SER CATÓLICO, HOY

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/9/14 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2014/09/ser-catolico-hoy.html

 

Comencemos diciendo lo obvio: no es fácil.

Pero, please, no lo hagamos más difícil.

Si el lector cree que ahora viene una larga lista de peticiones a la carta, para un Catolicismo a mi medida, no, no es eso.

Lo que quiero decir es que las circunstancias culturales actuales demandan más apologética y más convencimiento de quien se dice católico.

De manera totalmente comprensible (y no me quejo por ello) el Catolicismo es hoy, para muchos, el símbolo de lo absurdo. Y generalmente quienes lo dicen lo hacen con toda sinceridad, realmente convencidos, con argumentos importantes.

¿Pero cómo nos encuentra, en general, esa situación?

Con un Catolicismo asumido simplemente como una tradición y nada más. El catecismo de la infancia, mal dado en general; el colegio católico, peor, no por católico, sino por “escuela”; y ello queda como un vago recuerdo que tiene tanto de Fe auténtica como yo puedo tener de jugador de futbol. Los sacramentos se pierden, pero luego, claro, queremos casarnos por Iglesia, por la ceremonia, la fiesta, etc.; luego bautizamos a nuestros hijos, sin saber por qué; luego aparecen los reales problemas de la existencia y entonces viene el “soy católico PERO”……… Y nos convertimos de repente en maestros de teología, opinando de temas muy difíciles que jamás hemos profundizado, más que repetir de memoria la catequesis del colegio.

O sea: católicos, nuestra formación intelectual es un desastre, o un desartre, del cual seguro sabemos más que de Jesucristo.

Esto no es intelectualismo, ni pelagianismo, ni una visión aristocrática de la Fe. Claro que la Gracia lo da todo. Claro que la gracia produce la santidad, claro que ha habido santos analfabetos, claro que ha habido santos/as que sin humanos doctorados han sido declarados doctores de la Iglesia. Claro que la anciana que me enseñó, en una misión, a respetar la imagen de la Virgen, tenía más sabiduría que toda mi humana preparación.

Ese no es, por ende, el punto. La cuestión es la relación entre naturaleza y Gracia. Un católico no presupone que si fuma como una bestia, entonces necesariamente la Gracia lo protegerá de los problemas pulmonares. Un católico, si está enfermo, va al médico, no sólo reza. O sea, un católico es consciente de que la naturaleza humana implica una prudencia que evite todo milagrerismo fideísta y temerario. Que la Gracia puede sanarnos si no vamos al médico, desde luego, pero un católico no desafía a Dios de ese modo. Si la Gracia sana, agradecemos, pero si no, y no hicimos nada, será el mismo Dios el que nos tirará de los pelos (suavemente J) por no haber respetado el orden natural por El mismo creado.

Pero el ser humano no es cuerpo “más” alma. El ser humano es una unidad, es un cuerpo sentiente, inteligente y libre, afectado todo ello por el pecado original pero no por ello imposibilitado de que los remedios naturales actúen, SIEMPRE en concurrencia con la Gracia de Dios y de Su voluntad.

Por ende, así como es prudente ir al médico, es prudente formarnos intelectualmente. Así como hay medicina preventiva e higiene, debe haber formación preventiva e higiene mental. No quiere decir que ello sea condición suficiente; ni siquiera es necesaria porque la Gracia puede producir un milagro completo en cualquier intelecto; pero presumir que ese milagro nos va a pasar es, nuevamente, como presumir, temerariamente, que no debemos recurrir a la medicina porque Dios nos curará directamente.

Por lo tanto, gente, a estudiar. Ser católico no es como ser descendiente de italianos. Ser católico es creer verdaderamente, y para ese “verdaderamente” es prudente formarse. Hay que tomar el Catecismo, que los pobres Juan Pablo II y Ratzinger se mataron para redactar, y leerlo preguntando el por qué de cada cosa. Y el profesor de Teología no es el que repite el Catecismo y exige luego que se lo repita de memoria, sino el que va a contestar, con calma, todas las preguntas e inquietudes de ese tipo de lectura.

