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¿QUÉ DIRÍA TOCQUEVILLE HOY SOBRE ESTADOS UNIDOS?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

A veces es de interés embarcarse en un ejercicio contrafactual y esforzarse en una mirada a la historia y al presente muñido de una lente que nos haga pensar que hubiera ocurrido si las cosas hubieran sido distintas de las que fueron. En nuestro caso sugiero una perspectiva para meditar sobre las posibles reflexiones de un gran cientista político sobre el que se conocen sus consideraciones y su filosofía pero extrapoladas al presente.

 

Esta gimnasia no es original puesto que otros la han llevado a cabo. Tal vez el autor más destacado en la historia contrafactual sea Niall Ferguson. En todo caso, en esta nota periodística me refiero al gran estudioso de los Estados Unidos, el decimonónico Alexis de Tocqueville. Como es sabido, el libro más conocido de este pensador de fuste es La democracia en América donde describe los aspectos medulares de la vida estadounidense en su época.

 

Tocqueville destaca la importancia que el pueblo de Estados Unidos le atribuye al esfuerzo y al mérito, la sabia separación entre el poder político y la religión (la “doctrina de la muralla” en palabras de Jefferson), el federalismo y el no ceder poderes al gobierno central por parte de las gobernaciones locales con la defensa de una posible secesión, las instituciones mixtas en la constitución del gobierno y la separación de poderes, la negación de “las mayorías omnipotentes” porque  “por encima de ella en el mundo moral, se encuentra la humanidad, la justicia y la razón” puesto que “en cuanto a mi cuando siento que la mano del poder pesa sobre mi frente, poco me importa saber quien me oprime, y por cierto que no me hallo más dispuesto a poner mi frente bajo el yugo porque me lo presentan un millón de brazos” ya que “el despotismo me parece particularmente temible en las edades democráticas. Me figuro que yo habría amado la libertad en todos los tiempos, pero en los que nos hallamos me inclino a adorarla”.

 

Pero también advierte de los peligros que observa en algunas tendencias en el pueblo norteamericano, especialmente referido  al igualitarismo que “conduce a la esclavitud”, al riesgo de olvidarse de los valores de la libertad cuando se “concentran sólo en los bienes materiales”  y las incipientes intervenciones de los aparatos estatales en los negocios privados sin detenerse a considerar que “en los detalles es donde es más peligroso esclavizar a los hombres. Por mi parte, me inclinaría a creer que la libertad es menos necesaria en las grandes cosas que en las pequeñas, sin pensar que se puede asegurar la una sin poseer la otra”.

 

Gertrude Hilmmefarb lo cita a Tocqueville con otras de sus preocupaciones y es el asistencialismo estatal que denigra a las personas, las hace dependientes del poder en el contexto electoral y demuele la cultura del trabajo, a diferencia de la ayuda privada que hace el seguimiento de las personas, proceso ajeno a la politización y la busca de votos (en su conferencia de 1835 en la Academia Real de Cherbourg, en Francia). Y en El antiguo régimen y la Revolución Francesa concluye que “el hombre que le pide a la libertad más que ella misma, ha nacido para ser esclavo”, obra en la que también destaca que generalmente allí donde hay un gran progreso moral y material la gente de por sentado esa situación y no se ocupa de trabajar para sustentar las bases morales de ese progreso (“el costo de la libertad es su eterna  vigilancia” repetían los Padres Fundadores en Estados Unidos).

 

Este es el pensamiento de Tocqueville sobre el país del Norte puesto en una apretada cápsula pero ¿qué hubiera dicho si observara lo que ocurre hoy en el otrora baluarte del mundo libre? Estimo que se hubiera espantado junto a los Padres Fundadores al constatar la decadencia de ese país por el cercenamiento de libertades debido a regulaciones inauditas, por el endeudamiento público que excede el cien por cien del producto bruto interno. Por la maraña fiscal, por las guerras en  las que se ha involucrado, por los llamados “salvatajes” a empresas irresponsables o incompetentes o las dos cosas al mismo tiempo. Por el centralismo, por la eliminación de la privacidad al espiar a los ciudadanos,  por un sistema de “seguridad” social quebrado, por la intromisión gubernamental en  la educación, por la sangría al financiar a gobiernos extranjeros en base a succiones coactivas de recursos. Y ahora debido a candidatos a la presidencia impresentables por parte de los dos partidos tradicionales debido a razones diferentes, aunque en su programa televisivo “Liberty Report”, el tres veces candidato presidencial Ron Paul señala que, dejando de lado las apariencias, los dos coinciden en muchos temas cruciales, a su juicio muy mal tratados.

