¿Viene nueva Argentina o solo el verano?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 10/12/19 en: https://www.ambito.com/economia/economia-argentina/viene-nueva-argentina-o-solo-el-verano-n5070293

 

Uno de los mayores riesgos para el nuevo gobierno es la suba impositiva a la clase media, además del campo y las retenciones. Y el cepo, que podría sumar tensiones, sobre todo si no afloja la inflación y se dispara la brecha con el blue creando todo tipo de problemas en la vida diaria y la cadena productiva.

Por cierto, no olvidemos que el modo que tiene el Estado de quitarle recursos a los ciudadanos, al mercado, no es solo la carga impositiva sino también la inflación -el exceso de emisión en tiempo real para cubrir gastos- y el endeudamiento que conlleva tasas exageradas.

Si no hay cambios, y aunque la inflación rebajó el salario real, parte de los trabajadores que en 2019 no pagaron Ganancias, el año próximo sí lo harán y los que estuvieron alcanzados pagarán más, según MR Consultores que toma como base un nivel de aumento salarial para 2020 similar al de 2019. Por este impuesto, el oficialismo perdió las elecciones legislativas de 2013 mientras el líder camionero se embanderaba bajo la consigna “el salario no es ganancia”.

Un supuesto acuerdo sobre precios y salarios que permita reactivar el consumo no parará a la inflación, en todo caso al IPC, y la suba de planes sociales, salarios y jubilaciones mínimas podrían traer una efímera distensión, que probablemente no alcance ni para pasar el verano. Y, por cierto, no queda claro quién va a pagar la cuenta.

Los impuestos, por el contrario, deberían bajarse. Y la generación de divisas como pretende Economía, se da de bruces con el cepo -el dólar abaratado- y la suba de las retenciones.

El ministro intentaría llegar al superávit fiscal primario y, de ese modo estabilizar la deuda. Según Eco Go, partirá de un rojo del 0,9 % del PBI que es de 3,9% si se suma el pago de intereses. El año que viene el Gobierno afrontaría vencimientos por unos u$s30.000 M con el sector privado. En 2021, u$s12.000 M y en 2022 y 2023, u$s32.000 M cada año ya que habría que empezar a devolverle al multiestatal FMI.

De aquí que es clave “reperfilar”, convencer a los acreedores de aceptar que no se les pague ni capital ni intereses en 2020-2021. No es descabellado pensar que el autodenominado comité de acreedores formado por un grupo de fondos -Greylock Capital, BlackRock, T. Rowe Price, etc.- que trabaja junto a bancos como BNP Paribas y el Citi, acepten que no se les pague durante dos o tres años y no estaría mal en tanto sea voluntario para los privados, el mercado.

Del total de la deuda externa de u$s270.000 M, unos u$s60.000 M corresponden a organismos multi estatales y u$s45.000 M al FMI que, irresponsablemente, no solo financió un plan económico a todas luces inviable, sino que, contra su carta orgánica, remitió a la Argentina alrededor del 50% de sus montos prestables, de modo que bien podría esperar y, por qué no, incluso aceptar una quita importante.

Por cierto, esto se da en momentos en que todo indica que las tasas a nivel global se estabilizarán para luego empezar a subir. Más de diez años de “lucha contra la crisis”, han llevado las tasas de interés a mínimos históricos e incluso negativas, después de más de 750 recortes desde 2008, lo que está deformando los mercados.

Al mismo tiempo, los principales bancos centrales están comprando bonos nuevamente, lo que se conoce como “flexibilización cuantitativa”, y sabiendo que después de la compra de más de $12 B de activos financieros no se alteró la inflación.

Se pronostica que la Fed mantendrá estable la tasa en su reunión del 11 de diciembre y, un día después, el BC Europeo podría decidir permanecer en espera, mientras que el Banco de Japón haría lo mismo el 19 de diciembre.

Hacia el futuro, los operadores apuestan por subas de menos de 1 punto porcentual en los rendimientos a 10 años, mientras que JPMorgan ve la tasa de interés global promedio en 2% a fines de 2020.

Y ahora a los bancos centrales les ha surgido una nueva “amenaza” con las nuevas “monedas” privadas. “La efectividad del banco central ahora se ve desafiada por el aumento de la moneda cibernética privada”, según el jefe de asesores de la Comisión Reguladora de Banca y Seguros de China. “Esto cambiará el juego”.

En fin, en cualquier caso, el “reperfilamiento” no es la solución de fondo, sino que el país deje de ser un gastador y deudor serial.

