La falacia del altruismo socialista

Por Armando Ribas. Publicado el 16/12/13 en:  http://www.laprensa.com.ar/400260-La-falacia-del-altruismo-socialista.note.aspx

 

El desmesurado estado de bienestar está en la raíz de la actual crisis económica de Europa. Reina la confusión ideológica, incluso en Estados Unidos. Los políticos «progresistas» han ganado la batalla por el monopolio de la ética.

El mundo sigue su agitado curso donde reina la confusión. Recordemos: «En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentir, todo es según del color del cristal con que se mira». No puedo menos que lamentar que todo en nuestro mundo occidental y cristiano parece indicar que el color del cristal con que se mira es cada vez más rojo, en nombre del altruismo y la equidad social. La reciente victoria de Barack Obama en las elecciones de Estados Unidos es una prueba evidente del realismo de la observación hecha por Harvey Mansfield y comentada en un artículo de The Wall Street Journal que dijo: «Nosotros tenemos ahora un partido político americano y uno europeo». Esta aparente tergiversación del sistema político estadounidense fue a la que me referí en mi reciente artículo en el que plateé la antítesis entre el Rule of Law y el estado de bienestar europeo.

No puedo menos que considerar que el estado de bienestar ha sido el causante de la crisis y el presente malestar en Europa. Tanto que cada vez más se hace evidente la pretensión de los ingleses de abandonar la Unión Europea. El estado de bienestar no es más que marxismo vía Eduard Bernstein que en 1899 escribió Las precondiciones del socialismo donde expresó que el socialismo no requería de la revolución del proletariado predicha por Marx sino que se alcanzaría democráticamente. A los hechos me remito y debo asimismo recordar que en su obra comenzó por incurrir en la mayor confusión histórico-filosófica que fue el decir: «El socialismo es el heredero legítimo del liberalismo. No hay ningún pensamiento liberal real que no pertenezca también a los elementos de la idea del socialismo».

Esa es la más equívoca aseveración que podría hacerse al respecto, pues el liberalismo parte de una concepción ética antitética al socialismo. En primer lugar la esencia ética del liberalismo es el reconocimiento de la naturaleza humana tal cual es y no de cómo debe ser. Consecuentemente al mismo tiempo que acepta el principio del derecho del hombre a la búsqueda de su propia felicidad, admite la necesidad de la limitación del poder político. Como bien dijera John Locke: «Los monarcas también son hombres».

Por el contrario el principio básico del socialismo es la falacia del altruismo. Como bien señalara Ayn Rand: «El principio básico del altruismo es que el hombre no tiene derecho a existir por sus propios motivos, que el servicio a los demás es la única justificación de su existencia». Y el altruismo es la falaz esencia del socialismo, que no es más que la demagogia para alcanzar el poder político absoluto en nombre de los derechos del pueblo.

DOS PROBLEMAS

Debo tener en cuenta dos problemas lexicológicos. El primero es que en Estados Unidos, no se por qué razón, se ha tergiversado la naturaleza filosófica del liberalismo y confundido con el socialismo en el orden político. La segunda no menos importante es el capitalismo. El capitalismo se considera un sistema económico, que para sus detractores marxistas, está éticamente descalificado a partir de que es la explotación del hombre por el hombre, sustentada en la falsa teoría del valor trabajo. Aun la Escuela Austriaca, defensora del sistema capitalista, incurre en el error de considerarlo un sistema económico que habría surgido a partir de las ideas de Carl Menger expuestas en sus Principios de Economía Política.

En esa obra el autor pretende rescatar las ideas de la Escolástica del Siglo de Oro español. En principio no estoy en desacuerdo en rescatar las ideas de Juan de Mariana, y reconocer por tanto que la validez de las ideas no depende de la nacionalidad ni de la raza. Por tanto ello no significa pretender descalificar el pensamiento filosófico inglés que dio origen al Rule of Law, por el error de Adam Smith de aceptar la teoría del valor trabajo.

Que Benthham y su utilitarismo, Mill y su socialismo y Thomas Hobbes y su Leviathan hayan sido ingleses, no permite desconocer los fundamentos de la libertad que surgieron del pensamiento de Locke y Hume, incluyendo la mano invisible de Adam Smith. Fue ese pensamiento que trasladado al continente americano por los Founding Fathers, se constituyó en la razón de ser del sistema que permitiera la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia.

¡ES LA ETICA!

Ese sistema como no me canso de repetir, no es económico sino ético, político y jurídico y la economía es la consecuencia. Por ello creo más que importante el defender los derechos individuales y la limitación del poder político como la esencia de la libertad, y consecuentemente la razón de ser de la creación de riqueza, que ha desparecido en Europa en función de la iniquidad de la supuesta equidad del altruismo del estado de bienestar. Lamentablemente la confusión presente al respecto de ignorar la diferencia histórico-filosófica entre Estados Unidos y Europa continental, provocan que aun hoy se pretenda culpar a la crisis bancaria norteamericana por la crisis europea, que -como lo reconoce el FMI- persiste en 2012 y continua en 2013.

Me atrevería a firmar que lamentablemente el Sr. Romney en las recientes elecciones presidenciales de los Estados Unidos careció de la sabiduría de defender los principios ético-políticos del Rule of Law, que le permitieron a Estados Unidos transformarse en la primera potencia mundial en solo cien años.

