La hora de la prueba

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 20/8/20 en: http://www.laprensa.com.ar/492627-La-hora-de-la-prueba.note.aspx

Desde los albores de la candidatura de Alberto Fernández a la presidencia argentina, se instaló la pregunta sobre si sería él quien detentase realmente el poder, o lo haría en la práctica su candidata a vicepresidente, Cristina Fernández de Kirchner. La duda no estaba fundada en ninguna arbitrariedad. Si ya de por sí el hecho de que un candidato a presidente sea elegido y anunciado por su vice, es una anomalía absoluta en el sistema político internacional, el estilo y la conocida impronta de la ex mandataria, justificaban el cuestionamiento. A poco más de ocho meses de mandato, consideramos que la duda está pronta a resolverse. 

En las últimas horas se ha sucedido la tercera marcha multitudinaria en contra del gobierno del Dr. Fernández. De por sí, este es un hecho inusitado en las casi cuatro décadas desde el regreso de la democracia a nuestro país. Ningún otro gobierno experimentó manifestaciones de este tipo en tan corto plazo, y sin que las mismas fuesen convocadas por ningún tipo de aparato, como se conoce en la jerga. 

Detrás de los manifestantes que ocuparon las calles de todo el país este pasado 17 de agosto, no estuvieron sindicatos, movimientos sociales, el clero o partidos políticos. Y si bien la tipología de la protesta puede recordar a aquellas ocurridas el 8 de noviembre de 2012 o la del 18 de febrero de 2015, suscitada por la muerte nunca esclarecida del fiscal Nisman, éstas se sucedieron en instancias avanzadas de la presidencia de Cristina Fernández, y no en sus primeros meses de gobierno.

Como supo decir con algo de ironía y profundo acierto el politólogo argentino Andrés Malamud en un tweet de ese mismo día, a la marcha la convocó en los hechos el propio gobierno. No solo por el evidente fracaso de las políticas de cuarentena para la contención de la pandemia de covid-19; no solo por el enorme impacto económico de estas medidas sobre una economía que ya sin tales restricciones a duras penas se sostenía a flote, sino porque en medio de una de las peores crisis económicas de la historia argentina, el gobierno de Fernández se embarca en errores no forzados como la estatización de Vicentín y, ahora, la reforma judicial.

En tal sentido, consideramos que en las próximas semanas la incertidumbre que se generó a mediados del año próximo pasado y que encabeza los primeros párrafos de esta nota, habrá de revelarse. Es harto evidente que si el Dr. Fernández quiere consolidar su mandato y avanzar en la gestión del enorme desafío que la crisis generará para su gobierno, deberá hacerlo facilitando un mayor consenso y no una cuarta o quinta manifestación de este tipo. Más aun, considerando que ya siendo evidente el efecto de la crisis en el entramado social, los manifestantes tenderán a incrementarse y no lo contrario.

Si en tal escenario la presidencia continuase impulsando políticas absolutamente innecesarias e inoportunas en el contexto de tal situación, como la actual reforma judicial, se habrá comprobado que Alberto Fernández obedece a mandatos que le son impuestos y que éstos lejos de representar el interés nacional y la razonabilidad política, son en la práctica el reflejo inmediato de la necesidad particular de su vicepresidenta, como muchos ya suponen. Y, lo que es más, estará demostrando que su propia supervivencia política está más condicionada por sus aliados en el gobierno que por la voluntad del pueblo argentino que dice representar.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

«Técnicamente el valor del dólar debería ubicarse en ocho pesos»

Entrevista a Aldo Abram, publicada el 15/5/13 en http://www.laprensa.com.ar/406804-Tecnicamente-el-valor-del-dolar-deberia-ubicarse-en-ocho-pesos.note.aspx

 El economista Aldo Abram es pesimista. Creo que el blanqueo que acaba de anunciar el Gobierno no promoverá el regreso de los capitales sin declarar, como tampoco podrán equilibrar el precio del dólar en el país.

En una entrevista con este diario, el director de la Fundación Libertad y Progreso apuntó que hay un factor de desconfianza que es determinante a la hora de evaluar si volverán o no los capitales no declarados, al tiempo que puntualizó que «técnicamente el valor del dólar debería ubicarse en torno a los ocho pesos».

-¿Cómo evalúa el proyecto del Gobierno?

-Claramente tiene como objetivo tratar de juntar reservas monetarias antes de las elecciones. En el caso particular del Cedin veo muy difícil que alguien que esté por hacer una operación inmobiliaria y que necesite imperiosamente blanquear fondos pueda suscribir este tipo de bono. Además, esto no es algo que quede abierto para siempre, llegado ese tiempo los que necesitan operarán y no se van a quedar, sino que van a ir a buscar los dólares. Entonces, el aumento de reservas allí es prácticamente nulo o ínfimo. Claramente no creo que haya gente que vaya a dejar dólares en los bancos a través de los certificados. Me suena poco creíble un mercado secundario de estos papeles.

-¿Qué opinión le merece el otro bono, el Baade?

-Por el lado del otro bono, en principio va a tener un costo el blanqueo, porque una vez que se compre ese papel va a cotizar no más del 80%. Se puede decir que es una forma de blanquear, que no hay costo, pero aquí están cobrando el 25% de lo que se está blanqueando, entonces ese es un costo implícito.

-¿Cree que regresaran capitales bajo este esquema?

-Mire, cuando todo el mundo está desesperado por sacar dinero y fugarse, ¿por qué alguien va a querer blanquear esa plata? Bueno, allí es una gran incógnita, y el temor es que esto pueda servir para el lavado. Yo no creo que haya mucha gente desesperada por traer su plata al país. Está claro que aquí la gente no quiere tener su dinero. Es una evaluación errónea que hace el Gobierno. ¿Sabe que nos está diciendo el blue?

-La verdad que no.

-Que hay gente que paga cualquier cosa con tal de sacar la plata. Eso demuestra la desconfianza que hay en la Argentina.

-Y qué puede pasar con el dólar entonces?

-Lo primero que hay que entender es que no es cierto que el Gobierno implementó el cepo para no devaluar. Lo que se devalúa es el peso.

-¿No se hizo para frenar la fuga de divisas?

-El Gobierno implementó el cepo de la misma forma que implementó la intervención del Indec: para no reflejar la verdadera depreciación del peso que está generando el impuesto inflacionario, que lo tiene que cobrar para que el Banco Central pueda financiar al Tesoro. De la misma forma, lo está ocultando con el dólar oficial es la verdadera depreciación del peso. Lamentablemente hoy un peso vale menos de un octavo de dólar, es una realidad.

-¿Cuánto seria técnicamente el valor del peso con respecto un dólar?

-Ocho pesos, un poco más a lo sumo.

-Supero los diez pesos la semana pasada.

-Después esta todo el riesgo que ha generado la percepción del cepo.

-¿Y si no lo hubieran implementado?

-El mercado hubiera sido libre y único, y el peso se hubiera depreciado todo lo que se tendría que haber depreciado hasta ahora. Tendríamos un dólar a algo más de ocho pesos. Medidas como el cepo o la reforma judicial diluyen la seguridad jurídica en la Argentina y obviamente la demanda de pesos cae. En realidad, no es que el blue, o el paralelo sube porque todos somos adictos al dólar como piensa el Gobierno. Es el reflejo de la caída del valor del peso. Es decir, la tendencia hacia arriba del blue está dada, en última instancia, por los excesos del Banco Central para financiar al Gobierno, lo que se transforma en una pérdida del valor del peso.

LOS SALTOS

-¿Por qué pegó esos saltos la semana pasada?

-Repito, la tendencia es al alza porque el Banco Central tiene que emitir más pesos que lo que la gente quiere, para financiar al Gobierno mediante el impuesto inflacionario. Pero cuando pega un salto, como fue los últimos días, no es porque el Banco Central tuvo que salir a emitir pesos. Tiene que haber otra explicación. La otra pata de cualquier mercado es la demanda, que somos todos nosotros. Cuando usted ve un salto fuerte, en poco tiempo, del dólar blue, es una abrupta caída de la demanda de pesos. La gente huye de todo activo domestico y se refugia en los externos.

-¿A cuánto estima que puede llegar el dólar?

-No es que el dólar no tiene techo, sino que el peso no tiene piso.

-¿Ninguno?

-No se trata solamente que el Banco Central este depreciando la moneda que tenés en el bolsillo para cobrarte el impuesto inflacionario para darle al Gobierno, sino que es que la gente se harta de que la estafen. O porque empiezan a haber medidas que claramente llevan a una crisis, entonces se huye de los activos domésticos. Cuando eso pasa, lamentablemente, puede llegar un momento extremo -no es que pase mañana esto- donde la mayoría o todos decidamos que es altamente riesgoso permanecer en el peso. ¿Cuánto vale algo que se deja de demandar? Nada.

¿MERCADUCHO?

-¿Cómo incide esto en la actividad económica?

-Es lamentable la posición de funcionarios como Amado Boudou que dicen que el blue es un mercaducho y que no hay que darle bola. Es como un médico que le mide la temperatura a un paciente que tiene 40 grados de fiebre y le dice que tiene un cosita de miércoles ahí. Un medico debe decirle a su paciente que sabe que está enfermo y lo que puede curar.

-¿La economía está enferma?

-Lo mismo ocurre con el dólar paralelo: está reflejando que los argentinos tenemos miedo del peso y de los activos domésticos. Claramente, nadie que tenga miedo y temor va a consumir e invertir, con lo cual peor le va a ir al nivel de actividad y a todos nosotros.

-¿Se percibe algo de esto que usted menciona o todavía no ha tenido incidencia en la economía real, por así decirlo?

-Sí, ya se percibe, clarísimo y va para peor. Para colmo, hay un error de diagnostico del Gobierno. Si no se corrige, lo mas probable es que cada vez que hagan algo, terminen profundizando la crisis.

-¿Cuál es entonces el error de diagnóstico?

-Creer que hay un grupo de argentinos que somos adictos al dólar. Quieren meternos a nosotros en una clínica de adicción y sacarnos la dólarmanía por las buenas o por las malas. ¡Quieren obligarnos a tener pesos! Pero si vos entendés -como yo entiendo- el problema, el diagnostico es que por la falta de confianza en el peso y los activos domésticos, cuanto más me quieras vos obligar a tener pesos, menos pesos voy a tener, más riesgoso es. El Gobierno, en cambio, me debería convencer de lo valioso que es el peso.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

 

Dando muerte a la república

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 1/5/13 en http://economiaparatodos.net/dando-muerte-a-la-republica/

 Los principios de una democracia republicana no se encuentran entre las prioridades K

Es probable que la reforma judicial que se votó la semana pasada en la Cámara de Diputados, y que en los próximos días sería aprobada en el Senado, naufrague tarde o temprano dados sus claros rasgos anti-constitucionales. La retórica y los términos políticamente correctos como “democratizar la justicia” y la “voluntad popular” no pueden ocultar el preocupante avance sobre uno de los poderes del estado por parte de un Poder Ejecutivo que se cree y actúa como si fuese una monarquía. Pero más allá del destino de esta reforma judicial, el significado simbólico de su tratamiento, y del modo en el que el Kirchnerismo ha tratado este tema, muestran que los principios de una democracia republicana no se encuentran entre las prioridades K.

Una reforma para cien años, como han dicho algunos representantes del oficialismo, no puede intentar aprobarse a libro cerrado (posibilidad que ni debería haber sido considerada). Una reforma de esta magnitud merece una discusión profunda, larga, junto al Poder Ejecutivo, que posiblemente requiera más de una elección parlamentaria en el medio. Una reforma para cien años sobre el Poder Judicial no puede realizarse sin consultar la opinión de los afectados, que al pertenecer a otro poder del estado son pares, no súbditos del ejecutivo ni del legislativo. ¿Es esta la práctica democrática de la que tanto le gusta hablar al Kirchnerismo? ¿Cómo reaccionaria el Kirchnerismo si fuese la Corte Suprema la que intentase reformar el órgano de control del Poder Ejecutivo, digamos, poniendo a sus ministros bajo el control del “voto popular”?

