituciones y por el mantenimiento de las reglas de juego que hacen a la convivencia civilizada, en las naciones modernas y libres.

 

[i] DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811–1888)  Por Héctor Félix Bravo. Recuperado el 26/9/19 de http://www.ibe.unesco.org/sites/default/files/sarmientos.PDF

 

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

¿DE QUÉ PLANETA VINO MI PADRE?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 1/7/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/07/de-que-planeta-vino-mi-padre.html

 

Siempre me he hecho esta pregunta. Siempre juego con que yo soy un marciano, pero claro, hay que ver los orígenes.

No sé por qué, a medida que pasan los años –murió en 1991- la imagen que más recuerdo es la de los días en los cuales volvía temprano de La Nación –eso era más o menos 9 de la noche-, se dejaba la corbata puesta, se ponía su “saco fumar” y se sentaba a leer a Pirandello, a Chejov, a Collete, a Unamuno,  mientras mamá –una pianista eximia, una coreuta con oído absoluto- terminaba de preparar la cena. Entretanto él seguía con su libro y con sus discos 33 de música clásica, la única que escuchaba, preferentemente pianistas como Rubinstein, Gulda o Horowitz. Luego así, imperturbable, con la misma corbata y el mismo saco, se sentaba a cenar en la cabecera. Era muy afectuoso, sí, tenía una sonrisa pícara que compensaba su solemnidad, pero era como sentarse a cenar con Churchill.

¿De dónde salió ese caballero inglés en la Argentina? ¿De dónde salió esta combinación de Unamuno, Marías, Scciaca y C.S. Lewis? Mi padre superaba al chiste. No es que era un argentino que era italiano, hablaba Español y se creía inglés. Era inglés. Cómo, no lo sé. ¿Alguna nave extraterrestre abdujo a mi abuela en 1927?

Conocía perfectamente a la literatura española y argentina, había leído de primera fuente a constructores de países como Mitre o Sarmiento, pero cómo llegó él solo, a enamorarse de los EEUU, no lo sé.

El asunto es que nuestra familia era un mundo cultural propio que giraba entre Roma, Philadelphia y Buenos Aires. En la primera estaban tres hermanas de mamá, en la segunda dos hermanas de mi abuelo materno, que fundaron toda la rama norteamericana, y en ese otro extraño lugar del mundo, exiliados, estábamos nosotros.

El marco de referencia eran EEUU e Italia. Cuando mataron a Robert Kennedy yo tenía ocho años y mis padres lloraban amargamente. Yo subí al micro escolar, en un lejanísimo lugar llamado Ituzaingó, diciendo “mataron a Kennedy, mataron a Kennedy”, y comencé a descubrir entonces qué significaba vivir en otro planeta.

No levantaba nunca la voz. No pronunciaba regionalismos. No tenía los juegos del lenguaje del porteño. No usaba el che. Hablaba el Español de Ortega y Gasset  y de Unamuno.  Escribía un Español impecable sin corregir una sola vez, de primera mano, en tiempos donde no había Word ni nada por el estilo. Caminaba con un paso parecido al de Patton o de Gaulle.  Era un aristócrata. Una vez el hijo medio loco, yo, le dije que Chejov era el piloto de Viaje a las Estrellas. Ni siquiera respondió. Mi miró con afecto, pero como quien mira a un irredimible.

La casa, para él, era su castillo, y él su señor. En la casa no entraba el exterior. No entraba lo mundano. “Afuera vas a escuchar muchas cosas”, me dijo una vez. “Pero en esta casa, no”. El no lo sabía, pero al entrar nos teníamos que sacar el mundo, como los japoneses los zapatos. La casa era su templo, y la intimidad de su hogar, su sagrario.

Era inmune a otras influencias. Guiraldes, Hernández, Estrada, sí entraban a casa. Nos llevó dos veces, a Pablo y a mí, a San Antonio de Areco a ver la estancia de Guiraldes. Fue mi máximo contacto con Argentina. Pero la televisión de los 70, no, y menos el cine argentino de entonces. Olmedo y Porcel eran para él el ejemplo máximo de la decadencia cultural. La chabacanería era para él una perversión inconcebible.  Y los pobres Les Luthiers  le parecían algo tan terrible como reírse de la liturgia un Viernes Santo.

