Sobre mi amigo Antonio Escohotado

Por Alberto Benegas Lynch (h): Publicado el 4/12/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/12/04/sobre-mi-amigo-antonio-escohotado/

Antonio Escohotado

Lo conocí en Lima en marzo de 2015 en una comida que ofreció Mario Vargas Llosa a un grupo de amigos a raíz de nuestras respectivas ponencias en el congreso de la Mont Pelerin Society. Luego de ese encuentro nos hemos escrito regularmente con Antonio con quien hemos mantenido un par de intercambios mano a mano vía Zoom que se encuentran en Youtube.

Como es del dominio público, Antonio Escohotado murió el 21 de noviembre por lo que me comuniqué tanto con su hijo Jorge como con Diego San José Jiménez, que fue el que organizó el primer Zoom referido desde Madrid. El mundo del pensamiento está de luto por la muerte de este titán de la cultura universal. Comenzó su ciclópea producción intelectual con una tesis doctoral sobre Hegel la cual se fue nutriendo con un número impresionante de contribuciones tanto en libros como ensayos académicos y artículos periodísticos. Con el tiempo fue mutando de su marxismo inicial al liberalismo, desde la abolición de la propiedad a la importancia decisiva de esa institución, desde la tragedia de los comunes al uso y disposición de lo propio como eje central de la sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana).

De todas sus múltiples obras en esta nota periodística me voy a referir muy sumariamente a sus colosales tres tomos titulados Los enemigos del comercioUna historia moral de la propiedad que me trajo de regalo mi hijo Bertie desde España hace tiempo. Tal como La acción humana. Tratado de economía de Ludwig von Mises es hasta el momento el trabajo cumbre en esa ciencia tan poco explorada, tan difamada y poco comprendida, del mismo modo la triada de Escohotado constituye un aporte monumental a la historia desde la perspectiva filosófica, aunque este autor es más conocido por su publicación sobre las drogas alucinógenas para usos no medicinales, solo comparable a las publicaciones de su amigo Thomas Szasz en la misma materia.

Soy consciente que es absolutamente imposible hacer justicia en una nota periodística a una obra de esta envergadura que abarca 2049 páginas, pero solo esbozamos algunos pocos puntos en la esperanza que los lectores se interesen en la indagación del trabajo completo.

En el primer tomo destacó que nuestro autor confiesa que comenzó a revertir su posición socialista con la lectura de Carl Menger Principios de economía, muy especialmente referido a la teoría subjetiva del valor. Se detiene a considerar la influencia disolvente de Platón y su propuesta comunista en La República e incluso pensadores de la talla de Aristóteles que refutó ese comunismo pero justificó la esclavitud. Antes que eso, el Nuevo Testamento contiene dos versiones encontradas sobre el rol de la propiedad, la de Santiago el Mayor y Pablo de Tarso. Podemos ahora lamentablemente decir que la primera versión que había sido fuertemente criticada y en buena medida abandonada debido a la primacía de la segunda volvió a surgir con fuerza con la denominada Teología de la Liberación y ahora con el actual Papa Francisco a quien cuando le preguntaron si es comunista respondió que “son los comunistas los que piensan como los cristianos” (La Reppublica, noviembre 11 de 2016) y su mentor fue Monseñor Enrique Angelelli quien celebraba misa bajo la insignia de los terroristas Montoneros, de ahí sus Encíclicas, Cartas Pastorales, sus actitudes tan pastosas sobre Cuba, Venezuela y Nicaragua, sus alabanzas a tercermundistas y repetidas declaraciones donde pondera el pobrismo al tiempo que critica al proceso de mercado y al capitalismo en línea con lo inaugurado por el antisemita San Juan Crisóstomo en cuanto a que dar a los pobres no sería más que entregar lo que a ellos les pertenece.

Pasa revista en detalle a las utopías tan destructivas de Tomás Moro y Campanella y sus parientes y derivados, así como también a las influencias de Marx y Engels. También estudia las formidables contribuciones a la libertad de los Fueros españoles, el habeas corpus y la Carta Magna en Inglaterra junto a la Revolución Gloriosa de Guillermo de Orange y María Estuardo, la Revolución Francesa con su defensa del derecho de propiedad y la igualdad ante la ley, antes de la contrarrevolución de los jacobinos y el reino de la guillotina. En este último sentido es de interés reproducir lo que cita el autor de Robespierre en cuanto a que “todo lo indispensable para la preservación es propiedad común” y condena “el bandidaje y fratricidio disfrazados bajo el sofístico nombre de libertad comercial”.

