No Vuelven Más

Por Iván Carrino. Publicado el 25/1/18 en: https://www.ivancarrino.com/no-vuelven-mas/

 

El retorno a “los años dorados” del kirchnerismo es un imposible técnico.

La economía argentina está mal. Hace 8 años que el PBI no crece.

Ahora como al mismo tiempo sí crece la población, el PBI per cápita (la cantidad de producción por habitante) viene cayendo desde el 2011. Este año, si todo sigue así, estaremos en una situación muy similar a la de 2009.

Es decir, 10 años perdidos.

En este contexto, es normal que aparezca la nostalgia colectiva por un pasado mejor.

Recientemente,  en la fila del supermercado, me puse a charlar con una mujer. Como sabía que me dedicaba la economía, me preguntó qué opinaba yo de Roberto Lavagna, ex Ministro durante el período 2002-2005.

No pude ni comenzar mi respuesta que me interrumpió para decirme:

A mí me cae muy bien. Es honesto. Además, cuando él era ministro las cosas estaban mucho mejor.

Dos días atrás, en un programa de TV, una economista me dio un argumento similar, refiriéndose al período 2003-2007 como un ejemplo de crecimiento económico.

Tal vez la prueba más clara de que hay una añoranza por los “años dorados” del kirchnerismo sean las últimas reuniones que algunos políticos con aspiraciones presidenciales han tenido con el ex Ministro Lavagna.

En algún lugar de la mente de muchos está la idea de que habría que volver a aquellos viejos buenos tiempos.

Los Años Dorados

Analizando algunos números, es cierto que hubo una época en donde el kirchnerismo podía mostrar un muy saludable desempeño económico.

Entre 2003 y 2007, por ejemplo, la economía creció a un impresionante 8,8% anual promedio. El desempleo, mientras tanto, bajaba del 17,3% al 8,5%, y la inflación –que en los primeros dos años se mantuvo en valores de un dígito pero luego comenzó a subir- era vista como una consecuencia de este fuerte crecimiento.

El primer kirchnerismo recibió una situación fiscal totalmente holgada. En el año 2004, el superávit fiscal del gobierno fue 3,5% del PBI, lo que le permitió al dúo Kirchner-Lavagna salir a gastar dinero público, generando un boom de consumo que contribuyó a la caída del desempleo.

Entre 2004 y 2007, el gasto público en Argentina creció a una tasa anual del 30,3% promedio, muy por encima de la inflación. La Base Monetaria, por su parte, también crecía a ritmo acelerado.

Mientras tanto, el dólar, esa fibra tan sensible para los argentinos, mantuvo una calma extraordinaria. Entre 2003 y 2005 cayó desde $ 3,3 a $ 3,0, para luego ubicarse en $ 3,2 hacia fines de 2007.

Por si esto fuera poco, no había “tarifazos” (porque las tarifas estaban congeladas por la ley de emergencia económica) y la luz tampoco se cortaba…

En resumidas cuentas, ¡todo andaba bien!

Imposible Técnico

Al ver este cuadro de situación es normal que la gente se pregunte si no es posible volver a una economía así.

La respuesta, sin embargo, es un rotundo NO.

Es que,  veamos…

Luego de la devaluación de 2002, el tipo de cambio real alcanzó un máximo histórico. Como se ve en el gráfico de abajo, al abandonar la convertibilidad el tipo de cambio real (es decir, el poder de compra del dólar en Argentina) subió un impresionante 188%. Esto implicó que –de la noche a la mañana- todos los productos fabricados en el país se abarataran enormemente, lo que le dio impulso a las exportaciones.

Esa situación, como se aprecia, es hoy muy diferente.

Los salarios reales eran muy bajos. Otra consecuencia del abandono del 1 a 1 fue la fenomenal licuación de los salarios reales. Es decir, nuevamente de la noche a la mañana, lo que una empresa argentina o extranjera tenía que pagarle a un empleado se derrumbó. En términos concretos, si una empresa pagaba en diciembre de 2001 $ 100 a un empleado, en mayo de 2003 le estaba pagando solo $ 80 a precios de 2001.