Era un liberal orteguiano, un severo crítico al nacionalismo, un admirador de las formas republicanas: en el fondo, era un iluminista. Fue maestro normal nacional 10 años y verdaderamente fue para él un sacerdocio. Sólo desde allí pudo criticar luego al positivismo pedagógico.  El peronismo y el sindicalismo argentino eran para él peor que cualquier pecado mortal. Propuso seriamente eliminar la obligatoriedad de los planes estatales de enseñanza, en la Argentina de los 80. Malvinas le pareció un horror. Alfonsín era para él la izquierda absoluta. No sé si hubiera resistido ser testigo de la Argentina posterior.

Era católico, pero la izquierda de los “sacerdotes para el tercer mundo” sencillamente lo destrozó.

De dónde, de dónde salió. ¿Será la Argentina sólo un caos informe del cual puede salir tanto mi padre como un Moyano? ¿Será eso o nada más que la infinita combinatoria casual del humano devenir?

Se quedó muy solo. Los católicos, aferrados al sistema de incorporación por gestión propia, no lo entendieron nunca. La izquierda le agradeció poniéndole una bomba en su (nuestra) casa de Ituzaingó. Los militares pensaron que por eso era uno de ellos, hasta que se dieron cuenta que tampoco. Los liberales de la Escuela Austríaca lo conocieron muy tarde. Tuvo muchos amigos y discípulos, pero su Instituto de Investigaciones Educativas fue discontinuado después de su muerte.

 

De dónde, de dónde salió. Y yo, recién ahora estoy sólo a la altura de sus zapatos. Y recién ahora podría hablar realmente con él.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Segundo semestre sin magia

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 3/7/16 en: http://economiaparatodos.net/segundo-semestre-sin-magia/

 

Se equivocan quienes creen que la sola presencia de Mauricio Macri en el sillón de Rivadavia es condición necesaria y suficiente generar un tsunami de inversiones

Finalmente llegamos al segundo semestre y nada mágico pasó porque nada mágico tenía ni tiene que pasar. Se equivocan quienes creen que la sola presencia de Mauricio Macri en el sillón de Rivadavia es condición necesaria y suficiente generar un tsunami de inversiones.

Por otro lado es tal el destrozo económico e institucional que hizo el kirchnerismo en estos 12 años, que recuperar el país de semejante destrucción va a llevar tiempo. Diría que en realidad llevamos como mínimo 70 años de destrucción populista y eso no se revierte en un semestre. Cualquier país que uno analice cómo salió de la pobreza y creció (Irlanda, Corea, España, etc.) muestra que a partir del momento que se volvieron racionales y dejaron de lado el estatismo, intervencionismo y populismo, les llevó 20 años alcanzar niveles de ingreso per capita del orden de los 20.000 a 25.000 dólares anuales.

Por ahora el PRO logró remover las políticas económicas más guarangas heredadas del kirchnerismo, como el cepo cambiario, los controles de precios, los derechos de exportación y terminar de arreglar con los holdouts por citar algunos ejemplos.

En rigor lo más problemático era salir del cepo sin que estallara el sistema financiero y cambiario, y el gobierno lo logró. Bajar los derechos de exportación está perfecto, pero tampoco fue una medida tan complicada. Lo que ingresaba al fisco por derechos de exportación de trigo, maíz, girasol, etc. eran monedas, de manera que no sacrificó nada eliminando ese impuesto. En el caso de la soja, la baja de 5 puntos porcentuales es un incentivo para recuperar parte de rentabilidad que este grano había perdido por efecto del aumento de los costos internos. Los productores más alejados del puerto veían que los números no cerraban. Pero en términos fiscales lo que se pierde por bajar 5 puntos el impuesto se gana con el aumento del tipo de cambio de manera que el gobierno adoptó una medida correcta con los derechos de exportación pero tampoco fue algo muy complicado de aplicar. Diría que lo más insólito es que el kirchnerismo se haya encaprichado durante años en mantener una medida que claramente no le convenía desde el punto de vista fiscal. Solo la ignorancia y el resentimiento que siempre dominó al kirchnerismo pueden explicar semejante capricho.

El segundo semestre seguramente va a ser más tranquilo que el primero. El primer semestre tuvo una inflación más alta por la salida del cepo y el consiguiente aumento del tipo de cambio, por el incremento parcial de las tarifas de los servicios públicos. Además en el primer semestre el BCRA tuvo que lidiar con la liquidación de las ventas a futuro que realizó el gobierno anterior generando una pérdida de $ 53.000 millones.

