ASPECTOS EN LA OBRA DE SIGMUND FREUD

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Resulta muy difícil juzgar in toto a un escritor y cuanto mayor es la cantidad de sus obras, naturalmente mayor es la dificultad. Para emitir una opinión sobre un autor generalmente se alude a lo que se estima es el eje central de su contribución. De todos modos, no siempre es fácil la tarea puesto que en algunos casos se entremezclan en los aportes aspectos considerados positivos y negativos.

En el caso de Sigmund Freud nos parece pertinente citar algunos de sus pensamientos para arribar a alguna conclusión. Por ejemplo, en Problemas de la civilización sostiene que, en el ser humano, debe “descartarse el principio de una facultad originaria y, por así decirlo, natural, apta para distinguir el bien del mal”, mas aún, en Tótem y tabú escribe que “las prohibiciones dictaminadas por las costumbres y la moral a las que nosotros obedecemos, tienen en sus rasgos esenciales cierta afinidad con el tabú primitivo” y, en el mismo libro, afirma que la negación de las relaciones incestuosas constituye “la mutilación mas sangrienta, quizás, que se ha impuesto en todos los tiempos a la vida erótica del ser humano”.

Esto va para la moral y las costumbres pero también la emprende contra el sentido mismo de libertad, por ejemplo, en su Introducción al psicoanálisis donde se refiere a “la ilusión de tal cosa como la libertad psíquica […] eso es anticientífico y debe rendirse a la demanda del determinismo cuyo gobierno se extiende sobre la vida mental”. Al decir de C.S. Lewis, esta perspectiva, que convertiría al ser humano en meras máquinas, significaría “la abolición del hombre”.

Sin duda, igual que lo que sucede con prácticamente todos los autores de renombre, Freud ha realizado aportes que han sido útiles para variados fines, por ejemplo, su preocupación para que personas que reprimen en el subconsciente hechos e imágenes que estiman inconvenientes puedan asumir los problemas y ponerlos en el nivel del consciente. También fue quien inició el método de asociación de ideas recurriendo al per analogiam incluso para la interpretación de sueños apartándose de una estricta exégesis e internándose en una suerte de hermenéutica onírica y de los sucesos de la vida en general.

Pero estos dos ejemplos resultan controvertidos puesto que hay quienes sostienen que muchas veces la llamada “represión” constituye un mecanismo de defensa para evitar daños mayores y que solo es constructivo que afloren los problemas si efectivamente pueden resolverse y no simplemente por el mero hecho de sacarlos a luz. A su vez, hay quienes sostienen que la interpretación analógica de diversos sucesos conduce a conclusiones tortuosas y equivocadas cuando, en verdad, una interpretación directa (o, si se quiere, literal) conduce a un mejor entendimiento de lo que se analiza.

En el epílogo al tercer tomo de su Derecho, legislación y libertad el premio Nobel Friedrich Hayek escribe: “Creo que la humanidad mirará nuestra era como una de supersticiones básicamente conectadas con los nombres de Karl Marx y Sigmund Freud. Creo que la gente descubrirá que las ideas más difundidas del siglo veinte -aquellas de la economía planificada basada en la redistribución, manejada por arreglos deliberados en lugar del mercado y el dejar de lado las represiones y la moral convencional y seguir una educación permisiva- estaban basadas en supersticiones en el más estricto sentido de la palabra”.

Hans Eyseneck señala en Decadencia y caída del imperio freudiano que “lo que hay de cierto en Freud no es nuevo y lo que es nuevo no es cierto”. Thomas Szasz y Richard LaPierre llegan a la misma conclusión en La ética del psicoanálisis y La ética freudiana respectivamente. Ronald Dabiez en su voluminoso tratado El método psicoanalítico y la doctrina freudiana señala que las ideas que Freud no comparte las considera “neurosis”, lo cual abre las puertas a peligrosas persecuciones bajo el manto del “tratamiento”. Por ejemplo, Dabiez explica que “la actitud de Freud frente a las creencias religiosas ha evolucionado en el sentido de una hostilidad cada vez mas acentuada, al menos por la frecuencia de sus manifestaciones, puesto que, para Freud, la equiparación fundamental de la religión a la neurosis obsesiva se encuentra desde 1907”.

