El desafío es ampliar la frontera de producción para crecer sin inflación

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/12/2019 en: https://www.infobae.com/economia/2019/12/10/el-desafio-es-ampliar-la-frontera-de-produccion-para-crecer-sin-inflacion/?fbclid=IwAR3da_qNW6X1lbr1zqFsoLz1JeJcUhyT7taFPx1w38Dd1BOuXypDApuHZ5w

 

El ministro de Economía entrante, Martín Guzmán, recibió un estado de situación del ministro saliente, Hernán Lacunza

El ministro de Economía entrante, Martín Guzmán, recibió un estado de situación del ministro saliente, Hernán Lacunza

Una vez más estamos en un proceso de recesión con inflación como muchas veces vivimos en Argentina. La receta que en forma insistente el nuevo gobierno ha manifestado que tiene en mente es aumentar el consumo interno poniéndole plata en el bolsillo a la gente para que incremente su demanda y lleve a más actividad económica.

Obviamente, se parte del supuesto de que la economía está operando por debajo del nivel de su capacidad de producción, lo que podemos denominar debajo de la frontera de producción y, por lo tanto, queda margen para ampliar la oferta de bienes y servicios sin necesidad de hacer inversiones. Como las empresas pueden responder con mayor oferta de bienes ante la mayor demanda, la emisión monetaria que se haga no tendría impacto inflacionario o éste sería marginal.

En caso de lograrse ese objetivo, que la oferta responda con mayor producción, habría que ver, en primer lugar, cuánto dinero hay que emitir para poder ponerle plata en el bolsillo a la gente sin que se produzca una disparada inflacionaria y cómo se hace luego para incrementar la capacidad de producción.

Es decir, una vez llegado al límite de producción posible, ¿cómo se consiguen nuevas inversiones que amplíen la capacidad de incrementar la oferta de bienes y servicios para absorber a los desocupados y a los jóvenes que se incorporan al mercado laboral anualmente?

Para graficar el problema supongamos que Robinson Crusoe está en la isla y está dispuesto a trabajar 8 horas por día. Si tomamos el gráfico 1 podemos suponer que si trabaja 8 horas por día, puede treparse a un árbol y conseguir 30 cocos por día y si las 8 horas las dedica únicamente a pescar, consigue 10 peces por día.

Supongamos que si trabaja 4 horas pescando consigue la cantidad de peces P1, y si las otras 4 horas las dedica a bajar cocos del cocotero obtiene la cantidad C1 cocos. Cualquier combinación que haga utilizando las 8 horas de trabajo le dan diferentes combinaciones de producción de cocos y peces a lo largo de la curva.

Pero si Crusoe trabaja menos de 8 horas está por debajo de su frontera de producción, digamos en el punto C*. Este es el supuesto del que parece partir el nuevo gobierno respecto a poner dinero en el bolsillo a la gente: emisión sin que haya impacto inflacionario. La idea es que la economía argentina está trabajando en el punto C* y su capacidad de producción es la curva del gráfico previo, por lo tanto, si se incrementan los sueldos, las jubilaciones y los planes sociales, crecerá la demanda y como la economía está operando por debajo de su potencial puede responder con más oferta moviéndose hacia algún punto a lo largo de la frontera de producción sin necesidad de aumentar los precios.

Considerando la fuerte caída en el nivel de actividad, es posible algún rebote dada la profundidad de la caída anterior.

No obstante, eso no asegura que no se mantenga el sendero alcista de los precios al consumidor por: 1) la historia inflacionaria que hace que la gente huya del peso rápidamente y 2) hay que ver qué nivel de expansión monetaria se necesita para mover el amperímetro del consumo.

Pero aun logrando el objetivo de reactivar la economía en forma transitoria, el desafío no es pasar del punto C* a algún punto a lo largo de la frontera de producción, sino ampliar la frontera de producción que es lo que permite elevar el nivel de vida de la población en forma permanente.

El gráfico anterior muestra que trabajando la misma cantidad de horas, Robinson Crusoe puede obtener mayor cantidad de peces, de 10 a 15 si se dedica exclusivamente a la pesca, o pasar de 30 a 40 cocos si sólo destina su tiempo a bajarlos del árbol.