Por cierto, no se ve más la reja que encerraba a la Casa Rosada, y ojalá no se quede solo en un símbolo, sino que realmente sea el comienzo de una era de más libertades personales.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Intervencionismo y socialismo

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  http://www.accionhumana.com/2019/12/intervencionismo-y-socialismo.html

 

El capitalismo no es necesariamente incompatible con un cierto grado de intervención en la economía por parte del gobierno. De hecho, si consideramos que para que exista un gobierno debe -al mismo tiempo- que contar con los fondos mínimos y necesarios para que cumpla con su función de tal y que dichos dineros no pueden ser generados por el gobierno mismo, va de suyo que la mera coexistencia de los impuestos cuyo destino es precisamente posibilitar la presencia y el sostén del gobierno implican necesariamente echar mano a los recursos de los particulares, dado que de otra manera ningún organismo que se atribuyera las ocupaciones de un gobierno podría moverse y ni siquiera darse.

“Mientras solo ciertas empresas concretas estén controladas públicamente, las características de la economía de mercado que determinan la actividad económica siguen esencialmente inmaculadas. También las empresas de propiedad pública, como compradoras de materiales en bruto, bienes intermedios y mano de obra, y como vendedoras de bienes y servicios, deben ajustarse a los mecanismos de la economía de mercado.”[1]

Podemos aquí diferenciar, quizás, entre un mercado libre y una economía de mercado. En el ejemplo dado en la cita anterior, si bien no podría hablarse en cabalidad de un mercado completamente libre ello no obstaría, en cambio, a decir que si hay allí una economía de mercado. En realidad, lo que parece quiere decirse es que un pequeño control sobre algunas empresas o -tal vez- un gran control sobre una sola empresa no empaña la concurrencia de una economía de mercado.

Es que el control del gobierno sobre una o algunas empresas no implica por sí mismo la presencia de regulaciones sobre el resto de las variables económicas (por ejemplo, precios, salarios, producción, ventas, exportaciones, importaciones, moneda, etc.). Mientras estas permanezcan libres de intrusismo estatal seguirnos estando -conforme nos enseña L. v. Mises- en una economía de mercado, aunque, añadimos nosotros, no podamos referirnos a un mercado completamente libre.

Y así se dice que esas empresas:

“Están sujetas a las leyes del mercado, tienen que buscar beneficios o, al menos, evitar pérdidas. Cuando se intenta mitigar o eliminar esta dependencia cubriendo las pérdidas de dichas empresas con subvenciones tomadas de fondos públicos, la única consecuencia es un cambio de esta dependencia en otro lugar”[2]

Es decir que, aun siendo empresas de control estatal o semiestatales se hallan bajo la órbita de las leyes del mercado. En este punto se hace alusión a las leyes de la oferta y la demanda, para lo cual deben buscar mercados con el objeto de poder colocar sus productos, implicando ello que deben ofrecer artículos o servicios de calidad a un precio competitivo, lo que da por supuesto un régimen de libre competencia. Resulta claro que se trata el caso de empresas que comenzaron siendo privadas y a las que luego se les añadió un cierto control estatal, las que son conocidas en la jerga legal-económica como empresas mixtas o con participación estatal (que puede ser minoritaria o mayoritaria).

Aun siendo frecuente que se intente enjugar sus pérdidas (las que son habituales en la medida de la injerencia estatal) a través de subvenciones (subsidios) los resultados de esta medida no dejan de darse dentro del ámbito de la economía de mercado.

“Esto pasa porque los medios para las subvenciones se han tomado de algún sitio. Pueden conseguirse recaudando impuestos. Pero la carga de dichos impuestos tiene sus efectos en el público, no en el gobierno que recauda el impuesto. Es el mercado, y no el departamento de ingresos, el que decide sobre quién recae la carga del impuesto y cómo afecta a la producción y el consumo. El mercado y sus leyes inevitables son supremos.”[3]

En realidad, la contundencia de la frase final de la cita precedente marca el destino de cualquier política estatal sea cual fuere la misma. “El mercado y sus leyes inevitables son supremos” y se abren camino en medio de toda la maraña de intervenciones y regulaciones que los gobiernos quieren de continuo infligirle a cada paso. Los obstáculos que las políticas estatales oponen continuamente a las leyes del mercado no anulan a estas últimas, sino que solamente desvían las consecuencias que aquellas producen hacia otros sectores, como en genial analogía se ha dicho puede representarse al mercado como un sistema de vasos comunicantes, y las secuelas de aplicar una restricción en un sector tendrán inexorablemente sus repercusiones en otro u otros. Pero siempre en obediencia a las leyes del mercado.

