La tecnología sí trae igualdad y progreso para todos

Por Iván Carrino. Publicado el 28/3/17 en: https://es.panampost.com/ivan-carrino/2017/03/28/la-tecnologia-si-trae-igualdad-y-progreso-para-todos/

 

La tecnología está tomando cada vez más protagonismo en el debate político y económico. Una de las preguntas a responder es si el avance tecnológico profundiza o disminuye la desigualdad entre las personas.

Entre los que creen que éste contribuye a profundizar las diferencias sociales, se argumenta que, a mayor tecnología, más rentabilidad tienen las empresas, pero menos empleo tienen los trabajadores no capacitados.

Así, los dueños de los medios de producción incrementan su riqueza, mientras que grandes masas de trabajadores van quedando al margen del crecimiento económico.

En una reciente charla TED, el economista argentino Eduardo Levy Yeyati se preguntaba: “¿De qué sirve el progreso tecnológico, si crea abundancia que se concentra en pocas manos a las que les sobra todo?”.

En este marco de análisis, mayor progreso tecnológico equivale a mayor desigualdad social.

Ahora cuando uno mira los resultados de ese avance tecnológico en los patrones de consumo, llega a una conclusión diametralmente opuesta. La tecnología, lejos de profundizar las desigualdades, es un neto igualador social.

Piénsese en lo siguiente: Bill Gates puede tener increíblemente más dinero que yo, pero a la hora de comparar nuestros teléfonos móviles, las funciones que el suyo y el mío prestan no son tan distintas. Whatsapp, Twitter, Instagram o Microsoft Office son todas aplicaciones que cualquier “Smartphone” puede tener. Además, el uso de Smatphones en el mundo es cada vez más generalizado.

De acuerdo al Pew Research Center, en Brasil el 41% de la población posee uno, mientras que en Argentina esa proporción alcanza al 48%. En Estados Unidos, hoy el 72% de la población posee un celular inteligente y en Corea del Sur casi todos lo hacen: los dueños de Smartphones son nada menos que 8,8 de cada 10 surcoreanos.

El hecho de que cada vez más personas tengan al alcance la tecnología se explica por la sistemática caída de su precio, lo que se verifica no sólo en el caso de los teléfonos móviles inteligentes, sino en muchos otros rubros, como las computadoras personales, o los servicios de internet.

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En el gráfico de arriba puede verificarse esta contundente realidad: la tecnología es cada vez más barata y está cada vez más al alcance de todos. En los últimos 20 años, las computadoras personales se abarataron en nada menos que 96,1%. O sea que comprar hoy una notebook cuesta solamente el 3,9% de lo que costaba en 1997.

Gracias a eso, los precios de la tecnología de la información en general se desplomaron 88,4%, mientras que los de los equipos de telefonía se derrumbaron 79,0%. Por su parte, el software cayó 67,1% y los servicios de internet lo hicieron en un 23,1%.

Uno podría pensar que esta es una tendencia generalizada en todos los productos de la economía, pero la considerable reducción de los precios de la tecnología se dio en un contexto de inflación baja pero persistente en Estados Unidos. Entre 1997 y 2017, el Índice de Precios al Consumidor creció un 50%. O sea, en términos reales, la caída de los precios de la tecnología es todavía mayor.

A la luz de estos datos, me pregunto cómo podemos seguir sosteniendo que el avance tecnológico beneficia solo a los ricos. La innovación tecnológica, posibilitada por la competencia empresarial, está bajando los precios de los bienes tecnológicos y mejorando las posibilidades de consumo de un cada vez mayor número de personas.

En este sentido, la innovación es un factor primordial en términos de inclusión e igualdad.

Ahora hay otro aspecto positivo de todo este cambio: es la mayor posibilidad que se abre para todos de progresar como empresarios.

El desplome de los precios de la tecnología funciona como la remoción de una barrera al establecimiento de nuevas empresas y emprendimientos. Hoy las computadoras son el insumo productivo número uno en cualquier establecimiento comercial o de servicios. Con un depósito, mercadería y una o varias computadoras, puede armarse un importante negocio de distribución y venta a través de internet. Cuanto más barata sea la computadora y los servicios de internet, más crecerá este rubro de la economía, más empresas habrá y más gente se incorporará al mercado de trabajo en estos sectores.

Más tecnología quiere decir menos trabas a la creatividad empresarial. Y esa es la clave del crecimiento económico y la mejor calidad de vida para todos.