¿Cómo logra mover su frontera de producción Crusoe? Con inversiones. Construye una red para pescar y fabrica una escalera para subirse al cocotero lo cual le da mayor productividad. Con la misma cantidad de horas de trabajo consigue producir más de los dos productos. Eso es lo que incrementa el nivel de vida realmente.

Revertir la historia

La imprevisibilidad en las reglas de juego de la Argentina ha hecho que la frontera de producción se moviera en el sentido del gráfico precedente. La tasa de inversión es insuficiente para cubrir la amortización del capital existente e incrementar la capacidad de producción. Por esa razón aumenta la pobreza, la desocupación y somos un país en decadencia.

Por eso el desafío del nuevo gobierno no es limitarse a moverse del punto C* hasta algún punto de la frontera de producción del gráfico 1. El desafío es crear las condiciones institucionales (seguridad jurídica, respeto por los derechos de propiedad, gasto público que no aplaste al sector privado, no espantar el ahorro de los argentinos al exterior, un sistema tributario pagable, una legislación laboral que estimula a la contratación de personal, etc.) para moverse en el sentido del gráfico 2 y frenar la caída en el stock de capital del gráfico siguiente.

En síntesis, el gobierno podrá ofrecerle a su población mejores condiciones de vida el día que deje de reactivar la economía vía emisión monetaria y apueste a ampliar la frontera de producción atrayendo inversiones. Y eso se consigue con reformas estructurales combinadas con seguridad jurídica.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Cómo hicieron muchos países para bajar los índices de pobreza

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 24/4/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/04/24/como-hicieron-muchos-paises-para-bajar-los-indices-de-pobreza/

 

Esa es la vara que eligió el presidente Mauricio Macri para que se evalúe su gestión a fin del mandato.

 

No parece una mala unidad de medida para evaluar su gestión económica. Obviamente que el tema ocupación o creación de puestos de trabajo va a ser clave para poder terminar en serio con la pobreza en la Argentina.

Lograr inversiones que contraten mano de obra para que millones de personas dejen de hacer como que trabajan en el sector público, cuando en realidad muchos de ellos son desocupados encubiertos en el Estado, y legiones de piqueteros que viven del trabajo ajeno, es todo un desafío.

Cómo lograr salir de la pobreza es una receta conocida. Disciplina fiscal, bajos impuestos y gasto público, flexibilidad laboral y respeto por los derechos de propiedad. A partir de estos lineamientos se crean las condiciones para que la gente desarrolle su capacidad de innovación.

No van a ser los burócratas los que nos van a guiar con su “sabiduría” qué tenemos que producir, en qué cantidades y a qué precios. Eso ya lo probamos y tenemos una larga experiencia de decadencia económica.

Al respecto no hay mucho para inventar. Basta con ver el Índice de Libertad Económica que todos los años elabora The Heritage Foundation y el Wall Street Journal para advertir que a mayor libertad económica, mejor nivel de vida de la población.

Recordemos que el Índice de Libertad Económica incluye ítems como respeto por los derechos de propiedad, disciplina fiscal, flexibilidad laboral, carga impositiva, apertura comercial, eficacia judicial y otros rubros más. Es decir, es una combinación de calidad institucional y políticas económicas.

Por ejemplo, tomando los 10 primeros países de mayor libertad económica y los 10 con menor libertad económica e incluyendo el índice de flexibilidad laboral se observan los siguientes resultados.

Como puede verse en el cuadro previo, los diez primeros con mayor liberad económica tienen, al mismo tiempo, una elevada flexibilidad laboral,  tomando 100 como mejor puntaje. Y como puede verse, las tasas de desocupación están, en la mayoría de los países, en niveles muy bajos.

Singapur tiene un índice de flexibilidad laboral de 92,6 y una tasa de desocupación de solo 2,1% de la oferta laboral.

Por supuesto que la tasa de desocupación no la define solamente la flexibilidad laboral, pero ayuda porque no es una barrera que frene la contratación de mano de obra como es en el caso argentino.

