Esas islas en el Atlántico Sur

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 2/4/22 en: https://independent.typepad.com/elindependent/2022/04/esas-islas-en-el-atl%C3%A1ntico-sur.html

Lo primero es recordar un pensamiento de Borges: “Vendrán otros tiempos en los que seremos cosmopolitas, ciudadanos del mundo como decían los estoicos, y las fronteras desaparecerán como algo absurdo”. Debemos tener bien en cuenta que, desde la perspectiva de la sociedad abierta, en el presente estadio de evolución cultural, las divisiones territoriales entre países es al solo efecto de evitar los fenomenales riesgos de concentración de poder en manos de un gobierno universal. Pero de allí a creer que existe una diferencia de naturaleza entre lo local y lo extranjero, constituye pura estupidez alentada por patrioteros nacionalistas que solo se soslayan con sus ombligos en el contexto de mayores pobrezas intelectuales y materiales.

Mario Vargas Llosa, ha escrito: “Resumamos brevemente en que consiste el nacionalismo […] Básicamente, en considerar lo propio un valor absoluto e incuestionable y lo extranjero un desvalor, algo que amenaza, socava o empobrece o degenera la propia personalidad espiritual de un país […] Que tales muletillas sean tan huecas como cacofónicas, verdaderos galimatías conceptuales, no es obstáculo para que resulten seductoras a mucha gente, por el airecillo patriótico que parece envolverlas […] el nacionalismo es la cultura de los incultos y estos son legión […] Ninguna cultura se ha gestado, desenvuelto y llegado a la plenitud sin nutrirse de otras y sin, a su vez, alimentar a las demás, en un continuo proceso de préstamos y donativos […] La manera como un país fortalece y desarrolla su cultura es abriendo sus puertas y ventanas de par en par […] la misma libertad y el mismo pluralismo que deben reinar en lo político y en lo económico en una sociedad democrática”.

Habiendo dicho esto, es menester subrayar que los orígenes de las islas del Atlántico sur a que nos referimos, desde el siglo xvi en adelante han pasado navegantes portugueses (Américo Vespucio entonces al servicio de Portugal, fue el primero en arribar a las islas), exploradores franceses (Louis de Bougainville estableció el primer asentamiento, quien bautizó con el nombre de cuya traducción textual al castellano es “Islas Malvinas”), conquistadores españoles (Esteban Gómez de la expedición de Fernando de Magallanes), aventureros británicos (John Davis, Richard Hawkings, John Strong, John Byron, John McBride, James Weddell y James Onslow) y embarcaciones holandesas (Sebald de Weert a la cabeza de la tripulación), además de emprendimientos varios como el del alemán Luis Vernet que si bien se vinculó a los argentinos vendió sus acciones de la isla en el mercado británico (lo cual dio comienzo a la Fakland Islands Commercial Fishery and Agricultural Association), de tratados como los de Tordecillas y Utrecht, la Convención de Nutka y de expediciones estadounidenses como la del Lexington. Los títulos tienen muchas aristas ambiguas y contradictorias en medio de reiteradas trifulcas, pero en todo caso, de un largo tiempo a esta parte, dos son los gobiernos que reclaman las islas como parte del territorio de sus respectivas naciones: Argentina e Inglaterra.

