Un discurso y un adiós…

Por Gabriela Pousa: Publicado el 2/3/16 en: http://economiaparatodos.net/un-discurso-y-un-adios/

 

Si a Cristina Kirchner se le pedía que hable de inflación, el silencio era ensordecedor. Si acaso se demandaba alguna alusión a la inseguridad, ese término se acallaba en la oratoria presidencial. Nunca el kirchnerismo respondió a las demandas perentorias del pueblo. Es más, las carencias de la sociedad eran consideradas “sensaciones”, inventivas de apátridas, cipayos, oligarcas y desestabilizadores. 

Durante los últimos días, incesantes fueron los pedidos a Mauricio Macri para que hiciese hincapié en cómo recibió el país después del 10 de diciembre. Pues bien, casi la mitad de los 62 minutos que duró el discurso, el Presidente demostró que escuchó y aludió a la herencia de la gestión anterior. Un cambio de singular trascendencia en lo que respecta a la dirigencia. 

La inseguridad no es una sensación. Es un flagelo negado sistemáticamente, que a su vez generó otra violencia, la verbal. Hoy la argentina es un país próspero para los narcotraficantes“. Ambas frases sitúan a Macri en un punto de partida realista. Ya no existe el país de maravillas que pintaba Alicia, perdón Cristina. De ese modo, el discurso consiguió un equilibrio básico entre lo caótico de la situación y las posibilidades de enmendarlo. 

No hubo optimismo exitista sino conciencia de la realidad y destierro del relato. Un gran paso dado. La década ganada se desojó en un santiamén: “Entre 2006 y 2015 pagamos 694.000 millones de dólares más que en la década anterior. Encontramos un Estado destruido. Faltan documentos, no hay estadísticas. Cuesta encontrar un papel”. Si acaso el ahorro es la base de la fortuna como alguna vez supo ser, Macri desnudó los infortunios: “En estos años de vacas gordas no ahorramos, sino que nos cominos nuestras reservas”. A ese “nos comimos las reservas” hay que agregarle que con ellas también deglutimos parte del futuro.

Claro que toda deuda que se hereda hoy atañe a lo económico, y en la apertura de sesiones del Congreso quedó claro esto: “Nos encontramos con un Estado plagado de clientelismo. Al servicio de la militancia política y que destruyó el valor de la carrera publica“. A esa destrucción debe sumarse la desaparición lisa y llana de valores, principios, tradiciones, cultura y educación.

La pirámide de jerarquías se hizo trizas. Los docentes, los policías, los mismísimos padres de familia quedaron superados por infantes con “derechos” ampliados, es decir con el extraño derecho a menoscabarlos, a no escucharlos, a ignorarlos. Ese default de moral se plasmó con más ahínco todavía en la administración pública donde el interés particular superó al interés público o social. 

Macri no titubeó: “La corrupción mata, como lo demostró Cromañón, Once y rutas de la muerte. La corrupción no puede quedar impune”. La gente hoy, además de pedir un freno a la inflación, quiere ver responsables tras las rejas. Es cierto que ese deseo no debe terminar siendo similar al del revanchismo instaurado por el kirchnerismo. Existe el peligro de crear una corriente macrista tan extremista y fundamentalista como lo fueron los militantes de Néstor y Cristina. 

El pedido de justicia es lícito pero no es al jefe de Estado a quién debe hacérselo. Hay un poder judicial que debe recuperar su naturaleza intrínseca: la independencia a la hora de actuar, la dignidad, la valentía. “Será una tarea de la Justicia determinar si esta herencia que recibimos es fruto de la desidia, de la incompetencia o de la complicidad”. El mandatario le mandó así el mensaje a jueces y magistrados.

Lo cierto y rescatable es la conciencia que hay en la actual administración por restaurar los cimientos éticos perdidos durante el kirchnerismo. Hay una crisis cultural profunda que Macri descubrió al decir que “la negatividad es el principal problema de la Argentina. El creer que la corrupción era una forma de ser de los argentinos, que la pobreza no tiene solución. Quiero denunciar esa visión triste, aplastante, frustrante, porque no es verdad, puede cambiar y ya lo estamos cambiando”.

Esto implica la necesidad de cambiar el ser más allá del tener. El discurso fue por eso también, un pedido desesperado del Presidente: solo no puede. Lo había dicho durante la campaña: “si quieren un mago voten a Copperfield”, sonó desafiante y poco sutil pero certero hasta el tuétano. A muchos no les gusta la verdad, la mentira les seduce más. Hoy están desahuciados porque la ficción solo pueden verla en cine o televisión.

Tenemos que alejarnos definitivamente de la viveza criolla mal entendida. Hay que cambiar la cultura del atajo por la cultura del trabajo y el esfuerzo que dignifica”, un modo sencillo y claro de advertir que el clientelismo pasará a ser cosa del pasado. El Estado al servicio de la gente no es un Estado benefactor que reduce al ciudadano al rol de esclavo.

La inflación existe porque el gobierno anterior la promovió como herramienta económica válida. Siempre estuvimos en contra de esa mirada. La inflación es perversa. Destruye el poder adquisitivo de los más débiles”, el objetivo de máxima en lo económico quedó claro en la alocución aunque los ciudadanos prefieran verlo plasmado en actos más que en enunciados. Ese es ahora, el desafío del Presidente de la Nación.

