POR QUÉ NO SOY CONSERVADOR, AUNQUE SÍ CONVERSADOR :-)

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 1//719 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/07/por-que-no-soy-conservador-aunque-si.html

 

La grieta entre los liberales MUY críticos del Catolicismo y los liberales católicos o admiradores del Catolicismo siempre existió. En 1947 Hayek propuso que la Mont Pelerin se llamara Acton-Tocqueville en honor a esos dos grandes pensadores católicos. Pero parece que muchos pusieron el grito en el cielo. Por eso se decidió poner el nombre el monte del cual estaban cerca.

Y hasta bien avanzados los 80, la grieta se… Disimulaba. Eran otros tiempos. Había que tener el casco puesto contra los soviéticos y de otros temas se hablaba por la bajo. Y listo. Yo lo viví. No en 1947 (bueno, creo) pero mi foja de servicios a la causa liberal comenzó en 1974 y era sencillamente así.

Ahora la cosa se ha complicado. Algunos liberales están diferenciándose fuertemente de lo que llaman conservadores. Estos últimos, aunque acepten la economía de mercado y un cierto liberalismo institucional, estarían “en contra de” la homosexualidad, el matrimonio homosexual, el aborto, las drogas, la pornografía, la eutanasia y etc. En cambio, un “verdadero liberal” tiene que estar “a favor de” todo ello. Y obviamente un liberal católico queda entonces como un conservador, y los conservadores no creyentes, muy amigos de ciertos creyentes (porque mejor no hablemos de OTROS creyentes, muy activos en Roma).

El problema es que allí se está manejando mal la dicotomía “estar a favor de” o “estar en contra de”. Independientemente de los casos de aborto y eutanasia, donde lo que está en juego es el derecho a la vida y por ende el debate pasa por otro lado, los liberales, sean católicos o marcianos, nunca han estado “en contra de” la libertad individual de nadie, sea homo, hetero o vulcano. Que yo recuerde, y no creo haberlo aprendido de la nada, el liberal defiende la libertad religiosa, de expresión y de enseñanza entendidas como el derecho a la ausencia de coacción sobre la propia conciencia, y el derecho a la intimidad como el derecho a que las acciones privadas de los seres humanos estén fuera de la autoridad de los magistrados. Por lo tanto, un liberal, desde un punto de vista político, no está “a favor de” la homosexualidad o la heterosexualidad, sino “a favor de” las libertades individuales y el derecho a la intimidad de todos, o sea, un liberal, desde un punto de vista político, defiende el derecho a la ausencia de coacción sobre todo aquello que no afecte de un modo directo derechos de terceros, aunque obviamente las externalidades negativas presentan zonas grises que siempre se han discutido con altura y tranquilidad.

Y de igual modo un liberal, desde un punto de vista político, no está “en contra de” la homo o la heterosexualidad, sino que está en contra de que se coaccione a alguien contra su conciencia en esas materias.

¿Es tan difícil? Yo lo escribí claramente en 1989 y no creo haber inventado nada. Me da pena a veces que sobre algo tan claro haya tanta confusión.

Circula mucho que el liberal defiende “el respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo”, PERO sin distinguir en esa definición lo legal de lo moral, distinción que es elemental.Legalmente, otra vez, lo que haya el prójimo y no atente contra derechos de terceros debe ser custodiado en tanto que el estado no tiene por qué intervenir. Pero moralmente hay proyectos de vida del prójimo que no tienen por qué merecer “un irrestricto respeto”. Yo respeto a las prostitutas como personas y les aseguro que, como el mismo Evangelio dice, estarán primero en el Reino de los Cielos antes que muchos otros (cosa que se aplica muy bien a Argentina…) pero sus acciones desde un punto de vista moral no son “respetables”, aunque no se deba juzgar su conciencia. Y así con muchos otros casos y ejemplos. Y el que crea que todo liberal debe ser necesariamente un agnóstico desde un punto de vista moral desconoce toda la tradición liberal clásica. No ha leído a Smith, a Constant, a Locke, a Montesquie, a los constitucionalistas norteamericanos, a Lord Acton, a Hayek, a Popper, a Mises (que tienen fuertes imperativos categóricos implícitos) ni tampoco quiere leer a los contemporáneos Leonard Liggio, M. Novak, Sam Gregg, Robert Sirico, Thomas Woods o Alejandro Chafuen. Por no citar directamente a Lacordaire, Montalembert, Ozanam, Rosmini, Sturzo, Maritain, cuya falta de estudio en todos los ambientes liberales es una grave omisión.