En dólares la caída fue más pronunciada todavía. Los salarios llegaron a caer 70% en junio de 2002. En diciembre de 2003, el mismo trabajador que a fines de la convertibilidad cobraba USD 100, estaba cobrando solo USD 40.

La violenta reducción de los costos laborales promovida por la devaluación generó incentivos a la inversión, que pasó del 13% al 20% del PBI en pocos años.

Así que el crecimiento “a la China” no solo se daba por las altas tasas de crecimiento, sino porque se basó principalmente en mano de obra barata producto de la devaluación. Es decir, un remedio transitorio que solo dura hasta que se ajustan las variables.

Había superávit fiscal. Otro factor característico de los “años dorados” K era el superávit fiscal. Sin pagar la deuda externa, licuando el gasto en salarios y con abultados ingresos por las retenciones a las exportaciones, la holgura fiscal le permitió al gobierno de Néstor Kirchner avanzar en una política demagógica de aumento del gasto público totalmente insostenible. Dicho aumento, al menos a corto plazo, generaron lo que el libro de texto keynesiano dice que debían generar: aumento del consumo, de las ventas, y de la actividad económica.

Hoy no hay margen para hacer lo mismo.

¿Por qué? Porque se acabó la plata. El otrora superávit se transformó en déficit récord, la gente se cansó de la estafa de la inflación y en los mercados nadie cree en la capacidad de pago de Argentina.

No existe escenario peor para aplicar políticas keynesianas.

Como se ve, hoy el tipo de cambio real es bajo, los salarios en dólares altos y se acabó la plata para hacer políticas de gasto populista como las que llevó a cabo Néstor Kirchner.

O sea que, técnicamente, es imposible volver a la “época dorada” del kirchnerismo.

Semilla de su destrucción

Antes de finalizar, y para no extenderme demasiado, es necesario resaltar que el regreso a la “década dorada” del kirchnerismo no solo es un imposible técnico, sino además, una idea muy poco recomendable.

Es que todas las políticas iniciadas en dicha época generaron la semilla de su propia destrucción. En resumidas cuentas:

—> El incremento del gasto público se transformó en una crisis fiscal.

—> El aumento de la emisión monetaria nos llevó al podio de la inflación mundial.

—> El congelamiento de tarifas originó una crisis energética de proporciones.

—> El boom de consumo conspiró contra la inversión, impidiendo el crecimiento sostenible.

Tenemos que dejar de mirar al pasado reciente para encontrar recetas que sirvan para el futuro. El crecimiento económico no depende del tipo de cambio o del gasto del gobierno, sino del ahorro, la inversión y el aumento de la productividad.

Hay que apuntar a eso, sino estamos condenados a volver repetir los errores de siempre.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

El “efecto trinquete ” explica por qué no crece la Argentina

Por Adrián Ravier.  Publicado el 25/1/19 en: https://www.cronista.com/columnistas/El-efecto-trinquete-explica-por-que-no-crece-la-Argentina-20190125-0004.html

 

La economía argentina no crece desde 2011. Peor aun, no crece desde 1998, que fue el pico de ingresos de la década de 1990. ¿Por qué no crecemos? Porque no hay suficiente inversión. ¿Por qué falta inversión? Porque los impuestos son elevados, porque la deuda eleva las tasas de interés y porque la monetización del déficit fiscal conduce a una alta inflacion. ¿Y por qué tenemos tan alta presión tributaria, además de tomar deuda y emitir? Porque el gasto publico es demasiado elevado.

¿Y cuáles son los fundamentos de la expansión del Estado moderno en la Argentina? Esa es la pregunta central que debemos intentar responder.

El historiador económico Robert Higgs ofreció una respuesta al estudiar la historia de los Estados Unidos. En su libro Crisis y Leviatán sostuvo que la causa la podemos encontrar en el ratchet efect o “efecto trinquete”, el que describe la forma característica en la que el gobierno, bajo las condiciones ideológicas modernas, crece durante una situación que se percibe como una emergencia nacional.

El tamaño, alcance y poder del gobierno crece abruptamente cuando el gobierno actúa para “hacer algo” con el fin de disipar la amenaza. Luego, a medida que la amenaza se elimina o reduce, el gobierno se contrae, pero no hasta el nivel que se habría llegado sin la crisis. Por tanto, cada crisis desplaza la trayectoria del crecimiento del gobierno hacia un mayor tamaño, alcance y poder.

