Palabras, acción, educación y respeto

Por Gabriel Boragina Publicado el 15/4/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/04/palabras-accion-educacion-y-respeto.html

 

“No me preocupan los gritos de los deshonestos, de la gente sin escrúpulos y de los delincuentes, más me preocupa, el silencio de los buenos”.
Esta frase se la vi atribuida a muchas personas diferentes. Cuando tuve la primera noticia de ella, quien me la envió se la endilgó a Mandela (ex presidente de Sudáfrica), otros se la otorgaron a Einstein, o Luther King, y la lista sigue. En fin. No importa mucho quien fue realmente el primero que la dijo, ni cuándo, ni cómo la dijo. Sea quien fuera su autor, la frase revela una semi-verdad. Semi-verdad porque, a mí no me preocupan, ni los gritos, ni los silencios de unos o de otros, lo que si me preocupan son las acciones, reacciones e inacciones, que son las que realmente valen. Porque, como dice el refrán célebre respecto de los “dichos” podría aplicarse aquel que expresa “perro que ladra no muerde”. O el otro en latín, “res non verba”, o este otro “las palabras se las lleva el viento”.
Vivo en un medio donde se les da una excesiva importancia a las palabras. Me refiero a las palabras que connotan acciones. Por ejemplo, aquellos que manifiestan “Voy a …” es decir, indican la voluntad de emprender un curso de acción determinado o determinable. Lo relevante es el contenido de ese curso de acción. Si es bueno o si es malo. Y, fundamentalmente, si quien emite el enunciado está en condiciones de realizarlo o no y, lo más importante de todo, si es su voluntad llevarlo a cabo o no hacerlo. Y ello, con independencia del fin que se persiga.
Nada de lo que se diga reviste ningún tipo de importancia si no va seguido de una acción en consecuencia y concordancia con lo previamente dicho. El discurso que no se traduce en acción es completamente inocuo.
No obstante, las palabras ejercen tal tipo de fascinación sobre las masas, que tienen el poder de movilizarlas aun cuando quien las pronuncie no las acompañe con ningún tipo de acción. Este truco es bien conocido por aquellos que dominan el arte de la persuasión oral, resultado este último que generalmente se consigue aun cuando quien lo intente no posea esa habilidad ni maneje acabadamente las reglas básicas de la oratoria. Tal es el influjo que la palabra ejerce sobre el ser humano.
Es curioso el fenómeno por el cual un discurso genera credibilidad (mayor o menor) en quienes lo escuchan, aun antes de verificar si lo dicho se concretiza en la práctica.
Los hechos sirven para confirmar la verdad o falsedad de las palabras.
Hay veces que con lo único que contamos para conocer algo no son los sucesos, sino las palabras. Pasa con la historia, cuando no hemos sido protagonistas de los acontecimientos que se narran como ocurridos en épocas remotas.
En otras ocasiones, aunque las coyunturas sean contemporáneas, la única forma que tenemos de conocerlas es mediante las palabras que las narran, ya sean en periódicos, libros, revistas o por radio, TV, Internet, cine, etc.
En suma, lo que nos queda al final, cuando los casos suceden lejos de nosotros, o se nos dicen acaecidos en épocas remotas, son las palabras que nos dan cuenta de ellos.
El problema surge cuando con las palabras se busca desmentir lo ocurrido, o cuando no se es consecuente el decir con el hacer, comportándose de manera contraria a la que se proclama. De esto tenemos -en nuestros días- ejemplos a granel, casi constantes en nuestra vida diaria. Promesas incumplidas, mentiras, generación de falsas expectativas, etc. Parece que estas conductas se esparcen como reguero de pólvora a una velocidad inusitada. La falta de compromiso se ha vuelto algo persistente. Esto, que normalmente se le critica a los políticos es, sin embargo, una experiencia constatable, día a día, con la gente (al menos en mi rutina lo es), tanto sea afirmar una falsedad o negar una verdad en momentos diferentes y -a menudo- sobre una misma cuestión.
¿A qué atribuirlo? Estimo que la pregunta es tan compleja como las respuestas que puedan dársele. Pero más allá de hablar de una “crisis de valores”, hay que entender que estos se inculcan en la educación, y que es en este ámbito donde hay que buscar la verdadera génesis de la tan vapuleada frase “crisis de valores”. Esta es consecuencia de aquella y no su causa. Y por carácter transitivo, de toda crisis de cualquier naturaleza que sea (política económica, etc..).
Nada, ningún fenómeno, se da en el “vacío” (en el caso, un vacío sociocultural), y una “crisis de valores” no viene a ser otra cosa que un proceso educativo por el cual una serie de valores son reemplazados por otra cadena de contra-valores.
Vivimos en crisis por esta causa fundamental, a mi modo de ver. Pero, esta crisis educativa, a su vez ¿a qué se debe? Estimo que, a repetidos procesos de deseducación que terminan resultando en una mala educación, lo que -al final del camino- da una pléyade de ciudadanos mal educados. Y no solamente me refiero a la mal-educación en las formas, sino en las esencias de las relaciones humanas. No me parece tan importante que se omitan gestos de cortesía, como los saludos o agradecimientos, como de ordinario parece estar sucediendo en casi todas partes (aunque no le quito toda importancia) sino mucho más que se incumplan contratos, compromisos, palabras dadas (que ya no “empeñadas”) expectativas generadas por el promitente, etc. Tenemos un problema de mala educación, por no enseñarse el valor del respeto al prójimo. Al semejante. En otros casos, habrá que hablar de desenseñarse, y en su lugar “enseñarse” su contravalor: el irrespeto o falta de respeto.
Pero en este caso -como en los anteriores- las palabras (por si mismas) tienen poca fuerza si no son seguidas del ejemplo que las avala y las acompaña. Es aquí cuando el problema comienza a ser preocupante en el marco de un proceso de degradación cultural.
El respeto consiste -resumidamente- en no interferir con el proyecto de vida ajeno, en tanto este no nos ocasione un daño personal (real o potencial) a nuestro propio proyecto de vida, en una relación reciproca, y en idéntico sentido con todos los demás. 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Un año de Cambiemos

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 4/12/16 en: http://economiaparatodos.net/un-ano-de-cambiemos/

 

Falta que el gobierno comience a cambiar el discurso populista por un discurso que hizo grande a Argentina: me refiero al discurso de la cultura del trabajo

A punto de cumplirse un año desde que asumió Macri la presidencia, en mi opinión se observan cambios muy relevantes y estancamiento en otros.

Basta con recordar los discursos de violencia verbal de Cristina Fernández buscando enfrentar a la sociedad y compararlos con los actuales discursos de Macri en que prima la buena educación, el respeto hacia el que piensa diferente, como para reconocer un cambio de ambiente que tiende a pacificar los espíritus. Se podrá disentir con muchas de las cosas que dice Macri, pero eso no pasa de visiones diferentes sobre cómo recuperar la prosperidad de la Argentina. Francamente no recuerdo, en todo este año, una sola palabra descalificadora de Macri hacia nadie como solía hacer CF con su famoso abuelito amarrete, el empleado de la inmobiliaria escrachado en cadena y mil cosas más.

Tampoco los discursos de Macri están montados en una escenografía en la que se convoca a los aplaudidores de siempre como hacía CF. Necesitaba de los aplausos para satisfacer su inmenso ego. Para algunos estos puntos podrán resultar indiferentes o superficiales, para mí hacen a la convivencia de un pueblo civilizado y respetuoso. A la buena educación de sus gobernantes, punto de partida para construir un país. Y el ejemplo de convivencia y respeto ahora parte del presidente de la nación, cuando antes partía de la boca de CF el resentimiento, la agresión y la descalificación.

Otra cosa valiosa para mí es haber recuperado los actos patrios como actos patrios no como actos partidarios en los que solo había banderas de La Cámpora, imágenes del Che y fotos de NK, uno de los corruptos más grandes de la historia argentina.

Aún con las fuertes diferencias que tengo con el gobierno en materia de política económica, no puedo dejar de reconocer que el gobierno de Macri nos ha devuelto el sentido de Argentina para todos los argentinos y no para una fracción de fanáticos al estilo fascista.

No es tema menor que Argentina haya recompuesto relaciones con los países que respetan los derechos individuales. Hoy tenemos una mejor relación con el mundo civilizado. Nuestros funcionarios ya no se juntan con genocidas como Fidel Castro o el tirano Maduro y su corrupto régimen chavista.

El punto más débil del gobierno está en la política económica y en su discurso al respecto. Por el momento ha sido incapaz de avanzar en reformas estructurales del sector público, en materia impositiva, reforma laboral y otros puntos clave. Por el contrario, se ha limitado a cambiar la forma de financiar un déficit fiscal descomunal. El kirchnerismo lo financiaba con expropiaciones y emisión monetaria y el macrismo recurre al endeudamiento para cubrir el bache. Cambió la forma de financiar el déficit pero no se intentó disminuirlo, por el contrario, aumentó. Además sigue usando el tipo de cambio como ancla contra la inflación al igual que la mayoría de los gobiernos anteriores, incluido el kirchnerismo.

El gasto público no se anima a bajarlo y hacen recaer todo el peso del ajuste de la economía sobre el sector privado, que continúa perdiendo puestos de trabajo mientras que en el sector público y su legión de ñoquis heredada parece intocable. Es como si hubiese ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Los empleados estatales, en sus tres niveles, son intocables y no pueden perder sus puestos de trabajo porque hay que evitar el conflicto social. Pero que el sector privado pierda 105.000 puestos de trabajo entre diciembre pasado y agosto, parece no importarle a nadie del gobierno.

