Bajan el Impuesto a las Ganancias para las personas, pero cada vez hay menos empresas que contratan personal

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 31/3/2021 en: http://economiaparatodos.net/bajan-el-impuesto-a-las-ganancias-para-las-personas-pero-cada-vez-hay-menos-empresas-que-contratan-personal/

Los cambios tributarios y los efectos sobre el mercado de trabajo en un año que arrastra los efectos de la crisis sanitaria

Finalmente el sábado la Cámara de diputados le dio media sanción a los incrementos de las deducciones de ganancias para los ingresos de las personas en relación de dependencia.

De acuerdo a lo informado, el “costo fiscal” en pérdida de recaudación serían unos $ 48.000 millones, monto que vuelve a los bolsillos del contribuyente para reactivar el consumo.

Sin dudas que toda baja de la carga tributaria es muy bienvenida, pero luce raro que $ 48.000 millones vayan a reactivar el consumo interno. Ese monto representa el 0,2% del consumo privado de 2020. Literalmente nada.

Por otro lado, sin perjuicio de lo bueno que es reducir impuestos, la realidad es que la carga tributaria disminuye poco para “estimular” el consumo, pero sigue creciendo para las empresas y para la economía en su conjunto.

En los 29 años que van entre 1991 y 2020 la carga tributaria consolidada, es decir, sumando la presión impositiva de la nación y de las provincias, aumentó el 65,8%, aunque en realidad a nivel nacional subió el 63% y a nivel provincial el 81,5%. Es decir, la carga tributaria de los impuestos provinciales subió más que la carga tributaria que aplica la nación y, aun así, la mayoría de las provincias están económicamente colapsadas y con una pésima calidad del gasto público.

Los datos de la presión impositiva consolidada, sumando impuestos nacionales y provinciales pueden verse en el gráfico 1.

Gráfico 1

INFOBAE-29-DE-MARZO-DE-2021-GRAFICO-1

Lo que puede verse en el gráfico es que es a partir de la llegada del kirchnerismo en 2003, la carga tributaria, medida como recaudación impositiva/PBI, comienza a aumentar hasta llegar a un pico del 37,5% en 2013. Luego baja un par de puntos durante la gestión de Macri hasta el 28,8% y en 2020 vuelve a incrementarse. Lo concreto es que entre 1991, cuando se lanzó la convertibilidad, y 2020, aumentó 12 puntos porcentuales del PBI y sin embargo la salud pública es un desastre, la educación pública brilla por su ausencia y la seguridad casi no existe.

Tenemos un estado grande e ineficiente que genera, además de problemas fiscales, problemas de ineficiencia en la economía porque hay que pagar dos veces por todo. Se paga impuestos para tener salud pero cada uno se financia su medicina privada. Se pagan impuestos para tener educación pero crece la matrícula en los colegios privados y disminuye en los colegios públicos. Se paga impuestos para tener seguridad, pero todos ponemos cámaras de seguridad, alarmas, alambres electrificados, casillas de custodia en la esquina y demás medidas de seguridad.

Pero hay otro dato que también hay que tener en cuenta. Si uno toma la recaudación impositiva consolidada durante la era k, la recaudación/PBI crece 7,8 puntos porcentuales en tanto que el déficit fiscal consolidado pasa de un superávit consolidado de 1,59% del PBI en 2003 a un déficit fiscal de 7,24% del PBI. O sea un recorrido de deterioro fiscal consolidado de 8,83% del PBI a pesar de haberse incrementado la presión impositiva en 7,8 puntos del PBI. Algo totalmente delirante.

Gráfico 2

INFOBAE-29-DE-MARZO-DE-2021-GRAFICO-2

Es más, si se toma el año 2004 cuando se alcanza un superávit consolidado de 3,54% del PBI y se termina 2015 con un déficit de 7,24% del PBI, el recorrido de deterioro fiscal es de casi 11 puntos porcentuales a pesar del fenomenal viento de cola externo fruto de la suba de las commodities.

Es tal el grado de deterioro de la economía argentina que ni por casualidad van a resolver la caída en el nivel de actividad con la amarrete reducción de la carga impositiva sobre las personas que se acaba de aprobar en el Congreso, más allá de la necesidad de mucha gente de pagar menos impuesto a las ganancias.

