Un asunto complejo: la caridad y las ganancias

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 16/6/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/06/20/un-asunto-complejo-la-caridad-y-las-ganancias/

 

Milton Friedman

Milton Friedman

Antes que nada es pertinente definir que se quiere decir cuando se reflexiona sobre la caridad y a que concretamente se alude cuando se elabora sobre las ganancias. Lo primero se refiere a lo entregado voluntariamente con lo propio. Se hace necesaria esta aclaración puesto que muy equivocadamente se suele asimilar la caridad y la consiguiente solidaridad cuando intervienen los aparatos estatales que arrancan el fruto del trabajo de unos para entregarlos graciosamente a otros con lo que no solo se vulnera la justicia de “dar a cada uno lo suyo” ya que, como queda dicho, se succionan recursos ajenos -lo suyo- por la fuerza. Esto no es un acto caritativo ni refleja solidaridad sino que se trata de un atraco, robo legal como entre otros ha explicado Fréderic Bastiat.

En este contexto, es del caso precisar que no hay tal cosa como altruismo puesto que según el diccionario significa “hacer el bien a costa del propio bien”. Toda acción humana se lleva a cabo en el interés personal del sujeto actuante. Es en realidad una tautología, ya que se realiza precisamente porque quien la concreta lo quiere de esa manera, de lo contrario hubiera actuado en otra dirección. En otros términos, actúa por su bien es decir por su satisfacción, por el bien de quien ejecuta la acción, en este caso al constatar el bien del prójimo

El que entrega todo su patrimonio a los pobres es porque prefiere hacerlo de esa manera pues, por ejemplo, le produce placer la sonrisa del pobre o eventualmente quiere verse reflejado en la foto cuando entrega el cheque o cualquier otro motivo que lo impulsa para esa preferencia. Cuando la Madre Teresa cuidaba a sus leprosos ponía en evidencia su escala de valores, su preferencia, su interés personal radicaba en el cuidado y la salud de esos enfermos. No es entonces una acción “a costa del propio bien” sino precisamente es por el propio bien ya que satisface al sujeto actuante. Por supuesto que el que asalta un banco también lo hace en su interés personal. Calificamos de buena o mala persona según en qué radique su interés personal.

Ahora también es del caso apuntar que la caridad no se circunscribe para nada en la entrega de bienes materiales. Más aun, es muchas veces más apropiado y fecunda la entrega de conocimientos al efecto de que el receptor pueda mejorar y no ser dependiente de la ayuda material de otros. En ese sentido, resulta muy aleccionador aquél dictum chino en cuanto a que “es mucho mejor enseñar a pescar que regalar un pescado”.

En esta línea argumental, como bien explica Michael Novak en El espíritu del capitalismo democrático, la generalización de la caridad entendida como la entrega de bienes materiales no se sostiene, conduce al derrumbe de la sociedad. Si cada uno entrega lo que tiene al vecino y nadie produce el destino inexorable es la muerte por inanición. El acto caritativo en este sentido refleja compasión y misericordia y hace de apoyo logístico invalorable en situaciones extremas pero no es para nada la solución de fondo y en algunos casos puede conducir a dependencias muy malsanas e incluso ser incentivos para la inmovilidad y el rechazo al esfuerzo personal, la inactividad y el abandono del hábito del trabajo.

La solución de fondo estriba en producir, es decir, en gran medida la actividad emprendedora y empresaria y de todos sus colaboradores, un proceso que apunta a obtener beneficios. En una sociedad libre las ganancias son reflejo de la satisfacción de las necesidades del prójimo, sea vendiendo vestido, comida, vivienda, fármacos, equipos electrónicos, libros, entretenimiento o lo que fuera. Los comerciantes que no aciertan en los gustos de los demás, incurren en quebrantos. Este es el modo en que los siempre escasos recursos están en las manos más eficientes a criterio de la gente en una sociedad libre. Subrayamos la relevancia de la sociedad libre pues la irrupción de empresarios prebendarios que se alían con el poder para obtener privilegios constituyen la antítesis de mercados competitivos y en toda circunstancia operan a contramano de los intereses de la gente puesto que son genuinos explotadores.

