Otro argumento que se utilizó para justificar las retenciones: redistribuir la ‘renta extraordinaria’

Por Martín Krause. Publicado el 20/12/15 en: http://bazar.ufm.edu/otro-argumento-que-se-utilizo-para-justificar-las-retenciones-redistribuir-la-renta-extraordinaria/

 

El atractivo económico y la conveniencia política toman como marco de referencia una ideología. El modelo del estado protector de derechos individuales del liberalismo clásico asignaba la función de proteger la libertad y la propiedad. Ya en el siglo XIX dicho modelo fue reemplazado por la función redistributiva del Estado benefactor. Sobre éste, el Estado “regulador” agregó luego nuevas funciones.

En este caso, la ideología genera una visión peculiar del Estado. Por cierto que le incumben las funciones distributivas y regulatorias pero se degrada la protección de la vida y la propiedad al punto que el “crimen” se convierte en una preocupación mayor para los votantes que el desempleo. [1] La redistribución es todo lo que importa, y se espera que también reduzca el crimen. [2] El papel del gobierno es puramente redistributivo, considerando que la riqueza no puede ser “creada”, solamente “distribuida”, a contramano de las lecciones de la economía durante los últimos 250 años.  Desde esta perspectiva el libro de Adam Smith “La Riqueza de las Naciones” no fue nunca publicado. El sector agropecuario, no es de extrañar, tendría que entender que el derecho de propiedad no se extiende al esfuerzo productivo, sino que está sujeto a la decisión del gobierno. Las retenciones, según esta visión, se convierten en un instrumento de “justicia social”, y el gobierno es quien la administra. Y la “justicia social” es necesaria porque las retenciones se apropian de lo que se denomina “rentas extraordinarias” que, supuestamente, sólo los productores agropecuarios reciben.

El término “renta extraordinaria” es un concepto marxista que se deriva del análisis de las ganancias capitalistas. Según Marx y el análisis del equilibrio clásico, la competencia entre capitalistas eventualmente eliminaría toda ganancia extraordinaria y dejaría solamente un retorno igual a la tasa de interés prevaleciente. Este no sería el caso en cuanto a las rentas de la tierra se refiere porque ésta es un recurso limitado que no puede ser reproducido y las distintas parcelas presentan diferentes grados de fertilidad. Como Marx basaba su análisis en la teoría del valor basada en el trabajo y el costo de producción, el precio de los productos agrícolas era formado por la productividad de las tierras menos fértiles, obteniendo las más fértiles una renta extraordinaria que no podía ser erosionada como en la industria debido a que no había más tierras fértiles que se sumaran a la oferta.

En verdad, el valor es transmitido desde el producto final a los factores básicos de producción, incluyendo a la tierra. Es debido a que los precios son suficientemente altos que las tierras menos fértiles son incorporadas a la producción. Por cierto, las mejores tierras obtienen una “renta extraordinaria” pero en esto no es nada diferente a cualquier otro recurso: los mejores cantantes de ópera obtienen más ingresos que los regulares, lo mismo con los mejores jugadores de fútbol, o los mejores escritores. ¿No debería aplicarse un impuesto sobre esas ganancias “extraordinarias”?  Ya existe, es el impuesto a las ganancias. No con un impuesto sobre el precio de venta de sus servicios. ¿Por qué entonces la diferencia?

Por otro lado, es necesario comprender que el precio de un activo está relacionado con sus rendimientos futuros. Es más, su precio actual es la suma del flujo de rendimientos futuros descontados. Si esos rendimientos esperados son “extraordinarios”, también lo es el valor de la tierra hoy. El que ha comprado un campo con rendimientos superiores, ha pagado también un precio superior y lo que ahora obtiene le dará una tasa de retorno que, como porcentaje de la inversión inicial, puede no ser muy diferente del retorno que se obtiene en tierras de menor valor. ¿Cuál es el precio de una hectárea en Pergamino y cuál en el sur de la provincia de Buenos Aires? Su diferencia ya refleja los niveles de rendimiento en uno y otro. La “ganancia extraordinaria” en el primero es simplemente un monto mayor necesario para recuperar un monto mayor invertido.

Finalmente, cuando hablamos de “tierra” estamos considerando todos los recursos naturales provenientes de la tierra, y éstos no son “fijos”. La oferta de tierra agrícola en Argentina se ha incrementado dramáticamente en las últimas décadas gracias a la tecnología. Las semillas con genética, fertilizantes, irrigación, pesticidas y maquinarias han cambiado el significado de “fertilidad” en la tierra. Lo que significa que cuando existe alguna “renta extraordinaria” el capital y la tecnología fluirán hacia allí poniendo en marcha un proceso equilibrador que llevará eventualmente a obtener una tasa normal de retorno si no fuera que nuevas innovaciones y cambios en las preferencias de los consumidores ponen en movimiento al proceso una y otra vez.

[1] Gaffoglio, Loreley, “El miedo al delito le ganó en el país al desempleo”, La Nación, 6/12/09.

