Alberto Fernández quiere hacer magia monetaria con las criptomonedas, pese a que no son dinero


Por Roberto Cachanosky. Publicado el 18/8/2021 en: http://economiaparatodos.net/alberto-fernandez-quiere-hacer-magia-monetaria-con-las-criptomonedas-pese-a-que-no-son-dinero/

El Presidente afirmó que habría que analizar la utilización de esos activos para poder frenar la inflación

Días atrás, el presidente Alberto Fernández afirmó que habría que analizar la utilización de una criptomoneda dado que tiene la ventaja de poder frenar la inflación.

Si bien mostró cautela sobre las criptomonedas porque no todos conocen cómo funcionan, el presidente dejó en evidencia que no termina de comprender el problema monetario, aunque uno podría intuir que al decir que una criptomoneda podría frenar la inflación estaría reconociendo que la inflación es un problema monetario.

En primer lugar. lo que se conoce como criptomonedas no son monedas desde el punto de vista estrictamente económico. Para que algo sea moneda tiene que cumplir como dos requisitos básicos: 1) ser una mercadería cualquiera que es ampliamente aceptada como medio de intercambio y 2) ser reserva de valor. De la segunda condición, reserva de valor, se desprende la tercera condición que es ser unidad de cuenta.

Dicho en otros términos, ser unidad de cuenta es permitir hacer cálculo económico a lo largo del tiempo. ¿Qué significa hacer cálculo económico? Estimar ingresos, egresos y rentabilidades futuras porque la unidad de medida es constante.

La volatilidad en la cotización de las monedas no permite hacer cálculo económico. Es como si el metro un día tuviese 100 centímetros, otro día 50 centímetros y otro día 200 centímetros. No permitiría medir nada en metros porque el metro cambiaría todo el tiempo de tamaño. Las criptomonedas son como el metro que cambian todo el tiempo de tamaño.

Tampoco las criptomonedas cumplen con el requisito de ser aceptadas ampliamente como medio de intercambio. No son tantos las transacciones que hoy en día se realizan en criptomonedas. Es más, salvo algún caso excepcional, no se ven productos cuyos precios de venta se expresen en las mal llamadas criptomonedas.

En todo caso pueden aceptarse criptomonedas como forma de pago, pero el precio está puesto en las monedas de amplia aceptación, no hay casi precios en bitcoins o cualquier otra mal llamada criptomoneda.

Si las criptomonedas no son ampliamente aceptadas como medio de intercambio y no son reserva de valor, no son moneda. ¿Qué son, entonces? Activos financieros de altísima volatilidad en el precio por bruscos cambios en la demanda.

En efecto, si bien el bitcoin es el más conocido, actualmente existen 8.500 criptomonedas, las más conocidos tienen una oferta monetaria casi permanente, es decir, la emisión de bitcoins y otras criptomonedas no varía todo el tiempo, por lo tanto, por definición, las fuertes fluctuaciones en su cotización con otras monedas fiat responde solo a la demanda. Basta con que Elon Musk largue un tuit apoyando o rechazando el bitcoin para que el bitcoin suba y baje como una montaña rusa.

De manera que lo que se conoce como criptomonedas, no son moneda, son activos de altísima volatilidad en su cotización y que es demandado por alguna razón subjetiva del comprador que, como en todas las otras transacciones, se desconoce.

De todo lo anterior se desprende que comete un grosero error conceptual el presidente Alberto Fernández cuando dice que la adopción de una criptomoneda, que no es moneda, podría ayudar a frenar la inflación.

El primer error es considerar moneda a algo que no es moneda y el segundo error es que la causa de la inflación es la expansión monetaria que genera el BCRA o el aumento espontáneo de la mercadería que se utilice como moneda.

Por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XV y en la primera mitad del siglo XVI, España tuvo una inflación en los precios medidos en oro como consecuencia del oro que se llevaba desde América. El descubrimiento de oro en el nuevo continente y su traslado a España, generó un fenomenal incremento en los precios. El oro se depreció frente al resto de los bienes por la mayor oferta de oro produciendo un efecto inflacionario.

Pero supongamos que se estableciera una criptomoneda en Argentina, el gasto público no bajara y el déficit fiscal continuara existiendo. En ese caso el BCRA tendría que emitir su criptomoneda para financiar al tesoro al igual que hoy emite pesos. Prostituiría a la nueva criptomoneda de la misma forma que prostituyó al peso. Tal vez a mayor velocidad porque ya no habría que recurrir a las imprentas para fabricar billetes.

El problema inflacionario tiene que ver con un gasto público que es infinanciable por el sector privado vía impuestos y por lo tanto aparece el déficit fiscal que hoy se traduce en emisión de moneda.