La última columna muestra el ingreso per capita de cada país en dólares corrientes. El que tiene un ingreso por habitante más bajo es Estonia con USD 17.737 pero eso tiene una explicación: estuvo sometida por la ex Unión Soviética y luego de independizarse inició un proceso de liberación de la economía. Revertir 70 años de comunismo no era tarea sencilla.

Como dato ilustrativo, comparemos el ingreso per capita en dólares constantes de 2011 entre la Argentina y Estonia para ver lo que puede la libertad económica.

Luego de la caída del muro de Berlín, nosotros teníamos un ingreso per capita, de acuerdo a los datos de Angus Maddison, que superaba en un 42% al de Estonia; en 2016 esa brecha se revirtió al 32% a favor del país europeo, luego de que nos empezara a superar en 2001, y sacó amplias ventajas a partir de 2011, segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner.

Punto de giro singular

Hong Kong, que lidera el índice de libertad económica, es otro caso interesante para compararnos. Recuerdo que en la década del 70 aquí se solía descalificar las reformas económicas del país asiático, argumentando que ellos vivían en condiciones infrahumanas y comiendo un plato de arroz.

En 1960, nosotros, los genios del vivir con lo nuestro y el intervencionismo, teníamos un ingreso per capita que superaba en un 126% al de Hong Kong. En 2016, siempre en base a los datos de Angus Maddison, el país asiático sacó una ventaja del 156%; semejante giro es lo que pudo lograr la libertad económica versus el intervencionismo, el estatismo, la economía cerrada y las regulaciones junto con el populismo económico.

Otro ejemplo del efecto del ajuste fiscal

Comparémonos ahora con Irlanda. En 1960 nuestro ingreso per capita era 12,7% más alto que el de Irlanda. Los irlandeses, llegado un punto, tuvieron que decidir si iban a incorporarse a la Unión Europea o se mantendrían alejados del mundo. Optaron por incorporarse e hicieron un fenomenal ajuste del gasto público en términos nominales.

Sí, algo que aquí sería tildado de ajuste salvaje por parte de los populistas y progres. El resultado es que en 2016 Irlanda tuvo un ingreso per capita un 200% más alto que el nuestro y no para de atraer inversiones ya que le cobra a las corporaciones un impuesto a las ganancias de solo el 12,5 por ciento.

Con cualquiera de los 10 países que nos comparemos con mayor libertad económica, respeto por los derechos de propiedad e integración económica al mundo, somos una lágrima. Países que, con soberbia, mirábamos por arriba del hombro como Singapur, hoy nos superan.

En 1960 teníamos un ingreso per cápita 123% mayor a de ellos y en 2016 nos superaban en 248%. Insisto que todos los gráficos están basados en la última actualización del proyecto Angus Maddison. La fuente es esa.

Si tomamos los 10 países con menos libertad económica, es decir los que están en el final de la tabla, observamos que en tasa de desocupación hay escasa información y lo mismo ocurre con algunos casos del ingreso per cápita que, para los países que disponen de información, están a años luz de los 10 primeros países de la tabla.

La lógica y la evidencia empírica demuestran que a mayor grado de libertad económica, integración económica al mundo, disciplina fiscal, bajos impuestos y gasto público, respeto por los derechos de propiedad, justicia eficiente y flexibilidad laboral, mayor crecimiento e ingreso per capita de la población. En definitiva, mayor bienestar y menos pobreza. El objetivo que busca Macri.

La receta es clara, la duda es si gradualismo o shock

En definitiva, Mauricio Macri no tiene que inventar nada para lograr su objetivo de bajar la pobreza. Ya está todo escrito. La receta es conocida. Solo le queda estudiar si esos países fueron muy graduales al momento de llevar a cabo las reformas estructurales o aplicaron políticas de shock.

Es importante resaltar que en el ideario popular hay países que se creen que aplican políticas socialistas. Si uno revisa el Índice de Libertad Económica se encuentra que Suecia está en el puesto 15, Noruega en el 23 y Finlandia en el 26. Es decir, los países nórdicos, identificados como países socialistas, tienen economías libres. Hace rato que dejaron el socialismo.