Es muy probable que el segundo semestre tenga una tasa de inflación más baja que en el primer semestre pero todavía muy alta para pretender ser un país normal.

En términos de actividad económica tendremos sectores funcionando muy bien como el agropecuario y otros complicados como la industria manufacturera por la recesión en Brasil. Todo parece indicar que el promedio de la actividad económica dará una suerte de estancamiento. Tal vez tengamos un segundo semestre con estancamiento e inflación del 20% anualizada. Solo Dios sabe el número final.

Pero el punto que más me preocupa no es tanto embocar el número de inflación del segundo semestre o cuánto subirá o bajará el PBI. El dato relevante y central consistirá en ver si el gobierno comienza a torcer el timón de esta nave populista que durante 70 años nos ha lanzado a esta persistente decadencia.

Nadie está pidiendo que en los próximos seis meses el gobierno resuelva los problemas de los últimos 70 años. Sería una locura. Pensemos en la generación del 80 que construyó una Argentina próspera. Luego de la batalla de Caseros en febrero de 1852, se sanciona la Constitución de 1853 pero recién en 1880 el país termina su proceso de organización nacional. A esos líderes políticos, verdaderos estadistas, como Mitre, Sarmiento y Avellaneda les llevó 27 años culminar el proceso de organización nacional. El punto es que esos estadistas, que tenían sus diferencias, apuntaban hacia el mismo modelo de país: integrado al mundo, con respeto por los derechos de propiedad, previsibilidad en las regla de juego para atraer inversiones, en fin, lo que se denominan instituciones de buena calidad.

Decir que el kirchnerismo dejó una bomba de tiempo económica es ya una obviedad. Pero en el fondo la economía argentina tiene recurrentes crisis (1975, 1981, 1985, 1987,  1989, 1999 y 2001) entre otras causas por tener un estado sobredimensionado que destruye la riqueza que genera el sector privado.

El desafío del segundo semestre, a mi juicio, es que el gobierno empiece a mostrar un camino totalmente diferente al seguido hasta ahora. Es decir, comenzar a tener un estado más chico y eficiente. Hoy tenemos un estado gigantesco que no ofrece ni el más mínimo servicio de seguridad que debería ofrecer el estado.

Seguramente el gobierno podrá argumentar que no tiene la fuerza política en el Congreso para poder imponer un cambio de rumbo. Es un argumento posible, aunque uno escucha a varios de los funcionarios del actual gobierno y muchas veces solo parecen querer diferenciarse del kirchnerismo en que ellos administrarán más eficientemente un sistema corrupto e ineficiente. Limitan todo a un problema de personas cuando en rigor es un problema de sistema.

Argentina dejó de ser un desierto para pasar a ser uno de los países más prósperos de la tierra cuando dejó de ser gobernada por caudillos y comenzó a ser gobernada por instituciones. La Constitución de 1853. Y entró en decadencia cuando abandonó las instituciones como forma de gobierno y volvió a ser gobernada por caudillos (Perón, Menem, Duhalde, Kirchner).

El desafío es volver a ser gobernados por instituciones y no por caudillos. Eso significa cambiar el sistema económico e institucional, no administrarlo eficientemente como dicen ahora en el PRO. Veremos qué camino elige Macri.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Una propuesta económica ignorada por el gobierno

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 22/5/16 en http://economiaparatodos.net/una-propuesta-economica-ignorada-por-el-gobierno/

 

La historia de 7 economistas que presentamos los lineamientos para enfrentar la herencia k  y fuimos ignorados

Cansado de escuchar estupideces sobre que critico pero no propongo nada o que al gobierno hay que formularle las propuestas en privado, paso a contar una historia no conocida, pero que creo que llegó el momento de darla a conocer y que quienes hablan sin fundamento se llamen a silencio.

Antes que ganara la segunda vuelta electoral Mauricio Macri, convoqué a un grupo de cuatro economistas, entre ellos a mi fallecido hermano Juan Carlos, para redactar los lineamientos de un plan económico para enfrentar la herencia que dejaba kirchnerismo. Ninguno de los economistas pertenecía a alguna fracción partidaria. Ninguno militaba o milita en algún partido político.

Con los primeros que hablé fueron con mi hermano Juan Carlos y con Agustín Monteverde, con quién hacía rato veníamos intercambiando ideas sobre si valía la pena el esfuerzo de emprender esa tarea, y les propuse conformar un grupo y comenzar a trabajar en las medidas necesarias para dominar la herencia k. También fue de la partida otro economista más con quién habíamos hecho un trabajo similar allá por 1988.

