¿Qué es mejor, un ministro o seis ministros en economía?

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 24/7/16 en: http://economiaparatodos.net/que-es-mejor-un-ministro-o-seis-ministros-en-economia/

 

Macri quiere bajar la pobreza, la inflación y poner en funcionamiento la economía, pero no tiene un plan económico global que le permita alcanzar esos objetivos

A diferencia de otros presidentes, Macri optó por poner 6 ministros en el área económica. A saber, en Hacienda está Prat Gay, el ministro de Producción es Francisco Cabrera, el de Transporte Guillermo Dietrich, en Modernización está Andrés Ibarra, Energía José Aranguren y en Agricultura Ricardo Buryaile.

A diferencia de Macri, Memen delegó esa cartera en diferentes personas que ejecutaban una política económica determinada. Empezó ensayando con el plan Bunge y Born que fracasó a los pocos meses, luego probó con Erman Gonzalez, posteriormente llegó Domingo Cavallo con su equipo de colaboradores y en 1996 Roque Fernández reemplazó a Domingo Cavallo quien renunció al cargo. Es decir, tuvo un solo ministro fuerte en el área de economía.

Por su parte Néstor Kirchner aceptó tener como ministro de Economía a Lavagna, pero la prepotencia y las locuras económicas del entonces presidente hicieron que Lavagna renunciara y a partir de ese momento tanto él como Cristina Fernández tuvieron a ministros insignificantes. El ministro era Néstor Kirchner que no sabía nada de economía y no dejaba de cometer horrores económicos y luego Cristina Fernández siguió con el mismo esquema pero al final lo mantuvo a Kicillof que más que ministro era una especie de agitador político de barricada, acorde al perfil de la entonces presidente Cristina Fernández.

Si bien cada presidente puede optar por el esquema que más le agrade para el área de economía, mi impresión es que siempre es más conveniente tener una sola cabeza que tenga bien el claro el plan económico a seguir y, de esa manera, evitar contradicciones en el discurso o en la implementación de las medidas. Incluso en la secuencia de las medidas que deben ir tomándose y particularmente en con herencias tan terroríficas como las que dejaron los Kirchner.

Es frecuente que me pregunten si el esquema elegido por Macri respecto al área económica es correcto. Obviamente cada uno usa el sistema que más le gusta, de manera que esta es solo mi opinión. Mi punto de vista, pero lejos está de ser mi opinión la verdad revelada.

Algunos argumentan que Macri no quiere tener los líos que tuvo Menem con Cavallo cuando le renunció en 1996. No sé si esto es cierto o no, pero si uno elige un buen economista, me parece que uno solo resuelve el problema mejor que varios descoordinados.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, Ludwig Erhard implementó las reformas económicas que llevaron al milagro alemán. No fue el plan Marshall el que sacó adelante a Alemania, sino la política económica que aplicó Erhard a pesar de las restricciones que le ponían Adenauer y los aliados que estaban enamorados de los controles. Eran los tiempos del intervencionismo y el estatismo en Inglaterra con los laboristas.

En Chile, Hernán Büchi logró implementar las reformas económicas que llevaron al milagro económico chileno. O el caso de Ruth Richardson que logró otro milagro económico en Nueva Zelanda con profundas reformas pro mercado en la década de los 90.

En todos los casos fue un ministro de economía el que tenía el plan en la cabeza y lideraba el cambio comunicando muy bien a la población los beneficios de la política económica que aplicaba, al tiempo que el presidente lo apoyaba incondicionalmente.

Luego de 7 meses de gobierno de Cambiemos, todo parece indicar que no hay un plan económico o, más bien, el plan económico es el no plan. Esto significa que Macri sabe que quiere bajar la pobreza, la inflación y poner en funcionamiento la economía, pero no tiene un plan económico global que le permita dominar la terrible herencia k que recibimos y lograr los objetivos planteados. Es como si cada mañana trataran de resolver de a uno los problemas, lo cual los llevan a cometer errores no forzados, a mandar de a uno los soldados al frente de batalla con lo cual se los van liquidando de a uno y, además, genera incertidumbre en los agentes económicos, sobre todo los que tienen que invertir, ante la ausencia de un plan económico global y consistente.

Me parece que Macri trata de suplir la falta de un plan económico global con muchos ministros, suponiendo que cada uno le va a resolver los problemas de cada área y al final el problema global termina siendo resuelto por la acción de cada uno de sus ministros en forma aislada sin un plan preconcebido.

Todo parece indicar que más que aplicar un plan de reformas profundas, el presidente busca que varios ministros administren bien un sistema económico que por definición genera incentivos nefastos porque desestimulan el trabajo y la producción.

En síntesis, creo que la mejor opción es tener un solo ministro con un plan global que apunte a cambiar el nefasto sistema económico populista que se heredó.

Insistir con administrar “eficientemente” con varios ministros un sistema con incentivos nefastos, no es la opción que yo elegiría, porque un sistema con incentivos nefastos jamás va a transformarse en un sistema con incentivos positivos.

Un mal sistema económico no lo puede administrar eficientemente bien ni un ministro ni 6 ministros. Un sistema económico ineficiente hay que cambiarlo. Para eso se votó cambiemos.

