La tasa de interés no es la fuente de la prosperidad

Por Iván Carrino. Publicado el 1/8/19 en: https://www.inversorglobal.com/2019/08/la-tasa-de-interes-no-es-la-fuente-de-la-prosperidad/

 

Sin modificar cuestiones de fondo, bajar la tasa nos lleva a un estallido inflacionario.

Con la campaña electoral llegando a la recta final de su primera etapa (en 15 días tenemos elecciones Primarias), los candidatos se pelean por aparecer en los medios e instalar temas que atraigan la atención.

Así fue que, al mejor estilo militante del Frente de Izquierda, Alberto Fernández le dijo a Roberto Navarro que para pagar un aumento del 20% de las jubilaciones, iba a dejar de pagar los intereses de las Leliq.

En concreto, la pregunta de Navarro fue: “¿De dónde va a sacar los cientos de millones para subir las jubilaciones?”. Inmediatamente, Alberto respondió: “Vamos a dejar de pagar los intereses de las Leliq que está pagando la Argentina todos los días” (el momento exacto es el minuto 28:11 de esta entrevista).

Las declaraciones fueron propias de un militante del Partido Obrero, pero técnicamente peor fundamentadas. Es que por lo menos en el PO sugieren que se use la plata que el Tesoro (Dujovne) le gira al FMI en concepto de repago de deudas para dársela “al pueblo”. Para el neo-kirchnerismo del señor Fernández, lo que debería usarse es el dinero del BCRA (Sandleris), casi un imposible técnico.

Ahora bien, más tarde muchos salieron a aclarar y dijeron que, en realidad, lo que Alberto quiso decir fue que se iban a pagar menos intereses de Leliq porque éste obligaría al Banco Central a bajar la tasa de interés de referencia.

He aquí donde está el verdadero meollo del asunto. Es que para los economistas del kirchnerismo, la tasa de interés es la clave de todo progreso económico y social.

Tanto es así que el plan económico del Frente de Todos podría resumirse en esta secuencia de 5 pasos:

1) Se baja la tasa,

2) entonces crece la economía,

3) entonces aumenta la recaudación,

4) entonces puede financiarse todo el gasto populista prometido en campaña,

5) entonces crece más la economía por el gasto,

6) entonces Argentina es el paraíso terrenal.

Lamentablemente, este razonamiento es totalmente ingenuo y descabellado.

La tasa de interés en una economía de trueque

Si todo fuera tan fácil como bajar la tasa, solo se explicaría con maldad y odio que alguien no hubiera intentado hacer esto antes. Lamentablemente, muchos sí lo intentaron y sumieron a sus países en crisis monetarias e hiperinflaciones.

El problema es no entender la naturaleza del interés.

Para ello, remontémonos a lo que ocurre en una economía sin dinero.

¿Es posible que allí haya interés? La respuesta es afirmativa.

Supongamos que José tiene dos manzanas que no va a consumir en lo inmediato. María, su vecina, necesitaría hoy esas manzanas, ya que quiere utilizarlas para hacer un budín. En este contexto, es posible que José le preste a María las dos manzanas a cambio de que se las devuelva más adelante.

Ahora dado que José está sacrificando la posibilidad de usar dichas manzanas en el momento que quiera, María seguramente le ofrezca, a cambio del préstamo, devolverle más manzanas en el futuro.

Así, por ejemplo, podría ocurrir que, a cambio de las dos manzanas hoy, María le devuelva en el futuro dos manzanas y media.

Como se observa, en una economía de trueque, también hay una tasa de interés, que en este caso sería del 25%. Te presto un capital inicial de 2, me devolvés un capital final de 2 y medio.

¿De qué depende la tasa?

Sabiendo que existe, en una economía sin dinero y sin Banco Central, una tasa de interés, pasemos ahora a analizar de qué tres cosas depende dicha tasa.

En primer lugar, depende de la preferencia temporal de José. Si José prefiere consumir antes en el tiempo las manzanas, entonces será mucho más difícil que decida prestarlas. Ahora bien, si prefiere consumirlas “más adelante”, entonces las tendrá disponibles para dárselas a María.