En la crisis de 2001 y 2002 encontramos el fundamento de la expansión del Estado argentino. El lector podrá pensar que esta crisis no fue la única, y que en otros casos, la expansión del Estado argentino no alcanzó esta dimensión. Pero la crisis de 2001 sí fue única en su alcance social. La pobreza superó el 50% y el desempleo el 20%. La crisis social fue tan grande que la demanda por un “Estado presente” llevó al kirchnerismo a incrementar la asistencia en niveles nunca conocidos en la Argentina. A través de múltiples planes y subsidios el gasto público consolidado se elevó de 25 al número sorprendente de 45 % del PIB. Contribuyó, claro, que las retenciones a las exportaciones, aplicadas sobre commodities cuyos precios estaban inflados ofreció recursos al gobierno para hacer posible tal proceso. Cuando estos precios se desinflaron, también se desinfló la recaudación, y con ello quedó un déficit fiscal alarmante.

Agrega Robert Higgs, que en su “formulación, las razones para el efecto trinquete son varias: una es la inercia política y legal; otra es la persistencia institucional generada por quienes operan o se benefician de las agencias gubernamentales o la nueva autoridad desencadenada por la crisis; y todavía hay una más –quizá la más importante- y es el cambio ideológico asociado a que el público llega a acostumbrarse al ejercicio de los nuevos poderes gubernamentales y a los esfuerzos concurrentes del gobierno para justificar estos poderes.”

Otros economistas e historiadores habían descrito el efecto trinquete, pero la mayoría de ellos lo habían restringido al crecimiento fiscal. Ninguno de ellos había desarrollado el componente ideológico con el mismo detalle que lo ha hecho Higgs. El cambio ideológico, desencadenado por la superación aparentemente exitosa de una crisis importante, predispone al gobierno a crear, y al público a aceptar, un crecimiento todavía mayor del gobierno cuando la crisis siguiente tenga lugar.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

Cinco obstáculos que sigue viendo el mercado para rebotar

Por Adrián Ravier.  Publicado el 5/9/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/09/05/cinco-obstaculos-que-sigue-viendo-el-mercado-para-rebotar/

 

Los anuncios del lunes a la mañana fueron, a grandes rasgos, correctos. Mauricio Macri se ocupó de la política, hablando con el corazón, mientras que Nicolás Dujovne ofreció las medidas técnicas para alcanzar equilibrio fiscal primario en el próximo presupuesto 2019, lo que el oficialismo entiende que es la madre de todos los problemas.

Del 2,7% de déficit fiscal primario sobre PBI se financiará la mitad con nuevos impuestos, especialmente con las retenciones a las exportaciones; mientras que la otra mitad se fundamenta en recortes de obra pública y un achicamiento de la estructura del Estado, reduciendo la cantidad de ministerios. El planteo me parece correcto, porque una reducción del déficit fiscal permite reducir la dependencia del financiamiento externo, en un momento en que los inversores prefieren abandonar las economías emergentes y buscar activos más seguros. Con equilibrio fiscal ya no se requiere monetizar, lo que ayuda a paliar la inflación. Tampoco se requiere seguir tomando deuda, y las tasas de interés pueden empezar a bajar para financiar proyectos de inversión reales. Con equilibrio fiscal, además, se puede empezar a revisar la estructura tributaria, y evaluar su reducción y simplificación.

El mercado, sin embargo, miró para otro lado y el dólar siguió escalando. ¿Qué faltó? A la estanflación que vive la Argentina desde hace algunos meses se suman al menos cinco condimentos:

1.¿Más impuestos? Si algo necesita la economía real, es menos impuestos, no más. Que la mitad de la corrección del déficit fiscal primario sea por medio de más recaudación en lugar de baja del gasto nunca es una buena señal para el mercado. En especial cuando las medidas revierten el rumbo que se había tomado durante este mismo gobierno.