 

La manía de la igualdad que preocupaba tanto a Tocqueville no  permite ver que una de las cosas más atractivas de los seres humanos es que somos diferentes, lo cual, entre otras cosas, hace posible la división  del trabajo y la consiguiente cooperación social y, por ende, la mayor satisfacción de las necesidades culturales y materiales. Esto último debido a que asigna los siempre escasos recursos para que estén ubicados en las manos de quienes la gente considera mejor para satisfacer sus demandas, sin ser posiciones irrevocables sino cambiantes en relación a la capacidad de cada cual para ajustarse a las  preferencias de la gente.  Seguramente también Tocqueville hubiera rechazado con vehemencia a los llamados empresarios que se alían con el poder para obtener favores y privilegios a expensas de los ciudadanos.

 

Incluso Paul Johnson en A History of the American People reproduce una cita de las Obras Completas del  escritor francés quien ilustra la trascendencia de la responsabilidad individual. Así escribió Tocqueville “Una de las consecuencias mas felices de la ausencia de gobierno (cuando la gente tiene la suerte de poder operar sin el, lo cual es raro) consiste en el desarrollo de la fuerza individual que inevitablemente se sigue de ello. De este modo, cada hombre aprende a pensar, a actuar por si mismo. El hombre acostumbrado a lograr su bienestar a través de sus propios esfuerzos, se eleva ante la opinión de los demás y de la suya propia, su alma es así mas grande y mas fuerte al mismo tiempo”.

 

¡Que lejos se encuentra este pensamiento de lo que hoy ocurre en Estados Unidos donde el aparato estatal es omnipresente! Y ¡que lejos se encuentra del reiterado pensamiento fundacional de que “el mejor gobierno es el que menos gobierna” al efecto de concentrarse en la protección de los derechos de todos y no convertir año tras año el balance presidencial de la gestión ante el Congreso en una minuta empresaria como si el Ejecutivo fuera el gerente, en lugar de permitir que cada uno se ocupe de sus pertenencias.

 

¡Que lejos se encuentra Estados Unidos del pensamiento del General Washington en el sentido de que “mi ardiente deseo es, y siempre ha sido cumplir estrictamente con todos nuestros compromisos en el exterior y en lo doméstico, pero mantener a los Estados Unidos fuera de toda conexión política con otros países”! En esta línea argumental es también de interés lo dicho por John Quincy Adams quien escribió que “América [del Norte] no va al extranjero en busca de monstruos para destruir. Desea la libertad y la independencia de todos. Es el campeón solamente de las suyas […] Alistándose bajo otras banderas podrá ser la directriz del mundo pero ya no será más la directriz de su propio espíritu”

 

En otra oportunidad hemos escrito sobre hechos sobresalientes de la pasada administración estadounidense que abren serios interrogantes respecto del futuro de aquel país como baluarte del mundo libre, como es el caso de la patraña que justificó la invasión “preventiva”  a Irak, conclusión ampliamente difundida con mucha antelación en el libro Against all Enemies, de Richard A. Clarke, asesor en temas de seguridad para cuatro presidentes incluyendo el gabinete del propio George W. Bush.
James Madison escribió: “De todos los enemigos de las libertades públicas, la guerra es lo que más debe ser temido porque compromete y desarrolla el germen para todo lo demás” (“Political Observations”, abril 20, 1795). Recordemos además que EEUU intervino en Somalia para poner orden y dejó caos, en Haití para establecer la democracia y dejó tiranía, en Vietnam para liberar al país que finalmente quedó en manos comunistas.

Recordemos también, por otra parte, que Ben Laden y Saddam Hussein eran lugartenientes preferidos de los Estados Unidos, uno en Afganistán con motivo de la invasión rusa y el otro con motivo de la guerra con Irán. Fueron entrenados y financiados con el fruto del trabajo de estadounidenses. También recordemos que en su discurso de despedida de la presidencia, el General Dwight Eisenhower declaró que “nada es más peligroso para las libertades individuales que el complejo militar-industrial”.