Pero el problema va más allá de los laicos. Realmente no sé qué tienen o no los obispos en su cabeza cuando dejan la formación de los seminarios como está. No se estudia en serio a Santo Tomás de Aquino, (y cuando se lo estudia, es desde pésimos manuales), se desprecia la Teología Dogmática, se contrapone todo ello, de modo dialéctico, a la pastoral y a las Sagradas Escrituras, y lo que logran es que se ordenen sacerdotes nominalmente católicos con mentalidad protestante (que, si fueran protestantes, nada de qué quejarse, desde luego). Los fines de semana, en vez de quedarse estudiando 30 hs por día, como debe ser, salen a las actividades pastorales, porque un activismo impropio de “Marta, Marta, te ocupas de muchas cosas” ha convencido a muchos de que si no, no hay caridad; y no tienen jamás tiempo de estudiar en serio. Claro, vuelvo a decir, Dios puede hacer milagros, pero no es bueno desafiarlo de ese modo…

Y esos sacerdotes serán los que luego serán obispos y cardenales…..

Por supuesto, muchos sacerdotes, obispos y cardenales sentirán que esto es injusto, que “ellos no”. Por supuesto. Estamos describiendo una situación general y predominante en la formación intelectual católica actual que deriva de haber mezclado a la Teología con corrientes post-modernas escépticas. Si NO es así, ¿por qué Benedicto XVI tuvo que dar su discurso en Ratisbona, refutando, con toda amabilidad, el latigillo de la “helenización” del Cristianismo por la escolástica? Piensen en eso: el discurso está casi totalmente dedicado a esa cuestión. ¿Estaba Benedicto perdiendo su tiempo en banalidades?

Y cuando en los seminarios estudian hermenéutica, no se dan cuenta de que una hermenéutica sin fenomenología cae en un relativismo incompatible con la articulación de razón y fe de Santo Tomás. Por eso los seminaristas pasan de un tomismo mal enseñado y mal estudiado a una hermenéutica sin asidero en la armonía razón-fe. La hermenéutica fenomenológica, armonizada con Santo Tomás, está hecha, la sistematizó Francisco Leocata con casi total perfección pero, claro, siempre queda mejor leer a un escéptico, pero francés,  que a alguien que publica en Argentina, no? Y eso SI estudian algo……..

Así que, sí: la Iglesia, hoy más que nunca, la Fe, el Catolicismo, es ridiculizado y seriamente atacado por los no creyentes, pero, claro, qué fácil es hacer eso ante supuestos creyentes que en el fondo no creen en nada o en cualquier cosa. El pecado original, la redención, el pecado, la participación en la cruz, la Trinidad, la Encarnación, están fuera del horizonte de aquellos que conciben a la Iglesia en primer lugar como una ONG de acción pastoral. Por eso casi todos ellos odiaron y odian a Benedicto XVI, porque fue la encarnación viviente de todo lo contrario.

 

Puertas para adentro, gente, puertas para adentro. Allí está el problema. Por supuesto, la Iglesia sobrevivirá porque las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella, pero mientras tanto las puertas de nuestra estupidez y desidia darán la impresión de lo contrario.

 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Al mundo le bastaria con ser coherente

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 18/9/13 en: http://www.atlas.org.ar/index.php?m=art&s=286 

Solucionar los problemas del mundo es sencillo, bastaría con ser coherentes, sobretodo ejerciendo la virtud moral de la humildad para aceptar aquellas ideas que van contra nuestros intereses creados, y la sencillez para ver lo que la realidad, y el sentido común, nos muestra aunque sea contra nuestras ideas pre concebidas. Siendo que  la moral no es un ridículo listado de normas represivas dictadas por alguna “autoridad competente”, sino la adecuación del hombre a la naturaleza, al orden del cosmos, al orden natural, como ya lo sabían los griegos. Así, todo lo que es “pecado” (inmoral)  es delito y, la inversa, aquello que no es “pecado” no es delito sencillamente porque la ley moral y la natural coinciden.

Hoy la mayor incoherencia se da en la idea de violencia, sobre la que se basa la idea de “autoridad”. Un intelectual católico me aseguraba que podía “explicar las relaciones del poder político legítimo con la coacción y el uso de la fuerza, que no es violencia”. El “uso de la fuerza” y la violencia serían cosas distintas. Insólito y, por cierto, desmentido por la filosofía “clásica”, griega y escolástica. Santo Tomás de Aquino copia de Aristóteles que “La violencia se opone directamente a lo voluntario como también a lo natural, por cuanto es común a lo voluntario y a lo natural el que uno y otro vengan de un principio intrínseco, y lo violento emana de principio extrínseco”, en la Suma de Teología, I-II, q. 6, a. 5.