Por ende un liberal católico no es ni conservador ni no conservador, sino que distingue entre lo legal y lo moral.Distinción para la cual, pensaba yo, no era necesario ser católico para sostenerla. La han sostenido muchos liberales sin necesidad de ser católicos. Aunque ahora muchos liberales parecen haberla olvidado, y con el dedo en alto “retan” a los liberales “que no estén a favor de” (de vuelta) la homosexualidad, el matrimonio homosexual, el aborto, las drogas, la pornografía, la eutanasia y etc., como si en esas materias no hubiera que hacer las elementales distinciones que acabamos de hacer.

Por lo tanto, el que quiera saber “cómo hablar con un conservador”, que no me busque. Pero si quiere conversar con un conversador, allí estaré yo, siempre. Aunque últimamente no parece convenir a muchos conversar y leer a liberales católicos que tengan mucho por decir.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

¿QUÉ LES PASA A LOS LIBERTARIOS Y LIBERALES CLÁSICOS?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 3/6/18 en:  http://gzanotti.blogspot.com/2018/06/que-les-pasa-los-libertarios-y.html

 

Una vez más (una vez más, una vez más, una vez más, una vez más, no sé si me explicoooooooooooooooooooooooooooo), mi defensa de valores morales, más allá de la legalidad del Estado de Derecho, me pone en una extraña vereda contra libertarios que, casi permanentemente, parecen los más escépticos y postmodernos al rechazar por completo un orden moral objetivo. Inútil que les distinga moralidad de legalidad. Inútil que les recuerde el art. 19 de la Constitución. Oyen hablar de ética objetiva y creen que los voy a perseguir con el estado. Y lo curioso es que me lo dicen a mí, como si yo NO fuera el liberal católico que la mayor parte de los católicos desprecia.

Hay una decadencia intelectual en los ambientes libertarios, últimamente, que me preocupa. Y no lo digo sólo de Argentina. Conozco el paño desde 1974. Por supuesto, siempre está el vaso medio lleno y el medio vacío. El medio lleno es honroso. Podría citar una enorme cantidad de insignes intelectuales y personas de altísimo nivel, gracias a Dios. Es más, permanentemente los cito y los subo a mi muro en Facebook. Pero ello no quiere decir que no me preocupe el resto, que hace un ruido muy desagradable. Nula formación en historia de la filosofía, en filosofía de las ciencias, en Historia, en humanidades en general. Han leído sólo un autor que endiosan como los marxistas a Marx, repiten sus manuales como loros, desprecian a toooooooooooooodo lo demás y se dan el lujo de pontificar sobre cualquiera de los temas  más espinosos de la filosofía y de la Teología que por supuesto exceden totalmente el pequeño conocimiento que puedan tener por haber leído un manualcito sobre economía libre (como el de Zanotti, por ejemplo J).

Se hacen los muy escépticos en materia moral. Ignoran que su misma defensa de la libertad es una decisión moral importante, objetiva, igual que otras que desprecian. Ignoran que el liberalismo clásico no es una tradición postmoderna. Dejando de lado la obvia moral católica de los escolásticos que defendían el mercado libre y la limitación del poder, era la moralidad, el más estricto convencimiento de valores morales objetivos, lo que movió la vida de Adam Smith, Ferguson, Kant, Locke, Tocqueville, Monstesquieu, Burke, Acton, los autores del Federalista, etc. Los utilitaristas podían ser muy escépticos cuando criticaban a la ley natural escolástica pero en su vida se jugaron el todo por el todo con un heroísmo moral que no tiene nadie que desprecie a los valores permanentes. Mises y Hayek fueron escépticos con respecto a la ley natural pero su vida fue un ejemplo de heroísmo moral. Mises, directamente, tendría que ser canonizado algún día.