[2] En la ceremonia de apertura de las Sesiones Ordinarias del Congreso de 2009, Cristina Fernández de Kirchner decía:  “Escuché decir por ahí que yo era una persona a la que gustaba sacarles a unos para darles a otros; la economía -y todos ustedes lo saben- es, precisamente, administrar con los recursos que se tienen y con la contribución que hay. Siempre en economía, lo que se les asigna a unos, es porque se lo está sacando a otros, porque el único que pudo multiplicar los peces y los panes fue Jesucristo, el resto tiene que tomar decisiones en base a los recursos que se tiene”. Fernández de Kirchner, Cristina, Apertura de Sesiones Ordinarias del Congreso, 1/3/09:

http://www.casarosada.gov.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=5612&Itemid=66

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

 

El fracaso k de la sustitución de importaciones

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 6/9/15 en: http://economiaparatodos.net/el-fracaso-k-de-la-sustitucion-de-importaciones/

 

El fracaso del modelo k en el desarrollo de la industria manufacturera

 

El kirchnerismo, en su relato, suele llenarse la boca con la industrialización del país. Según el relato, gracias al modelo se industrializó el país, es decir, el modelo de sustitución de importaciones consiguió desarrollar una industria que nunca, en sus 200 años de historia, tuvo la Argentina.

No es intención de esta nota debatir si industria sí o industria no, solo destacar que en los países desarrollados no desaparece la industria, pero si es eficiente cada vez se automatiza más y demanda menos mano de obra. Puesto en otras palabras, así como antes de la revolución industrial la mayor parte de la población trabajaba en el campo y luego con la revolución industrial creció la participación de la mano de obra en el sector industrial, desde hace décadas es el sector servicios el que crea la mayor cantidad de puestos de trabajo. Algo más del 60% de los puestos de trabajo en los países desarrollados los crea el sector servicios y también algo más del 60% del PBI de los países desarrollados los genera el sector servicios. Cuando hablo de servicios me refiero al comercio minorista y mayorista, transporte, almacenamiento, seguros,  banca, etc. Es que a medida que las máquinas van reemplazando al hombre en el trabajo repetitivo, se va liberando mano de obra para trabajos cada vez más cerebro intensivo. Por eso la educación es fundamental en el crecimiento de los países.

Ahora bien, volviendo al supuesto éxito del modelo industrial gracias a la sustitución de importaciones podemos ver que tal éxito es solo parte de la mentira k. Si vemos la relación del PBI Industrial respecto al PBI total, es decir, cuánto aportó el sector industrial al PBI total, en 2014 representó el 19,5% del PBI con un claro estancamiento en todo el período k. O sea, esa relación se mantuvo en torno al 20% entre 2004 y 2014. Dos puntos porcentuales por debajo de la década del 70 y, curiosamente, por debajo del período de Martínez de Hoz salvo cuando el entonces ministro de Economía estableció la tablita cambiaria.

En efecto, la tablita cambiaria, que empezó a fines de 1978 y terminó en enero de 1981, tuvo su punto culmine en 1980. Aunque a los k les de odio, en 1980 el PBI Industrial/PBI fue 19,92% y en 2014 la misma relación llegó al 19,5%. El relato se queda en sus mentiras. Los datos muestran que ni siquiera pudieron superar a Martínez de Hoz. Pueden ver los datos en el Gráfico 1

Gráfico 1

 

Pero tampoco lograron que las exportaciones industriales superaran, como porcentaje del total de las exportaciones, a la relación que hubo en los 90. El gráfico 2 refleja claramente que las exportaciones industriales en relación a las exportaciones totales se mantuvo en torno al 30% durante el período k y en los 90 osciló en un piso del 30% y un techo del 35%, algo que no logró el kirchnerismo.

Gráfico 2

 

La realidad es que el modelo aplicado por el kirchnerismo lejos estuvo de desarrollar al sector industrial. En rigor el modelo solo logró mejorar la situación particular de algunos productores, pero parte del consumo artificial del período k se cubrió con importaciones mientras la soja permitió generar los dólares para importar celulares, televisores y demás electrodomésticos. Cuando el precio de la soja no logró compensar el retraso cambiario, ya no alcanzaron los dólares, apareció el cepo y el consumidor fue víctima de una economía cerrada. Pero la industria a su vez fue víctima de la falta de insumos por la falta de dólares para importarlos.

Por definición lo que hace un modelo de sustitución de importaciones es restringir artificialmente la oferta para que el productor local pueda tener todo el mercado sin competencia y, de esa manera, cobrar más caro productos de peor calidad. Es decir, obtener una renta extraordinaria que no tendría en condiciones de libre competencia. Se produce una redistribución del ingreso de los consumidores en favor de los sectores protegidos. En ese contexto, el productor protegido no tiene estímulos para invertir o mejorar la calidad de sus productores porque no tiene competidores. El modelo de sustitución de importaciones es el camino más directo para someter a un país a la pobreza y miseria. La gente pagando caro productos de pésima calidad y con salarios reducidos por la baja tasa de inversión.

Para el caso particular de Argentina, con tan poca población, el mercado interno es tan chico que no da  la escala para tener costos reducidos. Es decir, son tan reducidos los volúmenes que hay que producir para abastecer el mercado interno que los costos fijos por unidad son muy altos o, si se prefiere, la ineficiencia es tan elevada, al punto tal que esa industria no tiene capacidad para ser competitiva a nivel internacional para exportar.

El famoso modelo ha fracasado en toda la líneas y solo es un éxito en el enfermizo relato de los k. Ni siquiera lograron desarrollar artificialmente al sector manufacturero, porque cuando se acabaron los dólares de las exportaciones fundieron al sector industrial por la falta de insumos y la caída del consumo interno. Sin posibilidad de exportar por falta de competitividad y con un tipo de cambio artificialmente retrasado, lo poco que queda del sector industrial está condenado a morir si el relato no deja paso a la realidad y a la gente con capacidad para administrar seriamente el país.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.