Breve, conciso, critico pero conciliador fue el discurso de hoy. El kirchnerismo interrumpió salvajemente recordándonos que tienen la naturaleza del escorpión. Se sintieron aludidos, un buen síntoma porque significa que reconocen el error. De todos modos, esperar un mea culpa es como esperar a Godot. Ese germen populista y demagogo subsiste en la política argentina. Van a fagocitarse, los kirchneristas no morirán por acciones ajenas a sus miembros sino por implosión.

La astucia del nuevo mandatario se plasmó en la referencia a la asignación universal por hijo y en el 40 aniversario del golpe de Estado. Algunos dirán que eso sigue inflando el gasto público, pero el caudal electoral de Cambiemos en la última elección obliga a optar por gradualismo y no shock. Macri develó la cuestión, y a su vez fue un modo de decir que no vino a destruir y recordar que estamos frente a un gobierno democrático. Hay sectores de la sociedad que olvidan eso con facilidad.

Un año atrás, a quienes no comulgábamos con el quehacer oficial se nos acusaba de “Idiotas, necios, estúpidos”, sin eufemismos. Esos fueron los vocablos elegidos por Cristina en las 4 horas de relato en marzo pasado. Los gritos fueron desproporcionados, la ira de la ex mandataria signó el año que pasó. Macri no se inmutó frente a los carteles que llevó la oposición, no insultó ni buscó enemigos. Recalcó la necesidad de unir a los argentinos, algo que por el momento no parece que vaya a suceder.

El odio sembrado está cosechando, una pena sí, pero también una verdad insoslayable que no puede negarse.  Los modos son distintos, distinta es la perspectiva de Argentina con miras al futuro. Antaño se nos pintó un país de maravilla donde todo había sido hecho e inventado entre el 2003 y el 2015.  Hoy la cosa cambió: se nos mostró la Argentina sin maquillaje pero con la posibilidad de volver a verla producida y radiante.

Sin embargo, el jefe de Estado fue claro: todos estamos involucrados. Hasta no entenderlo seguiremos viviendo del acervo patrimonial heredado. Las medidas que enunció son promisorias: devolución IVA alimentos, el camino al 82% móvil a jubilados y sobre todo el concepto de “gobierno abierto” y acceso a la información pública. Asignaturas pendientes que parecían jamás iban a rendirse. Luego habrá que ver cómo sale el examen. La teoría y la práctica son cosas diferentes.

Hoy Macri debía hablar no hacer. El hacer se evaluará después.Y habló. Habló lo suficiente, lo óptimo, lo hizo con corrección, énfasis y también discreción. Eso votó la ciudadanía. Adiós desmesura, adiós.

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

Balance del primer mes de gestión

Por Adrián Ravier: Publicado el 8/1/16 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2016/01/08/balance-del-primer-mes-de-gestion/

 

Este 10 de enero se cumplen los primeros treinta días del Gobierno de Mauricio Macri y el cambio de modelo económico es una realidad. No podían enfrentarse los desequilibrios fiscal, monetario y cambiario si se mantenía la misma política económica. El nuevo equipo no tardó en ofrecer señales claras y avanzar en varios frentes a la vez. ¿Qué se hizo y qué es lo que falta?

Comenzando por el frente fiscal, el Gobierno eliminó retenciones a la industria y a los productos agropecuarios, excepto para la soja, que se redujo de 35 a 30 por ciento. La apuesta consistió en recuperar las economías regionales mejorando los incentivos, tanto por reducción de la presión tributaria que recaía sobre el sector como por supresión del cepo cambiario, que lo contenía acorralado en los márgenes de ganancia. La medida contribuiría, en paralelo, a incentivar en la inmediatez a los productores agropecuarios para que liquiden las cosechas y ayuden con ello a engrosar las debilitadas reservas del Banco Central.

El impacto fue positivo, si uno toma en cuenta que se revirtió el continuo descenso diario de las reservas hacia valores positivos que transmiten tranquilidad, aunque las liquidaciones no cubrieron las expectativas de la autoridad monetaria y del Gobierno. ¿Por qué no se cumplieron estas expectativas? Porque hay fuertes expectativas de que el sinceramiento del tipo de cambio oficial sólo fue parcial y que habría una nueva devaluación hacia marzo del corriente, una vez que venzan los contratos de futuros.

Algunos analistas señalan, sin embargo, que ese valor que hoy ronda los 14 pesos no lo fija la autoridad monetaria sino el mercado, pero esto no parece ser del todo cierto cuando observamos las altas tasas que los bancos pagan por los depósitos a plazo fijo (una alternativa a la demanda de dólares), o la absorción de pesos que el Banco Central viene generando en las últimas dos semanas con la emisión de letras.

En el frente fiscal también hay que destacar el cumplimiento de otra promesa de campaña en la que se confirmó la quita del impuesto a las ganancias para el aguinaldo de los que cobran hasta 30 mil pesos. La medida parece justa y popular, pero no conveniente ni oportuna dado el fuerte déficit fiscal. Quizás debió el Gobierno compensar la consecuente caída de ingresos tributarios con una baja inmediata en los subsidios, que si bien fueron anunciados, aún se desconoce su instrumentación.