Uno comprende que décadas de populismo y el destrozo heredado de los últimos 12 años no permiten solucionar todo de un día para otro. Ni siquiera pasa por mi mente creer que el déficit fiscal heredado pueda eliminarse en un año. Lo que me preocupa es el discurso económico del gobierno por el cual el “asistencialismo” sigue siendo un derecho en vez de un apoyo transitorio que el contribuyente, no el gobierno ni el estado, le otorga a determinadas personas. Se insiste con que son derechos adquiridos y eso hace que el macrismo contribuya a consolidar los valores que destrozaron la Argentina. En vez de defender la cultura del trabajo, insisten con defender la cultura de la dádiva.

Por otro lado, la política impositiva sigue tratando a los que trabajamos en blanco como esclavos que tenemos que mantener a una legión de planeros, empleados públicos y demás gastos inútiles del estado. Gastos que se solventan con el trabajo de gente decente que es saqueada impositivamente para sostener un estado sobredimensionado propio de los sistemas fascistas y populistas.

De nuevo, no digo que de un día para otro se solucione el monumental problema fiscal heredado, pero sí esperaba que de un día para otro el gobierno empezara a tener un discurso diferente al populismo que nos viene hundiendo desde hace décadas.

En síntesis, en estos 12 meses se ha logrado frenar las políticas de confrontación del kirchnerismo y tenemos un comportamiento mucho más educado y presentable ante el mundo y ante nosotros mismos.

Falta que el gobierno comience a cambiar el discurso populista por un discurso que hizo grande a Argentina: me refiero al discurso de la cultura del trabajo, de respetar la propiedad privada y, particularmente, dejar de tratarnos a quienes pagamos impuestos como esclavos a los que hay que humillar impositivamente para que el gobierno mantenga el poder y otros vivan a costa de nuestro trabajo.

Veremos si al comenzar el segundo año de mandato el gobierno cambia el rumbo de su discurso que todavía está impregnado de populismo o mantiene el rumbo decadente de la cultura de la dádiva.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Macri y Arruabarrena en la misma trampa

Por Gustavo Lazzari. Publicado el 16/2/16 en: http://opinion.infobae.com/gustavo-lazzari/2016/02/16/macri-y-arruabarrena-en-la-misma-trampa/

 

En estos tiempos las similitudes entre Boca y la Argentina son llamativas. Okey, hay distancias, pero análogamente están en situaciones parecidas. Y sus gestores están cometiendo el mismo error. En el caso de Rodolfo Arruabarrena, el director técnico de Boca Juniors, está gestionando una crisis futbolística pensando en la gente, en los dirigentes, en los jugadores y posiblemente en los representantes. No está pensando en cómo tomar las posibles decisiones impopulares que sean necesarias. ¿Colgar a Agustín Orión?, ¿al Cata Díaz?, ¿a Fernando Gago?, ¿bajarle los humitos a Carlos Tévez mandándolo a banco para que vea que también es mortal? U otras decisiones fuertes.

Arruabarrena está respetando a esa vaca sagrada llamada hincha que paga su entrada, que sufre el trabajo de la semana, que necesita descargar sus frustraciones y otros credos religiosos que nos impusieron durante años. Humo en estado puro y de la más alta toxicidad.

En rigor, el hincha no es más que un asistente (muchas veces ignorante) sin derecho a formar o parar un equipo. No tiene tal derecho. No es cierto que su opinión es sagrada. Debe ser respetada, como todo, por supuesto, pero no tiene derecho a que su injuria sea una verdad religiosa ni su escupitajo un decreto. Es más, el gestor ni debería escuchar el aplauso o la reprimenda. Es nada más que un espectador. Si le gusta, que pague la entrada y si no, que mire en televisión programas de cocina los domingos a la tarde. Pagar la entrada, comprar el abono a un palco o una platea no dan títulos de nobleza. No convierten la pasión en razón, ni dan derecho a veto a nada.

En la gestión pública de la Argentina actual, sucede algo parecido, obviamente salvando las distancias. El Gobierno de Mauricio Macri parece gobernando para los focus groups y las encuestas, lo que limita las soluciones reales que se deben llevar a cabo.

La Argentina tiene, desde hace décadas, un Estado gigante, inútil y parasitario. No puede desde cortar el pasto en una autopista hasta ofrecer los más mínimos servicios públicos. Funciona mediocremente entre 15 y 25 grados. Fuera de ese rango, todo es un caos. Podríamos enumerar más de un indicador por cada función pública (seguridad, salud, educación) para graficar el grado de deterioro irreversible.  Ni es eficiente para los trámites absurdos que impone. Que nos hayamos acostumbrado y que hayamos “bajado la vara” es otro asunto. Que nos guste es otro aún peor.