Otro dato interesante es que varios de los países que estaban detrás de la cortina de hierro se liberaron del comunismo y aplicaron políticas de shock de libre mercado como los casos de Estonia, Lituania, la República Checa o Letonia que están entre los primeros 30 países con mayor libertad económica y muy fuertes incrementos de sus ingresos per cápita. Luego de estar 73 años bajo la bota comunista, estos países llevaron a cabo importantes reformas económicas pro mercado.

Por eso, aquellos que dicen que nosotros no podemos crecer porque tuvimos 70 años de peronismo, tienen que mirar al resto del mundo y ver como países cuyas poblaciones tuvieron el cerebro lavado por el comunismo o estuvieron bajo políticas populistas como Irlanda, lograron revertir su decadencia.

No busquemos más excusas. No soy peronista y nunca voté al peronismo, pero tampoco compremos el argumento que porque tuvimos peronismo no nos podemos recuperar más.

Me parece que el problema nuestro es que los gobiernos no peronistas terminaron aplicando el populismo del peronismo y por eso el abanico de oferta electoral actual tiende a ser bastante populista en su conjunto, con lo cual la conclusión es que nuestro grave problema económico tiene que ver más con los valores que imperan en la sociedad. La cultura de la dádiva, del proteccionismo, en definitiva del estado sobredimensionado que ahoga la capacidad de innovación de las personas.

El partido político que cambie su oferta electoral y en vez de populismo, proteccionismo y redistribución del ingreso ofrezca las reglas de los países exitosos y logre convencer a una mayoría de los beneficios de terminar con el populismo es el partido político que logrará lograr otro milagro económico como el que consiguió, en su momento, la generación del 80.

 

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

¿Por qué no fuimos Australia? (Parte I)

Por Iván Carrino. Publicado el 15/2/18 en: https://contraeconomia.com/2018/02/por-que-no-fuimos-australia-parte-i/

 

En el artículo de hoy, la primera parte de un profundo análisis sobre nuestra decadencia económica.

“Existen cuatro clases de naciones: países desarrollados, países en desarrollo, Japón y Argentina”

Simón Kuznets

10 de diciembre de 2015. Era un día soleado y caluroso en Buenos Aires, con una temperatura que alcanzó los 33 grados centígrados. Tras doce años de kirchnerismo, asumía un  nuevo presidente en Argentina.

El nuevo presidente, Mauricio Macri, tenía la característica de no ser militar, peronista ni radical. Un evento único en la historia de los últimos 100 años.

La ceremonia de asunción tuvo todos los condimentos protocolares y otros que no tanto. Tal vez el dato que quedará en la historia es que el mandatario saliente (en este caso, la presidente Cristina Fernández de Kirchner), no asistió a la ceremonia puesto que no le pareció correcto el lugar elegido para realizar la entrega del bastón y la banda presidencial.

Otra anécdota que recordaremos será la de la vicepresidente, Gabriela Michetti, cuando, micrófono en mano, deleitó a sus seguidores desde el balcón de la Casa Rosada cantando las canciones de la popular Gilda. El presidente acompañó con sus célebres pasitos de baile.

Tal vez una historia que pasó desapercibida dentro de la gran cantidad de pequeños eventos que compusieron la ceremonia inaugural fue el saludo cordial que tuvieron el presidente Macri y el embajador de Australia en Argentina, Noel Campbell.

En medio de una ronda de saludos a los enviados extranjeros, se produjo el siguiente diálogo entre ambos:

– Felicitaciones presidente, somos países parecidos – lo saludó el embajador.

– Éramos – respondió Macri con gesto de añoranza, para luego seguir – Ya vamos a volver.

– ¿Usted conoce Australia? – pregunto Campbell

– Nunca he estado, pero soy admirador… en los últimos 30 años nosotros hicimos todo al revés y ustedes hicieron todo correcto.

En menos de diez segundos de charla, Macri tocó uno de los temas más sensibles de la historia económica de nuestro país. ¿Es cierto que fuimos parecidos a Australia y que ahora los miramos “desde abajo”? ¿Por qué Australia hace “todo bien” hace treinta años? ¿Qué le pasó a Argentina?