Dados estos antecedentes y el pésimo tratamiento del tema del gobierno argentino, principalmente a través de dos bochornosas gestiones (entre tantas otras que hemos padecido los argentinos en materias vitales). Primero el gobierno de Rosas sobre quien escribí la semana pasada en este mismo medio, a raíz de lo cual algunos lectores me solicitaron detalles respecto al episodio en el que este déspota propuso canjear las islas por una deuda. Aprovecho para intercalar esa respuesta en la presente columna. Aquí va el complemento de marras: Rosas, a través de su ministro de relaciones exteriores (Felipe Arana), el 21 de noviembre de 1838 instruyó por escrito al representante argentino en Londres (Manuel Moreno) en los siguientes términos: “Artículo adicional a las instrucciones dadas con fecha de hoy al Señor Ministro Plenipotenciario Dr. Don Manuel Moreno. Insistirá así que se le presente la ocasión en el reclamo de la ocupación de las Islas Malvinas [hecho acaecido en 1833] y entonces explorará con sagacidad sin que pueda trascender ser la idea de este Gobierno si habría disposición en el de S. M. B. a hacer lugar a una transacción pecuniaria para cancelar la deuda pendiente del empréstito argentino” (consta en el expediente No. 3 del año 1842 de la División de Asuntos Políticos del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina, documento publicado por Isidoro Ruiz Moreno (h) en “La Prensa”, Buenos Aires, julio 11 de 1941, y reproducido por la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, bajo la presidencia de Horacio C. Rivarola).

En segundo lugar, el desembarco militar a las islas en 1982 que tuvo por origen la inaudita y monumental irresponsabilidad de Nicanor Costa Méndez quien siendo canciller propuso la idea, la que ya había sugerido sin éxito a otro gobierno castrense anterior (del general Juan Carlos Onganía), también “para unir al pueblo en una causa común” y así agitar las pasiones xenófobas que brotan inesperadamente del subsuelo de aquel adefesio que se ha dado en llamar “el ser nacional”. Una guerra -como casi todas- para distraer a la población de graves problemas internos y que fue condenada como “una aventura militar” en el informe del Tte. Gral. Benjamín Rattenbach, titular de la Comisión Investigadora constituida en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1982, documento en el que se pedían severas sanciones para los responsables de esa incursión bélica.

Por otra parte, en los hechos (no en algún discurso), dado el empecinado y prepotente desconocimiento de los sucesivos gobiernos ingleses sobre la voluntad de los habitantes de las islas en el supuesto retiro de las pretensiones argentinas, sugerimos que, vistos los antecedentes, en esta instancia, ambos gobiernos deberían resolver la situación de manera simultánea, problema que viene arrastrándose desde hace décadas, en el sentido de  declarar la inmediata y total independencia de los isleños para que manejen sus asuntos como lo consideren mejor sin los reclamos de soberanía británica ni la argentina, una mezcla explosiva que tantas tensiones han creado y siguen creando en la población local.

Es desear que con el conocimiento de los dislates políticos de los gobiernos argentinos de los últimos setenta años con su propia población y, en menor medida, los cometidos por los gobiernos ingleses respecto a su gente, los isleños apunten a contar con una sociedad abierta, respetuosos de los derechos de propiedad, en el contexto de mercados abiertos tanto en lo local como en lo internacional y con tributos mínimos que sirvan para garantizar seguridad y justicia. Tal vez, de este modo, las islas puedan constituirse en un ejemplo de libertad y progreso para el mundo libre y atraigan personas e inversiones de todos los rincones del planeta, recurriendo a la exitosa tradición alberdiana de los argentinos y la fértil tradición también liberal que en su momento los ingleses supieron adoptar. Aunque personalmente no soy afecto a las machaconas exteriorizaciones de símbolos nacionales (prefiero la cosmopolita “Oda a la libertad” de la Novena Sinfonía, transformada por la censura a Schiller en “Oda a la alegría”), en este caso apuntamos que los lugareños desde hace tiempo tienen su propia bandera lo cual constituye uno de los signos de algunos respecto a deseos independistas. Sin embargo, se suceden debates sobre la seguridad que por el momento les proporciona el estar vinculados a la corona británica (de allí la persistencia y actualización del mismo esquema militar apostado desde 1982), mientras la Argentina no abandone su posición  y lo haga en pos de la independencia de las islas, lo cual no es el caso en las actuales circunstancias ya sea en las esferas políticas de un gobierno como del otro.