Un segundo factor que influye es el riesgo del préstamo. Por ejemplo, si María en lugar de hacer budines se dedicara a salir a pasear y tirar las manzanas por el piso por diversión, entonces la posibilidad de que devuelva el préstamo es menor. Así, es probable que ella, con tal de obtener sus dos manzanas hoy, ofrezca una compensación mayor en el futuro.

A mayor riesgo de impago, mayor tasa de interés.

Por último, también influirá un tercer factor, que es el deterioro de las manzanas. Si se espera que las manzanas que devuelva María en el futuro estén todas machucadas y medio podridas, entonces José le pedirá más manzanas a cambio de las dos que presta hoy, de manera de al menos agarrar algunas que estén en condiciones de ser consumidas.

Como se observa, si la preferencia temporal es baja (la gente elige posponer su consumo al futuro), si el riesgo es bajo, y la expectativa de descomposición de las manazas es baja, también será baja la tasa de interés.

Y si es baja la tasa de interés, habrá más consumo de manzanas y más producción de budines. Pero esa tasa de interés no es un acto de magia o voluntad gubernamental. Depende de estas tres cosas que mencionamos.

La tasa de interés, el Banco Central y Jauja

En una economía monetaria con Banco Central, las cosas pueden parecer muy distintas, pero no lo son.

De acuerdo con Alberto Fernández, Guido Sandleris sube la tasa de interés y no responde a “las necesidades de millones de argentinos, de nuestras pymes, de nuestras grandes empresas, de la Argentina productiva”. Si él gana, promete bajar las tasas para “que se recupere el crédito y se puedan reorientar recursos desde lo financiero a lo productivo”.

Ahora volviendo a nuestro ejemplo anterior, la tasa de interés no es una decisión gubernamental. Mucho menos en un esquema de “control de agregados monetarios” como el que tiene Argentina.

La tasa depende de la preferencia temporal, el riesgo de la inversión y el deterioro del medio de intercambio. Ahora si asumimos que un argentino no tiene una preferencia temporal muy distinta a un norteamericano, podemos aproximarnos a este número usando la tasa de 10 años de un bono estadounidense.

Si, además, suponemos que el riesgo de la inversión está capturado por el Riesgo País y que el “deterioro de las manzanas” es la tasa devaluación esperada, entonces llegamos a los siguientes números:

—–> Rendimiento del Bono de EEUU: 2,0%

—–> Riesgo País: 7,8%

—–> Devaluación Esperada: 50%

Si sumamos estos tres componentes, llegamos a una tasa de interés en pesos de 59,8%, no muy lejos de lo que está la tasa de LELIQ hoy.

O sea, todo aquel candidato que proponga “bajar la tasa” para reactivar la economía, tiene que decir cómo va a bajar el riesgo país, o cómo va a reducir las expectativas de devaluación.

Si no lo hace, toda baja de la tasa se transformará rápidamente en una fuga de depósitos, brusca suba del dólar y violento salto de la inflación.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

El libre comercio no es pecado

Por Iván Carrino. Publicado el 5/10/17 en: http://www.ivancarrino.com/librecomercionoespecado/

 

Buenos días a todos.

Gracias Tobías por la invitación, al colegio por permitirnos el espacio y, por supuesto, también a todos ustedes por prestarme estos minutos de su atención.

A continuación vamos a hablar un poco acerca del comercio internacional, así que espero que encuentren este tema interesante y que pueda ayudarles a despejar algunos prejuicios que, a menudo, aparecen en la escena local y regional.

Ante todo quiero decirles que el título de mi presentación no es del todo original, sino que está inspirado en un libro de dos autores que valoro y admiro profundamente, que son Carlos Rodríguez Braun y Juan Ramón Rallo (este último profesor mío en la maestría que cursé en Madrid).

Allá por el año 2011, presentaron – en medio de la crisis en Europa, cuando el capitalismo era visto como el mismísimo demonio producto de las políticas de “austeridad”- un libro llamado “El Liberalismo no es Pecado”.

Así que bien, en un 2017 en donde –para muchos analistas, empresarios y políticos – no hay nada peor que la “apertura indiscriminada a las importaciones”, qué mejor que titular esta charla rindiéndoles un homenaje a Carlos y Juan Ramón.

Vivir con lo nuestro

Me gustaría que compartiéramos un video para meternos en tema. Lo que vamos a ver ahora es lo que hizo un supermercado en Hamburgo, en agosto de este año, cuando decidió que iba a vender, por un día, solamente los productos “Made in Germany”.