Australia, país exitoso

Australia es el país más grande del hemisferio sur. Con 7,7 millones de kilómetros cuadrados, tiene todos los climas, prevaleciendo el desértico, pero con grandes extensiones donde predomina el tropical y el templado. En cuanto al terreno, si bien tienen algunas montañas y cordones montañosos, se trata de un país principalmente llano.

Esta combinación hace de Australia un importante productor y exportador de productos primarios, como carne, leche, trigo, cebada y sorgo. Australia cuenta, además, con un importante sector minero que está en los primeros puestos del mundo en cuanto a exportación y producción de oro, carbón, aluminio y cobre. Sin embargo, se trata de una economía principalmente dedicada a los servicios.

Una de las curiosidades de la economía australiana es que hace 25 años que su PBI no muestra variaciones negativas. Es decir, hace 25 años que su economía crece de manera ininterrumpida y no hay señales de que eso vaya a cambiar en el corto plazo.

Gráfico 2.1. Crecimiento económico de Australia

Fuente: Elaboración propia en base a Banco Mundial y FMI

En contraste, en Argentina la volatilidad del crecimiento es muy superior, y en los últimos 25 años atravesamos al menos 3 crisis distintas: la de la convertibilidad; la de las hipotecas subprime y el conflicto con el campo, y la del fin del kirchnerismo.

Pero la historia del éxito australiano no tiene que ver solo con los últimos 25 años, sino que viene de largo.

Por este motivo conversé personalmente con Kris Sayce, quien dirige en Australia la compañía de análisis económico y financiero Port Phillip Publishing y tiene una amplia trayectoria en el análisis de los mercados y administración de portafolios.

– ¿Por qué Australia se convirtió en un país tan rico? – Le pregunté a Kris en enero de 2017.

– Creo que lo primero que debe mencionarse es que Australia empezó su desarrollo mucho después de América del Norte o América Central. Lo segundo es que el establecimiento de la colonia británica, con una clara historia y tradición del respeto por la ley y respeto por los derechos de propiedad fue un elemento clave. Los derechos de propiedad son el punto clave.

Tener un buen respeto por los derechos de propiedad es un elemento de vital importancia para el desarrollo. Si uno es dueño de su casa, tiene incentivos para cuidarla, mejorarla, etc. Pero si uno no sabe si el día de mañana la pueden expropiar u ocupar, entonces probablemente a la casa la deje un poco abandonada.

A este marco de respeto por la ley se le sumó otro factor en 1960. Kris me explicó que hasta los años ‘60, el país tenía una política de “Australia Blanca”, que no permitía la inmigración a personas asiáticas, negras… que era muy restrictiva. Sin embargo, a partir de los ’60, esa política se terminó y el país oceánico recibió una gran inmigración del sur de Europa.

En paralelo con la llegada de los inmigrantes, comenzaron los descubrimientos de los yacimientos de mineral de hierro, así que la combinación de esos nuevos descubrimientos con un gran influjo de mano de obra posibilitó un salto en el crecimiento económico.

Derechos de propiedad, grandes extensiones de terreno, recursos naturales para explotar, inmigración… suena todo muy similar a la Argentina del siglo XIX y principios del XX. Y, efectivamente, por algunos años nuestra performance económica fue comparable a la australiana.

Gráfico 2.2. PBI per cápita relativo de Argentina y Australia

Fuente: Elaboración propia en base a Angus Maddison y FMI en dólares internacionales.

En el gráfico que se observa arriba aparece el resultado dividir el PBI per cápita de Argentina por el de Australia. Esto da una medida relativa de los ingresos de un argentino promedio en comparación con el de un australiano promedio. Así, si el resultado es 100%, quiere decir que el argentino ingresa lo mismo que el australiano. Si es 50%, quiere decir que los ingresos nuestros son la mitad del de la persona con quien nos estamos comparando.

En el gráfico se observa cómo, a partir de la década de 1880, el ingreso promedio de los argentinos se fue acercando de manera vertiginosa al de los australianos. Con fuertes tasas de crecimiento económico, Argentina competía de igual a igual con los países desarrollados, y llegamos a ser el undécimo país en el mundo en 1913.

Así, al compararnos con Australia vemos que pasamos de tener un ingreso del 37,4% del australiano en 1880 a tener uno de 97,3% en 1896. Es decir, éramos casi igual de prósperos.

