Derecho y Ley natural

Por Gabriel Boragina: Publicado el 31/12/16 en: http://www.accionhumana.com/#!/2016/12/derecho-y-ley-natural.html

 

Hubo teorías que entendieron que, en tiempos primitivos, existió un “estado de igualdad” entre los hombres. Y hay autores (como el que citaremos a continuación) que han dado en llamar a dicha tesis como “doctrina individualista”.

“Esta doctrina individualista tuvo su acogida en la declaración de los derechos del hombre de 1789. John Locke, al analizar el estado natural en que se encuentra originariamente el hombre, entiende que es también un estado de igualdad “dentro del que todo poder y toda jurisdicción son recíprocas, en el que nadie tiene más que otro, puesto que no hay cosa más evidente que el que seres de la misma especie y de idéntico rango, nacidos para participar sin distinción de todas las ventajas de la Naturaleza y para servirse de las mismas facultades, sean también iguales entre ellos, sin subordinación ni sometimiento, a menos que él Señor y Dueño de todos ellos haya colocado, por medio de una clara manifestación de su voluntad, a uno de ellos por encima de los demás, y que le haya conferido, mediante un nombramiento evidente y claro, el derecho indiscutible al poder y a la soberanía”[1].

En realidad, la única igualdad que existía en tiempos primitivos era la igualdad del hombre frente a la pobreza. Ante los recursos para satisfacer sus necesidades, los hombres también eran “iguales”, ya que todos ellos “por igual” se consideraban con “derecho” a ellos. No obstante, los hombres no eran iguales (ni nunca lo fueron ni lo son) ni mental ni físicamente para apropiarse de los bienes que precisaban para su subsistencia. Los más fuertes despojaban impiadosamente a los más débiles de lo que requerían por igual ambos grupos. De tal suerte que, sólo en un nivel muy imaginativo puede -en rigor- hablarse de “igualdad”. Pero fue la desigualdad natural del individuo la que permitió que -de poco a poco- el género humano pudiera ir paulatinamente emergiendo de la pobreza. El empleo de la fuerza, el despojo, las guerras fratricidas por recursos y territorios, no aumentaban el bienestar material de quienes los promovían, alentaban y consumaban, excepto de manera inmediata y muy fragmentaria, y para una proporción muy escasa de la población, que sólo beneficiaba a los nobles, las clases militares, y no más allá al resto del pueblo. Esta situación se prolongó en el tiempo hasta la adopción de los derechos de propiedad.

“Por su parte Rousseau afirmaba que “conociendo tan poco la naturaleza y concertándose tan mal sobre el sentido del vocablo ley, sería harto difícil convenir en una definición de la ley natural. Así, todos los que se encuentran en los libros, aparte del defecto de no ser uniformes, tienen además el de ser deducidos de muchos conocimientos que los hombres no tienen naturalmente, así como ventajas de que no podían tener idea sino después de haber salido del estado de naturaleza. Pero en tanto no conozcamos al hombre natural —sigue diciendo Rousseau— en vano es que queramos determinar la ley que ha recibido o la que mejor conviene a su constitución”[2].

Lo que primero nos llama la atención de este párrafo de Rousseau, es que, admitiendo conocer “tan poco la naturaleza”, critique las demás definiciones del vocablo “ley natural” sobre la base “de ser deducidos de muchos conocimientos que los hombres no tienen naturalmente”. La contradicción deviene en evidente, ya que, si por principio admite conocer tan poco la naturaleza ¿cómo puede ser posible que esté al tanto o que pueda diversificar cuales conocimientos y ventajas los hombres tienen naturalmente y cuáles no los tienen? Ya que su primera confesión le estaría impidiendo estar en condiciones de hacer la diferenciación que efectúa. Contrariando su afirmación inicial, sus renglones siguientes parecen dar la impresión inversa: es decir que, supuestamente Rousseau sabía mucho más del “estado de naturaleza” que lo que él -en sentido contrario- manifestaba ignorar. El punto que me parece relevante en relación al tema, es que no tenemos ninguna necesidad de conocer al hombre natural en todos sus detalles para poder “determinar la ley que ha recibido o la que mejor conviene a su constitución”.

“León Duguit, al criticar la doctrina individualista, sostiene que ella reposa sobre una afirmación hipotética. “El hombre natural —dice— aislado, nacido en condiciones de absoluta libertad e independencia respecto a los demás hombres, y en posesión de derechos fundados en esta misma libertad, en esta independencia, es una abstracción sin realidad alguna. De hecho, el hombre nace ya miembro de una colectividad; ha vivido siempre en sociedad y no puede vivir más que en sociedad, y el punto de partida de toda doctrina sobre el fundamento del derecho, aunque sea como debe ser, el hombre natural, no es el ser aislado y libre de los filósofos del siglo XVIII, sino el individuo ligado, desde su nacimiento, con los lazos de la solidaridad social. Por otra parte, la igualdad absoluta de todos los hombres, corolario lógico del principio individualista, es contraria a los hechos” (7) y conduce, además, tal doctrina, a la noción de un derecho ideal, absoluto, que tendría qué ser el mismo en todo tiempo y lugar”[3].

Duguit, incurre en numerosos errores en esta cita. Cae en la falacia de contraponer los derechos individuales a hipotéticos derechos sociales, cuando estos últimos no son más que un rótulo, una frase hecha, que no hace más que resumir el conjunto de los derechos individuales. El derecho es una institución humana que ha partido –originariamente- de una mente individual. Quienes creemos en Dios aceptamos la existencia de un Derecho Divino del cual se deriva un Derecho Natural. El derecho humano es, no obstante, una creación individual que -en la medida que es aceptado por otros individuos- se va transformando paulatinamente en derecho común. Si se le quiere llamar a este derecho “social” no existe objeción en la medida que se reconozca la precedente derivación. Pero, en esencia (y aun negándose la preexistencia de un Derecho Divino) el derecho -como concepción mental- es fruto de una mente individual, que puede participar de dicha noción a otros individuos que, a su tuno, pueden aceptar esa idea de derecho que les es participada por sus creadores o rechazarla, dando nacimiento a un derecho diferente. Es a esto último que preferimos denominar “derecho humano”, no en el sentido que tiene actualmente, sino en el de derecho de hombres, en contraposición al Derecho de Dios.

[1] Dr. Antonio Castagno. Enciclopedia Jurídica OMEBA Tomo 14 letra I Grupo 02. Voz “igualdad”.

[2] Castagno, A. Enciclopedia….Ob. cit. Voz “igualdad”

[3] Castagno, A. Enciclopedia….Ob. cit. Voz “igualdad”

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Igualdad: ¿derecho individual o social?

Por Gabriel Boragina: Publicado el 20/11/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/11/igualdad-derecho-individual-o-social.html

 

“1. La igualdad en la doctrina del derecho individual. El vocablo “igualdad” puede tener diversos significados y, relacionado con el hombre variados sentidos, ya sea si se atiende a las condiciones naturales, como criatura humana, o a sus características o cualidades como integrante de una sociedad organizada. “Así -dice R. H. Tawney— puede o implicar la formulación de un hecho o comportar la expresión de un juicio ético. En el primer caso puede afirmar que los hombres son, en conjunto, muy parecidos en sus dotes naturales de carácter e inteligencia. En el otro, puede aseverar que, aunque como individuos difieren profundamente en capacidad y en carácter, en cuanto seres humanos tienen los mismos títulos para la consideración y el respeto, y que es probable que aumente el bienestar de una sociedad si ésta planea su organización de tal manera que, lo mismo si son grandes o pequeñas sus pretensiones, todos sus miembros pueden estar igualmente capacitados para sacar el mejor provecho de los que aquélla posea”.[1]

Por nuestra parte, pensamos que es indudable -a nuestro juicio- que los seres humanos no son iguales, excepto en su condición de seres humanos, lo cual no es más que una mera abstracción conceptual y no una realidad fáctica. Por otro lado, también es evidente que las personas no “tienen los mismos títulos para la consideración y el respeto” que se mencionan arriba, porque -de hecho- los hombres no se otorgan mutuamente tal identidad. Si se admite la diferencia entre los individuos, también habrá que hacerlo respecto a “la consideración y el respeto” que se atribuyan unos a otros. Quien haya recibido una mala educación -va de suyo- que no dispensará un trato mejor al que se le ha instruido durante su etapa de formación y aprendizaje, ya sea familiar, escoliar, o social en general. Por ende, no reconocerá ningún título diferente al que ha aceptado conceder en su relación con los demás. Más allá de que estamos convencidos que es precisamente la educación el vehículo indicado para inculcar el respeto al prójimo, no se nos escapa que -de hecho- no siempre, o frecuentemente más bien, se lo logra. Por lo demás, lo que puede ser estimado respetuoso por una persona puede -al mismo tiempo- implicar una falta de respeto para otra. Existen diferencias educativas, culturales y religiosas (a nivel histórico y mundial) que pueden servir de ejemplo de esto último. La Biblia y los libros de historia están repletos de casos tales. Pero –y sin ir tan lejos- hoy en día podemos observar el común trato disvalioso que, en determinadas culturas como las medio y extremo orientales, se le confieren a mujeres y niños.

“Es evidente que desde el primer punto de vista no puede afirmarse la existencia de la igualdad humana, comprobada por las experiencias realizadas en el campo de la biología y aun de la psicología, y sería ocioso entrar aquí a analizar los estudios realizados en este aspecto, o desde el punto de vista doctrinario, analizando, por ejemplo, las teorías de Helvecio y Adam Smith o de Mill y Proudhon, que no apreciaron el sentido de las cualidades heredadas, dándole mayor importancia a la variabilidad de la naturaleza del hombre (2).[2]

Afortunadamente, el autor en examen admite –y concordamos con él- la desigualdad biológica y psicológica entre los seres humanos. Pero vamos más allá, y derivamos de esta desigualdad -que podríamos llamar primaria- un segundo nivel de desigualdad, que es la que comúnmente se suele rotular con el nombre de “social”. Y así, concluimos con un razonamiento que nos parece de pura lógica: y es que, ante el reconocimiento de la desigualdad biológica y psicológica no cabe más que admitir -como una consecuencia necesaria- cualquier ulterior desigualdad social, ya que esta dependerá enteramente de las primeras, habida cuenta que la aplicación del adjetivo “social” no puede modificar la estructura morfológica de las personas, ni -obviamente tampoco- su naturaleza humana.

“La consideración de la igualdad en la naturaleza humana llevaría a estudiar al hombre natural y se caería en el interrogante formulado por Rousseau, salvando los siglos transcurridos: “Qué experiencias serían necesarias para llegar al conocimiento del hombre natural, y cuáles son los medios de hacer estas experiencias en el seno de la sociedad” (3). Y, si bien es aceptado que el individuo posee características propias y diferenciadas: sexo, edad, constitución física, cualidades intelectuales, psíquicas, etc., y nadie osó imponer-un principio igualitario en la naturaleza humana con respecto, claro está, a sus cualidades individuales— se hizo difícil imponer la otra especie de igualdad, al considerar al hombre en la sociedad, organizada, es decir, la igualdad política o la igualdad social.”[3]

Es que no se quiso admitir al respecto que la naturaleza no ha hecho nada igual, por eso tales estudios irremediablemente fallaron, y seguirán fracasando en cuanto a la indagación o búsqueda de cualquier “patrón” igualitario humano. No es el caso de la igualdad ante la ley, que no es más que una ficción convencional, absolutamente útil y necesaria, precisamente para paliar y tratar de corregir -en la medida de las posibilidades terrenales- la inherente desigualdad natural entre los hombres. Rousseau, ignorante de la esencia humana que él pretendía “descubrir”, procuraba hacerlo mediante mecanismos empíricos, como si se pudieran ensayar en un imaginario laboratorio social, y por eso se preguntaba con total desparpajo y casi inocencia “cuáles son los medios de hacer estas experiencias en el seno de la sociedad”.