Veamos qué tan bien resultó la idea de “Vivir con lo Nuestro”.

Es interesarte notar la increíble escasez del supermercado. No extraña, una economía tan integrada al mundo como la alemana no podría siquiera pensar en aislarse. Hacerlo implica, como se ve en el video, quedarse sin prácticamente nada.

Es como decretar que vamos a ser mucho más pobres de la noche a la mañana.

¿A quién se le podría ocurrir semejante idea?

El mercantilismo

La idea de que hay que “vivir con lo nuestro” no es original de nuestro compatriota Aldo Ferrer, sino que tiene siglos de antigüedad. De hecho, data de más o menos los siglos XVI y XII.

(A mí me da cierta gracia cuando acusan a los liberales de querer traer ideas del siglo XVIII, cuando la mayoría defiende el mercantilismo, que es dos siglos más viejo. En fin.)

Las ideas mercantilistas partían del erróneo preconcepto de que la riqueza de una nación dependía de las cantidades de oro y plata que se pudieran acumular. Como en dicha época el oro y la plata eran el medio de intercambio del mundo, lo que los mercantilistas planteaban era que un país era más rico si acumulaba más dinero.

Esta medida de la riqueza –traída a la realidad cotidiana de cada uno- es como creer que Juan es más rico que Pedro porque tiene más plata en su billetera.

Seguramente estarán pensando: “Y sí, obvio. Si tiene más plata, es más rico”.

Ok, no niego que haya cierta intuición acá. ¿Pero qué pasa si Pedro tiene la mitad de la plata que Pablo en la billetera, pero tiene 5 autos más, 28 departamentos, acciones de Apple y Google y, además, ingresos mucho mayores?

¿Quién es más rico ahora?

Con esta idea equivocada los mercantilistas avanzaban en su agenda de políticas económicas. Con el objetivo de incrementar las cantidades de oro y plata en las naciones, entonces, buscaban restringir las importaciones y fomentar las exportaciones.

– Venderle al mundo es bueno: me genera oro.

– Comprarle al mundo es malo: el oro se va.

Restringir las importaciones no solo era bueno para acumular oro, sino para generar trabajo en el suelo nacional. Esta idea la creyó incluso un economista brillante y adelantado a su tiempo como Richard Cantillon.

A pesar de sus notables contribuciones en otras áreas, Cantillon sostenía que:

A fin de que el consumo de manufacturas de un Estado llegue a adquirir importancia en el extranjero, es preciso hacerlas buenas y estimables mediante un gran consumo en el interior del propio Estado; hace falta también desacreditar en el propio país las mercaderías extranjeras, y dar mucho trabajo a los conciudadanos.

Las ideas mercantilistas proliferaron en Europa durante doscientos años hasta que apareció un pensador escocés que revolucionaría la ciencia económica hasta el momento: Adam Smith.

La revolución del comercio

En 1776 se publicó Una Investigación Sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones, la obra magna de Adam Smith.

Smith destruyó los argumentos mercantilistas uno a uno, sosteniendo, en primer lugar, que la verdadera riqueza no radicaba en el oro y en la plata, sino en los bienes y servicios que los seres humanos pueden adquirir.

En definitiva, lo que beneficia a las personas es la satisfacción de sus necesidades, y éstas se satisfacen consumiendo bienes y servicios, no oro y plata.

De hecho, uno puede tener mucho dinero en su hogar, pero si no va al supermercado para evitar “gastar en importaciones”, entonces va a terminar muriéndose de hambre. Como se verá, los riesgos de llevar la doctrina mercantilista al extremo son verdaderamente elevados.

Otra de las críticas de Smith contra los mercantilistas fue por la idea de producir todo “puertas adentro” en lugar de aprovechar las ventajas del comercio. Es que si uno no decide fabricar todos los bienes y servicios que consume en su vida dentro de su propia casa: ¿por qué pensamos que esa es una buena idea para el país como un todo?

En esa línea iban las palabras de Smith:

Lo prudente en la conducta de una familia no puede ser insensato en un reino. Si un país extranjero puede proveernos con un producto de forma más económica de lo que podemos hacerlo nosotros, entonces mejor que lo compremos con algo de la producción de nuestra industria empleada en una forma ventajosa.

