Mauricio Macri y su mayor capital político

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 25/9/17 en: http://www.elpais.com.uy/economia-y-mercado/mauricio-macri-mayor-capital-politico.html

 

 

La carta abierta de Cristina Fernández pidiendo el voto de todos los opositores para poder ganarle al oficialismo, muestra el grado de preocupación de la ex presidente por no llegar en el segundo lugar en las elecciones del 22 de octubre.

 

Mauricio Macri en la cumbre del Mercosur. Foto: AFP

Es más, el jefe del bloque de diputados del Frente para la Victoria, Héctor Recalde, acaba de pedir que la oposición corte boleta y vote a Cristina Fernández.

El argumento es para que entre Taiana en vez de Gladys González, segunda candidata a senadora por Cambiemos. Sin embargo, tal desprecio por los candidatos a diputados de la lista K de Unidad Ciudadana, parece estar reflejando la desesperación que la ex presidente Cristina Fernández termine segunda. Entraría como senadora pero sería un cadáver político luego de liderar 3 derrotas electorales consecutivas. La de 2013, 2015 y ahora en la provincia de Buenos Aires.

Por el momento, el caso de la confusa desaparición de Santiago Maldonado no parece haber afectado el resultado electoral. Una encuesta de Giacobbe y Asociados muestra a Macri con una imagen positiva del 57,1%, regular 8,5% y negativa del 33,8%. Hay que tener en cuenta que la imagen positiva del presidente subió 3 puntos porcentuales respecto a agosto.

Posibilidades.

Todo parece indicar que Esteban Bullrich terminaría ganando la pulseada en la provincia de Buenos Aires y Cristina Fernández se quedaría con el premio consuelo. De todas maneras, creo que Cambiemos logrará en esta elección más capital político aún en la eventualidad de que Cristina Fernández lograra ganar en la provincia de Buenos Aires.

Una derrota sería mucho más humillante, pero aun ganando habrá que ver cuántos senadores la acompañan y cuántos preferirán negociar con el oficialismo sabiendo que sus provincias necesitarán más fondos para mantener en el poder a sus gobernadores. Pichetto, jefe de la bancada peronista en el senado, ya advirtió que Cristina Fernández tendrá que hacer un bloque aparte del PJ.

El contexto.

El gobierno llega a las elecciones con una situación económica un poco más distendida, pero con muchas cuentas pendientes por solucionar. Por ejemplo, en materia de inflación, si bien la inflación Congreso ya se ubica algo por debajo del nivel que había dejado Cristina Fernández, al gobierno le cuesta quebrar el 1,5% mensual de aumento que proyecta una inflación del 20% anual.

Mi impresión es que luego de las elecciones, la inflación pegará otro salto por el ajuste de tarifas de los servicios públicos que seguramente habrá luego de octubre, en particular en el rubro energía. Para hacer una comparación, podríamos decir que Argentina es un auto que circula a 150 kms por hora por la autopista y divisa que delante hay un camión. Como hay neblina no se conoce cuál es la distancia hasta el camión (hasta dónde financiarán nuestro déficit fiscal desde el exterior). ¿Qué hacer en ese caso? ¿Disminuir la velocidad (gradualismo) o empezar a tocar el freno (shock)?

Si se disminuye la velocidad se corre el riesgo de haber calculado mal la distancia con el camión por la neblina y terminar chocando. Tocar el freno nos preserva más del gradualismo. Claro que frenar, que sería la política de shock, está mal interpretada o deliberadamente mal interpretada.

Política de shock no es despedir un millón de empleados públicos de un día para otro, es anunciar un plan económico global con medidas monetarias, fiscales, impositivas y de desregulación de la economía que genere un shock de confianza en los agentes económicos. Las medidas pueden ir aplicándose en forma gradual (pero más rápido que el actual gradualismo) pero siempre en forma simultánea. ¿Qué hará Macri al respecto?, ¿levantar el pie del acelerador o empezar a pisar el freno?. Nos enteraremos luego de octubre. Si consolida su capital político tendrá margen para pisar el freno y llegar al 2019 mucho más armado económicamente que en estas elecciones de medio término de 2017, implementando reformas estructurales.