Sin ninguna duda, Rousseau fue uno de los precursores de lo que se ha dado en llamar ingeniería social, y de la que se ocuparon críticamente autores de renombre, como el Premio Nobel en economía Friedrich A. von Hayek, con sus medulosos estudios sobre el constructivismo social y el orden espontáneo.

Como hemos expresado antes, resulta carente de todo sentido común tratar de imponer cualquier clase de igualdad, llámesela “política” o “social”, ya que tal pretensión desconoce la inexistencia de igualdad de ninguna especie ni índole, dado que la igualdad -como ha felizmente expresado con frecuencia el Dr. Alberto Benegas Lynch (h)- no es más que una abstracción de las matemáticas.

[1] Dr. Antonio Caetagno. Enciclopedia Jurídica OMEBA Tomo 14 letra I Grupo 02. Voz “igualdad”.

[2] Caetagno, A. Enciclopedia….Ob. cit. Voz “igualdad”.

[3] Caetagno A. Enciclopedia…ob. cit. Voz “igualdad”.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Los domingos de un burócrata

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 18/7/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/los-domingos-de-un-burocrata/

 

Gracias a Begoña Gómez de la Fuente, querida amiga y compañera de las mañanas de Onda Cero, he podido leer hace poco el clásico de Guy de Maupassant, Les Dimanches d’un bourgeois de Paris, que ha publicado la editorial Periférica con una excelente traducción de Manuel Arranz. Una clave de las divertidas aventuras y desventuras del señor Patissot es que, más que un burgués, es un burócrata, que trabaja en un ministerio, “un hombre lleno de esa sensatez que linda con la estupidez”.

Aparecen diversas ideas liberales, y el sarcasmo con respecto a la política es más diáfano a medida que se acerca el final del libro, cuando se relata la comida campestre en casa del jefe, el señor Perdrix. Allí habla el señor Rade, “célebre en el ministerio por sus ideas descabelladas”, que empieza citando a Rousseau y Shopenhauer contra las mujeres, ante la indignación de Patissot, que le espeta: “Usted no es francés, señor. La galantería francesa esa una de nuestras formas de patriotismo”.

Rade aclara que no es patriota, pero sus palabras indican claramente que no lo es porque asocia patria con política, y política con guerra: “resulta odioso ver a todos los gobiernos, cuyo deber es proteger la vida de sus ciudadanos, buscar obstinadamente los medios de su destrucción…si la guerra es una cosa horrible ¿acaso no es el patriotismo la idea que la sostiene?”. Acusado de falta de principios, los expone: ni monarquía, “monstruosidad”, ni democracia limitada, “injusticia”, ni sufragio universal “estupidez…como los mediocres y los imbéciles forman siempre la inmensa mayoría, es imposible que puedan elegir un gobierno inteligente”. Finalmente, acepta dicho sufragio como objetivo, pero subraya su inaplicabilidad: “representar todos los intereses, tener en cuenta todos los derechos, es un sueño ideal, pero poco práctico”, porque lo único que se puede medir es lo menos importante: el número de personas.

Confiesa Rade: “me declaro anarquista, es decir, partidario del poder más diluido, más imperceptible, más liberal en el pleno sentido de la palabra, y al mismo tiempo revolucionario, esto es, eterno enemigo de ese mismo poder, que sólo puede ser, en cualquier caso, totalmente defectuoso”.

Maupassant se burla a través de sus personajes de la política, la burocracia, el nacionalismo y la guerra, y recoge el mensaje liberal de la precaución ante la política, entre otras cosas por la complejidad de la sociedad: “Perdón, señor, yo soy un liberal. Lo único que quiero decir es lo siguiente: ¿tiene usted un reloj, no es cierto? Pues bien, rompa alguno de sus resortes y lléveselo al ciudadano Cornut para que lo arregle. Le responderá, de mal humor, que él no es relojero. Pero si algo se estropea en esta maquinaria infinitamente complicada que se llama Francia, se considera el más capaz de los hombres para repararlo en el acto”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

El hombre y la naturaleza.

Por Armando Ribas. Publicado el 24/4/16 en: http://prensarepublicana.com/hombre-la-naturaleza-armando-ribas/?mkt_hm=18&utm_source=email_marketing&utm_admin=74814&utm_medium=email&utm_campaign=Por_qu_la_

 

La tristeza que surge de las recientes noticias al respecto de las muertes y destrucciones causadas por los terremotos en Ecuador y Japón no pueden menos que hacerme recordar  lo ocurrido a causa del terremoto de Lisboa, ocurrido en 1755. En esa oportunidad dice la historia que Lisboa era una de las capitales más importantes de Europa, entre otras razones porque disponía de los recursos de Brasil, que era su colonia. Fue a partir de ese hecho lamentable ocurrido en Occidente que surgió una discusión ético-filosófica al respecto, entre dos figuras trascendentes de la historia filosófica occidental: François Marie de Aruet-Voltaire y Jean Jacques Rousseau. Voltaire, tomando en cuenta la muerte de numerosos niños en la Catedral de Lisboa se rebeló contra la naturaleza como causante de las desgracias del hombre. Rousseau por el contrario culpó al hombre como causante de la catástrofe por haber construido la Catedral. Y Voltaire dijo: ¿Qué culpa tenían los niños que estaban en la Catedral?