Todavía hay otro asunto más en este complicado tejido de denuncias. Se trata de la cuestión religiosa . En estas trifulcas con el terrorismo hay quienes pretenden endosar la responsabilidad a los musulmanes (por ejemplo, el hoy candidato a la presidencia por parte del Partido Republicano). En el mundo hay más de 1500 millones de musulmanes. Es muy injusto imputar estas tropelías a quienes adhieren al Corán en el que, entre otras cosas, leemos que “Quien mata, excepto para castigar el asesinato, será tratado como si hubiera matado a la humanidad y quien salva a uno será estimado como si salvara a la humanidad” (5:31). La misma expresión jihad que ha sido tan tergiversada, como explica Houston Smith, significa guerra interior contra el pecado. Ya bastante ha sufrido la humanidad por la intolerancia religiosa. En nombre de Dios, la misericordia y la bondad se ha quemado y mutilado. Identificar el Islam con el terrorismo es tan impropio y desatinado como asimilar el cristianismo a la Inquisición o la “guerra santa” aplicada en América en tiempo de la conquista. Hay, sin duda, quienes pretenden ese tipo de identificaciones y extrapolaciones clandestinas al efecto de enmascarar e inculcar el crimen con fervor religioso fundamentalista, pero caer en esa trampa no haría más que desviar la atención del ojo de la tormenta y agregar complicaciones a un cuadro de situación ya de por sí muy sombrío.

Estados Unidos, en consonancia con las célebres palabra de  Emma Lazarus inscriptas al pie de la Estatua de la Libertad, ha recibido con los brazos abiertos a inmigrantes de todas las latitudes. Hace algún tiempo que se observan síntomas que tienden a revertir aquellos valores y principios esenciales que hoy cuestionan quienes adhieren a la siempre cavernaria xenofobia.

 

En resumen, con estos pocos ejemplos al correr de la pluma pensamos que, después de todo, ha sido mejor que Tocqueville no haya sido contemporáneo puesto que sus ilusiones se hubieran desvanecido, aunque advirtió de algunos peligros en el horizonte que desafortunadamente se cumplieron.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

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¿QUE SERVICIOS PRESTAN LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Nuevamente escribo sobre los contraproducentes y calamitosos servicios que prestan los “servicios” de inteligencia que reiteradamente se han usado para lesionar derechos, espiando y accionando con fines inconfensables, hoy bajo el pretexto del terrorismo, el secuestro y el narcotráfico, todos rubros en los que habitualmente están complicadas buena parte de las estructuras políticas. Por las razones que desarrollamos más abajo, la eventual eliminación de los así llamados “servicios” del aparato estatal dependientes directamente del Poder Ejecutivo no excluyen la posibilidad de que existan faenas que puedan averiguar y anticipar delitos de diversa envergadura pero fuera de jurisdicciones en las que se politizan asuntos tan delicados.

 

Para este análisis tomo parte de lo consignado en una columna de mi autoría publicada en “La Nación” de Buenos Aires en agosto 4 de 2006. Dice el adagio que si a uno lo engañan una vez, la vergüenza corresponde a quien engaña, pero si nos vuelven a engañar con lo mismo, la vergüenza es para uno. Resulta de interés preguntarse y repreguntarse que grado de compatibilidad o incompatibilidad existe entre los llamados servicios de inteligencia y el sistema republicano de gobierno. Como es sabido, uno de los ejes centrales de ésta forma de concebir el aparato político consiste en la transparencia de sus actos.

 

Conviene a esta altura llevar a cabo el ejercicio de una mirada crítica sobre estas reparticiones tan peculiares. Prácticamente todos los gobiernos cuentan con servicios de inteligencia, lo cual no invalida el interrogante de marras. Cuando menos, llama la atención que una sociedad libre se desplace simultáneamente por dos andariveles tan opuestos. Por una parte, se insiste en la necesidad de que los funcionarios gubernamentales sean responsables de sus actos y que estos estén en conocimiento de los gobernados y, por otro, se procede de modo clandestino echando mano a fondos reservados por parte de agentes con nombres supuestos y para propósitos de espionaje y otros menesteres non santos que se mantienen en las sombras. Parecería que hay aquí un doble discurso y se entroniza una hipocresía digna de mejor causa.