Pendientes.

Una de esas reformas es la laboral, fundamental para bajar la tasa de desocupación. Aquí el punto es clave, porque Brasil aprobó una reforma laboral que, entre otros puntos, lleva las negociaciones salariales a nivel sectorial e incluso por empresa. Dicho de otra manera, los contratos privados pasan a ser más importantes que las convenciones colectivas.

Por otro lado, se flexibilizaron las condiciones de despido, algo que es fundamental para que las Pymes se animen a contratar más personal. Se ampliaron las posibilidades de tercerizar tareas y se reglamentó el homeworking y otras normas más.

Hay, por lo menos, dos razones para que Argentina se vea forzada a adoptar un camino parecido al de Brasil y flexibilizar la legislación laboral. En primer lugar, si Argentina no hace nada al respecto, todas las inversiones se van a ir a nuestro socio del Mercosur. Ni las migas vendrán para aquí. En segundo lugar, Argentina y Brasil y el Mercosur querrán avanzar en un tratado de libre comercio con la Unión Europea. Brasil, con esa reforma laboral puede llegar a competir, Argentina quedaría fuera de combate. De manera que, una vez pasadas las elecciones, no debería transcurrir mucho tiempo para que Macri lance algunas reformas claves en materia fiscal y laboral. Si se demora, de nuevo se le vendrán encima las elecciones de 2019 y habrá perdido todo su primer mandato sin poder instrumentar reformas económicas de fondo.

Sea cual sea el resultado electoral en la provincia de Buenos Aires, Macri terminará con mayor capital político. Luego del 10 de diciembre, cuando asuman los nuevos legisladores dándole mayor peso al oficialismo en ambas cámaras, sabremos el rumbo que seguirá Macri.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Apología de la Grieta

Por Gabriela Pousa: Publicado el 2/9/17 en: http://www.perspectivaspoliticas.info/apologia-de-la-grieta/

 

Llámese “grieta”, llámense diferencias. Gusten o no estas existen desde el momento en que viendo el desborde en una movilización, se nos estruja el alma por ese regreso de la barbarie versus la civilización.

Que se llame grieta o división da igual. Es una de las escasas excepciones a la regla porque el vocabulario trasciende las definiciones maniqueas. Que hay dos Argentinas no es noticia, en este mismo espacio escribí sobre ello hace tiempo. Fui más allá y sostuve que quizás hay  una tercera solapada entremedio. Fue en el año 2012 en ocasión de un paro de subterráneos que dejó a miles de trabajadores varados.

Nunca fue este un país sencillo para el análisis, los argentinos son intrincados, saben lo que no quieren pero a la hora de luchar por ello, muchas veces miden el termómetro de lo políticamente correcto. Hay razones: doce años de miedo, miedo a proclamar que no se compartía el pensamiento del ex gobierno. Doce años que han dejado una generación diezmada hasta el tuétano.

El hartazgo, el deseo de cambio se plasmó finalmente en las urnas, afanosas de volver a la república. Pero hoy parece que nada alcanza, que nada es suficiente para explicar que el tiempo del miedo y del relato se ha acabado. Al periodismo en particular, le cuesta demasiado retomar el rol que jamás debió haber abandonado. La impuesta corrección política sigue desvirtuando el escenario.

Muchos piensan “blanco” pero dicen “negro” porque es lo socialmente aceptado. Una falacia porque la sociedad ya no acepta ciegamente nada. Habrá que esperar un lustro quizás hasta disipar la insensatez de no atreverse a decir lo que se piensa, lo que se cree. El cambio es un proceso, no se da de la noche a la mañana como no se acostó un señor feudal en la Edad Media y amaneció luego en la Moderna.