Otro punto flojo de los mercantilistas y el proteccionismo en general es que piensa que –porque las industrias protegidas efectivamente crecen al calor de la protección- entonces han tomado una buena decisión restringiendo las importaciones.

Esto no es así. Es que debemos entender que los recursos son escasos, por tanto lo único que va a hacer una barrera proteccionista es desviarlos hacia usos distintos de donde el mercado los habría llevado.

Por ejemplo: si en un pueblo existen 5 personas, tres dedicadas a fabricar sillas y 2 dedicadas a fabricar mesas, y el gobierno decide imponer un arancel proteccionista a las mesas del extranjero, entonces el precio interno de las mesas subirá. Ese aumento del precio hará que sea más rentable producir mesas. Por tanto, uno de los “silleros” se convertirá en “mesero”.

La producción de mesas aumentará.

“¡Boom económico!” dirán los mercatilistas, que no están mirando que la producción de sillas cayó.

Por este motivo sostenía Smith que el tamaño de la industria en general no puede aumentarse con restricciones al comercio, sino solo “desviar una parte (del capital) hacia una dirección distinta a la que habría tomado; y no está para nada claro que esta dirección artificial sea más ventajosa para la sociedad que aquélla que habría tomado por sí mismo”.

Finalmente, fue Smith el que descubrió y estableció con claridad los beneficios derivados de la división del trabajo. En su análisis, si cada persona se especializa en una tarea, entonces aumenta su productividad (produce más en menor tiempo), y la riqueza del conjunto aumenta sideralmente.

Ahora bien, esa especialización depende del tamaño del mercado. Hay más médicos especialistas en Buenos Aires que en un pequeño pueblo del interior del país. Cerrarse al mundo, por tanto, es achicar el tamaño del mercado, reducir la especialización, la productividad y, por tanto, volvernos más pobres.

¿Quién desearía eso?

Una mirada a los datos

A juzgar por los datos, la historia le dio la razón al pensador escocés. Una vez que sus ideas empezaron a cobrar relevancia, el mundo empezó a crecer a ritmos increíblemente más elevados de lo que venía siendo la tendencia de largo plazo.

Por alrededor de 500 años, el PBI per cápita en Inglaterra se había mantenido constante. Sin embargo, a partir de 1800 la riqueza comenzó a crecer de manera acelerada y su crecimiento se hizo exponencial. Este gráfico es el que se conoce como “el Palo de Hockey del Progreso Humano”. Un progreso humano solo posibilitado por el avance del capitalismo, del comercio y de la globalización.

Gráfico 1. PBI per cápita en Inglaterra.

pbi pc

Fuente: Iván Carrino en base a Angus Maddison

¿Ahora cómo contribuye el comercio libre a este proceso?

Uno de los mecanismos ya lo vimos. En la medida que el tamaño del mercado se expande, se incrementa la posibilidad de especialización y, por tanto, la productividad y la riqueza.

Ahora hay una manera mucho más directa de ver cómo las importaciones impulsan nuestra propia producción.

Los datos para Argentina son elocuentes. Aproximadamente el 80% de lo que importamos, desde la década del ’80 hasta la actualidad, son insumos para la producción.

Cuadro 1. Importaciones por Usos Económicos.

Bienes de capital

Bienes inter1/2

Combustibles y lubricantes

Piezas y accesorios para  Bs. K.

Insumos para Producir

Bienes de consumo

Vehículos de pasajeros

Resto

1980′s

18,8%

42,7%

10,0%

16,7%

88,1%

10,5%

1,0%

0,5%

1990′s

24,7%

33,3%

3,2%

17,0%

78,3%

16,8%

4,8%

0,1%

2000′s

22,5%

35,8%

5,8%

17,5%

81,5%

12,8%

5,4%

0,3%

2010-16

18,6%

28,9%

13,0%

20,7%

81,2%

11,0%

7,5%

0,4%

Fuente: Iván Carrino en base a OJF e INDEC

Bienes de capital, bienes intermedios, combustibles y piezas para bienes de capital llegan del extranjero para que los fabricantes nacionales puedan producir y abastecer al mercado interno (y también exportar).

Imagínense cerrar las importaciones de un día para el otro. El caos productivo sería indescriptible.

