¿Viene nueva Argentina o solo el verano?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 10/12/19 en: https://www.ambito.com/economia/economia-argentina/viene-nueva-argentina-o-solo-el-verano-n5070293

 

Uno de los mayores riesgos para el nuevo gobierno es la suba impositiva a la clase media, además del campo y las retenciones. Y el cepo, que podría sumar tensiones, sobre todo si no afloja la inflación y se dispara la brecha con el blue creando todo tipo de problemas en la vida diaria y la cadena productiva.

Por cierto, no olvidemos que el modo que tiene el Estado de quitarle recursos a los ciudadanos, al mercado, no es solo la carga impositiva sino también la inflación -el exceso de emisión en tiempo real para cubrir gastos- y el endeudamiento que conlleva tasas exageradas.

Si no hay cambios, y aunque la inflación rebajó el salario real, parte de los trabajadores que en 2019 no pagaron Ganancias, el año próximo sí lo harán y los que estuvieron alcanzados pagarán más, según MR Consultores que toma como base un nivel de aumento salarial para 2020 similar al de 2019. Por este impuesto, el oficialismo perdió las elecciones legislativas de 2013 mientras el líder camionero se embanderaba bajo la consigna “el salario no es ganancia”.

Un supuesto acuerdo sobre precios y salarios que permita reactivar el consumo no parará a la inflación, en todo caso al IPC, y la suba de planes sociales, salarios y jubilaciones mínimas podrían traer una efímera distensión, que probablemente no alcance ni para pasar el verano. Y, por cierto, no queda claro quién va a pagar la cuenta.

Los impuestos, por el contrario, deberían bajarse. Y la generación de divisas como pretende Economía, se da de bruces con el cepo -el dólar abaratado- y la suba de las retenciones.

El ministro intentaría llegar al superávit fiscal primario y, de ese modo estabilizar la deuda. Según Eco Go, partirá de un rojo del 0,9 % del PBI que es de 3,9% si se suma el pago de intereses. El año que viene el Gobierno afrontaría vencimientos por unos u$s30.000 M con el sector privado. En 2021, u$s12.000 M y en 2022 y 2023, u$s32.000 M cada año ya que habría que empezar a devolverle al multiestatal FMI.

De aquí que es clave “reperfilar”, convencer a los acreedores de aceptar que no se les pague ni capital ni intereses en 2020-2021. No es descabellado pensar que el autodenominado comité de acreedores formado por un grupo de fondos -Greylock Capital, BlackRock, T. Rowe Price, etc.- que trabaja junto a bancos como BNP Paribas y el Citi, acepten que no se les pague durante dos o tres años y no estaría mal en tanto sea voluntario para los privados, el mercado.

Del total de la deuda externa de u$s270.000 M, unos u$s60.000 M corresponden a organismos multi estatales y u$s45.000 M al FMI que, irresponsablemente, no solo financió un plan económico a todas luces inviable, sino que, contra su carta orgánica, remitió a la Argentina alrededor del 50% de sus montos prestables, de modo que bien podría esperar y, por qué no, incluso aceptar una quita importante.

Por cierto, esto se da en momentos en que todo indica que las tasas a nivel global se estabilizarán para luego empezar a subir. Más de diez años de “lucha contra la crisis”, han llevado las tasas de interés a mínimos históricos e incluso negativas, después de más de 750 recortes desde 2008, lo que está deformando los mercados.

Al mismo tiempo, los principales bancos centrales están comprando bonos nuevamente, lo que se conoce como “flexibilización cuantitativa”, y sabiendo que después de la compra de más de $12 B de activos financieros no se alteró la inflación.

Se pronostica que la Fed mantendrá estable la tasa en su reunión del 11 de diciembre y, un día después, el BC Europeo podría decidir permanecer en espera, mientras que el Banco de Japón haría lo mismo el 19 de diciembre.

Hacia el futuro, los operadores apuestan por subas de menos de 1 punto porcentual en los rendimientos a 10 años, mientras que JPMorgan ve la tasa de interés global promedio en 2% a fines de 2020.

Y ahora a los bancos centrales les ha surgido una nueva “amenaza” con las nuevas “monedas” privadas. “La efectividad del banco central ahora se ve desafiada por el aumento de la moneda cibernética privada”, según el jefe de asesores de la Comisión Reguladora de Banca y Seguros de China. “Esto cambiará el juego”.

En fin, en cualquier caso, el “reperfilamiento” no es la solución de fondo, sino que el país deje de ser un gastador y deudor serial.

Por cierto, no se ve más la reja que encerraba a la Casa Rosada, y ojalá no se quede solo en un símbolo, sino que realmente sea el comienzo de una era de más libertades personales.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

El 2019 será todo un desafío económico para Cambiemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 17/12/18 en: https://www.ambito.com/el-2019-sera-todo-un-desafio-economico-cambiemos-n5005402

 

Las tensiones en el mercado de cambios y financiero y la inflación serán predominantes para ver cómo llega el oficialismo a las elecciones de octubre.

El 2019 será todo un desafío económico para Cambiemos

El 2019 va a estar económicamente condicionado por factores políticos y otros puramente económicos. El factor político tiene que ver, obviamente, con las elecciones presidenciales, dato que en Argentina no es un tema menos porque vamos a los bandazos entre populismos autocráticos y populismos menos agresivos con los derechos individuales, pero ambos populismos al fin.

En lo estrictamente económico, el nivel de actividad, las tensiones en el mercado de cambios y financiero y la inflación, serán predominantes para ver cómo llega el oficialismo a las elecciones de octubre.

En lo que hace al nivel de actividad, los motores de la economía son tres. A saber: 1) consumo interno, 2) inversiones y 3) exportaciones.

Siendo que el ingreso real depende de la tasa de inversión y considerando que esta está estancada, se hace muy difícil imaginar que en los próximos meses el salario real vaya a recuperar terreno en forma significativa como para movilizar la economía. Es difícil imaginar un aumento artificial del consumo interno como en la era k porque ya no queda stock de capital para ser utilizado para financiar el consumo interno. Recordemos que en la era K el estímulo al consumo interno se basó, entre otras cosas, en consumirnos 12 millones de cabezas de ganado para tener, durante un tiempo, barato el asado de tira. Que nos consumimos el sistema energético estableciendo tarifas artificialmente bajas y financiando solo la compra de insumos dejando que el sistema energético se cayera a pedazos. Lo mismo se hizo con el agua potable, el transporte público, las rutas, los trenes, etc. Lo que la gente se ahorraba por consumir servicios públicos artificialmente bajos, se destinaba a pagar la cuota del televisor, el celular, etc., mientras se caía a pedazos la infraestructura del país.

También se financió el consumo confiscando los ahorros de aquellos que habíamos aportado a las AFJP, decisión que fue letal para el crecimiento económico porque se le quitó financiamiento de largo plazo a la economía argentina.

Todos estos artificios para financiar consumo interno no están a la vista y el acceso al crédito internacional para aumentar el gasto público y estimular el consumo interno va a estar restringido, por no decir ausente. De manera que se podría descartar el consumo como factor que movilice la economía. Lo mejor que podría ocurrir es que el salario real deje de caer.

Delirio

Suponer que la inversión se va a transformar en el motor del crecimiento económico en los próximos meses es casi un delirio. Nadie va a invertir en un país con la incertidumbre política que en particular tiene la Argentina ante cada elección, dada la inestabilidad en las reglas de juego. Hoy las encuestas muestran cierta paridad en intención de voto entre Macri y Cristina Fernández. Ambos tienen un núcleo duro de votantes de aproximadamente el 30% y el resto está desconforme con la gestión de Cambiemos pero tiene miedo a que vuelva el kirchnerismo. Todo parece indicar que la elección se va a definir entre la billetera y el rechazo a la vuelta del kirchnerismo. Ahí la clase media y la clase media baja van a definir el partido.

Ahora bien, como decía antes, supongamos que llegando a las elecciones se despejara el horizonte político y mostrara a un Macri ganando cómodamente las elecciones, ¿ese escenario podría traducirse en un mayor flujo de inversiones en el sector real de la economía que contrate personal, baje la tasa de desocupación, incremente la masa salarial y el consumo interno? Francamente veo bastante complicado que con encuestas que muestren una baja probabilidad de retorno del kirchnerismo vaya a producirse la lluvia de inversiones que no se produjo en estos 3 años que gobierna Cambiemos. Es que los cambios estructurales que se necesitan para atraer inversiones parecen ir más allá de la mayoría que necesitaría el oficialismo en el Congreso para implementarlas. Más bien todo parece indicar que no está en el espíritu o la filosofía de Cambiemos ir hacia las reformas estructurales necesarias, especialmente en materia de reforma del estado, del sistema tributario y de la legislación laboral.

Tanto el Presidente como sus principales laderos parecen despreciar la importancia de la macroeconomía y consideran que todo es un problema de gestión. Es decir, administrar eficientemente el Estado y los recursos de los contribuyentes. En definitiva, el principal error de Cambiemos es creer que un sistema intrínsecamente ineficiente, el populismo, puede transformarse en eficiente con un buen managment. Con esta carga tributaria, esta legislación laboral, este nivel y calidad del gasto público es impensable hasta una garúa de inversiones, de manera que hay que descartar que las inversiones vayan a movilizar la economía en 2019 aun con encuestas que muestren el escenario político despejado. ¿Por qué Cambiemos modificaría su política económica si no lo hizo en 2015 cuando tuvo oportunidad de contar en detalle la herencia recibida, ni en 2017 luego de haber ganado en forma categórica las elecciones de medio término?

El único motor que le queda para llegar hasta octubre con una economía que deje de caer como actualmente ocurre, será el de las exportaciones, siempre y cuando no dejen caer nuevamente el tipo de cambio real como hicieron en 2017. Si el tipo de cambio real se mantiene en estos niveles. Tanto el sector agropecuario, como las economías regionales, el turismo y alguna sustitución de importaciones puede frenar la caída en el nivel de actividad, pero tampoco debe esperarse una estampida de reactivación. Solo frenar el proceso recesivo en el que estamos al momento de redactar estas líneas.

En términos de actividad, el escenario es, a mi juicio, el planteado más arriba, sin embargo la mayor preocupación debería estar en no tener una crisis cambiaria y financiera.