El punto es que, mientras a algunas personas físicas se les reduce algo la carga impositiva, a las empresas las siguen liquidando con más impuesto y haciendo la vida imposible con regulaciones y controles. Si las empresas siguen siendo exprimidas como una naranja a la cual ya no le queda más jugo para exprimir, lo más probable es que veamos cada vez menos empresas en el país y más gente que pierde su trabajo. Esto quiere decir que podrán bajarle en forma amarrete la carga tributaria a los trabajadores en relación de dependencia, pero va a llegar un punto que esa rebaja va a resultar inútil porque va a haber pocas personas trabajando en relación de dependencia si las empresas se siguen yendo del país o cerrando.

Sin duda que hoy día bajar impuestos no es cosa sencilla sin reducción de gasto público, sin embargo, como muestra basta un botón: las organizaciones “sociales” vinculadas con el gobierno manejan planes sociales por $ 82.000 millones de acuerdo a INFOBAE. Es decir, estas organizaciones piqueteras manejan un 71% más de dinero que lo que se redujo de impuesto a las ganancias a las personas físicas en la ley que acaba de aprobar el parlamente.

Ni que hablar con la cantidad de ñoquis que existen en los tres niveles de gobiernos cuya masa salarial equivale a 6% del PBI aproximadamente cuando se quitan docentes, personal de la salud, fuerzas de seguridad y fueras armadas.

En síntesis, no está mal la ley que aprobaron, pero claramente luce más como jueguito para la tribuna que como un inicio de un camino de solución de los problemas económicos.

Argentina necesita un plan económica integral que incluya reformas monetaria, laboral, desregulación de la economía, reforma del estado con baja del gasto, reforma tributaria e integrarse al mundo, algo que espanta al presidente Fernández.

Bienvenida la baja de impuestos a las personas físicas, pero esa baja de impuestos no va a beneficiar a alguien si la gente se queda sin trabajo porque las empresas siguen yéndose del país.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

FEYERABEND Y EL CORONAVIRUS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 15/3/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/03/feyerabend-y-el-coronavirus.html

 

Feyerabend tiene muchas cosas difíciles de aceptar, pero una de ellas es su noción de “Nueva Ilustración”. No se la entiende o, si se la entiende, obviamente se la rechaza, porque mueve totalmente el piso de nuestro actual paradigma cultural.

Feyerabend explica que la Ilustración separó al Estado de las iglesias (ahora no entremos en la distinción entre laicismo o laicidad), y eso lo ve como positivo, como un camino a respetar las decisiones de las personas en temas importantes de su vida. (Repárese: “importantes”). Lo considera un signo de madurez. Claro, se podría debatir qué es la madurez. Tal vez se podría interpretar que luego de las guerras religiosas entre católicos y protestantes, Occidente “maduró” sacando a lo religioso del ámbito de la coacción del estado. Claro, en ese caso hay que “separar”, también, a la Revolución norteamericana de la Revolución Francesa, pero Feyerabend no repara en esa distinción. Solo le interesa señalar que Occidente enfrenta un nuevo tipo de inmadurez: dejar en manos de funcionarios estatales las decisiones personales que tengan que ver con “lo científico”. Antes era el inquisidor, ahora es el “experto”. Pero para Feyerabend, así como debe haber libertad ante lo religioso, debería haber libertad ante la ciencia.

Pero no, no la hay. Por eso las nociones de educación pública y salud pública son sacrosantas en el Occidente actual, porque ocupan el lugar cultural que antes ocupaba la religión única en el Sacro Imperio. Sacro imperio que te protegía del error religioso, del “contagio” de las religiones falsas, y ello con plena aceptación de casi todos. Ahora es el sacro imperio científico, donde el estado protege tu salud corporal de lo que la ciencia diga que es malo para ella. Porque antes protegía la salud del alma, ahora, la del cuerpo. Un cambio de paradigma importante. Pero una continuidad: en lo que un horizonte considere importante, fundamental, esencial, probado, conocido, etc., coerción, por tu bien y por el de los demás. Era el argumento de los inquisidores.