Ahora no hace falta usar la imaginación para comprender esto. Entre 2011 y 2016 la importación en el país estuvo más restringida que en los últimos 20 años previos. Las importaciones se desplomaron, cayendo un 25,2% en dólares.

¿Cómo le fue a la producción en dicho período? Mal.

El PBI apenas si avanzó 0,3% en todo el lapso y la producción per cápita cayó 3%. Más importación es más producción. Menos importamos, menos producimos.

Precios más bajos

En Argentina somos expertos en quejarnos. Que la humedad, que la frivolidad, que los corruptos, que Marcelo Tinelli, que los precios…

Estamos totalmente en contra de la inflación y acusamos por los precios altos a los “monopolios” que, aparentemente, serían una plaga propia de nuestro país.

Ahora al mismo tiempo que detestamos a los monopolios, a nadie se le ocurre ni por un segundo que habría que “combatirlos” generando más competencia… ¡importada!

El siguiente cuadro tiene una historia un poco curiosa. En momentos en que se debatía el “Puerta a Puerta”, la CAME, un grupo lobista local que busca limitar las compras externas, presentó una comparación de precios entre Argentina y China.

Se buscaba argumentar que “con estos precios” no podemos competir. Ahora lo que dejaron en evidencia es el altísimo costo que los argentinos pagamos por el proteccionismo.

Cuadro 2. Precios de productos seleccionados en Argentina vs. China.

2016.07.28_Proteccionismo

Fuente: Iván Carrino en base a CAME (Comunicado de Prensa – Julio 2016)

Como se observa, incluso pagando aranceles del 50% sobre los precios de los productos importados, la indumentaria resulta hasta 67,3% más barata si su origen es China. Así, restringir el ingreso de esos productos al mercado local, está haciendo que los argentinos paguemos hasta 3 veces más por un “vestido casual” para favorecer a los empresarios textiles.

Aún con aranceles, lo mismo ocurre en la industria juguetera, en los productos de decoración para el hogar y en la electrónica. Allí, los precios son de dos a tres veces más altos que los de origen extranjero.

Ahora bien, si se redujeran los aranceles a cero, los productos importados serían todavía más baratos. Para el caso de la indumentaria, los consumidores argentinos podrían pagar hasta 78,2% menos de lo que se paga por un producto “Made in Argentina”. Es decir, pagamos hasta 5 veces más. El proteccionismo genera pobreza.

Pero el libre comercio genera todo lo contrario. Si miramos el cuadro de los países más abiertos al comercio mundial según la Fundación Heritage, encontramos que su ingreso per cápita promedio es un asombroso nivel de USD 43.000.

Cuadro 3. Países que mejor puntaje obtienen en “apertura comercial” vs. PBI per cápita.

País

Apertura Económica (Puntos en Índice Heritage)

PBI Per Cápita (2016 – USD PPP)

Hong Kong

90

58.321,6

Singapur

90

87.855,4

Suiza

90

59.560,7

Georgia

88,6

10.043,8

Canadá

88,4

46.437,2

Islandia

88,0

49.135,6

Israel

88,0

35.178,7

Albania

87,7

12.567,9

Noruega

87,7

47.771,2

Croacia

87,4

24.052,9

Promedio

43.092,5

Fuente: Iván Carrino en base a Heritage y Banco Mundial

Es decir, aproximadamente 4 veces lo que tiene Argentina, y entre 5 y 6 veces más de lo que ostentan los países que están más cerrados comercialmente.

No es casualidad, entonces, que los países hayan ido abriéndose al comercio durante los últimos 50 años. Algo que Argentina copió tardíamente y que luego (especialmente a partir de 2005-07) parecería haberse arrepentido. Queda la pregunta de qué hará el gobierno actual en este sentido.

Por ahora, solo algunas medidas puntuales pueden mencionarse como  positivas.

El libre comercio no genera desempleo

A principios de 2015, el periodista Roberto Navarro, delineó el supuesto plan macabro que el gobierno de Mauricio Macri quería llevar a cabo abriendo las importaciones.

Para Navarro, Macri buscaba deliberadamente generar desempleo y pobreza en Argentina puesto que, en su visión eso es lo que hace “la derecha” cuando gobierna.