PD: Por favor, no argumentar que no se puede cambiar de un día para otro. No digo eso en la nota. Solo resalto el rumbo a seguir sabiendo que llevará tiempo terminar con 70 años de populismo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Locos por el asado

Por Iván Carrino. Publicado el 12/2/16 en: http://www.ivancarrino.com/locos-por-el-asado/

 

El precio del popular corte de carne generó acaloradas discusiones en los últimos días. Si bien con mejores modales, el gobierno puede estar repitiendo los errores del pasado.

La polémica estaba instalada. Pero con humor ayudó a propagarla Marcelo Tinelli, cuando escribió que si él fuese Victoria Beckham, invertiría la plata del divorcio en 3 kilos de asado. No contento con esto, agregó que “si seguimos así, en mayo para comprar un kilo de asado vas a tener que estar en el top five de Forbes”, aludiendo a la lista de los individuos más ricos del planeta.

Quienes no se tomaron el tema con el mismo humor fueron los funcionarios del gobierno. Hace unos días, el Ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, aseguró que había visto el kilo de asado a $ 140 y que eso le parecía “excesivo”. Por otro lado, el Ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile, afirmó que, según sus cálculos, el kilo de asado debería costar, al público, $ 90.

Para hacer que dichos precios se reduzcan, la Secretaría de Comercio anunció que lanzará una aplicación que obligará a supermercados a publicar sus precios, de manera que la gente pueda elegir con mayor información. Según algunos analistas de prestigio, esto ayudará a que la competencia entre las entidades sea mayor y, por ende, los precios se desinflen.

Sin embargo, estos análisis dejan de lado el verdadero problema.

Márgenes de rentabilidad

En primer lugar, debe decirse que si los funcionarios consideran que el kilo de asado debe venderse a $ 90, nada les impide abandonar la función pública y ponerse una carnicería que ofrezca el producto a ese precio. Si es como ellos dicen, no solo generarán beneficios para sí, sino para toda la comunidad. Y esto vale para todos los que se quejan de los márgenes excesivos que supuestamente tienen los supermercados y carnicerías: ¿acaso probaron alguna vez incursionando en dicho negocio?

En segundo lugar, resulta poco sensato culpar a los empresarios por los aumentos en la carne. Lo cierto es que, como el resto de los productos en Argentina, los precios de la carne suben a causa de la inflación, como lo demuestra el gráfico de más abajo.

Graf

Desde enero de 1992 a enero de 2002 el precio del kilo de asado subió sólo 10% (el cuadril, por su parte, bajó 6,6%). Sin embargo, desde diciembre de 2003 a noviembre de 2015 (último mes de gobierno de Cristina Fernández), el kilo de asado escaló un 1407%. A la luz de estos datos, luce evidente que el culpable del aumento no es el margen de rentabilidad de las carnicerías y los supermercados, sino la desvalorización de la moneda.

La contradicción de Cambiemos

Ahora es cierto que desde noviembre los precios de este producto han acelerado su ritmo. Sin embargo, al renegar de esta tendencia el gobierno de “Cambiemos” entra en una contradicción. Esto es así porque, por un lado, tanto el presidente como la mayoría de los ministros coincidían en afirmar que el kirchnerismo había llenado de “cepos” a la economía y que su tarea era eliminarlos para liberar las fuerzas productivas del país.

Pero necesariamente, la liberación de estas fuerzas implica reconocer los verdaderos precios de las cosas y, naturalmente, luego de la caída en el stock ganadero de 10.000.0000 de cabezas producida por los controles impuestos por el kirchnerismo, era obvio que los precios iban a tender a subir. Querer controlarlos nuevamente es incurrir en una contradicción y, seguramente, terminará conspirando contra los objetivos de reactivación económica que el gobierno dice perseguir.

Cómo fomentar la competencia

Por último, una nota debe hacerse sobre la nueva página web que obligará a las cadenas de supermercados a publicar sus precios. En teoría esta aplicación se promocionará para incrementar la competencia empresaria, pero lo primero que se observa es que difícilmente una nueva carga regulatoria sobre las empresas pueda conseguir este objetivo. Es que, en realidad, el tema pasa por otro lado. Como afirmaba Nicolás Cachanosky, “más competencia no es obligar a comerciantes a publicar sus precios online”, sino “menos regulaciones e impuestos razonables”.

Esta opinión no es solo compartida por economistas independientes, sino también por quienes hoy comparten el espacio político del gobierno. En su libro Argentina Emprendedora, Andy Freire, Ministro de Innovación de la Ciudad de Buenos Aires, destaca que para mejorar la competitividad de la economía es esencial reducir la carga burocrática, impositiva y regulatoria, en línea con lo que establecen el World Economic Forum y el índice Doing Business del Banco Mundial.

Conclusión

La combinación de inflación y controles de precios siempre termina mal. Y fueron Néstor Kirchner y Roberto Lavagna quienes primero aplicaron esta estrategia al sector de la carne en Argentina. Los resultados fueron la desaparición del stock ganadero y el cierre de 150 frigoríficos. Hoy los consumidores estamos pagando las consecuencias.

En este marco, lo mejor que puede hacer el gobierno es seguir eliminando cepos y bajar la inflación con política fiscal y monetaria. De lo contrario, seguiremos viviendo como en El Día de la Marmota, repitiendo, una y otra vez, los errores económicos del pasado.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.