Así, Etienne Gilson asegura, en el Capítulo VIII de la Segunda Parte de “El Tomismo”, que para el Aquinate “Lo natural y lo violento se excluyen… “. Para redondear recordemos que Aristóteles en ‘La Gran Moral’ (I, XIII) señala que “… por ejemplo, se puede obligar a un caballo a que se separe de la línea recta por donde corre, haciéndole que cambie la dirección… Y así, siempre que fuera de los seres existe una causa que los obliga a ejecutar lo que contraría su naturaleza o su voluntad, se dice que estos seres hacen por fuerza lo que hacen… Esta será, pues, para nosotros la definición de la violencia y de la coacción: hay violencia siempre que la causa que obliga a los seres a hacer lo que hacen es exterior a ellos; y no hay violencia desde el momento que la causa es interior y que está en los seres mismos que obran”.

O sea, hacer una distinción entre “uso de la fuerza” y violencia es una burda incoherencia y, si es católico, además desdice a la más profunda teología cristiana que reafirma la Infinita Misericordia de Dios, esto es, que Dios perdona absolutamente y a ninguna falta penaliza ni memoriza. Esto termina con la idea del “uso de la fuerza” (la violencia) como castigo y queda por analizarla en el caso de prevención delictiva. Solo el hecho de que esto supone prejuzgar ya invalida el argumento, pero suponiendo que el prejuzgar la comisión de un delito fuera “justo” o necesario, “el fin no justifica”  los medios, no puede cometerse un acto inmoral (la violencia) para evitar otro.

Se dirá que un mundo así de coherente sería utópico, pues no lo sería porque hasta en los casos de defensa propia y urgente los métodos no violentos son los eficaces. Por el contrario la “autoridad” que se basa en el “uso de la fuerza” siempre destruye, como toda violencia, y por esto y no por otra cosa cuanto más estatista (cuanto más se abusa del monopolio estatal de la violencia para imponer “autoridad”) más destruido y pobre queda cualquier país.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Reflexiones sobre mi NO originalidad (dedicado a todos los que odian a Mises – Hayek – Husserl – Gadamer – Feyerabend – Popper – Kuhn – etc etc etc……………..)

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 2/6/13 en http://gzanotti.blogspot.com.ar/

Uno de los aspectos más curiosos de mi vida académica es cierto tipo de elogios que recibo: son muy interesantes. En general recibo críticas, si, a veces muy duras, otras veces elogios muy cálidos, y hay que tener cuidado: ambos casos despiertan sentimientos de los cuales hay que estar cubierto y no siempre lo estoy.
 
Pero, como decía, hay cierto tipo de elogios que siempre me han llamado la atención. Yo en general trabajo con autores. Les veo su eje central, su núcleo central, y luego les doy una interpretación adicional donde muestro su no contradicción con Santo Tomás de Aquino, o muestro que sus inconsistencias son aparentes, etc. Entonces viene una respuesta típica, sea cual fuere el autor: no, Zanotti, ese NO es… (el que fuere: Mises, Husserl, Alien el 8vo. pasajero, etc.). No, ese NO es fulanito: ese sos vos (hasta me ha pasado con heideggerianos cuando les explico Santo Tomás). Sos VOS el que piensa así, ¿por qué no lo decís directamente y no se lo hacés decir a otro que te trae innumerables problemas? ¿Por qué no defendés tu propia originalidad, por qué te “atás” a ese, en el fondo, reverendo tarado?
 
O sea: los que me elogian de ese modo tan curioso, tentando, obviamente, a mi vanidad, en realidad ODIAN a mis “protegidos”. Están convencidos for ever and ever de que (ejemplos) Mises es un irremediable escéptico neokantiano, que su praxeología es mero materialismo; que el orden espontáneo de Hayek es una total contradicción e imposibilidad, que Husserl es un idealista irredimible, que Gadamer es un heideggeriano relativista, que Feyerabend fue un mal bicho irrespetuoso, que Popper es un relativista total, que Kuhn es un escéptico post-moderno, etc., etc., o –finalmente- que Santo Tomás no fue más que un inteligente aristotélico que ya no puede decir nada al mundo actual.
 
Cuando les demuestro, con todas las distinciones necesarias, con todo el trabajo hermenéutico necesario, que NO es así, cuando les muestro que, en el fondo, están leyendo mal, me dicen: no, esa es TU lectura. Eso es “tuyo” (¡gracias!!!), NO del autor.
 
Pero, ¿acaso soy yo tan original? ¿Soy YO el inventor de la praxeología de Mises, del orden espontáneo de Hayek, del mundo de la vida de Husserl, de los horizontes de Gadamer, de los paradigmas de Kuhn, de las conjeturas de Popper, del proceder contra-inductivo de Feyerabend, de los juegos del lenguaje de Wittgenstein? Porque ESOS son los EJES CENTRALES que YO defiendo, y NO son una proyección de categorías zanottianas sobre unos pobres imbéciles: son mi humilde identificación del núcleo central de GRANDES GENIOS y mi consiguiente demostración de que eos núcleos centrales son en última instancia VERDADEROS, aunque con los límites epocales y filosóficos del autor.
 