En el frente monetario, lo dicho, la autoridad en la materia utiliza dos instrumentos para contener la inflación: por un lado, eleva los tipos de interés; por otro lado, absorbe todos los pesos que puede a través de la emisión de letras. Pero los analistas estiman una inflación para 2016 del orden del 35%, mientras la misma autoridad monetaria la estimó apenas arriba del 20 por ciento.

¿Por qué no ataca el Gobierno la inflación de manera más radical? Mi interpretación es que el Gobierno sabe que no hay otra forma que reducir el gasto público que no sea por la vía de la inflación. Si no se puede reducir el salario nominal, ni se pueden generar despidos en un sector público sobredimensionado, sólo queda avanzar en una baja real de los salarios por la vía del impuesto inflacionario. Si los analistas privados tienen razón y la inflación de 2016 se acerca a sus pronósticos, mientras el Gobierno logra acordar con los sindicatos aumentos salariales del orden del 20 o 25%, la baja real de los salarios permitirá avanzar en el requerido ajuste fiscal que todos los analistas reclaman. Por supuesto que la política no está exenta de críticas y se sabe que el mayor desafío pasará por afrontar las negociaciones salariales con los sindicatos, que nunca fue una tarea sencilla. Resumiendo, la baja de la tasa de inflación no parece ser prioridad en 2016, lo que es parte del programa gradualista que el Gobierno viene aplicando.

En el frente cambiario, además de lo dicho, la nueva administración apuesta a generar un fuerte ingreso de divisas que sólo puede ser la consecuencia de un cambio rotundo en la política exterior. Al respecto, Mauricio Macri lleva adelante una amplia agenda política internacional que comenzó con el cuestionamiento directo al eje bolivariano, empezando por Venezuela y siguió con la anulación del polémico memorándum con Irán. Además, extendió lazos dentro del Mercosur con Brasil y Uruguay, además de Chile, y relanzó vínculos con la Unión Europea y Estados Unidos. Aceptó el fallo de la Organización Mundial del Comercio sobre las importaciones y ofreció señales claras en su voluntad de atraer capitales.

Todo el arco liberal sigue reclamando como deuda pendiente atacar el desorbitante gasto público y su consecuente déficit fiscal. La noticia de los últimos días, sin embargo, ha sido el gesto de parte de la Vicepresidente de despedir a 2035 empleados del Senado por decreto, advirtiendo que los ministros van a tomar medidas del mismo estilo para erradicar del Estado estructuras políticas compuestas por “militancia del kirchnerismo”.

La medida, a la que se sumaron otros despidos en otros organismos, como el Banco Central y el Centro Cultural Néstor Kirchner, es una gota en el océano teniendo en cuenta los más de dos millones de nuevos asalariados nombrados durante el kirchnerismo en el Gobierno nacional, en provincias y en municipios, pero deja entrever que también habrá ajustes en el gasto público una vez se complete la auditoría general de los organismos públicos.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Buenas ideas y coraje: lo que necesita Mauricio Macri

Por Iván Carrino. Publicado el 10/12/15 en: https://igdigital.com/2015/12/buenas-ideas-y-coraje-lo-que-necesita-mauricio-macri/

 

Después de muchas idas y venidas, finalmente llegó el día en que Mauricio Macri comenzará su presidencia de manera oficial. La economía será un tema central en su discurso inaugural y durante toda su gestión, ya que la herencia que recibe no es para nada nada liviana.

 

Al final, luego de 4583 días en el ejercicio del poder, el kirchnerismo entregará el mando a Mauricio Macri. Como es de público conocimiento, el traspaso no fue nada sencillo, y los detalles del mismo pertenecen más al género de la novela o la ciencia ficción que al de la política y la democracia republicana.

Ahora bien, así como Cristina decidió dejar el poder, también decidió dejar la economía: con problemas urgentes que el nuevo gobierno deberá resolver.

Déficit fiscal e inflación

El problema más evidente es la inflación. El ritmo de aumento de los precios en Argentina está entre los más acelerados del mundo. En 2014 nuestra inflación fue 8 veces el promedio mundial, mientras que este año esa diferencia se reduciría a “solo” entre 5 y 6 veces.

La pérdida del poder adquisitivo de la moneda está explicada principalmente por la emisión monetaria destinada a cubrir el déficit fiscal. El desequilibrio entre ingresos y gastos del gobierno acumulado a septiembre ascendió a ARS 236.000 millones, por lo que a fin de año se encontraría en las cercanías de los ARS 400.000 millones (un 7% del PBI).

Economía reprimida

La de Argentina es una economía reprimida, asolada no solamente por la galopante inflación, sino por una maraña de regulaciones y controles que impiden su normal funcionamiento.

Entre los controles destaca el famoso “cepo cambiario” que, en sus 4 años de vigencia, demostró ser un espectacular fracaso. En primer lugar, porque convirtió en delincuentes a una enorme cantidad de argentinos que lo único que querían hacer era resguardarse de la inflación. En segundo lugar, porque al fijar el precio del dólar por debajo de su verdadero valor, devastó al sector exportador y dinamitó los incentivos (ya bajos) para invertir en el país.

