No fue Magia: Mauricio Macri Presidente

Por Gabriela Pousa: Publicado el 24/11/15 en: http://www.perspectivaspoliticas.info/no-fue-magia-mauricio-macri-presidente/

 

Tantas y tan pocas palabras para un cambio tan crucial como decisivo. Aunque nada ha variado todavía, hoy nada es lo mismo. Se ha votado: Mauricio Macri es el próximo jefe de Estado. La apertura de urnas cierra una etapa que debería dejar tantas enseñanzas como amarguras.

El escenario político admite una lectura fáctica que habla de un estado crítico en lo sucesivo, y al unísono muestra un país decididamente distinto. El  hartazgo le ganó al hastío. Y es que el cambio no es político, el cambio es social: ese dato es lo que torna optimista el panorama y hace que la perspectiva se contraponga a lo que hay.

El verdadero fenómeno a considerar es la opción de la sociedad por el futuro aún en detrimento de lo coyuntural. Sumida en un cortoplacismo asfixiante, la gente eligió ir más allá. Ahora está en juego su tolerancia, ahora deberá demostrar, amén de comprar Cambiemos, que se entendió el por qué de la conjugación del verbo.

No será solo el Presidente electo ni su equipo de gobierno el artífice del cambio. El plural no es antojadizo ni casual: los individualismos nos trajeron hasta acá. A la Argentina grande se llega con unión y paciencia. Si alguien cree que el cambio es el resultado de la elección, perdió. No podemos ser como Ícaro desperdiciando la posibilidad de volar por querer hacerlo más alto. Las diferencias en un ballottage nunca fueron siderales.

El escrutinio es el primer paso de un camino largo, ondulante, impreciso. La decisión de comenzar a desandarlo y el final de la inacción es lo que se festeja hoy. Histórica no es la elección, histórico es el compromiso, el deseo de otra cosa, y la capacidad de asumir que no se quiere más de lo mismo. Se ha dejado de lado el miedo, el conformismo, el “más vale malo conocido que bueno por conocer”, y esa liberación de mitos y dogmas obsoletos nos sitúan frente a la posibilidad de construir un país serio. Es un proceso, una construcción. Nadie amaneció tras comprar el terreno, con el edificio hecho. 

Mauricio Macri es el Presidente electo es cierto, pero hoy se parece más a uno de los miembros del grupo Halcón entrando en la bóveda del Banco Río, sucursal San Isidro, el 13 de enero del 2006. Una vez abiertas las puertas del Banco Central apenas si hallará una nota similar a la que dejaron los boqueteros tras el fatídico ‘robo del siglo’: “En barrio de ricachones sin armas ni rencores. Es sólo plata, no amores“. 

Bien podría ser ese el texto que reciba a los funcionarios de Cambiemos cuando ingresen a la entidad bancaria o a la mismísima Casa Rosada. Esa es la única tristeza que subyace en medio de la algarabía por el final del kirchnerismo, la misma que se experimentó al hallar vivos a los rehenes cuando los delincuentes huyeron. La banda se desarma aunque falte todavía el final feliz de la película: que la impunidad no tenga garantía.

La sociedad ha optado por la mesura, por el riesgo vital de lo nuevo que implica dejar atrás la falsa paz de los cementerios. Es posible que, por vez primera, no haya sido el bolsillo el órgano más sensible de los argentinos. Esa sería una cabal señal de inteligencia y de moral. El número de fiscales voluntarios en el comicio es también un dato de singular trascendencia a la hora de analizar lo que se ha vivido en esta fecha.

El compromiso social es lo que ha de legitimar a Mauricio Macri de aquí  en más. Si bien la elección se ganaba con un voto más que el otro, la diferencia marca el límite de acción que tendrá en lo sucesivo el Presidente de los argentinos.  Macri empieza ‘empoderado’, con un buen cheque pero no en blanco. 

Tiene el poder de una mayoría, la sociedad dividida, y la audacia de haber convertido un partido que el kirchnerismo llamaba “vecinal” en una alianza nacional. Tendrá que sumar consenso en sectores relegados hace años. La ciudadanía tendrá que defender su voto más allá de las urnas para demostrar la continuidad democrática. De otro modo, el cambio habrá sido una mera ilusión óptica, la ficción de un tramo.

