El drama educativo argentino: de los maestros a los trabajadores de la educación

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 5/2/2020 en: http://economiaparatodos.net/el-drama-educativo-argentino-de-los-maestros-a-los-trabajadores-de-la-educacion/

 

El promedio de las provincias argentinas registra en la escuela primaria estatal 12,4 alumnos por docente (NA)
El promedio de las provincias argentinas registra en la escuela primaria estatal 12,4 alumnos por docente (NA)

En su momento se decía: “con una buena cosecha nos salvamos”. Ahora se puso de moda preguntar por Vaca Muerta, esperando que, milagrosamente, ese yacimiento gasífero nos salve de la decadencia. La mente de buena parte de la población argentina y de la mayoría de la dirigencia política está puesta en creer que los recursos naturales son riqueza.

Tenemos que tener en claro que ni la pampa húmeda, ni Vaca Muerta van a sacarnos de nuestra decadencia si previamente no tenemos instituciones, es decir reglas de juego que generen los incentivos para invertir y trabajar. Pero esas instituciones se basan en los valores que imperan en una sociedad. ¿Cultura de la dádiva o cultura del trabajo? ¿Competencia o proteccionismo para vender productos de mala calidad y a precios más altos que en condiciones de competencia? ¿Vivir del trabajo propio o del trabajo ajeno?

La realidad es que, además de tener los valores necesarios para poder sostener instituciones que induzcan la inversión, también hay que preparar a las nuevas generaciones para enfrentar los cambios tecnológicos que vemos día a día. De manera que tener un pueblo preparado, con un buen sistema educativo, va a ser clave para lograr una tasa de crecimiento sostenida y con altos niveles de ingreso.

La generación del 80 apostó a la educación. Domingo Faustino Sarmiento fue su gran impulsor pero Julio Roca fue el que más escuelas construyó. Ambos vieron en un pueblo educado las bases para tener un país que pudiera progresar.

En Argentina muchos se llenan la boca hablando de educación pero lamentablemente, desde que los maestros dejaron de llamarse maestros y pasaron a llamarse trabajadores de la educación, la educación pública es cada vez de menor calidad, y tampoco sobresale la privada.

El sindicalismo pasó a copar el manejo de la educación y los contenidos son propios de un populismo que enaltece al líder político al tiempo que deliberadamente distorsiona nuestra historia. Pueden hacer la prueba preguntándole a un chico de 12, 14 o 15 años quién fue Juan Baustista Alberdi y verán que no lo conocen. Y si se les pregunta qué se festeja el 25 de Mayo suelen contestar “la Independencia de Argentina”. Y si se le repregunta y les dice: ¿y el 9 de Julio, que se conmemora?, no sabrán qué responder. Finalmente, están las pruebas PISA que muestran lo mal que viene la educación en Argentina.

El gráfico anterior muestra el gasto público consolidado provincial destinado a la educación básica desde 1980 hasta 2017 como porcentaje del PBI. En 1980 se destinaba a educación básica el 1,26% del PBI y en 2017 se destinó el 3,63%, de acuerdo a los datos del Ministerio de Economía. Es decir, los recursos se multiplicaron casi por 3. ¿Dónde fueron a parar tantos recursos?

La relación entre cantidad de alumnos de colegios primarios estatales respecto de la cantidad de docentes, según datos del anuario estadístico del Ministerio de Cultura para 2018, revela que para el promedio país da 12,4, con provincias que prácticamente tienen una educación personalizada como pueden ser los casos de Catamarca, La Pampa, Río Negro, entre otras.

Como comparación se pueden tomar dos referencias. Los colegios privados argentinos y la misma relación para la UE.

En el primer caso, la estadística una relación promedio que duplica a la observada en la escuela estatal: da 24,1 alumnos por docente. A pesar del Estatuto Docente, hay una relación promedio bastante potable, considerando que lo ideal es tener por aula entre 25 a 30 alumnos máximo para poder hacer un intercambio adecuado entre el maestro y los alumnos.

Esto vale para todos los niveles de enseñanza, incluso para postgrados, si entendemos cómo enseñar el intercambio entre el alumno y el docente, de manera que el docente pueda generar inquietudes intelectuales entre sus alumnos.

Mientras que en segundo caso, la relación alumno sobre docente en países europeos, de acuerdo a los datos de Eurostat, el promedio arroja 14,7 alumnos por docente pero con países como Francia que tienen una relación de 16,9, en Reino Unido 19,5 y Dinamarca 16,7, entre otros.

Uso poco eficiente de los recursos

Todo parece indicar que Argentina no es que esté destinando pocos recursos a la educación, sino que está dilapidando recursos por el Estatuto del Docente que ha generado una acumulación de “noquis” en el sistema.

A modo de ejemplo, en CABA había, en 2016 más docentes interinos: 43.761, que titulares: 38.328. Además, se sumaban 30.218 suplentes, representaban 79% de los titulares. Y 11.122 transitorios. Un verdadero delirio donde se privilegia al “trabajador de la educación” en vez de privilegiar la educación.

No es casualidad que en 2011 el 24,8% de los alumnos de colegios primarios se pasaron a colegios privados, aumentando al 27,1% en 2018, de acuerdo al boletín estadístico del Ministerio de Educación. La gente hace el esfuerzo de mandar a sus hijos a colegios privados porque la educación pública cayó en manos de dirigentes sindicales que se asemejan más a dirigentes políticos y el tema educativo queda relegado a último plano.