Finalmente, debe decirse que ni siquiera desde el punto de vista de los gobernantes el cepo tuvo algún efecto. A pesar de que la medida se tomó para evitar una devaluación y cuidar las divisas, Argentina es el país de la región en el que más subió el dólar desde el año 2011 (excluyendo Venezuela) y el que más reservas perdió (incluso más que Venezuela) desde el cepo hasta hoy.

Estancamiento económico

Este derrotero de malas ideas, malas políticas y peores resultados tuvo su correlato en la producción. Si se consideran las previsiones del FMI para este año, el crecimiento de la economía argentina estará entre los más bajos de la región entre 2011 y 2015, solo superando a Brasil y Venezuela.

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Como puede apreciarse, la situación económica que encontrará el nuevo presidente no es para nada alentadora.

Frente a ella, Macri deberá contar fundamentalmente con dos cosas: buenas ideas, por un lado, y mucho coraje, por el otro.

Necesita buenas ideas porque hay recetas que son mejores que otras para que las economías crezcan de manera sostenible y ha quedado demostrado que la del aumento del gasto público financiado con emisión monetaria e hiperregulación no es una de ellas. En este sentido, necesita dar un giro de 180 grados hacia una economía más libre y capitalista.

También necesitará coraje, porque a la hora de la implementación de estas ideas, en el corto plazo es probable que haya resultados que a muchos no les gusten, como la suba de algunos precios o la mayor competencia internacional.

Sin embargo, no estaría mal que, por una vez, comencemos a pensar en el mediano y en el largo plazo. De hecho, de haber hecho esto antes, hoy no estaríamos discutiendo estos problemas, sino que tendríamos una economía con baja inflación, alto ritmo de crecimiento y un considerablemente menor nivel de pobreza.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La devaluación del peso argentino en 2011-2015

Por Adrián Ravier: Publicado el 26/8/15 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2015/08/26/la-devaluacion-del-peso-argentino-en-2011-2015/

 

Devaluar es, según la Real Academia Española, ‘rebajar el valor de la moneda’. Nadie contribuyó tanto a rebajar el valor del peso argentino como este último Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, en el que tuvo una destacada participación el actual ministro de Economía, Axel Kicillof. El economista Luis Secco guarda plena razón cuando explica: “La devaluación ya está hecha”, “Solo resta sincerarla”, algo que aparentemente le corresponderá hacer al próximo Gobierno, con el costo político y social que eso trae aparejado.

Para mostrar esta rebaja en el valor del peso entre 2011 y 2015, cabe una mirada a la evolución de las distintas partidas del balance del Banco Central de la República Argentina (BCRA), institución que cuenta con el monopolio de emisión de estos billetes depreciados. El cuadro presentado a continuación es un extracto del resumen estadístico que elabora trimestralmente Nicolás Cachanosky para nuestro blog Punto de Vista Económico.

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Nótese, por ejemplo, la evolución del pasivo, que pasó de 0,4 a 1,2 billones de pesos entre 2011 y junio de 2015. El pasivo se triplicó desde que Kicillof incide en la política monetaria del BCRA, lo que se logró con dos políticas concretas:

–          Emitiendo billetes que más que duplicaron la base monetaria (pasó de 223 a 483 mil millones de pesos).

–          Colocando títulos del BCRA en pesos (pasó de 84 a 355 mil millones de pesos).

Una mirada al activo nos puede explicar el destino de estos fondos. Mientras el activo pasó de 0,4 a 1,2 billones de pesos entre 2011 y junio de 2015, las reservas apenas pasaron de 200 a 308 mil millones de pesos. De nuevo, hay dos destinos concretos para la emisión monetaria del BCRA:

–          La compra de títulos públicos (pasó de 127 a 534 mil millones de pesos).

–          Adelantos del BCRA al tesoro del Gobierno nacional (pasó de 67 a 272 mil millones de pesos).

Para ser claros, el Gobierno quebró al BCRA. En 2011 las reservas representaban el 46 % del activo del BCRA; en 2015 esa misma relación cayó a menos del 25 %. La sumatoria de títulos públicos y adelantos del BCRA al Tesoro del Gobierno Nacional representaban en 2011 el 44 % del activo del BCRA, en 2015 estas mismas partidas representan el 63 % del activo.

La situación se agrava, lógicamente, si en lugar de tomar las reservas brutas, se tomaran las reservas netas, es decir, si se descontara aquella porción de esas reservas que no son propiedad del BCRA.

Resulta claro que un desafío difícil de lograr para el próximo Gobierno es el saneamiento del BCRA. Los asesores de ambos candidatos, Mauricio Macri y Daniel Scioli, apuestan a crear un marco de confianza que conduzca a una gran atracción de capitales en el país, pero esta confianza difícilmente ocurra mientras el BCRA presente este estado de situación. Por eso, volvemos al comienzo. “La devaluación del peso está hecha, solo resta sincerarla.”