De ahora en más, Cambiemos se tiene que transformar en “Cambiando” para aseverar sin refutaciones luego, que cambiamos. Discernir entre lo urgente, lo importante, lo imprescindible y lo necesario es el próximo paso. Macri debe darlo. El titular del PRO experimentó en carne propia la advertencia de Oscar Wilde: “Hay que tener cuidado con lo que se desea. Uno puede llegar a conseguirlo”.  Ahora, a cambiar este incordio por normalidad.

Es el fin de un ciclo que duró demasiado. El kirchnerismo será lo que el menemismo es. Con el resultado alcanzado se le ha dicho basta a la barbarie, a las ínfulas de grandeza, a la mentira sistemática, a la crispación crónica, a la fractura social. Basta a las amenazas, a la prepotencia, a las siete plagas, al barrilete cósmico. 

Basta al llanto, a la lástima, a lo auto-referencial. Basta al “vamos por todo, a la corrupción, al robo, al fin que justifica los medios, a la guerra como concepción política, al abuso de poder, a tomarnos por tontos, y sobre todo a ser tontos porque nos conviene, porque es más cómodo. El falso confort tiene costo. 

Se está dando la bienvenida no a un predestinado capaz de transformar el barro en oro sino simplemente, a un administrador, un DT que conduzca este equipo y al cual se le dé continuidad según el resultado obtenido. Los “ismos” no han sido eficientes en Argentina, que no sea esta pues una apuesta al macrismo sino a los argentinos. 

“La pesada herencia” no es gratuita, recibirla corrobora hasta qué punto nos involucra su historia. El problema de acá en más no es de Macri, ni es del PRO, ni de Elisa Carrió o de Ernesto Sanz. El problema lamentablemente es un bien ganancial y solo lo redime la certera decisión de separarnos. El divorcio puede ser exprés pero la división de bienes recién está comenzando y va para largo.

Al final, Cristina solo se eterniza en el fracaso. Ha llevado al precipicio al peronismo y lo ha empujado. El hito es demasiado vasto  para analizarlo minutos después de cerrado el comicio. Queda un escenario de derrota y reestructuración para el peronismo, queda un Congreso sesionando hasta el último día de la dama en Olivos, queda una alianza que definirá  cargos, queda la transición, quedan los militantes rentados solapados. El teatro ya no tiene espacio para tanto show.

Mauricio Macri acaba de terminar su discurso tras la elección. Ni una agresión, eso explica tambié por qué es el Presidente electo de la Nación. El día se cierra, también estas líneas. Mientras, se escucha el ruido de rotas cadenas: ¡Oh juremos con gloria morir vivir!

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

Si me hubieran dado pelota

Por José Benegas. Publicado el 25/2/15 en: http://josebenegas.com/2015/02/25/si-me-hubieran-dado-pelota/

 

La humildad no sirve para nada en la Argentina, te pasan por arriba los Tognettis sin señales de vergüenza ni inhibición. Así que voy a ser un poco brutal y que le caiga mal a quién le caiga mal. Total, cuando uno es cuidadoso obtiene la misma cantidad o mayor de enemigos. Hace más tres años que insisto con que cuando un asaltante en un banco que tiene rehenes de repente se saca el antifaz, es señal de que piensa matar a los rehenes. El gobierno kirchnerista tomó muchas veces esa decisión como para que no nos diéramos cuenta de que no pensaba terminar su período de modo legal, y que ni siquiera podíamos imaginar un traspaso del mando normal. Desde la protección abierta a Boudou que significó que la señora a cargo nos comunicara, sacándose el antifaz, que ella era la jefa de la banda y que el estado era un estado kirchnerista y delictivo, ante lo cuál había que subordinarse.

¿Soy un genio? No, simplemente trato de no hacerme el completo idiota ante las evidencias, como hace una mayoría abrumadora de gente en el país del acomodo.

Por supuesto las respuestas de la misma gente que dejó que las cosas llegaran a dónde llegaron eran del tipo “tiene que terminar su mandato”. Un gobierno cuya norma es el crimen no tiene mandato. El mandato en una república, un mandato que pueda obligarnos, es exclusivamente, reitero, exclusivamente, legal. Esto es una limitación conceptual y no de hecho. No hay república no legal. Es decir, al mandato lo terminaron ellos hace muchos años. Ni siquiera es ratificable la voluntad delictiva de una mayoría, porque carece de los elementos esenciales para obligar a una minoría. Pero peor aún que el analfabetismo republicano que el sistema des-educativo logró implantar, es la miopía política de no ver lo que la conducta del gobierno significaba. Ahora lloran todos ante este presente en el que Nisman terminó muerto y las manifestaciones son tildadas de terrorismo, por parte de los que reivindican sus asesinatos del pasado como idealismo. Nunca importó que se pudiera llevar  a cabo un proceso de juicio político. Ni siquiera lo es ahora que les queda tan poco tiempo, lo importante es no conceder legitimidad al crimen. No se puede desear, menos en público, que la banda de Hotesur mande.

¿Se los dije? Si, se los dije quinientas veces, todos lo días, de lunes a viernes durante una hora y media. Se lo pregunté a cada entrevistado por meses: ¿Imagina usted una entrega regular y normal del mando por parte de esta gente? La respuesta más común era el silencio.

Nerón no se aununció, estos delincuentes si lo hicieron. Dan ganas de decir jódanse todos, pero hay demasiadas cosas que uno aprecia en juego. Sobre todo una minoría que no merece esto.  Chica, pero valiosa.

El asunto sigue siendo cómo se sobrevive a un asalto total al poder por parte de los que se sacaron el antifaz y en cada aparición confirman sus delitos, del modo más idiota posible porque saben que 1) No tienen defensa y 2) Ya no están en la etapa en la que les interese ser creídos, sino sólo temidos y obedecidos. Están intentando sembrar el terror antes de hacer cualquier cosa. Salvarse para siempre tal vez no sea una opción. Zafar de ésta tal vez tampoco. Incendiar Roma si la es y que nadie dude de que son capaces.

Por lo tanto en una emergencia uno se pone a tirar baldes de agua al incendio hasta con el ladrón que administra el consorcio. Si alguien quiere jugar al marketing, está desubicado desde el 2003, pero ahora, en estos meses, está sencillamente tan loco como creen que sólo ellos están. Los que están juntando fuerza electoral sirven. Los que están pensando en cómo reaccionar ante hechos consumados ilegales del estado criminal que comanda la señora kirchner, brillan por su ausencia. Se necesita que tengan poder, un blog no alcanza por supuesto. Los que están pensando en cómo enfrentar la denuncia internacional de lo que hagan también sirven y los que piensen en cómo deshacer el quebrantamiento de toda la legalidad, desde el Código Civil, a los de procedimientos y la Constitución, suman. También los que observen que no es legítimo imponer leyes contra el artículo 29 de la Constitución, ni simular un Congreso para tapar  una verdadera obediencia debida castrense y que, por lo tanto, deben anularse todos los actos de facto llevados a cabo por la banda, son indispensables. Todos juntos, mejor. Pensando y tirando la corrección política a la basura. La gente no la cree, por eso en sus marchas son mucho más claros que cualquiera que hable en público.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

Límites

Por Gabriela Pousa. Publicado el 22/7/14 en: http://economiaparatodos.net/limites/

 

A días de vencer el plazo para el pago que nos permita no caer en default, no hay información oficial al respecto. Sin embargo a nadie asombra demasiado porque, desde hace un tiempo, los argentinos se han habituado a vivir en un país donde todo se define según como despierte la jefe de Estado.

Límites

Se acabó hasta el periodismo de datos, todo es interpretación y proyección de escenarios. Lo cierto es que el Mundial terminó y la mampostería comenzó a caerse irremediablemente. El enfermo no mejoró por la magia de Messi ni por los dones de Mascherano. La infección se expande. Todos saben o perciben donde se originó pero nadie sabe aún donde termina.

