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Fábulas corregidas

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 18/1/17 en: http://www.actuall.com/criterio/economia/fabulas-corregidas/

 

Otra vez, nunca falla: los que atacan a la Iglesia son los mismos que atacan el ahorro y reescriben la historia, corrigen las fábulas, y socavan los derechos individuales.

 

 

Ilustración de las protagonistas de la fábula 'La cigarra y la hormiga' /Actuall - AMB
Ilustración de las protagonistas de la fábula ‘La cigarra y la hormiga’

Gracia a mi amigo, el doctor Walter Castro, me enteré de que el anterior gobierno argentino de la deplorable Cristina Fernández de Kirchner había pretendido cambiar la moraleja de La cigarra y la hormiga, la famosa fábula de Esopo.

Siguiendo al escritor brasileño Monteiro Lobato, los kirchneristas aspiraban a un final feliz para la cigarra, que sería alojada por la hormiga, quien, como dicen ahora los cursis, ‘pondría en valor’ el hecho de que los alegres cantos de la ociosa cigarra la habían reconfortado durante las laboriosas jornadas estivales.

Sabido es que las interpretaciones ambivalentes de esta fábula son muy antiguas, y han perdurado. De hecho, hay una versión alternativa, denigratoria de la hormiga, atribuida al propio Esopo. Se ha subrayado que la recreación de La Fontaine no establece un juicio moral diáfano sobre el mérito de ambos insectos.

Como era de esperar, desde el romanticismo ha habido lecturas más o menos cínicas que ponderan el arte de la cigarra por encima de la avidez materialista de la hormiga, a menudo asimilada, no por casualidad, con una odiosa banquera. Cabe recordar que Samaniego recrea la fábula hablando de la hormiga “codiciosa”.

Pero no pretendo hoy analizar en detalle estas otras interpretaciones, sino resaltar la que ha prevalecido, la que recorre toda la historia desde la Antigua Grecia. Sobre eso caben pocas dudas: la mayoría de las repeticiones y recreaciones de la vieja fábula son clarísimas en su apoyo a la hormiga.

En efecto, la moraleja que recorre el encuentro de los dos personajes desde hace veinticinco siglos es la misma, a saber: es justa y valiosa la recompensa de la hormiga, trabajadora y austera, y es justo y merecido el castigo de la despreocupada cigarra. El elogio del insecto industrioso se encuentra incluso en la Biblia:

Acércate a la hormiga, perezoso, observa su conducta y aprende. Aunque no tiene jefe, ni capataz, ni dueño, asegura su alimento en el verano y recoge su comida en tiempo de siega. (Pr 6, 6-8)

No cabe dudar, por tanto, de qué era lo que pretendía el régimen kirchnerista: atacar a la heroína de la fábula.

Sobre esto caben dos reflexiones, una económica y la otra política.

La característica económica de la hormiga es la responsabilidad. Ella sabe que tiene que procurar durante el verano su sustento para el invierno, y que ello requiere esfuerzo y especialmente ahorro: no puede consumir lo que recoge en los tiempos prósperos, porque en tal caso no le quedará nada para los meses adversos.

Esta virtud frugal, que procura multiplicar los recursos, y que saluda Jesús en la parábola de los talentos, ha sido sistemáticamente atacada por los enemigos de la libertad.

Todos ellos han sido siempre enemigos del ahorro y la responsabilidad individual, a los que pretenden sustituir por la servidumbre ante el Estado, que ha de cuidar de sus súbditos desde la cuna hasta la tumba, a cambio de arrebatarles su libertad y sus bienes.

La reflexión política tiene que ver con la soberbia con que los enemigos de la libertad se arrogan el derecho de cambiar la historia y de quebrantar los valores de la gente. Otra vez, nunca falla: los que atacan a la Iglesia son los mismos que atacan el ahorro y reescriben la historia, corrigen las fábulas, e imponen toda suerte de relatos tramposos que contribuyen a socavar los derechos individuales.

Y a las hormigas, lógicamente, las crujen a impuestos.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

 

LA TRASCENDENCIA DE LA NIÑEZ: EL CASO ARGENTINO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Hay una obra de Neil Postman titulada The Disappearance of Childhood que alarma a cualquier lector atento pero que desafortunadamente consigna verdades de a puño. Si creemos en el valor de lo que puede hacer el hombre en esta Tierra para que todos mejoremos, no podemos dejar de lado lo que ocurre en la niñez puesto que de allí parten todos los adultos del futuro.