Los dislates no se circunscribieron a los ámbitos  gubernamentales. Ahora resulta que nadie estaba en la Plaza de Mayo en abril del año de la invasión, la que desbordaba de gente gritando “el que no salta es un inglés” y otras bellaquerías de tenor semejante. Son los vergonzantes de siempre que volverán a salir de sus cuevas si hay la oportunidad de otro brote nacionalista, quienes van a misa y cantan “toma mi mano hermano” con gestos angelicales hasta que el patrioterismo los hace devorar con verdadera saña a los llamados hermanos de otras procedencias. Ya he referido antes que un integrante de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de Argentina propuso se lo expulsara como Miembro Correspondiente al premio Nobel en economía Friedrich Hayek porque de regreso de una invitación mía para pronunciar conferencias en Buenos Aires declaró muy sensatamente, desde Friburgo, a un corresponsal de una revista argentina, que “si todos los gobiernos que estiman les pertenece un territorio, lo invaden, el mundo se convertirá en un incendio mayor del que ya es”. Afortunadamente la descabellada moción no prosperó, pero consigno el hecho al efecto de poner de manifiesto el grado superlativo de desequilibrio imperante.

Hay que estar atento a posibles sandeces de todos los gobiernos de todos los colores y de todos los países, especialmente, como queda dicho, aquellos que se encuentran en dificultades, porque en el momento menos pensado no es infrecuente que recurran a lenguaje y actitudes bélicas con la intención de encubrir agujeros políticos. Como hemos apuntado, ya sucedió una vez hace treinta años una terrible confrontación armada, respecto a la cual rendimos un muy sentido homenaje a los muertos y heridos.

En este contexto, es saludable siempre tener en la mira aquellas emotivas líneas de Borges tituladas “Juan López y John Ward” en las que se describe que un argentino y un inglés podrían haber sido amigos -uno admiraba a Conrad y el otro estudiaba castellano para leer el Quijote- si no hubiera sido porque “les tocó una época extraña” ya que “el planeta había sido parcelado en distintos países […] esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras […] Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La riqueza del país vs. la riqueza del Tesoro:

Por Armando Ribas. Publicado el 11/12/14 en: https://www.dropbox.com/s/4sy1nfer0wn3xfi/Armando%20Ribas%20La%20riqueza%20del%20pa%C3%ADs%20vs.%20la%20riqueza%20del%20Tesoro%20-%20Ambito.pdf%2020141211.pdf?dl=0

 

Espero que algún día tomemos conciencia de la sabiduría de la brillante observación de Alexis de Tocqueville, que creo haberla repetido en múltiples oportunidades: “Tanto más fuertes son los vicios del sistema, que la virtud de los que lo practican”. Y seguidamente añadió: “Socialismo y concentración del poder son frutos del mismo suelo”. Ante esa realidad me voy a permitir hacer una análisis histórico de la Argentina, a partir de Rosas, hasta Perón y después. No olvidemos que la historia es un aprendizaje (David Hume).

La primera pregunta al respecto del tema que nos ocupa sería: ¿Que cultura y empresariado tenía la Argentina en la época de Rosas? Me atrevería a decir ningún empresario. Entonces ¿qué fue lo que permitió que Argentina entre 1853 y principios del siglo XX diera un salto cuántico en la historia y pasara de ser uno de los países más atrasados del mundo, al séptimo país más rico del mundo? Indudablemente que Caseros no tenía por objeto la libertad, sino eliminar el monopolio de la aduana de Buenos Aires del comercio internacional argentino y permitir la libre navegación de los ríos.

Dada esa realidad el paso subsiguiente se produjo cuando Justo José de Urquiza, sin quien no habría existido la Argentina, se enamoró de las ideas del pensador más grande de América Latina, Juan Bautista Alberdi. Fue en razón de ello que se aprobó la Constitución de 1853, basada en la Constitución americana, y se inició la libertad en la Argentina. Y volviendo a Tocqueville: “Los países no son más ricos por la fertilidad de sus tierras, sino por la libertad de sus habitantes”. Lamentablemente en Argentina se cree que la riqueza fue producida por la Pampa Húmeda, y por ello me he permitido sostener que entonces se humedeció en 1853 y se secó en 1942.

Argentina llegó a principios del siglo XX como el segundo país del mundo en estatuir e implementar el sistema del Rule of Law, que había cambiado la historia universal. Así competía con Estados Unidos y tal como lo reconociera The Economist recientemente, tenía un ingreso per cápita más alto que Alemania, Francia e Italia. En ese período había pasado de tener un millón de habitantes con un 80% de analfabetos, a siete millones de habitantes y 25% de analfabetos.

Creo entonces que la Argentina es un ejemplo para la historia universal. No obstante las dificultades políticas generadas por el gobierno de Irigoyen y su última consecuencia su destitución en 1930, la Argentina, aun durante la denominada década infame, soportó la recesión del treinta en mejores condiciones que Estados Unidos. Pero también llegó el Nacionalismo Católico y con él se produjo la llegada del fascismo con la presidencia de Juan Domingo Perón y Evita. Basta analizar la Constitución de 1949 para tomar conciencia de que se habían abandonado todos los principios y derechos garantizados por la Constitución de 1853-60, y se iniciaba el proceso fascista que había comenzado en Europa con la presidencia de Mussolini en Italia y siguiera en Alemania con Hitler.

Como bien dijera Lenín: “Un fascista es un liberal asustado”. O sea ante la alternativa de ser expropiados, los capitalitas empresarios colusionan con el Estado. Esa es la alternativa de la que nos debemos liberar en la conciencia de que el gobierno es una administración de hombres sobre hombres, y los hombres no son ángeles. Por tanto es necesario limitar el poder político y tomar en cuenta que las mayorías no tienen derecho a violar los derechos de las minorías (James Madison). Y tal como dijera Hume, el problema no son las mayorías sino las asambleas que pretenden representarlas, y a los hechos me remito.

Entonces recordemos que el fascismo se inicia en Italia, donde Mussolini, un antiguo socialista, adopta las ideas de Lenín expuestas en su NEP: (Nueva Economía Política). En ella Lenín al darse cuenta del fracaso del comunismo en el orden económico llegó a la siguiente conclusión en su “Introducción a la Nueva Política Económica”:

“Podemos permitir el libre intercambio local en una apreciable extensión, pero sin destruir, sino en la realidad reforzar el poder político del proletariado”

O sea siguiendo las máximas de Machiavello en el Príncipe: “El príncipe no puede controlar el amor, pero sí el miedo”. Y siguiendo en la NEP dijo: “Los capitalistas están operando entre nosotros. Están operando como ladrones, tienen ganancias, pero saben cómo hacer las cosas”.O sea el fascismo fue el engendro político surgido de esa apreciación de la realidad, por tanto a partir de otra colusión con el socialismo, que determina el poder absoluto. Es decir, no se respetan los derechos individuales. Los empresarios (capitalistas) ante esa alterativa o abandonan los países o colusionan con el gobierno para salvar su propiedad.

Como antes dijimos el fascismo llega de la mano del Nacionalismo Católico que se pergeñeó finalmente en la Argentina de conformidad con el acuerdo de Mussolini con el papa Pío XI, es decir, el Concordato de Letrán de donde surgió la encíclica Quadragesimo Anno, en la que se encuentran los siguientes principios:

“Por tanto la autoridad pública, guiada siempre por la ley natural y divina e inspirándose en las verdadera necesidades del bien común, puede determinar más cuidadosamente lo que es lícito…”

“El Estado, el cual libre de todo partidismo, de bienestar erigido en soberano supremo árbitro de las ambiciones y concupiscencia de los hombres”.

En función de esos principios llegó Perón y así se impuso a los empresarios la alternativa de la supervivencia. Así ocurrió en la Alemania de Hitler donde las empresas más destacadas colaboraron con el nazismo aun en plena Guerra Mundial. Ese proceso, lamentablemente no terminó con la caída de Perón en 1955, cuando los militares la primera medida que adoptaron fue la ruptura del contrato petrolero con la California.