A propuesta de uno de los integrantes del grupo inicial luego se sumó otro economista más y dos miembros de la Fundación Libertad y Progreso que conduce Manuel Solanet.

Nos reuníamos todos los jueves a partir de las 18.30 hs. en la casa de mi hermano Juan Carlos o en la casa de otro de los integrantes del grupo para intercambiar ideas sobre cómo enfrentar la crisis que dejaba el kirchnerismo. El documento incluye dos grandes secciones: 1) una descripción de la herencia recibida y 2) qué hacer en materia de gasto público, política impositiva, comercio exterior, etc.

Luego de varios meses de reuniones, correcciones en la redacción del texto y pulir algunas ideas adicionales, comenzó el debate sobre cuál era el mejor camino para dar a conocer el documento. En ese lapso uno de los miembros de la Fundación Libertad y Progreso propuso que no saliera solo con la firma de los 7 economistas que habíamos trabajado sino que saliera con el nombre de la Fundación. Si bien yo me había ocupado de armar el grupo original, no tuve ningún inconveniente para que el documento saliera con el nombre de la Fundación, finalmente era un trabajo para tratar de colaborar con el nuevo gobierno (a esa altura ya había ganado Macri la segunda vuelta) y no era cuestiones de figuraciones sino de formular aportes. Y tampoco era el objetivo buscar puestos en el gobierno, sino contribuir con ideas.

Ya avanzado y casi terminado el documento, vino otro debate. ¿Debíamos dar a conocer en los medios y redes sociales el trabajo o primero se lo acercábamos a los miembros del nuevo gobierno?

Finalmente primó la idea de no difundirlo y enviárselo vía la Fundación a por lo menos media docena de funcionarios que actualmente son ministros u ocupan otros cargos en el área económica del gobierno. Tarea que se encargó de realizar la Fundación Libertad y Progreso.

Algunos agradecieron el envío pero no hubo ningún tipo de feedback para reunirnos e intercambiar ideas. Aclaro que ninguno de nosotros estaba buscando un puesto en el gobierno, era solo el intento de 7 economistas con más de 30 años de profesión que habiendo visto y vivido varios fracasos económicos, intentaba aportar su granito de arena.

Pasado un tiempo prudencial y viendo que las nuevas autoridades no estaban interesadas en intercambiar ideas sobre las medidas a tomar, sugerí dar a conocer el documento en forma pública que había sido la idea original cuando convoqué a Agustín Monteverde y a mi hermano.

En esa parte hubo diferentes posiciones por miedo a perjudicar al nuevo gobierno y se llegó al acuerdo de publicar solo el diagnóstico. Es decir, la descripción de la herencia recibida pero no las propuestas de las medidas a tomar. Personalmente yo era de la idea de publicar todo pero acepté limitarnos a publicar el diagnóstico.

En definitiva, el documento era una descripción de la espantosa herencia económica que dejaba el kirchnerismo y en su segunda parte una propuesta económica que busca volver, dentro de lo posible y a lo largo del tiempo, a los principios alberdianos, padre de nuestra Constitución Nacional, que fueron los que permitieron que Argentina pasara de ser un desierto a una de las potencias económicas a principios del siglo XX.

Lo concreto es que 7 economistas, al final se sumó un economista más con su firma, hicimos los deberes. Se los enviamos por mail a diferentes miembros del actual gabinete de Macri pero optaron por no intercambiar ideas.

Es perfectamente entendible que no les interesara ni nuestro diagnóstico ni nuestras propuestas de volver a los principios de nuestra constitución de 1853/60 y tengan en mente otra propuesta. Pero lo cierto es que se hizo el esfuerzo por diagnosticar y proponer ideas, lo cual a mí, que fui el que tuvo a su cargo armar y coordinar las reuniones del grupo, me queda la conciencia totalmente tranquila que el esfuerzo estuvo hecho y, por lo tanto, me siento libre de apoyar o criticar las ideas del gobierno habiendo previamente intentado ser escuchado por las actuales autoridades.