Esa discusión está presente en sus diferentes manifestaciones. Existe políticamente la tendencia a culpar al capitalismo por los daños que hace a la naturaleza y que repercuten sobre la sociedad, tal como es recalentamiento global. En estos tiempos Voltaire se habría preguntado ¿Qué culpa tiene el hombre de los dos terremotos y no olvidemos, tampoco el Tsunami reciente de Japón y el terrible terremoto de Haití? La discusión pertinaz presente implica el desconocimiento del sistema que por primera vez en la historia permitió la creación de riqueza. Pero me voy a permitir citar al respecto a un sofista griego que diría tiene la mayor vigencia hoy en día. Fue Protágoras quien dijo: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son que son y de las que no son que no son”. Es decir de los aciertos y los errores.

No hay dudas de que a través de la historia los errores del hombre, le provocaron vivir en lo que se llama el estado de naturaleza. Y no precisamente porque la naturaleza fuese favorable, como pretendía Rousseau, sino por la ignorancia vigente respecto a las causas de los males que causara la naturaleza. En ese proceso de errores no puedo tampoco ignorar que el eje de los males causados por los hombres era la guerra y consecuentemente la descalificación ética del interés personal. Todavía Kant en pleno siglo XVIII, escribió en su “Idea Para Una Historia Universal”: “El hombre desea la concordia, pero la naturaleza, conociendo mejor qué es bueno para sus especies, desea la discordia”. Y Hegel siguiendo los pasos de Kant, por más que éste no lo reconociera, dijo: “La guerra es el momento ético de la sociedad”. Y llegó Marx, que está presente,  y planteó como alternativa a la guerra entre los estados, la lucha de clases.

En un reciente libro, “The Birth of Plenty” (El Nacimiento de la abundancia), William Bernstein muestra claramente cómo hasta hace sólo unos doscientos años el hombre vivía como vivía Jesucristo. Y en todo ese período el hombre sufría los males de la naturaleza tales como las epidemias, hambrunas, inundaciones. Por supuesto destaca la falta de libertad como causante de la pobreza y se refiere al hecho de que “en el período medieval la Iglesia tenía la clase de poder ideológico absoluto que podría haber sido envidiado por Stalin, Hitler o Pol Pot”. Y al respecto destaca otro hecho trascendente que ha sido la confusión al respecto que ha sido la teoría de Weber de creer que el protestantismo de Lutero y Calvino han sido los artífices de la libertad y en particular de la libertad religiosa. Así dice: “Martín Lutero usó la prensa de Gutenberg como ariete para derribar la autoridad de la Iglesia y la reemplazó con una igual odiosa tiranía”  y “En diecisiete años de guía de Calvino condenó a ochenta y nueve personas a la muerte por brujería”.

Considero importante las anteriores conclusiones a fin de lograr determinar cuáles fueron los factores que determinaron el progreso del mundo por primera vez en la historia, y por supuesto el origen de la libertad y que hoy está en juego en nombre de la igualdad. La libertad comenzó en Inglaterra con la Revolución Gloriosa de 1688. Y recordemos que el anglicanismo no era más que catolicismo con el rey de Inglaterra a la cabeza. Esa tendencia a la libertad incluida la religiosa se continuó en Estados Unidos con la Constitución de 1787. Y debo destacar que la libertad religiosa entre los protestantes en Estados Unidos surgió por las razones dadas por Adam Smith: “Habrá libertad religiosa cuando haya multiplicidad de sectas”. Y esa conclusión es importante tanto como considero que tampoco es la cultura la que determina la libertad sino el sistema ético político que determina los comportamientos. Y ese es el sistema que está en juego hoy incluso en Estados Unidos, por el candidato Republicano que ignora a los Founding Fathers.

Pero volviendo directamente a nuestra discusión original, no podemos menos que reconocer que Rousseau está presente respecto al recalentamiento global. Por supuesto mi conocimiento científico al respecto no me permite discutir cuáles son las causas del mismo. Mi planteo es que el mismo no se debe políticamente a la mala fe de los empresarios productores de petróleo o de gas. A partir de esa falacia ética continúa Rousseau a la cabeza de quienes creen o usan el criterio que es la propiedad privada la causante de la desigualdad entre ricos y pobres. Por supuesto Voltaire ha desaparecido estaríamos a punto de culpar al hombre por las atrocidades de los terremotos. Así se ignora políticamente que ha sido el hombre con el desarrollo del conocimiento, y la actitud y comportamiento empresarial, quien ha logrado supera en gran medida los daños causados por la naturaleza. Quizás el mejor ejemplo de esa realidad ha sido el avance de la medicina y de la invención de los productos que curan o evitan las enfermedades.

Todo este cuestionamiento ideológico es la amenaza que enfrenta el sistema ético político que cambió la historia de la humanidad y que se le llama descalificatoriamente capitalismo. En Argentina se ignora que fue el tercer país del mundo en imponerlo, y por ello a principios del siglo XX estaba entre los primeros países del mundo. Y no fue por la cultura ni por los bienes agrícolas. Cuando me dicen que ese éxito fue gracias a la pampa húmeda me permito decir que “Se humedeció en 1853 y se secó en 1945”. La conclusión anterior la considero trascendente pues ya deberíamos saber que no es la naturaleza ni la cultura la que determina que haya países pobres y países ricos. Ello depende del sistema que surge de una clase política consiente de las ideas en que se basa la creación de libertad y de riqueza y las pone en práctica. Y esas ideas como he repetido hasta el cansancio dependen de la conciencia respecto a la naturaleza humana y en función de ella limitar el poder político y respetar los derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y el derecho a la búsqueda de la propia felicidad.

Stephen Hicks: El populismo triunfa donde falla la educación:

Por Belén Marty: Publicado el 5/12/14 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2014/12/05/stephen-hicks-el-populismo-triunfa-donde-falla-la-educacion/

 

El filósofo canadoestadounidense Stephen Hicks visitó el centro de Buenos Aires el jueves 5 de noviembre para participar del lanzamiento de su libro recientemente traducido al castellano, Explicando el posmodernismo.

En el transcurso de una hora y media, el profesor de la Universidad de Rockford presentó un panorama general de las diversas cuestiones planteadas en el libro, y estableció las diferencias entre la filosofía continental y la angloamericana.