 

Agentes dobles, contrainteligencia, secretos de Estado, escuchas y detenciones sin orden de juez, violaciones de domicilio, asesinatos, suicidios inducidos, sabotajes y, frecuentemente, seguimiento de los movimientos de los dirigentes de partidos políticos de oposición, a personas que poseen informaciones que no agradan a los gobernantes, embates encubiertos contra instituciones republicanas y pretendidos recortes a la libertad de expresión, son solo algunos de los hechos que producen los aludidos “servicios”. Esto es en lo que denominamos el mundo libre ya que en los totalitarios se destaca la implacable persecución a quienes no adhieren al poder de turno por medio de la policía política y otros mecanismos perversos.

 

En los Estados Unidos actualmente existen veinticuatro oficinas de inteligencia entre las que se destaca la CIA creada a fines de la década de los cuarenta. En Inglaterra el M 15 y M 16, en Canadá la CSIS, la BND en Alemania, el Mossad en Israel y la FSB en Rusia (sucesora de la KGB) son solo algunas de las caras visibles de este entramado de espionaje, contraespionaje y guerra subterránea.

 

El periodista de la BBC de Londres Paul Reynolds pone en tela de juicio la eficiencia de los servicios de inteligencia mas destacados del mundo y ejemplifica con la patraña tejida en torno a “la invasión preventiva” a Irak. Por su parte, Harry Browne señala en detalle los fiascos de los servicios de inteligencia estadounidenses en  Vietnam, Corea, Somalía, Haití e incluso tiende un manto de sospechas sobre los que operaron durante la Segunda Guerra Mundial en la que se terminó entregando a Stalin aproximadamente las tres cuartas partes de Europa. Es que siempre los burócratas están tentados a utilizar estos departamentos para fines políticos y cuando no hay claros límites al poder y se permite recurrir a la clandestinidad , los abusos, traiciones, datos falsos, delaciones internas y  bochornos como por ejemplo las ex amistades de la CIA como son las de Saddam Hussein y Bin Laden.

 

Por esto es que León Hadar del Cato Institute de Washington DC sugestivamente titula su ensayo “Los servicios de inteligencia no son inteligentes” en el que muestra con profusión de datos como la alegada seguridad nacional está en riesgo con estos procedimientos oscuros en los que, por definición, no hay control de gestión propiamente dicho. Hadar se refiere a los Estados Unidos -tradicionalmente el mayor defensor de la libertad-  pero imaginemos que le cabe, por ejemplo, a la “inteligencia” del Estado argentino inaugurada por Perón en su primera presidencia a través del decreto 337/46 y, después de varios escándalos, continuada ahora bajo el proyecto de la Agencia Federal de Inteligencia la que, entre otras cosas, se ocupará de “delitos económicos y financieros” lo cual torna aun más grave la situación dado el contexto en que vivimos los argentinos de estatismo rampante, casi a la venezolana. Agencia de inteligencia ésta que constituye una tomada de pelo a la inteligencia de los ciudadanos debido a la camuflada extensión de sus funciones  y en medio de los acontecimientos vinculados a la masacre de la AMIA.

 

Por otro lado, David Canon del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Indiana, en su trabajo titulado “Inteligencia y ética”, alude a las declaraciones de un agente de la CIA que explica que lo importante es lograr los objetivos sin detenerse en los medios “los temas legales, morales y éticos no me los planteo igual que no lo hacen los otros [integrantes de la CIA]” y documenta la cantidad de “sobornos a funcionarios, derrocamiento de gobiernos, difusión deliberada de mentiras, experimentos con drogas que alteran la mente, utilización de sustancias venenosas, contaminación de alimentos, entrega de armas para operar contra líderes de otros países y, sobre todo, complotar para asesinar a otros gobernantes”. En esta dirección ofrece ejemplos de operaciones de la CIA en Costa Rica, Corea, Colombia, Laos, Guatemala, Irán (fueron los que organizaron la policía secreta del Shah), China e Indonesia. Asimismo, reproduce las declaraciones del ex Presidente Truman quince años después de que estableciera la oficina de inteligencia central, en el sentido de que  “cuando establecí la CIA, nunca pensé que se entrometería en actividades de espionaje y operaciones de asesinato”.