Debe quedar en claro que esta no es una nota reclamando que el gobierno nos convoque a dialogar, posiblemente se sientan más cómodos dialogando con el massismo, el radicalismo y el progresismo. Finalmente su ministro de Hacienda Prat Gay proviene de las filas del progresismo y es perfectamente atendible que quieran buscar la solución por ese costado ideológico. Por mi parte sigo creyendo que son más dignos y eficientes los principios de la libertad, la cultura del trabajo, la competencia empresarial, la integración al mundo que el paternalismo estatal que impulsa el progresismo.

En lo personal seguiré bregando por difundir las ideas de un gobierno limitado, que no exprima a los contribuyentes con impuestos para financiar un gasto público monumental, de baja calidad y con todos los condimentos para que la corrupción siga enquistada en el estado. Quiero un estado que le permita a la gente liberar su capacidad de innovación, disciplina fiscal para tener disciplina monetaria y bajar la inflación. Y, finalmente, quiero un país en el cual vuelva la cultura del trabajo. Valor que fue destruido a lo largo de décadas y demolido por el kirchnerismo.

Pasados más de 5 meses desde que asumió el nuevo gobierno 7 economistas hicimos un primer esfuerzo por colaborar acercando ideas que prefirieron no debatir y descartaron de entrada.

Ahora el camino que queda para todos aquellos que queremos que al gobierno le vaya bien, es solo marcar puntos de vista diferentes cuando se adoptan medidas que consideramos no adecuadas y apoyar aquellas que sí están bien enfocadas, pero siempre centrados en sostener los principios de la libertad que impulsó Juan Bautista Alberdi, tanto en su libro Bases como en el Sistema Económico y Rentístico.

No es aceptando nuestra historia desvirtuada que ha vendido el progresismo que vamos a salir de la decadencia, sino recuperando los valores de grandeza que están en nuestra constitución de 1853/60 y adoptando la audacia de estadistas como un Sarmiento, Pellegrini, Mitre y tantos otros que tomaron las ideas de la generación del 37 para transformar la Argentina en una potencia económica.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Por ahora el ajuste es para el sector privado

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 20/4/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1891026-por-ahora-el-ajuste-es-para-el-sector-privado

 

En momentos en que el Gobierno de Macri aumenta las tarifas de los servicios públicos mucha gente habla de ajuste. En rigor, si hay un ajuste es porque antes hubo un desajuste. Para ponerlo en términos más sencillos, no es que el Gobierno aumentó las tarifas de luz, gas y transporte porque goza viendo cómo la gente sufre en el bolsillo el impacto de esos aumentos. La realidad es que aunque hubiese ganado las elecciones Scioli hubiera tenido que aumentar las tarifas de los servicios públicos o dejar a la gente sin energía, transporte, agua, etc. Es, a mi entender, la pobre política de comunicaciones del Gobierno la que le genera todos los costos políticos de tener que arreglar el destrozo económico que dejó el kirchnerismo.

¿Tan complicado era para el Gobierno decirle a la gente que entre 2006 y 2015 los recursos destinados a subsidiar la energía pasaron de $ 4032 millones a $ 170.000 millones, o sea, que se multiplicó por 42 los recursos destinados el gasto en ese subsidio? Claramente esos subsidios, como los del transporte, etc. estaban concentrados en CABA y provincia de Buenos Aires, donde se concentra el 50% del padrón electoral. El kirchnerismo no era tonto a la hora de buscar votos, en tanto que el catamarqueño, el salteño o el rionegrino pagaban el costo de esos subsidios para que los disfrutásemos los que vivíamos en Capital y Gran Buenos Aires.

El presidente Macri habló aproximadamente una hora ante la asamblea el 1 de marzo pasado. Media hora la dedicó a describir la herencia recibida. Los economistas sabemos que media hora es muy poco tiempo para informarle a la gente el fenomenal destrozo económico que dejó el kirchnerismo.

Dicen que la gente no quiere oír hablar del pasado. ¿Qué estudio serio de opinión muestra que la gente no quiere saber sobre el destrozo que dejó el kirchnerismo en materia energética, de gasto público, de situación patrimonial del Banco Central, y el listado sigue?

¿Qué hubiese sido de la Argentina que progresó a pasos agigantados si Sarmiento hubiese mandado a hacer un estudio de opinión pública para ver si impulsaba la educación luego de descubrir que el 70% de la población era analfabeta de acuerdo al primer censo en 1869? Los líderes asumen riesgos y marcan el camino al resto de la población.

Explicar la necesidad de poner orden en las cuentas públicas para poder bajar la presión impositiva y la tasa de inflación es clave para que la gente comprenda por qué tiene que afrontar ciertas restricciones y cómo debe distribuirse la carga de corregir los desajustes heredados del kirchnerismo.