Y si el problema es lo religioso, ok, ¿pero por qué no un poco más de diálogo? Comprendo que se entusiasmen con Ayn Rand, ¿pero por qué esa cerrazón, que nos hace tanto mal a todos los libertarios? ¿Cómo puede ser que ignoren y NO lean a Leonard Liggio, a Alejandro Chafuen, a Michel Novak, a Robert Sirico, a Sam Gregg, o a los clásicos Lord Acton, Montalembert o Rosmini? ¿Cómo puede ser que en el Instituto Acton nos matemos convenciendo a los cristianos de las bondades del libre mercado y de la libertad individual y luego aparezcan diatribas contra lo religioso, por parte de jovencitos y pequeñas Rand, dignas de un Robbespierre resucitado? ¿Están tan seguros de eso? Bueno, aquí tienen mi oferta: júntense todos de un lado, todos, todos juntos, preparen tooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooodas sus objeciones contra “lo” religioso y la Iglesia, pónganme a mí en otra mesa, solo, y yo dialogo con todos. ¡Vamos, háganlo!!!! Sólo digan dónde y cuándo.

Mientras tanto, seguiré prefiriendo El porvenir de una ilusión a cualquier otra cosa que se haya escrito contra Dios desde el lado libertario.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

 

The Index Of Cronyism By ‘The Economist’: A Call For Improvement.

Por Alejandro A. Chafuén. Publicado el 30/10/14 en: http://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2014/10/30/the-index-of-cronyism-by-the-economist-a-call-for-improvement/

 

Several of the most important think tanks around the world that defend the virtues of the free market have programs that focus on the moral defense of free enterprise or the more tarnished term “capitalism.” The American Enterprise Institute (AEI) for example, has a program on Values and Capitalism. Most of the work of the Acton Institute, in Grand Rapids, Michigan, is devoted to show to the religious, that the free economy can lead to a more virtuous and prosperous society. Two of the most recent books by the leaders of these institutes focus on this challenge: “Defending the Free Market: The Moral Case for a Free Economy” by Father Robert Sirico; and “The Road to Freedom” by Arthur C. Brooks.

Donors to think tanks and university centers have invested millions to promote programs and publications that address the morality of “capitalism” and “free enterprise.” Capitalism has been defined by most friends and foes as the economic system based on the private ownership of the means of production. When the means of production are in private hands in countries with pervasive corruption, the moral defense of profits becomes very difficult.

The term “crony capitalism” is being used today by economists from all sides of the ideological spectrum. It usually refers to an economy where preferential regulation and other favorable government intervention—based on personal relationships—helps decide winners and losers.

Unfortunately, much of the debate about cronyism is based on anecdotes and generalizations. A few days ago, during the Free-Market Forum on “Markets, Government, and the Common Good” organized by Hillsdale College, several speakers address the topic of cronyism. Over 400 people attended the event, half of them professors at Christian colleges. One of the keynote speakers, Charles Payne, an entrepreneur and a Fox Business Network contributor, shared with the audience a litany of regulations and privileges which tarnish and corrupt the essence of the free enterprise system. Some anarcho-capitalists and libertarians regard receiving any income from government as crony. On the statist side, some regard economic freedoms as crony. They argue that they serve the rich at the expense of the poor.

In the United States we have efforts, such as Subsidy Tracker, which give some idea of the problem. Subsidies feed cronyism. Known state subsidies to private business add up to $153 billion. This represents approximately 10 percent of government spending at state level. Assuming that the federal and local governments are as generous with tax dollars as the states are—if the same percentage applies to all government spending (35 percent of the economy)—then the subsidized private sector economy might approach 3.5 percent. More research is needed as the existence of one element of cronyism in a contract does not prove that all the value added ex-post is also crony. A deal between PDVSA (Venezuelan Oil Company) and Boligarchs (Bolivarian Oligarchs) can be crony, but that does not mean that many of the small win-win retail transactions, like filling our gas tank at CITGO (a subsidiary of PDVSA), are also crony.

Earlier this year “The Economist” magazine released an index of crony capitalism. The index had Hong Kong with the worse score. In the article “The Economist” acknowledged the weakness of the methodology but still made it the cover story. As Hong Kong has consistently ranked as number one in economic freedom, the fact that “The Economist” ranked it as the most “crony” does great damage to the defense of the morality of capitalism or free enterprise.

In many countries, considerable amount of profits result from contracts with totalitarian structures such as state owned companies, or access to under-valued foreign currencies. One of the negative effects of cronyism is that it can lead to an unequal distribution of economic freedom, a concept that I have addressed before. The inequalities in income and opportunity produced by cronyism and an unequal distribution of economic freedom are not due to God, natural endowments, or personal effort. As such, many times they are scandalous. Tim Carney, of AEI’s Culture of Competition Project, also speaking at the Free-Market Forum mentioned above, argued that polls suggest that citizens are not so concerned with inequality. Bill Gates and Warren Buffet, for example, are greatly admired. Unfairness, however, which arises from cronyism, is disliked by the overwhelming majority. Carney endorsed the need of developing better indicators of cronyism.