 

Con gran acierto Postman apunta distintos aspectos de cómo hoy se trata a la niñez a través de los siguientes aspectos que deben tomarse con mucha seriedad. Primero, la falta de atención de los padres en los temas relevantes, especialmente en lo que se refiere a la educación o des-educación que reciben primero en sus hogares y luego en los colegios, situaciones en las que se han rebajado a límites inconcebibles los mojones de referencia respecto a los niveles de excelencia. Segundo, en esta misma línea argumental, se recurre a vocabulario soez tanto en el hogar como en los colegios por parte de padres y profesores.

 

Tercero, los padres permisivos que abren las puertas para que adolescentes lleguen a horas inauditas a sus hogares luego de salidas. Cuarto, hacen posible que ingieran altas dosis de alcohol. Quinto, les permiten desempeñarse como modelos en espectáculos muchas veces pornográficos.

 

Sexto, los incentivan a jugar a juegos en los que matar y destruir son los principales objetivos. Séptimo, en la vestimenta se tiende a borrar la frontera en entre el niño, el adolescente y el adulto. Octavo,  hasta en los crímenes resulta difícil distinguir a menores de adultos por la saña con que son realizados los mismos. Y noveno, la idea del pudor y el sentido de vergüenza son borrados de la trasmisión de valores a la niñez.

 

Nada hay más importante que prestar atención a los requerimientos de los niños y realizar todos los esfuerzos para brindarles seguridad y contención en el contexto de la familia. Nada más importante que incentivar su autoestima y responder con prudencia y dedicación a sus reiteradas preguntas y averiguaciones. Nada más importante que inculcarles el respeto recíproco, la honestidad, la responsabilidad y el sentido del humor.

 

Digo con cuidado y prudencia porque debe ponerse todo en la debida dimensión y no adelantarse a lo que el niño quiere saber. Una vez, al regreso del colegio una estudiante le preguntó a su madre que quería decir “pene”. La madre contestó con cierta angustia que se reunirían a conversar esa noche,  al efecto de contar con más tiempo para prepararse y responder adecuadamente. El tiempo antes del encuentro lo aprovechó la madre para consultar con el marido sobre la mejor estrategia, recurrir a Internet y preparar ilustraciones que fueran didácticas, siempre con el mayor cuidado posible. Llegada la hora de la reunión se encerraron  en el cuarto de la progenitora y tras su largo discurso, la niña dijo “que raro todo lo que me decís, no veo relación con lo que sucedió hoy en el colegio porque la profesora nos dijo que rezáramos por el alma de la abuela de una alumna para que su alma no pene”.

 

La buena educación es la clave de todo, en primer término la informal en la familia y luego la formal en el colegio y la universidad. Cada uno tiene sus métodos y no hay para esto recetas universales, pero con mi mujer desde que nuestros hijos eran muy chicos establecimos el sistema de que en las comidas a la noche, todos los días, cada uno, incluyéndonos a nosotros, debíamos poner un tema. Cuando fueron más grandes especificamos que los temas en cuestión no se refirieran a noticias del momento y que todo el mundo conoce, ni se refiriera a nada que tuviera que ver con la política ni el dinero. Es decir circunscribirlos a lo que a cada uno le pasa en su interior o las ocurrencias que aparecen a raíz de lecturas. Esto lo aplicamos hasta que los tres se casaron y con buenos resultados en el sentido que pudimos formarlos con valores y principios sólidos.

 

Todas las tareas educativas para trasmitir valores y principios de una sociedad abierta resultan clave para lo cual se necesita estar muy atento, porque como reza el título de un libro de Macedonio Fernández “no todo es vigilia la de los ojos abiertos”.

 

El caso argentino es muy anterior a los textos obligatorios de “Evita me ama” y los engendros de La Cámpora, es necesario bucear en las raíces del problema. Para ello nada mejor que reiterar brevemente alguna información del notable ensayo de Carlos Escudé con el apoyo de una nutrida bibliografía, titulado El fracaso del proyecto argentino. Educación e ideología editado en 1990 conjuntamente por el Instituto Torcuato Di Tella y la Editorial Tesis, en el que todo el eje central apunta a mostrar que las faenas educativas estaban dirigidas a “subordinar el individuo al Estado” donde “el Estado no es la defensa del individuo y sus derechos” situación en la que “el individuo vive para servir a su Patria [generalmente con mayúscula]; así y no al revés, se define la relación esencial entre el individuo y estado-nación”.