En síntesis, para poder progresar, cualquier país va a necesitar un sistema educativo de excelencia en que prime la calidad educativa. Sin eso no hay chances que las nuevas generaciones puedan adaptarse al trabajo cerebro intensivo que se da a raíz de los avances tecnológicos.

Si encima a los chicos se les enseña en las escuelas que unos son pobres porque otros son ricos, creamos las condiciones ideales para que el éxito, el esfuerzo personal y la capacidad de innovación sean rechazadas por las nuevas generaciones e impere la envidia al éxito ajeno.

La mezcla de ignorancia de muchos docentes, de dilapidación de recursos y del sindicalismo de los trabajadores de la educación está condicionando el futuro de la Argentina, llevándola a perpetuar la pobreza. Y la pobreza y la ignorancia es tierra fértil para que broten las tiranías.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Una represa minera colapsa, muere gente y se destruyen poblaciones: faltan derechos de propiedad

Por Martín Krause. Publicada el 10/4/16 en: http://bazar.ufm.edu/una-represa-minera-colapsa-muere-gente-y-se-destruyen-poblaciones-faltan-derechos-de-propiedad/

 

Más de una vez hemos planteado en el libro “El Foro y el Bazar” y aquí en el blog la importancia de los derechos de propiedad claramente definidos para la resolución de muchos problemas ambientales. Ahora, una tragedia en Brasil, analizada por el Wall Street Journal Americas, plantea un caso donde se podría analizar eso como una solución, en lugar de regulaciones que, en definitiva, no funcionan. El artículo, titulado “Las presas de desechos de las mineras son cada vez más grandes y riesgosas” fue publicado por La Nación aquí: http://www.lanacion.com.ar/1886137-las-presas-de-desechos-de-las-mineras-son-cada-vez-mas-grandes-y-riesgosas

Comienza informando sobre la tragedia:

“El 5 de noviembre, una represa de tierra que contenía este mar de lodo colapsó, provocando una inundación que cobró la vida de 19 personas, destruyó poblaciones y recorrió más de 640 kilómetros camino al Océano Atlántico, donde dejó una mancha café rojiza visible desde el espacio. La represa de casi 30 pisos de altura y con capacidad para 55 millones de metros cúbicos de desechos mineros, fue la estructura más grande de su tipo en quebrarse.”

¿Qué son las represas de tierra? “De Chile a Australia, la búsqueda de economías de escala ha llevado a las empresas mineras a excavar canteras más grandes y profundas, lo que ha creado volúmenes récord de desechos. Para almacenar estos residuos, han construido algunas de las estructuras más colosales que el hombre haya hecho en el planeta. Conocidas como presas de relaves, estos terraplenes contienen depósitos de lodo, roca finamente molida y agua que queda después de separar los metales de los minerales.”

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¿Cómo se puede evitar que esto suceda, o si ocurre, que se reparen los daños ocasionados? La primera respuesta de todos es la que el estado debe regular. ¿Ha funcionado la regulación? Dice el artículo:

“Samarco, (la minera), bajo investigación por posible delito en Brasil en relación con el desastre, dice que Fundão cumplía con los requerimientos legales y regulatorios, y que no mostraba signos de problemas estructurales antes de que colapsara, una posición que uno de sus consultores cuestiona. Vale y BHP Billiton han dicho que la represa era responsabilidad de Samarco. Las tres compañías han cooperado en los esfuerzos de alivio a la población y han prometido reconstruir las viviendas. En marzo acordaron gastar un mínimo de 9.460 millones de reales (US$2.600 millones) en la limpieza.”

Más adelante, el artículo señala:

“En el caso de Brasil, los funcionarios reconocen que la supervisión de los reguladores es escasa. Los fiscales dicen que el Departamento Nacional de Producción Mineral (DNPM) tenía dos especialistas en seguridad para monitorear más de 300 relaves en el estado de Minas Gerais antes del accidente.”

No siempre debería ser así, ni lo es. Se reconocen algunos casos positivos:

“Algunas presas cerradas se mantienen estables y hasta cierto punto armonizan con el entorno. Antofagasta Minerals PLC está reforestando con plantas nativas su descomunal presa de Quillayes en Chile, que cerró en la década pasada, para absorber toxinas y restaurar la zona con el fin de que se parezca a su estado natural. La presa de la cerrada mina de oro Cannon, en Wenatchee, estado de Washington, ha sido convertida en el área de cabalgatas Dry Gulch.”

¿Cómo hacer que todas actúen de esta forma y no como en Brasil? La respuesta es, derechos de propiedad. SI estuvieran claramente definidos todo daño debería ser reparado y compensado. Las mineras seguramente buscarían asegurar ese riesgo y serían las aseguradoras las que controlarían las medidas tomadas para que eso no ocurra, y si ocurriera sería un “siniestro” del cual tienen que hacerse cargo. Los incentivos serían muy fuertes para tomar esto en cuenta y evitarlo, ya que en tal circunstancia todos pierden. Eso no ocurre ahora, los reguladores no tienen incentivos tan fuertes como los aseguradores, o los accionistas de las mismas empresas que verían caer el valor de sus acciones, o los banqueros que las financian que temerían no recuperar sus préstamos. Todos estarían evaluando ese riesgo, pero éste sólo existe si hay que hacerse cargo de los daños a la propiedad de los demás.

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).