2.Déficit financiero. El déficit cero por el que trabajará el Gobierno en 2019 es el primario, pero eso no incluye los intereses de deuda. Hace tiempo que los economistas señalamos que las metas deben ser sobre el déficit financiero, que incluye estos intereses en dólares, en lugar del déficit primario. Por otro lado, el Gobierno minimiza la importancia de los intereses de deuda, relacionándolos siempre con respecto al PBI, en lugar de hacerlo frente a la recaudación. El número es preocupante, especialmente después de la devaluación, porque los intereses son en dólares y la recaudación, en pesos.

3.Renegociación con el FMI. El acuerdo con el Fondo exigía que la tasa de inflación no supere el 32% en este 2018. Las estimaciones tras la nueva crisis cambiaria muestran que la inflación superará ampliamente este valor, incluso trepando arriba del 40 por ciento. Dujovne viaja a Washington y renegociará las condiciones. Si vuelve con apoyo para mantener el acuerdo y adelantar fondos, esto puede contribuir a tranquilizar a los mercados.

4.Credibilidad y cambio de nombres. Si bien se redujo la estructura del Estado y algunos ministros pasarán a ser secretarios, no se observan caras nuevas. Los ministros actuales han perdido credibilidad y llevará tiempo que puedan reconstruirla. Un cambio de nombres que contengan esa credibilidad permitiría dar confianza al mercado de que los anuncios no serán solo palabras.

5.Elecciones 2019. No hay garantías, sin embargo, de que avances en estos tres frentes sean suficientes para el mercado, porque Macri está debilitado para las elecciones 2019, y el mercado ya descuenta el riesgo de un cambio de gestión.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Otra vez, viviendo de la emergencia impositiva

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 4/9/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/09/04/otra-vez-viviendo-de-la-emergencia-impositiva/

 

Francamente es preocupante que al Gobierno le haya llevado todo un fin de semana para estudiar cómo enfrentar la crisis cambiaria y terminar anunciando un aumento de impuestos junto con un nuevo organigrama de Ministerios, que dudo genere grandes ahorros

No queda claro en qué se ahorrarán 0,4 puntos del PBI en 2019 entre gastos corrientes, remuneraciones y gastos operativos. Estamos hablando $73.680 millones de acuerdo al PBI que dieron a conocer para 2019.

De todas maneras, de los 2,6 puntos del PBI que van a bajar el déficit fiscal, el 65% se explica por aumentos de impuestos (los nuevos derechos de exportación de monto fijo y por postergar por un año el aumento del mínimo no imponible) y otros 0,5% de ahorros en subsidios económicos que en rigor es trasladarle al sector privado la baja del gasto público vía mayores tarifas. Lo que antes se pagaba con impuestos ahora se pagará en las facturas de los servicios públicos.

Ahora bien, algo que uno no puede entender es que gente que viene del mundo empresarial siga con la costumbre de aplicar impuestos de emergencia, porque se trata de una situación que luego se convierte en permanente en la Argentina.

De emergencia a permanencia

1) Impuesto a las Ganancias comenzó como transitorio en 1932 con el nombre de Impuesto a los Réditos. Se tornó vitalicio: “llevamos 86 años en emergencia”.

2) IVA en  1995, por el Efecto Tequila la alícuota tuvo un aumento de emergencia del 18% al 21% por 8 meses, desde abril a diciembre de ese año. Lleva 23 años de emergencia.

3) Impuesto al cheque se estableció en 2001 como transitorio hasta diciembre de 2002. Acumula 17 años de emergencia.

4) Retenciones a las exportaciones resurgieron en 2002 como una emergencia y ya llevamos 16 años de vigencia.

5) Ahora nos informan un impuesto de monto fijo a las
exportaciones de $3 a $4 por dólar, dependiendo del producto, con lo cual
nuevamente estamos en emergencia.

Explicaciones falaces

Con el argumento que no se puede tocar el gasto público porque estalla el país, o se viene la conflictividad social y otras justificaciones por  el estilo, la realidad es que seguimos teniendo un gasto público que ahoga el crecimiento económico.

Por eso es errado el razonamiento que con el crecimiento económico el gasto público va a terminar licuándose sobre el PBI. La realidad es que el PBI no puede crecer en forma sostenida mientras no haya inversiones y no habrá inversiones con esta carga impositiva confiscatoria, la que a su vez es consecuencia del nivel de gasto público.

