Contra la ideología

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 7/4/19 en: https://www.cronista.com/columnistas/Contra-la-ideologia-20190407-0017.html

 

En otras oportunidades he escrito sobre esta materia. La primera vez hace más de cuatro décadas en un texto titulado “El liberalismo como anti-ideología”. Una expresión que en su versión más generalizada se equipara a algo cerrado, terminado e inexpugnable, cuando precisamente, el espíritu liberal alude por antonomasia a un proceso abierto de conocimiento siempre provisorio y dispuesto a refutaciones.

La parla convencional no se refiere entonces al sentido inocente del diccionario, ni a la acepción marxista de “falsa conciencia de clase”. Como queda dicho, apunta a la anteojera intelectual.

 

Sin embargo, muchas veces cuando no hay argumentación se tilda de “ideólogo” a quien expone una teoría distinta de la esgrimida por la contraparte. En lugar de refutar se opta por la adjetivación que revela falta de biblioteca.

 

En repetidas oportunidades al utilizar ese calificativo se pone de manifiesto lo que el premio Nobel en economía Friedrich Hayek ha explicado en su ensayo titulado “Los hechos en las ciencias sociales”. Allí señala con detenimiento que resulta tragicómica la referencia a los hechos a que aluden muchos economistas sin percatarse que no son cosas ciegas que trasmiten de por si resultados sino que exigen interpretación por parte del observador. El hecho desnudo no dice nada si no descansa en un esqueleto conceptual que explique el fenómeno. Lo mismo subraya Robin Collingwood en sus célebres conferencias de historia en la Universidad de Oxford.

No es que se patrocine el relativismo epistemológico en ciencias sociales debido a la interpretación de fenómenos complejos. Muy por el contrario,  quienes mejor interpreten esos procesos estarán más cerca de la verdad, lo cual se va puliendo en un azaroso camino de corroboraciones provisorias  por lo que los esfuerzos deben redoblarse para captar islotes de conocimiento en el mar de ignorancia que nos envuelve. Las cosas son independientemente de la opinión que se tenga de ellas. Como apunta Ludwig von Mises en su tratado de economía, no se trata de encajar de contrabando los propios valores, se trata de interpretar con rigor los sucesos en el contexto de las ciencias sociales puesto que proclamar que “los hechos hablan de por si constituye un despropósito manifiesto”.

En realidad, no cabe la refutación empírica para quien sostenga que la Revolución Francesa se originó en los estornudos de Luis XVI, solo se puede contradecir en el nivel del razonamiento sobre interpretaciones respecto a las conjeturas de los propósitos de los actores presentes en ese acontecimiento.

La hermenéutica surge incluso en la comunicación cotidiana que no opera como un scaner en el sentido de que el receptor recibe sin más el mensaje tal como fue emitido, demanda interpretación. También aquí está presente el método popperiano al efecto del mayor rigor posible.

En resumen, el uso peyorativo del término no clarifica el debate, solo es pertinente referirlo a fanáticos y a psedudoculturas alambradas que no están abiertas al conocimiento y al consecuente debate.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

 

 

Contra la ideología

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

He apuntado en otros escritos que el uso generalizado de la expresión “ideología” no calza con la definición del diccionario de conjunto de ideas (también en el sentido utilizado primeramente por Destutt de Tracy en 1786), ni con la marxista de “falsa conciencia de clase” sino de algo terminado, cerrado e inexpugnable, en otros términos, una pseudocultura alambrada. Como también he escrito, esta última acepción, la más común, es la antítesis del espíritu liberal puesto que esta tradición de pensamiento requiere de puertas y ventanas abiertas de par en par al efecto de incorporar nuevo conocimiento ya que éste demanda debates entre teorías rivales puesto que el conocimiento es siempre provisorio abierto refutaciones.