En el segundo tomo sobresalen los temas de la contribución pionera de William Godwin del absurdo y contraproducente anarquismo dado que resulta imposible la convivencia a través de la abolición de toda norma y tribunales tal como propone este pensador. Luego la extraordinaria experiencia estadounidense que pudo prosperar merced al abandono inicial del comunismo en la colonia de Massachusetts, resurgimiento explicado por el gobernador Bradford en sus memorias una vez dejada de lado la idea de mantener los bienes en común que estaba conduciendo a la población a la miseria y a las hambrunas de los primeros tiempos y el posterior florecimiento merced a la extendida libertad y respeto a los derechos de todos luego aconsejados y reiterados por los Padres Fundadores.

También elabora sobre la fracasada utopía en La Nueva Armonía de Robert Owen bajo la idea de “liberar a la humanidad de sus tres males más monstruosos: la propiedad privada, la religión irracional y el matrimonio”, un experimento que hubo que abandonar a poco andar por ruinoso y que provocó en los incautos “corazones decepcionados” en un clima de conflictos inevitables de unos contra otros en un proyecto que pretendía la armonía, en lugar de eso “topamos con antagonismos”. En este volumen se analizan principalmente las obras de Jeremy Bentham. Edmund Burke y James Mill y la contracara de Rousseau, Johann Fichte, Thomas Carlyle y Charles Fourier para luego abordar la influencia y difusión de los ensayos de Saint-Simon y Comte.

Cierra este voluminoso aporte con la Revolución Rusa y la irrupción de la Sociedad Fabiana en un capítulo sugestivamente titulado “El colapso del liberalismo inglés”. Nos dice Escohotado que “la asociación adopta como símbolo la tortuga, acorazada y lenta y como nombre el del cónsul romano Fabio Máximo” con su estrategia gradualista y de penetración contra Ánibal. Fue “una forma ampliada del socialismo estatal instaurado por Bismark”. Adhirieron autores como Bertrand Russell a quien Escohotado cita afirmando que “el comunismo soviético es necesario para el mundo y el bolchevismo merece la gratitud y la admiración de todos los progresistas.” Sidney Webb escribió para el lanzamiento de la Sociedad un artículo titulado “El socialista cristiano” donde propugnaba el socialismo “sin lucha de clases y sin Marx, básicamente por medios fiscales”. El propio Chaberlain reseñó la Fabbian News como “una obra maestra” y señalaba los aciertos de la plusvalía marxista.

El matrimonio Webb -Sidney y Beatrice- visitaron la Unión Soviética en 1932 luego de lo cual declararon a la prensa que “aplaudían el excelente rendimiento del sector educativo y sanitario” y más adelante, en 1935 en plenas purgas publicaron alabanzas aun más generalizadas del régimen stalinista en dos tomos titulados El comunismo soviético ¿Una nueva civilización? También George Bernard Shaw visitó Rusia en 1931 y en lugar de declarar sobre los campos de concentración y la miseria espantosa del momento afirmó al Manchester Guardian que “no había visto a nadie desnutrido, sino más bien niños notablemente rollizos”. Como también apunta Escohotado Henry George toma en Estados Unidos los principios de la Sociedad Fabiana para cargar las tintas contra la propiedad de la tierra ya que esa entidad en sus bases en 1887 subraya que “la Sociedad trabaja para extinguir la propiedad privada de la tierra” con vistas a “emancipar sus frutos de la apropiación individual.”

En el tercer tomo sobresale una sección titulada “De cómo el mundo imitó a la URSS”. Uno de los capítulos se encabezan con un epígrafe que reproduce un dicho de Babeuf que refleja bien toda la concepción socialista: “La sociedad debe erradicar para siempre le deseo individual de ser más rico, sabio o poderoso” y en otro pasaje Escohotado describe el “totalitarismo latino” en el que aparece como figura descollante Mussolini quien declara que “nada humano o espiritual existe ni tiene valor alguno fuera del Estado […] La fachada democrática, hermosa en teoría, constituye una falacia en la práctica y estamos aquí para celebrar el entierro del cuerpo putrefacto de sus libertades.” En este contexto consigna el autor que caracteriza al estatismo latinoamericano las nacionalizaciones, la cogestión obrera de la industria, los impuestos progresivos, el control de precios, el redistribucionismo y la cerrazón al comercio exterior.