Por ejemplo, aquí se habla de ajuste salvaje en el sector público y sin embargo entre 2003 y 2015 los empleados públicos de la Nación aumentaron en 148.000 personas. Hasta ahora, de acuerdo a información dada oportunamente por el ministerio de Modernización, solo disminuyeron en 10.900 la planta de empleados estatales, es decir, solo 7% del aumento y únicamente el 2,8% del stock de empleados.

Al mismo tiempo, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, acaba de reconocer que en los últimos 4 meses el sector privado redujo la cantidad de empleados en 27.000 personas.

La demora en corregir el impuesto a las ganancias, no solo a las personas que trabajan en relación de dependencia sino también a los autónomos y a las empresas, el aumento de las tarifas y la suba de la tasa de interés muestran que el Estado no ha hecho ningún ajuste y el que sobrelleva el peso de corregir los desajustes heredados del kirchnerismo es el sector productivo de la economía. Es decir, el sector privado. Salvo por las ruidosas manifestaciones de unos pocos ñoquis y militantes k que dejaron de vivir a costa del trabajo ajeno, el grueso del llamado ajuste sigue recayendo sobre el sector privado. Es el que sigue teniendo privaciones económicas para no tocar a la legión de empleados estatales que hay a nivel nacional, provincial y municipal sin que haya mejorado la salud, la seguridad o la educación.

En 2003 el Estado ya estaba sobredimensionado. En 2015 el Estado explotaba de gordo y ya pesa tanto sobre el sector privado que lo terminó asfixiando, no dejándolo producir y, por lo tanto, generar la riqueza para financiarlo mediante impuestos.

Dicen que no se puede reducir la cantidad de empleados públicos hasta tanto no haya inversiones que generen puestos de trabajo para que absorba a esa gente que quedaría desocupada.

Mi impresión es que esas inversiones no van a aparecer hasta tanto no se deje de ajustar al sector privado impidiéndole invertir para crear puestos de trabajo.

A esta historia ya la vivimos infinidad de veces y siempre terminó mal. Ajustar al sector privado para no ajustar al sector público es un clásico de la economía argentina.

Es posible que con el arreglo con los holdouts la Nación, las provincias y los municipios consigan endeudarse en el exterior para financiar el gasto público. Pero eso no significa solucionar el problema, solo implica postergarlo acumulando más deuda. Financiar el desequilibrio con acceso al crédito que hasta ahora no disponíamos.

Hasta que los argentinos no terminemos con esta historia de que el Estado es la vaca sagrada que nadie puede tocar y el sector privado siga siendo el que continúa achicándose y pagando la fiesta populista, la Argentina no podrá revertir su tendencia decadente. Algún día le tendrá que tocar el turno al Estado depredador. El que se anime a hacerlo, será un verdadero estadista que pondrá de pie a la Argentina.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

El autoritarismo contable de la segunda vuelta

Por José Benegas: Publicado el 11/10/15 en: http://josebenegas.com/2015/10/11/el-autoritarismo-contable-de-la-segunda-vuelta/

 

La segunda vuelta electoral parte de un supuesto falso desde el punto de vista de lo que se considera actualmente como el parámetro de legitimación por excelencia, que es el bien de los gobernados. Este supuesto es que un país necesita un gobierno con capacidad de hacer lo que quiere hacer, de acuerdo a la última versión del humor político general.

No se entiende que el estado es poder y que el estatismo es autoritarismo, por lo tanto tampoco se entiende que eso de la “gobernabilidad” es un valor para el pensamiento despótico, no  para el republicano. Ni se entiende, ni se enseña, por eso cuando escucho que todo se solucionará con educación y veo alejarse a la sociedad de los objetivos que planteaban Jefferson o Sarmiento de instruir sobre la nueva institucionalidad de la libertad y sus condiciones, me alarma tanta inconsciencia sobre lo que se está diciendo.

Montesquieu y los Padres Fundadores en los Estados Unidos imaginaban a las ramas del gobierno compitiendo entre si. No había necesidad de que una de ellas “ganara” ninguna contienda, sino de que se controlaran entre unas a otras. El destino de un país no depende de una política sino de las instituciones y de la ley, no entendida como mera voluntad legislativa sino como los principios de derecho que parten de la libertad individual. Esa es la función del gobierno, las variantes en cuestiones de administración e inversión del gasto limitado del estado de acuerdo a criterios de distintas facciones, son contingentes. Si el partido A las puede llevar adelante o no, no importa al interés general. Hará acuerdos o tal vez no los logre y un determinado gobierno se vaya sin haber conseguido lo que quería hacer. No tiene ninguna importancia y si eso es producto de que no ha logrado convencer a suficiente gente así debe ser.