No se ve la diferencia entre el papel moneda actual de curso forzoso y una criptomoneda que pueda ser emitida por el estado sin ningún tipo de restricciones. Y más si esta criptomoneda emitida por el Estado es de curso forzoso.

Cuando Hayek publicó Desnacionalización de la Moneda en 1976, libro que escribió haciendo un alto en la monumental obra que estaba redactando en ese momento y que originalmente fue publicada en tres tomos y se llamó Derecho, Legislación y Libertad, ya estaba pensando en la moneda privada. Es más, pensaba en la competencia de monedas privadas e imaginaba que el uso de esas monedas se iba a ir concentrando en unas pocas monedas. De manera que los adherentes a las criptomonedas no están descubriendo nada nuevo. Esos temas ya se conocen de la década del 70, con la diferencia que la propuesta de Hayek era de tener monedas en serio y no esto que se llaman monedas y no lo son. Incluso hasta se podría dejar funcionando el BCRA, quitarle el curso forzoso al peso, darle curso legal a cualquier moneda y si el BCRA no produce una moneda de buena calidad, muere solo el BCRA. No hace falta dinamitarlo para que desaparezca. En todo caso esa propuesta puede ser una expresión de improvisados en temas económicos que solo buscan llamar la atención, pero sin seriedad científica.

En definitiva, si hoy el peso no es confiable porque las instituciones jurídicas, políticas y económicas argentinas no pueden darle respaldo a la moneda fiat, ¿por qué una criptomoneda generaría confianza con las mismas deplorables instituciones jurídicas, políticas y económicas que tenemos?

Y, para finalizar, aun si Alberto Fernández comprendiera que el problema inflacionario es monetario, le faltaría dar un paso más, que es que el problema de fondo sigue siendo el nivel y la calidad del gasto público. Si se tiene equilibrio fiscal con un fenomenal e ineficiente gasto público, los problemas de competitividad seguirán vigentes y los salarios reales no lograrán recuperarse.

En economía no hay magia financiera, monetaria o de criptomonedas que pueda resolver los problemas estructurales.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

La suba de la tasa de interés no puede cambiar la caída en la demanda de dinero

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/7/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/07/27/es-una-locura-tratar-de-frenar-este-aluvion-con-mas-tasas/

 

¿Tenemos hoy una caída en la demanda de moneda, un cambio de cartera de inversiones o ambas cosas?

Cuando uno explica moneda, al abordar el tema del poder adquisitivo de la moneda enseña que depende de tres factores:Tasa de interese, BCRA y empresa argentinas

1) la demanda de moneda, 2) la oferta de moneda (la inversa de la demanda) y 3) la productividad de la economía.

El secreto está en entender bien qué es demanda de moneda.

Así como el común de la gente cree que la tasa de interés es el costo del dinero, grosero error conceptual, muchos confunden demanda de dinero con demanda de activos financieros. Incluso algunos economistas hasta llegan a afirmar que si aumenta la tasa de interés crece la demanda por moneda. Esta fenomenal confusión lleva a crear problemas como el del stock de LEBACs que hoy pagan tasas de interés cercanas al 50% anual en el mercado secundario.

Para que quede claro: la moneda, que es una mercadería como cualquier otra, sirve como medio de intercambio. La gente, además de querer poseer bienes, quiere tener dinero (demanda de moneda) para comprar bienes en un momento dado. Obviamente esa demanda de dinero puede ser constante, aumentar o, incluso, tender a disminuir casi a cero cuando se entra en procesos inflacionarios agudos.

Lo que tiene que quedar en claro es que cuando alguien demanda dinero está demandando saldos monetarios no remunerados. Si con su dinero alguien compra un bono o hace un depósito a plazo fijo, no está demandando dinero, está demandando activos financieros ofreciendo dinero a cambio. Entrego pesos a cambio de una LEBAC. Por eso, cuando se aumenta la tasa de interés para “mantener” estable la demanda de moneda se está cometiendo un disparate conceptual. No aumenta la demanda de saldos monetarios, aumenta la demanda de LEBACs y, en todo caso, la oferta de moneda. Ofrezco pesos (cae la demanda de moneda) por LEBACs que es un instrumento financiero.

¿Soluciona el problema de la demanda de dólares la suba de la tasa de interés? En absoluto.

La posterga y la potencia por la tasa de interés que devenga. El punto es que para que haya demanda de instrumentos financieros emitidos por el estado, en el caso de Argentina, la tasa que ofrecen esos instrumentos financieros tiene que ser mayor al aumento del tipo de cambio esperado. ¿Por qué respecto al tipo de cambio? Porque la Argentina no tiene moneda en el sentido que sirve como reserva de valor y unidad de cuenta. La gente ya eligió el dólar como moneda por más que un falso nacionalismo quiera negar tal realidad. Cometen un grave error aquellos que comparan la tasa de interés contra la inflación pasada o esperada. Nadie que invierte en LEBACs u otros instrumentos hace ese cálculo, lo hacen comparando con el tipo de cambio. Si esperan que el tipo de cambio se mantenga estable o suba levemente, venden dólares y compran LEBACs.