La desesperación de la derrota cala hondo en quienes se creían inmortalizados en el poder. La justicia acecha, ese es otro error. La justicia debería obrar, no amenazar. Una pena. Lo cierto es que el temor ya no es exclusivo de la gente. Los ex dirigentes empezaron a temblar, a experimentar lo que antaño sentía buena parte de la sociedad.

Acá vuelve a verse con claridad que la división, la grieta o la diferencia está. Nosotros temimos en paz, ellos temen en guerra. ¿Cómo pretender hacer desaparecer la brecha? No nos une el amor ni el espanto siquiera.

Atrapada en su laberinto, Cristina Fernández de Kirchner rocía con nafta la resina y la leña. Pretende volver al obsoleto slogan de “yo o el caos” pero ya está claro que el caos es el “yo” de ella. No hay distinción.

En este contexto, Santiago Maldonado es apenas una excusa, un utilitario y eso duele más que todo el juego burdo y los antagonismo que pueden leerse en redes o verse por la tele.

Si alguien necesita y quiere a Maldonado vivo es el Presidente de los argentinos, no hay duda de ello. No hay beneficio de otro modo. A este gobierno le importa el ser humano. Del otro lado, lo buscan prefiriéndolo muerto para justificar el desborde y esta moda arcaica pero peligrosa del “anarquismo posmoderno”; una sandez sin base ideológica, una bohemia trágica, una ignorancia sin máscara. Las caras tapadas no tapan nada. Paradojas de un pueblo que aprendió a ver del derecho y del revés.

Hace rato que quieren tirarle un muerto al oficialismo, proyectan el escenario de Kosteki y Santillán en un país que ya no es el mismo. El delicado equilibrio a mantener es mísero: y entonces se vuelve a la trampa de discutir si hay que hacer un shock o apelar al gradualismo.

Siempre llega un tiempo en qué hay que elegir entre la contemplación y la acción: eso se llama hacerse hombre”, decía Albert Camus. Le cabe también a las naciones. Ya no se puede contemplar este circo de violencia inaudita esperando se sosiegue por cansancio o desgaste de sus adláteres. Mañana puede ser tarde. Tampoco puede entrarse en su juego. Es complejo el desafío para Cambiemos. Apoyarlo es decisivo.

El pasado no puede ser mero recuerdo que vuelve ahora a ser recordado, el pasado debe ser más que nunca hoy: la lección. Y quienes estamos de este lado de la grieta hemos de demostrar que aprendimos. Ha habido cientos de argentinos cuyos paraderos desconocemos y no hubo reclamos por ellos. Si Maldonado no hubiera desaparecido en la previa de una elección, permítaseme dudar si las voces pidiendo por él sonarían igual o el silencio hubiese vencido. 

La unión de todos es otro slogan inútil aunque suene lindo. Jamás agua y aceite se han unido. Imposible pretender que gente de bien y de principios vea a un vándalo que rompe la ciudad y agrede a la autoridad como un igual.

Hay que dejar de lado el romanticismo y decir las cosas como son aunque no suenen bonito. Hay una grieta, y es justamente esa grieta la que nos garantiza hoy que todavía es posible vivir mejor. La Argentina no es una, no tiene por qué serlo al menos en lo inmediato donde ni el lenguaje es similar, ni las intenciones son las mismas. En definitiva, lo que importa es que cada una respete los limites de la otra. A esos límites hay que custodiar día a día.

Quienes quieren la violencia pueden pues empezar a vivir su Argentina entre rejas. Los otros ya lo hemos hecho demasiado tiempo, atrincherados por miedo. Luego elegimos y ganamos. De este lado de la grieta debemos hacer valer los derechos que votamos.

La grieta no nos menoscaba como país cuando hay diferencias que engrandecen la raíz. Separemos las aguas en lugar de mezclarlas. Así lo hizo Moisés y el pueblo judío avanzó hacia su paraíso. Valgan las parábolas, valgan las metáforas.

 

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Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.