 

Pero como bien destaca Norman Cousins, el establecimiento de entidades de estas características “necesariamente tiene que terminar en un Frankenstein”. Idéntica preocupación revela Drexel Godfrey en la revista Foreign Affairs en un artículo titulado “Ethics and Intelligence” en el que añade las encrucijadas del célebre Embajador Joseph Wilson quien contradijo los informes de inteligencia ingleses y norteamericanos respecto al colosal engaño de las armas de destrucción masiva.

 

No se avanza mucho si se establecen estrictos contralores republicanos, división horizontal de poderes y, en general, los indispensables límites  al poder político si éste puede deslizarse por la puerta trasera con todo tipo de abusos sin rendir cuenta al público, por mas que se tejan subterfugios mas o menos elaborados a través de comisiones parlamentarias.

 

Los servicios de inteligencia son compatibles con regímenes totalitarios de factura diversa, pero aparecen del todo inadecuados en el seno de una sociedad libre. No en vano  en los Estados Unidos se extiende la utilización de la expresión rusa “zar” para el máximo capitoste del espionaje estatal, en lugar incluso de tercerizar y contratar servicios de averiguaciones privados al efecto de prevenir y castigar delitos con mayor eficiencia. Nuevamente reiteramos que si lo dicho ocurre en países llamados del primer mundo, pensemos que queda para el resto.

 

Es útil cuestionar y someter al análisis temas que habitualmente se dan por sentados. En este sentido, menciono dos áreas a vuelapluma. En primer término, la misma seguridad en la que, paradójicamente, para protegerla se la conculca vía los “servicios” que venimos comentando. Esto tiene lugar hoy, en gran medida en la lucha antiterrorista. En última instancia, el terrorismo apunta a desmantelar y liquidar las libertades individuales. Pues lo curioso del asunto es que, en la práctica, se otorga una victoria anticipada a los criminales del terror, precisamente conculcando las libertades individuales a través de espionajes, escuchas y procedimientos abiertamente reñidos con el debido proceso.

 

En segundo término, las epidemias de nacionalismos, xenofobias y racismos que toman los lugares de nacimiento como un valor y un desvalor al extranjero, como si las fronteras tuvieran algún sentido fuera de la descentralización del poder y como si las razas no fueran un estereotipo carente de significado entre hermanos que provenimos todos de África.

 

Entonces, no solo debemos concentrar la atención en la naturaleza y en los alegados servicios que prestan las estructuras de inteligencia, sino también atender debidamente a las causas que dan lugar al necesario debate en que ahora nos involucramos, al efecto de seguir indagando los graves inconvenientes de este tipo de inauditas e insólitas dependencias directas del Poder Ejecutivo el cual está supuesto de limitarse a ejecutar lo que promulga el Poder Legislativo con  el contralor del Poder Judicial. Mientras ganen la partida los genuflexos del monopolio de la fuerza que replican que esos aparatos de inteligencia (con cualquier nombre que sea) deben estar en las manos directas del Ejecutivo “pero bien manejados”, si me permiten la expresión, solo se me ocurre decir: a joderse.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

Irak: una invasión vertiginosa

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 2/7/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1706228-irak-una-invasion-vertiginosa

 

La vertiginosa invasión de Irak por parte de los milicianos fundamentalistas sunni provenientes de Siria que responden al “Califato Islámico de Irak y al-Sham” -aliados ahora con algunos grupos tribales iraquíes sunni, que en su momento fueron leales a Saddam Hussein- está conmoviendo a Medio Oriente y generando tensiones de magnitud.

Ocurre que las fronteras caprichosamente diseñadas en 1916 por los franceses y los británicos (Sykes-Picot) que no respetaron las realidades étnicas ni las diferencias religiosas están resquebrajadas. Siria e Irak, está claro, son sólo nombres y no naciones. Por esto la fragilidad que hoy los afecta. A punto tal, que parece difícil que Siria e Irak sean capaces de mantener incólumes sus respectivas integridades territoriales.

Por razones de espacio es imposible referirse a todos los cambios geopolíticos derivados de esa invasión que han comenzado a ser evidentes. Nos limitaremos a analizar brevemente dos de ellos. Los que tienen que ver con los kurdos y los que afectan a Irán. Ambos, de innegable trascendencia.