Que las LEBACs estén nominadas en pesos no quiere decir que aumentó la demanda de pesos o de moneda. Eso es una burrada conceptual. Aumenta la demanda de un activo financiero. Por lo tanto, cuánto mayor tasas de interés paga el gobierno mayor es la demanda de ese activo financiero, pero mayor el monto de interés devengado que en algún momento el inversor va a realizar. No existe el inversor que devengue indefinidamente una utilidad. Y menos en el mercado financiero. En algún momento realiza la ganancia y cuando la realiza se produce una presión insostenible en el mercado de cambios, no solo porque se produce el efecto puerta 12, sino porque los que van de LEBACs al dólar demandan dólares por el capital invertido más los intereses ganados. Por eso se dice que los que salen primero son los ganadores y los últimos en salir los perdedores del arbitraje.

La pregunta que un economista se hace cuando ve que el estado arma estos arbitrajes, es la siguiente: ¿es consistente la tasa de interés que paga el BCRA con la tasa de rentabilidad promedio de la economía? ¿Puede una empresa cualquiera pagar esas tasas de interés reales sin fundirse? O, si se prefiere, uno puede formularse esta otra pregunta: ¿si el BCRA le paga una tasa de interés real en dólares al inversor del 25% anual, por decir algún número, a quién le presta a esa tasa para luego poder devolver el capital más los intereses devengados? Si encuentra que nadie puede pagar esa tasa de interés real, entonces, puede apostar a que el estado tampoco podrá rendir sus compromisos financieros y en algún momento habrá un problema.

Desde que en 1971 Estados Unidos, bajo la presidencia de Nixon, abandonó el patrón oro, todo el sistema monetario mundial está basado en confianza que la gente tenga en la moneda que emite el Banco Central de cada país.

Desde que fue creado el BCRA en 1935, la tasa de inflación acumulada fue del 1.239% billones. Si alguien tiene noción qué significa esa cifra es más genio que Einstein. No es casualidad que se hayan destruido 5 signos monetarios y hayamos pasado por períodos de inflación, inflación alta, megainflación e hiperinflación. En otras palabras, el argentino no tiene confianza en la moneda que emite el BCRA. No la demanda. Creer que se puede aumentar la demanda de moneda, en este caso el peso, subiendo la tasa de interés es echar más leña al fuego porque puede postergar la huida hacia el dólar por un tiempo, pero en algún momento, no habrá tasa de interés que compense el riesgo de quedarse en LEBACs. Insisto, un verdadero disparate confundir demanda de instrumentos financieros con demanda de moneda. Si hay confianza la gente demanda una determinada cantidad de moneda para intercambiarla por bienes en un momento determinado y no necesita de tasas de interés siderales para demandar moneda. Son dos cosas totalmente diferentes.

¿Conviene seguir subiendo la tasa de interés en este contexto? No lo veo lógico. Con esta tasa de interés, no solo generan una mayor complicación futura, sino que están matando la actividad económica porque el estado entra como un elefante en un bazar a demandar el escaso crédito que hay en el mercado, oferta que tiene como contrapartida el ahorro, no la demanda de moneda. Como el ahorro volcado al mercado de capitales interno es ínfimo (el grueso del ahorro de los argentinos está en el exterior financiando el crecimiento de los países desarrollados dada la inseguridad jurídica del populismo vernáculo), el estado demandando la escasa oferta de ahorro interno desplaza al sector privado, profundiza la recesión y, posiblemente, complique más las metas fiscales por caída de la recaudación dada la recesión que se avecina.

En síntesis, hoy tenemos caída en la demanda de moneda y cambio de cartera de inversiones pasando de activos financieros en pesos a activos en dólares. Se dan ambas cosas. Tratar de frenar esto con más tasa es una locura, y creer que la demanda de moneda es función de la tasa de interés es una locura completa.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Problemas de razonamiento en el BCRA

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 26/6/16 en: http://economiaparatodos.net/problemas-de-razonamiento-en-el-bcra/

 

Es un error conceptual decir que cuando el BCRA coloca LEBACs en el mercado y paga una tasa de interés desorbitante, aumenta la demanda de moneda

De acuerdo a los confusos argumentos que esgrimen algunas de las autoridades del BCRA, todo parece indicar que no parece ser que tengan muy en claro algunos principios básicos de política monetaria.

En forma confusa hablan de fijar la cantidad de moneda, de demanda de moneda y de la tasa de interés. Una mescolanza preocupante porque tienden a creer que la colocación de LEBACs a tasas inconsistentes con el sector real de la economía genera una absorción monetaria que pueden denominar demanda de moneda.

Veamos, lo primero que las autoridades del BCRA deberían tener presente es que la moneda es una mercadería como cualquier otra. Deberían recordar que la moneda es un descubrimiento del mercado que permitió pasar del trueque al intercambio indirecto haciendo más fluido el comercio.

Lo segundo que deberían considerar las autoridades del BCRA es que la moneda, que es una mercadería como cualquier otra, tiene la característica de ser aceptada ampliamente como medio de intercambio y como reserva de valor. La función de unidad de cuenta es derivada de ser reserva de valor. Para que una mercadería sea considerada moneda debe cumplir con estas características.

Ahora bien, como toda mercadería, la moneda tiene una demanda y una oferta. Veamos el tema de la demanda de moneda. ¿Qué es la demanda de moneda? La cantidad de pesos que la gente quiere tener en el bolsillo por si acaso. Si el BCRA emitió 100 y la gente guarda siempre en sus billetera por las dudas 20, la demanda de moneda es 20.

Ahora, la demanda de moneda puede aumentar o disminuir de acuerdo a las expectativas que tenga la gente. Si los agentes económicos creen que la inflación se va a acelerar, es probable que no guarde esos $ 20 porque sabe que si los guarda, cuando quiera comprar algo, con esos $ 20 podrá comprar menos bienes por efecto de la inflación. ¿Qué hace la gente en ese caso? Disminuye su demanda de moneda o, la inversa, aumenta la oferta de moneda que es lo mismo que decir que demanda más bienes y servicios. La gente sale a comprar antes que suban los precios.

Por el contrario, si piensa que los precios van a bajar, aumenta su demanda de moneda. Es decir, posterga la compra de bienes a la espera de una baja de precios y, por lo tanto, si antes gasta 80 de los 100 emitidos, ahora gasta 60 con lo cual la demanda de moneda pasa a ser de 40, pero, al mismo tiempo, al demandar menos bienes y servicios los precios tienden a bajar.

Oferta y demanda de moneda tiene que ver con la tenencia de saldos monetarios no remunerados. Pesos que tenemos en el bolsillo y no usamos. Los tenemos por si acaso. Y oferta es cuando nos quitamos de encima esos pesos.

Es un error conceptual decir que cuando el BCRA coloca LEBACs en el mercado y paga una tasa de interés desorbitante, aumenta la demanda de moneda porque el BCRA demanda moneda. Lo que está haciendo el BCRA es colocar activos financieros y la gente comprando activos financieros, pero la demanda de moneda en el sentido antes expresado, no se modifica. Lo que sí puede ocurrir es que el ahorro que tiene la gente destinado a la compra de bienes sea destinado a la compra de LEBACs, con lo cual el BCRA absorbe ahorro pero no modifica la demanda por moneda. Lo que hace la gente es destinar sus ahorros a comprar un activo financiero llamado LEBAC.

Es cierto que si el BCRA absorbe ahorro del mercado y lo inmoviliza, disminuye la demanda de bienes y los precios tienden a bajar o a subir menos. Pero lejos está de significar un aumento en la demanda de moneda en el sentido que la gente retiene más pesos inmovilizados en su bolsillo.

Ahora, lo que también debería plantearse la gente del BCRA es que los pesos que emite no son moneda en el estricto sentido de la palabra porque los pesos no son reserva de valor. Esto significa que luego de tantos años de inflación y de destrucción de signos monetarios, los argentinos elegimos como moneda el dólar, en consecuencia comparar la tasa de interés que paga el BCRA para absorber ahorro contra la inflación en pesos no es correcto. La tasa de interés hay que compararla contra la evolución del tipo de cambio. Y si la cuenta se hace de esa manera, terminamos con una tasa de interés en dólares que es absolutamente inconsistente con la rentabilidad que puede ofrecer el promedio de la actividad económica lícita.

Puesto de otra manera, si la tasa de interés en dólares que paga el BCRA es del 32% en dólares, ¿a quién le puede prestar a esa tasa para poder devolver el importe de las LEBACs llegado del momento? La respuesta es más que obvia. A nadie, por lo tanto, cuando el BCRA coloca LEBACs subiendo la tasa de interés, lejos está de aumentar la demanda de moneda. Lo que está armando es un arbitraje entre tasa de interés y tipo de cambio que es inconsistente con el funcionamiento del sector real de la economía. Una ficción que termina mal. Ya lo vimos en 1988 con el plan primavera que terminó en la hiperinflación luego del estallido del 6 de febrero de 1989.

No estoy diciendo que estemos marchando a una hiperinflación y a un estallido como el de 1989, pero la inconsistencia es más que evidente.