¿Cómo calificar a un gobierno que vota una reforma en contra de una manifestación en puertas del mismo congreso, a los pocos días de la que posiblemente haya sido la marcha más numerosa contra un gobierno en la historia del país? ¿Era necesario el apuro mostrado en las sesiones, y la increíble corrección manual de dos votos en la sección más delicada de la reforma? Si esa reforma es tan importante, y va a durar cien años, por qué no construir más consensos con las otras fuerzas políticas, junto al Poder Judicial, y votar la misma más adelante?

Un gobierno que se da el lujo de votar en contra de la gente protestando a metros de los legisladores, que se da el lujo de ignorar fallos judiciales, incapaz de hacer una autocrítica (por no decir limpieza de fondo) ante escandalosas acusaciones de corrupción con larga data, que se da el lujo de defender una inflación que ni el propio ministro de economía cree verdadera, es un gobierno que no necesita dar muerte a la república porque la misma hace tiempo que en los hechos a dejado de funcionar.

El punto en el que se encuentra el país hoy es el resultado natural de un modelo con inconsistencias internas llevado adelante por un gobierno que ha dejado mostrar su corte autoritario desde el principio. Los modelos económicos no son una secuencia de proyectos que se agotan y deben ser cambiados como si fuesen pilas de corta duración, son consistentes o son inconsistentes. Las secuencia de medidas restrictivas sobre la compra de dólares son una muestra patentes de la combinación de medidas inconsistentes a cargo de un gobierno autoritarios que tiene el modelo a su servicio en lugar de tenerlo al servicio de sus representados.

Las instituciones y los principios republicanos son esas ideas abstractas que impiden que el destino de una nación dependa de la ideología y capricho de los gobiernos de turno, que impiden que si usted retiró dinero de un cajero automático en el exterior reciba una carta de tono amenazante por parte del banco central que debe proteger el poder adquisitivo de su dinero en lugar de hacerlo sentir perseguido.

La delicadeza institucional a la que ha llegado el país es también muestra de los incentivos perversos para la nación que reinan en la política argentina y de la falta de principios en aquellos que se han sumado al proyecto oficialista por beneficios de corto plazo, así como de una oposición que no puede ofrecer un proyecto institucional distinto.

El Kirchnerismo ha mostrado que el peronismo, ya sea en su versión menemista o kirchnerista, es un movimiento que se opone a las libertades individuales y a la república. El kirchnerismo ha mostrado que en el fondo el peronismo es un proyecto de poder que busca extraer rentas y recursos de aquellos que dice representar y defender.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y profesor universitario.

 

El Gobierno procura controlar la agenda

Por Enrique Zuleta Puceiro. Publicado el 17/4/13 en http://elestadista.com.ar/?p=3298

Con la propuesta para reformar el sistema judicial, la Presidenta quiere recuperar la iniciativa.

La presentación pública, en el Museo del Bicentenario y flanqueada por representantes de la casi totalidad de las organizaciones representativas de la magistratura, de los seis proyectos legislativos orientados a la conformación de “una Justicia legitima, ágil y democrática” han vuelto a colocar el problema de la reforma judicial en el centro mismo de la agenda política nacional.

El evento, suspendido la semana anterior en razón del fuerte impacto social y mediático de las inundaciones, tuvo poco de sorpresivo aunque no por ello deja de ejercer el principal efecto político buscado. De aquí en más, y seguramente a lo largo de la campaña electoral, la cuestión de la Justicia gravitará de modo decisivo en el debate público y la discusión políticoelectoral. “Quien controla la agenda –reza un viejo principio del management de campañas electorales –controla todo el proceso y si sitúa en una posición de ventaja a veces indescontable sobre el resto de los adversarios en la contienda” .

Las razones son obvias. Quien impone la agenda impone los contenidos, el ritmo, los tiempos y la iniciativa política. Fuerza, al mismo tiempo, al repliegue adversario hacia posiciones defensivas y a actuar por reacción. Cuando ese adversario es, al mismo tiempo, una coalición inorgánica de fuerzas con muy pocas cosas en común y tradiciones interpretativas diversas y contradictorias, la provocación programática logra, como resultado adicional, el agrietamiento de los aliados y la emergencia de factores que dividen y ponen en riesgo los elementos programáticos comunes.

Un buen ejemplo es el del fuerte ataque programático que el Gobierno Nacional desencadenó sobre el Congreso y la opinión pública en el otoño de 2009. No sólo devolvió la iniciativa y el control de la agenda a un gobierno desgastado y deprimido por la derrota electoral del propio Néstor Kirchner en junio del 2009. Lo que es mucho más importante, dividió a la oposición, puso en evidencia sus diferencias, la situó a la defensiva y neutralizo la ventaja parlamentaria lograda en la renovación de las Cámaras. Fue el control de la agenda y su efecto sobre la oposición lo que sentó las bases para la reacción posterior que, sobre todo a lo largo del 2011 hizo posible la victoria demoledora de octubre del mismo año.

La cuestión de la Justicia tiene en este sentido varias ventajas. Al igual que otros proyectos que han cumplido similar cometido con particular eficiencia – las leyes de medios, matrimonio entre iguales y la propia reforma de los códigos civil y comercial– el paquete de reformas tiene todos los atributos para desempeñar la función para la cual han sido diseñados e implementados.

Por un lado, ponen en el centro del debate los aspectos más irritantes de la visión “republicana” de la Justicia: el patrimonio de los jueces, su inadmisible exención impositiva, el ingreso de los empleados a la administración de Justicia, el ingreso y control de las causas, los claroscuros de la administración de los recursos, los privilegios y status de los jueces y magistrados, la parálisis del sistema de nombramiento y remoción de magistrados y, sobre todo, la pretensión del gobierno de los jueces y los excesos del régimen de las medidas cautelares. Desde hace años, las tendencias sociales vienen reflejando un fuerte cuestionamiento social al estado de la Justicia en los temas reseñados.

A partir de la renovación de la Corte, destaca el prestigio y capacidad de liderazgo ganado, a través de la generación de una nueva doctrina judicial que cabalga entre los nuevos atributos del liberalismo judicial, el neoconstitucionalismo y el activismo social y los atributos tradicionales del control republicano de las leyes y actos de gobierno, mediante una concepción renovada y activa del control de constitucionalidad. Sin embargo, más allá del prestigio de la Corte, la imagen de la Justicia en general registra niveles aun más bajos que otros actores de la vida política tradicionalmente cuestionados por la sociedad, tales como los dirigentes sindicales o los senadores.

El debate por la Justicia pondrá sobre la balanza, por un lado, la imagen de ésta y el reclamo social de reformas. Por otro, pondrá en el platillo opuesto el inocultable afán del Gobierno por controlar un poder incómodo, con pretensiones de protagonismo peligrosas para el modelo político vigente y con lazos importantes con la visión política de la oposición. El balance será difícil. Forzará definiciones políticamente costosas para todos y el resultado está muy lejos de ser evidente.

No es el fondo del debate el que interesa por el momento a un Gobierno ansioso por recuperar la iniciativa y, sobre todo, controlar cuanto antes las expectativas de la amplia franja que ocupa el centro del espectro electoral. Este y no otro es el objetivo político real e inmediato. ¿Cederá la oposición a la tentación de aceptar una provocación de esta entidad?

A la luz de la experiencia de estos años, es bastante posible. Resta por considerar, sin embargo la gravitación objetiva de los temas y problemas que el relanzamiento de la cuestión de la Justicia intenta desplazar de la agenda. La realidad tiene sus propios niveles de densidad. En un punto, las alquimias electorales suelen enfrentar límites naturales. Aunque siempre hay margen para que los dirigentes políticos vuelvan a tropezar, una y otra vez con las mismas piedras.

Enrique Zuleta Puceiro es Profesor de la UBA, Sociologo y miembro del Consejo directivo de ESEADE.