Una cosa es amputar un miembro y otra muy distinta es perder la vida . Sin embargo, quién debe tomar la decisión todavía vacila, bromea con 52 muertes de una tragedia que se originó en Balcarce 50, inaugura vagones ya obsoletos en China, y supone que con el discurso podrá convencer que la culpa de lo que vaya a suceder es como la Patria: del otro. “Argentina pagó, el juez Griesa no repartió”, podría ser una de las frases que sintetice la decadencia.

En rigor, dramatizar en torno a este tema tampoco vale la pena. Cuando ya se llegó a este punto de ignominia, la credibilidad de inversores es utopía haya o no default. La situación podrá tensarse más o menos según salga la movida que no nace de una ingeniería política precisa sino del humor con que amanezca Cristina. Así se vive, así se nos digita la vida.

Todo es improvisación según el carácter que predomine en la jefe de Estado a quién ya nada le importa demasiado. Sólo un tema la desvela: la impunidad que precisa para su salida. Sincerémonos, más le irritan los movimientos de ciertos jueces acá dentro, que las decisiones de los de afuera. Peor fue para ella, la restitución del fiscal Campagnoli que la mediación de Daniel Pollack o el quehacer de Thomas Griesa.

Y es que la Presidente está encontrando algo que no halló en once años de mandato: límites.

El kirchnerismo creció sin límites, y ya adulto es complicado educarlo. Lo que sucede con un ser humano sucede con un Estado. Si se le dejó hacer a su antojo y se le concedieron sus caprichos desde el comienzo, después es tarde. Las consecuencias son la mala educación o su corolario: el desgobierno.

Por esa razón, el fin de ciclo es un final cantado. El chico malcriado cuando termine su ciclo lectivo deberá irse del colegio. La responsabilidad no es sólo de él. Ha habido detrás quienes abonaron caprichos y aguantaron inconductas y excesos sin protestar siquiera, lavándose las manos.

Inevitablemente esos también deberán pagar ahora parte de las consecuencias. No fueron actores secundarios aunque intenten ubicarse en ese sector del teatro. El voto transforma a la víctima en victimario. De allí que votar no pueda ser lo que aún es en Argentina, un hecho automático, un ensobrar al menos malo o dejar el sobre en blanco. Poder se puede pero después… Y siempre hay un después. Después, acá estamos.

En definitiva, el default, las deudas, etc., serán patrimonio de quién asuma el año próximo la Presidencia y de cuantos habitamos esta geografía. No hay salida a no ser que alguien escoja Ezeiza.

Cuando el gobierno actual ya no esté, habrá mucho para hacer. No pretendamos un final con grandes cambios. No se puede, somos adultos como para enceguecernos con un engaño.

El oficialismo dejará una herencia que ya permite definir cómo será la gestión próxima: adversa. Más allá de quién asuma en el 2015, la economía resentida hará inviable una administración proba, en tanto las cajas quedarán vacías. Por eso es necesario situar la esperanza más allá de los números y las estadísticas.

Los argentinos podrán soportar los vaivenes de una tierra arrasada durante una década desperdiciada, pero muy difícilmente puedan sobrellevar otra década de agresión, maltrato y división de la sociedad como ha sido esta.

Ya no podrá reducirse todo a un Boca-River. El próximo gobierno tiene una tarea quizás mucho más compleja que levantar un default de monedas, pues le será un imperativo salir del defalco de antinomias y violencia.

En definitiva, el país podría soportar otro gobierno sin grandes logros en lo económico pero difícilmente volverá a sostener – en nombre de la democracia, muchas veces confundida con apatía -, una autoridad perversa y maniquea como lo es Cristina.

Hoy somos rehenes del Frankestein que nosotros mismos fuimos armando. Los boomerang que sufre a diario el gobierno son idénticos a los que padecemos los ciudadanos. El kirchnerismo, en definitiva, es justamente eso: el boomerang de los argentinos. Nos lanza al abismo porque primero, nosotros lo lanzamos…

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.