Y entonces sí, los costos de esta devaluación serán más bajos si se ofrece un plan integral de reformas al Estado, que significan -necesariamente- un cambio de modelo.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Los mayores errores de la gestión Kicillof

Por Adrián Ravier: Publicado el 13/8/15 en:

 

El ministro de Economía, Axel Kicillof, fue entrevistado recientemente por Joaquín Morales Solá y nos dejó -en 35 minutos- interesantes argumentos para defender su administración de la política económica.

En la entrevista arremetió una vez más contra los economistas ortodoxos, defendió la política de desendeudamiento, de reindustrialización y de inclusión social, enfatizó el fuerte crecimiento económico que el país experimentó desde 2003, recordó la recuperación de YPF y Aerolíneas Argentinas. Se apoyó sobre ciertos economistas como Miguel Ángel Broda, Orlando Ferreres y Carlos Melconian para señalar que la economía está bien, creciendo un 1 %, que la inflación se desaceleró de un 40 % a un 25 % -sin recetas ortodoxas-, que las reservas están estables, que no hay problemas con los vencimientos de deuda, lo que deja una buena herencia para el próximo Gobierno, garantizando continuidad del modelo luego de 2015.

Cuando se le cuestionó el bajo crecimiento, el ministro de Economía explicó el complejo contexto internacional que nos acompaña, con caída en los precios de los commodities, con las locomotoras de China y Estados Unidos bajo ciertas dificultades y con Brasil en recesión.

Es precisamente ese contexto el que lo obligó a decidir aplicar una política contracíclica desde principios de 2014 para estimular el consumo interno mediante planes y programas, apoyado en un supuesto consenso de los economistas en las recetas keynesianas que se presentan en todos los manuales de macroeconomía y política económica.

Dejando de lado los discutibles números del ministro de Economía -que él mismo se ocupó de criticar antes de asumir funciones oficiales-, presentaré a continuación mis problemas con su administración de la política económica, que se pueden resumir en ocho puntos fundamentales.

1. No hubo crecimiento, sino recuperación.

El ministro de Economía enfatiza que la economía argentina duplicó el PIB en dólares desde 2003 a la fecha. Este puede ser un dato cierto, pero sesgado. La Argentina no logró en este período expandir su capacidad productiva, sino tan solo recuperar la actividad económica de la devaluación de 2001. En términos económicos, la receta de “impulsar la demanda para crecer” puede tener resultado visibles mientras hay capacidad ociosa, pero una vez que la economía se acerca al pleno empleo, el crecimiento económico solo puede ser generado a través de un proceso de ahorro e inversión. Tomando en cuenta que el propio ministro solo administró la política económica de este último Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el rumbo debió cambiar desde el consumo a la inversión, y sin embargo, se sostuvo en una dirección -con un diagnóstico equivocado-, manteniendo el relato de 2001, cuando la realidad que le tocó enfrentar ya era diferente.

2. La recuperación está basada en un enorme gasto público que empuja la demanda y crea empleo público, el que no se puede sostener en el tiempo.

El tamaño del Estado, medido como gasto público sobre PIB, ha alcanzado una proporción que es récord en el continente, y que no puede financiarse ni siquiera con la mayor presión tributaria de nuestra historia, que a la vez es récord en el mundo. Devolver a la Argentina a un nivel de gasto sostenible y reducir la presión tributaria a niveles normales solo puede dejar un alto desempleo y una nueva recesión que pone en duda el éxito del modelo. La Argentina se encuentra en el dilema de sostener la burbuja del gasto público, pero sin crecimiento económico, o equilibrar las finanzas públicas pero a costa de un alto desempleo estructural cuya solución fue solo temporal. Si en lugar de crear estas proporciones de empleo público, la economía argentina hubiera alentado realmente la inversión privada, entonces el aprovechamiento de esta década dorada para la región habría sido de largo plazo y el problema de desempleo estructural habría empezado a recibir una solución más genuina.

3. Comete los mismos errores del menemismo, multiplicando el déficit.

El ministro de Economía no pierde oportunidad para identificar las comparaciones entre el kirchnerismo y el menemismo, pero esto constituye una falsa dicotomía. Ambos modelos surgen del mismo partido político, pero lo más importante es que ambos han cometido el mismo error fundamental, que -como bien explicó- nos obsesiona a los economistas ortodoxos. Nos referimos al déficit fiscal. El ministro de Economía reconoció en la entrevista un déficit fiscal financiero de 3,7 % del PIB para 2014, el que dijo ser más bajo que el de Estados Unidos (4,2 %), Brasil (5,2 %) y el promedio de la región (4,9 %). Sin embargo, y sin entrar a cuestionar “sus” números, no es menor que la Argentina mantenga este déficit después de la enorme carga tributaria que señalamos con anterioridad, además de que los analistas pronostican que el déficit para este 2015 estará entre un 6 % a un 8 % del PIB. Este nivel de déficit aun está algo lejos de aquel que condujo a la economía argentina al Rodrigazo (12,1 %) y el fin de la tablita de José Martínez de Hoz (11,3 %), pero se acerca a aquel que condujo a la hiperinflación de 1988-89 (8,5 %) y al fin de la convertibilidad (7 %).