También Henry Hazlitt concluye en Los fundamentos de la moralidad que, según Freud, “la sociedad” debe financiar obligatoriamente la irresponsabilidad de hogares y colegios permisivos y que “el criminal está ´enfermo´ y, por ende, no debe ser castigado” y que “el cumplimiento de normas morales solo conduce a la neurosis”.

Entre las 673 páginas de una de las obras de Richard Webster titulada Why Freud Was Wrong, leemos que “Freud estaba convencido que la mente podía y debía describirse como si fuera parte de un aparato físico […] Freud no realizó ningún descubrimiento intelectual de sustancia […], sus hábitos de pensamiento y su actitud frente a la investigación científica están lejos de cualquier método responsable de estudio”. De este libro escribe James Liberman en el Journal of the History of Medicine que “hasta donde yo sé, es el mejor tratamiento del tema tanto en contenido como en estilo.”

Por otra parte, Lecomte du Noüy destaca en Human Destiny que “De arriba abajo en toda la escala, todos los animales, sin excepción, son esclavos de sus funciones fisiológicas y de sus hormonas y secreciones endoctrinales” pero, con el hombre, “aparece una nueva discontinuidad en la naturaleza, tan profunda como la que existe entre la materia inerte y la vida organizada. Significa el nacimiento de la conciencia y de la libertad […] La libertad no solo es un privilegio, es una prueba. Ninguna institución humana tiene el derecho de privar al hombre de ella”. De cada uno de nosotros depende el resultado de esa prueba y no de pseudodeterminismos del profesor vienés de marras que estarían fuera del alcance humano.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Triada fatal

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 20/7/14 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2014/07/triada-fatal.html#more

 

Sigmund Freud ha tenido y sigue teniendo enorme influencia en nuestro mundo, por lo que cabe destacar (y alertar) que el eje central de su pensamiento filosófico derrumba todo lo que conocemos como propiamente humano. Por ejemplo, en su Introducción al psicoanálisis subraya que “la ilusión de tal cosa como la libertad psíquica […] es anticientífico y debe rendirse a la demanda del determinismo cuyo gobierno se extiende sobre la vida mental”. Esta afirmación niega el libre albedrío y, por tanto, el agente moral y la consiguiente responsabilidad individual, al tiempo que torna imposible la existencia de proposiciones verdaderas y falsas, ideas autogeneradas, la revisión de nuestros propios juicios e imposibilita la argumentación, incluso para el debate del determinismo. En otros términos, sostiene que somos meras máquinas y que hacemos “las del loro” con lo que se pretende arrasar con todo el edificio de la humanidad.

Por otro lado, en Problemas de la civilización sostiene que, en el ser humano, debe “descartarse el principio de una facultad originaria y, por así decirlo, natural, apta para distinguir el bien del mal” y. mas aún, en Tótem y tabú escribe que “las prohibiciones dictaminadas por las costumbres y la moral a las que nosotros obedecemos, tienen en sus rasgos esenciales cierta afinidad con el tabú primitivo” y, en el mismo libro, afirma que la negación de las relaciones incestuosas constituye “la mutilación mas sangrienta, quizás, que se ha impuesto en todos los tiempos a la vida erótica del ser humano”.