Y aquí viene una cuestión de la mayor importancia que se refiere a la denominada “responsabilidad social empresaria” que en verdad constituye un complejo de culpa de empresarios que no han entendido su misión y su rol y pretenden una inaudita “devolución de algo de lo que le han sacado a la sociedad”. Como bien ha explicado el premio Nobel en economía Milton Friedman, “la verdadera responsabilidad social del empresario es ganar dinero”, en su célebre ensayo publicado en The New Yorker Magazine (“The Social Responsability of Buisiness is to Increase Profits”, septiembre 13, 1970). Como hemos consignado, las ganancias en una sociedad libre ponen de manifiesto el grado de satisfacción de los congéneres, de más está decir que el empresario debe internalizar sus costos de lo contario estaría lesionando derechos de terceros. El tamaño de la empresa y las consiguientes inversiones están directamente vinculadas a los apoyos que pueda concitar en el mercado abierto sin privilegios de ninguna naturaleza.

Es por eso que autores como Herbert Spencer y Juan Bautista Alberdi sostenían que en las plazas públicas, en lugar de construir monumentos a políticos y militares que habitualmente son los que ponen palos en la rueda para el progreso, deberían emplazarse monumentos a empresarios puesto que gracias a ellos han surgido medios novedosos de transporte, diques y represas, sistemas de riego, medicamentos, procedimientos eficaces para obtener alimentos, construcciones de viviendas, procedimientos ingeniosos para las comunicaciones, ropa, producciones musicales y todo de cuanto disponemos.

Esto no quiere decir que el empresario comprenda los fundamentos de su propio actuar, como ha puesto de manifiesto Adam Smith en 1776, generalmente ocurre lo contrario. Por el hecho de que el comerciante cuente con un olfato refinado para detectar arbitrajes, es decir, la conjetura que los costos están subvaluados en términos de los precios finales al efecto de sacar partida de la diferencia, no por ello decimos el empresario es un conocedor de filosofía política, ni siquiera de la propia economía. Por eso es que los integrantes de la Escuela Escocesa desconfiaban del empresario como asesor de políticos y más bien había que circunscribir su acción al mercado y abstenerse de consultarlo en asuntos de política. Incluso en un extremo Adam Smith en su obra cumbre consigna que ni siquiera son convenientes las cámaras empresariales puesto que “suelen conspirar contra el público”.

Entonces, en el mundo en que vivimos lo que venimos comentando está generalmente dado vuelta y entreverado del modo más completo: se aplauden los zarpazos del Leviatán para entregar recursos sacados compulsivamente del bolsillo de terceros y se condena a los empresarios exitosos, o en todo caso a veces se ponderan los comercios chicos como si no fuera la ambición de ellos el ser grandes pero cuando logran tener éxito en su cometido, a saber, convertirse en grandes son denostados y censurados. El fundamento moral de las ganancias estriba en que son el producto de lo propio, adquirido de manera lícita para mejorar lo cual exige como condición indispensable la mejora del prójimo. En este contexto y en esta etapa del proceso de evolución cultural, la función del monopolio de la fuerza que llamamos gobierno es la protección a los derechos de las personas que naturalmente incluye el castigo a fraudes y engaños.