Even before the fall of the Iron Curtain a consensus developed that when it comes to growth, economic freedom won hands down over socialism. But when it came to justice and morality, there is no such consensus. During these last two decades there has been a constant improvement in the quality of the measurements of economic freedom. There has also been an advance in the efforts to measure corruption. There has been very little advance, however, in the effort to measure cronyism.

As cronyism is regarded as a source of injustice and a consequence of immoral behavior, has the index developed by “The Economist” proved the immorality and injustice of capitalism?

The above question seems illogical and will likely be disregarded in circles that believe capitalists can do no wrong. If you point to a capitalist who seeks and profits from privileges, this group’s response is, “he is not a true capitalist.” In many socialist circles you find the same attitude, when you point to a failed socialist experiment they answer, “they were not true socialists.” But for the large majority of educated observers, who follow economic policy, the fact that a magazine such as “The Economist” would rank Hong Kong number one in cronyism in a leading article and cover page, is no laughing matter. It gave a rich cache of ammunition to the enemies of the free market.
It was not just Hong Kong either. The country ranked second in economic freedom, Singapore, did not do much better as it ranked fifth in cronyism. The index is indeed weak. It measures the weight of the sectors which are prone to cronyism (among them construction, oil, ports, and banking), it then factors in the number of local billionaires in those sectors, and comes up with the ranking. With the same methodology, even a libertarian utopia could end up being classified as 100 percent crony. Take for example an island or sea platform, such as the one promoted by the Seasteading Institute. Assume that most of the property in that island is owned by billionaires, and where the main product is oil and the main service is banking. Even if all transactions are voluntary the Economist Index it would show it as almost completely crony. Although cronyism is usually described as quasi-corruption, the index shows a very low correlation with corruption. China, which scores very bad in corruption, just 4 out of 10, appears as much less crony than Hong Kong, which scores a respectable 7.5 out of 10 in Transparency (a measure of lack of corruption). Singapore, which has the second least corrupt score (8.5) ranks fifth worst in cronyism.

More than a reason for criticism, “The Economist” and its Index of Cronyism should be a call for action and improvement. “If it Matters Measure It,” says the motto of the Fraser Institute. Cronyism matters. Measure it.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

Leonard Paul Liggio (1933-2014): El Gran Maestro de la Libertad.

Por Alejandro A. Chafuén. Publicado el 18/10/14 en: http://esblog.panampost.com/alejandro-chafuen/2014/10/18/leonard-paul-liggio-1933-2014-el-gran-maestro-de-la-libertad/

 

La sociedad libre perdió a un gran campeón el martes 14 de octubre del 2014, al fallecer Leonard Paul Liggio.+

Conocí a Leonard Paul Liggio por primera vez en 1980, con ocasión de la reunión de la Sociedad Mont Pelerin (MPS) realizada en la sede del Instituto Hoover, en California. Estaba parado hacia el extremo izquierdo de un auditorio repleto, junto a Murray Rothbard, otro gigante intelectual, de físico más pequeño, pero similar a él en su pasión por comprender y promover la libertad.+

En ese entonces Liggio era presidente del Instituto para los Estudios Humanos (IHS). Cuando falleció, Liggio era vicepresidente del Atlas Network. Atlas compartió oficinas con IHS por algunos años luego de que ambas entidades se mudaron al norte de Virginia, en la vecindad de la Universidad de George Mason. John Blundell (1952-2014), quien sucedió a Liggio como presidente de IHS y quien también fue presidente de Atlas Network (1988-1991), tuvo una relación muy especial con él.+

Desde que llegué con Atlas a Virginia, trabajé diariamente con Leonard en diferentes proyectos. Con sus conocimientos históricos profundos y enciclopédicos, complementó e iluminó nuestra labor en la creación y promoción de tanques de pensamiento de políticas públicas. Su comprensión de la evolución de las instituciones legales me ayudó a mí y a muchos otros a poner en perspectiva histórica los argumentos económicos y de políticas públicas que elaboramos.+