El segundo personaje que queremos mencionar telegráficamente en esta nota periodística es Marx quien en su primera obra en colaboración con Engels, esto es en La sagrada familia (una crítica sarcástica a los hermanos Bauer) también suscribe el determinismo que en la práctica niega toda posibilidad de libertad. Pero la dupla -Engels abarca campos más amplios en su ataque a la libertad y apunta al corazón de la sociedad abierta al patrocinar la liquidación de la institución de la propiedad privada. Así, estos autores escriben en el Manifiesto Comunista que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada” con lo que no solo encadenan a la gente a los caprichos del aparato estatal sino que eliminan toda posibilidad de funcionamiento económico ya que arrasan con los precios y el mercado con lo que no resulta posible la contabilidad ni la evaluación de proyectos que ha sido la razón técnica (además de las masacres humanas) del derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlín. Si todos los bienes crecieran en los árboles y hubiera de todo para todos todo el tiempo no habría necesidad de asignar derechos de propiedad, pero como las cosas no son de esa manera se hace necesaria la referida institución al efecto de aprovechar del mejor modo posible los siempre escaso recursos en el contexto de que acrecienten sus patrimonios aquellos que sepan atender las demandas de sus congéneres de la mejor manera y quiebren o disminuyan sus ganancias aquellos que yerran y no han sabido satisfacer los intereses del prójimo. En esta línea argumental, la sociedad abierta establece un sistema en el que cada uno al buscar sus personales intereses debe atender los de los demás.

Marx fue muy influenciado por Hegel (del mismo modo que ocurrió con las derechas nacionalsocialistas y fascistas) quien escribió en la tercera parte de Filosofía del derecho que “El Estado es la voluntad divina” y por ello “el Estado debe tomar bajo su protección la verdad objetiva” y que “todo debe estar subordinado a los intereses elevados del Estado”; en Enciclopedia de las ciencias filosóficas afirma que “el Estado en cuanto tal, en cuanto forma que el principio existe, contiene la verdad absoluta” y en Filosofía de la historia leemos que “En las naciones civilizadas la verdadera valentía consiste en la diligencia para consagrarse por entero al servicio del Estado”.

El tercer y último personaje que ha sido fatal para la vida civilizada es Keynes quien en el prólogo a la edición alemana -en plena época nazi- de su Teoría general del interés, la ocupación y el dinero escribió: “La teoría de la producción global, que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho mas fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia”. Además, en la misma obra, resume su tesis en dos párrafos clave. En primer lugar, al sostener que “La prudencia financiera está expuesta a disminuir la demanda global y, por tanto, a perjudicar el bienestar” y, en segundo término, propugna “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de escasez del capital”. Este autor es tal vez el que ha hecho más daño a las instituciones liberales puesto que es el que más ha penetrado con el intervencionismo estatal en las relaciones personales a través de los desórdenes monetarios, fiscales y laborales que han teñido las políticas occidentales que generaron las repetidas crisis internacionales…y las que vendrán por seguir aferrados a políticas marcadamente antiliberales de absurdas regulaciones, gasto desmesurado, déficit colosal y astronómico endeudamiento.

Para los lectores interesados en adentrarse en otros muchos aspectos de lo comentado sucintamente en esta columna, en orden inverso a lo que dejamos aquí planteado, entre tantos trabajos que pueden recomendarse, sugiero tres libros de extraordinaria valía: sobre Keynes Los errores de la nueva ciencia económica [The Faliure of the New Economics] de Henry Hazlitt (Madrid, Aguilar, 1959/1964), para Marx, de Thomas Sowell, Marxism. Philosophy and Economics(New York, William Morrow and Co., 1985) y para Freud, de Richard Webster,Why Freud was Wrong (New York, Basic Books, 1995).

Hay veces que conviene elaborar sobre la materia tratada para clarificar conceptos pero en esta ocasión estimo que con las citas que hemos seleccionado no es necesario abundar en mayores explicaciones puesto que son de una indiscutible precisión, por lo que preferimos dejar el resto a la sesuda meditación del lector.

Sin duda que no hay nadie por más destructiva que sean sus ideas que no contenga algo bueno en su ser: Stalin no era un desviado sexual y Pol Pot no fumaba, Platón propiciaba el totalitarismo pero elaboró sobre el alma de modo convincente. Las personas se las juzga por el balance neto de sus gestiones en la vida y no por una parcialidad. Keynes, antes de volcarse al estatismo, realizó observaciones y reflexiones de interés e incluso cuando adoptó su nueva postura que fue la que predominó, con gran razón ha escrito que “Las ideas de los economistas y de los filósofos políticos, tanto cuando están en lo cierto como cuando no lo están, son más poderosas de lo que se supone corrientemente. Verdaderamente, el mundo se gobierna con poco más. Los hombres prácticos, que se creen completamente libres de toda influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto”. Freud ha realizado contribuciones trascendentes respecto al tratamiento de problemas aplastados e incrustados en el inconsciente vía la represión y Marx acuñó los tan convenientes y utilizados criterios clasificatorios de “economistas clásicos” y “capitalismo”.