Debemos tomar conciencia pues que la naturaleza humana es universal, y los comportamientos dependen del sistema ético político en que se encuentra el hombre. De tomar conciencia de esta realidad surgió el sistema contrario del socialismo y el  fascismo, que determinó el respeto por los derechos individuales y la limitación del poder político. De esa concepción político-filosófica surgió el empresariado y la consecuente creación de riqueza por primera vez  en la historia. La política no depende de los empresarios, los empresarios dependen de la política.

La Argentina con votos o sin votos no ha salido en la práctica del proceso que iniciara Perón y la Constitución de 1853-60 pasa por debajo de la mesa de peronistas y no peronistas. Por ello podemos decir que la sociedad, empresarios incluidos, se encuentra perdida en el llano. Son los políticos los que tienen en sus manos la responsabilidad de restituir los principios que llevaran a la Argentina por las cimas de la historia. Tenemos que rescatar las ideas de Alberdi y Sarmiento, a los cuales en la actualidad el gobierno los descalifica por extranjerizantes. Y recordemos una observación del primero que está hoy más vigente que nunca: “Hasta aquí el peor enemigo de la riqueza del país es  la riqueza del fisco”. Y esta realidad no solo se está viviendo en Argentina, sino que puedo decir que la Unión Europea está más quebrada que Argentina. Cuando el gasto público alcanza o supera el 50% del PBI se viola el derecho de propiedad, y cuando esto ocurre desaparecen los empresarios que crean la riqueza, y quedan los que en virtud de la supervivencia “colaboran” con el Estado. En este caso debo recalcar la excepción de la Sociedad Rural y su presidente Luis Miguel Etchevehere, y del presidente de Shell Sr. Aranguren.

Cuando todo el mundo se tiene que ocupar de la política, es precisamente porque esta no funciona como debe, y se vive la incertidumbre y la falta de libertad. Lo necesario es que surjan los políticos que en función de las ideas de la libertad, ofrezcan al público la alternativa del respeto por los derechos individuales. Es posible que ante esa posibilidad surjan empresarios capaces de colaborar directa o indirectamente al rescate de la Constitución.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

Un plan exitoso contra la inflación, en 1829

Por Alejandro O. Gomez. Publicado el 29/1/2014 en

http://opinion.infobae.com/alejandro-gomez/2014/01/29/un-plan-exitoso-contra-la-inflacion-en-1829/

En estos días de turbulencia económica y depreciación del peso, les presento un caso ocurrido en Argentina hace casi 200 años. ¿Ha cambiado algo en todo este tiempo o estamos condenados a vivir las mismas situaciones una y otra vez?

Al finalizar la guerra contra Brasil a mediados de 1828, la situación económica de las Provincias Unidas del Río de la Plata era más que crítica. Los bloqueos al puerto de Buenos Aires y la aduana, implementados por las fuerzas brasileñas, habían cortado la mayor fuente de ingresos del gobierno nacional en manos de Bernardino Rivadavia hasta mediados de 1827, cuando el poder volvería a manos de cada provincia al rechazarse la Constitución de 1826. Al no contar con recursos genuinos, el gobierno nacional primero y el de la provincia de Buenos Aires después, decidieron proveerse de recursos por medio de la emisión de billetes del Banco Nacional (entidad de capitales privados en aquellos años). Así las cosas, “la deuda de la provincia al Banco Nacional aumentó de $11 a $18.000.000 y el importe de papel moneda en circulación de $9.495.143 el 31 de enero de 1828, a $15.289.076 en octubre del mismo año” (Miron Burgin, Aspectos Económicos del Federalismo Argentino, p. 213). A todo esto había que sumarle la gran inestabilidad política que se vivía en la provincia debido al asesinato del gobernador Manuel Dorrego a manos de Juan Lavalle, lo cual hizo que en agosto de 1829 asumiera como gobernador interino Juan José Viamonte.