Tampoco es cierto que el 2017 veníamos creciendo bien en forma genuina. Buena parte de ese aumento de la actividad agregada estuvo sustentado en obra pública financiada con deuda externa que se terminó cuando se cortó el financiamiento externo.

Se puede entender que a menos de un año de las PASO ya no quede demasiado margen para aplicar un plan económico consistente, aunque habrá que ver si las medidas anunciadas alcanzan para llegar sin desbordes a agosto del año que viene.

Pérdida de oportunidades

Ahora, si bien queda escaso margen para aplicar medidas estructurales de cara a las elecciones, también es cierto que se desperdiciaron dos grandes oportunidades en el pasado: 1) el 10 de diciembre de 2015, y 2) luego de las elecciones de medio término en 2017.

Esto hace dudar de la verdadera vocación de cambios estructurales que puede haber en el Gobierno. Porque si no hay convicción que el problema no es solamente el déficit fiscal, sino fundamentalmente el nivel de gasto público, nunca van a avanzar en el sentido de bajar el gasto para reducir el déficit fiscal.

Cuando Cambiemos asumió el Gobierno, seguramente sabía que el nivel de gasto público que heredaba del kirchnerismo se traducía en una feroz carga impositiva que, junto con la inseguridad jurídica y el cepo cambiario, impedían toda posibilidad de crecer. Los desafíos que tenía por delante eran gigantescos y nadie pedía solucionar todo lo heredado en cuatro años de mandato, pero sí cambiar el rumbo.

El cambio de rumbo no consistía solamente en eliminar el cepo cambiario, implicaba comenzar a cambiar los valores que imperan en nuestra sociedad que son los que establecen la calidad de nuestras instituciones, es decir las normas, leyes, códigos y costumbres que regulan las relaciones entre los particulares entre sí y los particulares con el Estado.

Es decir, terminar con la cultura de la dádiva y reimplantar la cultura del trabajo. Sin embargo, desde que asumieron en 2015, varios funcionarios de Cambiemos viven compitiendo con el kirchnerismo para ver quién otorgó más planes sociales.

El presidente Mauricio Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza

El presidente Mauricio Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza

Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza. En todo caso sería mejor medir el éxito de su gestión por la menor cantidad de planes sociales que tiene que otorgar el Gobierno porque eso va a significar que las familias pueden mantenerse gracias al fruto de su trabajo y no del trabajo ajeno.

¿Qué tipo de sociedad competitiva puede construirse, considerando los cambios tecnológicos que vemos que llegan como un tsunami, si hay generaciones que viven viendo como sus padres no trabajan y viven del plan social? Ese es el primer gran cambio cultural que tiene que impulsar Cambiemos para poder iniciar una senda de crecimiento basada en las inversiones para poder incrementar la productividad y bajar la pobreza. Todo eso no se logra con más impuestazos.

Es probable que con el aumento del tipo de cambio mejoren las exportaciones y se produzca cierto grado de sustitución de importaciones, pero como en tantas otras oportunidades, las exportaciones no mejorarán por mayor competitividad, sino por esconder, transitoriamente, las ineficiencias estructurales detrás de un tipo de cambio más alto. Esto lo hemos visto en infinidad de oportunidades, hasta que se licua el tipo de cambio real y volvemos a los problemas del sector externo.

Insisto, si las medidas anunciadas son para llegar a las elecciones de 2019 sin estallidos económicos, se entiende aunque habremos perdido 4 años más de nuestras vidas en financiar un Estado ineficiente.

Ahora, si creen que se construye una política económica de largo plazo con este nivel de gasto público, esta carga tributaria y esta cultura de la dádiva, seguimos en el mismo problema que nos hizo entrar en esta larga senda de decadencia populista que ya lleva, por lo menos, 70 años. Mientras tanto, seguimos aumentando nuestra emergencia impositiva.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Diferencias y similitudes entre la inflación M y la inflación K

Por Iván Carrino. Publicado el 25/4/18 en: http://www.ivancarrino.com/diferencias-y-similitudes-entre-la-inflacion-m-y-la-inflacion-k/

 

En lo cuantitativo, la inflación de hoy es similar a la de CFK, pero cualitativamente la cosa es muy diferente.

La inflación es un fenómeno monetario. Cuando el dinero es excesivamente abundante, su valor cae, y eso se ve reflejado en el aumento de todos los precios de la economía.