 

Una vez precisado lo anterior, conviene enfatizar que, al contrario de lo que sostienen algunos profesionales de la economía en cuanto a que hay que “manejarse con los hechos”, en ciencias sociales, a diferencia de las físico-naturales, no hay hechos con el mismo significado de éste último campo de estudio fuera del andamiaje conceptual que interpreta los diversos sucesos. Sin duda que las físico-naturales también requieren de interpretación pero en un sentido distinto debido a que, como decimos, los llamados “hechos” son de naturaleza destinta.

 

No es que se patrocine el relativismo epistemológico en ciencias sociales debido a la interpretación de fenómenos complejos. Muy por el contrario, quienes mejor interpreten esos fenómenos estarán más cerca de la verdad, lo cual se va puliendo en un azaroso camino que, como señalamos, es de corroboraciones provisorias y refutaciones. En un proceso abierto de competencia, los estudiosos que mejor interpreten y mejor explican esos fenómenos serán los de mayor rigor. Esto no solo sucede con los economistas y cientistas sociales, sino también con los historiadores.

 

Esta cuestión de confundir planos científicos en las ciencias sociales empujan a que se aluda a los “hechos” como si se tratara de constatar la mezcla de líquidos en un tubo de ensayo del laboratorio puesto que, a diferencia del campo de las ciencias físicas, se trata de acción humana (las piedras y las rosas no tienen propósito deliberado).

 

El premio Nobel en economía Friedrich Hayek en su ensayo titulado “The Facts of the Social Sciences” (Ethics, octubre, 1943 y expandido en tres números sucesivos de Economica) explica que los llamados hechos en ciencias sociales “no se refieren a ciertas propiedades objetivas como las que poseen las cosas o las que el observador puede encontrar en ellas, sino a las visiones que otros tienen sobre las cosas […] Se deben abstraer de todas las propiedades físicas de las cosas. Son instancias de lo que se suelen llamarse conceptos teleológicos, esto es, se pueden definir solamente indicando la relación entre tres términos: un propósito, alguien que mantiene ese propósito y el objeto que la persona considera apropiado como medio para ese propósito”. Por eso cuando el historiador “explica porque se hace esto o aquello se refiere a algo que se encuentra más allá de lo observable” nos explica Hayek en el mismo ensayo en el que concluye que “la teoría social […] es lógicamente previa a la historia”. Es decir, prestamos atención a los fenómenos basados en un esqueleto teórico previo ya que no se trata de cosas que se miran en el mundo físico sino de nexos causales subyacentes e inseparablemente unidos a la interpretación de los sujetos actuantes.

 

Lo dicho en modo alguno permite suponer que el buen historiador interponga sus juicios de valor en la descripción de lo que interpreta. Ludwig von Mises destaca (en Theory and History, Yale University Press, 1957) que resulta impropio que en la descripción histórica se pasen de contrabando los valores del que describe. Entonces, una cosa es la subjetividad presente en la selección de los fenómenos y su respectiva interpretación y otra bien distinta es el incrustar juicios de valor, sin desconocer, claro está, que la declaración de esforzarse con seriedad y honestidad intelectual por realizar una interpretación adecuada constituye en si mismo un juicio de valor.

 

Como se ha dicho, cuando se trasmite la noticia circunscripta a que fulano murió esto corresponde al campo de las ciencias naturales (un fenómeno biológico), pero si se notifica que fulano dejó una carta antes de morir estamos ubicados en el territorio de las ciencias sociales donde necesariamente cabe la interpretación de la referida misiva y todas las implicancias que rodean al caso. En realidad, no cabe la refutación empírica para quien sostenga que la Revolución Francesa se originó en los estornudos de Luis XVI, solo se puede contradecir en el nivel del razonamiento sobre interpretaciones respecto a las conjeturas sobre los propósitos de los actores presentes en ese acontecimiento. En ciencias sociales, no tiene sentido referirse a “los hechos” extrapolando la idea de las ciencias físico-naturales.

 

Todo esto nada tiene que ver con la objetividad del mundo que nos rodea, es decir, que posee una naturaleza, propiedades y atributos independientemente de lo que los sujetos consideren que son. Es otro plano de debate. Lo que estamos ahora considerando son las apreciaciones y las evaluaciones respecto a las preferencias, gustos y propósitos de seres humanos.