“Segundo: Hay dos patrones para la consecución del socialismo. El patrón uno (podemos llamarlo el patrón marxista o ruso) es puramente burocrático. Todas las empresas económicas son departamentos del gobierno igual que la administración del ejército y la armada o el sistema postal. Cada fábrica, tienda o granja tiene la misma relación con la organización centralizada superior, igual que una oficina de correos con el Cartero General. Toda la nación forma un solo ejército laboral con servicio obligatorio: el comandante de este ejército es el jefe del estado.”[4]

Es el estatismo total, donde no queda sector alguno que este fuera de la esfera del gobierno. No hay ni libertad, ni propiedad privada, ni derechos de ninguna índole o -mejor dicho- donde quien define “qué es” un “derecho” o “no lo es” es el jerarca de turno. El mundo ha conocido este nefasto sistema en la URSS, los países que dependían del bloque oriental soviético, China, Cuba y en otros lugares. Toda la actividad económica queda subordinada y depende de manera exclusiva de un solo ente o persona: el gobierno central. El jefe del estado es quien determina los precios a los que se ha de vender y comprar absolutamente todo, qué debe producirse y qué no y en qué cantidades hacerlo, qué se vende, se compra, y qué no debe venderse ni comprarse y así con cada detalle de la vida comercial y empresarial, hasta llegar a la del menor consumidor particular. Ningún aspecto del universo económico -sea empresarial o particular- queda fuera de la regulación estatal.

[1] Ludwig von Mises, Caos planificado, fuente: http://mises.org/daily/2454 (Publicado el 3 de febrero de 2007). Pág. 7

[2] L. v. Mises ibidem, pág. 7

[3] L. v. Mises ibidem, pág. 7

[4] L. v. Mises ibidem, pág. 7

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Esta podría ser la semana más movida de la economía global en 2019

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 30/7/19 en: https://www.ambito.com/esta-podria-ser-la-semana-mas-movida-la-economia-global-2019-n5045560

 

La Reserva Federal (Fed) de EE.UU.

Mañana la Fed reduciría las tasas, luego de más de diez años, en un cuarto de punto, aunque algunos apuestan hasta por medio punto porcentual, intentando sostener el crecimiento y acotar la inflación. Hoy saldrían en EE.UU., los índices de salarios, ventas de viviendas y confianza del consumidor. Luego, el jueves, el dato de manufacturas (ISM) mostraría una expansión.

El viernes, las estadísticas sobre comercio evidenciarían la guerra con China y el informe de empleo mostraría una ganancia de 166.000 puestos, menos que los 224.000 de junio. La próxima semana, el Tesoro dirá cuánto crédito necesita dados los crecientes déficits presupuestarios.

EE.UU. se frena, creció 2,1% en el segundo trimestre frente al 3,1% del primero, aun así, continua la reactivación iniciada hace 10 años, la más larga de su historia, y la más mediocre, con un crecimiento promedio de 2,3%.

En Asia, esta semana se retoman las negociaciones entre EE.UU y China. El Banco de Japón, hoy reafirmaría su intención de bajar tasas para evitar una apreciación del yen, si la Fed recorta las tasas, dado que los datos este martes mostrarían que la producción industrial se contrajo nuevamente en junio debido a la floja demanda externa.

En China, Corea del Sur, Australia, Indonesia y Tailandia se conocerán esta semana índices que mostrarían una ralentización de las economías y el comercio global. Y, hablando de China, el Índice de las 500 mayores empresas globales de Fortune, hace 30 años tenía 167 estadounidenses, 111 japonesas y ninguna china. En su última edición, de la semana pasada, tiene 121 de EE.UU., 119 chinas, y 52 japonesas. Ahora, de las empresas chinas, el 69,9% son estatales y subsidiadas.

Por cierto, nadie cree los datos chinos. Para Yingyao Hu, de la Universidad J. Hopkins, el crecimiento es 1,8% inferior, lo que supone un respetable 4,4% pero no el 6,2% oficial. Y, según Greg Ip del The Wall Street Journal, el milagro chino genera aumentos del PBI per cápita inferiores a los del japonés, taiwanés y coreano.

En Europa el BCE se preparó, la semana pasada, para el recorte de tasas en septiembre y la compra de bonos. Hoy se conocería otro descenso en la confianza de la zona y, mañana, que la economía se desaceleró en el segundo trimestre a la mitad del 0,4% del primero y que la inflación languidece debajo del objetivo del BCE de 2%. El Banco de Inglaterra publicará sus previsiones el jueves, que se moderarían al acercarse la fecha límite del Brexit, el 31 de octubre.

En América latina, el banco central de Brasil podría reducir las tasas mañana. El jueves, los datos industriales de julio aclararían si entró en recesión técnica en el primer semestre y México, mañana, sabrá si la evitó al publicarse los datos preliminares del segundo trimestre.

Entretanto, en Argentina, el Índice de Confianza del Consumidor de la UTDT mejoró en julio 8,9% respecto a junio, y 21,9% i.a., mostrando que la propaganda oficial es exitosa porque, aunque el PBI haya cortado una caída continua de 12 meses, ni el consumo ni el empleo mejoran.

La actividad económica creció 2,6% i.a., según el EMAE del Indec y subió 0,2% respecto de abril. Pero lo único que se ve es que el agro hizo un aporte en efectivo y circunstancial -creciendo 49,5%- compensando la baja de casi todos los sectores, como el comercio, la actividad manufacturera y financiera que bajo 16% por la contracción del crédito, evidenciando que la economía sigue cayendo.

Y con las PASO cerca, según analistas citados por Bloomberg, después de los retornos en 2019 de las acciones de más de 30%, y el mejor carry trade del mundo, con un retorno de 14%, muchos podrían tomar ganancias.

Con todo, el FMI -optimista- estimó que en 2019 la economía caerá 1,3%. Y hablando del FMI, reafirmando su neokeynesianismo, con motivo de su 75º aniversario del 22 de julio, reproduce en su web un artículo (“Lord Keynes Pays a Visit”) donde imaginariamente Lagarde explica a Keynes el porqué del leve desvío de su proyecto inicial.

El daño más grande del -multi- estatal FMI es el ideológico, al convencer a sectores conservadores de que es necesario “un ajuste doloroso”, recortar gasto en base a baja de sueldos y pensiones.

Falacia que viola las leyes económicas desde que este “ajuste”, a igualdad de condiciones, solo provocará una caída en el consumo -ergo, el PBI, la recaudación fiscal…- obligando a aumentar la presión impositiva. Cuando, por donde debe empezarse, es por desregular al mercado, permitiéndole expandirse, y vender propiedades estatales deficitarias y, así, licuar el gasto al tiempo que se bajan los impuestos.

Además, esto de que, del mal –el “ajuste doloroso”- puede surgir un bien, viola las leyes de la lógica: de Identidad, de No contradicción, del Tercero excluido y de la Razón suficiente. Del mal solo puede -y surge- mal.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini 

Otra vez sobre la importancia de dolarizar

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 17/9/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Otra-vez-sobre-la-importancia-de-dolarizar-20180916-0010.html

 

Otra vez sobre la importancia de dolarizar

 

En estos días volví a publicar sobre la dolarización como un medio para salir del maléfico proceso inflacionario que carcome salarios a pasos agigantados. Estoy con esta cantinela desde que me incorporé hace tiempo a la Academia Nacional de Ciencias Económicas en la que titulé mi presentación “Dolarización, banca central y curso forzoso”.

 

Es un pretexto para abandonar la nefasta institución de la banca central creada por los conservadores del 30 y para que la gente pueda elegir libremente la moneda con la que prefiere llevar a cabo sus transacciones. El premio Nobel en economía Friedrich Hayek ha escrito que “hemos tardado doscientos años en darnos cuenta del bochorno de unir a la religión con el poder político, es de desear que no demoremos otro tanto en darnos cuenta que la unión del dinero con el poder político es solo para succionar el fruto del trabajo ajeno”.

 

Desde luego que dolarizar no implica una medida de naturaleza distinta sino una cuestión de grado ya que se ata la moneda local a otra autoridad monetaria, pero si se elimina el curso forzoso al peso o si se comienza por instaurar el curso legal también al dólar para que cada uno puede revelar sus preferencias en los contratos, ese primer paso abre las posibilidades para futuros caminos de libertad.

 

Es de gran interés recordar que, por ejemplo, en la declaración de la Unión Cívica Radical encabezada por Leandro Alem se lee que “El banco oficial constituye siempre un peligro permanente, porque siempre será un medio político sujeto a la influencia de las pasiones partidarias”. Y en el discurso de Alem en la legislatura con motivo del debate sobre la federalización de Buenos Aires, aconsejó: “gobernad lo menos posible, porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad”. Por su parte, Juan Bautista Alberdi, el padre de nuestra Constitución fundadora, escribió “Mientras el gobierno tenga el poder de fabricar moneda con simples tiras de papel que nada prometen, ni obligan a reembolso alguno el poder omnímodo  vivirá inalterable como un gusano roedor en el corazón de la Constitución”.

 

Como he consignado antes, no repitamos tropelías nacionalistas en cuanto a que la moneda es símbolo de soberanía puesto que sería lo mismo que alegar la soberanía de la zanahoria o la papa. Tal como reza el cuento del lobo feroz, el manejo del dinero por el gobierno es solo para comernos mejor. Es como ha escrito Milton Friedman, otro premio Nobel en economía, en su última contribución sobre temas monetarios: “el dinero es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de banqueros centrales”.