En Argentina hace 10 años que tenemos una inflación promedio del 27%, ocupando los primeros puestos del mundo en este ranking de mala gestión monetaria.

Según datos privados, los precios subieron en 2015 alrededor de 27% y promediaron, en los dos mandatos de Cristina Fernández de Kirchner, una suba de 25,2% anual.

De acuerdo con datos oficiales, la inflación cerró en 24,8% el año pasado y durante el primer trimestre de este año el dato anualizado es 29,6%. Es decir que durante la gestión de Mauricio Macri –para quien la inflación no iba a ser un tema durante su gobierno- los datos referentes al ritmo de aumento de precios no distan demasiado de los del gobierno de CFK.

Tomando esta realidad como referencia, muchos igualan ambas situaciones, y sostienen que tras todos los cambios introducidos, nada relevante ha pasado con el crucial tema de la inflación.

Similitud cuantitativa, diferencia cualitativa

Ahora si bien al mirar los números, la situación parece similar, lo cierto es que en el aspecto cualitativo, el cambio es significativo.

Es que con CFK prevalecía el modelo chavista de administración económica. Es decir, se emitían billetes para financiar el déficit fiscal, y luego se buscaba reprimir las consecuencias controlando todos los precios de la economía.

Durante la gestión anterior prevaleció el cepo cambiario, un clásico control administrativo del tipo de cambio, que busca regular el precio de todos los bienes y servicios relacionados con el dólar. Además, existía una extendida red de “Precios Cuidados”, los precios de las naftas estaban controlados, y las tarifas de servicios públicos (agua, gas, luz, transporte), se mantuvieron prácticamente congeladas.

Por último, también se cobraban retenciones a las exportaciones, buscando divorciar los precios internos de los internacionales.

Este sistema de controles fue lo que el economista alemán Wilhelm Röpke denominó “inflación reprimida”. Para Röpke, la inflación reprimida “consiste fundamentalmente en que un gobierno promueve la inflación, prohibiendo más tarde, sin embargo, su influencia sobre los precios y los tipos de cambio, sustituyendo las funciones ordenadora e impulsora de los precios por el bien conocido sistema de la economía de tiempo de guerra, consistente en el racionamiento a precios controlados”.

Según el alemán, a quien muchos consideran autor intelectual de la reforma monetaria y la casi total liberación de los precios que llevó a Alemania al “milagro alemán” de la posguerra, “la inflación reprimida es aún peor que la abierta, ya que el dinero acaba por perder, no sólo la función de ordenar el proceso económico actuando como medio de cambio y unidad de cuenta, sino también la no menos importante de estimular la óptima producción de bienes y su distribución al mercado”.

En esto también coincidían dos destacados Premios Nobel de economía. Friedrich A. Hayek consideraba que “la inflación abierta es suficientemente mala. Pero la inflación reprimida por los controles es incluso peor: es el verdadero ocaso de la economía de mercado”. Milton Friedman, por su lado, afirmaba que “la inflación libre es perniciosa, pero la inflación suprimida es peor: el intento de supresión impide que obre el sistema de precios”.

Para resumir,  si bien existe hoy una inflación tan alta como la que prevalecía durante el kirchnerismo, el sistema de precios opera con mucha mayor libertad que antes, con los beneficios que esto implica.

El corto plazo y el futuro de la inflación

Los precios libres son absolutamente indispensables para tener una economía de mercado vibrante. Sin embargo, su liberación a corto plazo suele terminar impactando en los índices con los cuales los estadísticos miden la inflación.

Como se observa en el gráfico de más abajo, al tomar el promedio móvil de tres meses de la inflación mensual en la Ciudad de Buenos Aires, se observa que durante los primeros trimestres de 2016, 2017 y 2018, los precios regulados suben mucho más que la inflación general, impulsando a ésta al alza.

(Nótese la diferencia de valores entre la línea punteada, cuya referencia está en el eje izquierdo, y la línea negra sólida, cuya referencia se encuentra en el eje derecho).

Gráfico 1. Inflación CABA, precios regulados e IPC General.

infla k y m

Fuente: ICYA en base a Estadísticas CABA.