El avance tecnológico no profundiza la desigualdad social, sino todo lo contrario. En términos de consumo iguala nuestros patrones al abaratar bienes como teléfonos móviles y computadoras. Esto, además, tiene otra consecuencia positiva: al reducir las barreras de entrada, iguala las oportunidades de todos aquellos que quieran emprender.

No le temamos al avance tecnológico. Agradezcámosle a él, y al sistema económico que lo permite, por la increíble mejora de la calidad de vida que nos trajo y la que seguirá trayéndonos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Latinoamérica necesita empresarios, no lobistas

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 17/3/17 en: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article139230518.HTML

 

Eran los tiempos del presidente Menem en Argentina y la apertura, la desregulación y las privatizaciones parecían ameritar seminarios y “rondas de negocios” en el exterior, y colaboré con su organización hasta que, entre otras cosas, comprendí que eran inútiles.

Es que cuando la información vuela alrededor del globo, no tiene sentido que funcionarios viajen para “explicar” nada. Basta con crear las condiciones, y las inversiones solas volarán: bajar impuestos para que las personas tengan recursos para emprender con rentabilidad, y desregular liberando la creatividad y la capacidad de desarrollarlas… salvo que prefieran el lobby…

Según Jesús Huerta de Soto, “la función empresarial no exige medio alguno… es esencialmente creativa”. Es esa capacidad de crear en pos del mejoramiento social para lo que es necesario depender de los clientes –y no de los políticos– que deben inducir el camino de la eficiencia creadora.

Esta capacidad creativa supone el hallazgo de “conocimiento que se desconocía que podía existir”, dice Esteban Thomsen, como cuando un nuevo móvil supera al anterior mejorando la calidad de vida. Así “…prescindir de las típicas características de imaginación, atrevimiento y sorpresa equivale a eliminar enteramente la naturaleza humana”, remata Israel Kirzner, desmintiendo a los políticos que regulan poniéndole límites al atrevimiento.

Cuando el Estado interfiere al mercado con regulaciones que coartan la libertad creativa, destruye el rol empresario y da lugar a los lobistas, inmorales y faltos de ética desde que no responden a la naturaleza del mercado siendo que la moral es la adecuación al orden natural.

Durante aquellos seminarios daba vergüenza ajena el ver a los “empresarios” –lobistas– más importantes sentados durante horas, literalmente, en los lobbies esperando a los funcionarios que establecerían las regulaciones –monopolios, condiciones favorables, etc.– que los enriquecieran en detrimento del mercado.

Días atrás, como todos los años, fui invitado a la inauguración de Arco Madrid. Por una cuestión de ética y principios, quise evitar la coincidente “visita oficial” del presidente argentino. Pero fue inevitable encontrarlos en la inauguración, y allí estaban los más importantes “empresarios” –lobistas– argentinos…

Luego, encontré a ejecutivos españoles que participaron en la visita oficial que, entre otras cosas, me dijeron que hacer negocios con lobistas es tonto, sobre todo en países donde, por la inestabilidad, el funcionario interlocutor de hoy no es el de mañana. Y en general no invertirán en Argentina, al menos hasta las elecciones legislativas de octubre y hasta que aclare la economía, que no parece favorable a pesar de los pronósticos de los gurús.

Argentina –cuyo gobierno podría definirse ideológicamente como “peronista caviar”– crecerá en 2017 según estos gurús, cosa que dudo mientras que, irónicamente, la economía de la populista Bolivia tiene una mejor reputación internacional y se espera que crezca 4.6% en 2017. Ahora, es preocupante el que estos gurús suelen errar porque sus predicciones no tienen asidero racional, y son los mismos que suelen equivocarse y, sin embargo, siguen siendo escuchados. Así es como el país va a los tumbos.

En fin, Latinoamérica necesita elevar sus principios, su ética y su moral, y una dirigencia social, empresaria, académica, de medios, etc., más seria e ilustrada, mucho más.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

CON LA DEMOCRACIA SE CURA, SE COME… Y ¡CRECE EL PIB!

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 21/11/16 en:

 

No es la intención de este artículo criticar la trayectoria de Roberto Lavagna, en particular, pero tampoco quiero obviar un hecho curioso. “Su currículum lo convierte en protagonista cada vez que habla” decía un matutino como suelen decirlo prácticamente todos los medios -reflejando a la opinión pública- de casi todos aquellos personajes que han ocupado un cargo “importante”.