 

Por su puesto que si seguimos con gastos públicos elefantiásicos, impuestos insoportables y deudas colosales, no habremos resulto nuestros problemas acuciantes, pero si se dolariza en el sentido apuntado o a través de otras combinaciones que llegan al mismo puerto, por lo menos habremos eliminado la desgracia superlativa de la inflación.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Legislación sindical, el caso argentino

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 26/1/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/01/26/legislacion-sindical-el-caso-argentino/

 

Lo primero es subrayar que en una sociedad abierta el derecho a asociarse o no asociarse constituye uno de los postulados básicos a los efectos de la cooperación social. Cómo deben ser las asociaciones es algo que no compete a quienes están fuera de ellas; en primer lugar, los gobiernos, que solo deben velar porque no haya lesiones de derechos, en caso de que las hubiera, dicha agrupación se convierte en una asociación ilícita.

Pero antes de otras consideraciones sobre el tema sindical, es menester aclarar con toda precisión que los salarios y los ingresos en términos reales de deben exclusivamente a la cuantía y la calidad de ahorros internos y externos invertidos en un contexto de conocimientos relevantes, lo cual hace de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento. Esa es la diferencia entre zonas de mayores o menores salarios basadas en el primer caso en marcos institucionales respetuosos de la propiedad de cada cual.

El nivel de salarios no es solo monetario, es también no monetario, como lo son todas las condiciones laborales que rodean al caso desde los períodos de descanso a la música funcional. En rigor, estas condiciones no pueden ser legisladas, como queda dicho, son consecuencia de los niveles de las tasas de capitalización. Más aun, si se legislan más allá de demandas civiles o penales por incumplimientos contractuales o delitos, los resultados indefectiblemente son el desempleo, en primer lugar, de aquellos que más necesitan trabajar y, en segundo lugar, de todos a quienes las condiciones laborales son superadas por las normas legales respecto a las antedichas tasas de inversión. El voluntarismo no cuadra.

Mientras que los recursos sean limitados en relación con las necesidades, nunca bajo ningún concepto puede haber sobrante de aquel factor esencial que es escaso, esencial, puesto que no se concibe la producción de ningún bien ni la prestación de ningún servicio sin el concurso de trabajo manual e intelectual.

La vida es una transición, todo lo que piensan todos en todas las oficinas consiste en mejorar, lo cual, a su vez, se traduce en reasignaciones humanas y materiales. La mayor productividad libera factores humanos y materiales al efecto de trabajar en otros emprendimientos. En un mundo idílico donde hay de todo para todos todo el tiempo, naturalmente no hay necesidad de trabajar, lo cual significa que se está en Jauja, situación que sería una bendición para todos. Pero las cosas no son así, hay necesidades insatisfechas, por lo que hay que aplicar faenas para atenderlas.

 Nuevos métodos que elevan la productividad, nuevos bienes y servicios importados del exterior más baratos y de mejor calidad, la robotización y equivalentes liberan trabajo, el empresariado, atento a nuevos negocios, busca capacitar a nuevo personal al efecto de lograr sus arbitrajes adicionales. Como hemos dicho antes, ese fue el sentido y el destino del hombre de la barra de hielo cuando apareció la refrigeradora o el del fogonero cuando irrumpió la locomotora Diesel.

Lo peor que puede hacerse si se desea elevar el nivel de vida es destruir capital, con ello no habrá aumentado el empleo, sino que provoca disminuciones en los salarios en términos reales.

Por su parte, las huelgas deben ser entendidas como el derecho a no trabajar en cualquier momento siempre y cuando se cumplan los preavisos estipulados si los hubiere. Pero el derecho a huelga no es la intimidación y la violencia que no permitan que otros ocupen puestos de trabajo. Una cosa es el derecho a no trabajar y otra bien distinta es imponer situaciones a otros contra la voluntad de los destinatarios.

En el caso de procedimientos intimidatorios y violentos cuando se confunden con la huelga está implícita la equivocada idea de que constituye un procedimiento para elevar salarios. Si esto fuera cierto, habría que incrementar los métodos violentos de igual manera que si se considera que el nivel de vida puede incrementarse por decreto, las legislaciones, en este sentido, habría que redoblarlas. Pero como queda dicho, los salarios dependen solo de la inversión per cápita, que si disminuyen, disminuirá el salario, si se mantiene el stock de capital descontadas las respectivas amortizaciones, el salario mantendrá su nivel y si se incrementa el capital, consecuentemente aumentarán los salarios.