El maquiavélico plan del gobierno consistiría en buscar subir el nivel de desempleo en el país, de manera que las hordas de desocupados presionen a la baja los salarios y, de esta forma, los capitalistas explotadores puedan llenarse sus bolsillos.

Ahora bien, la cuestión pasa por cómo hará el gobierno para generar ese desempleo, y es ahí cuando, entre otras cosas, se menciona a la “apertura indiscriminada de importaciones” como una de las estrategias.

Lo curioso del asunto es que en el propio gobierno, que en la superficie parecería estar en las antípodas de lo que se dice en el programa de Navarro, también comparten esta visión.

Consultado acerca de la liberalización de las importaciones en noviembre del año pasado, Macri respondió:

No podemos abrir las importaciones. Nosotros tenemos que crear trabajo, no destruir el poco que tenemos.

Paradójicamente, y como puede verse, el gobierno y Navarro coinciden en que la industria nacional debe “protegerse” y que abrir importaciones dejaría a la gente sin trabajo.

La realidad, empero, es que ambos están equivocados. Aquí abajo hay un gráfico que muestra a todos los países que ocupan los primeros diez puestos en términos de apertura al comercio internacional según el Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage[1]. Como se ve, existe una amplia variedad, aunque el promedio se ubica en el 9,4%.

Gráfico 2. Tasa de Desempleo en los países más libres del mundo.

comerciopecado1

Fuente: Iván Carrino en base a Heritage y Banco Mundial.

Si el promedio se compara contra países que ostentan altos niveles de desempleo, estamos hablando de una tasa baja. Piénsese que el desempleo en la Zona Euro en 2015 fue del 10,9%, pero en España y Grecia la cifra seguía superando el 20%.

Durante la crisis de 2001-2002, en nuestro país el desempleo llegó a afectar a 24,5% de la población, por lo que una tasa de 9,4%, si bien no es baja, tampoco puede considerarse excesivamente elevada.

Ahora lo que llama la atención es que dentro de este grupo que obtuvo el mismo elevado puntaje en términos de su apertura comercial, haya países con niveles de desocupación tan bajosHong Kong posee un 3,2%, Singapur un 3,0%, Suiza un 4,5%, Austria un 5,0% y Estados Unidos un 6,2% de acuerdo a datos de 2014.

En este sentido, el motivo del desempleo en los países no puede ser la apertura comercial, ya que abundan los ejemplos de países extremadamente abiertos que gozan de un nivel de ocupación sustancialmente elevado.

El error fatal de los proteccionistas

Ahora bien, una vez que uno mira estos datos, se pregunta cómo es posible que insistamos con las ideas proteccionistas y critiquemos el comercio libre.

Es que el error fatal de los proteccionistas consiste en concentrarse solo en “lo que se ve”, en lugar de mirar “lo que no se ve”.

Si abrimos la importación y una empresa quiebra producto de la mejor competencia, eso es “lo que se ve”. Sin embargo, “lo que no se ve” son todos los beneficios derivados de la llegada de la importación.

El primero, por supuesto, es una mejor satisfacción para los consumidores locales. Pero ahí no se acaba el ciclo.

Es que cuando el argentino paga menos por un producto importado, entonces con ese dinero puede hacer tres cosas:

–          O compra otros bienes, aumentando la demanda de otros productos que antes no podía demandar.

–          O ahorra, incrementando los saldos prestables y por tanto, bajando la tasa de interés.

–          O invierte en un negocio propio, produciendo bienes y servicios y demandando mano de obra.

Es decir, lo que se destruye en un lado se crea por el otro, pero con la diferencia de que la productividad es mayor porque los recursos están asignados por la gente y no por los burócratas.

Para terminar, déjenme decirles lo siguiente: el libre comercio no es pecado. De hecho, es la globalización la que genera nuevas ideas y formas de satisfacer nuestras necesidades, mejorando el nivel de vida de todos.

Pero el libre comercio es bueno no solo porque nos enriquezca en términos materiales, sino porque nos transforma en una sociedad abierta y tolerante. A mí no me interesa si la contraparte de una operación comercial es blanca, negra, hombre, mujer, china, árabe, musulmana, católica, judía, homosexual, heterosexual y un largo etcétera.

Lo que le interesa al comprador es obtener un bien de buena calidad a bajo precio. Y eso no distingue entre minorías.