El nuevo gobernador percibió rápidamente que había que recomponer la situación económica pero no quería tomar decisiones efectistas de corto plazo. En su opinión el principal problema era la “inflación que socavaba el crédito público y hacía ilusorios todos los esfuerzos que se realizaban para equilibrar el presupuesto”; en consecuencia, “la estabilización de la moneda era una condición fundamental para la recuperación” (Burgin, p. 214). Es por este motivo que decidió promover un plan para revalorizar la moneda ya que la alternativa de aumentar los impuestos no sería viable porque esto tendría un impacto doblemente negativo, por un lado frenaría el crecimiento económico, y por el otro, aún recaudándose más, el gobierno estaría recibiendo una moneda con cada vez más devaluada. Es por ello que Viamonte optó por implementar un plan para volver a valorizar la moneda, lo cual a su vez le devolvería poder adquisitivo a los tenedores del billetes del Banco Nacional. Es interesante apreciar que entre 1828 y 1834 se dieron una serie de debates en la Legislatura Provincial que tenían por eje el tema del valor de la moneda, ya que muchos consideraban una estafa al público permitir la depreciación de la moneda porque eso violada la propiedad privada de las personas que recibían esos billetes como pago por sus servicios.

Para tener una idea de la magnitud de la depreciación de la moneda en aquellos años hay que tener en cuenta que en enero de 1826 la onza de oro cotizaba a $17, en enero de 1827 estaba en $51, en enero de 1828 la paridad era de $70, en enero de 1829 bajó a $63, pero luego, en la primera gobernación de Juan Manuel de Rosas, en enero de 1830 el precio de la onza de oro pasa $104, llegando a $134 en abril de ese mismo año. (Burgin, p. 104)

El Plan de Viamonte consistía básicamente en retirar billetes de circulación para que al haber menor oferta de los mismos su valor con respecto al oro se fuera apreciando paulatinamente. Para ello propuso la creación de una Caja de Amortización de Billetes de Banco a la cual se destinarían los billetes recaudados por impuestos especiales (al ganado, importaciones, sellados y patentes, entre otros) que luego serían quemados públicamente todos los meses, quedando expresamente prohibido utilizar ese dinero para cualquier otro fin. Un mecanismo muy sencillo y efectivo a la vez. Tan efectivo fue el plan que, como veremos, terminó siendo víctima de su propio éxito. La Caja de Amortización comenzó a funcionar el 16 de noviembre de 1829 (Viamonte fue gobernador interino hasta el 6 de diciembre de ese año cuando fue reemplazado por Juan Manuel de Rosas quien ejerció su primera gobernación desde esa fecha hasta diciembre de 1832) y en los primeros dos meses sacó de circulación $131.460, aunque a partir de enero de 1830 dejó de quemar los billetes, aún cuando si continuó recaudando billetes hasta finales de 1832, llegando a reunir casi $4.000.000.

De haberse quemado todos los billetes de la Caja de Amortización del plan de Viamonte se hubiera retirado casi el 25% de los billetes en circulación, lográndose una considerable apreciación de los mismos. ¿Por qué no se continuó con el plan en todos sus puntos, manteniéndose solamente la parte recaudatoria del mismo? Podemos mencionar dos razones principales: primero, el gobernador Rosas no estaba de acuerdo con la política de Viamonte, ya que Rosas representaba los intereses de los ganaderos que cobraban en oro sus exportaciones mientras que pagaban los insumos locales en pesos devaluados; por otro lado, la Tesorería de la provincia estaba casi agotada y vio en los fondos de la Caja de Amortización una fuente de financiamiento inmediata, de modo que esos casi $4.000. 000 se utilizaron para solventar los gastos corrientes del gobierno aumentando la oferta monetaria y la depreciación del peso con respecto al oro.