Sabemos que el gradualismo requirió de endeudamiento externo para financiar el déficit fiscal. También sabemos que esos dólares de crédito externo había que transformarlos en pesos para pagar los sueldos, las jubilaciones, etc. y que el BCRA compraba esos dólares contra expansión monetaria que le entregaba al tesoro a cambio de las divisas de la deuda. Luego retiraba los pesos emitidos colocando Lebac, que lo llevó a acumular un stock de Lebac de $ 1,3 billones que se transformaron en inmanejables.

Esas Lebac fueron reemplazadas por las Leliq y a fines de año el BCRA tendrá un stock de Leliq de aproximadamente $800.000 millones pero pagando una tasa de interés todavía sustancialmente mayor a las que pagaban las Lebac. ¿Qué hace pensar que el cambio de las Lebac por las Leliq aleja el peligro cambiario y financiero?

El hecho que las Leliq las tengan los bancos y no los particulares no es un cambio estructural porque los bancos compran esas Leliq con los fondos de sus depositantes. El depositante no compara la tasa de interés contra la tasa de inflación. Compara la tasa de interés que le paga el banco contra el tipo de cambio esperado. Si estima que la tasa le va a ganar al dólar, sigue apostando a la tasa. Si cree que el tipo de cambio va a subir más que la tasa, retira su plazo fijo y compra dólares. Esta historia la vimos muchas veces en Argentina.

Supongamos que el inversor decide retirar sus depósitos a plazo fijo de los bancos, la pregunta es: ¿con qué le paga el banco si tiene Leliq en su activo? El banco tendrá que pedirle al BCRA que le de los pesos a cambio de las Leliq y el BCRA no tiene los pesos para pagar las Leliq. Tiene que emitirlos. De manera que el cambio de Lebac por Leliq no solucionó nada.

¿Qué puede llevar al inversor a salir del plazo fijo y pasarse a dólares? En primer lugar ningún inversor devenga indefinidamente sus ganancias. En algún momento las realiza. En segundo lugar, si el escenario político mostrara alta incertidumbre sobre el resultado de las elecciones de octubre podría generar un cambio de cartera. En tercer lugar, estos arbitrajes siempre saltan en el momento menos pensados y por la causa menos sospechada. Son muy inestables.

En síntesis, 2019 se presenta complicado para el Gobierno, no solo porque es un año electoral, sino porque tiene que lograr llegar a las elecciones con la economía dejando de caer en su nivel de actividad y rezando para que los inversores no decidan realizar sus ganancias en dólares antes de octubre por el arbitraje tasa versus dólar.

No será un año fácil en lo económico para la gente y para Cambiemos en particular 2019 se presenta como todo un desafío.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE  

La estafa de la jubilación estatal de reparto

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 18/10/17 en:

 

Sería hipócrita no reconocer que el sistema de reparto es inviable. Esto lo saben hasta los políticos menos preparados, pero es políticamente correcto decir que hay que estudiar la forma de arreglar el problema

En Argentina y en el mundo, los sistemas estatales de jubilación de reparto están quebrados. Las razones son varias, pero fundamentalmente porque gracias a los avances de la medicina la gente vive más años, esto quiere decir que aumentó el stock de jubilados y la relación entre los que aportan al sistema previsional y los que están jubilados no alcanza para pagar jubilaciones del 82% móvil como demagógicamente dicen muchos políticos.

Cuánto vaya a cobrar un jubilado depende de varios factores: 1) la cantidad de personas en actividad que aportan al sistema previsional, 2) el salario real de esas personas y 3) el porcentaje de impuestos que sobre sus salarios pagan las empresas y los aportantes.

Para que el sistema pueda funcionar razonablemente bien, en principio debe haber 4 aportantes en actividad por cada jubilado. En Argentina tenemos 6,8 millones de jubilados y pensionados y 9,4 millones de empleados en relación de dependencia, entre empleados públicos y privados. Es decir, que tenemos una relación de 1,4 aportantes por cada jubilado. Suponiendo que sumamos también a los autónomos, monotributistas, monotributistas sociales y asalariados de casas particulares, tenemos 12,2 millones de aportantes lo que da 1,8 aportantes por cada jubilado. Es un cálculo medio trucho porque los aportes de los monotribustas y monotributistas sociales son monedas. Si aún nos esforzamos más e imaginamos que los 5 millones de personas que trabajan en negro pasan a trabajar en blanco, vamos a tener 17,2 millones de aportantes y 6,8 millones de jubilados, la relación será 2,5 aportantes por cada jubilado. Ni haciendo las cuentas más estrafalarias llegamos a la relación de 4 aportantes por cada jubilado.

¿Puede solucionarse el problema incrementando los aportes y contribuciones al sistema? Mi visión es que si se aumentaran los aportes y contribuciones crecería el trabajo en negro y la tasa de desocupación. Si con estos costos salariales las empresas no quieren tomar más gente, subirlo implicaría espantar más el trabajo en blanco. Hoy las erogaciones en jubilaciones y pensiones representan, aproximadamente, el 33% del gasto corriente de estado nacional. ¿Cuánto más puede aumentar ese porcentaje del gasto total? Y suponiendo que así fuera, el nivel de gasto público seguiría siendo asfixiante para el sector privado.

Sería hipócrita no reconocer que el sistema de reparto es inviable. Esto lo saben hasta los políticos menos preparados, pero es políticamente correcto decir que hay que estudiar la forma de arreglar el problema. Es como si quisieran hacer una multiplicación de los panes.

Antes de continuar es importante destacar un punto que la mayoría de los actuales jubilados no lo entienden. Suelen decir los jubilados: yo aporte toda mi vida al sistema previsional. Esa plata es mía y me corresponde.

El gran error, que ni los políticos se animan a aclarar, es que en un sistema de reparto no hay aportes que se contabilizan a una determinada persona. El sistema de reparto no es un sistema de ahorro. Cuando un jubilado dice que aportó toda su vida al sistema previsional no sabe que en rigor estuvo pagando un impuesto durante muchos años para sostener a los que estaban jubilados en ese momento y que ahora él no vive de lo que ahorró durante años porque no hubo ahorro, vive de los impuestos a la nómina salarial de los que están en actividad. El sistema de reparto es tan simple como eso. Unos pagan impuestos para mantener a los que están retirados y así generación tras generación.

En definitiva, la jubilación de reparto nace y se mantiene porque vienen los políticos y le dicen a la gente: Uds. son imprevisores, incapaces y no están capacitados para prever su vejez, de manera que nosotros, seres iluminados superiores al resto de la sociedad, nos vamos a hacer cargo de su jubilación para que cuando llegue el momento de retiro tenga un ingreso digno del cual vivir.

El resultado está a la vista, jubilados con ingresos miserables y más de un político con muy buenas condiciones de vida.

¿Cómo se jubilaba la gente antes que apareciera el político “iluminado? Comprando propiedades y cuando se retiraban vivían de los alquileres que le daban esas propiedades. La gente podría comprar cocheras, departamentos o locales comerciales para alquilar y vivir de esos ingresos cuando se retirara. Y esas propiedades podría comprarlas aquí o en el exterior si considera más seguro otro país para hundir sus ahorros y cobrar al momento de su retiro.

Es posible que el sistema de las AFJP no sea el óptimo, de todas maneras cabe resaltar que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad que está compuesto por los ahorros que teníamos en las AFJP y el estado nos confiscó, suman actualmente unos U$S 60.000 millones. En Chile, donde mataron el sistema de reparto y quedaron funcionando las AFP, manejan un stock de ahorro de largo plazo de U$S 186.000 millones. En Chile tienen un stock de ahorro de largo plazo 3 veces mayor al que tiene el FGS aquí. Esta monumental diferencia explica por qué a los jóvenes argentinos les cuesta poder acceder a una vivienda y en Chile solo tienen que ocuparse de encontrar el departamento que más les agrade. El crédito abunda porque han logrado acumular una enorme masa de ahorro de largo plazo que permite financiar hipotecas y todo tipo de préstamos, sobre todo para que las empresas puedan invertir.

Con este sistema de reparto tenemos la certeza que es imposible que matemáticamente los jubilados puedan cobrar el 82% móvil. Lo máximo que puede lograrse es que si se captan inversiones y mejora la productividad de la economía y disminuye la desocupación, mejoren los ingresos del sistema previsional y los jubilados actuales puedan tener un mayor ingreso, de todas maneras todo ese proceso lleva tiempo.

Lo máximo que se puede lograr es mejorar algo el ingreso de los jubilados actuales flexibilizando el mercado laboral para atraer inversiones y reducir el trabajo en negro, e ir pensando la manera de no someter a las futuras generaciones a este descarada humillación que es el sistema de reparto.

Dicho de otra manera, ¿Ud. le confiaría sus ahorros para cuando se jubile a Boudou, De Vido, Jaime, Moreno o CF? ¿No? Bueno, el sistema de reparto tiene ese riesgo.

Seguir dejando en manos de los políticos nuestra jubilación, es mínimamente demencial.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

“NO ES CIERTO QUE EL LIBRE COMERCIO Y LA IMPORTACIÓN ATENTEN CONTRA EL EMPLEO”

Por Iván Carrino. Publicado el 26/11/16 en: http://www.planbnoticias.com.ar/pb/index.php/2016/11/26/ivan-carrino-no-es-cierto-que-el-libre-comercio-y-la-importacion-atenten-contra-el-empleo/

 

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Para el economista del massismo la apertura económica es necesaria en Argentina. Se mostró partidario de bajar el gasto público y predijo que la economía argentina crecerá en el 2017.

En conferencia de prensa, el economista del massismo, Iván Carrino evaluó la situación económica en general y trazó sus perspectivas para el 2017.

Invitado por el bloque Pueblo Nuevo, integrado por el concejal Torres de Santa Rosa y Mariano Sánchez de General Pico y acompañado por el secretario general de los Judiciales, Ceferino Riela, Carrino dialogó con Plan B y evaluó que la economía se recuperará en el 2017.

“Creo que habrá un rebote en el actividad. Hay que pensar que en el 2014 se vivió un proceso similar con caída de la industria y el consumo, del salario real y en el 2015, hubo una recuperación. Algo similar pasará en el 2017, con la salvedad en que tendrán efecto algunas medidas que ha tomado el gobierno nacional” precisó.

“Entre ellas, el fin de las retenciones. Es decir que habrá una menor carga tributaria. Además, la modificación en ganancias y la eliminación del cepo, más la eliminación de trabas para importar y exportar”, afirmó.

“Además, hay un Banco Central que está bajando la inflación. Son medidas tendientes al crecimiento económico, que permiten al sector privado respirar”, agregó.

“Con esto, tenés unas buenas perspectivas para la siembra en maíz y trigo. Está creciendo la venta de fertilizantes y el sector agrícola está respondiendo, porque las exportaciones están creciendo”, opinó y agregó que las exportaciones, medidas en dólares, frenaron su caída.

“Hoy Argentina tiene superávit comercial y eso permitirá que Argentina crezca por encima de un rebote. Mis expectativas para el 2017 son que habrá menos inflación y más crecimiento, con un tipo de cambio que estará bastante tranquilo, como este año”, dijo.

—¿Algunas de esas medidas no atentan contra el empleo nacional, como la importación?

—Ese es un largo e interesante debate. No es cierto que a priori el libre comercio y la importación atenten contra el empleo. Uno ve países que son muy abiertos al comercio internacional con cero aranceles y tienen un 4 o 5% de desempleo.

Para Carrino, el proceso de apertura que se inició en Argentina, implica un proceso de adaptación. “Va a haber empresas que tal vez no sean competitivas. El punto es ver si tu economía es capaz de reemplazar al sector que cierra con nuevos emprendimientos y procesos productivos”, dijo.

“Creo que Argentina tiene capacidad de hacer eso y también hay que ayudarla un poco bajando trabas y regulaciones. Hay que permitir que surja un nuevo sector o más producción que absorba al tipo que tenga que readaptarse”, dijo.

“Según un dato de la CAME, que no está de acuerdo con la importación, los consumidores en Argentina podríamos pagar hasta un 50 o 70% menos en productos textiles o electrónica. Es decir, que los consumidores, en lo que gastábamos 100 podríamos gastar 30. ¿Qué hacemos con esos 70 que nos ahorramos gracias a la importación? Lo podemos poner el en banco, emprender un negocio o consumir” explicó.

“Es decir que esas tres cosas son buenas para la economía y se desarrollen otros sectores. Si lo ponemos en el banco, baja la tasa de interés, favorecemos a quienes quieren producir y tomar crédito. Si consumimos, consumimos nuevas cosas y habrá que fabricarlas y si emprendemos, invertimos en nosotros, en una empresa y producimos más. Creo que la apertura es necesaria y no hay que tenerle miedo. Puede haber fricciones en el corto plazo y que hay que solucionar con menos trabas”, agregó.

—Triaca dijo que con estas políticas hay 127.000 desempleados, ¿qué se hace mientras se produce la adaptación al proceso que mencionás?

—Ese es el dato formal de empleo perdido. Mucha de esa caída está explicada en el sector de la construcción, que estaba en una burbuja tremenda por las elecciones y porque el gobierno anterior decidió gastar una fortuna en obra pública, para contratar gente y generar un ilusión de prosperidad.

Carrino dijo que eso se pagó con inflación y una emisión monetaria del Banco Central del 40%. “Pero hoy vimos que eso explotó y los precios se dispararon, en parte explicado por eso. En el mientras tanto, hay alguna medida amortiguadora, como los seguros de desempleos, pero lo importante no es quedarse en el corto plazo y pensar en una economía a largo plazo, que emplee gente, que produzca, que vengan los inversores y eso se cambia con bajos impuestos, desregulación económica y esa es la mejor respuesta que se le puede dar a la gente que se quedó sin trabajo”, agregó.

“La mejor respuesta para la pobreza es trabajo de calidad, inversiones y crecimiento económico. Países como India, China y Chile, lo hicieron con crecimiento económico y no hay otra respuesta”, afirmó el economista del massismo.

—Esto ocurrió en los 90…

—En los 90, el gobierno gastó por encima de sus posibilidades, se endeudó. Había un comercio más libre, pero con el fenómeno de la deuda, apareció el atraso cambiario. Entonces, Argentina era muy poco competitiva, producto de ese endeudamiento. Y entonces, muchas empresas del país no pudieron competir, ni generar sectores competitivos.

Para Carrino, lo que falló en los 90 es que no se pudo absorber a la gente que buscaba empleo. “A eso hay que añadirle que aumentó la gente que buscaba empleo, y eso se explica porque había mejores perspectivas. La gente estaba más confiada y pasó de la desmotivación a buscar empleo, eso lo cuenta Juan Carlos de Pablo, en un libro que se llama 200 años de Historia Argentina y es un dato a tener en cuenta. Es decir, más gente salió a buscar empleo y lo que estuvo mal es que no se pudo absorber esa búsqueda de empleo”, opinó.

—¿Cómo está la situación de la Deuda hoy?

—Hoy hay un gigantesco problema de déficit heredado y eso se paga o con inflación o con deuda. Hasta la gente se cansó de la inflación y votó otro gobierno. Y el gobierno piensa ajustar el gasto público, pero vamos a ir a una estrategia gradual. Y para que sea gradual, hay que bajar el gasto público con deuda. Este año, tomó deuda por 40.000 millones entre pesos y dólares. Muchos de esos, fueron para pagar a los fondos buitres, unos 15.000 y tenés unos 25.0000 de nueva deuda. El año que viene se seguirá colocando deuda y es una preocupación.

Carrino agregó: “yo preferiría que se redujera el déficit de una manera más rápida y que el gobierno realmente redujera el gasto pública y esa es la solución al déficit y a la deuda. Si vos me decís que su idea es hacerlo en cuatro años, no me parece mal. Pero si porque se endeudan empiezan a patear el verdadero problema que es el gasto en la Argentina, eso sería una lástima.

—¿Por ser el año que viene electoral, no quieren tomar medidas como esa?

—Es muy probable, porque las elecciones condicionan a los políticos. Esperamos que no sea el caso, pero es muy probable. Si ves las propuestas de gastos del gobierno, no son de una reducción, por lo menos en el Presupuesto del 2017 va a aumentar el gasto en términos reales y eso es una mala idea. No me parece una solución a nuestros problemas reales y uno de los puntos flojos de este programa económico.

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Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

EL GASTO PÚBLICO COMO CAUSANTE DE POBREZA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 5/11/16 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2016/11/05/el-gasto-publico-como-causante-de-pobreza/

 

PobrezaLa mayoría de los argentinos se indignan cuando ven espantosas fotos de niños desnutridos en nuestro país. Pero, al mismo tiempo, la mayoría de los argentinos pide un aumento del gasto público para solucionar la tragedia. La tragedia es que ese aumento del gasto es lo que produce la pobreza.

Lamento cansar al lector si repito que, para aumentar el gasto, el estado no tiene sino tres recursos: impuestos, inflación o deuda externa.

Los impuestos siempre implican una menor producción de bienes y servicios, porque son una exacción de lo que podría haber sido destinado al ahorro, pero mucho más los impuestos a la renta y sobre todo los progresivos, porque desalientan la inversión y eliminan recursos que se podrían haber destinado al ahorro. Todo lo cual implica menor capitalización, lo cual implica menor demanda de trabajo, menor salario real, y mayor pobreza.

Por ende, cuanto menos impuestos, mejor.

La inflación tiene como consecuencia directa la fuga de capitales y la falta de ahorro en el mercado local de capitales, todo lo cual implica descapitalización y, por lo mismo, mayor pobreza.

Y la deuda, en algún momento se paga. Con default, con hiperinflación, con mayores impuestos. Todo lo cual implica mayor descapitalización y, por ende, mayor pobreza.

No es una casualidad, por ende, que desde que la Argentina comenzó a aumentar el gasto público, sus niveles de pobreza hayan ido aumentando proporcionalmente. La tragedia cultural es que pocos relacionan una cosa con la otra, y se acusa de ser insensibles al tema de la pobreza a quienes advertimos permanentemente por el aumento del gasto público.

Ese es el drama cultural de la Argentina. El mundo social no es fruto de tornados o tsunamis. Es fruto de las ideas y creencias de quienes conforman el mundo social. No es la corrupción el drama de la Argentina, sino estas ideas estatistas de la mayor parte de la gente de buena voluntad.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

EL GASTO PÚBLICO COMO CAUSANTE DE POBREZA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 30/10/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/10/el-gasto-publico-como-causante-de.html

 

La mayoría de los argentinos se indignan cuando ven espantosas fotos de niños desnutridos en nuestro país. Pero, al mismo tiempo, la mayoría de los argentinos pide un aumento del gasto público para solucionar la tragedia. La tragedia es que ese aumento del gasto es lo que produce la pobreza.

Lamento cansar al lector si repito que, para aumentar el gasto, el estado no tiene sino tres recursos: impuestos, inflación o deuda externa.

Los impuestos siempre implican una menor producción de bienes y servicios, porque son una exacción de lo que podría haber sido destinado al ahorro, pero mucho más los impuestos a la renta y sobre todo los progresivos, porque desalientan la inversión y eliminan recursos que se podrían haber destinado al ahorro. Todo lo cual implica menor capitalización, lo cual implica menor demanda de trabajo, menor salario real, y mayor pobreza.

Por ende, cuanto menos impuestos, mejor.

La inflación tiene como consecuencia directa la fuga de capitales y la falta de ahorro en el mercado local de capitales, todo lo cual implica descapitalización y, por lo mismo, mayor pobreza.

Y la deuda, en algún momento se paga. Con default, con hiperinflación, con mayores impuestos. Todo lo cual implica mayor descapitalización y, por ende, mayor pobreza.

No es una casualidad, por ende, que desde que la Argentina comenzó a aumentar el gasto público, sus niveles de pobreza hayan ido aumentando proporcionalmente. La tragedia cultural es que pocos relacionan una cosa con la otra, y se acusa de ser insensibles al tema de la pobreza a quienes advertimos permanentemente por el aumento del gasto público.