Tras estas condenas se esconde la envidia y una incomprensión fenomenal del significado de las desigualdades de rentas y patrimonios que tienen lugar en una sociedad libre. Como todos somos diferentes desde el punto de vista anatómico, bioquímico, fisiológico y sobre todo psicológico, las consecuencias de los diversos talentos y fuerzas físicas naturalmente se traducen en resultados también diversos. Y son una verdadera bendición las diferencias puesto que es lo que hace posible la cooperación social. Si todos tuviéramos las mismas inclinaciones y vocaciones, la división del trabajo se derrumbaría junto con la misma sociedad. El delta de los ingresos no resulta relevante, es la manifestación de las compras y abstenciones de comprar que cotidianamente se suceden en supermercados y afines. Lo trascendente es que todos mejoran, lo cual ocurre donde se maximizan las energías creadoras que se reflejan en las ganancias y en este contexto la caridad como entrega de bienes materiales -aunque noble- desempeña un rol secundario y, por su parte, la caridad como entrega de conocimientos constituye un pivote esencial para el progreso.

Por supuesto que los que usan a los pobres para sus diatribas a los mercados libres y sostienen que la pobreza es una virtud están descalificando la caridad material, puesto que con ella el receptor amortigua su pobreza que si es acompañada por esmerado trabajo puede constituir el primer paso para salir de esa situación siempre que opere en un clima de marcos institucionales liberales que siempre implican la firme protección de derechos.

A modo de nota al pie, consigno que no caben comparaciones como si estuvieran en un mismo plano las ayudas caritativas con la actividad comercial en cuanto a grados de nobleza. Son dos andariveles de naturaleza completamente distinta: en este contexto carece de sentido comparar la bondad de la madre que trasmite valores a su hijo o el beso que le da a una vecina por una parte, con el trabajo del mecánico o del panadero por otra. En el primer caso el interés radica solamente en el bien que se le hace a otro y en el segundo el interés radica en el dinero obtenido para lo cual debe satisfacerse al otro, pero para arreglar el motor de un automóvil o para comer no se requiere una lección sobre economía ni demostraciones de amor sino capacidad en mecánica o en panadería. Por tanto, la pobreza se resuelve con incentivos fuertes para la producción y el amor se demuestra con cariño y trasmisión de valores. Además, el ser humano es multidimensional: el buen mecánico o panadero también tienen sus afectos y la buena madre también puede ser una eficaz costurera profesional o gerenciar una institución bancaria.

Estos conceptos y otros entrelazados al ideario de la tradición de pensamiento liberal deben ser mantenidos, que no sea algo esporádico y pasajero al efecto de obtener buenos resultados. En este sentido, cierro esta nota con algo que dije cuando me invitaron a pronunciar un discurso dirigido a graduados en un acto de colación de grados de mi colegio -el St. George´s College en Quilmes- donde estuve pupilo. Aprendí el siguiente relato cuando estudiaba allí, se trata de un correlato fértil entre las personalidades de cada cual con los fósforos: unos se frotan y desaparecen sin éxito en el encendido, otros hacen una llamarada momentánea y se extinguen de inmediato, y los del tercer tipo mantienen la llama, son las personalidades constantes en sus nobles objetivos que deben imitarse.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El periodismo desapareció, pero llega #Alas8 (PM)

Por José Benegas. Pubicado el 3 de marzo de 2014 en http://josebenegas.com/2014/03/03/el-periodismo-desaparecio-pero-llega-alas8/

A las 8, hasta que vuelva el mercado.

La historia del periodismo es también la historia del capitalismo. Se ha pasado de sobreestimar el poder de los medios a menospreciarlo, yendo y viniendo desde estas visiones opuestas. Pero lo que está claro es que el capitalismo entre otras cosas generó ese periodismo disponible para cualquiera, hoy glorificado o extrañado en nuestro caso. Esa forma de enterarse de la realidad relevante con opinión, control del poder, unido al financiamiento de comerciantes que buscan vender sus productos y servicios.

La contrapartida del periodismo es el ciudadano individual, independiente, libre y orgulloso como la célula del poder y el comercio sin interferencias.

Acá viene la parte en la que nos vamos a dividir. El peor enemigo del periodismo ha sido la socialdemocracia. Esa pretensión de que hay una libertades que son materialistas y egoístas y otras que se le puede dejar a la gente tener, es una visión de Ayatolas. El ciudadano se vio escindido. Una oveja y un tribuno al mismo tiempo ¿Cuál de ellos es el cliente o el productor de periodismo?