Como vemos en este caso el abuso de la emisión monetaria para solventar el gasto público no es algo nuevo en la historia nacional; ya desde el inicio de la década de 1820 cuando se crea el Banco de Buenos Aires con capitales privados y autorización de emitir billetes convertibles en oro, el gobierno de turno abusó de su influencia para pedir préstamos que nunca devolvería, obligando al banco a emitir sin respaldo en metálico lo que provocó la depreciación de la moneda (un mal que nos “perseguirá” por casi 200 años). El ejemplo del Plan de Viamonte también nos muestra que no hay misterio en cuanto a la resolución del problema de la depreciación de los billetes (antes contra el oro hoy contra el dólar) que se debe a una simple relación de oferta y demanda. Tan sencillo es el tema y tan sencilla, aunque no por eso menos costosa, la solución. Mayor oferta monetaria, mayor inflación, menor oferta monetaria, menor inflación. Así de claro lo vio Juan José Viamonte en 1829 y por ello implementó un sistema para retirar un porcentaje de la excesiva emisión en la que se había caído durante la segunda mitad de la década de 1820. ¿Es posible implementar un plan similar en estos momentos?

Alejandro O. Gomez se graduó de Profesor de Historia en la Universidad de Belgrano, en el Programa de Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Master of Arts in Latin American Studies por la University of Chicago y Doctor en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella.

DEMOCRACIA Y LIBERALISMO

Por Juan Carlos Cachanosky. Publicado el  3/1/14 en   http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/01/03/democracia-y-liberalismo-por-juan-c-cachanosky/

Los pensadores liberales clásicos desde muy antiguo resaltaron la importancia que exista un gobierno con poderes limitados. Se marcó con mucha claridad la diferencia entre la Revolución Gloriosa de 1688 en Inglaterra y la Revolución Francesa de 1789. La democracia sin límites al gobierno se transforma en una dictadura, punto marcado por Platón y Aristóteles hace varios siglos. Para Mises la ventaja de la democracia es que permite el cambio de gobernantes en forma pacífica pero no garantiza que las mayorías voten correctamente. Si las mayorías creen en principios erróneos no hay manera de solucionar el problema.

En la medida que la gran mayoría de las personas no vinculen la democracia con gobierno limitado entonces los hechos parecen demostrar que la democracia sin límites lleva “necesariamente” el germen de la destrucción de una sociedad libre.

El objetivo es ganar votos, esto implica hacer promesas y estas promesas implican violar los derechos individuales y aumento de gasto público. El gasto público creciente no es sostenible si no hay ingresos reales crecientes y es difícil que estos crezcan en medio de privilegios, subsidios, protecciones, etc. La protección arancelaria implica violar el derecho de las personas a comprar libremente. El curso forzoso no deja a las personas defenderse de la inflación, para dar educación a algunos hay que sacarle dinero a otros, lo mismo ocurre con la vivienda digna, para no hablar de football para todos o una aerolíneas de bandera.

Salvo algunos casos muy especiales como Suiza o el Principado de Liechtenstein, en el resto de los países el Estado Benefactor avanza a distintas velocidades pero avanza. Y estos países son presionados continuamente para violar derechos de propiedad.

Los liberales se ven frente a un dilema: si defienden sus principios pierden votos y son calificados como dogmáticos. De lo contrario tienen que ceder en principios para poder ganar votos. El argumento liberal no parece ser “políticamente correcto”. Entendiendo por políticamente correcto renunciar a los principios para llegar al poder. Argentina ha tenido lamentables experiencias en esto, se aplicaron medidas fuertemente intervencionistas en nombre del liberalismo. Hace años había que explicar por qué Martínez de Hoz no era liberal, hoy hay que explicar que los noventa no fueron años liberales. Hay que invertir mucho tiempo en explicar que “no” es liberalismo.