 

Todo el desbarajuste educacional -a contramano de las ideas, principios y valores alberdianos-  comenzó a manifestarse con crudeza durante la tiranía rosista. Luego, la revista “El Monitor de la Educación Común” fundada en 1881 y distribuida gratuitamente a todos los maestros, fue paulatinamente aumentando su nacionalismo e intervensionismo estatal en la educación, aun con las mejores intenciones que rodearon al Primer Congreso Pedagógico de 1882. Incluso la ley de Educación Común (la 1420) de 1884 subraya la importancia de la educación obligatoria y gratuita.

 

En los sucesivos artículos de la mencionada revista se advierte sobre la “desnacionalización que sufría la Argentina” diagnóstico que logró imponer una ley en 1908  “de ingeniería social” al efecto de “deseuropeizar” el país, “pero el objetivo primordial del proyecto educativo argentino, más que impulsar el progreso, fue el de adoctrinar a la población en un argentinismo retórico y esencialmente dogmático y autoritario, cuando no militarista” anticipada por la Ley de Residencia de 1902 por la que podía expulsarse a inmigrantes si juicio previo y las arbitrariedades del creado Consejo Nacional de Educación que incluso tenía las facultades de reglamentar los programas de las escuelas privadas por medio de la Ley Lainez de 1905.

 

Las ideas vertidas en esa revista (“una paranoia”, dice Carlos Escudé) eran las de “el espíritu de raza” (Ernesto Quesada), “la pureza del lenguaje” (Mario Velazco y Arias), los inconvenientes de las escuelas de comunidades extranjeras “como la galesa” (Raúl B. Díaz), “homogenizar los estudios” (José María Ramos Mejía), “forjar una intensa conciencia nacionalista” y “el individualismo anárquico es un peligro peligro en todas las sociedades modernas, reagravóse como tal en la República Argentina por la afluencia del extranjero inmigrante” (Carlos Octavio Bunge), ”en la conversación, en todos los grados, incluir con frecuencia asuntos de carácter patriótico” y “el extranjero que incesantemente nos invade” (Pablo Pizzurno), el “catecismo patriótico” en el que se leía el siguiente diálogo: “maestro-¿cuáles son los deberes de un buen ciudadano, alumno- el primero el amor a la patria, maestro- ¿antes que a los padres?, alumno- ¡antes que todo!” (Ernesto A. Bavio), el “Canto a la Patria” de Julio Picarel sobre el que Escudé aclara que “cito estos pésimos versos a riesgo de alinear al lector” y agrega el poeta de esta xenofobia que “los sonidos ejecutados por una banda militar llegan al oído del niño como un lenguaje fantástico y fascinador”, “el Honorable Consejo Nacional de Educación, al inaugurar la bien meditada serie de medidas tendientes a fortificar el alma de los niños argentinos, el sentimiento augusto de la Patria y a convertir la escuela en el más firme e indiscutible sostén del ideal nacionalista” (Leopoldo Correijer), “la escuela argentina tiene un carácter completamente definido, ella es el agente de nuestra formación nacional” (Juan G. Beltrán), “formemos con cada niño un idólatra frenético por la República Argentina” (Enrique de Vedia), “la escuela oficial, única que mantiene puro el espíritu de la nacionalidad en pugna con la particular cuyo florecimiento es de profusión sospechosa” (Bernardo L. Peyret), “quienes no están conformes con la orientación nacionalista que el Consejo ha dado a la enseñanza, deben tener la lealtad de renunciar al puesto que desempeñan en el magisterio” (Ángel Gallardo), nacionalismo solo realizado eficazmente “en la escuela porque es allí donde hemos de realizar la unidad moral de la raza argentina” (Ponciano Vivanco), “el amor a la patria para ser fecundo debe tener carácter de una religión nacional y ese culto a la Patria no se concibe sin la fuerza nacional” (Francisco P. Moreno).

 

Por supuesto que a la abundante lista referida por Escudé -casi todos antisemitas- no faltan los nombres de los nacionalistas Ricardo Rojas (“las escuelas privadas son uno de los factores activos de la disolución nacional”), Manuel Carlés, ambos con escritos absolutamente contrarios al cosmopolitismo y al respeto recíproco adornados como es el caso de este último autor con cánticos inauditos como el del “Himno a la Nueva Energía” a lo que deben añadirse los numerosos escritos del nacionalsocialista y judeofóbico Manuel Gálvez.

 

El general Agustín Justo designó al nazi Gustavo Martínez Zuviría como Presidente de la Comisión Nacional de Cultura, personaje que fue designado Ministro de Justicia e Instrucción Cívica en la revolución militar de 1943 que desembocó en el peronismo, desafortunadamente fue imitado, con diversos estilos, por todos los gobiernos que siguieron.