Esa falla permitió que tal como lo señala John Allison se culpara de la crisis financiera estadounidense a la falta de regulación de los bancos y a la avaricia de Wall Street. La causa de la crisis fue sin lugar a dudas el producto de la demagogia de Carter de sostener que todos los ciudadanos americanos tenían el derecho a una casa propia, y en función de ello se crearan Fannie May y Freddie Mac para que le prestaran a quienes no tenían con que pagar. Entretanto Alan Greenspan creaba los dólares desde la Fed.

En fin, la demagogia del estado de bienestar está presente en función de la avaricia de los capitalistas y se ignora la voluntad de poder que se basa en el altruismo de los políticos de izquierda, que monopolizan la ética, tal como lo expresara Thomas Sowell. La consecuencia es la crisis económica y así como la creciente corrupción que alcanza a Bruselas y por supuesto en nuestra América Latina ni que decir.

Entonces, aprendamos que lo que estamos defendiendo no es el capitalismo como sistema económico, por más que hasta la Escuela Austriaca se refiera al orden espontáneo como el carácter del mercado, e ignore que esa espontaneidad de comportamiento depende precisamente del respeto por los derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y la búsqueda de la propia felicidad. En ese sistema las mayorías no tienen el derecho a violar los derechos de las minorías que garantiza la Constitución y por tanto la limitación del poder político en manos del poder judicial. Como bien señalara Alexander Hamilton: «No hay libertad si el poder de juzgar no está separado de los poderes legislativo y ejecutivo».

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

Sandy, las mentiras y el populismo

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 5/11/12 en http://m.eltiempo.com/opinion/columnistas/alejandrotagliavini/sandy-las-mentiras-y-el-populismo-alejandro-a-tagliavini-columnista-el-tiempo/12357994

«Como todo en la naturaleza se regenera y crece, este desastre puede impulsar el mercado y la construcción, y esto produciría una reinversión inteligente que mejoraría las áreas afectadas.»

Me encantaría ser socialista, porque coincido con sus «intenciones humanitarias», sino fuera que no le creo a la violencia, no le creo ni cuando se escuda en una supuesta «defensa» propia (los mejores métodos de defensa son pacíficos). No creo que los guerrilleros, los  revolucionarios, sean más que simples homicidas, como lo fueron los «libertadores» de países que bien pudieron liberarse -si es que hacía falta- de manera pacífica como lo hicieron Canadá, la India y tantos otros.

Quizás algo de buena intención tenía, después de todo es un ser humano, Obama cuando dijo que no estaba «preocupado por las elecciones; mi prioridad es salvar vidas» frente a Sandy. Pero ¿no había algo de demagogia? Obama es el jefe de una organización, cuya esencia es el monopolio de la violencia dentro del territorio de EE. UU., y definitivamente la violencia solo puede destruir, por mucho que muchos crean que puede salvar vidas. Solo una organización basada en el servicio y cooperación voluntarios, como el mercado natural, puede ocuparse de eso.

También Romney suspendió su campaña y calculaba sus movimientos. El dolor humano muchas veces ha sido utilizado con bajeza por la política. Obama puede rentabilizar la identificación entre la «autoridad» y el pueblo que ve cómo el Estado «encabeza la defensa contra los desastres que provoca la naturaleza». ¿Pero es tan así? Al paso de Sandy se han paralizado varios estados, pero analizando la situación fríamente surge que los principales problemas o daños se produjeron en los sistemas de transporte y de provisión de energía que son o completamente estatales o fuertemente regulados por el Estado. Y, por la falta de transporte o energía, la actividad privada se vio afectada; por caso, el cierre de Wall Street, que no había detenido sus operaciones desde el 11-S.

La MTA -el regulador del transporte- dice que fue el mayor reto en los 108 años de vida del metro de Nueva York, el más grande del mundo. ¿Sí? ¿En pleno siglo XXI, con todo el avance tecnológico que existe? El alcalde de Nueva York, Bloomberg, aseguró la noche del lunes que el servicio de emergencia recibía 10.000 llamadas cada media hora, diez veces más que lo habitual. «Llamen solo si su vida está amenazada», pidió. Típico de las empresas estatales, sus constantes llamados al ahorro, como en energía eléctrica, al ser incapaces de proveer al mercado, no encuentran mejor «política comercial» que pedir que «se ahorre por el bien de todos», cuando lo que habría que hacer es dejar que la actividad privada y competitiva provea de todo lo necesario.

Según las estimaciones, los daños superarían a los provocados por Irene en 2011, quizás unos US$ 20.000 millones (mientras que las aseguradoras perderán unos 10.000 millones), pero no tanto como Katrina en 2005, que costó US$ 108.000 millones y hubo 1.200 muertos. Ahora, en buena parte el desastre de Katrina se produjo porque los diques de contención habían sido muy mal diseñados por el gobierno, diques que podían haber sido bien construidos por las aseguradoras privadas.

En fin, como todo en la naturaleza se regenera y crece (Dios saca bien de mal, dirían los religiosos), este desastre puede impulsar el mercado,  la construcción, y esto produciría una reinversión inteligente que mejoraría las áreas afectadas, con un beneficio que podría llegar a los US$ 36.000 millones, dicen muchos analistas. 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.