 

Ese es el drama cultural de la Argentina. El mundo social no es fruto de tornados o tsunamis. Es fruto de las ideas y creencias de quienes conforman el mundo social. No es la corrupción el drama de la Argentina, sino estas ideas estatistas de la mayor parte de la gente de buena voluntad.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

SIGAMOS INSISTIENDO: LIBRE COMERCIO INTERNACIONAL Y LIBRE MOVIMIENTO DE CAPITALES Y DE PERSONAS:

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 9/11/14 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2014/12/sigamos-insistiendo-libre-comercio.html

(Del cap. 4 de mi libro “Nueva introducción a la EA de Economía”. Clase cuatro: (Martes 12-9-2000).

Se preguntarán ustedes por qué he titulado esta clase “las restricciones a la producción”. Bien, en realidad estoy haciendo honor a la terminología de Mises, en su tratado de economía, cuando habla de gran parte de las medidas intervencionistas. Porque lo que ellas, logran, en conjunto, es eso: restringir la producción, bajar la tasa de ahorro, de inversiones, de demanda de trabajo, de salario real. Hay un “circuito”, análogamente hablando, que ya hemos aprendido. Hay una “cadena” proporcional entre más ahorro, más inversiones, más demanda de trabajo y mayor salario real y por ende mayores (no iguales) oportunidades para todo el mundo. Todas las políticas intervencionistas atentan de un modo u otro contra la primera parte de esta cadena. Y por eso no se puede ser un buen economista –como decía Hayek- siendo “sólo economista”. Hay condiciones jurídicas, políticas y culturales que favorecen al ahorro y otras que lo desfavorecen. La economía, por todo lo que expusimos en la clase 1, simplemente dice: dejen al mercado ser tal. Esto es, libre.

De las políticas intervencionistas que más restringen la producción, las más típicas son el impuesto progresivo a la renta y los aranceles.

Comencemos por el tema de los impuestos progresivos.

No vamos a comenzar (aunque sea un tema importante) con el tema del estado y su justificación, que es un tema que habitualmente rodea al tema de los impuestos. No tenemos tiempo de introducirnos en las profundidades de la filosofía política, simplemente diré que la existencia de “estados-naciones” como los concebimos hoy en día es algo que damos por sentado y deberíamos preguntarnos más seguido su por qué.

Pero no sigamos o de lo contrario nos vamos de tema. Todos los impuestos tienen sus dificultades. Ninguno es totalmente “neutro”, esto es, ninguno deja de afectar de algún modo al proceso de mercado. Sin embargo, entre los economistas austríacos ha habido un consenso en oponerse al impuesto progresivo a la renta, quedando nuevamente como los “malos de la película”. ¿Por qué esta oposición a lo que parece más justo, esto es, que más paguen los que más ganan, y progresivamente?

Nuevamente, es el tema de la escasez. Para minimizar los efectos de la escasez hay que aumentar el ahorro, y para ello hay que “liberar recursos”. Eso tiene que ver con la noción de ahorro potencial.

El razonamiento es el siguiente. Con lo que cada uno “tiene”, hay dos posibilidades: gastarlo o no. Eso implica consumo, en el primer caso, o ahorro, en el segundo. Bueno, no ahorro necesariamente en el segundo caso: usted puede donar sus bienes, o quemar sus billetes (¿nadie lo haría, no?) o ponerlos en su casa, lo cual en la Argentina aún se sigue haciendo, y es una forma especial de ahorro…. Pero se presupone que en una economía moderna y con circuito bancario organizado, gran parte de lo que no se consume se destina al ahorro en el mercado de capitales.

Por lo tanto, si nosotros gravamos impositivamente a alguien en el momento de consumir (impuesto al consumo) no digo que sea eso excelente, pero al menos podemos estar seguros de que no son recursos que se podrían haber destinado al ahorro. Pero si gravamos directamente las ganancias y todo tipo de “activos” que tiene una persona, ya empleador, ya empleado, estamos tomando recursos que “potencialmente” podrían haberse destinado al ahorro. Si usted tiene 10 en su bolsillo, y yo lo saco impositivamente antes de que usted lo consuma, estoy sacando tal vez 5, tal vez 8, tal vez 2 que podrían haber sido destinados al circuito bancario de ahorro. Por lo tanto, los impuestos a las ganancias implican una menor cantidad de ahorro potencial. Y ya vimos lo que eso significa: menor tasa de capital, y, ya sabemos, menor salario real para todos. Más escasez de la que ya hay.

Si el impuesto es progresivo, peor. Si cuando más uno gana más le sacan, tal vez ciertas inversiones que se podrían haber realizado no se hacen.

Por lo tanto los impuestos a la renta, ya progresivos o no, implican sencillamente un menor nivel de vida para toda la población. Se saca a “los ricos” para solucionar la pobreza, y lo que se logra es incrementarla. Otra vez, el paradójico resultado de toda política intervencionista.

Dado que los austríacos razonan habitualmente con lo que “no se ve” (Hazlitt) esto es… ¡Difícil de ver! Es fácil ver las obras públicas, es fácil ver a un gobernante dando un gran discurso, con una aureola de santidad sobre su cabeza, como si fuera Gandhi, anunciando todo lo que va a repartir, fruto de sus impuestos…. Lo difícil es ver “lo que no hay”, como consecuencia de esas políticas: todo el ahorro y las inversiones que no se realizaron porque el estado sacó y gastó (a pesar de que su propaganda dice “invertir”) en otras cosas; es difícil ver todos los recursos en salud, alimentación, vivienda, etc., que quedaron desatendidos porque el gobierno sacó y gastó…. Con la infundada creencia socialista de que los particulares no pueden ocuparse de todo ello, o con la infundada creencia marxista, en el sentido estricto del término, aún hoy en día, de que con esos impuestos “mitigamos” los efectos de la explotación capitalista….

Por eso viene bien resaltar aquí que la economía de mercado es un sistema que funciona con personas normales, personas, como decía Sto Tomás, “la mayor parte de las cuales no son perfectas en la virtud”. Para que aumente el ahorro y los salarios reales de todos no es necesario contar con héroes, con grandes gobernantes ni con sacrificados e incorruptos contribuyentes. ¿De dónde salen, en una economía de mercado, los recursos que alimentan al mercado de capitales que implican un aumento de ahorro y por ende una mayor tasa de capitalización? Pues de millones y millones de actos cotidianos de ahorro de pequeños ahorristas, como todos ustedes, que tienen (tenemos) sus dineritos en el banco y sostienen con ello las pocas inversiones genuinas que nuestra economía intervenida tiene. Pero les aseguro que lo que podemos ahorrar está limitado por muchas cosas, entre ellas, lo que el estado ya nos ha sacado con todo tipo de impuestos, y entre ellos el de ganancias.

P.: Si dos empresas ganan lo mismo, ¿es justo que paguen lo mismo?

R.: En estas cosas creo que hay que guiarse por un sano criterio de utilidad social. Lo que es justo o no en las políticas impositivas es, creo yo, sencillamente lo que aumente o no el ahorro existente, pues de eso depende el nivel de vida de nuestros semejantes. Así que yo no me preocuparía de cuánto tiene que pagar cada empresa. Sencillamente creo que debe eliminarse todo tipo de impuesto a las ganancias. Sencillamente todos. No estoy exagerando. Ya hablé muchas veces de los dramáticos efectos de la escasez. La miseria y la pobreza. No tenemos que escatimar esfuerzos en la lucha contra todo lo que la cause.

P.: ¿Pero hay algún país que sobreviva que haya eliminado el impuesto a las ganancias?

R.: Bueno, yo diría que sobrevivieron a su no eliminación…. Sobre todo aquellos cuyas condiciones jurídicas y políticas fueron tan estables que promovieron una tendencia al ahorro mucho mayor que la presión impositiva, que jugaba en contra…. Por eso pueden ustedes imaginarse los efectos terribles de estos impuestos en las naciones subdesarrolladas…. Y si a eso agregamos la inflación…. Las revoluciones….. Las guerras….

Bien, cambiemos de tema….

Vamos al tema de los aranceles. Les aseguro que si el punto anterior los asombró, este les va a asombrar mucho más. En esta carrera contra el tiempo que estoy librando, he decidido organizar el tema de este modo.

Primero, vamos a razonar un poquito “in abstracto”. ¿Cuáles son los efectos de colocar o sacar un arancel? Un arancel es una especie de impuesto a los productos importados. Esto está muy bien explicado en “La economía en una lección” de Hazlitt. Vamos a suponer que este reloj importado sale $ 10. Es un ejemplo, nada más, para razonar sobre el tema. Tenemos un reloj cuyo precio en el mercado internacional es de $ 10. Ahora vamos a suponer que se lo grava en $ 5, con lo cual sale, en el país, $15. Todo esto con los argumentos habituales: para proteger o estimular la industria nacional de relojes, para que haya más ocupación, más producción local, etc.

Tenemos entonces que cada vez que alguien compra un reloj en el país, está dando al gobierno $ 5. Ahora multipliquen eso por millones y millones de veces que se compra un reloj. Van a obtener una cifra muy abultada. Son recursos que han sido sacados del circuito de ahorro e inversión, y del consumo de otros bienes, para ser enviados al estado.

Ya vimos los perjuicios de sacar recursos del circuito de ahorro e inversión. No los quiero cansar con eso. Porque tenemos ahora algo nuevo. Dije que a esos recursos se los sacaba también “del consumo de otros bienes”. ¿Y qué hay con eso? Pues que, como vimos en la clase uno, en un mercado libre, sin privilegios ni protecciones legales, sólo se mantienen en el mercado quienes menos errores cometan. Se producirá entonces una tendencia a concentrar la producción en áreas donde naturalmente la productividad es mayor. Si alguno de ustedes es empresario y trabaja sin protecciones es obvio que sería un grueso error poner una heladería en la Antártida. Pero, claro, los errores no son siempre tan gruesos, y para eso está el sistema de precios, para avisarnos de algo que anda mal, cuando nuestros costos van subiendo e incurrimos en pérdidas. Por ende, un mercado libre, donde también haya mercado libre internacional, concentrará la producción en aquellas áreas naturalmente más productivas y aquellos productos que sean naturalmente más costosos tenderán a ser importados. Otra vez, la escasez. Los costos altos tienden a ser mitigados del mercado importando más barato aquello que sería caro en cierta región, y exportado aquello que naturalmente salga más barato. Pero si el arancel desvía la producción a sectores protegidos, los costos aumentan y la productividad global disminuye. La división del trabajo es una de las grandes armas contra la escasez. Los aranceles atentan directamente contra ella. Los costos internos aumentan y por eso la capacidad de ahorro interno disminuye.

Pero, me podrán decir, ¿acaso los otros economistas ignoran todo esto? No. Los más inteligentes partidarios del proteccionismo (no me refiero a empresarios y sindicalistas que piden aranceles simplemente por intereses sectoriales) tienen detrás de los aranceles una teoría más amplia, que estuvo muy de moda en los años 70 aunque no ha perdido su vigencia (ahora se la presenta con un vocabulario distinto). Muchos piensan que los países subdesarrollados nunca van a salir adelante porque tienen una estructura de producción dependiente de los países desarrollados. Son agroexportadores o mono-exportadores de materias primas, que venden al exterior a bajo precio, mientras importan, muy caro, productos manufacturados. Para salir de esa situación deben tener una política arancelaria fuerte y desarrollar así su industria nacional para entonces sí, estar en condiciones de competir con el extranjero. Esto sigue estando detrás de las guerras tarifarias entre los bloques, tema que retomaremos hacia el final.

Vamos a relacionar esto con la clase dos. Esta teoría de la dependencia estructural tiene un error que se ve claramente a la luz de la teoría austríaca de la formación de capital, que en última instancia es la teoría austríaca del desarrollo. ¿Cómo se constituye el ahorro y todo lo que le sigue (inversiones, etc.) en determinada región, llámese país, nación, o lo que fuere? Ya lo hemos visto: hay que abstenerse de consumir ciertos recursos en el presente para destinarlos al ahorro, esto es, al consumo futuro, lo cual implica que esos recursos ahorrados sirven para la producción de bienes de capital. Si una región está tan subdesarrollada que el ahorro interno sería casi nulo o muy lento, se recurre al capital prestado. Esto es, si las fronteras son libres las inversiones extranjeras podrán entrar libremente. Debe haber estabilidad política y jurídica, incluyendo esto último que las condiciones sean iguales para todos (esto es, el estado no debe proteger a ninguna industria, ni nacional ni extranjera). Con esta apertura de las fronteras al capital extranjero, más la libertad migratoria, la lucha contra la pobreza comienza a vencerse.

Otra vez, les pido no que me den la razón inmediatamente, sino que hagan el esfuerzo de ver las cosas al revés de lo que habitualmente se supone. La causa del subdesarrollo es que no se han dado las condiciones de estabilidad política y jurídicas necesarias para un mercado libre. La causa del subdesarrollo es el intervencionismo o el directo socialismo, ya desde el inicio o por el medio de la historia de un país (como la Argentina). La causa del subdesarrollo es por ende también la protección arancelaria con la cual supuestamente se quiere desarrollar un país. El efecto del subdesarrollo puede ser, perfectamente, países exportadores de materias primas baratas. Eso es efecto de políticas intervencionistas que han frenado la acumulación de capital. Por lo tanto, aquello que se recomienda para solucionar esa situación (aranceles y otros controles) es precisamente lo que la provoca o lo que la aumenta y prolonga. Por otra parte, este tipo de intervencionismo es compatible ya con industrias privadas protegidas, ya con industrias nacionalizadas. En la Argentina se hicieron las dos cosas. El efecto fue la pobreza y la miseria, y aumentar la que ya estaba. Y el acusado fue un mercado libre que nunca se aplicó….

En mi opinión la teoría de la dependencia estructural es una fuerte y nueva versión de la clásica teoría marxista de la explotación. Marx decía que la acumulación de capital sólo se producía merced a la explotación (trabajo hecho y no remunerado) del sector obrero y que por ende en las naciones “capitalistas” iba a haber ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres. Pero en los países desarrollados del hemisferio norte los sectores medios se expandieron, lo cual parecía contradecir la teoría de Marx. Pero entonces se dio una perfecta contrarréplica. La teoría marxista seguía vigente, trasladada a nivel internacional. Hay “países ricos” porque explotan a los países pobres del sur. Lo que gana un obrero de un país rico del hemisferio norte, lo pierde un obrero del hemisferio sur.

Como vemos el aparato conceptual marxista nunca logró captar el proceso de acumulación de capital. Siempre concibieron una torta estable. Algunos socialistas siempre hablaban de repartir la torta. Marx era más sagaz. Vio que la torta crecía, pero también concibió ese crecimiento “a expensas” de otros: los explotados. Los neomarxistas latinoamericanos nunca pudieron ver, entonces, la causa del subdesarrollo de estas regiones. La riqueza de los países ricos aparecía como la causa de su pobreza. Siempre que alguien gana algo, hay otro que pierde. Pero no es así. Todo lo visto hasta ahora nos muestra que es al revés: en la medida que aumenta la tasa de capital, la demanda de trabajo aumenta, los precios bajan y el salario real de todos aumenta. Para entender esto hay que hacer un verdadero esfuerzo de cambiar la perspectiva mental y tomar conciencia del marxismo cultural en el que nos encontramos. El marxismo de ningún modo ha caído de nuestras mentes. Cuando nuestros dirigentes sindicales hablan de “planes de lucha” para defenderse de la explotación de un supuesto capitalismo, y cuando todo tipo de intelectuales justifican la violencia por ellos aplicada, ¿de qué estamos hablando? ¿De Martín Luther King?

Ahora bien, hemos visto el origen de gran parte de los sectores industriales protegidos. Me parece adecuado llamar a eso “el drama” de la protección. ¿Por qué? Porque estamos parados sobre este sistema canceroso. Habitualmente en Latinoamérica, pero también en muchos otros países, hay sectores productivos asentados sobre décadas y décadas de protección arancelaria. Familias enteras dependen y han dependido siempre, tanto económica como culturalmente, de esos sectores. Para ellos es sencillamente un drama la eliminación de la protección. Obvio que debe hacerse, tal vez gradualmente. Pero los problemas políticos, culturales, psicológicos y morales de esta “curación” son enormes. Son los problemas de una política de transición. Con esto no quiero decir que debe evitarse el problema, porque de lo contrario se agudiza. La no transición agudiza los problemas, no los soluciona (alguien puede seguirse endeudando y mientras sigue la fiesta nadie se da cuenta, hasta que llega el contador, el abogado, la policía….). Pero independientemente de las políticas concretas de transición que apliquemos, hay una pregunta clave: ¿quiénes produjeron el drama? No los economistas austríacos, precisamente, que siempre se opusieron a todo tipo de políticas intervencionistas. De todos modos, ahora que ciertos países están intentando aplicar economías de mercado, los economistas austríacos tienen una buena oportunidad para trabajar en temas de transición, tema que hasta ahora no ha sido su especialidad.

¿Hay hasta aquí alguna pregunta aclaratoria?

P.: Hablando de protección…. En este momento es vox populi que la industria argentina ha sido destruida porque se abrió la entrada a cualquier producto de cualquier lugar del mundo, de modo que se destruye la industria argentina, con la consecuente desocupación. ¿Cuál es la solución?

R.: Independientemente del caso argentino, quiero aclarar que, en cuando a la interpretación de lo que en general es un arancel, su reducción o eliminación no implica  una “destrucción”, sino más bien una “transformación”, un reacomodamiento de los factores productivos. Si usted tiene $ 10 en su bolsillo, destinados a la industria X protegida, y sin el arancel usted dispone de $ 8 pesos más, porque el precio del producto no es entonces 10 sino 2, entonces sucede lo contrario a la imposición de un arancel. Esos 8 pueden ser destinados al consumo de otros bienes y servicios, o al ahorro. En ambos casos aumenta la demanda de bienes y servicios en el presente o se los destina para la fabricación de nuevos bienes de capital. En cualquier caso la eliminación del arancel dejó recursos liberados para otros sectores, y lo importante es que esos sectores no estén protegidos para que el proceso no se repita. Como vemos, no hay destrucción, sino una especie de creación de nuevos sectores productivos, con la “curación” consiguiente de la des-economización de recursos que se producía en la etapa anterior.

Su pregunta me lleva a hablar de la tan mentada globalización, pero eso lo dejamos mejor para el final.

P.: Pero en ese proceso de transformación nos podemos morir en el intento…

R.: Nos estamos muriendo ahora. Bueno, me explico.

Hay que cambiar la interpretación de lo que significa una política de transición. Yo no he negado sus dificultades, las he afirmado expresamente, pero por algo dije que mientras dura la fiesta nadie se da cuenta. Esto es, no es cuestión de decir “estamos bien ahora y en la transición vamos a estar mal”. No, estamos mal ahora. En la transición lo que va a estar bien es el bien común, pero no los intereses sectoriales. Pero hay que tomar conciencia de lo que significa el costo social de la no-transición. Usted habló de morir en el intento. Pues bien: ¿cuántos niños se mueren de hambre en la Argentina, diariamente, o padecen terribles desnutriciones a causa de las políticas que en este curso hemos venido denunciando? Le aseguro que no son pocos. Las condiciones infrahumanas de vida ya existen en nuestro país y, vuelvo a decir, el eje central del debate es qué las causa. Y yo respondo: no las políticas de transición a una economía de mercado. Por otra parte, ¿de qué economía de mercado me hablan en la Argentina? ¿De unas cuantas empresas privatizadas con privilegios y monopolios? Está bien que en la realidad todo es una cuestión de grado…. No quiero ser pesimista. Pero por favor no confundan a Menem o a De la Rúa con Mises…. Esa confusión, por favor, no….

P.: ¿Pero no hubo proteccionismo en EEUU, sobre todo en el noreste, y aún lo hay?

R.: Sí, sencillamente hubieran estado mejor sin todo eso. Yo no les estoy “tirando hechos por la cabeza”, sino que estoy tratando de cambiar la interpretación de ciertos fenómenos sociales. Así que el desarrollo industrial de EEUU no es un argumento ni a favor ni en contra de lo que yo digo. Todo depende de cómo se lo interprete.,

P.: ¿Qué opina de la economía informal, de la que habla Hernando de Soto?