Lo que está sucediendo con el coronavirus va más allá del debate biológico. Hay algo más allá de su grado de mortalidad o su grado de contagio. Allí ya entraron discusiones interminables: que si es más o menos grave que otras enfermedades, (con las cuales convivimos diariamente sin ningún pánico porque ya las tenemos asumidas), etc. La cuestión cultural de fondo es otra: casi todos demandan al estado la salud física pública. Y además, en una cultura que no asume la muerte, que no habla de ella, que la patea para adelante, la creencia en que hay un nuevo virus fatal dando vueltas dispara todos nuestros más atávicos temores. Las dos cosas se mezclan. Ante el temor, fundado o no, ante el virus, todos llaman al estado, que hace lo que sabe hacer: prohibir para evitar el contagio, de igual modo que el Sacro Impero Cristiano te protegía del contagio de los infieles.

¿Tiene esto solución? No. Feyerabend demanda una nueva Ilustración, que separe a la ciencia del estado, pero obviamente ello es hoy imposible. Es como si alguien hubiera escrito en el s. XIII la declaración de libertad religiosa del Vaticano II. Ni siquiera se hubiera entendido de qué se estaba hablando.

Así están las cosas. Depositamos nuestra salud en manos de otros porque pensamos que la ciencia los habilita para ello. Ellos también lo piensan. Todos lo suponen. Es el horizonte actual. He allí la desesperación y el pánico. Ese es el horizonte que retroalimenta a medios, estado y ciudadanos. Así es y durante mucho, mucho tiempo, así será.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

LAS TRES ETAPAS DEL AVANCE DEL ESTADO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 12/7/15 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2015/07/las-tres-etapas-del-avance-del-estado.html

 

(De un ensayo de próxima aparición).

  1. Las tres etapas del avance del estado.

El principio de subsidiariedad (PS), la iniciativa privada y las libertades individuales consiguientemente protegidas, sufrieron una negación y una involución progresiva que podríamos señalar en tres etapas.

  1. a) El estado-nación legislador del s. XIX.

Fruto del positivismo, que en lo social Hayek llama constructivismo[1], los estados-nación racionalistas europeos de fines del s. XIX (Francia, Italia), con copias en Latinoamérica (México, Uruguay, Argentina), avanzaron sobre temas de educación, salud pública y matrimonio, con la intención de educar y proteger al ciudadano en tales áreas mediante lo que la ciencia podía proporcionar. La educación pública obligatoria tenía por misión educar en las ciencias y letras básicas el futuro ciudadano ilustrado[2] y secularizado; la medicina se divide en legal e ilegal, y en la primera el estado avanza en la salud pública. En materia de matrimonio y familia los estados avanzan quitando el cuasi-monopolio que las comunidades religiosas mantenían en esas áreas. Comparado con lo que vino después, fue un positivismo ingenuo y un laicismo moderado (laicismo como esencialmente diferente a la sana laicidad)[3]. Los estados educaban en cosas que hoy consideraríamos “buenas” tales como ciencia básica, lecto-escritura, matemáticas, etc., y los hospitales públicos se regían por una medicina científica relativamente des-ideologizada. Las comunidades religiosas toleraron al principio y aceptaron luego esta situación sin sospechar lo que vendría después.

  1. b) El Welfare State.

Como fruto de la crisis del 29 y la progresiva crítica y desconfianza a un liberalismo “individualista”, surge más o menos a mitad del s. XX el convencimiento generalizado de que los gobiernos centrales deben ofrecer bienes públicos en materia de salud, medicina, educación e información, respondiendo ello a lo que serían los derechos de segunda generación (a la salud, la vivienda, la educación, la seguridad social, etc.) muchos de los cuales fueron explícitamente escritos en diversas reformas constitucionales[4]. Luego de la 2da. guerra, este avance del estado convive con formas republicanas en EEUU (el New Deal) y en Europa (el Estado Providencia) o con sistemas más autoritarios, como el primer peronismo en Argentina, de orientación claramente fascista en el sentido técnico del término. Los estados, con toda lógica, proveen salud, educación, seguridad social e información, según los criterios del estado, por supuesto. Pocas voces, como Mises y Hayek, advierten los peligros para los derechos personales[5], pero no son escuchadas. Diversas religiones aceptan de buena gana el sistema, convencidas de la crítica al liberalismo y de la necesaria intervención del estado para proteger a los menos favorecidos por la lotería natural de recursos, como diría Rawls[6]. Claro, esto siempre que los gobiernos no quisieran imponer coactivamente cuestiones que violaran la libertad religiosa, pero al principio, dadas las costumbres de la época, ello no parecía ser un problema. Los católicos argentinos tuvieron una primera advertencia cuando Perón se enfrentó con la Iglesia en su 2do. mandato, pero luego los militares católicos que lo derrotaron utilizaron los mismos instrumentos estatales para imponer la “sana doctrina” y lo que algunos autores llaman “el mito de la nación católica”[7]. Mientras tanto, el PS y las libertades individuales brillaban por su ausencia, ya despreciadas estas últimas como la mera expresión ideológica de un capitalismo supuestamente incompatible con lo religioso.