El comercio une a la sociedad de manera pacífica y la enriquece en el proceso. Más que un pecado, es una virtud que no deberíamos rechazar a causa de meros prejuicios.

Muchas gracias,

*Versión completa de mi charla en el Colegio Cardenal Newman, el 5 de Octubre de 2017.

 

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

No, las importaciones no generan desempleo

Por Iván Carrino. Publicado el 21/1/16 en: https://igdigital.com/2016/01/las-importaciones-generan-desempleo/

 

Hay un cliché que repiten, sin distinción, líderes de la izquierda y de la derecha: que la reducción de barreras a las importaciones afecta directamente el nivel de empleo. Esta afirmación, sin embargo, no es más que un mito sin ningún sustento real.

El domingo pasado, el periodista Roberto Navarro volvió a la pantalla de C5N con su programa Economía Política. El regreso de Navarro fue celebrado en Twitter y el hashtag #VuelveNavarro fue trending topic a lo largo de toda la transmisión.

Durante la primera hora, el analista se dedicó a describir con lujo de detalles el supuesto plan diabólico de Mauricio Macri para generar desempleo y pobreza en Argentina. En su visión, eso es lo que hace “la derecha” cuando gobierna, no otra cosa.

El maquiavélico plan del nuevo gobierno consistiría en buscar deliberadamente subir el nivel de desempleo en el país, de manera que las hordas de desocupados presionen a la baja los salarios y, de esta forma, los capitalistas explotadores puedan llenarse sus bolsillos. Si todo este desarrollo le suena a lo que escribió alguna vez el economista Carlos Marx, no se equivoca, ya que son estos escritos los que inspiran de manera directa la narrativa de Navarro.

Ahora bien, la cuestión pasa por cómo hará el gobierno para generar ese desempleo, y es ahí cuando, entre otras cosas, se menciona a la “apertura indiscriminada de importaciones” como una de las estrategias. Es que desde el punto de vista de los enemigos de la libertad, la competencia extranjera lleva inexorablemente al desempleo y la pobreza de la gente.

Lo curioso del asunto es que en el propio gobierno, que en la superficie parecería estar en las antípodas de lo que se dice en Economía Política, también comparten esta visión.

Consultado acerca de la liberalización de las importaciones en noviembre del año pasado, Macri respondió:

“No podemos abrir las importaciones. Nosotros tenemos que crear trabajo, no destruir el poco que tenemos.”

Esto no es todo. Cuando se anunció el nuevo sistema de control para los productos importados, se dejó en claro que tractores, motos, heladeras, cocinas, lavarropas, artículos para gimnasia deportiva, calzados de vestir y deportivos y otros bienes como juguetes o manufacturas de caucho permanecerán blindados de la competencia internacional.

Paradójicamente, y como puede verse, el gobierno y Navarro coinciden en que la industria nacional debe “protegerse” y que abrir importaciones dejaría a la gente sin trabajo.

La realidad, empero, es que ambos están equivocados.

El cuadro de abajo muestra a los países con mayor apertura comercial de acuerdo al puntaje (de 0 a 100) que otorga el Índice de libertad Económica de la Fundación Heritage y la tasa de desempleo de cada uno de ellos para el año 2015.

apertura comercial

La conclusión a partir de estos datos es clara: el desempleo no tiene absolutamente nada que ver con la apertura económica y se puede ser muy abierto y gozar de un muy bajo nivel de desocupación al mismo tiempo.

Es que lo que sucede con las importaciones es análogo a lo que sucede con la innovación. Hubo una época en que uno iba al Video Club del barrio a alquilar una película para ver en su videocasetera. Tiempo después, la costumbre fue ir a Blockbuster, pero más tarde llegó Netflix, que envió a la cadena internacional a la quiebra revolucionando la manera en que el mundo entero consume cine.

La apertura comercial, como la innovación o cualquier elemento que imponga mayor competencia en un mercado, puede hacer que algunas empresas cierren, pero esa es la señal que los consumidores están mejor consumiendo otra cosa y que los recursos empleados en ese negocio ahora están disponibles para ir a crear otro, más demandado por la sociedad.