Por los siguientes 90 años, la relación osciló entre el 60% y el 80%, aunque siempre con una tendencia levemente declinante. Finalmente, a partir de mediados de los ‘70, la tendencia de caída se profundizó. En 1975, si un australiano ganaba 100, un argentino ingresaba 61,7. En 2016, estábamos 20 puntos más abajo, ganando el 41,3% de lo que ganaba un australiano.

La debacle es inocultable.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El cepo es hijo del populismo

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 20/8/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1820661-el-cepo-es-hijo-del-populismo

 

El presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, afirmó que si se eliminaran todas las regulaciones cambiarias habría una gran devaluación. En rigor, su afirmación no tiene como contrapartida una explicación que la justifique dado que solo señala que habría más demanda de dólares que oferta y, por lo tanto, subiría el tipo de cambio. Solo formula la afirmación. No la demuestra.

Si dejamos de lado las poco serias teorías conspirativas para explicar la suba del tipo de cambio, Vanoli no hizo otra cosa que reconocer dos cosas: a) que la gente huye de la moneda que emite la institución que él mismo preside, con lo cual está reconociendo su fracaso como presidente del BCRA de proveerle al mercado una moneda sólida y b) también reconoce que existe retraso cambiario. ¿Cuál sería la razón para que la demanda de dólares sea mayor a la oferta si el actual nivel del tipo de cambio fuera de equilibrio? En otras palabras, al formular semejante afirmación está reconociendo que hay retraso cambiario y que solo puede sostenerse con regulaciones, y que la institución que él preside ha fracasado en proveer al mercado de una moneda sana.

Pero veamos quiénes ofrecen dólares y quiénes demandan dólares en el mercado. Los que ofrecen dólares son los exportadores que venden sus divisas al mercado interno para hacerse de los pesos para realizar los pagos correspondientes. Por otro lado, demandan dólares los que necesitan importar. Si, como sostiene el Gobierno, este es un tipo de cambio de equilibrio, no habría motivos para esperar que aumenten las importaciones y caigan las exportaciones como viene ocurriendo hace rato en con las exportaciones en nuestro país, incluso desde antes de las devaluaciones en Brasil y China. En otros términos, si el tipo de cambio oficial es de equilibrio, no tendría por qué afectar el flujo de comercio exterior. Y, en todo caso, ante las devaluaciones del real y el yuan, el mercado ajustaría el tipo de cambio en la misma magnitud si es que las devaluaciones en ambos países afectasen los flujos de comercio exterior. Salvo que pretendan derogar la ley de la oferta y la demanda, el menor ingreso de divisas por exportaciones y la mayor demanda por importaciones harían subir el tipo de cambio hasta el nivel de equilibrio. Y solo habría una gran devaluación, como dice Vanoli, si el tipo de cambio oficial está muy retrasado artificialmente por las regulaciones impuestas por la desconfianza que genera el Gobierno con sus medidas y por la mala calidad de peso que emite el BCRA.

El Gobierno está reconociendo que hay retraso cambiario y que sólo puede sostenerse con regulaciones, y que la institución que Vanoli preside ha fracasado en proveer al mercado de una moneda sana.

Pero también ingresan dólares por inversión directa en los países que respetan los derechos de propiedad y se fugan capitales en los países que no respetan los derechos de propiedad y generan desconfianza con sus políticas económicas. Esto es lo que ha ocurrido bajo el gobierno kirchnerista. Hubo fuga de capitales por desconfianza y refugio en el dólar por la baja calidad de la moneda que emite el BCRA. Si se elimina el cepo en un contexto en el que se presente un plan económico consistente que libere la capacidad de innovación de la gente, equilibrio fiscal, disciplina monetaria, respeto por los derechos de propiedad, un ministro de economía que inspire confianza por su trayectoria y por su discurso coherente y creíble y un presidente del BCRA que también inspire confianza en la moneda que emite dicha institución, entonces, de haber un retraso en el tipo de cambio real, la suba se amortiguaría notablemente con el ingreso de capitales que produciría un gobierno creíble.