Para Hicks, estas escuelas de pensamiento están en constante conflicto. Por un lado, se encuentran los ídolos del sistema educativo de América Latina: Rousseau, Marx, Hegel, Heidegger, Foucault, Sartre, Kant, Nietzsche y Derrida. Por el otro, tenemos a Bacon, Locke, Newton, Smith, Hume y Stuart Mill.

Hicks insiste en la importancia de la educación para luchar contra regímenes populistas disfuncionales.

Al final de su discurso, no era difícil entender por qué, por ejemplo, los estadounidenses tienen como modelos a seguir a individuos como Steve Jobs, mientras que en Argentina son más como el Che Guevara.

Hicks ofreció sus perspectivas al PanAm Post, y habló sobre las relaciones entre filosofía y temas como la corrupción, la política y la educación.

Stephen Hicks explaining the main differences between the Anglo-American and the Continental  philosophy. (PanAm Post)

¿Quién es más responsable por el fracaso o el éxito de un país: los empresarios, los políticos o los intelectuales?

Los políticos son en gran parte culpables, así también como los hombres de negocios que son amigos y coquetean inapropiadamente con los políticos. Pero la culpa más importante, sin duda, va para los intelectuales. Los intelectuales son los que capacitan a los maestros cuando estos van a la universidad. Los maestros luego se hacen cargo de los jóvenes y entonces forman la cultura de la gente para pensar de una manera determinada.

Ciertamente, los intelectuales que trabajan como profesores universitarios son los que forman a los futuros abogados, periodistas, y personas de todas las profesiones. Por lo tanto, la responsabilidad intelectual es principalmente de los profesores.

Usted mencionó la corrupción durante su discurso, sobre todo en América Latina. ¿Cómo puede la filosofía luchar contra la corrupción?

La corrupción es principalmente una cuestión de ética, y las personas aprenden diferentes tipos de sistemas éticos. Algunas personas llegan a creer, moralmente hablando, que este ya es un mundo corrupto, del que no son responsables. Que se salve quien pueda, y creen que si no practican la corrupción, entonces otras personas lo harán y ellos van a ser las víctimas. Por lo tanto, llegan a creer que la corrupción está bien.

Sin embargo, creo que la mayoría de las personas que están envueltas en actos de corrupción saben que es posible hacer las cosas en la política, o en los negocios, o en cualquier otro aspecto de la vida, sin que haya corrupción.

Ellos saben que su sistema corrupto está mal, pero aún así decidieron participar en este como un atajo y eso es una irresponsabilidad.

Los defensores del libre mercado y los derechos individuales generalmente se basan en argumentos utilitarios. ¿Es este el camino correcto para convencer a la gente sobre las ideas de libertad?

Yo creo que es absolutamente importante que la libertad conduce a buenos resultados. Una de las razones por las cuales una sociedad libre es buena es que mejora la vida de la gente. Las personas están más satisfechas, porque escogen sus propias carreras, eligen su propia familia, su propia arte; la gente se vuelve más próspera. Por lo tanto, las consecuencias son muy importantes.

Pero lo importante aquí es que la libertad es una cuestión de principios. Los seres humanos necesitan tomar sus propias decisiones en la vida. Eso es lo que significa ser humano. Así que, incluso si las decisiones que las personas toman son equivocadas, y conducen en algunos casos a malas consecuencias, hay que respetar su libertad como una cuestión de principios.

Algunos dicen que el posmodernismo está pasando de moda, y que no tiene el mismo atractivo que ha tenido en décadas anteriores. ¿Estamos saliendo de la fase de la posmodernidad?

Realmente me encantaría pensar que sí. Yo crecí en una era con un clima intelectual posmodernista y este ha sido el dominante para la última generación.

Probablemente lo más acertado sería decir que se ha abierto el debate contra el posmodernismo. Las cosas se mueven más lentamente en el mundo posmoderno.

Los pensadores posmodernos comenzaron a dominar en los años 70 y 80, y al llegar a finales de la década de los años 90, se comenzaron a ver algunas personas articuladas e inteligentes argumentando en contra del posmodernismo en la literatura, en el derecho, en la historia, y así sucesivamente. Me uní también a ese debate a finales de los 90.

En este momento, es apropiado decir que en el mundo académico todavía hay una gran cantidad de posmodernismo, pero también hay una gran cantidad de personas que se resisten y están tratando desarrollar alternativas. Nadie puede decir aún cuál de ellas va a prevalecer.

Lo que me hace un poco optimista, sin embargo, es que en el mundo intelectual a las personas les gustan los nuevos argumentos y nuevos enfoques. El posmodernismo ha estado rondando por alrededor de una generación, así que estoy empezando a sentir que se volvió un poco añejo.

Pero a menos que los argumentos de los posmodernistas se contesten a un nivel muy fundamental, estos podrían alejarse por un tiempo y luego volver a aparecer en la próxima generación en una forma ligeramente diferente.

Dado el éxito de los regímenes populistas en América Latina, ¿diría usted que la gente se deja llevar por la pasión?

Creo que la gente puede y debe ser movida por pasiones. Somos seres humanos, racionales [y] apasionados. Pero lo importante, como un proyecto filosófico personal para todos nosotros, es reflexionar sobre lo que es importante y lo que significan nuestras vidas y luego comprometerse apasionadamente a la consecución de nuestros objetivos. Y también, disfrutar con pasión todas las cosas que hacemos.

El problema, por supuesto, ocurre cuando se trata de hacer una cosa sin la otra.

El éxito del populismo solo funciona cuando se tiene un sistema educativo disfuncional. Si usted tiene un sistema en el que las personas no están educadas y no se les enseña a pensar por sí mismas entonces recurren a otras formas de liderazgo, a las que siguen ciegamente.

Esos líderes son, en muchos casos, muy hábiles en saber qué botones presionar para despertar pasiones en la gente y lograr que hagan lo que ellos quieran.