 

A los nombres mencionados cabe agregar todavía muchos otros como los de Carlos Ibarguren, el sacerdote ultra nazi Julio Meinvielle, Leopoldo Lugones y tantos otros que sentaron las bases para que luego penetrara el cepalismo, el keynesianismo, el marxismo y todas las variantes totalitarias y planificadores de las vidas y haciendas ajenas donde “lo nuestro” es siempre un valor y lo foráneo siempre un desvalor por lo que se incita a la pesadilla de un sistema de cultura alambrada. Una vez que se idolatra la patria escindida del respeto recíproco y las libertades individuales, está preparado el camino para el mesías del momento indefectiblemente encarne la patria.

 

Estas y otras reflexiones deben ser expuestas a los niños y adolescentes para formar elementos de juicio al efecto de estar en guardia de quienes se presentan como “educadores” y en realidad no son mas que adoctrinadores militantes que contribuyen a colocar férreos candados mentales.

 

Por último, es del caso citar a Amy Chua, la autora de la célebre obra titulada Battle Hymmn of the Tiger Mother donde enfatiza la necesidad de la búsqueda permanente de la excelencia y, al mismo tiempo, ser humilde, en cuyo contexto finalmente aconseja: “Asegúrese de ser el primero para así tener algo en que ser humilde”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

La dictadura K

Por Gabriel Boragina. Publicado el 20/6/12 en: http://www.accionhumana.com/2012/06/la-dictadura-k.html

 

“DICTADURA.* Se entiende comúnmente por dictadura la forma de gobierno en que una o varias personas llegan a ejercer el poder político de modo absoluto e irrestricto, sin control ni responsabilidad de ninguna especie”. [1]

Para Ossorio la dictadura “es el gobierno que, invocando el interés público, se ejerce fuera de las leyes constitutivas de un país.” Y agrega que: “Los Estados modernos sometidos a un régimen de dictadura son llamados totalitarios, pues el dictador (ya sea unipersonal, ya pluripersonal) asume todos los poderes, quebrantando la armazón constitucional de la nación y eliminando todos los derechos políticos, así como todas las garantías y libertades individuales, especialmente las de opinión, expresión, reunión, sindicación (como no sea dirigida), de conciencia, etc. Asimismo suprime el hábeas corpus y la acción de amparo o, por lo menos, los coarta. Suprime todos los partidos o sólo admite uno, que es, naturalmente, el del propio dictador. Crea figuras delictivas, por lo general de orden político, muchas veces dándoles efecto retroactivo”. [2]

El mismo autor, cuando define la tiranía nos dice: “Según afirma Horacio Sanguinetti, “se dice del régimen donde el mando se ejerce arbitrariamente, sin razón, derecho o justicia. La tiranía tiene siempre un sentido abominable, y desde Platón y Aristóteles ha merecido general execración. Para este último, hay tiranía cuando el poder es despótico y la sola voluntad del gobernante es ley, o bien cuando la monarquía se corrompe y el monarca manda sin responsabilidad a hombres mejores que él y reina no en provecho del pueblo, sino en el suyo propio”. Y mas adelante : “En general puede decirse que todas las dictaduras modernas tienen bastante de tiránicas y despóticas, pero ha sido en los regímenes totalitarios donde dichas manifestaciones han adquirido mayor volumen, ya que el poder esté detentado por un solo hombre, ya lo esté por un partido político, por un grupo militar o por cualesquiera otras organizaciones”. [3]

Vistas estas clásicas definiciones de muy prestigiosos juristas, cabe que ensayemos nuestros propios conceptos y que analicemos hasta qué punto los mismos son aplicables a la Argentina gobernada por el llamado Frente para la Victoria (FPV) bajo cuyas siglas llevara al poder al matrimonio Kirchner. Recordemos que el FPV se presenta como una rama del peronismo o partido Justicialista (PJ). Este partido -conforme la historia lo demuestra- siempre ha tenido una marcada vocación totalitaria. El FPV instalado en el poder desde el año 2003 merced a un artilugio electoral por pocos advertido y (de los que lo advirtieron) por muchos ya olvidado, tuvo desde sus inicios como meta llegar “a ejercer el poder político de modo absoluto e irrestricto, sin control ni responsabilidad de ninguna especie” tal como nos enseña el Dr. Kaplan con su ya clásica definición de dictadura. Y lo han logrado a través de diferentes vías entre las cuales se destacan:

  1. Control de los dos poderes restantes: si bien la Argentina es formalmente una “república”, en los hechos pocas veces funcionó como tal. Razones de índole histórica y de tradición política determinaron que el país se rigiera por lo que la doctrina en la materia denomina “presidencialismo” y que -en resumidas cuentas- derivara en el actual “híper-presidencialismo”. De allí a la dictadura -como se comprenderá- hay un paso. Paso que los Kirchner se han esmerado en dar. Para este control de los otros dos poderes, procedieron de la siguiente manera :
  2. Descabezamiento de la Corte Suprema de Justicia removiendo a la mayoría de sus miembros y cambiándolos por otros proclives.
  3. Control del Congreso : para lo cual recurrieron a diversos métodos de captación y cooptación, facilitados por la dilución y debilidad de los restantes partidos políticos (ya atomizados y profundamente divididos) lo que tornó a los legisladores -mal llamados de la “oposición”- en colaboracionistas del régimen o directamente en cómplices abiertos del mismo. “Cóctel” que en los hechos, da como resultado un sistema de partido único, típico de las tiranías como ilustran las definiciones que hemos dado al comienzo.
  4. En lo que resulta ser un verdadero “operativo tenaza”, como toda dictadura, no sólo se buscó el control y la dominación de la rama política de la sociedad, sino también de la sociedad civil, para lo cual los K recurrieron a las siguientes “técnicas”:
  5. Enfrentamiento social: práctica divisoria de antigua data utilizada por la mayoría (sino todos) los dictadores de la historia. En Argentina propulsada por J.D. Perón cuando dividió antojadizamente la sociedad entre peronistas y antiperonistas (estos últimos llamados “gorilas” por los primeros, término reflotado por los adictos al FPV).
  6. Clientelismo político : método (tampoco novedoso) ejercido con el sector afín de la sociedad, consistente en el reparto de prebendas y privilegios a granel bajo diferentes nombres según quienes fueren los destinatarios : planes “sociales” si se trataban de “carenciados”, o subsidios en el mismo caso o en el de empresarios adictos al régimen que, por supuesto, no faltan en ninguna dictadura. Este método es -sin duda- una resultante del anterior, habida cuenta que el sector clientelar surge de la división antes explicada y representa al sector seguidor al régimen.
  7. Intimidación: en realidad, es la técnica mediante la cual el sistema mantiene no solamente dividida la sociedad sino -y fundamentalmente- sometido al sector disidente. Y más que sometido auto-sometido. Cuando el profesor Ossorio nos decía en la cita anterior que “Suprime todos los partidos o sólo admite uno, que es, naturalmente, el del propio dictador” alude, de alguna manera -queriéndolo o no- a este fenómeno. El caso de la Argentina de los Kirchner es paradigmático por cuanto, si bien se mantiene la estructura formal de los partidos políticos, estos -en la práctica- son completamente inoperantes como oposición, lo que -a su turno- contribuye a un régimen de partido único (el gobernante) elemento típico, como sabemos, de toda tiranía.

[1] Dr. Marcos T. Kaplan, voz “Dictadura” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, Tomo 8, Letra D

[2] Ossorio Manuel. Diccionario de Ciencias Jurídicas Políticas y Sociales. -Editorial HELIASTA-1008 páginas-Edición Número 30-ISBN 9789508850553-pág. 329

[3] Ossorio y Florit, Manuel, Diccionario…ob. cit. pág. 947

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

HAY MENOS CIUDADANOS QUE VOTANTES

Por Sergio Sinay: Publicado el 19/8/15 en: http://sergiosinay.blogspot.com.ar/2015/08/hay-menos-ciudadanos-que-votantes-por.html

 

La ciudadanía es una construcción que va más allá del simple hecho de votar y que requiere responsabilidad y conciencia, tanto en la sociedad como en sus gobernantes y candidatos

La inyección de dinero, en forma de subsidios, planes y prebendas clientelistas no remplaza al desarrollo social y personal. Tampoco respeta la condición de ciudadanos de aquellos sobre quienes se derrama. El sociólogo británico Thomas Humphrey Marshall (1893-1982),    reconocido estudioso de la cuestión de la ciudadanía, sostenía que se alcanza esta condición cuando a las libertades legales formales se le agrega el cumplimiento efectivo (y no sólo declamado) de derechos sociales como la salud, la educación, la vivienda y un ingreso mínimo digno. Sólo esto hace de un individuo un miembro real de la sociedad en la que vive, decía. Marshall abundó en esta cuestión en su célebre ensayo Ciudadanía y clase social, publicado en 1949. La filósofa política Debra Satz recoge estas nociones en su reciente y sustancioso trabajo Por qué algunas cosas no deberían estar en venta. Recuerda allí que el derecho al voto, aun cuando se ejerza, tiene importancia relativa si una proporción significativa de votantes no recibió la educación suficiente como para leer en las boletas algo más que los nombres y para entender lo que se juega en un acto eleccionario.