El Estado no da más. La estructura fiscal es inviable y en cada rincón del gasto público hay desidia, corrupción y una inutilidad alarmante.

No son las personas. Agradeceré no entorpecer el razonamiento con comentarios sentimentales. La cuestión no es de los empleados públicos en cuanto a personas. Es el sistema. Un sistema que inutiliza al más talentoso. A Bill Gates en la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) se le colgaría el sistema. Un Estado colapsado, lleno de funciones, sin responsabilidad. Partido liquidado.

Esto lo saben todos los actores políticos y económicos. Pero nadie se anima ni siquiera a plantearlo por temor a la gente. Los riesgos de la impopularidad. “Las elecciones son en dos años”. Políticos tribuneros.

Al igual que el Vasco Arruabarrena, Macri también está enfrascado en no atacar las soluciones de fondo. No es culpa de Macri, ni del macrismo, ni de Cambiemos. Si me corrés, hasta Cristina, en su delirio, cayó en la misma trampa. La sociedad tiene los patos desordenados. Por eso las encuestas no sirven para nada. La sociedad quiere fiestas y no pagarlas. Detesta al Estado, pero desea fervientemente un puestito para robar y salvarse.

El ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, fue clarísimo: “Si pretendemos bajar la inflación en dos meses, tendríamos que hacer un ajuste inaceptable”. El Gobierno optó por la vía gradual. Hacer de a poco para que la gente no se dé cuenta. Y cuando se da cuenta, salir con disparates como los siempre populares y nacionales controles de precios o sistemas de información. Todo encuestado previamente. Ahora maquillados por la web (Nota aparte: Muchas veces me pregunto si los que inventaron internet, pensaron alguna vez las boludeces que hacen los Gobiernos con tan maravilloso invento. La AFIP a la cabeza).

Para ayudar a Macri y también, quizás, al Vasquito Arruabarrena tenemos que tratar, desde la sociedad civil, de acomodar los patitos. Tenemos que sembrar ideas que nos permitan asignar las prioridades públicas correctas (el fútbol gratis no puede ser más importante que la calidad educativa, por ejemplo). Tenemos, por sobre todo, que tratar de revalorizar palabras tales como respeto, propiedad, libertad, individualidad, paz.

En mi opinión personal, éste debe ser el rol del liberalismo en la Argentina. Los tan vilipendiados ateneos liberales tienen un rol importantísimo. Sembrar ideas correctas en la sociedad, a través del debate, la razón, el ejemplo y el diálogo. Para que los gestores de la cosa pública puedan aplicar las soluciones que el enfermo necesita y no lo que los parientes del enfermo quieren escuchar. Por suerte, por ahora, solamente por ahora, todavía existen médicos que operan conforme a la biología y no hacen una encuesta en el hall del hospital.

Respetar la democracia es una cosa. Incuestionable. Que dos más dos sea cuatro también es incuestionable.

Pasarán muchos años para que un Gobierno pueda racionalizar el Estado. Quizás tantos como los que necesita un director técnico para tomar decisiones racionales frente a una tribuna humíferamente emocional.

 

 

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Fue Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.

El Modelo es Victoria Xipolitakis

Por Gabriela Pousa: Publicado el 15/7/15 en: http://economiaparatodos.net/el-modelo-es-victoria-xipolitakis/

 

Argentina es un país sin casualidades. El lugar donde desde hace una semana se habla de Vicky Xipolitakis es el país de Cristina. Es coherente que lo sea. Los Kirchner han consagrado la vulgaridad. Lograron que los artistas ya nada tengan que ver con el arte. Los iconos populares están a la altura de la dirigencia, no desentonan. Ambos buscan el protagonismo a cualquier precio, ambos son capaces de negar a la madre y hacen de la mentira una patología.

El kirchnerismo ha institucionalizado un relato muy distante de la realidad que experimentan los ciudadanos. Lo mediático y lo cultural no escapan a ello, son fiel reflejo de los modelos que vemos a diario. Una jefe de Estado capaz de derribar una estatua porque no le gusta verla cuando abre la ventana, no difiere sustancialmente de una vedette capaz de entrar a la cabina de mando aéreo-comercial.

Ambas rompen los cánones de la civilidad. El respeto les es anticuado, el Cambalache de Discépolo se ha hecho carne en lo cotidiano. Todo vale y nada es sancionado. 

De ese modo, la política irradia inverosímiles y los medios se nutren del espanto. Del otro lado está la gente consumiendo un espectáculo burdo y grotesco sin significado pero con intencionalidad. La polémica acerca de qué apareció primero, si el huevo o la gallina, se traslada al tejido social, y no hay respuesta que sacie a la hora de preguntar si la oferta que brindan es lo que el pueblo quiere ver y comprar, o se lo consume porque no hay opción a algo más.