 

Es por cierto también paradójico que resulte muy frecuente que los partidarios de sistemas autoritarios tilden de “ideólogos” a los que se inclinan por la sociedad abierta que son, por definición, los que promueven procesos pluralistas en el contexto de debates en los que se exploran y contrastan todas las tradiciones en libertad, cuando en realidad aquellos, los autoritarios, son por su naturaleza ideólogos impermeables a otras ideas en libertad debido a su cerrazón mental. Hay que distinguir con claridad los que reclaman que entre aire fresco a una habitación con un pesado tufo a encierro, de los que pretenden mantener y acrecentar esa situación hasta la asfixia total.

 

Robin Collingwood (en The Idea of History. Oxford Univesity Press, 1956) escribe que “en la investigación histórica, el objeto a descubrir no es el mero evento sino el pensamiento expresado en el” y en su autobiografía (Fondo de Cultura Económica, 1939/1974) subraya que a diferencia de la historia “las ciencias naturales, tal como existen hoy y han existido por casi un siglo, no incluyen la idea de propósito entre las categorías con que trabajan […] el historiador debe ser capaz de pensar de nuevo, por si mismo, el pensamiento cuya expresión está tratando de interpretar” y, en ese contexto rechaza “la historia de tijeras y engrudo donde la historia repite simplemente lo que dicen las ´autoridades´ [… ] El ser humano que en su capacidad de agente moral, político y económico, no vive en un mundo de ´estrictos hechos´a los cuales no afectan los pensamientos, sino que vive en un mundo de pensamientos que cambian las teorías morales, políticas y económicas aceptadas generalmente por la sociedad en que él vive, cambia el carácter de su mundo”.

 

Por todo esto es que Umberto Eco (en su disertación “Sobre la prensa” en el Senado romano y dirigido a directores de periódicos italianos, en 1995) consigna que “con excepción del parte de las precipitaciones atmosféricas [que son del área de las ciencias naturales], no puede existir la noticia verdaderamente objetiva” en el sentido a que nos hemos referido en las ciencias sociales, a lo que agregamos que dado que en las ciencias sociales tiene un gran peso la hermenéutica, debe destacarse que la comunicación no opera como un scaner en el sentido de que el receptor recibe sin más el mensaje tal como fue emitido.

 

En resumen -y esto no es un juego de palabras- podrá decirse que la objetividad precisamente consiste en la adecuada interpretación subjetiva de los fenómenos bajo la lupa…pero, insistimos, hay que tener bien en cuenta que no es objetiva en la acepción habitual del término, en cuyo contexto las deliberaciones en las que hemos incursionado aquí tal vez sirvan para poner en perspectiva las consecuencias y la importancia de separar metodológicamente las ciencias naturales y las sociales, al efecto de no confundir planos y no llegar a conclusiones apresuradas.

 

Entonces, es del todo inconducente mantener que el economista, el historiador o el cientista social “no hacen ideología” (en un sentido irónico y peyorativo) para referirse impropiamente al antedicho andamiaje conceptual, sino que se basan en “los hechos” como si esto tuviera algún sentido en ciencias sociales, tal como subraya Hayek y tantos otros filósofos de la ciencia.

 

El ideólogo es por naturaleza un dogmático clausurado a las contribuciones de nuevas ideas y teorías que explican de una mejor manera el fenómeno estudiado. Al ideólogo no le entran balas ni es capaz de contra-argumentar, se encapricha en circunscribir lo que recita sin someter a revisación ninguna parte de su verso que machaca hasta el hartazgo.

 

Solo a través del estudio crítico y el debate abierto es que resulta posible el progreso en el conocimiento, tal como lo han puesto de manifiesto autores de la talla de Karl Popper. Por su parte, cientistas sociales empecinados en “guiarse solo por los hechos” demuestran su ignorancia supina en la materia que pretenden conocer, con lo que contribuyen a difundir un ejercicio metodológico incompatible con su propio campo y así, en definitiva, introducen una férrea ideología.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.