En síntesis, ni por casualidad aumenta la demanda de moneda cuando el BCRA sube la tasa de interés como lo está haciendo ahora. Solo está armando una especulación financiera para ganar tiempo. Tiempo que debería ser asignado a reformar el gasto público y reducir su peso sobre la economía, para tener disciplina fiscal y así llegar a la disciplina monetaria sin necesidad de recurrir a artilugios financieros que hemos visto infinidad de veces terminar muy mal.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

¿Alguien embargaría un evita?

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 13/7/14 en: 

 

La semana pasada el Senado le dio media sanción a una ley por la cual se establece que las reservas son inmunes de ejecuciones o de embargos judiciales de tribunales locales.

Realmente este proyecto de ley luce casi irónico al ver como el tesoro vacía al BCRA de reservas y lo llena de papeles sin ningún valor de mercado.

Al 30 de junio las reservas del BCRA representaban solo el 20% del total del activo, el resto son papeles sin valor que el tesoro le entrego al Central. Por ejemplo, el balance del Central en pesos muestra que dicha entidad tiene reservas por $ 177.821 millones, mientras que en su activo contabiliza Letras Intransferibles del Tesoro, con vencimientos entre el 2016 y 2022, por $ 348.950 millones. Es decir, las letras representan el 51% de activos tóxicos.

Pero sumemos los adelantos transitorios que son un paga Dios que le entrega el tesoro al BCRA a cambio de la emisión monetaria que hace esa institución para cubrir el déficit fiscal. Al 30 de junio los adelantos transitorios sumaban $ 196.350 millones contra los $ 177.821 millones de reservas.

Cuando uno ve estos dos datos, no puede dejar de sonreír al ver que el Congreso sanciona una ley para proteger las reservas del Central. ¿Proteger contra quién? En todo caso la ley debería proteger las reservas contra el destrozo patrimonial que el tesoro está haciendo del BCRA. La sonrisa surge porque parece realmente de locos: ¡mientras el tesoro vacía al Central de reservas y lo llena de papeles sin valor, el Congreso sanciona una ley para proteger las reservas que el tesoro está dilapidando! No son los holdouts los que están vaciando de reservas al BCRA, sino que es el gobierno el que está vaciando de reservas al Central. La ley debería proteger al Central del tesoro,  no de los holdouts u otros particulares.

En rigor, cuando uno ve la historia del BCRA, creado en 1935, no puede menos que preguntarse: ¿para qué sirve el BCRA? Lejos de defender el valor la moneda local, se ha encargado de destruir un signo monetario atrás de otro. En 79 años de existencia destruyó 5 signos monetarios, aun promedio de uno 16 años de vida por moneda. El peso moneda nacional, el peso ley 18.188, el peso argentino, el austral y este que está en terapia intensiva.

Veamos, la moneda no es un invento de los gobiernos, sino un descubrimiento de la gente, es decir, del mercado. La gente descubrió que ciertas mercaderías eran aceptadas ampliamente como medio de intercambio, lo cual facilitaba las transacciones comerciales. Como economista no tengo que darle clases de economía al panadero a cambio de su pan, sino que le doy clases de economía al que quiere contratar mis servicios y con el dinero que me paga le compro el pan al panadero. La moneda acelera o facilita las transacciones. La moneda es como una autopista que agiliza el flujo de tránsito. Lo que hace la moneda es facilitar el intercambio indirecto y a división del trabajo aumentando la productividad de la economía y el bienestar de la población. Claro que para eso tiene que cumplir con dos requisitos: a) ser ampliamente aceptada como medio de intercambio y b) servir como reserva de valor.

El peso que emite el BCRA solo lo aceptamos para transacciones de corto plazo. Son como una especie de vales para hacer intercambios en el almacén de ramos generales, pero lejos están de ser reserva de valor. Más bien son como barras de hielo que se derriten a pleno solo con 45 grados de temperatura en pleno sol en verano.

La realidad es que el BCRA no sirve para nada, o más bien sirve para entorpecer el sistema económico al destruir la moneda. Al destruir la capacidad de reservas de valor de la moneda, el BCRA impide hacer cálculo económico (estimar costos y precios futuros para evaluar una inversión) y también destruye el mecanismo para que la gente vuelque su ahorro al mercado de capitales, es decir que el ahorro se transforme en crédito para el consumo y la inversión. Con una moneda que se destruye día a día no hay crédito a largo plazo y, por lo tanto, las transacciones son todas el día a día. Un país sin moneda es un país que no puede pensar en el largo plazo. Su horizonte más lejano puede llegar a ser de una semana, si es que el BCRA no destruye más rápido la moneda. Recordemos la hiperinflación de 1989 cuando los jubilados cobraban su jubilación y salía disparados a las casas de cambios a comprar sus U$S 50 dólares para ir vendiéndolos de a poco a medida que los necesitaban. El que se quedaba en pesos moría por inanición.