Las alternativas son en extremo débiles y fugaces pero cuando están, muestran que todavía hay gente que las elige como si en esa elección recobraran algo de la dignidad mancillada por la vulgaridad. Esa es la dialéctica de la vida cultural que impuso el kirchnerismo en Argentina. Como sostuviera en uno de sus ensayos Alain Finlielkraut, la “cultura zombie” ha venido a reemplazar el acto intelectual.

Véase que incluso el militante es entendido como un autómata que responde a estímulos de un jefe. No crea, no razona, gracias si empatiza. Hay una necesidad de masificarlo todo de modo que nada sobresalga, nada que escape a lo llano distraiga. De esa forma se unifican las conductas y se manipula con más facilidad a una sociedad.

Desde lo aparentemente cultural impulsan a la rebelión como lo muestran claramente las letras que vociferan las murgas oficiales: una rebelión falsa pues refiere a la impuesta desde Balcarce 50. No deja espacio a interrogantes, acepta solo respuestas. 

El modo de “conquistar” es desacralizando aquello que nos confirma como seres únicos, irrepetibles y desiguales. La cultura fue siempre diferencial. El afán nacionalista apunta muchas veces a ese fin cerrando las opciones a una cultura cosmopolita e imponiendo un “arte” prefabricado, local, vulgar y chato. Se creó una industria del espectáculo donde solo se demanda lo que la autoridad ofrece, y en esa oferta encontramos saciedad. Aspirar a más es una actitud que discrimina.  

La barbarie se ha apoderado tanto de la política como de lo mediático. A la sombra de esa realidad, crece la intolerancia al mismo tiempo que el infantilismo. La mandataria obra como infante imponiendo su voluntad más allá de cualquier norma o pauta social. Y esa es la conducta que pretenden sea imitada. Un pueblo infantil, sin capacidad de raciocinio, sin discernimiento, distraído solo con lo que le dan, es la aspiración kirchnerista de máxima.

La “década ganada” no es la época del burgués sino la del ciudadano-niño. El primero sacrificaba el placer de vivir a la acumulación de riquezas y situaba, según la fórmula de Stefan Zweig, “la apariencia moral por encima del ser humano demostrando una impaciencia equivalente ante las exigencias del orden moral y del pensamiento”. El segundo quiere, ante todo, divertirse, relajarse, escapar a los rigores por vía del ocio, y ésta es la razón por la cual el gobierno se apodera de la industria cultura, la genera o degenera, en verdad.

Se vacían las cabezas para llenar los ojos, y todo es circo, show que iguala y logra transformar al espectador en un “fan”. Una categoría sin otra reglas que las del enceguecido, cerrado a todo lo demás, capaz de morir y matar por una iconografía azarosa y furtiva, por héroes de barro sobre un falso pedestal. “Néstor no se murió , Néstor vive en el pueblo….”, basta un ejemplo.  Así, la cultura del videoclip domina a la conversación y lo razonable: nada se soluciona ya con discursos, con razón, sino con vértigo, música, masas y efecto de shock. 

Los recitales han reemplazado a las palabras a la hora de emprender ciertas causas. Un alimento no perecedero a cambio de rock es la manera de ayudar. Adiós a la cultura del sacrificio y del trabajo. Todo es de una liviandad que asusta, todo es rápido, coyuntural. La cultura, en cambio, siempre es perenne, lo culturoso es lo fugaz, no perdura más allá de un presente que quiere prolongarse incansablemente. 

Por todo esto, en Argentina nada es casual. Ha habido y hay una domesticación de la voluntad individual para sustituirla por una voluntad colectiva. Los modelos y referentes que se nos da tienen esas características: el desparpajo, lo irrespetuoso, lo amoral. La pretensión de igualdad a su vez, se impuso venciendo las diferencias inherentes a los seres humanos. Un pueblo así domesticado aceptará con mayor facilidad a un Aníbal Fernández gobernando que un pueblo ilustrado.

La ignorancia y la vulgaridad son ya políticas de Estado. Las desventuras de Xipolitakis, en este contexto, no son sino el resultado de un proceso que ha pugnado por idiotizar al ciudadano. La vedette es el modelo de ciudadano pretendido por la jefe de Estado: sumido en la frivolidad que no exige, no involucra. Es justamente eso lo que se quiere: un pueblo no involucrado, que acepte desde la mansedumbre, que no diga demasiado. En síntesis, que esté distraído para que el gobierno mientras tanto pueda hacer y deshacer sin sentirse custodiado.