El problema del populismo disfuncional es un problema de educación. Obviamente, lo que queremos en una sociedad democrática, libre y abierta es que la población esté mejor informada y sea apasionada por la política, pero claro, en una dirección liberal.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

La estupidez intelectual vs. la estupidez humana

Por Armando Ribas. Publicado el 4/6/14 en http://www.hacer.org/latam/?p=39695

 

Voy a hacer un nuevo esfuerzo por entender el mundo en que vivimos, a mi juicio plagado de malos entendidos filosóficos e históricos. Por no entender el mundo en que vivimos y por supuesto ignorar las razones por las cuales alcanzamos lo que William Bernstein denomina “El Nacimiento de la Abundancia”, se corre el riesgo de que muchos países sean incapaces de alcanzarlo, y otros de perderlo. Cada día estoy más convencido de la falacia que implica la noción de la Civilización Occidental y Cristiana. Tal como lo señala Bernstein hasta hace 200 años el mundo vivía casi como vivía Jesucristo. La pregunta pendiente entonces es cual fue la causa que determinara el progreso logrado desde entonces y así como el atraso histórico. Según esa vanagloria Occidental, existen dos mundos: el desarrollado y el subdesarrollado. Las respuestas a estas preguntas aparentemente no existen, al tiempo que surgen filosófica y políticamente los amantes de los pobres que crean más pobres. O sea los socialismos de todos los siglos.

Mi criterio es que existen tres mundos en nuestra historia universal. El primero es aquel que superó la estupidez humana, a partir de tomar conciencia de la existencia de la misma (Estados Unidos). El mundo en el que no habiendo conciencia de la naturaleza humana reina la estupidez y su consecuencia es el subdesarrollo (América Latina, con la salvedad de la Argentina histórica). Y el tercero es el mundo donde privó la estupidez intelectual que desarrolló el totalitarismo y puso al mundo al borde de la Apocalipsis en el siglo XX. Y todavía esas ideas en gran medida prevalecen en términos de la pretensión de igualdad y por supuesto políticamente el socialismo.

Pero antes de seguir adelante permítanme definir la estupidez de acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española y así también del Webster. Conforme al primero la estupidez es: “Torpeza notable en comprender las cosas” y el segundo dice:”Lento en aprender, carencia de inteligencia; ausencia de agilidad mental. Podría decir que el mundo que inició el progreso se basó en el reconocimiento de la naturaleza humana, pero la historia de Europa muestra que por siglos privó la violación de los principios cristianos que se pretendían representar: “Dar al Cesar lo que es del Cesar; La parábola de los Talentos; la Parábola de la Hora Nona; Y El justo peca siete veces y el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. Más tarde surgió el oscurantismo de la razón como consecuencia de lo que he denominado la estupidez intelectual. Y de la Diosa Razón surgieron los totalitarismos.

Pues bien en este proceso yo me voy a permitir dar un paso atrás en la historia del Iluminismo, e iniciar con la filosofía política de la Hélade donde encontramos el pensamiento de Platón que diera los primeros pasos del totalitarismo y así escribió: “La clase dominante tiene la virtud y el derecho a las armas. No debe participar en actividades económicas, tiene derecho a censurar y el país debe ser autárquico,pues sino los gobernantes serían dependientes de los comerciantes o serían comerciantes”.Lo que he denominado la estupidez intelectual proveniente de la Hélade, siguió sus pasos durante el Iluminismo con Rousseau, quien al igual que Platón en el ‘Contrato Social’ estableció que el denominado pacto social le otorgaba al cuerpo político poder absoluto sobre sus miembros, y lo denominó “soberanía”. Seguidamente planteó que lo que denominara la voluntad general representaba el bien común y consiguientemente se requería la creación de un hombre nuevo, y el individuo sería parte de la sociedad. En su discurso sobre la desigualdad determinó que ésta surgía de la propiedad privada y por tanto concluía que: “los frutos de la tierra pertenecen a todo el mundo y la tierra a nadie”. Así en la búsqueda del hombre nuevo llegó la Revolución Francesa y Robespierre con los jacobinos se encargó de ponerlas en práctica hasta que le costara su propia cabeza.
Años más tarde surgió la figura excelsa de Enmanuel Kant quien consideraba a Rousseau el Newton de las Ciencias Morales. Me voy referir a su enfoque ético-político, que a mi juicio siguiendo a Rousseau se constituyó en la exégesis de la moral racionalista que fundamentó al totalitarismo alemán. Kant estipuló que la naturaleza per se decidía el destino de la humanidad. Asimismo sostuvo que la razón se desarrolla en la especie y no en el individuo, que se constituye en el principio básico del historicismo y del colectivismo. Y siguiendo los pasos de Rousseau en su “Metafísica de la Moral” sostiene que “El soberano de un estado tiene solo derechos en relación a sus súbditos y no deberes coercibles” y continúa: “Aún la presente Constitución no puede contener ningún artículo que pueda hacer posible para algún poder del Estado resistir o detener al supremo ejecutivo en casos en que violara la Constitución”.

Demás está decir que sus imperativos categóricos constituyen la esencia de la moral racionalista que es la base del totalitarismo. En ese sentido vale destacar las consideraciones de Ayn Rand que dice: “Lo que Kant propone es un completo, total y abyecto desinterés; sostiene que toda acción es moral solo si se hace por deber. O sea que propone que la búsqueda de la propia felicidad es inmoral pues no se hace por deber”. Podemos decir que con este pensamiento viola un principio fundamental de la libertad tal como lo propuso John Locke. Por ello dice Ayn Rand: “El último monumento a Kant y a toda la moral altruista es la Rusia Soviética”. Igualmente Kant considera que el comercio es inmoral pues se hace por interés.

