El impuesto único y la multiplicidad de impuestos

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

http://www.accionhumana.com/2021/06/el-impuesto-unico-y-la-multiplicidad-de.html

“7. El impuesto único y la multiplicidad de impuestos. En la práctica todos los sistemas impositivos son múltiples, atribuyéndole a tal sistema numerosas ventajas, entre ellas: 1″) adaptación de los impuestos a la diversa naturaleza de las riquezas gravadas, lo que no puede conseguirse con el impuesto único; 2′) corregir con unos impuestos las inevitables desigualdades inherentes a otros; 3″) hacer la tributación menos sensible a los contribuyentes; 4″) dar al sistema tributario la extensión y elasticidad necesarias para que rinda cuanto sea preciso para subvenir a los gastos públicos.”[1]

El punto 1° de las supuestas “ventajas” no se entiende. Incluso desde el propio punto de vista del fisco debería ser obvio que cometer el atraco de una vez seria para sus planes mucho mejor que fraccionar el robo en distintas partes, o en diferentes etapas. Todo depende, por supuesto, del tamaño del botín que el fisco proyecte despojar.

En los hechos, no se advierte a qué adaptación se alude, ya que el fisco se ha adaptado a todas las riquezas existentes gravándolas a todas ciertamente de diferentes maneras, pero no eximiendo a ninguna. Quien no tiene margen alguno de adaptación es la víctima, es decir, el contribuyente a quien -en lugar de adaptación– sólo se le permite optar por la resignación o la evasión, no dejándole el ladrón fiscal ninguna otra alternativa. 2°) los impuestos en ningún caso corrigen desigualdades, sino que las profundizan, y ya hemos explicado anteriormente cómo lo hacen, explayándonos respeto de ese particular al que nos remitimos. 3°) este punto es realmente sinestro. Se trata de disimular el latrocinio fiscal de la manera que sea menos dolorosa para el expoliado. Vergonzoso. 4°) es decir, permitir que el pulpo fiscal extienda sus peligrosos tentáculos lo más largo posible, para que nadie quede fuera de su accionar opresor y devastador de riqueza.

“Pero no han faltado los denostadores de este sistema, alegando en favor de la unicidad de los impuestos las siguientes ventajas: 1″) Es perfectamente justo, afirman, porque exige a cada ciudadano la parte proporcional de sus bienes que es necesario para atender a los gastos colectivos; 2′) Es el más cómodo de todos los sistemas, porque reclama de una sola vez al contribuyente su parte contributiva y suprime las múltiples trabas en que se ven envueltas bajo el régimen de multiplicidad de impuestos la circulación, producción y el consumo de la riqueza; 3′) Porque permite conocer de un modo exacto lo que paga cada individuo; 4») Con el impuesto único se obtiene la máxima simplicidad y economía en la recaudación del gravamen.”[2]

1°) Ningún impuesto es justo, porque no puede denominarse así cuando se le quita a otro lo que es suyo por medio de la fuerza, o la amenaza de ejercer contra él la fuerza. Los gastos nunca son “colectivos” sino individuales. Se quiso referir entonces a los gastos del gobierno, que es otra cosa, y deberían limitarse a los mínimos gastos administrativos que implicaría mantener al personal requerido para expedir documentos oficiales y no mucho más, suprimiendo todas las demás funciones que, objetivamente, pueden ser cumplidas por los particulares, e implicará un ahorro sustancial en beneficio de toda la comunidad.

2°) Alguna razón lleva este punto, aunque contempla el problema parcialmente en cuanto al modo de recaudación y no a los efectos del impuesto. Es más cómodo, tanto para el recaudador como para el sujeto expoliado. Entre pagar un impuesto y pagar más de uno, siempre es preferible lo primero y no lo segundo. Máxime cuando países como Argentina tienen cerca de 100 tributos en danza para pagar. Lo engorroso de pagar múltiples impuestos es -en buena parte- adrede porque de esta manera el fisco logra cobrar intereses por mora más confiscatorios que el impuesto mismo que les sirven de base. En tal sentido, el sistema múltiple conviene al fisco, porque recauda más a pesar de que deba demorar algo más de tiempo en hacerlo.

3°) Esto es cierto respecto del contribuyente de derecho, pero no lo es en relación al de hecho.

4°) Es difícil estar en desacuerdo con este punto. Pero sigue atendiendo al método de recaudación, y no aborda la temática principal: los efectos perjudiciales de todo impuesto, más allá de lo simple o complejo que pudiera ser la manera en que el fisco se hace del patrimonio ajeno.

“La doctrina o teoría del impuesto único ha producido una abundante literatura, tanto en favor como en contra. Entre los más interesantes exponentes de la misma se cuenta el creador del “georgismo”, Henry George que preconizó “el impuesto único sobre la renta de la tierra”. En cierto modo, este economista es el sucesor de los fisiócratas que, al declarar que la agricultura es la única industria productiva, admitían que sólo ésta debía ser gravada. Pero el continuador llevó la teoría mucho más adelante, al afirmar que, “a medida que la civilización progresa, es mayor el divorcio entre ricos y pobres, mayor la distancia que los separa”. “Mientras la renta de la tierra se eleva, dice George, el interés del capital disminuye y el salario del obrero desciende al mínimum, estrictamente indispensable para las necesidades de la existencia. Y así vemos en todos los países crecer simultáneamente, como las ramas de un mismo tronco, la suma pobreza al lado de la suma riqueza”.”[3]

Por supuesto que es falso que “la agricultura es la única industria productiva” por lo que tanto los fisiócratas como su sucesor (George) están más que errados. Ningún economista moderno se animaría a sostener hoy en día doctrinas tan perimidas como las que se narran en esta cita. Los fisiócratas fueron superados y barridos por lo que se llamó la Revolución Industrial. Esta fue sucedida por la industria espacial (que fue muy breve, por cierto) y esta a su vez fue prevalecida por la revolución tecnológica de las comunicaciones, para luego pasar a la revolución informática y cibernética. Cada una de estas etapas fue conviviendo primero y desplazando -en muchos aspectos- posteriormente a las fases que les precedieron. Pero George se quedó en la primera fase, la de la agricultura. Por eso, no resulta serio citarlo, y darle tanto espacio en un trabajo sobre tributos.


[1]Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibídem.

[3] Goldstein, M. ibídem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina