Mantener las reglas de juego, sí… salvo que sean las reglas incorrectas

Por Adrián Ravier. Publicado el 26/7/21 en: https://www.cronista.com/columnistas/mantener-las-reglas-de-juego-salvo-que-sean-las-reglas-incorrectas/

Se ha señalado insistentemente que cada gobierno que llega lo hace con su propio libreto, cambiando las reglas de juego e impidiendo que las cosas resulten bien. Se reclama que las reglas de juego deben ser estables. ¿Quién puede oponerse a este principio? Personalmente lo acepto, pero con una variante. No debemos sostener siempre las mismas reglas de juego, cualesquiera sean esas reglas. Debemos mantener el marco de reglas estable, siempre que las reglas sean las correctas.

Piense el lector por ejemplo en Cuba, una economía socialista que por más de medio siglo mantuvo las mismas reglas de juego, sin propiedad privada, sin elecciones, aislados del mundo. Esas reglas sólo llevan a la miseria. Cuba debe cambiar.

Argentina inició un camino en 2003 que terminó con la abundante inversión extranjera directa de los años 1990, también con la estabilidad monetaria, retomó el sistema de reparto, volvieron los controles sobre los precios y sobre el tipo de cambio, se expandieron los planes y programas sociales, así como los subsidios a quienes lo necesitan y también a quienes no lo necesitan. Todo esto claramente debe cambiar.

Argentina necesita un marco de reglas con equilibrios macroeconómicos, partiendo por el equilibrio fiscal, lo que requiere de algunas reformas fundamentales:

1. Por el lado de los ingresos, una reforma tributaria, para que se simplifique la estructura tributaria, pero también para que se reduzca la presión tributaria. Más de 170 impuestos en los tres niveles de gobierno evitan que las empresas puedan generar actividad y empleo. Aplica aquí el concepto de la Curva de Laffer, donde desmantelando más de un centenar de impuestos, la Argentina podría incluso mejorar su recaduación.

2. Reforma integral del Estado, lo que implica revisar los presupuestos y reducir la órbita del estado, en línea con el principio de subsidiariedad. El Estado sólo debe hacer aquello que el sector privado no puede hacer. Hay mucho de lo que el estado hoy hace que podría ser administrado parcial o totalmente por el mercado, y con ello tendríamos mejores resultados y a menor costo. El sector privado ha probado ser mucho más eficiente que el sector público. Sólo cuando podamos recuperar el funcionamiento del mercado, podremos visualizar qué rol cabe para el estado en su objetivo de inclusión. El presupuesto base cero ha sido una buena herramienta para reestructurar empresas cuya solvencia estaba comprometida y también para algunos estados fallidos.

3. Reforma previsional, partiendo de un sistema de reparto quebrado, con la intención de recuperar ingresos dignos para la población pasiva, y al mismo tiempo con la intención de reducir la principal partida de gasto. El principal desafío aquí es definir una transición para un problema estructural que no puede seguir siendo ignorado.

Con estas tres reformas podrá alcanzarse el equilibrio fiscal y sólo mediante ellas la autoridad monetaria podrá abandonar la monetización del déficit público. Eso podrá evitar seguir inflando la economía con nuevas emisiones de dinero, pero aun queda pendiente resolver el enorme desequilibrio monetario hoy existente en las llamadas Leliqs. Aquí viene la cuarta reforma.

4. Reforma monetaria y bancaria. Argentina necesita plantear una reforma que permita recuperar una moneda sólida, sea a través de la dolarización, o bien a través de reglas monetarias que pueda aplicar el BCRA. Un ejemplo de esto es prohibir a la autoridad monetaria acceder a comprar bonos del gobierno. Numerosos países han alcanzado el equilibrio fiscal bajo esa regla. Algunos economistas pensamos que esas reglas sólo se cumplirían transitoriamente, y por ello sugerimos que la dolarización es una solución más definitiva, en la medida que termina con el BCRA. Con Nicolás Cachanosky hemos propuesto una reforma de dolarización flexible que resuelve el problema del desequilibrio monetario, atendiendo también la dificultad de los pasivos monetarios. La propuesta permitiría alcanzar rápidamente estabilidad monetaria, reducir las tasas de interés nominales y reales, y con ello generando una rápida mejora en la actividad económica y el empleo.

Finalmente, es necesario atender el desequilibrio cambiariocon un cepo muy duro para adquirir divisas, eliminando la discrecionalidad en su manejo, terminando con el atraso cambiario y también con el cuello de botella que hoy enfrentan las empresas que necesitan divisas.

5. Una reforma cambiaria debe encarar todos estos frentes, empezando por levantar el cepo y permitir que el mercado descubra cual es el valor del dólar, de acuerdo demanda por un lado, y su escasez por el otro. Una vez definida ese valor, reconociendo el lugar en el que estamos, Argentina podrá encarar la dolarización a una definida tasa de conversión, o bien una nueva convertibilidad (que no lo considero deseable), o bien una política monetaria con metas estrictas. Esa reforma debería resolver el atraso cambiario, a partir de lo cual Argentina podría emprender un nuevo camino de crecimiento.

Por supuesto hay otros frentes, otras reformas urgentes como la reforma laboral para alcanzar una mayor flexibilidad que beneficie a los trabajadores para obtener oportunidades de empleo, además del frente institucional, donde la inseguridad jurídica, la burocracia, la corrupción sean modificadas en favor de la independencia judicial y más transparencia.

Sólo una vez que estas reformas se haya practicado y que hayan resultado en equilibrios simultáneos en el frente fiscal, monetario y cambiario, podremos sugerir que las reglas de juego sean estables.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Sigue a @AdrianRavier

Hagámonos Cargo

Por Iván Carrino. Publicado el 6/9/18 en: https://contraeconomia.com/2018/09/hagamonos-cargo/

 

Un siglo de decadencia debería hacernos reflexionar.

La semana pasada escribíamos que el dólar refutaba la ley número uno de la política, aquella que según Thomas Sowell establece que hay que ignorar la ley número uno de la economía: que existe la escasez.

Cuando los políticos prometen de todo, para todos, todo el tiempo, eso funciona bien por un rato pero, en algún momento, la realidad se impone: se acaba la plata. En este caso, se acabaron los dólares del financiamiento externo y el dólar se catapultó al alza.

En lo que va del año el Banco Central vendió USD 14.000 millones en el mercado de cambios, pero el dólar igual subió más de 100%, desde aquel “atrasado” valor de $ 18,95 con que despidió 2017.

El gobierno está debilitado y sin credibilidad. En 2015, cuando en toda la región el Riesgo País subía, acá se redujo 40%.

Los mercados se habían entusiasmado con el discurso de “Cambio” de Mauricio Macri y creyeron que era el momento de “comprar Argentina”. Si se imponía Macri, no solo dejaríamos de lado el populismo macroeconómico de Cristina, sino que incluso el país podría volver a ser considerado entre los prósperos del mundo, como alguna vez lo fue.

Pero, para eso, había que hacer muchas cosas. Y si bien en el discurso, “se hacía lo que había que hacerse”, en los hechos quedó gusto a poco.

No hubo equilibrio fiscal, no se redujo el gasto público, no hubo reforma laboral, no hubo reforma previsional (sí ajuste en la inviable fórmula de actualización de haberes), no hubo apertura comercial…

El mercado confiaba, pero frente al gradualismo transformado en inacción, comenzó a dudar. Hoy lideramos en la región el ránking de los países donde más aumenta el Riesgo País.

Errores no forzados

La crisis de credibilidad viene de largo. Pasamos del “Sí,  se puede” y el “Haciendo lo que hay que hacer”, al “No se puede ahora, hay que ganar las elecciones” y el “Hacemos lo que podemos para evitar una mega-crisis”.

Ahora en la última semana las cosas se complicaron aún más. En medio de una nueva turbulencia cambiaria, el presidente hizo una declaración muy contundente, sin tener pruebas de que lo que anunciaba efectivamente era así. En concreto, anunció que el FMI adelantaría los fondos para cubrir el programa financiero de 2019, y 7 horas más tarde el organismo dijo elegantemente que eso debía ser estudiado y aprobado por el directorio previamente.

Fue más leña para el fuego.

Días atrás, y antes de viajar a Washington, fue Dujovne el que hizo un anuncio adicional. Explicó que se modificaban las metas de déficit fiscal, que se buscará el déficit 0% en 2019, y que para cumplir con eso se le cobrará un impuesto de hasta 12% a todo aquel que tenga la peregrina idea de exportar.

El progresismo contento. Los mercados, aún dubitativos.

En lo que queda de la semana iremos viendo cómo sigue evolucionando la situación financiera. En mi opinión, el gobierno no tiene que anunciar más nada, salvo hechos concretos como: el cierre del acuerdo con el FMI, la presentación del proyecto de presupuesto, la reducción concreta de algún gasto, la renuncia de algún funcionario…

Es hora de los hechos, no de las palabras.

Hacerse cargo

Antes de cerrar la nota de hoy, creo que es necesario que se haga una autocrítica, especialmente quienes son cómplices de la situación actual, pero dan cátedra como si supieran algo.

Obviamente,  la autocrítica debería comenzar por el propio  gobierno,  quien se vendió en la etapa electoral como quienes mejores estaban capacitados para desactivar la “bomba K”, pero no pudieron hacer mucho.

La segunda debe ser del kirchnerismo. ¿Cómo es posible que, quienes dejaron las finanzas públicas con un agujero de 6% del PBI, quienes dilapidaron USD 100.000 millones de recaudación tributaria solo por retenciones, quienes vaciaron las reservas del Banco Central y fundieron nuestro sistema energético, hoy den cátedra sobre cómo salir de la crisis?

Los bomberos, si antes fueron pirómanos, deberían ser examinados psicológicamente, y lo mismo aplica a quienes desde el kirchnerismo se atreven a dar consejos.

Por último, una mención para el resto de la clase dirigente. Los jueces, que con pura demagogia mandan a frenar los ajustes de tarifas, negando también que existe la escasez y ordenando, por ley, que una parte de los argentinos le pague a la otra el consumo energético.

Los sindicatos, que salen a la calle por cualquier cosa: desde un disposición que iba a reemplazar los resúmenes bancarios en papel por otros electrónicos, hasta para oponerse a nuevas normas laborales que beneficiarían a todos aquellos que no tienen trabajo o trabajan en el sector informal.

Los empresarios prebendarios, que no son todos, pero que con su poder de lobby piden bajar la tasa de interés, aislar a la economía y más subsidios y controles de precios para todo lo que ellos no producen.

Y por último, el votante medio, que aun viendo cómo la Argentina va de crisis en crisis, sigue pidiendo más y más estado.

Tenemos que hacernos cargo de lo que nos pasa. La crisis excede a un partido político en particular. Si nadie está dispuesto al esfuerzo que implica cambiar, si todos van a mirar solo el corto plazo, entonces no hay salida posible.

Espero lo entendamos. Si no lo hacemos,  el dólar a $ 40 es barato.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE