¿PORQUÉ OBEDECER A LA AUTORIDAD?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

De entrada me parece que resulta conveniente precisar que hay básicamente dos tipos de autoridad. En primer lugar, la  en un sentido amplio es decir la que es reconocida por la rectitud de conducta o por los conocimientos o por ambas cosas a la vez. Este tipo de autoridad no necesita de aparatos compulsivos de la fuerza para acatarse, se adopta por la virtud implícita en el  ejemplo. En este sentido no hay obligación propiamente dicha de seguir los lineamientos estipulados, si se siguen es  por el reconocimiento de la razón de lo que se pone de manifiesto.

 

Pero hay otro tipo de autoridad que se sustenta para su cumplimiento en la fuerza, sea esta de un gobierno respaldado siempre en las botas policiales, una autoridad escolar respaldada en reprimendas varias o equivalentes. En estas líneas vamos a centrar nuestra atención en el primer tipo, esto es, la de los aparatos estatales.

 

Como enseñan algunos de los pensadores en la larga tradición del iusnaturalismo: Grotius, Pufendorf, R. Hooker, Francisco de Vitoria, Sidney, Locke,  Leo Strauss, Francis Lieber, Eric Mack, H. B. Veatch, Lon Fuller, Roscoe Pound, John Finnis -a contracorriente de los Kelsen, Hart y Raz contemporáneos- las disposiciones legales deben basarse en puntos de referencia extramuros de la norma positiva para ser justas. Y esos mojones a su turno derivan de lo que hace posible el desenvolvimiento de los seres humanos que del mismo modo que las piedras y las rosas tienen propiedades inherentes a su naturaleza.

 

De allí el derecho natural, que aunque en ciertos ámbitos se ha utilizado de modo caprichoso y degradado, sigue manteniendo su sentido original. Por esto es que juristas de la talla de Bruno Leoni insisten en que la conformación del derecho positivo está inmerso en un proceso de descubrimiento y no uno de ingeniería social o de diseño.

 

La autoridad del tipo ahora estudiado se basa en la ley, a saber, las disposiciones que son afines a la naturaleza del hombre para poder desarrollarse en la vida. Incluso David Hume escribe que “No es impropio recurrir a la expresión ley natural si por natural entendemos lo que es común a la especie” (en A Treatise on Human Nature) . Esto es lo que confiere autoridad a los gobiernos en una sociedad abierta, a diferencia de megalómanos que pretenden controlar vidas y haciendas ajenas.

 

Ahora bien, ¿que hacer cuando los aparatos estatales se salen de cauce y en lugar de proteger derechos los conculcan? Es una cuestión prudencial, cuando los atropellos son tolerables es mejor absorberlos y tratar de revertir la situación por medio de la persuasión. Pero cuando la situación se hace insoportable, tal como reza la Declaración de la Independencia estadounidense (en la que se han inspirado las naciones libres), es deber de los ciudadanos el deponer al gobierno e instaurar otro. Este es el derecho a la resistencia a gobiernos opresivos. Es un contragolpe de Estado cuando el gobierno ha dado un golpe contra las instituciones libres…son los casos hoy, por ejemplo, de Venezuela, Nicaragua, Cuba y Corea del Norte. No hay que confundir al ciudadano con el súbdito ni un país con un Gulag.

 

Como queda dicho, de más está decir que la referida rebelión contra la opresión inaguantable debe hacerse con criterio prudencial para no caer en la misma situación (o peor) solo que con otros gobernantes como en la práctica han sido la mayor parte de las revoluciones, a diferencia de la norteamericana por la que se aplicó una política diametralmente opuesta a la autoritaria de Jorge III (de un tiempo a esta parte, Estados Unidos abandonó los principios de los Padres Fundadores para lo que recomiendo, entre la mucha literatura disponible, Dismantling America de Thomas Sowell). Hasta el momento en los otros ejemplos, en el mejor de los casos se produjo un alivio más o menos transitorio para luego, en mayor o menor medida, recaer en que los aparatos estatales atropellaran los derechos vitales a la libertad y a la propiedad.

Como he subrayado antes, incluso en otros casos, la situación después de la revolución fue muchísimo peor, como es el ejemplo de la revuelta de Castro contra las tropelías inaceptables de Batista. En otros casos, el alivio fue grande como es el ejemplo de Hitler. Salvando las distancias, la revolución popular contra Ferdinand Marcos también permitió un paréntesis en el totalitarismo.

Lo mismo va para el caso argentino de la tiranía rosista y, con independencia de los graves desbarranques posteriores, similar fenómeno ocurrió con la sublevación como consecuencia del sistema opresivo de Perón contra la libertad de prensa y las libertades básicas de las personas y también lo ocurrido con otros dictadores latinoamericanos de la misma época. Y mucho antes que eso los movimientos revolucionarios independentistas (por ejemplo, constituye una sandez oponerse a la Revolución de Mayo en lo que luego fue suelo argentino contra un déspota que había reemplazado a otro sátrapa en España). También los casos de Stroessner en Paraguay, de Somoza en Nicaragua, de Trujillo en la República Dominicana y similares. Las revueltas que desembocaron en el derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlín despertaron enormes esperanzas en los espíritus libres. Claro que hay cuestiones de grado que hacen diferencias por lo que no puede meterse todo en la misma bolsa.

El antes mencionado Sidney había escrito como burla a la monarquía absoluta que alegaba que su poder derivaba de Dios y otras sandeces que irónicamente “Dios ha causado que algunos nacieran con coronas en sus cabezas y todos los demás con monturas sobre sus espaldas”.

Especialmente en América latina ha sido costumbre el dirigirse a la autoridad gubernamental como su exceletísimo, su eminencia reverendísima y otros servilismos impropios de un sistema republicano y del recato, del pudor y la decencia más elemental. Incluso se hace alarde del título de “honorable” sin percatarse que el vocablo en gran medida proviene de la condición de ad honorem cosa que por el contrario es rechazada para en cambio percibir suculentas dietas (para no decir nada de los dineros mal habidos).

Benjamin Constant ha popularizado los conceptos de “libertad de los antiguos” y “libertad de los modernos” (noción rechazada por Fustel de Coulanges), entendiéndose lo primero como la mera participación de algunos gobernados en el gobierno, mientras que lo segundo alude a la preservación de las autonomías individuales. Del mismo modo, la tolerancia era concebida antes como una gracia del monarca o del sacerdote y, en cambio, modernamente es entendida no con tufillo inquisitorial de perdonar a los que se estimaba estaban equivocados sino que se ha transformado en la consideración por los derechos de todos.

No debe confundirse autoridad con autoritarismo, lo primero en el contexto de lo que estamos tratando alude al uso de la fuerza con carácter defensivo, nunca ofensivo en cuyo caso invariablemente irrumpe el autoritarismo.

Es por esto que en la actualidad resulta de gran  provecho recordar el célebre dictum del historiador decimonónico Acton en cuanto a que “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente” al efecto de alertar frente a desvíos de la órbita política del momento.

Frente a todos los problemas siempre hay quienes proponen que intervengan los aparatos estatales, lo cual significa que se arrancará el fruto del trabajo ajeno para recurrir a la violencia. Muy paradójicamente esta maniobra se lleva a cabo en nombre del derecho cuando en verdad se trata de pseudoderechos ya que se echa mano al bolsillo del prójimo para imponer obligaciones injustas a terceros. Injustas porque violan la definición clásica de Justicia de “dar a cada uno lo suyo” puesto que “lo suyo” implica el respeto a la propiedad de cada cual, lo cual se ha violado al proceder en consecuencia.

Muy paradójicamente hoy en el denominado mundo libre la política más generalizada consiste en el fascismo, es decir, permitir el registro de la propiedad a nombre de particulares pero usa y dispone el gobierno. Es un modo más efectivo y encapuchado de debilitar la institución de la propiedad privada que los marxistas -más sinceros ellos- proponen abrogar de un plumazo. Pensemos en ejemplos cotidianos: los taxis en muchas de las grandes ciudades son manejados por los alcaldes en cuanto a la regulación de la tarifa, el color en que están pintados y el horario de trabajo. También los sistemas educativos, en general manipulados por ministerios de educación que establecen pautas curriculares y otras disposiciones para la mal llamada educación privada (en verdad privada de independencia). Todo esto sin contar las asfixiantes regulaciones en el comercio, la industria, el agro y la banca.

Según Etienne de la Boétie “Son pues, los propios pueblos los que se dejan, o, mejor dicho, se hacen encadenar, ya que con sólo dejar de servir romperían las cadenas” (en Discurso sobre la servidumbre voluntaria), que era la preocupación y ocupación de Henry David Thoreau respecto a la necesaria desobediencia civil para mantener en brete al Leviatán y para bloquear a los mandatarios con sed de transformarse en mandantes.

En lugar de estar permanentemente apuntando a lo menos malo en actitud timorata y rastrera, tengamos el coraje de subir la vara para encaminarnos al respeto recíproco. En el extremo miremos lo que se sugiere desde la vereda de enfrente al espíritu liberal, una postura que explica porqué las izquierdas marcan las agendas y habitualmente corren el eje del debate, lo cual está muy bien ilustrado en el título de una conferencia de Herbert Marcuse dirigida a estudiantes, en 1969, en Canadá: “Exijamos lo imposible”.

De todos modos y por último decimos que la secuencia siendo firme debe ser ordenada en una secuencia racional, por lo que la noción de autoridad centrada en el monopolio de la fuerza puede sin duda mutar en el futuro si es que quedaran resueltos los problemas esgrimidos básicamente en las teorías de los bienes públicos, la asimetría de la información, el dilema del prisionero, los free riders y la refutación del denominado equilibrio de Nash y el teorema de Kaldor-Hicks en el contexto de las inconsistencias de balances sociales explicados por Robert Nozick y la interpretación correcta de “la tragedia de los comunes” y el óptimo de Pareto. Estos temas no se han debatido aun con el suficiente detenimiento, aunque hay trabajos muy meritorios al respecto que no han  salido a la luz debido a que no se han resuelto temas mucho más básicos y, naturalmente, no puede construirse el techo de un edificio antes de que se encuentren listos los cimientos (lo que se traduce en otra metáfora más: no se puede colocar la carreta delante de los bueyes frente a la mediocridad de la mayor parte de los debates actuales que repiten las mismas falacias de antaño).

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

LA INMADUREZ DE MADURO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

La situación venezolana se pone más ríspida de lo que ya estaba debido al empecinamiento del conversador con pajaritos de no reconocer lo más elemental de la democracia cual es el voto popular. En este caso, además de la catástrofe institucional y del colosal descalabro económico que ha provocado en todo este tiempo su socialismo que siempre está de emergencia en emergencia, siguiendo las huellas de su maestro, el peligroso bufón del Orinoco, resulta que ahora pretende poner palos en la rueda para el funcionamiento de la Asamblea Nacional.

 

¿Es que este grandote irresponsable teme que los integrantes de la recientemente electa Asamblea permita la libertad de los presos políticos o que confirmen la mayoría calificada para reclamar el referendo revocatorio que autoriza la Constitución? ¿Hasta donde puede tolerarse tanto desvarío del gobierno en funciones que cuenta con el entusiasta apoyo verbal de la isla-cárcel cubana?

 

Entre otras entidades de prestigio internacional, Human Rights Foundation exige que la OEA aplique la cláusula de condena por procedimientos claramente antidemocráticos y que, por consiguiente, convoque a una sesión extraordinaria del Consejo Permanente para ese fin.

 

El despacho de la referida entidad emitido en New York continúa explicando que después de la antedicha elección parlamentaria, el presidente venezolano y quien presidía la Asamblea Nacional antes del triunfo electoral de la oposición, dispusieron muchas medidas completamente arbitrarias al efecto de bloquear los cambios en el Poder Legislativo.

 

En esta misma línea argumental, el presidente de Human Rights Foundation, Thor Halvorssen, declaró que “La OEA no puede seguir callada ante las maniobras ilegales realizadas por el régimen chavista para prevenir una transición democrática en Venezuela. El régimen no debería gozar de la desafortunada y similar indiferencia que la OEA mostró con las dictaduras militares que gobernaron en el continente décadas atrás” y agregó que “Previo a las elecciones, Maduro y Cabello advirtieron que el chavismo utilizaría todos los recursos a su alcance, incluso la violencia, para defender su ‘revolución’ […] Esto no fue un simple despliegue de bravuconería; ellos están cumpliendo con su amenaza”.

Y sigue informando el mismo despacho de HRF que “una semana después de la derrota sufrida por el chavismo en las elecciones parlamentarias, el presidente Maduro anunció la creación de un Parlamento Comunal y dijo, ´le voy a dar todo el poder al Parlamento Comunal, y ese parlamento va a ser una instancia legislativa del pueblo desde la base. ¡Todo el poder al Parlamento Comunal!´. Ese mismo día, Diosdado Cabello, todavía presidente de la Asamblea Nacional, presidió la reunión inaugural de ese órgano ilegítimo y juramentó a los militantes ´revolucionarios´ no electos”.

 

A través de procedimientos irregulares los chavistas pretenden impugnar algunos miembros electos a la Asamblea Nacional al efecto de que la oposición no cuente con la mayoría calificada que le otorgó el electorado. El constitucionalista Juan Rafalli manifestó que dado que a partir de las elecciones “el Poder Ejecutivo desconoce las decisiones del Parlamento y no publica las leyes y  la Corte desconoce lo que deliberan y decidan los legisladores, habrá un choque de poderes que va a derivar en una situación de incertidumbre jurídica y política del país en medio de una crisis”.

 

Todos estos procedimientos inauditos configuran un golpe de Estado, frente a lo cual hay dos caminos: el primero, el más ventajoso y menos riesgoso consiste en arremangarse y seguir con una gran dosis de paciencia para tratar de encauzar las cosas. El segundo es un contragolpe para evitar que la situación se salga por completo de control y se convierta en otra Cuba camuflada donde ya sería tarde para reaccionar. De ser posible es mejor el primer camino porque como dice Tocqueville, igual que en las novelas, en las revoluciones (en este caso contrarrevolución) lo más difícil es el final.

 

He escrito antes sobre este asunto tan delicado y por momentos peligroso del contragolpe de Estado, en este caso al solo efecto de que se cumpla lo que expresó el electorado a través de las urnas. Tal vez, lo propuesto por Human Rights Foundation y otras voces responsables del continente resulten suficientes para encaminar las cosas a pesar de los rasgos totalitarios del Poder Ejecutivo y la contaminación prepotente de buena parte del Judicial.

 

Vladimir Gessen, de El Diario de Caracas -uno de los medios que reproducen mis columnas semanales- me recomendó que vea un artículo de Rogelio Nuñez en ese mismo periódico titulado “Las Fuerzas Armadas, clave en el futuro de Venezuela” en el que se lee en las primeras líneas que “La crisis institucional a la que parece abocada Venezuela provoca que las Fuerzas Armadas vayan a tener, y ya tienen, un papel muy importante en el futuro del país. Chavismo y antichavismo buscan apoyo entre los militares que parecen divididos entre un ala institucional y una mucho más apegada y vinculada clientelarmente al régimen de Nicolás Maduro”.

 

“Este papel relevante de las FFAA -prosigue Nuñez- ya era subrayado en un artículo de Mario Vargas Llosa en el diario El País [de Madrid]: ´La postura del Ejército venezolano será decisiva en los días que se avecinan. Si mantiene la neutralidad que ha tenido durante el proceso electoral y se niega a ser utilizado como fuerza de choque del régimen para clausurar la Asamblea Nacional o condenarla a la inoperancia, el desmontaje del chavismo puede ser gradual, pacífico y acelerar, mediante el apoyo internacional, la recuperación económica de Venezuela. En caso contrario, el espectro de una guerra civil y de una sanguinaria represión contra el pueblo que acaba de manifestar su repudio del régimen, son previsibles´. De ser así, tal y como señala el Premio Nobel de Literatura, se convertiría en un nuevo capítulo en la larga historia de la presencia de las FFAA en la historia del país”.

 

¿La irresponsabilidad del gobierno llegará a la frontera de una guerra civil? Como digo, antes he consignado que es de gran relevancia destacar que en la tradición liberal está presente la rebelión contra el abuso insoportable del poder. En la obra más conocida de John Locke puede decirse que comenzó el tratamiento sistemático de esa tradición.

 

En este contexto, se trataría de un contragolpe de Estado puesto que el golpe de estado original lo dieron quienes avasallaron derechos atropellando instituciones clave de una República que, como es sabido, significa alternancia en el poder, transparencia en los actos de gobierno, responsabilidad de los gobernantes ante los gobernados, igualdad ante la ley anclada en el “dar a cada uno lo suyo” de la Justicia y división e independencia de poderes.

 

La revolución estadounidense -un espejo en el que se miraron muchas de las naciones libres del planeta- tomó la idea del derecho de resistencia en su Declaración de la Independencia donde consigna claramente que “cuando cualquier forma de gobierno se torna destructivo para estos fines [los derechos inalienables de los gobernados], es el derecho del pueblo de alterarlo o abolirlo y constituir un nuevo gobierno y establecer su fundación en base a aquellos principios”.

 

De más está decir que la referida rebelión contra la opresión inaguantable debe hacerse con criterio prudencial para no caer en la misma situación (o peor) solo que con otros gobernantes como en la práctica han sido la mayor parte de las revoluciones, a diferencia de la norteamericana por la que se aplicó en aquel momento una política diametralmente opuesta a la autoritaria de Jorge III.

 

Incluso en otros casos, la situación después de la revolución fue muchísimo peor, como es el ejemplo de la revuelta de Castro contra las tropelías inaceptables de Batista. En otros casos, el alivio fue grande como es el ejemplo de la coalición contra Hitler. Salvando las distancias, la revolución popular contra Ferdinand Marcos también permitió un paréntesis en el totalitarismo. Lo mismo va para el caso de la tiranía rosista argentina y, con independencia de los graves desbarranques posteriores, similar fenómeno ocurrió en el mismo país con la sublevación como consecuencia del sistema opresivo de Perón contra la libertad de prensa y las libertades básicas de las personas y también de otros dictadores latinoamericanos, y mucho antes que eso los movimientos revolucionarios independentistas (por ejemplo, constituye una sandez oponerse a la Revolución de Mayo en lo que luego fue suelo argentino contra un déspota que había reemplazado a otro sátrapa en España). Las revueltas que desembocaron en el derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlín despertaron enormes esperanzas en los espíritus libres. Claro que hay cuestiones de grado que hacen diferencias por lo que no puede meterse todo en la misma bolsa.

 

Pero lo más importante es comprender que los contragolpes no producen milagros, en casos extremos permiten espacios de mayor respeto que resultan muy efímeros si no hay ideas suficientemente sólidas como para reemplazar lo que venía ocurriendo. Si no es así, en definitiva, se habrán consumido energías y recursos sin resultados que compensen los sacrificios, los desgastes y conflictos que así se convierten en infructuosos.

 

En última instancia la educación es la clave para contar con sociedades libres. Un traspié que obligue a sustituir el gobierno y llamar a elecciones en el plazo más rápido posible no hará que nada cambie si previamente no se han entendido y aceptado los fundamentos y la ventajas de la sociedad abierta. No hay iluminados que deban imponer sus ideas a otros. No hay la peligrosa fantasía del “filósofo rey” sino la necesidad de establecer instituciones que dificulten el abuso del poder.

 

En resumen, la mejor manera de evitar los contragolpes de estado (generalmente fallidos en el sentido de la reincidencia o incluso el engrosamiento del estatismo) consiste en ocuparse de las tareas educativas mencionadas al efecto de despejar telarañas mentales, lo cual beneficia a toda la comunidad pero muy especialmente a los más necesitados. De todos modos, debe estarse atento en casos como el venezolano para no caer en un punto de no retorno como es, por ejemplo, el caso de la dinastía de megalómanos en Corea del Norte.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Belgrano, más allá de la bandera

Por Alejandro O. Gomez. Publicado el 19/6/2014 en: http://www.infobae.com/2014/06/19/1574363-belgrano-mas-alla-la-bandera

Para la gran mayoría de los argentinos, Manuel Belgrano es conocido por haber sido el creador de la bandera nacional y por su desempeño, tanto político como militar, en las guerras de la Independencia entre 1810 y 1820.

Menos conocida es su actuación en los años previos a la Revolución de Mayo. 

Sobre todo la etapa en la que se desempeñó como secretario del Consulado de Buenos Aires, durante el Virreinato del Río de la Plata. Hacia 1785, un grupo de comerciantes de Buenos Aires se constituyó en junta para solicitar a las autoridades reales la creación de un Consulado, para que la solución de sus problemas fuera decidida por jueces locales, de la misma forma en que se hacía en Lima y México. Nueve años después, la solicitud fue aprobada, y en 1794 el Rey creó por Real Cédula el Consulado de Buenos Aires. Además de ejercer funciones de tribunal judicial en asuntos comerciales, el Consulado tenía otros objetivos de vital importancia para el progreso de la región, como ser: procurar “por todos los medios posibles el adelantamiento de la agricultura, la mejora en el cultivo y beneficios de los frutos, la introducción de las máquinas y herramientas más ventajosas, la facilidad en la circulación interior y, en suma, cuanto parezca conducente al mayor aumento y extensión de todos los ramos de cultivo y tráfico.” En esta tarea tuvo un rol destacado su Secretario, Manuel Belgrano, quien fue el difusor de las nuevas ideas económicas en boga hacia fines del S .XVIII. En 1793, el joven Belgrano se recibió de Abogado en la Universidad de Salamanca, pero según los relatos de sus memorias, no será en el ámbito académico donde adquirirá sus mayores conocimientos, sino en el trato diario con pensadores y hombres de letras que conocía en tertulias y reuniones sociales en las que se discutían los acontecimientos que conmovían a Europa y al Norte de América por aquellos tiempos, como ser la Revolución Francesa y la independencia de Estados Unidos. Esto lo llevó a inclinarse por el estudio de la Economía Política, leyendo a autores como Quesnay, Adam Smith y Campomanes, entre otros. Claro está que sus ideas renovadoras chocaron con la incomprensión e intereses mezquinos de los burócratas rioplatenses de la época. Todas las innovaciones que promovió desde su puesto de Secretario del Consulado atentaban contra la seguridad y privilegios de una clase acomodada que sólo pretendía obtener rentas económicas sin hacer ningún tipo de esfuerzo ni aporte para el progreso de la región. De todos modos, Belgrano, que por aquel entonces promediaba los veinte años, no se tentó ante la posibilidad de obtener cuantiosos beneficios económicos desde la comodidad de su cargo burocrático, sino que prefirió utilizar la función pública para “fomentar la agricultura, animar la industria [y] proteger el comercio de un país agricultor”. Su pensamiento estará guiado por las ideas de los fisiócratas (fisis=naturaleza; cracia=gobierno), para quienes la agricultura era la base de la riqueza de un país. Para Belgrano, “la agricultura es el verdadero destino del hombre”; según su visión, el cultivo de la tierra era sinónimo de progreso y civilización. Obviamente, esta concepción se oponía a la tradición mercantilista con la que España encaró el proceso de conquista económica de América.

NO SE TENTÓ ANTE LA POSIBILIDAD DE OBTENER CUANTIOSOS BENEFICIOS ECONÓMICOS DESDE LA COMODIDAD DE SU CARGO

Belgrano concentró sus esfuerzos en promover la educación y la agricultura. Gracias a su capacidad analítica pudo ver los obstáculos a los que se enfrentaba la sociedad colonial. Por una parte, señaló a la falta de educación como un factor determinante del atraso. Una sociedad que pretendiera salir de la indigencia y la desidia debía promover la educación en todos los niveles y hacerla asequible a todos los sectores sociales. La educación significaba, según su concepción, eficiencia, creatividad, desarrollo del potencial humano y libertad. El otro factor determinante del atraso, era la ausencia de una sociedad agrícola. La agricultura era sinónimo de civilización, apego a la tierra, trabajo metódico, derechos de propiedad y progreso económico. Berlgrano pensaba que la falta de conocimientos y de incentivos a la agricultura habían hecho de la región del Plata una zona despoblada, sin hábitos de trabajo y sin perspectivas de desarrollo más allá del intercambio generado por el puerto de Buenos Aires por el cual salía la plata de Potosí y los cueros del ganado salvaje; y en el que ingresaban las manufacturas españolas.