Pero volviendo a su filosofía de la historia en su “Idea para Una Historia Universal con un Sentido Cosmopolita” dice: “El medio que la naturaleza emplea para lograr el desarrollo de las capacidades innatas es el antagonismo”. Y continúa: “El hombre desea la concordia, pero la naturaleza, que sabe mejor lo que es bueno para la especie, desea la discordia”. O sea que la guerra como más tarde reconocería Hegel es el momento ético de la sociedad.

La tendencia original del pensamiento kantiano fue sin lugar a dudas un fundamento predominante del pensamiento de Whilhem Hegel. El se manifestó como veremos primeramente en el historicismo convertido en lo que he denominado el logo-teísmo. Siguiendo el pensamiento de Kant respecto a la razón en la historia determina que el Estado es la divina idea tal como se manifiesta en la Tierra. Es decir la confusión de la razón y la deidad. Por tanto concluye que: “El individuo tiene objetividad, verdad y ética solo como miembro del Estado”. Seguidamente en la noción absoluta del poder político, representado como el estado y por consiguiente en la virtud de la guerra frente a la concupiscencia del comercio. Y no menos importante la descalificación apriorística de los intereses particulares. O sea el desconocimiento del derecho a la búsqueda de la propia felicidad, y consecuentemente el desconocimiento de los derechos individuales.

Es indudable que el pensamiento de Hegel fue determinante de la supuesta ética política del poder absoluto en nombre del estado Y de este razonamiento determina lo que podemos considerar que es la eliminación del derecho a la libertad. Y siguiendo lo que considero el pensamiento de Kant, igualmente determina la inmoralidad del comercio, y al respecto dice: Si se confunde al Estado con la sociedad civil y su determinación se pone en la seguridad y la protección de la propiedad y la libertad personal, se hace del interés de los individuos como tales el fin último en que se unifican y en ese caso ser miembro del Estado cae dentro del capricho individual”. Ya debiéramos saber que cuando se considera que el interés privado es contrario al interés general, de hecho resulta que se magnifica el interés particular de los gobernantes que forman los estados.

Siguiendo entonces con el logo teísmo determinante del historicismo hegeliano, Hegel determina que: “la guerra es el momento ético de los estados”. Y dice al respecto: “La salud ética de los pueblos es mantenida en su equilibrio frente fortalecimiento de las determinaciones finitas , como el movimiento del viento preserva al mar de la putrefacción, sin el cual lo reduciría a una durable y perpetua quietud”.O sea surge la dialéctica hegeliana de la lucha entre los Estados. En virtud de ese pensamiento Kant Hegeliano surgió Hitler y el Nacional Socialismo (Nazismo) que determinara el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial.

Entonces llegó Marx que primeramente transformara la dialéctica hegeliana de la lucha entre las naciones a la lucha de clases. Así primeramente reconoce en el Manifiesto Comunista:”La burguesía durante su gobierno de escasamente cien años, ha creado más masivas y más colosales fuerzas productivas que todas las generaciones que le precedieron”. Después de haber sido quizás el primero que tomó conciencia de esa realidad, no obstante haberlas descalificado éticamente por:” no haber dejado otro nexo entre hombre y hombre que el desnudo interés propio, que es el cruel pago en efectivo” describe la realidad creada y dice: “una sociedad que ha conjurado tales gigantescos medios de producción.y de intercambio, es como un mago que ya no es capaz de controlar los poderes del mundo más bajo que ha llamado mediante su encantamiento”. Yo me atrevo a decir que el que no se enteró de la razón de ser del mundo que se había construido fue el y fue así que creo la ilusión de la creación del nirvana del mundo a través de la dictadura del proletariado y la desaparición de la propiedad privada. Así podemos ver que de esa teoría surgió la ilusión de una utopía que como previera Karl Popper surgió la violencia del comunismo y por supuesto los gulags. De allí nacieron Lenín, Stalin y los Gulags. Y esa violencia se apoderó de Cuba Fidel Castro mediante y la subversión en América Latina.

La caída del Muro de Berlín mostró el fracaso del comunismo, pero ya en 1899 Eduard Bernstein en las “Precondiciones del Socialismo” había previsto que al socialismo se podía llegar por la vía democrática. En mi criterio la demagogia. De esa fantasía surgió la Social Democracia en la Unión Europea y el Populismo “Etapa Inferior del Socialismo” en América Latina, más recientemente envuelto en el Socialismo del Siglo XXI.

Podemos ver como la lucidez de los intelectuales decidiera ese curso lamentable de la historia que hoy se presenta en la crisis europea y el populismo prevaleciente en América Latina. Pero ese daño existencial de los intelectuales todavía está presente en la supuesta lucha por la igualdad económica y la confusión de ignorar tanto como lo ignorara Marx que la vía del progreso no fue el capitalismo, sino el Rule of Law. Es decir el sistema que reconociera la naturaleza tal como o había previsto John Locke y Hume lo explicara diciendo humana: “La naturaleza humana es inmodificable si queremos cambiar los comportamientos tenemos que cambiar las circunstancias”. Los sistemas no son económicos sino ético políticos, y la economía es el resultado. Así en Europa la crisis surge del Estado de Bienestar que significa un gasto público que ronda el 50% del PBI y el populismo es la arbitrariedad política en nombre del pueblo. Así podemos ver la causa de la crisis europea y el subdesarrollo latinoamericano.

Pero la realidad no asusta a los intelectuales y ahora Marx esta presente en un nueva obra de Thomas Piketty: “Capital in the Twety First Century”. En ella sostiene que el capitalismo genera la desigualdad económica porque la rentabilidad del capital es mayor que la tasa de crecimiento del PBI. Y aparentemente esa obra está teniendo un gran éxito. Podemos ver que la demagogia que lleva a los políticos al poder es avalada siempre por la estupidez intelectual, que es la racionalización de la compasión por los pobres, que podríamos llamar el romanticismo político. Como dice Hanna Arendt: “Cuando se violan los derechos individuales en nombre de la compasión, desparece la libertad y la justicia.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

 

 

Opinión: Ética, moral y justicia

Por Armando Ribas. Publicado el 25/8/13 en: http://www.hacer.org/latam/?p=31012

“La justicia no es natural, es artificial, pero no arbitraria” David Hume

Mientras más analizo la situación de la filosofía política en la actualidad, más me convenzo de la evidente confusión reinante al respecto. Como ya lo he manifestado en otras ocasiones, creo que esa mayor confusión reside en el concepto de ética, y por supuesto su relación con la moral y la justicia. La consecuencia trasciende entonces al campo de la política. El primer problema obviamente es el concepto mismo de ética, y al respecto el Diccionario de la Academia Española la define: “Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre”. Hasta aquí siento que no hemos avanzado nada en nuestra disquisición.