A largo plazo, lo único que determina la inflación es el exceso en la cantidad de dinero. Sin embargo, los ajustes de algunos precios puntuales tienen un efecto de corto plazo que no debería ignorarse.

Ahora bien, si la suba transitoria de la inflación que estos ajustes generan, es el costo que tenemos que pagar para que el sistema funcione mejor, bienvenido sea.

Por último, es obvio que necesitamos una política monetaria más agresiva,  porque los registros inflacionarios siguen muy lejos de las metas. Pero reconozcamos también que la “inflación M” es muy diferente de la “inflación K”.

La estrategia antiinflacionaria del kirchnerismo ignoraba las causas de la inflación y solo buscaba torpemente controlar sus consecuencias.

La estrategia de Cambiemos busca –aunque imperfectamente hasta el momento- corregir las causas de la inflación, pero liberando precios, algo que cualquier defensor de una economía sana debería aplaudir.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Macri y el cepo:

Por Armando Ribas. Publicado el 25/3/15 en: http://www.notiar.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=6034:macri-y-el-cepo&catid=44:opinion&Itemid=87

 

Las recientes declaraciones de Macri al respecto de su decisión de eliminar el cepo cambiario tan pronto llegue a la presidencia han causado una revuelta política.

 

Como era de esperarse los primeros en contestar fueron los representantes del gobierno Kicillof y el actual presidente del Banco Central Vanoli.

 

Pero sorprendente a mi juicio ha sido la reacción de parte de la oposición -Massa mediante- respecto a una decisión que debiera ser un proyecto común indubitable. Como he parafraseado Pascal, “La política tiene razones que la razón no conoce”.

 

Lamentablemente la inflación ha sido paradigmática en la Argentina desde tiempo inmemorial. Ante ese espectro se ha repetido una y otra vez el error de tratar de controlar los precios internos vía el control del tipo de cambio. Por ello las macro devaluaciones efectuadas una y otra vez han constituido pecados capitales políticos de los gobiernos que a su llegada a la Casa Rosada no les ha quedado otro remedio que devaluar.

 

Aparentemente se ha considerado que el error ha sido del que devalúa y se ignora la responsabilidad del que provocara la necesidad de devaluar.

 

Y debiéramos saber que la re valuación de la moneda tiene un efecto que es el de causar una distorsión en los precios relativos internos. Al tiempo que se controlan los precios de los bienes transables internacionalmente se aumentan los de los no transables. Y en muchos casos de los costos de los productores de bienes transables. El impacto de esa disrupción en los precios internos tiene un impacto negativo en el comercio internacional pues caen las exportaciones y se reducen las importaciones.

 

Cuando se arriba a esa situación irredimible no hay otra alternativa que la devaluación, que por supuesto tiene un impacto negativo en muchos sectores e implica un incremento en la tasa de inflación. Obviamente la devaluación es el costo del error del desequilibrio postergado.  Pero existe otra instancia respecto al tipo de cambio, que es el control de cambios. Tal es la situación que representa actualmente el denominado cepo cambiario. El mismo afecta a las empresas que no se les permite la repatriación de sus dividendos, y así como la prohibición de importaciones de bienes que afectan la producción interna.

 

De acuerdo a mis estimaciones el peso se encontraría revaluado en un 36% respecto al dólar. Durante algún tiempo la re-valuación del peso respecto al dólar fue en alguna medida compensada por el incremento en los precios de las commodities y por la devaluación del dólar respecto del euro. Esa situación está cambiando en la actualidad, en parte por la caída en el precio de la soja y por otra por la reciente re-valuación del dólar. Ello ya ha producido una reducción apreciable en las exportaciones argentinas que en parte ha sido compensada por la reducción en las importaciones producida por las crecientes restricciones.

 

Creo que ante los hechos presentes la devaluación es una necesidad ineludible, por más que pueda ser discutible la política adecuada para causar el menor impacto negativo posible. Pero no solo se requiere la devaluación sino asimismo la eliminación del cepo cambiario. Al respecto nadie lo dice, pero el mismo constituye una violación paladina de los artículos 14, 17 y 19 de la Constitución Nacional.