Tampoco tiene sentido alegar que los gobiernos deben interferir en las relaciones laborales para evitar “el desequilibrio en el poder de contratación”. En esta línea argumental, se sostiene que no es permisible que contrate un millonario con una persona que no tiene para llegar a fin de mes, al fin de semana o al fin del día. Es del todo irrelevante cómo sean las características patrimoniales o el volumen de sus respectivas cuentas corrientes, lo relevante son las tasas de capitalización. Si un millonario pretendiera pagar menos de lo que establece el mercado, simplemente se queda sin colaboradores. Un empleador puede contar con una situación patrimonial boyante y otro estar quebrado, pero ambos, si desean contratar trabajo manual e intelectual, deben abonar lo que exige el mercado. En lugares en donde los salarios son altos, no se debe a la generosidad de empleadores ni a la mezquindad de salarios bajos en otras zonas, sino, como hemos repetido, al volumen de capitalización.

De más está decir que los incumplimientos contractuales, los engaños o las lesiones de derechos deben ser adecuadamente castigados, pero los arreglos contractuales libres y voluntarios no deben ser interferidos por los aparatos estatales ni por bandas ocultas en máscaras sindicales.

Idéntico razonamiento se aplica a todos los servicios que preste la asociación sindical, en primer lugar, de salud o cualquier otro servicio que debe estar abierto a la competencia y en ningún caso consecuencia de aportes obligatorios y mucho menos a través de llamados “agentes de retención” que echan mano al fruto del trabajo ajeno.

Asimismo, las representaciones o no representaciones sindicales deben estar abiertas a todas las variantes, siempre y cuando se trate de arreglos libres y voluntarios en el contexto de contrataciones colectivas o individuales, según lo prefieran los interesados.

En el caso argentino, de tanto en tanto se detienen a sindicalistas corruptos, pero hasta el momento no se han modificado las leyes que dan sustento a un sistema fascista de representación coactiva a través de la figura de la personería gremial que arrastra a todos los gremios desde la década del cuarenta, que está presente en la legislación de ese país, junto a los antes referidos agentes de retención (más bien estafas legales) y afiliación coactiva de facto, en el contexto de escandalosos negociados monopólicos de obras sociales y similares.

Limitarse a arremeter contra la corrupción sindical fascista concentra la atención en los efectos, pero si no se abroga la legislación autoritaria, quedan sin tocar las causas del fenómeno. Lo mismo ocurre con retoques de superficie a las normas vigentes en lugar de eliminar de cuajo el mal que afecta principalmente a los trabajadores.

En la época de gloria de los argentinos, cuando los salarios y los ingresos en términos reales de los peones rurales y de los obreros de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España, cuando la población se duplicaba cada diez años debido a la multitudinaria inmigración para “hacerse la América”, en ese período las relaciones laborales estaban regidas por los 4015 artículos del Código Civil de Dalmacio Vélez Sarsfield, de los cuales seis estaban referidos específicamente a los contratos laborales.

Luego se promulgaron multiplicidad de leyes “para proteger al trabajador” referidas a los más variados temas “al efecto de dotar al trabajador de conquistas sociales” y con ello comenzó el derrumbe en el nivel de vida de la gente, muy especialmente de los más necesitados, por las razones antes apuntadas, en contexto de la sandez de “establecer adecuadas relaciones entre el capital y el trabajo”, sin percatarse de que el capital son instrumentos inanimados que no contratan y que, por ende, se trata de contrataciones entre distintos tipos de trabajo entre empleadores y empleados. Con el argumento de proteger a los trabajadores se los aniquiló, con la idea de protegerlos de supuestas explotaciones se los sacó de la órbita de la protección rigurosa del Código Civil, los tribunales ordinarios y posibles aseguradoras. Se fabricó el fuero laboral, con lo que se agregó a las referidas desgracias negocios fenomenales de la industria del juicio para beneficio de chicaneros del nuevo fuero.

En esta especie de rapsodia para el desastre se incluyeron algunas figuras que son tragicómicas, como el aguinaldo, es decir, la aparición como arte de magia de un treceavo mes en el año, sin percibir que si se paga un monto adicional en el año, manteniendo los demás factores constantes, habrá que pagar de menos durante los otros 12 meses. Si esto no fuera de este modo, habría que convertir el año en 40 meses o más para hacer a la gente más rica, lo cual no requiere comentarios adicionales.

Así se llegó en la Argentina a una verdadera e inaudita explotación de los trabajadores por los aparatos estatales a los que se enancó una maquinaria quebrada y fraudulenta de unas así denominadas jubilaciones insertas en el sistema de reparto en el que se estafa a quienes aportan el fruto de su trabajo para recibir cifras irrisorias que no guardan proporción alguna con las sumas que le han sido retenidas en su vida activa, muy lejos de cualquier cálculo de interés compuesto.