R.: Bueno, es uno de los miles de temas de los que no pude hablar. Pero es muy interesante. Cuantas más reglamentaciones hay, cuanto más intervencionismo hay, hay un sinfín de cosas que usted tiene derecho natural a hacer pero que quedan sin embargo “fuera de la ley”. Pero fuera de una ley injusta, contraria al derecho natural. En Perú, donde Hernando de Soto hizo ese estudio, toda la industria del transporte era informal, porque era imposible asumir los costos que el estado imponía con sus reglamentaciones…. Y muchas personas lograron evitar el hambre ofreciendo servicios sin el control de estado…. El también estudió que si usted quería poner una pequeña o mediana empresa, el número de reglas exigidas por el estado cuando se imprimían en hojas de computación era de 600 metros……. Sí, aunque no lo puedan creer….. Y después los grandes intelectuales se preguntan por la causa de pobreza en Latinoamérica, y siguen acusando al capitalismo global….. Santo Dios…..

  1. ¿Y qué me asegura que mi ahorro se convierta en inversión?

R.: Nada ni nadie se lo puede asegurar necesariamente, claro, por eso hemos hablado hasta el cansancio de condiciones políticas y jurídicas estables para un mercado libre…. Que creen las mejores condiciones que “favorezcan” ese proceso. Justamente, el proceso de ahorro y acumulación de capital es tan difícil… Las masas, como diría Ortega, dan por sentado que un día se levantan y ahí está un supermercado, y trabajo, y salarios para comprar todo eso… Creen que es fácil…. Por eso el otro día hablaba yo de la visión de conjunto. No debe suponerse que la economía es algo aislado de otros fenómenos sociales. Hayek, dado que era un excelente economista, habló, en su libro “Los fundamentos de la libertad” de las razones por las cuales la democracia es conveniente, y una de ellas era cierta tendencia al aprendizaje cívico que se produce con la estabilidad política. En cada elección los electores pueden aprender de sus errores pasados. Eso, mantenido durante décadas, ayuda notablemente a la paz y estabilidad que son la mejor garantía humana para el desarrollo. Por eso Mises y Hayek, en su filosofía política, eran tan poco proclives a las revoluciones violentas. Bueno, esta es una cuestión de filosofía política un tanto larga, pero la doy como ejemplo de tratamiento conjunto de los temas.

Pero hablando de temas, nos fuimos un poco de tema y nos queda el último punto.

Este último punto, sobre el libre comercio internacional y la libre inmigración y emigración, va a ser como una especie de “cierre”, que “abra” alguna humana esperanza a este mundo difícil.

Un mercado libre internacional como el que proponen los austríacos es una situación posible, plausible, que implica un libre movimiento de capitales y de personas. Eso no significa tener plata para comprar pasajes. No, significa algo mucho más concreto. Significa que no hay trabas jurídicas para emigrar o inmigrar. Lo cual significa, a su vez, que los austríacos están en contra de cosas a las cuales nos hemos acostumbrado y que casi no cuestionamos. Un mercado libre es incompatible con aduanas, pasaportes, visas y todo tipo de regulaciones e impedimentos para entrar y salir de un país. Para entender esto hay que tener en cuenta una filosofía social de fondo, muy bien explicada por Mises en su libro “Liberalismo”. En esa filosofía social cada persona más no significa más escasez, más problemas, sino mayor riqueza. Estamos tan acostumbrados a filosofías intervencionistas, para las cuales la torta siempre debe ser repartida frente a una población en aumento, que no concebimos una situación donde cada persona, trabajando libremente y ofreciendo sus servicios en el mercado, implique un mayor aumento en la productividad global y, por ende, una torta que crece, y no para pocos, como habitualmente se cree, sino para cada vez más gente, por el referido aumento en el salario global como fruto de las mayores inversiones. Pero hoy en día no se piensa así, y por eso se recomiendan políticas de fronteras cerradas, políticas restrictivas frente a la inmigración, donde personas humanas, que no tienen más ni menos que la dignidad que Dios les dio, son sometidas a todo tipo de vejámenes por querer entrar simplemente a trabajar libremente. Y en eso los campeones son los actuales EEUU, donde sus dirigentes políticos y sus empresarios y sindicalistas creen que la inmigración significa una menor torta para repartir, cuando hemos visto que, si liberaran el mercado, cada persona se pondría a trabajar en aquello para lo cual tiene natural productividad, y si comete muchos errores, sea del país o no, no podrá quedar en el mercado por las pérdidas en las que incurre. Pero no sólo en EEUU: no hay lugar, prácticamente, donde no se esté convencido que “uno más” significa “menos para mí”. Si se piensa así, hay que ser  realmente héroe para proclamar la solidaridad para con el pobre y al mismo tiempo “dejarlo entrar”. De lo contrario se vive en la habitual hipocresía: grandes discursos solidarios, al mismo tiempo que se mantienen las fronteras cada vez más cerradas: más visas, visas de trabajo, persecución de “inmigrantes indocumentados”, etc. Un mercado libre implica la posibilidad de hacer realmente algo por todos los pobres y refugiados del mundo al mismo tiempo que se aumenta la productividad global: abrir las fronteras, eliminar las aduanas, visados, pasaportes y todo tipo de controles para con la libre movilidad de las personas. Por eso, como bien explicó Mises, nacionalismo, estatismo y militarismo van de la mano… Claro, esto no cubre todos los aspectos del corazón humano, donde las razones para la intolerancia y los prejuicios negativos son más amplias y complejas…. Pero lo que estoy proponiendo es al menos posible a nivel de sistema político y económico.

De acuerdo con lo que estoy diciendo, quiero enfatizar que, a pesar de los declamados intentos de abrir el mercado a nivel internacional, estamos muy lejos de ellos tal como la describe Mises en su ya citada obra de 1927. Las llamada actualmente “globalización” es una política de bloques cerrados que luchan entre sí: Mercosur vs. Nafta, Nafta vs. Union Europea, etc. En el fondo también todos esos gobernantes, que conciben y firman esos acuerdos, también conciben al mundo como una torta fija cuya repartición hay que disputarse. En un mercado libre, el libre comercio no depende de acuerdos políticos, de nada que funcionarios estatales firmen o decidan. En un mercado libre los gobiernos no comercian entre sí, y no puede haber deuda pública porque los gobiernos sólo obtienen sus recursos de los impuestos indirectos al consumo. Si verdaderamente se abren las fronteras, yo hago una llamada telefónica a un amigo de EEUU, arreglamos nuestro negocio por teléfono, o por e-mail, y él me vende a mí lo que acordemos, sin regulaciones ni aranceles. En una política de mercado libre, si un ciudadano paraguayo quiere venir a vivir a la Argentina, simplemente viene y se instala, como si yo quisiera instalarme a vivir en Mendoza. Sin visas ni humillantes persecuciones por “indocumentado”. En un mercado libre no hay “indocumentados”. No hay necesidad de documentos por los cuales el gobierno nos controle. Sólo hay personas que no atentan contra el código penal y los que sí, y sólo estos últimos son acusados y sometidos a juicio justo. Y no hay necesidad de otros códigos.

No quiero ser pesimista, no quiero decir que estamos igual, a nivel internacional, que hace 60 años, pero hay que ser claro y no identificar actuales políticas de globalización con la sencillez de la política de mercado libre estudiada y propuesta por los austríacos. El gobierno no debe decirle a usted qué importar, qué no, a qué arancel, etc. Meir Zylberberg, que estuvo aquí la semana pasada, me hizo acordar de un artículo de él escrito en 1963, cuando yo tenía 3 años…. En el que describe la situación de la Argentina en ese momento. Voy a leer una parte: “Control de cambios, Dirección de impuesto a los réditos, Banco Central, Corporación del Transporte Metropolitano; injerencia en el tránsito de carreteras interprovinciales, control de precios, Junta Reguladora de la Producción Agropecuaria, barreras migratorias, Marina y Aviación Comercial del Estado, nacionalización de los depósitos bancarios, ferrocarriles, teléfonos, puertos, usinas eléctricas, agremiación y previsión social compulsiva, tales son los hitos que van generando el camino hacia la actual frustración y decadencia”.

Bueno, dejo a cada uno de ustedes ver si hemos cambiado mucho o poco….

P.: Hablando de las negociaciones entre bloques…. Supongo que lo que se pretende es tratar de equilibrar de algún modo desigualdades, debilidades…. No es fácil para México comerciar con EEUU…. A un mejicano le va a resultar más fácil conseguir un buen salario en EEUU, que al revés…. Yo supongo que la negociación viene del compromiso que el gobierno tiene con sus respectivos  pueblos de ofrecerles, de algún modo, mejores condiciones de negociación….

R.: Bueno, vamos a tratar de acercar posiciones. Por supuesto que los ciudadanos de EEUU y México van a estar mejor ahora con el Nafta que 40 años atrás. Pero para lograr esa integración hay una vía más rápida desde el punto de vista conceptual, pero más lenta en cuanto a su implementación sencillamente porque es más difícil de aceptar. La vía rápida, conceptualmente, es quitar controles y abrir las fronteras. Pero esto es a su vez lento por los intereses sectoriales. Es lo que dije antes sobre el drama de la protección. No va a ser fácil esa liberalización de la que hablo para personas que han basado su existencia en un sector protegido por el estado. Tal vez como política gradual lo que usted dice tiene su importancia. De todos modos insisto: no quiero ser pesimista, no quiero decir que la situación sea un total desastre; simplemente quiero insistir en que no hay crisis del capitalismo global, como dice Soros: hay crisis del intervencionismo global. No hay horror económico, como dice una pensadora francesa; el horror es el intervencionismo económico, a parte del horror del corazón humano, cuyo solución no está en nuestras manos humanas….

P.: Con respecto al tema de los monopolios, ¿cuál es la posición de la escuela Austríaca?