4. La política del desendeudamiento es un mito, si consideramos la deuda interna con el Banco Central y Anses.

El ministro de Economía muestra como un logro del oficialismo el bajo nivel de deuda externa sobre el PIB. Es un dato que debemos reconocer. Sin embargo, este resultado no se generó por medio de una política conservadora, sino por haber financiado el mencionado déficit fiscal con otras alternativas, como ser la emisión monetaria del Banco Central y los recursos de Anses. Lo dicho ha generado un Banco Central en quiebra bajo cualquier estándar contable, además de la mayor inflación del continente -después de Venezuela-, y de hipotecar el futuro de la población activa, gastando incluso los 30.000 millones de dólares que estaban en manos de las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP) al momento de la nacionalización. Resulta curioso que parte de los logros del kirchnerismo son herencia directa del menemismo, pues se han gastado los recursos ahorrados en la década anterior y se ha apoyado el “crecimiento” de esta década en la infraestructura que expandió el Gobierno anterior.

5. La inflación no es necesaria.

El ministro de Economía lanzó una inflación estimada del 18 %, pero al margen de este número discutible, enfatizó que la oposición redujo sus estimaciones de 40 % a 25 %. Es cierto que la inflación se desacelera en este último año, sin embargo, surgen dos cuestiones para señalar. Por un lado, que la desaceleración de la inflación va acompañada de una desaceleración de la actividad económica, mostrando en este último Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner un preocupante estancamiento económico, con pérdida de empleo. Por otro lado, el ministro de Economía parece estar convencido de que la inflación -a estos niveles- es necesaria, lo que obliga a los argentinos a convivir con una moneda enferma, que afecta y reduce el potencial de crecimiento de los próximos años.

6. La devaluación es una consecuencia inevitable por la enorme expansión de la circulación y el bajo nivel de reservas.

Con estos niveles de inflación que el ministro de Economía reconoce, la dolarización espontánea es una consecuencia obvia. Pretender que la gente acepte la pesificación porque existe “estabilidad en la política económica”, que genera a su vez una “inflación estable” superior al 20 %, es confundir causalidad. Si realmente deseamos la pesificación, debemos empezar por la estabilidad monetaria, que el Ministro de Economía declaró que es un aspecto secundario como objetivo de política económica. Si a la vez tenemos en cuenta la relación pesos en circulación frente a dólares en reservas netas del Banco Central, la tendencia ofrece un tipo de cambio de largo plazo superior a $ 20, que es lo que -en definitiva- marca la expectativa del mercado. Quienes hoy especulamos con una devaluación, lo hacemos porque entendemos que es una consecuencia inevitable de la política monetaria del Banco Central, que solo se puede postergar a costa de seguir perdiendo reservas, aun con innumerables cepos que la economía ya no puede soportar.

7. El tipo de cambio que importa es el real, no el nominal.

En este aspecto, preocupa además la comparación que hace el ministro de Economía con Brasil. Mientras Argentina pasó el tipo de cambio oficial de 3 a 9 pesos por dólar, en Brasil pasaron de 4 reales por dólar -cuando asume Lula da Silva- a 3,30 reales por dólar hoy, comparación que ilustró para identificar su problemática apreciación cambiaria. Habría que señalarle al ministro de Economía, sin embargo, que la evolución del tipo de cambio nominal no representa nada, y menos aun en un país como Argentina, donde la inflación ha tenido valores elevados. Reconocer esta situación lo llevaría a comprender que la misma apreciación cambiaria que criticó en Brasil es la que sufre hoy la economía argentina, y no como consecuencia del desarrollo productivo, sino como consecuencia de la política económica elegida.

8. La “fatal arrogancia” de creer que se puede controlar todo el mercado.

El ministro de Economía señaló que es natural que los importadores soliciten un dólar más barato, mientras los exportadores pretenden un dólar más caro. Ofreció el ejemplo de un industrial que resultó librecambista para el insumo, pero proteccionista para el producto. A partir de allí justificó el proteccionismo, los cepos y una política económica selectiva, dirigida y coordinada por él y su equipo. Esto atrasa el debate de política económica, por lo menos, hasta 1810, cuando Manuel Belgrano enfrentó los intereses creados de todos aquellos que se veían favorecidos por la política económica de la colonia. También cae el ministro de Economía en la fatal arrogancia de creer que realmente puede controlar todas las operaciones del mercado. El ministro de Economía no parece saber distinguir entre empresarios y pseudoempresarios, o entre industriales y pseudoindustriales. El objetivo de la política económica debería estar basado en la igualdad ante la ley, lejos del clientelismo político y tendría que dar lugar -de una buena vez- a los empresarios en serio, sean chicos o grandes.

Cierro con las sabias palabras de Frédéric Bastiat (1850): “Yo, lo confieso, soy de los que piensan que la capacidad de elección y el impulso deben venir de abajo, no de arriba, y de los ciudadanos, no del legislador. La doctrina contraria me parece que conduce al aniquilamiento de la libertad y de la dignidad humanas.”

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Sale 2014, entra 2015, un resumen del año:

Por Iván Carrino. Publicado el 24/12/14 en:  http://www.ivancarrino.com/sale-2014-entra-2015-un-resumen-del-ano/

 

2014 empezó con el gobierno reconociendo que su estrategia para “cuidar las reservas” y “evitar una devaluación” había sido un rotundo fracaso.