Si tanto Satz como Marshall vivieran hoy en la Argentina observarían que tampoco alcanza la educación formal (un buen nivel de instrucción) o una plausible comodidad económica para hacer del voto una verdadera herramienta democrática cualitativa y no sólo cuantitativa. Habría que incluir el aprendizaje y puesta en práctica de ciertos valores morales, la percepción de que no hay bienestar o salvación individual en medio de un naufragio colectivo, la comprensión de lo que significan el bien común y el destino comunitario además del interés propio. Sin esto, el egoísmo, la hipocresía, la indiferencia   ante el futuro y la miopía existencial se tornan “democráticas” (es decir, se distribuyen profusamente entre diferentes sectores y capas económicas, sociales y culturales). Y eso se nota de manera dramática y socialmente patológica a la hora de elegir gobernantes.  Una sociedad de votantes y de consumidores (en este consumen productos de marketing envasados como candidatos) no es, necesariamente, una sociedad de ciudadanos.

La ciudadanía no se regala. Se construye. Y es una construcción colectiva. Requiere voluntades integradas, vectores que confluyan en el diseño de un porvenir comunitario alentador, en el cual el sentido de las vidas individuales pueda despuntar en un contexto estimulante y dejar huella en el presente y futuro de otras vidas. Construir ciudadanía exige buena fe, reclama respeto por la diversidad (y no la utilización oportunista de minorías postergadas o discriminadas), convoca al diálogo, y no a la suma de monólogos, ante los inevitables desacuerdos de la vida colectiva. Sólo es posible construir ciudadanía en donde hay un ejercicio responsable del poder. Es decir en donde se lo pone al servicio de la sociedad representada y en donde se da cuenta a los mandantes (deber inexcusable de toda mandatario) acerca de las decisiones tomadas y de sus consecuencias.

 

Todos estos aspectos y requisitos parecen lejanos y extraños cuando se avecinan elecciones con candidatos que dan muestras de una irresponsabilidad, una ineficiencia y una capacidad de genuflexión tan inocultables como el oficialista, o de un oportunismo, una volubilidad o una superficialidad tan descorazonadoras como las de sus principales            adversarios. Así será mientras quienes aspiren a ser ciudadanos (personas con derechos y deberes reales y activos, que conviven en un escenario de respeto actuando con responsabilidad y compromiso en la construcción de riquezas comunes) actúen como simples votantes que solo especulan con el plazo corto e individual.

 

Sergio Sinay es periodista y escritor, columnista de los diarios La Nación y Perfil. Se ha enfocado en temas relacionados con los vínculos humanos y con la ética y la moral. Entre sus libros se cuentan “La falta de respeto”, “¿Para qué trabajamos?”, “El apagón moral”, “La sociedad de los hijos huérfanos”, “En busca de la libertad” y “La masculinidad tóxica”. Es docente de cursos de extensión en ESEADE. 

EL MIEDO DE LOS CORRUPTOS ANTE LOS ELEFANTES

Por Sergio Sinay: Publicado el 14/5/15 en: http://www.sergiosinay.blogspot.com.ar/2015/05/el-miedo-de-los-corruptos-ante-los.html

 

La despiadada cacería de un viejo juez desnuda la inmoralidad de los chacales y revive, a través de un poema, el valor de la metáfora

El salvaje, obsceno, impiadoso e inmoral ataque que una banda de corruptos en busca de impunidad ha desatado sobre el juez Fayt trajo a mi memoria un bellísimo poema del escritor inglés David Herbert Lawrence (1885-1930), autor de obras clásicas e imprescindibles, como “El amante de Lady Chaterley”, “Mujeres enamoradas” o “hijos y amantes”, entre otras. El poema es de una sutileza y una profundidad que ninguno de estos oportunistas, bocones y brutos a cargo de funciones gubernamentales o parlamentarias podría entender aunque viviera cien vidas. Se titula “El elefante se aparea lentamente” y aquí lo comparto, dedicándolo a las personas sensibles y a todos los viejos que siguen enseñando e iluminando caminos de honestidad, compromiso, decencia, responsabilidad y sentido para quienes vienen detrás:

El elefante, enorme y antiguo animal,

se aparea lentamente;

encuentra una hembra, no muestran premura

esperan

a que en sus vastos corazones cautelosos

poco a poco se encienda la emoción

rezagándose en los lechos de los ríos

mientras toman agua y comen hierbas

y corren en pánico por la maleza de la selva

con la manada,

y duermen en sólido silencio y despiertan

juntos, sin decir nada.