  1. c) Las nuevas ideologías autoritarias.

El escándalo se produce cuando nuevas ideas, casi inconcebibles mundialmente en los 30 y los 40, amanecen en el horizonte para ser impuestas desde el estado, violentamente enfrentadas con lo religioso, como una nueva etapa de laicismo radical. Ellas son:

  1. Que el sexo es una identidad que el individuo se coloca a sí mismo con total autodeterminación.
  2. Que el aborto y los anticonceptivos son derechos que todo individuo tiene derecho y obligación de recibir.
  3. Que el matrimonio homosexual (y obviamente disoluble) es otro derecho de igual naturaleza que los anteriores.
  4. Que ya no hay derecho a la libertad de expresión, sino derecho a la información objetiva, que el estado debe proveer, contrario a las manipulaciones comunicativas de las corporaciones privadas.
  5. Que los planes y programas de estudios, especialmente los primarios y secundarios, ya privados o púbicos, deben enseñar obligatoriamente 1, 2 y 3;
  6. Que las instituciones de salud, ya privadas o públicas, deben proveer de manera coactiva y obligatoria el punto 2,
  7. Que todo desacuerdo con todos los puntos anteriores es un acto de discriminación que debe ser penalmente prohibida.

¿Por qué hemos llamado a todo lo anterior “ideologías autoritarias”? Porque su problema no radica principalmente en el contenido de lo que proponen. En una sociedad libre, con derecho a la libertad de expresión, enseñanza, asociación e intimidad, los que quieran pensar como el punto 1 y el 2 (el aborto ya es otro tema pues está en juego el derecho a la vida), etc., tienen todo el derecho legal a hacerlo: tienen derecho a la libertad de expresión y derecho a la intimidad personal. El problema radica en su imposición global a través de los instrumentos del estado, instrumentos legales que ya habían quedado perfectamente preparados en las fases a y b. Pero las comunidades religiosas, durante las fases a y b, no advirtieron el problema. Habiendo aceptado muchas de ellas el estado providencia y los derechos de 2da. generación, denigrando al mismo tiempo a las libertades individuales como pertenecientes a un liberalismo individualista y agnóstico, más que como emergentes necesarias del PS, quedaron indefensas ante la tercera fase.Ahora reclaman sus libertades, cuando ya es casi muy tarde. Ahora reclaman la libertad de conciencia pero no tendrían problema en volver a un estado providencia cuando este último vuelva a “portarse bien” en esas materias. Eso las desautoriza ante la opinión pública, por un lado, y las ha vuelvo con-causa de esta nueva oleada de laicismo autoritario que ahora critican con tanto vigor.

 

[1] “Los errores del constructivismo”, en Nuevos Estudios, op.cit.

[2] Zanotti, Luis J.: Etapas históricas de la política educativa, Eudeba, Buenos Aires, 1972.

[3] Nos referimos a la noción de sana laicidad manejada sobre todo por Pío XII y Benedicto XVI. Sobre este tema ver Santiago, A.: La relevancia cultural, política y social de la religión en los albores del s. XXI, Academia Nacional de Ccias. Morales y Políticas, Buenos Aires, 2015.

[4] Sobre este tema ver Bidart Campos, G.J.: Las obligaciones en el derecho constitucional, Ediar, Buenos Aires, 1987.

[5] Mises, en La Acción Humana (Sopec, Madrid, 1968) y Hayek en Camino de servidumbre (Alianza, Madrid, 1977) yLos Fundamentos de la Libertad (Unión Editorial, Madrid, 1975).

[6] Nos referimos a su clásico Theory of Justice, Harvard University Press, 1971.

[7] Irrazábal, G.: Iglesia y Democracia, Ediciones Cooperativas, Biblioteca Instituto Acton, Buenos Aires, 2014.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.