Como explica el profesor Donald Boudreaux:

“El libre comercio puede reducir el empleo en industrias ineficientes, pero libera los recursos para crear trabajos en las industrias eficientes, generando una suba generalizada de los salarios y mejorando la calidad de vida. El proteccionismo, por el contrario, busca proteger el empleo que el mercado no sostendría, impidiendo la creación de industrias más innovadoras”

En pocas palabras, que el libre comercio genera desempleo es un mito sin ningún sustento en la realidad. Sin embargo, su aceptación generalizada nos condena, a todos, a vivir en el atraso y con un menor nivel de riqueza.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Márgenes de rentabilidad e inflación: nada que ver:

Por Iván Carrino. Publicado el 27/12/14 en: http://www.ivancarrino.com/margenes-de-rentabilidad-e-inflacion-nada-que-ver/

 

Argentina es uno de los países con inflación más alta del mundo. Sin embargo, hasta en la circunstancia más trivial uno puede escuchar, cuando comenta sobre el problema de la inflación, que los supermercados/comercios/shoppings/locales de ropa/etc. tienen márgenes de rentabilidad altísimos. Una conversación habitual sería la siguiente:

– Insoportable la inflación, ¡está todo carísimo!

– ¡Sí, claro, es que los supermercados te cobran tres veces más de lo que pagan ellos!

Como si una cosa tuviera que ver con la otra, a esto apuntan Capitanich y Costa cuando se refieren constantemente a “la cadena de valor”. Más explícitamente, este video del periodista Roberto Navarro insinúa que el supermercado te roba.

Ahora bien, veamos qué pasa en otras partes del mundo. En el libro de Tim Harford, “El Economista Camuflado“, se analiza el mercado de café:

Según el profesor de economía Brian McManus, los márgenes comerciales del café rondan el 150%; cuesta 40 centavos preparar una taza de café de máquina de un dólar, y menos de un dólar preparar un café cortado que se vende a 2,55 dólares. De modo que alguien está ganando mucho dinero.

Seguramente un margen de 150% no sea tanto como para que Navarro considere que las tiendas de café son ladrones, pero no podemos dudar que la diferencia es considerable. Ahora bien, si el margen de las tiendas de café es tan grande, seguramente Estados Unidos tenga una elevada inflación. Tal vez no el 40% que tiene Argentina, pero sí el 20%, el 15%… ¿el 10%?

Ni cerca. La inflación en Estados Unidos fue de 1,3% anual en noviembre de 2014. Los precios cayeron un 0,3% en el mes en comparación con el mes anterior.

Ok, pero los que insisten en confundir a la gente podrán argumentar que 150% es poco, que los supermercados argentinos tienen márgenes todavía superiores (claro que en ese “margen” no incluyen costos administrativos, impuestos, logística y un sin fin de etcéteras). Tomemos otro caso, entonces.

Se conoció hace unos días que un taxista que iba cargado de € 8.640.000 de cocaína fue interceptado por la policía. El taxista (o narcotraficante encubierto) iba a vender su cargamento de 288 ladrillos de 1kg de cocaína cada uno por un valor total de US$ 1.440.000 (aunque sus compradores pensaban estafarlo y pagarle solo una fracción en dólares y, el resto, en papel de diario).

Analicemos el margen de rentabilidad de la operación. Si tomamos el tipo de cambio dólar/euro resulta que lo que se iba a pagar en Argentina por US$ 1.440.000 se iba a vender en Europa por US$ 10.540.800. El margen iba a ser de 632%, una verdadera monstruiosidad, ¿no?

Si el argumento de Navarro y el gobierno fuera cierto, entonces, debería verificarse una inflación descomunal en toda Europa. Sin embargo, ese no es el caso.

Los precios al consumidor en la Zona Euro subieron solo un 0,3% en noviembre de 2014 en comparación con noviembre de 2013.

Moraleja: en los negocios más diversos encontraremos que el precio de comprar materia prima es sustancialmente diferente del precio al que esa materia prima (modificada, o no tanto) se vende al consumidor final. Esto no solo pasa en Argentina sino también en Estados Unidos, Europa y la India. Sin embargo, esta diferencia no tiene absolutamente nada que ver con los niveles de inflación de cada país e, incluso, es un pésimo indicador del margen de ganancia de las empresas, ya que existen muchos otros costos que esta ecuación no considera.

La próxima vez que escuchemos a alguien relacionar la inflación con lo que gana tal o cual empresa, mejor cambiar de canal.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.