En esos dos extremos ha tenido que desarrollarse un periodismo alterado que es un zombie de lo que fue. No solo en la Argentina, en todo el mundo, pero en nuestro país la cosa se puso mucho más grave por la injerencia específica y dolosa del estado para alterar la relación del medio ciudadano con la media información, que es todo lo que quedó.

No hay periodismo sin mayonesa, sin autos, sin heladeras. Y sin que el contacto entre el consumo, la producción y la información sea totalmente libre y no culposa ni controlada.

Lo que queda del periodismo es lo mismo que queda del mercado.

Hace unos años me invitaron a un evento en México para hablar de “Que se pierde cuando se pierde la libertad de expresión”, organizado por TV Azteca. Mi respuesta fue que el problema cuando se pierde la libertad de expresión no es qué se pierde, sino qué se perdió. Porque cuando ya no se puede hablar, antes se perdieron todas las libertades, empezando por el derecho de propiedad. Sin el cual la oveja no puede ni hablar de la esquila. El derecho de expresión es la última pérdida, antes vino la socialdemocracia a contarnos que querer “libertad de mercados” es de malos. Te mataron con impuestos, te acostumbraron a pedir permisos, te aplicaron la máquina de impedir, te dijeron que si te iba bien era porque a otro le iba mal y a la falsa idea de que tu misión en la vida era mantener a otro. Después de que te creíste eso ¿qué clase de ciudadano te parece que sos? Lo primero que habilita la social democracia es que el estado que monopoliza el armamento, vuelva a ser moralista como lo era en el oscurantismo.

Digo todo esto para entender que el periodismo ese de la lata de tomates no nos hará libres. Hoy vive de la publicidad oficial y de las ovejas asustadas. Si llegamos a ser libres otra vez, habrá periodismo, seguramente el día en el que el mundo condene la existencia del impuesto a las ganancias. Si, la socialdemocracia empezó en Estados Unidos. El populismo bajo la forma directa y descarada de dictadura moderna es como el dedo gordo que se comió el huevo duro.

Esto no quiere decir que haya que resignarse o que haya que renunciar a la información, a la opinión y al debate. Está internet.

Antes de que el periodismo ese para cualquiera que apareció porque cualquiera podía poner una empresa sin dar explicaciones ni pedir permisos, ni aguantar inspecciones u opiniones de los defensores de las ballenas, existían otras formas de comunicación política. El panfleto antecedió al periodismo. Es otro formato de comunicación, su contenido es la denuncia. Hoy lo consideramos menor, porque conocimos otra cosa posterior. Claro, puede haber panfletos de porquería, facciosos, que no es lo mismo que defender una idea. Por ejemplo la idea de que no tenemos que ser esclavos, ni ovejas y que ningún idiota por estar en el estado nos tiene que decir qué cosa es ser bueno.

Internet nos da la oportunidad de no quedarnos esperando a que la libertad nos devuelva al periodismo. Nos podemos comunicar para volver a ser libres sin majules.

En eso hemos estado pensando con Roberto Cachanosky. La mayonesa no financia nada, está esperando la protección del estado y tratando de evitar la inspección de la AFIP. Así que contrató a un gerente de relaciones institucionales que tenga tatuado al Che Guevara y se ocupe de diseminar culpa de ovejas bajo la forma perversa de robar a los accionistas llamada “Responsabilidad Social Empresaria”.

Necesitamos ciudadanos. Serán menos, pero hay muchos individuos que no se resignan. Hemos diseñado A las 8PM, una manera de financiamiento de la batalla diaria por la libertad como forma adaptada a las circunstancias de comunicación. Ojalá que sean muchos los que nos sigan.

Si querés contribuir, este es el link #Alas8

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.