R.: Bueno, un poco ya lo dijimos en la primera clase, cuando hablamos de la libertad jurídica de entrada. Pero hay que agregar que en este tema los austríacos han tenido diversas fases. Por influencia de Mises se hablaba de un precio de monopolio, cuando, en un mercado libre, un productor era capaz de reducir su producción sin que caiga su demanda, elevando el precio. Mises insistía en que esa situación era muy rara y difícil de mantener. Su discípulo Rothbard afirmó que en un mercado libre todos los precios son de mercado, que el precio de monopolio sólo es posible con un mercado protegido. O sea que con libertad jurídica de entrada al mercado, sin ningún tipo de protecciones ni siquiera contra el mercado libre internacional, es imposible que una demanda sea “absolutamente inelástica” con respecto a un bien (o sea, que aumente el precio y la demanda no se derive a productos sustitutos). De este modo los austríacos se enfrentaron desde siempre contra otra teoría marxista clásica, la de la concentración monopolística. Marx afirmaba que en el capitalismo los factores de producción tienen una tendencia a la concentración en pocas manos. Claro, alguien puede decir que eso está sucediendo. Pero el caso es saber por qué. Los austríacos afirman que a medida que va creciendo el radio de acción de una empresa, va disminuyendo paulatinamente el radio de precios libres de otros bienes y servicios que antes competían. Pero entonces la empresa se enfrenta, a medida que crece, con el mismo problema del socialismo que explicó Mises en 1922: la imposibilidad de cálculo de costos y precios por la ausencia de precios libres. Cuanto más amplio es su margen de acción, a la empresa se la hace cada vez más difícil hacer ese cálculo y comienza a incurrir en pérdidas. A menos que…. Que esté protegida por el estado. Las grandes y enormes corporaciones, que después se las trata de fraccionar por ley, son fruto de prebendas y privilegios obtenidos por los “lobbys” en los congresos que generan todo tipo de intereses sectoriales. Y de vuelta lo mismo: esa es la antítesis del mercado libre, aunque las empresas sean nominalmente privadas.

P.: Yo me quería referir a los derechos de propiedad que existen sobre los descubrimientos científicos. Esas patentes, ¿son derechos de propiedad o son también fruto del intervencionismo?

R.: Bueno, no todos los austríacos han estado de acuerdo en eso. Creo que con el tema del patentamiento industrial hay dos riesgos que correr. Sus partidarios dicen que si no los ponemos, la creatividad industrial y los estímulos a las invenciones disminuyen. Sus no partidarios dicen que el riesgo de monopolio jurídico es inmediato. Yo me decidiría a correr el primer riesgo y no el segundo. Es tan necesaria la desregulación del mercado hoy en día, que las patentes deben ser eliminadas aún corriendo el riesgo de que algún estímulo a la invención disminuya. Cosa que no creo, porque el mercado, como “proceso de descubrimiento”, como dice Hayek, tiene siempre estímulos para la renovación tecnológica: el sólo mantenerse en el mercado así lo requiere.

P.: ¿Y si una sola empresa patentara algo así como el genoma humano, como ocurrió en los EEUU?

R.: Bueno, frente a ejemplos así, más necesario es no correr el riesgo de patentes industriales….

P.: Muchos monopolios se rompen por la creación de sustitutos. A pesar de las patentes nuevas ideas han destruido muchos monopolios, como el caso del plástico….

R.: Bueno, conforme a lo que venimos diciendo, los productos sustitutos aumentan la demanda potencial frente a un eventual monopolio momentáneo. Y esos productos sustitutos son fruto de ese mercado como proceso de descubrimiento. La clave del mercado no es tanto la tierra, el capital, el trabajo, sino la creatividad de la inteligencia humana. Ese es el “capital” básico de la economía. Actualmente casi todos los economistas están hablando de eso. Sin embargo fueron los austríacos (permítaseme el entusiasmo) aquellos para los cuales este tema fue el eje central de su posición económica. Esto lo vimos desde la primera clase. El motor del proceso económico es la “alertness”, como otros discípulo de Mises, I. Kirzner, la denominó: la capacidad de estar alerta a las oportunidades de ganancia en el mercado, que es la contrapartida de esa “ignorancia ignorada” que todos tenemos en el mercado. Sin eso, imposible sería la explicación del proceso económico.

  1. Bueno, pero para que todo eso deje de ser una utopía, para poder implementar eso en medio de otras naciones que protegen sus propios intereses… Bueno, si los demás protegen a sus productos y nosotros no, entonces nos comen los de afuera…

R.: Mire, yo sé que es muy difícil explicar cómo nos va a ir mejor con un mercado totalmente libre aunque los demás no lo tengan, así que para eso voy a poner un ejemplo muy usado, el de una calle. Vamos a suponer que usted en una calle tiene una panadería y todos los demás comercios de la misma calle se protegen contra sus ventas. O sea que la farmacia, la verdulería y la tintorería quieren desarrollar su propia industria de panadería y ponen un arancel a sus familias según el cual su pan vale el doble. Claro, usted queda en una mala situación. Su “reacción casi instintiva” sería no comprarles a ellos. Pero, si razona un poco, va a ver que queda en ese caso peor. Antes, no podía vender sus productos; ahora, tampoco puede comprar o comprar barato. Tiene que hacer usted sus propios vestidos, remedios, etc, con los mayores costos y menor productividad que eso implica. Su situación no podría ser peor. Al menos con una política de mercado libre unilateral de su parte usted estaba mejor. En el contexto internacional es lo mismo. Desde luego que la Argentina va a estar mal si la Unión Europea, por ejemplo, protege sus productos agropecuarios. Pero si nosotros hacemos lo mismo estaremos peor, porque todos nuestros costos internos, como vimos, aumentarán. Claro, si seguimos concibiendo al comercio como una guerra, nunca entenderemos esto. Otra vez, fue Mises, con claridad meridiana, quien dijo que el comercio es exactamente lo contrario a una guerra. Ahora bien, vuelvo a decir que el mercado libre no es la utopía de suponer que con ese sistema todo está solucionado y tenemos la paz perpetua. Hay otros factores políticos y jurídicos, como ya dijimos, necesarios para el mercado libre, y, digamos más: para una vida humana digna. Lo fundamental son los derechos individuales. Es moralmente obligatorio respetarlos. Lo demás es voluntario. Un mercado libre no implica necesariamente las comodidades de la civilización occidental. Los factores culturales son aquí claves. Puede haber una perfecta pobreza voluntaria, pero no se debe imponer. La pobreza coactiva, impuesta por los gobiernos y pagada fundamentalmente por los millones de niños que se mueren de hambre diariamente, es una inmoralidad, una inmoralidad mucho más terrible y profunda que el consumismo que es fruto de un corazón humano cuya única cura está en Dios y no en un sistema.

Bien, ya no tenemos más tiempo. Pero quiero decirles una última cosa. Karl Popper, uno de los más grandes filósofos de este siglo, afirmó claramente que el motivo del optimismo no consiste en saber que mañana vamos a estar bien. No, porque eso no lo podemos saber. El motivo del optimismo consiste en todo lo que podamos hacer “hoy”. Creo que falta mucho, efectivamente, para que estas ideas se implementen, pero lo que hoy podemos hacer, fundamentalmente, es estudiarlas, profundizarlas y difundirlas. Este curso es lo que “hoy” hemos podido hacer, y en ese sentido hay motivos para ser optimistas.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Los fondos buitres no existen

Publicado el 19 de Junio de 2014 en http://www.liberallibertario.org/home/index.php/prensa/archivo/565-los-fondos-buitres-no-existen

 

El economista y académico Guillermo Covernton, del Movimiento Liberal Libertario, destacó: “Los fondos buitres no existen. Hay distintos tipos de acreedores. Lo que tienen en común es que poseen deuda que el Estado Argentino emitió. Unos tienen menos capacidad de resistencia y prefirieron acordar los términos que el gobierno impuso unilateralmente, mientras que otros poseen más capacidad de incurrir en gastos y litigar”.

Para Covernton, un gobierno que cataloga de buitres a los tenedores de deuda está reconociendo que cuando emitió esos títulos estaba vendiendo carne podrida y, al admitir que ellos compraron deuda a muy bajo precio, no hace otra cosa que reconocer su absoluta incompetencia. “Si los títulos llegaron a valer tan poco, no hay justificativo para que el mismo gobierno no los haya comprado, cancelando así su obligación a una mínima fracción de su valor originario”.

Por su parte, el referente económico del movimiento liberal destacó que es una mala señal que la oposición y los medios caigan en la trampa de utilizar la terminología impuesta por el populismo. “Esto parece dejar en claro la corresponsabilidad de prácticamente todo el espectro político argentino, que festejaba cuando se repudió la deuda que ahora está en litigio. Practicamente todos los sectores estuvieron representados en esa fallida maniobra que ha destruido la credibilidad del Estado argentino en todos los mercados financieros y que exigirá muchísimos años de conducta antes de ser reestablecida”, manifestó.

“Es muy simple caer en un nacionalismo infantil, pero la ciudadanía debe comprender que este comportamiento se traduce en un perjuicio para los argentinos, ya que la historia termina con menos crédito e inversión, lo que significa menos trabajo y salarios miserables”, concluyó.

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases.

 

El populismo es esencialmente inmoral

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 15/9/13 en: http://economiaparatodos.net/el-populismo-es-esencialmente-inmoral/

El populismo no solo es ineficiente como organización económica, sino que es fundamentalmente inmoral porque su funcionamiento así lo requiere

Infinidad de veces me han preguntado por qué el gobierno comete las barbaridades económicas que vemos a diario. Por qué Moreno patotea a los empresarios, cierra la economía y otras torpezas más. Por qué desde el BCRA destrozan la moneda. En fin, ¿cuál es la razón de esta política económica destructiva?

Responder a este interrogante no es tan sencillo. Algunos lo explicarán desde la ignorancia y otros por cuestiones de resentimiento. Es posible que haya una mezcla de estos dos factores, pero, aunque parezca mentira, creo que en el fondo hay un problema de razonar la economía. El kircherismo-cristinismo ven el proceso económico como una lucha por la distribución del ingreso. Creen que si un sector tiene ganancias es porque otros salen perdiendo. No entienden que en economía todos pueden salir ganando sin que el Estado se meta a hacer las burradas que hacen ellos todos los días.