Además, la discusión sobre si la inflación era culpa de la emisión o de los empresarios malvados también estuvo presente. Claramente, los empresarios no tienen la culpa y, si ganan mucha plata, ¡mucho mejor!

A pésar del discurso del gobierno, el Banco Central comenzó una política agresiva de absorción de pesos mediante colocación de deuda. Una política que, sin reducción del gasto público, no puede hacer nada por sí sola. Sin embargo, incluso en el hipotético caso que el gasto excesivo se corrigiera, ese no sería el fin de nuestros problemas.

Otro tema, siempre relevante, fue el estado de la educación, que no sufre por la carencia de fondos, sino por los malos incentivos.

En julio entramos en default, aunque no como el de 2001, default al fin. El gobierno, sin sorpresas, acusó al neoliberalismo de ser el responsable. Se olvidaron que la deuda y el default no son problemas del capitalismo.

Poco antes del default, el propio INDEC reconocía que estábamos en recesión. Esto se daba, incluso, en el marco de una inflación alta y creciente. La pregunta obligada, entonces, fue ¿cómo es posible tener, a la vez, recesión e inflación?

Lo que sucedió, en realidad, es que la burbuja argentina se pinchó y el único desenlace tras la inflación, es la recesión.

Con default, recesión e inflación, el discurso y las acciones del gobierno se radicalizaron y se sancionaron leyes para controlar todavía más al sector privado. Las medidas no solo son una continuación de las malas políticas que nos llevaron a perder 290.000 millones de dólares en diez años, sino que, además, imitan modelos fracasados una y otra vez en la historia económica del mundo.

Por supuesto, la discusión sobre el cepo cambiario (que cumplió 3 años) siguió candente y, también, la de si se debe, o no, devaluar. Mi punto es que una cosa es devaluar la moneda (no recomendable) y otra “devaluar” la moneda (algo extremadamente necesario para la realidad argentina de hoy). Hablé con Pablo Wende sobre el tema. Por último, una crítica a la autoproclamada “economía heterodoxa“.

Como se ve, un año con muchos temas y mucho debate. En la economía, más deterioro en todos los frentes, pero con una expectativa favorable a futuro porque se descuenta que el partido de gobierno (al menos el sector más radical) no será reelegido.

Desde mi punto de vista, no veo que se vayan a emprender reformas importantes a partir de octubre de 2015, pero sí considero que, al menos muy poco, podríamos movernos en la buena dirección. Los problemas son dos: por un lado, hace falta mucho para revertir tantos años de deterioro institucional. Por el otro, todavía quedan muchos meses de un gobierno que, si bien logró “aquietar las aguas” en los últimos meses del año, no ha mostrado cambios de fondo.

Pero estos son temas de los que, con suerte, nos preocuparemos a partir de enero. Mientras tanto, ¡muy feliz navidad para todos y los mejores deseos de fin de año!

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.

Las contradicciones económicas de la cuadrilla de demolición k:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 9/11/14 en: http://economiaparatodos.net/las-contradicciones-economicas-de-la-cuadrilla-de-demolicion-k/

 

Vaya uno a saber si esas contradicciones son propias de la falta de conocimientos económicos de sus funcionarios, responde al lío económico en que están metidos por incapacidad propia o al espíritu destructivo

El gobierno está haciendo un manejo tan contradictorio de la economía qua vaya uno a saber si esas contradicciones son propias de la falta de conocimientos económicos de sus funcionarios, particularmente de CF y su ministro de Economía, o responde al lío económico en que están metidos por incapacidad propia en que una metida de pata los lleva a otra.

Por un lado se la pasan anunciando obras públicas en la creencia que el aumento del gasto público genera reactivación. Pero también es cierto que muchos de esos anuncios que muestran obras de utilería. Así que sabemos que el gasto lo aumentan, pero considerando las inauguraciones de utilería que son solo para “vender” por televisión, la realidad es que el gasto aumenta en otros rubros.

Lo cierto es que, aún con anuncios de utilería el flanco fiscal lo tiene totalmente descontrolado. Algunos datos. Al comparar el período enero-agosto de este  año con igual período de 2013, vemos que los ingresos corrientes del sector público nacional (impuestos, aportes y contribuciones al sistema previsional y otros ingresos como, por ejemplo, tasas de justicia) aumentaron el 33,5% en tanto que los gatos corrientes subieron el 46,5%. La diferencia es de 13 puntos porcentuales más y explica la extraordinaria emisión monetaria que tiene que hacer el BCRA para financiar el déficit fiscal, emisión monetaria que, obviamente, impacta sobre la tasa de inflación.

El gobierno, con esa capacidad que tiene para negar la realidad o tratar de esconderla detrás de números falsos, intenta reducir el déficit fiscal vía la contabilidad creativa, que no es otra cosa que contabilizar como ingresos corrientes del sector público nacional, rentabilidades que no existen. Solo existen en la imaginación contable del BCRA y la ANSES.