Asimismo, se impone la creencia de que lo serio es aburrido y lo solemne queda descartado. ¿Por qué sino una Presidente puede bailar el Himno Nacional sin siquiera sonrojarse? Todo sirve al show, aún lo que alguna vez fue sagrado. Las fechas patrias se convirtieron en fines de semana largos, los actos en los colegios se reemplazaron por feriados. El despojo es total: somos un árbol sin raíces y consecuentemente, sin posibilidad de ramificar. 

Entretenidos, olvidamos las responsabilidades, dejamos que todo lo resuelvan los demás. Lástima que “los demás” son precisamente, los que gobiernan, es decir los kirchneristas: los propulsores de la bajeza y la falta de ética.

El gobierno ya no determina apenas un modelo económico, más o menos ortodoxo para administrarnos, sino que irrumpe estableciendo el modo de vida que debemos llevar, los gustos que debemos saciar... Imponen de alguna manera, a Xipolitakis y su escandaloso actuar como parámetro, y dejan apenas tres opciones al ciudadano: la de ser un zombie, la de ser un frívolo o un fanático.

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

No es de patriota destruir la credibilidad de la Argentina:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 23/8/14 en: http://www.laprensapopular.com.ar/14414/no-es-de-patriota-destruir-la-credibilidad-de-la-argentina-por-roberto-cachanosky?utm_medium=Email&utm_source=Newsmaker&utm_campaign=Newsmaker+-+lesa+-+25-08-2014+-

 

Estamos en default, a punto de caer en desacato y la OMC falló contra Argentina. Más papelones imposible

Al momento de redactar esta nota, Argentina está en default, fue sancionada por la OMC por las trabas a las importaciones. En total 43 países denunciaron ante la Organización Mundial del Comercio las genialidades de Moreno y Kicillof para frenar las importaciones y ahora habrá que ver qué ocurre, porque si a la caída de las exportaciones que ya estamos teniendo le sumamos represalias de otros países, ni con el cepo multiplicado por 5 frenan la escalada del blue. Finalmente en poco tiempo más, seguramente, caeremos en desacato y terminaremos de hacer el gran papelón a nivel internacional. Realmente como argentinos dan ganas de salir con un megáfono por todo el mundo gritando: ¡no todos los argentinos somos como los k! Porque lejos de actuar en forma patriótica, el kircherismo está mancillando el nombre de nuestro país con este comportamiento propio de maleducados, desubicados, soberbios y estafadores.

Claro, la apuesta del kirchnerismo es transformar este tema de la deuda externa en la típica jugada que siempre hacen. Nosotros los k defendemos la patria y a los argentinos y todos los que opinan diferente son traidores a la patria, trabajan para los fondos buitres y estupideces por el estilo.

Por otro lado, los argumentos que esgrime el gobierno para no acordar con los holdouts y desconocer el fallo de la justicia americana no tienen lógica, porque recordemos que no fue Griesa el que falló contra la Argentina sino toda la justicia americana dado que también en segunda instancia el kirchnerismo perdió el juicio y la Corte Suprema de Justicia le dio la razón a Griesa. Por un lado el gobierno argumenta que no puede ser que solo un 7% de los acreedores pueda tener derecho a reclamar que le paguen lo que decía el contrato original. Un disparate conceptual que ya lo ha utilizado en el campo político. Para el kirchnerismo las personas no tienen derechos por ser personas, sino que tienen derechos solo aquellos que pertenecen a una determinada mayoría, sea ésta por votos o por cualquier otra razón. Cuántas veces le hemos escuchado a CFK decir: si no les gusta hagan un partido político y ganen las elecciones. Como si ganar elecciones otorgara el derecho a hacer lo que quiere al que obtuvo una mayoría circunstancial. Y hacer lo que quiere incluye usar el monopolio de la fuerza para establecer una dictadura. Si este fuera el sistema democrático personalmente me declararía definitivamente antidemocrático, porque, en ese caso la democracia se limitaría a ser un sistema por el cual en las urnas elegimos a nuestro dictador.

Bien, el mismo criterio utiliza con los holdouts. Como no aceptaron entrar al canje y son una minoría. no tienen derechos, aún ganando un juicio en todas sus instancias. CFK sabe muy bien, habiéndose dedicado ella su marido a los negocios, que siempre están los que buscan comprar al precio más bajo y vender al precio más alto. ¿O ellos no lo hicieron?

Pero justamente, hablando de precios, dicen al unísono CFK y Kicillof: los fondos buitres compraron por centavos la deuda y quieren ganar el 1.600%. En primer lugar, si los fondos de inversión ganaron tanto es porque fueron más astutos que los kirchner. En vez de estar dilapidando la plata en populismo, Néstor Kirchner y ella podría haber recomprado la deuda a precio muy bajo en el mercado, en vez es esperar a que otro les ganara de mano, la comprara y luego ganara un juicio para cobrar el 100% de la deuda más las costas del juicio y los punitorios.