En realidad el sistema fascista no solo permite una penetración mayor del espíritu totalitario sin tantas resistencias como las que presenta habitualmente el comunismo sino que permite responsabilizar al sector privado por los resultados nefastos de su política ya que se mantiene la fachada de la propiedad. Finalmente nuestro autor hace un llamado urgente a “reconstituir la saga anticomercial” para bien de todos pero muy especialmente para la suerte de los más vulnerables que solo pueden prosperar en la medida que se incrementen las tasas de capitalización fruto de la libertad de mercados y la consiguiente asignación de derechos de propiedad a los efectos de maximizar la energía creadora. Excelente como completa el título de la referida terna pues el trabajo trata nada más y nada menos que un asunto eminentemente moral y no solo jurídico y económico.

Jorge conserva los archivos de su padre y no se si toda su correspondencia se publicará donde también se consigna que tuvimos el proyecto de escribir un libro en coautoría en forma de diálogo que habíamos titulado El veneno totalitario y del que apenas comenzamos con los primeros tramos. Consignar que no todo eran coincidencias en nuestros respectivas conclusiones, escritos e interpretaciones es una verdad de Perogrullo, nunca es así ni siquiera con nosotros mismos cuando miramos para atrás y constatamos que podríamos haber mejorado la marca. En cualquier caso, como colofón a este apunte en esta ocasión con orgullo reproduzco en su integridad uno de los tantos correos electrónicos que me escribió Antonio Escohotado, esta vez el 10 de junio de 2019. De más está decir que no me tomo en serio sus halagos extremos, es para dejar constancia de su ilimitada generosidad. Lo que si me tomo en serio es su inmenso afecto que era recíproco y que fuimos cultivando desde que nos conocimos en Lima. En la última línea de la misiva de marras el interrogante se refiere a la Universidad Francisco Marroquín de la que fui su primer profesor visitante durante tres años para que nuestros hijos con María evitaran el constante tiroteo de los setenta en tierra argentina:

“Querido Alberto, acabo de sacarle unos minutos a la odiosa agenda que me persigue últimamente para disfrutar con cosas tuyas en YouTube, porque menuda planta y elocuencia tienes, y me encanta ver cómo improvisas -lo mismo en televisión que en aulas docentes o recibiendo el Juan de Mariana- sobre la base de una formación apoyada en fuentes de primera mano.

Ya te dije que sencillamente no he conocido a nadie vivo con quien pueda discurrir en términos de igualdad, si me perdonas la arrogancia del propio comparar; y como a despecho de tal o cual achaque sigo apasionado por leer y escribir -quizá más que nunca-, me haces compañía e instruyes aunque solo sea por el prodigioso regalo de la Red.

Quizá ella nos ayude a librar el combate sempiterno de la libertad y el conocimiento con los amantes de su inverso, y te confieso que si echo de menos trabar contacto físico es entre otras cosas por tentar nuestros respectivos daimones (según Hesiodo apoyados sobre “huellas de héroes pretéritos”), y algo en principio tan delirante como el brebaje eleusino, que era sin duda amida del ácido lisérgico, y algún colega químico tan redomadamente distinto como el látex de algunas adormideras.

Siempre comprometida con las fuentes primarias, tu obra solo parece pasarlas por alto en ese campo, donde demuestras el absurdo de la prohibición sin tomar en cuenta el programa socrático de la sobria ebrietas, que preservó a la Antigüedad de memeces y crueldades sin incurrir en el siempre hipócrita ideal del abstemio.

Mi tasa de trabajo y alegría desde mediados de los años 60 es inseparable de la pesquisa y el disfrute en ese orden de cosas, al margen del menú impuesto leyes y costumbres (porque “de la piel para dentro mando yo”), y me parece que dejar el reino de los vivos sin alguna experiencia digamos visionaria y eufórica en sentido literal no es solo ignorar la curiosidad sino desprotejerse, cuando empieza a soplar Boreas.

Naturalmente, toma lo previo como una insensatez, pues bien podría serlo, y quédate con el testimonio de mi cercanía espiritual. Veremos si hay algo donde no coincidamos, porque por ahora no lo encuentro, y ojalá alguna institución mejicana -lo digo por equidistar de aquí Baires, ahorrando la paliza extra de aeropuertos y aviones- se le ocurra reunirnos para un curso o cosa pareja. ¿Existirá el señor Marroquín? Un abrazo”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Jaime Balmes contra el socialismo: todavía relevante

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 29/12/15 en: http://www.redfloridablanca.es/jaime-balmes-contra-el-socialismo/

 

El Papa León XIII escribió que Jaime Balmes (1810-1848) fue el mayor talento político del siglo XIX y uno de sus más grandes escritores. Balmes consideraba a Barcelona, ciudad por excelencia de Cataluña, como más semejante a París y Londres que a otras ciudades españolas. Pero no apoyaba regionalismos o nacionalismos estrechos. Era un hombre de Barcelona, Europa y el mundo. En el campo de la economía, su principal enemigo no era “España” sino el socialismo. Sus críticas a estas doctrinas siguen siendo relevantes.

Como han demostrado las recientes elecciones generales, la escena política ha cambiado mucho en España. Las ideas socialistas más extremas son defendidas por “Podemos”, convertido hoy en la tercera fuerza política. El hecho de que sean “socialistas del siglo XXI” no los distancia de los fracasos a los que siempre han llevado estas ideas a lo largo de la Historia. Es decir, “Podemos” es una fuerza joven con ideas viejas. Por su parte, aunque obtuvieron menos votos de los que esperaban, Ciudadanos, partido que nació en la ciudad de Balmes, va a asumir un rol importante en el Congreso. El líder del partido, Albert Rivera, resumió su posición centrista: “Cataluña es mi tierra, España mi país y Europa nuestro futuro”. Posición no muy distinta a la de Balmes, uno de los primeros escritores en criticar con agudeza al socialismo.

Balmes dedicó siete ensayos a analizar y criticar esta “escuela que se propone destruir el orden social existente, constituirlo sobre nuevas bases y arreglarlo con diferente norma”. Consideraba que “todos los hombres pensadores y amantes de la humanidad” tenían que prestarle atención a estas peligrosas teorías. Mientras que muchos de los programas socialistas se habían quedado en teoría, en su tiempo empezaron a ponerlas en práctica.

Este presbítero catalán era un admirador de las personas productivas e industriosas, causándole gran preocupación que un industrial de éxito como Robert Owen (1771-1858), lo que le hacía más creíble y peligroso, promoviera proyectos socialistas.

El manifiesto socialista de Owen fue publicado en Londres en 1840. Balmes atacó la visión socialista de Owen, especialmente la noción de que este nuevo sistema crearía una nueva raza humana.

Balmes veía la libertad como un aspecto esencial de la acción humana: “En efecto, si suponemos que las acciones del hombre no dimanan del libre albedrío, sino de impulsos naturales a los que sea imposible resistir, tendremos que el ladrón, el homicida y todo linaje de criminales, no cometerán sus atentados con verdadera deliberación, y si solo obedeciendo a una ley de su naturaleza. De tal suerte que quien clava el puñal en el seno de su hermano o de su padre, no hace más que seguir el impulso a que le lleva su organización particular atendidas las circunstancias que le rodean”.

Para Balmes, Owen y los demás socialistas tenían una visión muy limitada de la persona humana. Las ideas socialistas “son la negación del espíritu del hombre, la negación de su libertad, la negación de su responsabilidad, la proclamación solemne de que no somos más que un puñado de materia organizada, y de que todos nuestros pensamientos, nuestras voluntades, nuestros actos, no son más que funciones necesarias sobre las cuales nada tenemos que ver, nada podemos; no siéndonos dado otra cosa que entregarnos a sus impulsos como el péndulo a sus oscilaciones”. En lugar de ver al ser humano como rey o partícipe de la creación, se lo reduce a sus instintos más bajos.

Balmes argumentaba que a los socialistas no deberíamos considerarlos solo como “despreciables fanáticos (…) víctimas de una ilusión exagerada por el orgullo”. Son más peligrosos porque “la semilla que ellos arrojan al acaso se deposita en tierra que la recoge con avidez, quizás para fecundarla el día que la Providencia quiera desencadenar sobre el mundo desconocidos y espantosos trastornos”. ¿Le ha dicho que sí la Providencia a los socialistas españoles? Al parecer los votantes no le dieron suficiente apoyo a Podemos y demás izquierdistas para avanzar rápidamente hacia socialismos más extremos. Pero el peligro sigue latente.