Para que tengamos una idea de la creciente dependencia de este dibujo contable o contabilidad creativa veamos que pasó en los primeros 8 meses de este año con lo que ellos denominan rentas de la propiedad, que no son otra cosa que utilidades inexistentes. Concretamente representaron una cuarta parte de los ingresos corrientes. Voy a ponerlo de otra forma, al comparar los ingresos corrientes de enero-agosto 2014 con enero-agosto 2013 vemos que se incrementaron en $ 193.333 millones, pero el 25% de ese aumento se explica por el crecimiento de las “rentas de la propiedad”.

Siempre comparando los primeros 8 meses de 2014 vs el mismo período de 2013, los ingresos tributarios aumentaron el 37,9%, los aportes y contribuciones al sistema previsional crecieron el 27,3%, otros como tasas de justicia, etc. 21,6% y las famosas rentas de la propiedad que ha inventado el gobierno subieron nada más y nada menos que el 153%. Como decía antes, si no fuera por esos $ 48.000 millones de rentas de la propiedad  extra que sacaron de la galera, los gastos corrientes crecieron 13 puntos porcentuales más que los ingresos corrientes. Un disparate mayúsculo. Mientras los ingresos corrientes, si contabilidad creativa subieron 7 puntos por debajo de la inflación, es decir, cayeron en términos reales, los gastos corrientes suben el 46,5%, o sea, 5 puntos porcentuales por encima de la inflación. Este desmanejo fiscal y conducir el país a una abismo económico es lo mismo. Impericia, capricho, ignorancia, solo Dios sabe por qué causa están haciendo semejante destrozo fiscal.

El gobierno se llena la boca con el discurso de desendeudamiento. En rigor, en este rubro está haciendo un lío fenomenal. El BCRA emite pesos para financiar al tesoro. Como esa emisión es muy alta, emite y luego quita del mercado parte de esa emisión monetaria utilizando diferentes instrumentos de endeudamiento como LEBACs Letras del Banco Central), NOBACs, (Notas del  Banco Central) y pases netos. ¿Qué son todos estos instrumentos de regulación monetaria? Deuda que toma el BCRA con el mercado financiero.

Para dar una idea del desastre de endeudamiento que está haciendo el BCRA  veamos qué ocurrió entre diciembre de 2013 y el 24 de octubre de este año. El Central incrementó su deuda en estos instrumentos en un 115%, pasando de $ 103.000 millones en diciembre 2013 a $ 222.000 millones al 24 de octubre. Al tipo de cambio oficial ese stock  de deuda es equivalente a U$S 26.500 millones. Casi el nivel de reservas que declara el BCRA. Pero lo relevante es que en menos de 10 meses el BCRA aumentó su deuda en el equivalente a U$S 14.000 millones, 10 veces más que lo que se niega a pagarle a NML y por eso entramos en default y desacato y ahora nos reclaman U$S 6.500 millones.

Que la deuda sea en pesos y no en moneda extranjera no cambia nada, salvo que la idea del gobierno sea no pagar la deuda que contrae o bien pagarla con una fenomenal emisión monetaria que genere un estallido inflacionario. Cambiar de acreedor y de moneda no significa desendeudarse.

Es más, el tesoro aumentó su deuda con el BCRA mediante los llamados adelantos transitorios. Es decir, el Central emite pesos para financiar al tesoro y el tesoro le entrega al Central un papelito en el cual le reconoce la deuda. Tomando el stock de deuda que tenía el tesoro con el BCRA en los últimos 12 meses, vemos un aumento de $ 41.800 millones, equivalente a otros U$S 5.200 millones de aumento del Central.

Pero la historia sigue. El tesoro le quita reservas al Central y a cambio le entrega unos papelitos que denomina Letras Intransferibles, que vencen del 2016 al 2022. En este caso la deuda del tesoro aumentó otros $ 142.000 millones en los últimos 12 meses, el equivalente a U$U 17.000 millones.

Es decir, el gobierno no solo tiene un fenomenal lío fiscal porque el gasto aumenta mucho más rápido que la recaudación, sino que el déficit fiscal que le genere ese desbalance lo financia por un lado con emisión monetaria, acentuando el proceso inflacionario, y además se endeuda en el mercado interno desplazando al sector privado del mercado crediticio al tomar tanta deuda para cubrir la otra parte del bache fiscal y, encima, dice que está desendeudándose.

Desplaza al sector privado porque el escaso ahorro interno que genera la economía interna, se lo lleva el estado para financiar sus disparatados gastos fiscales.

Pero para colmo, no solo el gobierno no está desendeudándose, sino que el aumento del gasto público lejos de estar reactivando la economía, profundiza la recesión, disparando la inflación.

Tantas contradicciones juntas en los resultados de sus medidas dudo que sean producto de una estrategia. Ni haciéndolo a propósito podían lograr tantas torpezas juntas.

No se conformaron con armar un fenomenal lío con déficit fiscal e inflación con recesión. Ahora tenemos más deuda, estamos en default, en desacato y, encima, estamos en default comercial porque el Central no autoriza el pago de importaciones realizadas.

¿Cuál es la buena noticia? Que el próximo gobierno, si es inteligente y se rodea de economistas serios, puede mostrar con claridad la herencia recibida, sancionar a los responsables y tener el apoyo de la gente para salir de este fenomenal destrozo que hizo esta cuadrilla de demolición que es el kirchnerismo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.