Pasemos entonces al diccionario Webster. “Etica: Disciplina que trata con lo que está bien y está mal y con el deber moral y obligación; Teoría del sistema de valores morales”. En fin no creo que hayamos llegado a alguna conclusión válida al respecto del análisis que nos proponemos de la situación actual de la política en el mundo.

Evidentemente las anteriores definiciones respecto a la ética, entrañan de por sí una confusión entre ética y moral. Por supuesto a fin de poder analizar la situación política actual es imprescindible que distingamos los conceptos de ética y moral. Entonces  insistiendo en las confusiones, pasemos a la definición de moral del Webster: “relacionado con los principios de bien o mal en el comportamiento”. Me atrevería a decir que en esa definición nos encontramos con un sinónimo de ética.

Entonces ante la confusión precedente, pasemos a analizar los conceptos de David Hume al respecto, que considero fundamentales para comprender el concepto de ética en que se basó el sistema político que cambió la historia del mundo. Ese sistema  es el Rule of law, y no el capitalismo, pues la economía es la consecuencia del sistema ético, político y jurídico. La economía es el resultado de los comportamientos individuales que determina el sistema. Por ello donde no se respetan los derechos individuales, desaparece el mercado.

La ética entonces es un concepto pragmático de la naturaleza humana. Así Hume considera que toda ciencia comienza por la ciencia del hombre, y al respecto dice: “No existe una cuestión de importancia, cuya decisión no esté comprendida en la ciencia del hombre; y no hay ninguna que pueda ser decidida con alguna certeza, antes de  que estemos en contacto con esa ciencia”. Fue en función de esa realidad que por primera vez en la historia se creó el sistema político, basado en el hombre tal cual es y no en el supuesto de cómo debe de ser. Tal concepto ético respecto a la naturaleza humana, fue determinante de la necesidad de limitar el poder político.

Históricamente el poder político absoluto, se fundó primeramente en el supuesto de que representaba la voluntad de Dios. O sea el derecho divino de los reyes, hasta que Locke reconoció que los monarcas también eran hombres.Así se ignoró en Occidente que ya en el Evangelio se reconoció la separación del Estado de la Iglesia. “Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.Y asimismo la falibilidad del hombre: “El justo peca siete veces” y “el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. En una segunda instancia histórica, a partir de la Revolución Francesa de 1789 se desconoció la naturaleza humana en función de la diosa razón. Fue Rousseau quien primeramente intentó tal proceso y así escribió: “Todo aquel que se atreva a encargarse de la tarea de instituir una nación, debe sentirse asimismo capaz de transformar la naturaleza humana”. En función de ese proyecto de crear un hombre nuevo, se han matado millones de seres humanos, primero por  los jacobinos y seguidamente por los bolcheviques, hasta nuestros días.

Esa moral racionalista fue desarrollada por Kant en sus imperativos categóricos. De conformidad a los mismos la búsqueda de la felicidad es deshonesta, pues no se hace por deber. Es decir que su conclusión es el opuesto del principio básico del Rule of Law, que de conformidad con el pensamiento de John Locke, el derecho a la búsqueda de la propia felicidad es el principio básico de la libertad. Y siguiendo con la postura kantiana, Hegel llega a la conclusión de que el individuo no tiene más razón de ser que su pertenencia al estado. Afortunadamente con la caída del Muro de Berlín esa tendencia autoritaria y fuente del totalitarismo, parecía haber desaparecido del panorama político. Lamentablemente, no obstante esa realidad, el socialismo impera como consecuencia del equívoco precedente sobre la naturaleza humana. La supuesta búsqueda de la igualdad se ha convertido en el camino al poder.

Volviendo a la ética, Hume desarrolló un principio fundamental al respecto, de conformidad con la ciencia del hombre y así dijo: “Si los hombres fueran generosos y la naturaleza pródiga, la justicia no tendría razón de ser”. En función de esta concepción pragmática de la naturaleza humana determinó que la justicia no es natural sino artificial. O sea por arte del hombre, pero no arbitraria, sino el resultado del aprendizaje de la historia, que nos permite conocer la ciencia del hombre. Por tanto llega a la conclusión fundamental de que la naturaleza humana es inmodificable, y si queremos cambiar los comportamientos se requiere cambiar las circunstancias.

El Rule of Law es precisamente ese cambio en las circunstancias que modificó el comportamiento, a partir del respeto por los derechos individuales y el límite al poder político. Siguiendo ese principio fundamental James Madison escribió: “Si los hombres fueran ángeles no sería necesario el gobierno, y si fueran a ser gobernados por ángeles no se requeriría ningún control al gobierno, que es una administración de hombres sobre hombres”. Como puede observarse la anterior conclusión es una paráfrasis del pensamiento de Hume. Y asimismo reconoció otro principio fundamental cual es que las mayorías no tienen derecho a violar los derechos de las minorías. Este último principio es el que hoy se viola como consecuencia de la confusión entre república y democracia. Las mayorías no solo determinan quien gobierna, sino que en nombre de las  mismas y la demagogia de la justicia social, se permite el poder de violar el derecho de propiedad. Igualmente se desconoce el derecho a la búsqueda de la felicidad,  pues es la expresión del egoísmo del interés privado frente al interés general, que representan los gobiernos de turno.

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.