En cualquier caso, de más está decir que resulta indispensable la exposición de todas las ideas para poder razonarlas y debatirlas abiertamente y siempre estar en la punta de la silla para posibles refutaciones de las propias convicciones. Pero una vez comprendidas las ventajas de la libertad no debe caerse en el espejismo y la trampa mortal de pretender permutarla por seguridad puesto que el resultado es indefectiblemente quedarse sin lo uno ni lo otro, ya que al renunciar a la libertad, al demoler derechos, se otorga carta blanca a los autócratas para imponer el reino de la mayor de las inseguridades. Entonces, lo peor es quedarse  en la mitad del camino desde el ángulo intelectual accediendo a componendas y transacciones timoratas y, en ese nivel, para ser “práctico”, aceptar “políticas transitorias” con la ilusión de salir del paso. En este sentido, cito un pensamiento de Milton Friedman: “Nada hay más permanente que un programa transitorio de gobierno”.

En el nivel político deben buscarse consensos, pero si anticipadamente se abdica de principios en el ámbito intelectual no quedan esperanzas para empujar el eje del debate hacia posiciones mejores. Hayek escribe al respecto en The Intellectuals and Socialism que “Necesitamos líderes intelectuales que estén preparados para resistir los halagos del poder y su influencia, dispuestos a trabajar por un ideal, cualquiera sean las posibilidades de su realización inmediata. Tiene que haber hombres que están dispuestos a mantenerse fieles a principios y luchar por su completa realización, no importa cuan remota sea. […] La lección fundamental que debe aprender un liberal del éxito socialista es su coraje para ser idealista lo que les brinda el apoyo necesario y, consecuentemente, la influencia en la opinión pública para convertir en posible aquello que se estimaba imposible. Aquellos que se concentraron exclusivamente en lo que parecía practicable dado el estado existente de la opinión pública, constantemente encuentran que incluso lo que proponen rápidamente se convierte en políticamente imposible como resultado de los cambios en la opinión que no hicieron nada por modificar”.

Reiteramos que el debate de distintas ideas, perspectivas y propuestas resultan sumamente fértiles y necesarias para mirar los problemas desde distintos costados. Nunca debe cercenarse una opinión por más disparatada que nos parezca, pero a la hora de decidir, la referida apertura mental no debe hacer perder de vista la importancia de los valores y principios de la libertad, precisamente, para poder enriquecerse con diversas facetas y ángulos de análisis. Nicholas Rescher indica este camino en su magnífico libro titulado Pluralism. Against the Demand for Consensus (Oxford, Clarendon Press) y Alfred P. Sloan cuando conjeturaba que habría unanimidad en sus reuniones de directorio en General Motors, posponía la votación porque estimaba necesaria y productiva la disidencia.

Si no se entienden las amenazas que se ciernen sobre la sociedad abierta y se hace lugar con indiferencia para que los estatistas y detractores de la libertad continúen estableciendo la agenda de discusión, seguiremos retrocediendo en nuestras legislaciones hasta instaurar la esclavitud, con la diferencia respecto de la antigüedad que en lugar de existir varios amos sea uno solo, corporizado en el Leviatán. Recordemos que la primera recopilación de leyes conocidas en la historia fueron promulgadas por el rey de Babilonia, Hammurabi, 1760 años antes de Cristo, y esculpidas en un bloque de basalto de dos metros y medio de altura, que contiene 282 preceptos entre los cuales el 15 y el 16 indican que se debe castigar con la pena de muerte a quien ayude a escapar a un esclavo o lo esconda.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.