Comencemos con lo que se refiere a los kurdos. En el norte de Irak (así como en las regiones aledañas emplazadas dentro de Turquía e Irán) se concentra lo sustancial de la población que conforma la nación kurda. Alguna vez, en 1920, se le prometió independencia. No obstante, nunca la obtuvieron. Pero siempre alimentaron esperanzas separatistas. En todos los países de Medio Oriente en los que existe una presencia kurda importante, esto ha sido así.

En Irak, los kurdos aprovecharon el caos generalizado y desintegrador en el que el país se sumergió desde 2011 para ganar una cuota, cada vez más importante, de autonomía. Erbil, la capital de la montañosa región kurda, a diferencia de Bagdad, está sustancialmente en orden. Lejos de la violencia. Creciendo, además.

Ahora con el apoyo abierto de Ankara, que hasta ha abierto allí un consulado, en lo que es un cambio radical en la relación de Turquía con los kurdos, hasta no hace mucho antagónica. En rigor, los kurdos son los que hoy aportan la única cuota de estabilidad y seguridad que existe en Irak.

Tienen una identidad distinta. Su propia cultura. Su idioma distintivo. Y, ciertamente, también su historia. Casi sin corrupción, han atraído últimamente a la inversión extranjera. Particularmente a la turca en su importante sector de los hidrocarburos. Su ejército (llamado Peshmerga) es respetado. Y disciplinado y eficiente. A punto tal que, ante el avance de los milicianos sunni, ha tomado fácilmente el control de la ciudad de Kirkuk, que es -para los kurdos- una suerte de Jerusalem.

Los kurdos están exportando cada vez más -vía Turquía- hidrocarburos. Lo hacen sin el consentimiento de Bagdad. Así, hoy le venden crudo hasta a Israel. Lo hacen a pesar del malestar que esto ha provocado en el gobierno shiita de Irak. Por ello, en la actualidad los kurdos son económicamente independientes.

Por lo antedicho, ante la nueva realidad, los kurdos de Irak advierten que tienen una oportunidad clara para la secesión. Esto es para empujar fuerte hacia la independencia. Pese a que los Estados Unidos los consideran, con absoluta razón, el grupo más confiable en sus esfuerzos tardíos por tratar de conformar un gobierno inclusivo y pluralista en Irak, capaz de serenar los ánimos de todos.

Irán, por su parte, está tratando activamente de sostener al tambaleante gobierno shiita de Bagdad. Como lo sigue haciendo también con el gobierno sirio de los Assad. En Irak se trata de sostener al asediado primer ministro shiita Nouri al-Maliki.

Sus aviones de reconocimiento no tripulados (los Ababil) están volando constantemente sobre Irak. Así como los cazas y helicópteros sirios impulsados por Irán. A ello hay que agregar los importantes envíos de armamentos y municiones, en vuelos diarios de aviones de transporte iraní, que aterrizan regularmente en Bagdad. Y la presencia, por ahora discreta, de algunos escuadrones de disciplinados y experimentados paramilitares iraníes: los denominados Quds.

El propio General Qassim Suleimani, el jefe de los Quds, está a cargo de la planificación militar en Irak. Lo que incluye contribuir al diseño de una estrategia militar coherente y, en lo inmediato, reconformar apresuradamente los batallones shiitas provenientes del sur de Irak. Aquellos que en su momento lucharan contra la presencia norteamericana en ese país.

Hay, además, un centro de inteligencia comunicaciones y control de la situación militar operado por los iraníes desde la base aérea de “Rashedd”, que alguna vez fuera utilizada por los militares norteamericanos.

A todo ello hay que sumar que -a la manera de Rusia en Ucrania- Irán ha estacionado ya diez divisiones militares y de fuerzas Quds, así como dos docenas de aviones militares, en su frontera con Irak. Ellos seguramente se moverán si Bagdad -o los lugares sagrados de los shiitas (como Karbala, donde está enterrado el Imán Hussein o Najaf)- de pronto están en peligro inminente.

Curiosamente, los militares iraníes conviven ahora en Irak con los 300 “asesores” militares norteamericanos que han sido enviados por Barack Obama, a pedido de las autoridades iraquíes. Los Estados Unidos e Irán están, por ahora al menos, del mismo lado del conflicto. Por esto, a la vigilancia aérea iraní del espacio iraquí, hay que sumar la de los Estados Unidos, con aviones F-18 y P-3 de observación, así como con sus propios aviones sin piloto. Que se suma a la llegada de cazas comprados con urgencia a Rusia.