 

Hoy Macri adelantándose a su tiempo ha reconocido públicamente la realidad que hemos descrito, y ha manifestado su decisión de eliminar el cepo cambiario a su llegada a la presidencia. También ha decidido consecuentemente eliminar las retenciones a las exportaciones, que de hecho constituyen una mayor re-valuación del peso. Entonces dada la repercusión aparentemente negativa que ha tenido la declaración de llevar a cabo esa política es posible que tenga un efecto negativo en su candidatura, pero lo que no puede haber dudas es sobre la validez de esa decisión económica.

 

La sobre-valuación del peso es un hecho indubitable y su impacto negativo sobre la actividad económica es igualmente creciente. Pero lo que es más increíble de esta situación política es que haya sido inclusive la oposición la que ignore la inconstitucionalidad del cepo cambiario. Esperemos que gane Macri y que lleve a cabo la política adecuada para superar el actual desequilibrio económico  y la inseguridad jurídica prevaleciente en la Argentina. Ello implicaría aumentar la inversión y consecuentemente el crecimiento económico no a tasa de cuento chino sino válidas.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

El costo de la redistribución vía las retenciones a productos agrícolas y carnes

Por Martín Krause. Publicado el 17/5/14 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/05/17/el-costo-de-la-redistribucion-via-las-retenciones-a-productos-agricolas-y-carnes/

 

Cuando vimos a John Stuart Millconsideramos su argumento que las leyes de la producción no rigen la esfera de la distribución, que una vez producidos los bienes los seres humanos pueden distribuirlos como quieran. Y la crítica presentada fue que esto no es así, que inevitablemente al intervenir en la distribución se impacta en la producción.

Un caso típico de esto son las retenciones a las exportaciones de granos y carnes de la Argentina (impuestos a las exportaciones), claramente dirigidas a financiar la redistribución de ingresos. ¿Acaso no tuvieron ningún costo en términos de producción perdida? Un artículo reciente de La Nación nos da la oportunidad de estimar, muy a grosso modo por supuesto, ese costo, y la suma total desde 2007 da nada menos que 23.779 millones de dólares de menor producción agrícola y ganadera como resultado del impacto de las retenciones entre 2007 y 2014.

Si la producción argentina hubiera crecido al mismo ritmo que el promedio mundial, hoy sería así:

Soja: 55,1 millones:   3,1 más

Maíz: 30,6 millones:     8,1 más

Trigo:   16,3 millones:     7,1 más

Carne:   770 millones:       570 más (tomando en cuenta que hubiera crecido según el promedio mundial en lugar de caer)

Tomar el promedio de aumento en el mundo es, además, y como se desprende del cuadro en el artículo, tomar la medida más conservadora. Nuestros países limítrofes han incrementado su producción mucho más que el promedio mundial.

Pero aun así, eso quiere decir que de haber alcanzado ese promedio, y tomando precios de hoy FOB puertos argentinos (asumiendo que todo el excedente se exporta), tendríamos más ingresos por estas sumas:

Soja: $1.615.000.000

Maíz: $1.879.000.000

Trigo: $2.662.000.000

El precio promedio de la carne es mucho más complicado porque hay de muy distintos tipos, pero según el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina, en su informe mensual de Enero, el precio promedio iría desde $9.700 para cortes enfriados sin hueso y $5.800 para cortes congelados sin hueso. Tomemos un promedio, digamos $7.700 (por supuesto que esto es una gruesa aproximación). A ese precio sería:

Carnes: $ 5.390.000

Si asumimos que el resto del mundo no tiene retenciones, y asignamos la diferencia de resultados a la existencia de este impuesto (puede haber numerosos otros factores, por supuesto), esto quiere decir que el costo para este año sería de 6.161 millones de dólares, un poco más de lo que pagamos por Repsol.

El artículo compara el desempeño desde 2007. Tenemos que asumir que la diferencia se fue dando gradualmente durante esos años, digamos que un 14% anual para llegar al 100% en 2014.

Si mantenemos los mismos precios (que no fueron así, claro) para tener una muy simple mirada de este costo esto quiere decir que el costo por año fue:

2008: 862 millones

2009: 1725 millones

2010: 2587 millones

2011: 3450 millones

2012: 4066 millones

2013: 4928 millones

2016: 6161 millones

La suma total da 23.779 millones de dólares.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).