En 1990, Manuel Ayau (1925-2010), el fundador y rector emérito de la Universidad Francisco Marroquín en Guatemala, nos pidió a Leonard y a mí que lo ayudáramos a construir el programa de la reunión regional de la MPS. Aunque el tema siempre genera graves desacuerdos entre liberales clásicos, organizamos un panel sobre la religión y la libertad.+

Invitamos al sacerdote Robert Sirico para que diera una conferencia. Joe Keckeissen también estuvo en ese panel y como comentaristas tuvimos a Armando de la Torre y al Jesuita recientemente fallecido Enrique Menéndez Ureña. La reunión redundó en varias conversaciones entre nosotros y eventualmente derivó en el establecimiento del Instituto Acton para el Estudio de la Religión y la Libertad. Los fundadores, Sirico y Kris Mauren, nos pidieron a Liggio y a mí que fuéramos fiduciarios fundadores.+

Nuestro siguiente esfuerzo en equipo fue en 1993, con Tony Sullivan, quien en esos días trabajaba con la Fundación Earhart. Desarrollamos un programa para promover las ideas del liberalismo clásico dentro del mundo musulmán. Aconsejamos y apoyamos al Instituto Minaret para la Libertad, el cual se fundó más tarde ese año.+

Luego de una reestructuración del IHS. en 1988, Atlas tuvo la oportunidad de incorporar a su equipo a Liggio. El IHS se enfoca en académicos, mientras que Atlas se centra en tanques de pensamiento, pero estos últimos necesitan de las contribuciones y la guía académica de figuras como Leonard. Asimismo, con su talento y generosidad, Liggio benefició a toda una nueva cosecha de empresarios intelectuales trabajando en universidades, ayudando a multiplicar su impacto.+

Tras percibir el realce en nuestro capital académico, la Fundación John Templeton le pidió a Atlas que administrara el Templeton Freedom Project, el cual buscaba difundir los principios de la sociedad libre en las universidades de Estados Unidos y del mundo. Esas inversiones siguen rindiendo frutos.+

Se requeriría un ensayo académico muy extenso para describir las afiliaciones de Liggio y resaltar su relevancia. Tanques de pensamiento y sociedades académicas en Austria, Italia, Liechtenstein, Francia, Portugal, Turquía y el Reino Unido se sirvieron de sus consejos y conocimientos.+

Tuvo una carrera estelar en Estados Unidos. Fungió como presidente, no sólo de I.H.S., sino también de la MPS y de la Sociedad de Filadelfia, y fue vicepresidente del Instituto Cato y de Atlas Network, así como fiduciario del Instituto para la Empresa Competitiva. Además, Leonard y yo nos involucramos en las primeras discusiones de un tanque de pensamiento conservador y cristiano en la Universidad de Grove City: El Centro para la Visión y los Valores.

Siendo miembro de la junta directiva de Liberty Fund, ayudó a esa entidad a invertir sabiamente alrededor del mundo, aportando su conocimiento sobre el escenario académico internacional y conectando a los mejores académicos promotores de la libertad.Leonard ganó varios premios y reconocimientos incluyendo un doctorado de la Universidad Francisco Marroquín y el Premio Adam Smith del 2007, otorgado por la Asociación para la Empresa y la Educación Privadas (APEE).+

Numerosas publicaciones académicas se nutrieron con sus consejos editoriales. Cientos, quizás miles, de jóvenes académicos aprovecharon sus discernimientos y sus generosas cartas de recomendación. Auxilió a muchos en la elaboración de sus libros. Quizás sea debido a dicha generosidad que nunca completó un libro propio, pero redactó docenas de escritos y dictó conferencias brillantes y profundas que iluminarán a futuras generaciones.+

Liggio fue mucho más que un hombre de ideas, también fue un hombre del espíritu. Cuando veía a un amigo o un colega padeciendo algún dolor en su alma, compartía con él, con respeto, amor y sobre todo, comprensión, el tesoro que había encontrado en la fe católica. Él siempre recordaba a los líderes de los tanques de pensamiento que evitaran programar eventos en las fechas coincidentes con las fiestas de otras creencias religiosas.+

Leonard Liggio fue un académico, un empresario intelectual, y un ser humano generoso que nos dio un ejemplo de cómo hemos de dedicar nuestras vidas a la promoción de una sociedad libre.

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.