Ahora, la pregunta es: si el peso no se deprecia al punto  que lo presentan como una fortaleza volante, ¿por qué proteger las reservas si lo que tiene que proteger es la moneda, es decir el peso, que es el que, según el gobierno, tiene valor? Francamente no se entiende. Si el peso es la moneda fuerte, la ley debería haber protegido de embargos a los pesos y no a las reservas, salvo,  claro está, que el peso tenga solo un hilo de vida, y eso hilo de vida está atado a las reservas del BCRA, que no son otra cosa que monedas que emiten otros países o zonas como EE.UU. y la Unión Europea.

En definitiva, con esta ley, el gobierno acaba de reconocer que el peso no sirve para nada y que lo que la gente realmente valora son esos billetes que se emiten en los países imperialistas. Un imperialismo tan satánico, que hasta respeta la división de poderes.

No hay nada que hacer, EE.UU. y los países europeos se desarrollaron de pura casualidad. Gracias al viento de cola del mundo y al colonialismo. Como dijo nuestro ilustre vicepresidente el 9 de julio, esos países no crecieron porque respetaron las instituciones, sino porque fueron colonialistas. Pero gracias a él y ella, nos liberamos de ese colonialismo, empezamos una nueva era de prosperidad, aunque todavía tenemos que sacar una ley para que no embarguen las monedas fuertes como el dólar y el euro, porque parece ser que a nadie se le pasa por la cabeza embargar un evita.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El Banco Central emite barras de hielo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 31/1/13 en http://www.lanacion.com.ar/1550441-el-banco-central-emite-barras-de-hielo

Si en el Gobierno se tomaran el trabajo de leer algo de historia de la moneda, advertirían que la moneda no es un invento de los gobiernos ni de nadie en particular. Fue un descubrimiento de la gente.

¿Qué descubrió la gente? Que en vez hacer trueque, es decir, cambiar trigo por carne, era más conveniente utilizar alguna mercadería que fuera universalmente aceptada. Es decir, la gente descubrió los beneficios del intercambio indirecto utilizando alguna mercadería como medio de intercambio.

Ejemplo, si hoy hubiese trueque, un profesor de Historia tendría que encontrar a algún panadero que quisiera tomar clases de Historia para conseguir pan. Y aun encontrándolo, habría que ver cuánto pan tendría que entregarle a cambio de las clases de historia, que no son tan fraccionables como el kilo de ese producto.

Como escribí alguna vez, la moneda es como una autopista que permite agilizar las transacciones. El profesor de Historia le da clases a quienes desean saber sobre la disciplina, recibe como pago moneda y con ella compra la cantidad de pan que desea sin necesidad de buscar algún panadero que quiera tomar clases y le entregue 20 kilos de pan por las clases.

De manera que el primer dato a tener en cuenta es que la moneda no es un invento de los gobiernos sino que es un descubrimiento del mercado para agilizar las transacciones.

En segundo lugar, la moneda tiene que cumplir dos requisitos básicos: a) ser aceptada ampliamente como medio de intercambio y b) ser reserva de valor. Una barra de hielo o un helado de dulce de leche no servirían como reserva de valor. Se derriten rápidamente.

¿Qué ocurriría si la gente usara la barra de hielo como moneda? El que la recibe al final tendría mucho menos hielo que el que la recibió primero. Bien eso es lo que pasa con el peso. Se derrite como una barra de hielo por la emisión monetaria que genera el Banco Central. Por lo tanto, cuando el BCRA emite para financiar al tesoro, los primeros en recibir esos pesos todavía no sufrieron el impacto de la inflación, pero a medida que esos pesos van circulando los últimos en recibirlos pierden poder de compra. Si la barra de hielo pesaba 5 kilos, el que la recibe al final tiene una barra de hielo de 1 kilo y puede comprar menos que el que la recibió primero con los 5 kilos. Por eso el Gobierno se beneficia con la inflación durante un tiempo, aunque no lo diga. Porque es el que emite moneda en forma monopólica.

El ejemplo de la barra de hielo sirve para darse cuenta que la gente huiría de la barra de hielo antes que pierda peso. En economía eso se llama huir del dinero. La gente se saca de encima los pesos rápidamente porque sabe que si los conserva se derriten como una barra de hielo y podrá comprar menos bienes con el transcurso del tiempo.

Si en una economía se intentara usar las barras de hielo como moneda, al poco tiempo volverían al trueque porque no cumpliría con la función de reserva de valor. Y, al volver al trueque, la economía perdería productividad.

Eso es lo que está pasando con el peso. Es una barra de hielo que se derrite rápidamente, trabando las transacciones de largo plazo e impidiendo hacer cálculo económico (estimar la rentabilidad de una inversión).

Pero como tampoco sirve como reserva de valor para ahorrar, no hay crédito, siendo que el crédito es el ingreso no consumido. Cuando hay inflación , la gente ahorra en bienes que le permitan refugiarse de la inflación o en dólares , no ahorra en barras de hielo.

Al no haber crédito, no hay inversiones de largo plazo que permitan aumentar la productividad y la cantidad de puestos de trabajo, y la economía retrocede.

Mientras el Gobierno siga creyendo que pude emitir a tasas del 40% anual sin que nada pase, la situación tenderá a agravarse. Es más, mientras en el Gobierno crean que el ahorro se puede emitir, en vez de generar, el problema será cada vez mayor.

Por eso no debe sorprender que la economía argentina entre en un proceso de recesión con inflación. Podrán emitir todo lo que quieran, pero ya no van a reactivar la economía al estilo keynesiano porque la gente huye del peso. Solo generarán más inflación, mayor distorsión de precios relativos y más trabas al proceso económico, a pesar de la pesificación forzada que quisieron imponer.

 Claro que para tener de nuevo una moneda que agilice las transacciones al igual que una autopista agiliza el tránsito, primero la gente del Gobierno tiene que olvidarse del relato del mundo maravilloso que nos quieren vender y poner los pies sobre la tierra.

Si optan por seguir con el relato del modelo y negar la realidad, el efecto que causarán será el de poner la barra de hielo en la terraza del edificio con 45 grados de temperatura, es decir, acelerar la inflación, trabar la economía y hacer que el blue no tenga techo .

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

Un discurso para la gilada que aplaude

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 14/8/12 en: http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3817

 En su discurso sobre algo parecido a economía, Cristina Fernández de Kirchner afirmó: “los únicos que emiten dólares están en Washington, miren que bárbaro si uno pudiera”. Esta sola afirmación muestra su grado de desconocimiento sobre qué es moneda o bien fue un discurso para la gilada que la aplauden como monigotes.

¿Cuál es el punto? Que CFK, más que lamentarse porque no puede emitir dólares, tiene que preguntarse por qué la gente prefiere los dólares a los pesos. O, si se prefiere, por qué el BCRA no produce una moneda de tan buena calidad que pueda competir con el dólar.
Y la respuesta la va a encontrar en que la gente prefiere el dólar aún desconociendo qué hay en el balance de la Reserva Federal. ¿Por qué  la gente elige el dólar? Porque confía en que los gobiernos norteamericanos, con todas las macanas que pueden hacer en materia de política económica, no llegan a los límites que llegamos en Argentina.
Hoy día en el mundo impera el patrón aire, es decir, detrás de cada moneda no hay oro que lo respalde sino la confianza de la gente en la calidad de las instituciones de los países que emiten cada moneda. Los países con más calidad institucional, respeto por los derechos de propiedad, disciplina fiscal y monetaria tienen monedas más confiables que los que no respetan las instituciones, ni la propiedad privada y, además, tienen un desorden fiscal y monetario.
Como el famoso modelo no respeta la propiedad privada, tiene reglas imprevisibles, desborde fiscal y un desastre de política monetaria, CFK no tiene que envidiar a EE.UU. porque emite dólares, sino mirar sus propios errores para darse cuenta que el peso no es una moneda aceptada como el dólar. Sencillamente porque no sirve como reserva de valor gracias a su política que no tiene metas de inflación, sino de “crecimiento”.
En síntesis, el problema no es que ella no puede emitir dólares, sino que emite unos pesos que no sirven para nada. Un verdadero discurso para la gilada que aplaude incondicionalmente.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

El peso no es un símbolo patrio:

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 7/6/12 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3567#.T9CXk_QuE6Q.facebook

 En su discurso de ayer, la presidente volvió a referirse al tema del dólar. En algún pasaje de su discurso afirmó que iba a pasar sus ahorros en dólares a pesos “para que esto que nos quieren hacer a los argentinos de volvernos locos no lo hagan de nuevo”. En rigor la fuga de capitales no es de ahora si no que comenzó con intensidad a mediados del 2007 y ya llevamos acumulada una fuga de capitales de más de U$S 87.000 millones.