Es curioso: no importa que haya sido un presidente durante cuyo mandato hubo corrupción, ineficiencia y caída del PIB, sigue siendo muy escuchado debido “al peso de su trayectoria”. Qué pasa por la mente de las personas, de la opinión pública, como para seguir citando a personajes -que en la actividad privada hubieran sido despedidos por su mala perfomance- cuando existen jóvenes, y no tan jóvenes, brillantes con ideas y propuestas más acertadas.

La forma en que las personas toman las decisiones que afectan su vida en general -no en particular como el ejecutivo de un sector de la empresa- es una de las cuestiones que más intriga a científicos políticos, especialistas en marketing y publicitarios. Detrás del secreto de por qué la gente elige una cosa, y no otra, existe poderosa información valuada en millones que puede significar la llave del poder político.

Dicen los especialistas que las decisiones dependen, básicamente, de la historia personal y del medio ambiente, lo que conlleva conservadurismo al punto que, según Steven Rosenstone, de la Universidad de Michigan, el 97% de las veces gana una elección para el Congreso quien corre por la reelección, independientemente de si su trabajo fue malo. Es decir que, como todo en el cosmos, las personas, las sociedades avanzan solo por lenta maduración. En fin, curiosidad de lado, veamos las declaraciones de Lavagna que nos dan pie para cosas interesantes.

Según este ex ministro, en 2017 la economía argentina va a crecer “muy poco, lo que cayó en 2016” pero, como la población crece a un ritmo superior al 1%, el PIB per cápita bajaría aumentando la pobreza. Ahora, es curiosa su afirmación de que el PIB “en los años pares cae y en los impares de elecciones, crece”. Si esto fuera así, deberíamos tener elecciones más a menudo. ¡Y viva la democracia!

En realidad, lo que sucede es que PIB no mide realmente lo que el país produce y mucho menos su crecimiento económico sino, en todo caso, el consumo, el movimiento de dinero que es lo que los políticos suelen incentivar en épocas de elecciones para ganar votantes. Aunque conviene no olvidar que el fondo de la cuestión es que, como ya decía Ludwig von Mises entre otros, la econometría carece de rigor científico y, por lo tanto, solo es ilustrativa.

Dice Lavagna cosas obvias como que las tasas y la presión impositiva (“entre 40 y 50%”) son muy altas. Pero no está claro si cuando dice que la inversión no vendrá por falta de rentabilidad, dado el bajo consumo -debido a la caída entre el 8 y el 10% del poder adquisitivo en los últimos diez meses- y lo poco rentables que resultan las exportaciones, tiene claro que, precisamente, es este altísimo “costo argentino” (presión fiscal, costos laborales, inflación, tasas, etc.) el que provoca la falta de rentabilidad.

Más bien pareciera achacar la falta de competitividad exportadora al atraso cambiario, “política populista en la que el gobierno se identifica cada vez más con el final de Cristina, modelos de ajuste, de achicamiento que ha llevado a la pérdida de 120.000 puestos de trabajo en blanco, más una cifra indefinida -no inferior a ésta- de trabajos en negro”. Y advierte de no seguir culpando a la “pesada herencia” o a Trump.

En donde se equivoca claramente es en sus ideas keynesianas que lo llevan a firmar que “hay que empezar a poner la economía en marcha para frenar la inflación”. Como si la inflación, que no es otra cosa que una exagerada oferta monetaria, pudiera no ser un vicio y sí una virtud. Tiene razón cuando dice que el modelo macrista “funciona con endeudamiento… e indefectiblemente termina en… un… colapso”, ya que saturada la presión fiscal y la inflación no queda más que endeudarse ante la negativa de adoptar una política sana y bajar el gasto.

Y aquí sí se va a ver el “efecto Trump”, que está complicando el tema de la deuda. El bono global más importante, el de 30 años de EE.UU., ya cayó más de 6% solo en lo que va de noviembre, llevando a su rendimiento a superar el 3% anual. Entretanto el Vanguard Total International Bond ETF (BNDX) que nuclea bonos soberanos “investment grade” de Asia y Europa, cayó 1,5% también en noviembre y el Vanguard Emerging Markets Government Bond ETF (VWOB), que incluye bonos soberanos de países emergentes, cae todavía más, un 4%.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.