La historia tampoco parece ser una aliada. Reino Unido fue un país muy rico en el siglo XIX y terminó siendo uno de los países más socialistas de Europa en el siglo XX. La abrumadora evidencia empírica no impidió que el Estado Benefactor avanzara en este país hasta volverlo socialista. El Imperio Romano creció gracias a un derecho de propiedad casi impecable y terminó cayendo por la corrupción, el gasto público y la violación de ese derecho. Estados Unidos parece ir en el mismo sentido. En este país pueden pasar de votar un Jimmy Carter, a Ronald Reagan o a un Barack Obama con gran facilidad. Argentina dejó de ser uno de los países más ricos gracias al populismo de Perón en democracia y todos los que lo sucedieron con algunos mínimos intervalos.

Los “argumentos” liberales por más claros que sean no son suficientes. El “argumento” socialista es tanto más poderoso como falso. Pero gana votos. Entonces algunos liberales frustrados empiezan a ceder y a ceder en principios para ganar votos y llegar al ansiado poder.

Obviamente la alternativa no es liberalismo o desastre. Algo de intervencionismo no va a anular el crecimiento de la riqueza, solo lo va a disminuir. El punto es si este intervencionismo leve es estable o, como decía Mises, va generando lentamente más y más intervenciones en la carrera por ganar votos con promesas populistas mientras las promesas liberales los pierden.

La única manera de que las ideas liberales ganen votos es si la gente entiende que el mejor “Estado Benefactor” es el que menos interviene. Que se entienda que el Imperio de la Ley (Rule of Law) es el mejor bien de capital intangible para aumentar sus ingresos. Pero esto implica educación por distintos canales y a distintos niveles. Si no se cambia la manera de pensar de la gente entonces para ganar votos hay que prometer más “paternalismo”. James Buchanan desarrolló la interesante idea de que la naturaleza humana busca protección, al principio en los padres, en un dios, o en el Estado. El ser humano no quiere la incertidumbre. Es muy difícil hacerse cargo del propio destino.

Para hacer las cosas más complicadas las ideas se “compran”, por plata mucha gente se vuelve desleal a propias amistades y obviamente a ideas. Jorge Capitanich estudió en ESEADE, o hicimos un mal trabajo o la plata terminó ganando. Armando Boudou estudió en el CEMA y militó en la UCEDE; también mis amigos del CEMA hicieron el trabajo mal o el dinero triunfó sobre las ideas.

¿Cuánto es el peso que tiene el dinero para ser fiel a amigos, ideas, etc.? En otras palabras ¿cuán vulnerable son las ideas al vil metal? La mayor parte de los empresarios o si se quiere pseudo empresarios no son liberales, sólo les interesa que se defienda “su” propiedad. No están dispuestos a financiar la difusión de las ideas liberales simplemente porque no les conviene. Son muy pocos los empresarios con convicciones liberales firmes. Como decía Adam Smith a los capitalistas hay que imponerles la competencia.

A pesar de todo esto es posible hacer que las ideas liberales triunfen. En la Riqueza de las Naciones Adam Smith afirma que es un absurdo pensar que la libertad de comercio se fuese a imponer en Gran Bretaña. Decía Smith que no solamente los prejuicios del público sino lo que es mucho más grave los intereses creados de individuos privados se resisten al libre comercio. Afortunadamente Smith se equivocó y unos 60 años más tarde Gran Bretaña gozaba de un amplio (aunque no perfecto) libre comercio. Sólo es cuestión de paciencia y que una persona o grupo de personas tenga la claridad de ideas, la capacidad de transmitirlas con sencillez, que tenga el carisma y que tenga el coraje de ganar votos explicando sus ideas y no renunciando a ellas. Después de todo si Argentina pudo sobrevivir a Rosas y a Perón parece que puede sobrevivir a cualquier cosa.

Juan Carlos Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), y Doctor of Philosophy in Economics, International College, California. Es director del Doctorado en Administración de Swiss Management Center. Ex profesor e investigador senior en ESEADE. Fue profesor y director del Departamento de Economía de UCA, (Campus Rosario). Ha sido decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.