Tan lentamente sus grandes corazones

calientes se llenan de deseo,

y al fin se aman las grandiosas bestias en secreto,

ocultando su fuego.

Son los más viejos y sabios animales

por eso al fin saben

esperar la fiesta más solitaria

el banquete completo.

No arrancan, violentos, los bocados;

su sangre maciza se acerca

como las mareas a la luna, cada vez más

 

hasta tocarse en el torrente.

 

Sergio Sinay es periodista y escritor, columnista de los diarios La Nación y Perfil. Se ha enfocado en temas relacionados con los vínculos humanos y con la ética y la moral. Entre sus libros se cuentan “La falta de respeto”, “¿Para qué trabajamos?”, “El apagón moral”, “La sociedad de los hijos huérfanos”, “En busca de la libertad” y “La masculinidad tóxica”. Es docente de cursos de extensión en ESEADE. 

Una década para no olvidar

Por Julián Obiglio. Publicado el 30/5/13 en http://www.julianobiglio.com.ar/obiglio2012/opinion/130530.php

Hay una imagen del 25 de mayo de 2003 que quedó grabada en mi memoria: Néstor Kirchner asumía la Presidencia de la Nación y mientras festejaba genuinamente su momento triunfal, hacia malabares con el Bastón presidencial, jugaba a revolearlo, a que se le caía.

La falta de interés mostrada por ese símbolo, que representa el poder y la responsabilidad que el presidente recibe en representación de todo el pueblo (no solamente del que lo votó), fue una señal de los tiempos que vendrían.

Los antecedentes institucionales del recién llegado a la Capital Federal no eran buenos. Los Kirchner nacieron a la vida política en Santa Cruz, donde forjaron una fortuna considerable. Primero al calor de la dictadura militar (o al menos consintiéndola) y luego, en democracia, escalando en la jerarquía de poder del Estado provincial. Encabezaron una gestión plagada de denuncias de corrupción, en la que no se respetaron principios esenciales de la vida institucional. Los ataques a la independencia judicial y a la libertad de prensa vieron allí sus primeros pasos.

La crisis de 2001 hizo que la sociedad pidiera renovación, y que la política aceptara cualquier opción, sin siquiera preguntarse si ello podría implicar un salto de 30 años hacia atrás. Así el Bastón llegó al desconocido gobernador patagónico, y cuatro años después, aquel pasaba a manos de su esposa.

Durante los primeros cuatro años del matrimonio patagónico, se obligó a la sociedad a abrir una puerta al pasado que la mayoría pensaba definitivamente cerrada, y las divisiones que todos pensaban que habían quedado atrás, volvieron a florecer. Los nuevos (viejos) paradigmas, el relato, los abusos y tantas otras cuestiones, demostraron que los vicios habían viajado desde el lejano Sur, profundizándose en su ascenso nacional.

Las sospechas de corrupción en la obra pública, el dinero que florecía en el baño de una Ministra, los grupos violentos que se adueñaban de las calles, y las relaciones carnales con regímenes poco apegados a los principios democráticos fueron sólo algunas de las alarmas que sonaron en la sociedad.

Ante la ausencia de líderes opositores con propuestas, valores y relato alternativo, Cristina Fernández ganó las elecciones del 2007 y las que le siguieron en 2011.

Trabas y controles a los sectores más productivos de la economía, ataques constantes al periodismo, cooptación de medios y periodistas, conformación de un fenomenal aparato de propaganda, diseño de una justicia a medida, corrupción generalizada en la dirigencia oficialista, restricciones a la libertad y soledad internacional son la herencia que el segundo mandato de la señora de Kirchner dejará a nuestra golpeada sociedad.

Transcurrió una década desde aquel jugueteo con el Bastón presidencial y en ese tiempo tuvimos muchas posibilidades de ver a los Kirchner en su propio espejo: el que reflejaba la imagen lejana de sus comienzos en Santa Cruz y la otra más cercana, la del autoritarismo, la codicia y la impunidad.