La idea de Patria o Buitres es una burda copia del Braden o Perón o el si quieren venir que vengan… por Malvinas. Es un falso planteo de patriotismo, al punto tal que no es patriota aquel que destruye la credibilidad de la nación por buscar una ventaja política, más bien su desmedida ambición de poder político los transforma en traidores a la patria. De manera que el kirchnerismo no va a corrernos con el argumento de Patria o Buitres.

Personalmente considero que el Estado no debe endeudarse para financiar el gasto público. Si el Estado gasta más de lo que recauda, tiene que optar entre emitir moneda y cobrar el impuesto inflacionario o endeudarse. Eso es lo que ha hecho un gobierno atrás de otro, incluyendo al kirchnerismo, porque también es falso que se haya desendeudado. Por el contrario aumentó la deuda. La diferencia es que cambió de acreedor y de moneda, pero eso no quiere decir que esa deuda no constituya una pesada carga para el contribuyente o que en algún momento no haya que pagarla.

Pero la mejor vara para medir si el kirchnerismo, en este raid de papelones que nos viene haciendo pasar por el mundo con su comportamiento frente a los fondos de inversión y el comercio internacional, es analizar si contribuye a mejorar o a empeorar las condiciones de vida de la población.

Y aquí la respuesta es muy sencilla, solo logrando confianza, credibilidad, respeto por el derecho de propiedad, respetando los contratos firmados y cumpliendo con la palabra dada es que se consiguen más inversiones. Son las inversiones las que incrementan la demanda de mano de obra y la productividad de la economía mejorando la calidad de vida de la población.

Sin duda, con su comportamiento el kirchnerismo está espantando inversiones, con lo cual deteriora el nivel de vida de la población. Ahora bien, supongamos por un momento que todos aplaudimos el comportamiento patotero del kirchnerismo de no pagarle a los fondos de inversión que ganaron los juicios y nos ahorramos U$S 1.500 millones y nos reímos en la cara de Griesa no acatando los fallos de la justicia. Pregunta: ¿acaso no perdemos muchos más millones de dólares en inversiones que no se hacen por esta falta de cumplimiento de las normas que los U$S 1.500 millones que el kirchnersimo no le quiere pagar a los fondos de inversión?

En definitiva, lo que busca el kirchnerismo es maximizar en el corto plazo su beneficio político recurriendo a un falso nacionalismo a cambio de un costo que se traduce en menos inversiones, puestos de trabajo y calidad de vida de la población. Dado que el costo es mucho mayor al beneficio de ahorrarse U$S 1.500 millones, el discurso político será que ese costo que tiene que pagar la población es culpa de los fondos buitres, el neoliberalismo y estupideces por el estilo que, reconozco, en algunos casos prende bastante bien en una parte de la población.

El gran interrogante es hasta qué punto la gente seguirá comprando el discurso del falso nacionalismo y aceptando pasivamente seguir perdiendo su nivel de vida.

En otras palabras, no vaya a ser cosa que, llegado un punto, la gente diga: muy lindo el discurso Patria versus Buitres, pero la plata no me alcanza y con el kirchnerismo vivo cada vez peor. Ahí se cae el relato y el beneficio político de corto plazo se diluye.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

SOBRE LA ENSEÑANZA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 19/5/13. En http://gzanotti.blogspot.com.ar/2013/05/sobre-la-ensenanza.html?m=1

–         El enseñar no surge (como sí la creación de Dios) de la nada. Nace del apasionamiento por la verdad, por haberla buscado a fondo y seguirla buscando, nace de leer con ese espíritu, con un programa de investigación in mente. De allí surge el querer conversarlo con los demás, y ese acto de conversación es enseñar.

–         La seguridad del educador no nace, pues, de su soberbia, sino de la tranquilidad que tiene el que ha buscado la verdad y la sigue buscando. Ello, sencillamente, se nota, se expande como la luz.

–         Querer enseñar surge no sólo del propio entusiasmo, sino del amor a los demás, y no en forma abstracta, sino concreta, personal: amor a cada uno de los alumnos que tenemos delante. Amor que se expresa en todas las enseñanzas que sobre él nos dejó San Pablo.

–         Cuando entres al aula, entra entonces con esa seguridad, con ese entusiasmo, en ese afecto. No se adquieren por ningún método. O lo has vivido, o no.

–         Di tu nombre, y aclara que todos pueden estar en desacuerdo contigo, incluso, con eso último. Ello, para que todos se sientan invitados a expresar su propio pensamiento.

–         No se sabe para opinar, se opina para saber, esto es, esa libre expresión del pensamiento es la que el educador tiene que ir dirigiendo socráticamente hacia la verdad. Nunca digas no: reconduce, observa la parte de verdad, fíjate desde dónde el alumno habla, y desde allí sigues.

–         Si hay algún desacuerdo que no se soluciona, no forcejees. Déjalo como un tema que hay que seguir meditando entre todos.

–         No preguntes “alguien sabe qué es”, o “alguien sabe cómo se llama”, o “alguien sabe cómo se dice”………….. Etc. Porque cuando escuches las respuestas, tendrás que corregir, decir no, y entonces los demás tendrán miedo de equivocarse. Y lo peor es que el primer equivocado puedes ser tú.

–         Expone, sencillamente, tu posición sobre el tema, dejando claro que todos te pueden preguntar y disentir. Así el diálogo surge solo. La verdad os hará libres, sí, pero en este caso la libertad conducirá hacia la verdad. Si no admites desacuerdos, si sólo buscas que el otro repita lo que tú dices, y si lo repite bien lo premias y si no lo castigas, vivirás, tú y los demás, en una gran ilusión óptica. La verdad no emerge del que repite lo tuyo por premio o castigo. Solamente el propio convencimiento conduce a hacer propia la verdad. Y ese convencimiento surge sólo de argumentos.

–         Que tu apertura al diálogo sea verdadera. No es sólo un método, es un convencimiento de que no lo sabes todo y te puedes llevar una sorpresa.

–         No te preocupes por exponer “todo”. Siempre es algo. Es más, lo habitual es que una clase sea como abrir el ropero que conduce a narnias infinitas. Tú muestra con el entusiasmo del viajero los mundos que ya recorriste. Pero no los metas por la fuerza. Muestra las puertas abiertas del fascinante ropero, y deja que la única magia genuina, el entusiasmo del alumno, se introduzca. Y haces eso para que, precisamente, ellos recorran más que tú.

–         Si alguien, al ejercer el derecho al disenso que tú le respetas, te agrede, te insulta, se burla de ti o de los demás o sólo escupe su soberbia, deja pasar todo ello como el agua deja pasar la hoja del cuchillo. Haz como que nada pasa, protege, sí, a los demás, y sigue adelante. La humildad, por lo demás, también se transmite. En general si estás calmo, obtendrás calma. Como dice un proverbio oriental: si tocas suavemente un tambor, sonará suave, si lo golpeas con violencia, responderá con estruendo.

–         La única autoridad que tienes es la moral: la que surja de tu bondad y camino recorrido. No tienes otra. La tentación de obtenerla merced a premios, castigos y etc. es muy fuerte pero por favor no cedas, porque en ese mismo instante dejarás de ser educador para pasar a ser entrenador de animales.

–         Si “el sistema” ya “es” así, cuidado con entrar. Y si entras, mantén la fortaleza de ser educador o vete.

–         Tu “mundo” es tu aula. Eso es lo que puedes cambiar. Toda palabra que surja de ti es performativa: la palabra es tu herramienta fundamental. Las palabras construyen los imperios o los destruyen; las palabras forman personas o las destrozan.

–         Nada es fácil o difícil, todo es, sencillamente, fascinante, todo es algo que debe hacerte erizar el cabello, sea un poema de Borges, un texto de Santo Tomás de Aquino o un artículo de Plank sobre la física cuántica. Que sea fácil o difícil es una cuestión de hábito.

–         No los dejes solos con textos que no entiendan. Lee con ellos, y si no puedes, de vuelta, no los dejes solos.

–         Si alguien se siente demasiado cuidado por ti, y es partidario de otra filosofía de vida, donde hay que entrenarse para este mundo cruel, dile que tiene razón, pero que TU mundo no es cruel. Y que el mundo es lo que nosotros hacemos, pensamos, decimos.

–         Por lo demás, cada alumno es él mismo. Conócelo y singulariza lo que él necesita.

–         Tú no hablas sólo con tus palabras. Tú hablas, emites mensajes, desde que apareces, caminas y en el modo en que te diriges a ellos por primera vez. Tú hablas con tus miradas y gestos, con tus manos y con el tono de tu voz. Nada de ello se puede añadir artificialmente: los alumnos se dan cuenta en una milésima de segundo. Si algo de ello falla, es que algo de ti mismo está fallando.

–         Por lo demás, ¿quién dijo que tienes que ser Dios? Admite con sinceridad tus falencias, pide perdón si alguna de ellas daña a alguien; nunca hables de caminos que no has recorrido y que todo saber sea el fruto de tu vida, porque entonces tu saber será tan auténtico, limitado y falible como es tu vida misma, que es una luz finita, que ilumina no por su finitud sino por haber sido vivida con sinceridad y pasión.

–         Habría tanto más…………………………… Pero la enseñanza no es un método que se enchufa a un circuito de cualquier cerebro. La enseñanza es simplemente la irradiación de tu vida. Vive apasionado por la verdad y por tus alumnos, confía más en la misericordia que en la humana justicia, y todo lo demás se dará por añadidura.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Esprofesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.