Por ende, enemigos for ever and ever de esos autores, gracias por defender mi originalidad, pero lamento desilusionarlos. Soy nada más que un comentarista, que identifica, en todos esos autores, perlas preciosas que ustedes no ven. Mi trabajo hermenéutico es descender a las profundidades del océano, identificar a los titanics hundidos en un océano profundo de incomprensiones y volverlos a la luz del sol, sin deformarlos, pero mostrando lo que realmente eran y son. No soy más que un buceador que nada (y cuando yo nado, no nadeo J) en infinitos océanos buscando luces olvidadas. Yo simplemente he construido un mundo donde cada una puede volver a brillar, de vuelta, en su lugar.

 Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

 

Argentina, no tengas miedo:

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 30/5/12 en http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=38119&tit=argentina_no_tengas_miedo&_pagi_pg=2

Marcos Aguinis, renombrado literato, escribió en La Nación de Buenos Aires que “perturba que el poder nacional haya quedado reducido a una persona… ¿O hemos retrocedido al Estado de Luis XIV? ¿O a la URSS de Stalin?”. Con ayuda de los ‘opositores’ tanto que, continúa Aguinis,  “se limitan a maquillajes,… respuestas confusas a la agenda oficial, ambiciones personales… reproducen ad náuseam el modelo populista (oportunista)… No se han dado cuenta de que China… desde que… (dejó el) modelo colectivista de Mao, ¡aumentó 45 veces su PBI!”

Este proyecto de tiranía, donde “impera una corrupción monstruosa, superior a la de cualquier gobierno del pasado” según Aguinis, llega al colmo de pretender obligar a pensar.

Así, el senador Aníbal Fernández casi ordenó ‘váyanse haciendo a la idea de que hay que pensar en pesos’ y continuó diciendo que “el dólar… no se emite en Argentina” (habrá querido decir que al peso lo emite su gobierno) y remató asegurando que “nadie le quiere perjudicar la vida a nadie”, cierto, mientras se haga y se piense como el oficialismo decida, o reprimirán con el monopolio estatal de la violencia.

Sucede que el gobierno argentino, entre tantas barbaridades, está empezando a implementar un control de cambios de divisas al estilo de Venezuela, que “sufre un autoritarismo” dice Aguinis, y tan ‘democrático’ que Chávez llegó a afirmar que los opositores “Nunca serán gobierno, escríbanlo”. El control de cambios fue endurecido por la “revolución” chavista y, ahora, la Comisión de Administración de Divisas, creada en 2003, no solo pretende digitar todo el mercado sino que prohíbe, impidiendo la libertad de prensa, hablar del dólar libre, en el mercado no oficial (según algunos, alimentado por los dólares de la corrupta PDVSA), al que los venezolanos habitualmente se refieren, por ejemplo, como “lechuga”.

Contra las imposiciones de este proyecto de tiranía argentino (o monarquía absolutista, ya que están planeando que gobierne el tercer Kirchner después de Néstor y Cristina), el pequeño pero aguerrido Partido Liberal Libertario, puso una mesa en la calle para la compra y venta de dólares y su presidente aseguró que, cuando las leyes son inmorales, hay que rebelarse, particularmente contra los agentes recaudadores de impuestos que allí acechaban.

Un clásico de clásicos, Tomás de Aquino, asegura que “Si el gobierno, injusto fuera de uno solo, para procurarse sus propias comodidades… se llamaría tirano…”. Y más adelante “… el dominio por modo de sujeción servil, introducido fue por el pecado…”. El Prof. José Luis Parada Rodríguez recuerda que para el tomismo “Cuando las leyes del tirano son injustas (…para satisfacer la avaricia…)… no pueden ser vistas… como de obligado cumplimiento, más allá de que el tirano use la fuerza… (y, si) se impusiesen leyes contra el bien divino, considera santo Tomás que no es lícito obedecerlas”.

Estos proyectos de tiranía temen perder el poder porque, en su soberbia y avaricia, sienten que sin él no son nada y que corren riesgos. La violencia es hija del miedo y por eso están dispuestos a reprimir (la vida económica y social) cada vez más. Así, parafraseando a Juan Pablo II, digamos a los argentinos “no tengáis miedo”, a rebelarse pacíficamente (y poner la otra mejilla si fuese necesario) y desconocer la iniquidad, porque ésta no podrá triunfar, ya que la violencia es contraria al hombre (y a Dios).

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.