Estoy convencido de que hoy la sociedad está pidiendo un cambio de rumbo, de estilo, de talante, de valores y de visión. El trabajo de quienes tenemos la voluntad y la responsabilidad política de representar a esa sociedad está en lograr convertir dicho reclamo en una verdadera alternativa política, para dejar definitivamente atrás una década que dividió a los argentinos y puso en riesgo las bases democráticas que con tanto esfuerzo recuperamos en 1983.

Tenemos frente a todos nosotros la posibilidad de empezar de nuevo. De pasar la página y no volver a mirar atrás nunca más. La democracia nos brinda una nueva oportunidad. El cambio empieza este año con las elecciones legislativas y se consolida en el 2015. Es hora de que finalmente decidamos crecer y demos inicio a un tiempo de progreso, de igualdad de oportunidades y de honestidad. Sin dudas la década que viene es mucho más importante que la década que pasó.

Julián Obiglio es Diputado Nacional y egresado de ESEADE.

Derrumbes, delirios, mercados:

Por  Carlos Rodríguez Braun. Publicado el 1/4/12 en: http://www.libremercado.com/2012-04-01/carlos-rodriguez-braun-derrumbes-delirios-mercados-63987/

Leo en La Razón declaraciones del escritor y periodista Vicente Verdú, que acaba de ganar el Premio Hoy de ensayo, que entrega la editorial Temas de Hoy, con su libro: La hoguera del capital.

“Somos prisioneros de la pobreza –sentenció el pensador– El mundo en el que nos encontramos está derrumbándose. Desaparecen las fábricas, los empleos y la moral de las personas está siendo minada. Las desigualdades se han incrementado”.

La pobreza está disminuyendo en buena parte del mundo, un mundo que no parece que se esté derrumbando hoy más que antes. Es posible que don Vicente piense sólo en los países desarrollados, que es donde la crisis ha golpeado más esta vez, como en los años 1930. Eso explica su increíble frase: “desaparecen las fábricas”, algo que parece dudoso en los países ricos y es clamorosamente falso en muchos países llamados subdesarrollados o emergentes. Si el empleo decae, que es verdad, y la moral también, que es posible, igual convendría pensar en qué cosas los hacen caer; quizá el razonamiento nos conduzca a pensar en las responsabilidades de políticos e intelectuales.

Pero es algo que el señor Verdú no parece dispuesto a hacer. Más bien propicia la irresponsabilidad de los que mandan. Por ejemplo, se opuso a la reducción del déficit con estas palabras: “Alrededor de París ya hay unas 10.000 tiendas de campaña. Pertenecen a personas que antes tenían acceso a la educación, a un coche… Estamos viviendo una gran locura colectiva como no se había conocido con anterioridad en la historia. Es igual que cuando se empezaron a revalorizar los tulipanes hace siglos. Es el mismo tipo de delirio en el que nos encontramos ahora”. Lo interesante es que no hace mención al papel de las autoridades en todo esto; así, parece que la explicación es un delirio colectivo, y no los errores y las intervenciones de quienes suben los impuestos, elevan los costes del suelo y la vivienda, y manejan y controlan actividades tan cruciales como la banca y las finanzas.

El único mal que don Vicente ve en los gobiernos es que no intervengan todavía más: “No atajan a las agencias de calificación, las bolsas, y no han nacionalizado algunas cosas”. Como si controlar los mercados y nacionalizar cosas fueran la solución. Temo que para él, efectivamente lo sean.

No para mientes a la hora de describir el apocalipsis: “El desencadenante de la situación actual es el hundimiento y la degeneración de la democracia”, asombrosa teoría que contrasta con el hecho de que nunca ha habido tanta democracia en el mundo. ¿Qué quiere el señor Verdú? Podemos bosquejar su planteamiento tras estas ideas, que apuntan contra de la libertad y a favor del poder, y subrayar una más, que es un clásico del pensamiento antiliberal: el odio a la competencia. Don Vicente abogó por cambiar los valores y dijo seriamente que el progreso jamás se ha producido a través de la competencia en el mercado sino mediante la solidaridad: “El hombre ha salido hacia adelante porque colabora”.

Si esa colaboración es entendida por Vicente Verdú como la que se desarrolla fuera del mercado, excluyendo el comercio, su frase es un error claro. Resulta razonable conjeturar que si los seres humanos no se hubiesen relacionado nunca con su capital a través de una cooperación extendida por medio de la competencia en el mercado seguiríamos cooperando sólo en órdenes reducidos y aislados, en el seno de tribus primitivas. Es notable cómo esa perspectiva de una sociedad cerrada y empobrecida sin capital resulta tan atractiva para los intelectuales más destacados. 

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.