En segundo lugar, aquí no hay ninguna conspiración de corporaciones y grupos concentrados, como suelen decir en sus discursos los miembros del gobierno cuando hablan del dólar. Según datos del BCRA, en 2011 del total de demanda de billetes por parte de los particulares, el 54% fueron operaciones de entre U$S 1.000 y U$S 50.000. Es decir, operaciones de ahorristas chicos. Obsérvese que hoy un departamento de 2 ambientes puede costar U$S 80.000, de manera que tomar U$S 50.000 entra, a mi juicio, entre el chiquitaje.
Pero la fuga de capitales del primer trimestre de este año confirma aún más, siempre en base a datos del BCRA, que es el pequeño ahorrista el que se fuga del peso y se refugia en el dólar. En efecto, como decía antes, el año pasado, las operaciones de entre U$S 1.000 y U$S 50.000 representaron el 54% de la compra de billetes, pero en el primer trimestre de este año el Central informa que la compra de esos montos de chiquitaje llegó al 75% del total. Por ejemplo, mientras en 2011 las compras de hasta U$S 1.000 representaron el 6% del total, en el primer trimestre de este año fueron el 12% y las operaciones de hasta U$S 5.000 pasaron de 26% del total al 33%. Es decir, el mismo BCRA reconoce que es el pequeño ahorrista el que no quiere tener los pesos que emite esa institución como reserva de valor y prefiere el dólar.
Si bien como dialéctica política, inventar un enemigo conspirativo que nadie sabe quién es puede resultar interesante, la realidad es que lo que debería preguntarse el gobierno es lo siguiente: ¿por qué la gente no quiere ahorrar en pesos? ¿Por qué prefiere los dólares que emite la Reserva Federal, y no los que produce el Central? En mi opinión hay varios factores. El primero y fundamental es que la inflación, que el gobierno sigue negándose a reconocer. La gente la percibe todos los días en sus compras e ignora los datos del INDEC al respecto. Por lo tanto hace lo que viene haciendo desde hace décadas: busca una moneda que tenga capacidad de reserva de valor cuando el impuesto inflacionario es alto. Desconozco a qué tasa de interés depositara la presidente sus ahorros ahora que los pasará a pesos, pero cualquier mortal, si hiciera lo mismo que ella, recibiría una tasa de interés equivalente a la mitad de la tasa de inflación real, lo que se conoce como tasa de interés real negativa. Nadie quiere perder sus ahorros porque el gobierno se niegue a frenar el proceso inflacionario y prefiera apelar a un falso nacionalismo.
La segunda causa de la fuga de capitales tiene que ver con la imprevisibilidad en las reglas de juego. El listado de confiscaciones, medidas arbitrarias y regulaciones que conforman el prontuario de política económica de este gobierno es tan alarmante que la gente quiere tener su dinero bien lejos de la mano del Estado. Es la ausencia de esa cosa horrible para el viceministro de economía que es la seguridad jurídica lo que genera que la gente compre dólares y los meta en una caja de seguridad, debajo del colchón o en el tarro de la cocina. La gente ha comprobado que cualquier medida es posible bajo este gobierno y por eso tiene miedo.
En tercer lugar, el mismo gobierno ha dado todas las señales para que la gente se asuste. El tsunami de medidas para restringir la compra de dólares (autorización de la AFIP, formularios para viajar, perros en la calle olfateando a la gente para ver si tienen dólares, crecientes restricciones a las importaciones, etc.) es la señal inequívoca que el gobierno reconoce que tiene un serio problema de divisas. Ellos saben que no disponen de U$S 47.000 millones de reservas, sino que, en el mejor de los casos, llegan a un tercio de ese monto, y que el saldo de balance comercial ya no financia la fuga de capitales y la fiesta de consumo.
Como he sostenido en otras oportunidades, cuando la gente se fuga del peso y se refugia en el dólar, estamos en presencia de una rebelión fiscal contra el impuesto inflacionario.
Es posible que la mayoría de la población no compre dólares, como dice la presidente, pero eso es porque la gente no tiene capacidad de ahorro, lo cual habla mal del modelo. La inflación, que el gobierno se empeña en negar, está haciendo estragos en los ingresos. Cualquier persona que no ande en helicóptero, un AUDI o una Harley-Davidson, y sea un ciudadano común, ve que un billete de $ 100 se le evapora en dos pavadas. Es la pobreza y la indigencia que generó el modelo lo que no permite que la gente tenga capacidad de ahorro. Y aquellos que tienen esa capacidad no están dispuestos a rifarla quedándose en una moneda que se derrite como una barra de hielo. Se rebelan contra el impuesto inflacionario y se refugian en el dólar. Y eso no tiene nada que ver con la patria porque el peso no es un símbolo patrio, es solo un vale para hacer transacciones de corto plazo. Ha dejado de ser moneda porque, justamente, no es reserva de valor.
De manera que acá no estamos frente a un acto de patriotismo con el tema del peso y del dólar, acá estamos frente a una política económica que ha hecho del impuesto inflacionario una forma de financiar el gasto. En definitiva, la demanda de dólares no tiene nada que ver con actos de patriotismo, sino de mala praxis económica, porque es incapaz de tener una moneda en el estricto sentido de la palabra, disciplina fiscal y respeto por los derechos de propiedad.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.