UNA SOCIEDAD QUE PRETENDIERA SALIR DE LA INDIGENCIA Y LA DESIDIA DEBÍA PROMOVER LA EDUCACIÓN EN TODOS LOS NIVELES

Desde el Consulado propuso la creación de escuelas de primeras letras en todos los pueblos y ciudades del Virreinato, con el objetivo de desterrar el analfabetismo y la ociosidad de la niñez, además de inculcar el hábito de la agricultura en la población joven. La educación, así, era el motor del desarrollo de otras áreas de la economía, como ser el comercio y la náutica; por ello también impulsó la creación de una Escuela de Comercio “dividida en tres ciclos: el primero, con nociones de contabilidad, reglas de cambio, correspondencia comercial, etcétera; el segundo, para enseñar la legislación sobre comercio, navegación y seguros; y el tercero con, cursos de geografía económica y de economía política”. La Escuela de Náutica, por su parte, apuntaba al desarrollo de la navegación como medio de transporte esencial para el comercio, el conocimiento de las cartas náuticas y las características de la navegación de los ríos de la región. Otra iniciativa impulsada desde el Consulado fue la creación de una Sociedad Patriótica, Literaria y Económica del Río de la Plata, con el objeto de impulsar las artes, las ciencias, la literatura, la industria, el comercio y la agricultura. El propio Belgrano se encargó de redactar los estatutos, pero nunca se llegó a reunir una cantidad suficiente de adherentes y el proyecto fracasó. Como se dijo, la educación y la agricultura fueron los pilares de la acción de Belgrano en el Consulado, pero ello no implica que haya descuidado o no haya impulsado otras actividades, como las curtiembres, la inmigración, el desarrollo de caminos y medios de comunicación con el interior, mejoras para el puerto de Buenos Aires y navegación de los ríos interiores, la creación de sociedades económicas, el establecimiento y difusión de periódicos, y un mejor accionar de la justicia comercial. A lo largo de estas líneas he tratado de reflejar muy sintéticamente la actividad menos conocida del creador de la bandera nacional. Durante poco más de diez años, desde su puesto de Secretario del Consulado impulsó una serie de medidas tendientes a fomentar el progreso social y económico de los habitantes del Virreinato. Lamentablemente, no encontró eco favorable para sus iniciativas en aquellos años en los que el imperio español languidecía. Luego vendría la hora de la emancipación y Belgrano se destacaría también como funcionario del gobierno patrio, a veces desempañando tareas para las que no se había preparado, como la de ser militar. Pero siempre con un claro sentido del deber público y del rol que le tocaba jugar en ese momento. Por eso considero importante que podamos rescatar los valores de hombres como Manuel Belgrano, quien asumió la función pública con el objetivo de servir a la comunidad desde el lugar que le correspondiera. Vista desde esta perspectiva, su figura cobra mayor relevancia, ya quecuando le tocó salir detrás del escritorio y brindar sus servicios a la Patria desde el campo de batalla, lo hizo con igual entrega y sacrificio , aun cuando la milicia no fuera su especialidad. Sería un pecado de ignorancia conocer a este hombre sólo por su iniciativa de enarbolar la que sería la bandera nacional.

CUANDO LE TOCÓ DEJAR EL ESCRITORIO Y BRINDAR SUS SERVICIOS A LA PATRIA DESDE EL CAMPO DE BATALLA, LO HIZO CON IGUAL ENTREGA Y SACRIFICIO

Este Belgrano “desconocido” tenía una visión muy clara de cuáles eran los problemas a resolver para salir del atraso, algo que en el presente quizás no lo esté tanto. En lo que sí podemos establecer una analogía es la reflexión que él mismo hizo en sus Memorias: “…desde 1794 hasta julio de 1806 pasé mi tiempo en igual destino [Buenos Aires], haciendo esfuerzos importantes por el bien público; [encontrándome] con individuos que componían este cuerpo [el Consulado], para quienes no había más razón, ni más justicia, ni más utilidad, ni más necesidad que su interés mercantil; cualquier cosa que chocare con él, encontraba un veto, sin que hubiese recurso para atajarlo”

Su legado fue fundamental, muchos de sus proyectos se pusieron en práctica en la época de laorganización nacional. Su figura fue mucho más allá de la bandera. Su ejemplo debería ser rescatado por las generaciones presentes. Nunca buscó sacar provecho de la función pública para mejorar su situación personal, es más, en muchas ocasiones necesitó pedir dinero a sus amigos para poder comer. “La casa que se mandó hacer en la Ciudadela [en Tucumán, cuando comandaba el Ejército del Norte], tenía techo de paja y por todo mobiliario dos bancos de madera, una mesa ordinaria y un catre de campaña con un colchón raquítico y siempre doblado. Se hallaba siempre en la mayor escasez, así es que muchas veces me mandó pedir cien o doscientos pesos para comer. Lo he visto con las botas remendadas…” (según un relato de la época).[1]

“LO HE VISTO CON LAS BOTAS REMENDADAS…”

Nuestro país necesita más gente como él, no sólo por su capacidad de análisis, sino por su entrega cívica y por su ética del trabajo. Siempre propuso mejorar las condiciones de sus coetáneos, perono por medio de la dádiva que humilla y somete, sino por medio de la difusión de la educación y la cultura del trabajo.

[1] Gálvez, Lucía. “Historias de amor de la historia argentina” pág. 111

Alejandro O. Gomez se graduó de Profesor de Historia en la Universidad de Belgrano, en el Programa de Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Master of Arts in Latin American Studies por la University of Chicago y Doctor en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella. Es profesor de Historia Económica en la Universidad del CEMA