En este cataclismo se habla de “la clase trabajadora”, que supone que hay otra clase que la explota, sin percibir el origen marxista de la idea misma de clase que deriva de sostener que el proletario y el burgués tienen una estructura lógica distinta, lo cual da lugar a la teoría del polilogismo que nunca ni Marx ni ningún marxista han explicado en qué consisten esas estructuras que se diferencian de los silogismos aristotélicos.

Desde Adam Smith el asunto está resuelto, este autor ha consignado en 1776: “La propiedad que cada hombre tiene es su propio trabajo, ya que es el fundamento original de toda otra propiedad, por lo que es la más sagrada e inviolable” y Juan Bautista Alberdi, al comentar la Constitución liberal argentina de 1853, escribió: “Toda la grande escuela de Adam Smith está reducida a demostrar que el trabajo libre es el principio esencial de toda riqueza creada”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

El tigre celta nos marca el camino para crecer

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 12/9/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/09/12/el-tigre-celta-nos-marca-el-camino-para-crecer/

 

En Argentina chocan la presión impositiva con las aspiraciones de crecimiento de largo plazo. Irlanda logró crecer con rebaja de impuestos

La modernidad también forma parte del paisaje de Dublín. (iStock)
La modernidad también forma parte del paisaje de Dublín.

En el mundo en general y en Argentina en particular, los gobiernos no buscan cuánto tienen que cobrar de impuestos para mantener un Estado eficiente, buscan el máximo de expoliación posible. Dado que la democracia parece haberse transformado en una competencia populista en la cual gana el que más y mejor promete quitarle a unos pocos para distribuirlos entre muchos, limitar el gasto público luce como una utopía.

Los gobiernos quieren gastar cada vez más, para eso necesitan recaudar más y es en ese punto en el que chocan la presión impositiva con las aspiraciones de crecimiento de largo plazo. Esa competencia populista lleva a tal voracidad fiscal que impide el proceso natural que consiste en primero generar más inversiones para luego, ante la mayor demanda de mano de obra y productividad de la economía, pagar mejores salarios y, como resultado final, mejorar el nivel de consumo. Veamos cómo se comportan los gobiernos.

GRÁFICO 1

El Gráfico 1 nos muestra la famosa curva de Laffer. En el eje vertical se mide cuánto recauda el gobierno y en el horizontal la tasa del impuesto a las ganancias. Si la tasa es cero se recauda cero y si la tasa es del 100% también se recauda cero porque no hay estímulo para producir dado que todas mis ganancias se las lleva el Estado.
A medida que el estado va aumentando la tasa impositiva, la recaudación va subiendo. En el gráfico que muestro con números que son solo ejemplos, si el estado cobra el 5% de impuesto, recauda 9. Si sube la tasa al 20%, la recaudación aumenta a 30 y así hasta llegar a la tasa del 50% (es solo un ejemplo) donde se recauda el máximo que es el punto C en el gráfico. A partir de esa tasa de impuesto, si el Estado sigue aumentándola, disminuye la recaudación. ¿Por qué?

Porque estimula el trabajo en negro, cierran empresas que no pueden bancar esa carga tributaria, conviene producir menos para pagar menos impuestos, etcétera. Digamos que en los estados populistas, el gobierno para esquilmar a la oveja directamente la mata.

El Gobierno debería plantearse qué desea: ¿recaudar más o crear un clima que atraiga las inversiones y cree puestos de trabajo? Planteo este punto porque la actual carga tributaria solo promete matar puestos de trabajo y espantar inversiones. Si el objetivo es llegar al punto C de la curva de Laffer, es posible que se logre, pero lo que seguro no se conseguirá es hacer crecer la economía, mejorar los ingresos reales y producir un verdadero tsunami de inversiones que permita absorber los 250.000 jóvenes que anualmente se incorporan al mercado de trabajo, pasar empleados públicos al sector privado y aumentar tanto la demanda laboral para que los piqueteros ya no tengan excusas para no trabajar.

¿Es posible lograr ese tsunami de inversiones bajando los impuestosy flexibilizando el mercado laboral? Veamos el caso de Irlanda. En 1981 tenía una tasa de impuesto a las ganancias de las corporaciones del 45% y a partir de la década del 90 comienza a reducirla aceleradamente hasta llegar al actual 12,5 por ciento.

GRÁFICO 2

Si bien la baja del impuesto a las ganancias de las corporaciones comienza a acelerarse a principios de los 90, es a fines de esa década que disminuye fuertemente. ¿Qué paso con la recaudación del impuesto a las ganancias a las corporaciones al bajarse la tasa?

GRÁFICO 3

A principios de los 90 cuando la tasa del impuesto a las ganancias de las corporaciones baja del 43% al 40%, 38% y continúa bajando, el impuesto pasó a representar el 1% del PBI hasta llegar a un máximo del 3,71% del PBI. La caída que se observa a partir de 2008 es producto de la crisis internacional pero luego se estabilizó por arriba del 2% del PBI con tendencia al alza. El último dato disponible de 2014 la relación era del 2,39% del PBI. A pesar de la crisis y de tener una tasa de impuesto del 12,5% en vez del 45% como era en 1981, hoy se recauda, en términos de PBI, un 54% más de impuesto a las ganancias de las empresas aplicando solo el 12,5 por ciento.

Este dato muestra lo falso que es el argumento de los populistas y progresistas de establecer un impuesto alto a las empresas para recaudar más y redistribuir. A mayor presión tributaria menos recurso para redistribuir.

GRÁFICO 4

Aún más, en 1982 el impuesto a las ganancias era del 50% para las empresas y representaba el 30% de la recaudación total (Gráfico 4). Con una tasa del 12,5% en 2015 el impuesto a las ganancias de las empresas representó casi el 40% del total de la recaudación. La simple observación del gráfico muestra la tendencia ascendente de la participación del impuesto a las ganancias a medidas que va bajando la tasa de imposición. Pero la gran ganancia estuvo en la Inversión Extranjera Directa (entrada neta).

En la década del 80, con tasas del 50% de impuesto a las ganancias la IED representaba el 1% del PBI, en 2016 representó el 26% del PBI, de acuerdo a datos del Banco Mundial. Puesto en euros fueron 25.300 millones. La IED creó más de 200.000 puestos de trabajo para un país con solo 4,5 millones de habitantes.

En síntesis, el caso de Irlanda muestra claramente que no es cierto que primero haya que combatir la evasión para bajar las tasas impositivas. La curva de Laffer ha demostrado que funciona perfectamente en el caso irlandés, donde no se perdió recaudación, creció fenomenalmente la inversión, el ingreso per capita supera al de Inglaterra y el déficit fiscal de 2016 fue de solo el 0,5% del PBI. Por algo le dicen a Irlanda el tigre celta.

Argentina podría transformare en el tigre latinoamericano, pero para eso tiene que copiar a los países que les va bien y dejar de insistir con la medicina progresista, que lo único que ha logrado hacer progresar es la pobreza.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

¿Quién fija los salarios en el capitalismo? Segun Mises no son los empresarios, son los consumidores

Por Martín Krause. Publicado el 29/6/15 en: http://bazar.ufm.edu/quien-fija-los-salarios-en-el-capitalismo-segun-mises-no-son-los-empresarios-son-los-consumidores/

 

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las estaremos considerando con los alumnos de la UBA en Derecho. Comienza con una exposición sobre el Capitalismo. Algunos párrafos:

Mises4

Los ataques contra el capitalismo – especialmente en lo que respecta al mayor nivel salarial – comienzan del falso supuesto que dichos salarios son en última instancia pagados por gente que es diferente de quienes están empleados en las fábricas. Es correcto para los economistas y los estudiantes de teorías económicas distinguir entre el trabajador y el consumidor y establecer una diferencia entre ellos. Pero el hecho es que cada consumidor debe, de una u otra manera, ganar el dinero que gasta, y la inmensa mayoría de los consumidores son precisamente las mismas personas que trabajan como empleados en las empresas que producen las cosas que ellos consumen.

El nivel de salarios – bajo el capitalismo – no está fijado por una clase de gente diferente de la clase de gente que gana los salarios; ellos son la misma gente. No es la empresa cinematográfica de Hollywood quien paga los salarios de una estrella del cine; es la gente que paga su entrada para ver las películas. Y no es el empresario de una pelea de boxeo quien paga las enormes sumas que demandan los boxeadores de cartel; es la gente que paga su boleto para ver la pelea. A través de la distinción entre empleador y empleado, una diferenciación se establece en la teoría económica, pero no hay una diferenciación en la vida real; en ésta, el empleador y el empleado son, en última instancia, una persona, la misma persona.

Hay gente en muchos países que considera muy injusto que un hombre, quien debe mantener una familia con varios hijos, reciba el mismo salario que un hombre quien solamente debe mantenerse a sí mismo. Pero la cuestión no es si el empleador debe tener una mayor responsabilidad por el tamaño de la familia de su trabajador. La pregunta que debemos hacernos en este caso es: ¿Está Ud. dispuesto – como un individuo – a pagar más por algo, por ejemplo, una hogaza de pan, si se le dice que el hombre que produjo este pan tiene seis hijos? La persona honesta ciertamente contestará por la negativa y dirá: ‘En principio sí, pero de hecho, si cuesta menos, mejor compraría el pan producido por un hombre sin hijos’ El hecho es que, si los compradores no le pagan al empleador lo suficiente para permitirle pagar a sus trabajadores, se tornará imposible para el empleador permanecer en el negocio.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).