Pero no hay que pensar que la acción “conjunta” de los iraníes y los norteamericanos en Irak contra los jihadistas sunni, que son una amenaza común, será fácil. Porque el propio líder espiritual iraní, el Ayatollah Ali Khamenei (quizás hablando para su propia tribuna), luego de instar a sus fieles a tomar las armas en defensa de Irak, acaba de decir: “Nos oponemos, enérgicamente, a la intervención de los Estados Unidos y de otros en los asuntos internos de Irak”. Lo que presumiblemente no impide que existan mecanismos discretos de comunicación.

Ese derecho está reservado, aparentemente, tan sólo para él. Como creía, hasta no hace mucho, Hugo Chávez respecto de Venezuela y nuestra región.

Lo que sucede en Irak posee una mezcla de fragilidad y dinamismo. Su final es, por ahora, imposible de predecir. Al impacto sobre los kurdos y los iraníes al que nos hemos referido, hay que agregar ciertamente los demás cambios que, en la propia región, afectan a Arabia Saudita y a los países del Golfo, a Jordania, a Siria, a Turquía y a la propia Israel. Un verdadero rompecabezas -de gran dimensión- se ha abierto de pronto. Con piezas que seguramente costará mucho ubicar en su lugar definitivo..

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

¿A dónde vamos?

Por Armando P. Ribas. Publicado el 20/7/13 en http://www.laprensapopular.com.ar/10752/a-donde-vamos-por-armando-ribas

Una vez más voy a intentar explicar que la confusión reinante parte de ignorar la diferencia ética entre los denominados derechos humanos y los derechos individuales.

Cuando destituyeron a Khadaphy en Lybia, el mundo occidental calificó el hecho como la primavera árabe. En esa denominación del acontecimiento, por supuesto cargada de un juicio de valor, primavera y democracia aparecían como sinónimos. Y consecuentemente el reino de la libertad. En aquella oportunidad la NATO colaboró en la caída de Khadaphy, en el supuesto virtuoso de la llegada de la democracia al sur del Mediterráneo. En esa oportunidad se ignoró que años antes, al amparo de los buenos oficios del Presidente Carter y de su asesor de política internacional Zbigniew Brzezinski, se produjo la caída del Sha y la llegada de los Mullah a Irán.

Esa política referente a Irán no podía  sorprender, si se tomaba en cuenta el pensamiento del Brzezinski, al respecto del marxismo, tal como lo expuso en su obra “Entre dos Eras” donde escribió: “Por eso es que el marxismo representa la mas lejana vital y creativa etapa en la madurez de la visión universal del hombre. El marxismo es simultáneamente una victoria del hombre externo activo sobre el interno y pasivo hombre. Y una victoria de la razón sobre la creencia”. Pues bien desde entonces Irán se ha convertido la mayor amenaza a la seguridad de Occidente. Fue así que en su “Dictadura y Dobles Standards” Jeane Kirkpatrick señaló que el “Cuarto Piso” (Departamento de Estado de Estados Unidos) apoyaba a los dictadores que se le oponían y se oponía a los que los apoyaban (SIC).

Algo más tarde el Presidente George Bush en la supuesta lucha por la democracia en el Medio Oriente atacó a Irak y depuso a Saddam Hussein . El otro aspecto por el cual se atacó a Irak fue supuestamente porque Hussein  no aceptó entregar las armas nucleares de las que aparentemente disponía. Pero la pregunta entonces es ¿Por qué a Irak y no a Irán? Y se habría evitado el 11 de septiembre. Hasta la fecha no se tienen noticias de que la democracia prevalece en Irak y por tanto el ejército de Estados Unidos permanece en Irak a un costo elevado. Por ello Obama se ha comprometido sacar al ejército, pero hasta ahora son tan solo promesas.

En el medio de esta realidad, se ha producido la destitución por la fuerza del presidente islamita de Egipto Mohamed Morsi. Al respecto ya el presidente Obama le ha dado su respaldo al nuevo gobierno, bajo la condición de que se celebren elecciones legislativas y presidenciales en los próximos meses. Pero me permito recordar que Morsi llegó al poder por elecciones, y no veo la posibilidad de que en un país islamita puedan ganar elecciones quienes sostengan la libertad religiosa. Todo parece indicar que se sigue insistiendo en la primavera árabe, en tanto que al sur del Caribe se desarrolla impune e indemne cada vez más la propuesta del socialismo del siglo XXI, cuyo carácter totalitario ya no tiene discusión. Y ahora también Raúl Castro negocia con Obama, y se ignoran los crímenes de los Castro y la falta de libertad en Cuba. Pero recordemos que Brezezinski es también asesor de Obama.

Visto lo que antecede no puedo menos que recordar las sabias palabras de Alexis de Tocqueville: “Nada es más fértil en prodigios que el arte de la libertad, pero no hay nada más arduo que el aprendizaje de la libertad”. Hoy la preferencia por la igualdad prevalece como la virtud por excelencia de la democracia mayoritaria, y ahí tenemos presente la social democracia europea y la crisis del estado de bienestar. Diría que fue en función de esa percepción de la democracia de mayorías, que como señalara Nietzche el socialismo y la democracia  eran lo mismo. (SIC).  Todo parece indicar la  persistencia de la confusión reinante por la ignorancia de los principios fundamentales del Rule of Law, que fuera el sistema ético, político y jurídico que cambiara el curso de la historia basado en la libertad y permitiera la creación de riqueza.

Una vez más voy a intentar explicar que la confusión reinante parte de ignorar la diferencia ética entre los denominados derechos humanos y los derechos individuales, particularmente en lo que concierne a los derechos de propiedad y al derecho a la búsqueda de la felicidad. Si bien en  la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se reconocen múltiples derechos individuales, en el artículo 25 nos encontramos con la mayor contradicción con el concepto fundamental de la libertad que reconociera John Locke : “El derecho a la búsqueda de la propia felicidad. Así dice el artículo citado: “Toda persona tiene el derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica…” Como podemos ver se tiene el derecho no a la búsqueda de la felicidad, sino que la sociedad se la provea.

De esa manera se transforma el propio concepto de la justicia, en la conciencia del supuesto interés general como contrario a los intereses privados y por su puesto en nombre del bien común. Como bien señalara al respecto Ayn Rand: “La noción tribal del bien común ha servido como la justificación moral de la mayoría de los sistemas sociales y de todas las tiranías de la historia” Y recordemos siguiendo en esa línea de pensamiento Hanna Arendt resaltó que “Cuando se sacrifica al individuo en nombre de la compasión, desaparecen la justicia y la libertad”

En el medio de esta confusión histórico filosófica aparece la figura del Topo. (Persona que tropieza con cualquier cosa, o por corto de vista o por desatino natural; Diccionario de la Lengua Española). El Sr. Snowden ha provocado una nueva excusa al antiimperialismo por haberse violado los derechos de propios y ajenos mediante la moderna tecnología.  En virtud de este hecho se pretende ignorar que en la actualidad existen razones de seguridad que pueden provocar la violación de algunos presupuestos de la libertad individual. Pero la contradicción mayúscula de la actitud de este señor frente a Estados unidos es que pretende evadir la justicia americana, obteniendo asilo en países en que se violan todos y cada uno de los derechos de los que pretende culpar a Estados Unidos. Por ejemplo Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, y hasta parece que están dispuesto a recibirlo en La Habana.

Por supuesto no creo que la caída de Morsi en Egipto constituya un nuevo paso en la primavera árabe, que permita eliminar el riesgo que impera en el mundo como consecuencia de que en el mundo musulmán todavía no se han enterado de las virtudes de la libertad religiosa. Allí todo parece indicar que matar en nombre de Allah te lleva al cielo. Pero es más  tal como he dicho en otras ocasiones, el terrorismo es la guerra del siglo XXI: Ante esta realidad no queda otro remedio que tratar de encontrar y detener a aquellos que están dispuestos a cumplir el mandato de Allah. Por ello debemos asimismo tomar conciencia de que Estados Unidos no ha pretendido en su historia dominar al mundo, sino por el contrario ha salvado al mundo de la dominación. Por tanto esta supuesta violación no tiene otro fin que evitar otro 11 de septiembre. Entonces ante las confusiones precedentes, debemos recordar la sabia advertencia de Séneca; “Para el que no sabe donde va no hay viento favorable” Y no me queda más remedio que admitir que la ignorancia respecto a naturaleza del Rule of law  y la supuesta lucha por la igualdad, el mundo tiene el riesgo de desconocer la libertad o perderla.

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.