Esta visión de la economía como si fuera una guerra queda en evidencia en los discursos oficiales. Nos quieren invadir con productos importados. Tenemos que defender la producción nacional. Los empresarios tienen que moderar sus ganancias. Todo el discurso es en un tono de conflicto, el cual solo es solucionado por la “sabiduría”, “bondad” y “ecuanimidad” de la presidente. Es decir, si algo bueno pasa en la economía es porque ellos son los iluminados que hacen justicia con sus políticas, no porque la gente sea eficiente y competitiva. Sin duda que parte de este discurso puede obedecer al populismo que trata de captar votos diciendo: “gracias a mí, Uds. los marginados, tienen un ingreso mejor”. Y cuando el populismo se complica por falta de recursos para mantener la fiesta de consumo, jamás se va a aceptar los groseros errores cometidos. Todo se limita a denunciar conspiraciones ocultas que vienen a destruir la construcción de un proyecto bondadoso encarnado en una sola persona. Eso es parte del discurso político populista que vaya uno a saber que fundamentos psicológicos tiene.

En rigor la economía no es una guerra donde unos ganan y otros pierden. Sí hay competencia entre empresas para ganarse el favor del consumidor. Esa competencia consiste en invertir para vender los mejores productos a los precios más convenientes para ganarse el favor del consumidor. Para ello se requiere inversión, capacidad de gestión y agregar valor. En ese proceso de inversiones se crean nuevos puestos de trabajo que aumentan la demanda de mano de obra y fuerzan los salarios al alza.

Al mismo tiempo, mientras más se invierte, más unidades se producen (aumenta la productividad), lo cual hace bajar los costos fijos por unidad producida, los bienes y servicios son más abundantes y baratos y mejora el nivel de ingreso de la gente. Pero no porque las empresas ganen menos. Las empresas ganan más porque venden más, a precios más bajos y mejores calidades. Su ganancia está en el volumen. El ejemplo que podemos dar es el de las computadoras. Cada vez tienen mejores procesadores, más capacidad de almacenaje de datos, etc. y los precios bajan o se mantienen. Con la telefonía celular ocurre algo similar. Obviamente estoy hablando del resto del mundo, no de Argentina donde gracias al modelo de sustitución de importaciones los “empresarios”, que en rigor en su mayoría son cortesanos del poder de turno, obtienen privilegios para no competir y perjudicar a los consumidores vendiéndoles productos de baja calidad y a precios más altos que en el resto del mundo. Basta con hacer una simple recorrida por los portales de internet para advertir las notebooks que se venden en EE.UU. y en Argentina, comparando precios y calidades.

Pero el gobierno no ve la competencia como un proceso por el cual los empresarios deben invertir y competir para ganarse el favor del consumidor. Por el contrario, consideran que la competencia no funciona y la producción, los precios de venta, los salarios y lo que tiene que producirse depende de una mente iluminada para ser exitosa. Hoy es Moreno el supuesto “iluminado” como en otro momento, con otros modales, fueron Grinspun, Gelbard y tantos otros ministros de economía que consideraban que solo la “bondad” de los gobernantes lograba mejorar el ingreso de la gente frente a la avaricia de los empresarios, al tiempo que esa “avaricia” empresaria es alimentada cerrando la competencia a los bienes importados. Una razonamiento realmente para psiquiatras.

Dentro de este pensamiento autoritario en materia económica, que es una especie de iluminismo económico y monopolio de la bondad de los políticos, no hay lugar para entender que la competencia es un proceso de descubrimiento. Descubrir qué demanda la gente, qué precios está dispuesta a pagar por cada mercadería y qué calidades exige. Por eso el populismo económico inhibe la capacidad de innovación de la gente y los “empresarios” millonarios son, en su mayorista, simples lobbistas que hacen fortunas con negociados turbios gracias a sus influencias con los corruptos funcionarios. Es en este punto en que el intervencionismo deja de ser ineficiente para transformarse en esencialmente inmoral porque los beneficios empresariales no nacen de satisfacer las necesidades de la gente, sino de esquilmar los bolsillos de los consumidores. Y como para esquilmarlos necesitan el visto bueno de los funcionarios públicos, ese acuerdo se transforma enorme corrupción donde la riqueza surge de expoliar a la gente mediante pactos corruptos.

Pero como los populistas no son tontos, entonces empiezan a redistribuir ingresos en forma forzada para tratar de calmar a las masas tirándoles migajas de aumentos de sueldos para calmarlas, mientras funcionarios y pseudo empresarios pesan bolsos de dinero.

Desde el punto de vista estrictamente económico la tan denostada economía de mercado es más eficiente que el populismo y el intervencionismo porque para poder progresar el sistema exige que inevitablemente el empresario tenga que hacer progresar a los trabajadores con mejores sueldos y condiciones laborales, al tiempo que también hacen progresar a los consumidores porque éstos solo les compraran si producen algún bien de buena calidad y a precio competitivo. No es por benevolencia que ganan plata los empresarios en una economía de mercado, sino por esforzarse para obtener el favor de los consumidores. A diferencia del intervencionismo populista en que se acumulan fortunas sin invertir y expoliando a consumidores y trabajadores, conformándolos con migajas que “bondadosamente” les otorga el autócrata de turno.

Pero además de ser más eficiente la economía de mercado, su gran diferencia con el intervencionismo es que está basada en principios morales y éticos en que nadie se apropia de lo que no le corresponde. No se usa al Estado y a sus funcionarios para que, con el monopolio de la fuerza, se desplume a trabajadores y consumidores. No se hace de la corrupción una forma de construcción política en que las voluntades se compran.

Por eso, y para ir finalizando, el drama de los pueblos es que cuando se instala el populismo, se van cambiando los valores de la sociedad, donde la cooperación pacífica y voluntaria entre las personas es dejada de lado y se impone la prepotencia, el robo legalizado, la corrupción y el vivir a costa de otra como forma de vida.

Como se ve, no estamos hablando solo de eficiencia económica cuando hablamos de capitalismo versus populismo. Estamos diciendo que la economía de mercado es un imperativo moral frente a la inmoralidad del populismo intervencionista, dado que en este último imperan la corrupción y el saqueo. La decencia, la honestidad en la función pública y la transparencia en los actos de gobierno no son la esencia del populismo. Por eso el populismo no solo es ineficiente como organización económica, sino que es fundamentalmente inmoral porque su funcionamiento así lo requiere.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Falsas recetas frente a la crisis

Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 2/7/12 en Ámbito Financiero.

En Estados Unidos el gasto del gobierno central se ha duplicado en términos reales durante la última década, de cada dólar 43 centavos es deuda (que hoy representa el 95% del PBI y que se ha monetizado en grado superlativo), el déficit significa el 13% del producto, las regulaciones asfixiantes ocupan 75.000 páginas y el quebrado sistema de pensiones carcome una parte tal de los ingresos gubernamentales que proyectados al 2017 se consume todos los tributos federales. En Europa la situación no es muy diferente, región que también adopta un sistema bancario insolvente a través de las reservas fraccionarias manipuladas por la banca central.

En ambos lados del Atlántico los “indignados” piden más de lo mismo frente a un debate inaudito: los que piden más ajuste a los contribuyentes y los que proponen gastar más de los recursos de la gente. Los dos lados de la discusión no parecen percatarse que las los platos rotos recaen sobre el fruto del trabajo de quienes no tienen poder de lobby ya que ningún gobernante ni miembro de los organismos burocráticos internacionales ofrecen financiar de su propio peculio.

Frente a este cuadro de situación, los hay quienes todavía tienen la osadía de sostener que estaríamos frente a “la crisis del capitalismo” cuando en verdad van quedando muy pocos vestigios de aquel sistema que se basa en el respeto a los derechos de propiedad y en severas limitaciones al Leviatán.

En este contexto es de interés subrayar la falacia de mantener que los aparatos estatales deben incrementar el gasto en momentos de crisis como “mediadas contracíclicas”, sin percibir que, como ha puesto de manifiesto el premio Nobel en economía Friedrich Hayek, el origen de las crisis debe verse en las intervenciones irresponsables de los gobiernos y, por tanto, no pueden resolverse intensificando las recetas que provocaron el mal. Esas denominadas políticas anticíclicas inexorablemente se traducen en una succión de factores productivos del sector privado que hubiera asignado recursos en direcciones distintas de las realizadas por los gobiernos, con lo que se desperdicia capital que, a su vez, disminuye salarios e ingresos en términos reales puesto que éstos dependen de las tasas de capitalización.

Incluso si hay privados que guardan dinero bajo el colchón, esto significa que esa inversión en efectivo traslada poder adquisitivo a otros ya que la cantidad de moneda en relación a los bienes disponibles será menor y, por ende, los precios tenderán a bajar. La única manera de progresar desde el punto de vista crematístico es ahorrar, es decir, abstenerse de consumo presente al efecto de invertir lo cual incrementa la productividad que permite niveles de vida mejores que, en última instancia, abren las puertas a consumos más suculentos. No se trata de poner el carro delante de los caballos alentando artificialmente gastos de consumo. No se puede consumir lo que no se produjo y para tal fin es indispensable ahorrar, cosa que fue comprendida desde Robinson Crusoe en adelante sin necesidad de ser un experto en economía. Ningún país se hace rico consumiendo mucho, los ritmos crecientes de consumo son consecuencia de ahorros previos.

Posiblemente una de las políticas más inmorales de nuestro tiempo consistan en los “salvatajes” a empresarios ineptos con el fruto del trabajo que quienes fueron prudentes e hicieron bien los deberes. Socializar las pérdidas es una de las manifestaciones más grotescas e infames de cuanto ocurre ya que debilita a los que más necesitan, quienes, simultáneamente, son  expulsados del mercado laboral debido a legislaciones mal paridas. Son a todas luces indefendibles los amigos del poder que hacen negocios en los despachos oficiales explotando miserablemente los consumidores.

Cierro esta nota periodística con dos pensamientos que ilustran los desvíos que producen los planificadores y el valor de las autonomías individuales. El primero pertenece a Mafalda: “La vida es como un río, lástima que hayan tantos ingenieros hidráulicos”, y el segundo es de Tocqueville en su obra sobre el antiguo régimen y la Revolución Francesa en donde afirma que “De hecho, aquellos que valoran la libertad por los beneficios materiales que ofrece nunca la han mantenido por mucho tiempo […] El hombre que le pide a la libertad más que ella misma, ha nacido para ser esclavo”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.