No existe ningún problema con un gobierno “débil”, en tanto no lo es nunca para hacer cumplir la ley. Lo puede ser en todo caso respecto de sus propósitos políticos particulares, pero no para aquello establecido en la Constitución que se resume en la defensa de los ciudadanos.

Se que me van a decir que esto es sólo la versión liberal (si tienen quemado el cerebro me dirán “neoliberal”) de la república. Por supuesto que lo es. El asunto es este, que tampoco quieren asumir: si un gobierno no se sostiene en principios liberales, lo hace en principios autoritarios. No hay búsqueda de mayoría artificial si no se cree que la sociedad tiene un “conductor” que tiene que tener capacidad para llevarla como si fuéramos todos súbditos. Es la visión del gobierno como central en la vida del país, opuesta a la de aquellos que sabiamente lo dividieron por quererlo limitado, la que se preocupa por la falta de apoyo de quién administra al estado. Por el contrario si pensamos que la sociedad se conduce básicamente por contratos y por una vida privada libre y que el gobierno está para determinadas cosas, el problema de un gobierno minoritario no importa, en cambio alarma el deseo de muchos de convertirlo en mayoritario cuando no lo es.

¿No hay alternativa? Bueno, un gobierno un poquito autoritario es un gobierno que es dueño un poquito de las libertades de los individuos. Yo diría que éstos están un poco perdidos porque con los recursos y poder del gobierno y los dilemas que describe Hayek en Camino de Servidumbre, una vez que se inicia ese camino es difícil volver atrás.

Pero hay algo más, que desarrollo en mi libro 10 Ideas Falsas que favorecen a sus víctimas. Las dictaduras del siglo XXI en las mentes de sus víctimas. Esto es que el andamiaje institucional político de la división de poderes sólo tiene sentido para preservar la libertad individual de la libertad del gobierno (su “gobernabilidad”) . Se trata de un corset, de unas reglas que entorpecen la consecución de los deseos del gobernante. El día que nos convencieron de que el país fluye si el gobierno goza de “gobernabilidad”, es el día en que nos hicieron comprar el autoritarismo siendo sus víctimas, no sus beneficiarios, aún cuando la cosa siempre se presentará como de vida o muerte para nosotros.

La trampa consiste en convencer (se enseña en los colegios y las universidades) de que la “democracia” requiere un gobierno que tenga fuerza suficiente, para no ser entorpecido por la división de poderes. Se le asigna un papel vindicativo y todo vengador necesita una espada grande. Así como suena y en la misma línea va lo de las segundas vueltas para que una minoría se convierta en mayoría con tirabuzón. Está implícito en el razonamiento que los votos hacen al mandamás menos vulnerable a las críticas, las decisiones desfavorables en el Congreso y los fallos adversos. Los gobiernos necesitan, nos dicen, una credencial pesada para no tener que discutir tanto y hacer lo que pensaban hacer. Este es un pensamiento puramente anti institucional y autoritario. Se lo disfrazará de paternalismo, por supuesto.

Ni los gobiernos mayoritarios ni los minoritarios deben estar habilitados para hacer cualquier cosa. O por lo menos a esa habilitación no se le debe dar tinte de ningún tipo de santidad, es la vieja ansia de unos por someter a los otros. Pero hacer de las minorías mayorías por medio del balotaje, es una directa apuesta al sentido despótico del poder. Si pensamos que eso es lo mejor, obligar a la gente a elegir entre los que otros eligieron para que las matemáticas unjan a un favorito en nombre de todos, entonces deberíamos acabar con la farsa republicana y otorgarle el consagrado el poder absoluto. Más gobernabilidad que esa no se puede tener.

Esto con independencia de que en un sistema totalmente desquiciado puede ocurrir que una banda criminal tenga la primera minoría y la segunda vuelta sea el método se sacársela de encima porque todo lo demás falló, no se quiso usar o los contendientes prefieren negar que están frente a un grupo fuera de la ley y hacerse cargo de eso. La segunda vuelta en sí, es una aberración.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.