A mediano y largo plazo el socialismo fracasa porque va en contra de la naturaleza humana. En palabras de Balmes: “El sentimiento de la libertad está en el fondo de nuestra conciencia; en vano intentaremos sofocarle; una voz interior nos clama que somos libres; antes de obrar experimentamos que podemos dejar de obrar; cuando hacemos una cosa, sentimos que podríamos hacer otra; y si alguna vez nos proponemos ejercer adrede el libre albedrío, hallamos que no tiene límites, desde el acto más juicioso hasta el más extravagante y ridículo.”

El socialismo yerra no porque los seres humanos sean imperfectos y fracasan en el intento de vivir de acuerdo a sus principios, sino por sus suposiciones y la manera de ponerlas en práctica: “Lo acontecido en New Harmony no es un caso excepcional, sino un ejemplo de lo que por necesidad se verificará en todos [los] tiempos y países. M. Owen empeñado en no reconocer los vicios radicales de su sistema, achaca el mal éxito de su tentativa a los elementos de que se componía su colonia; mas no advierte que el mismo mal que se halló en ella se encontraría en todas las otras en grado más o menos intenso; y que si bien suponiendo una reunión de hombres más inteligentes y morigerados los inconvenientes no serían por de pronto tan graves, el maligno germen se desarrollaría a la sombra de la misma institución, y lejos de mejorarse los individuos de que constaría la humanidad, se irían maleando cada día más, hasta parar a un estado que les imposibilitaría de continuar reunidos”.

En 1825, para llevar a la práctica sus ideas, Owen compró Harmony, un pueblo en el suroeste de Indiana. Y lo rebautizó New Harmony. Fue un fracaso como la mayoría de los esfuerzos socialistas. En Febrero de 1826, la ciudad adoptó una nueva constitución: “La Comunidad de la Igualdad de New Harmony”. El objetivo era el de alcanzar la felicidad a través de un sistema basado en la propiedad común, la cooperación, y la libertad de expresión y acción, pero todo dentro de un contexto de obediencia a las leyes. Estas leyes dividían a los miembros en grupos y estipulaban en forma minuciosa lo que cada persona de cada grupo podía hacer. En 1827 este experimento socialista fue declarado un fracaso.

Además de su extensa crítica al socialismo, Balmes dedicó un capítulo de su “Curso de Filosofía Elemental”, un clásico en su campo, a defender la propiedad privada: “en la actualidad es más necesario que en otros tiempos el estudiar a fondo el principio del derecho de propiedad, porque se halla vivamente combatido por escuelas disolventes y amenazado por sectas audaces que probablemente causarán profundas revoluciones en el porvenir de las sociedades modernas”. Y concluye: “en el derecho de propiedad se combinan los eternos principios de la moral con las necesidades individuales, domésticas y públicas, y con miras económicas, y también con el fin de evitar que la sociedad esté entregada a una turbación continua”. Amén.

Las ideas socialistas tomaron fuerza cuando sus líderes convencieron a los trabajadores que el sistema capitalista llevaba inexorablemente a su explotación. Adam Smith exageró la importancia del trabajo en la creación de valor económico, y el marxismo llevó el argumento al extremo: toda remuneración no destinada a los salarios es explotación. La teoría del valor de este catalán anticipó las contribuciones de los economistas de la Escuela Austriaca. Explicó cómo el valor económico se basa en la utilidad, la escasez, la oferta y la demanda, y no la mano de obra y otros costos. Esto le dio una base sólida para criticar el socialismo.

Las generaciones jóvenes han ignorado a Balmes. Martín Gurría, un activista catalán defensor de la economía libre, me decía: “Estoy sorprendido por la ignorancia generalizada que existe sobre nuestros grandes pensadores. Tenían ideas avanzadas e innovadoras. El caso de Balmes es más llamativo porque una de las calles más concurridas de Barcelona lleva su nombre. Olvidamos con demasiada rapidez. Y nos cuesta caro”. Los más antiguos concuerdan. Lorenzo Dionis, uno de los cofundadores de IESE, vive en la calle Balmes. Para Dionis, parte de esta ignorancia proviene del “mundo secular de hoy, donde hay un rechazo del conocimiento que proviene de figuras religiosas”.

Los resultados de las elecciones del 20 de diciembre de 2015 alimentan un clima de incertidumbre y cambio. La historia muestra que cada vez que en España se respetan más las libertades económicas de sus ciudadanos, su economía crece más que la europea. Para nutrir esas libertades los españoles tienen valiosas fuentes que salieron de lo mejor de su cultura y tradiciones. Releer a Balmes es un buen paso para evitar errores del pasado y construir el futuro.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.