En rigor, algo que no va a reconocer Vanoli, es que es este gobierno el que no puede levantar el cepo porque el cepo fue puesto para contrarrestar la desconfianza que generan las arbitrariedades del kirchnerismo. El cepo no es otra cosa que el tratar de generar confianza a los palazos. Creen que la Gendarmería, la policía y la AFIP controlando el mercado de cambios sustituyen la falta de confianza que generan las políticas económicas consistentes y con reglas de juego previsibles.

El problema de Vanoli es que imagina que todo estalla si se levanta el cepo bajo el contexto del descalabro económico que produjo el kirchnerismo y la ausencia de respeto a la propiedad privada del populismo imperante. En definitiva, Vanoli tiene razón que todo estalla si se elimina el cepo bajo estas condiciones económicas e institucionales del kirchnerismo, pero no hay razón para pensar que todo estalle con un gobierno serio.

En síntesis, el cepo es hijo del populismo k. La eliminación del cepo sin estallido será hija de un gobierno serio que sepulte el populismo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

La deuda y el default no son problemas del capitalismo

Por Iván Carrino. Publicado el 10/7/14 en: http://opinion.infobae.com/ivan-carrino/2014/07/10/la-deuda-y-el-default-no-son-problemas-del-capitalismo/

 

Un día después de conocida la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos de no tomar el caso de los holdouts contra el gobierno argentino, el ministro Kicillof se quejó porque debía “pagar los platos rotos de la fiesta neoliberal”. Hace pocos días, en la OEA, volvió sobre la idea al afirmar que las restructuraciones de deuda y los defaults soberanos “no son sólo un problema de la Argentina sino de todo el capitalismo mundial”.

Haciendo la enorme concesión de seguirle la terminología a Kicillof, lo que quiere decir es que todo este problema del gobierno-que-se-endeuda-y-termina-mal es una más de las supuestamente indeseables consecuencias de vivir en un sistema capitalista. El problema de esta afirmación, sin embargo, es que es totalmente errónea.

Si se puede definir al sistema capitalista en pocas palabras, tenemos que decir que es el sistema institucional basado en el respeto por los derechos de propiedad. En este sistema, el rol del Estado se limita precisamente a proteger esos derechos, y un Estado que se limita “solo a eso” no puede gastar mucha plata. En consecuencia, no tiene necesidades de endeudarse. De esta forma, un sistema capitalista también exige equilibrio presupuestario, dado que si este se viola y los gastos del Estado son persistentemente superiores a los ingresos, la diferencia terminará siendo cubierta con nuevos impuestos, inflación o endeudamiento, todas formas de gravar (a corto o a largo plazo) a la población, lo que la priva de disponer libremente de su propiedad.

Hasta aquí, como puede observarse, es poca la responsabilidad que el capitalismo pueda tener en el tamaño y la dinámica de la deuda estatal. Si hay equilibrio presupuestario y los gastos no superan los ingresos, no hay necesidad de endeudarse.

Fue Keynes, sin embargo, el que en su momento ridiculizó la austeridad y son los keynesianos los que hoy insisten en que el gasto y el déficit fiscal son un arma poderosa para sacar a los países de las recesiones. Si bien esta postura aplicada estrictamente a un contexto de crisis puede debatirse, lo cierto es que los políticos no tardaron en encontrar en dichas ideas un soporte intelectual a su natural inclinación hacia el gasto y hacia la ausencia de tributación.

En el paradigma keynesiano, el ahorro es vicio y el gasto es virtud, con lo que el equilibrio presupuestario pasa a un lejano segundo plano. Así, la deuda aparece como la mejor alternativa para financiar el déficit sin tener que lidiar con el costo político de cobrar más impuestos. Es evidente, entonces, que la deuda no es hija del capitalismo o del “neoliberalismo” sino del keynesianismo más básico, casualmente la tradición económica que nuestro ministro admira y a cuyo estudio ha dedicado parte de su vida.

Finalmente, se entiende que los funcionarios del Gobierno actual intenten desligarse de la responsabilidad por el problema de la deuda pública, pero no es admisible que, en aras de hacerlo, acusen al capitalismo, el único inocente de toda esta larga novela.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.