Los impuestos y el Estado de Bienestar: cuando es grande se vuelve un lastre para mejorarlo

Por Aldo Abram: Publicado el 4/6/21 en: https://www.cronista.com/columnistas/los-impuesos-y-el-estado-de-bienestar-cuando-es-grande-se-vuelve-un-lastre-para-mejorarlo/

En el Congreso, nuevamente están aumentando los impuestos al sector productivo y, además, evalúan liberar a las provincias de las pocas restricciones aún remanentes de la Ley de Responsabilidad Fiscal, que ya pocas respetan. Un verdadero disparate para un país que, según el Banco Mundial, está en el puesto número 21, entre 191, de los que más exprimen a sus empresas con tributos.

Además, el mismo organismo toma una PyMe que gana bien respecto de sus ingresos y luego analiza qué le pasaría si pagara todos los gravámenes vigentes. La Argentina es uno de los dos países del mundo en el que quebraría. Eso sí, nuestros políticos se la pasan prometiendo que las van a promover, mientras se asombran de la enorme evasión que hay en el sector. Obvio, si todas las PyMes intentaran pagar todos los impuestos, la gran mayoría quebraría.

En general, los argentinos piensan que el problema es solamente el sistema tributario nacional; pero no es así. Hoy debe haber cerca de 170 impuestos y tasas municipales. Algo más de 120 son provinciales y municipales. Es más, estas últimas han logrado inventar más de 80 tasas distintas. La mayoría de ellas no pasarían un análisis de constitucionalidad; ya que no remuneran un servicio, como establece nuestra Carta Magna, sino que son impuestos disfrazados.

GASTO PÚBLICO

Por supuesto, los políticos justifican todo este desquicio tributario en que hay que mantener el gasto público argentino y que no es alto; porque, en términos de la producción total, es similar a los de los países europeos. Una comparación que no tiene ningún sentido. La economía argentina no puede soportar la misma presión tributaria que las naciones desarrolladas. 

Para entenderlo, imaginemos una familia cuyos ingresos son $400.000 por mes y el gobierno le quita la mitad con impuestos para gastarlos. Le quedarán unos $200.000; lo que le permitirá un nivel de vida razonable. En cambio, si a alguien que gana $100.000 se le saca la mitad para el Estado, pasará a estar por debajo de la línea de la pobreza, hoy cercana a $64.000. Pues la relación de ingresos usada es similar a la que hay entre el PBI por habitante de la Unión Europea y el de la Argentina.

Los países desarrollados fueron incrementando su gasto público en la medida que producían cada vez más bienes y servicios; por lo que podían asignar una menor proporción a lo que son necesidades básicas y más a gasto público. Esto no debería llamarnos la atención. Las familias más pobres erogan un mayor porcentaje de sus ingresos en lo que es más necesario para sobrevivir (alimentos, bebidas, vestimentas, medicamentos y energía) que las más ricas, que a su vez pueden gastar más en servicios. 

En términos de país pasa lo mismo, por eso las naciones desarrolladas pueden darse el lujo de tener un mayor gasto público. Sin embargo, tienen que tener cuidado; ya que, si se transforma en un exceso de erogaciones ineficientes, empieza a ser un lastre para incrementar el bienestar económico, cosa que hoy pasa en muchas de esos países.

POR QUÉ AUMENTA LA PRESIÓN TRIBUTARIA

En Argentina, los políticos han convencido a la gente de que un Estado grande impulsa el desarrollo y por ello durante décadas hemos dejado que construyan uno que les sirve a ellos y se sirve de los argentinos. Así es como se impuso que “ajustar” el exceso de gasto público es recesivo. Por lo tanto, para sostenerlo, aumentan los impuestos sobre el sector privado productivo que es el que genera los recursos para pagar sus sueldos y gastos propios y los del Estado a través de los impuestos. 

Como no les alcanza ni exprimiéndonos a más no poder, además el Tesoro necesita tomar deuda y, como es uno el mercado de crédito de un país, dejan sin financiamiento a los que invierten, producen y consumen

O sea, para mantener el tamaño del Estado, se achica (ajusta) al que produce y da trabajo productivo. Por eso, cada vez se genera menos de este último; por que los políticos “generosos” agrandan el gasto estatal tomando más empleados públicos innecesarios. A estos hay que pagarlo, así que le quitan más recursos al sector privado, haciendo que le vaya peor, incentivando a que los gobiernos salgan al rescate de los “excluidos” que cada vez son más en este círculo vicioso de decadencia.

Se ha gestado una idea absurda en la Argentina, de que lo mejor es que el gasto público aumente para beneficiarnos con él; porque otro terminará pagando la cuenta. La realidad es que, en los últimos casi 20 años, el Estado creció tanto que la presión tributaria necesaria para sostenerlo terminó alcanzando a la mayor parte de la sociedad. Cabe tener en cuenta que, en el precio de la gran mayoría de los bienes y servicios, la proporción que se paga de impuestos es mayor al 40% e, incluso, del 50%. Así todo termina siendo muy caro, por lo que se vende y se produce menos, empobreciendo al conjunto de los argentinos, que ya están dándose cuenta de qué es lo que anda mal.

REFORMA Y VOTO

Por eso se necesita una reforma del Estado que lo ponga al servicio de los ciudadanos y que, además, lo puedan pagar con un nivel de impuestos razonable. Para ello, los primeros que tienen que cambiar son los habitantes de Argentina. 

Día a día, la gran mayoría de ellos hacen un gran sacrificio administrando austeramente sus hogares para así evitar que sus familias pasen adversidades. Sin embargo, votan políticos que prometen despilfarrar desde el Estado y llevan el país de crisis en crisis, diluyendo el sacrificio hecho por las familias y destruyendo su nivel de vida. Así que los invito a probar votando a quienes nos prometan administrar las finanzas del sector público con la misma austeridad y responsabilidad que lo hacemos en nuestras casas. Si lo hacemos, que no nos asombre ver que la Argentina cambia de rumbo, brindando más oportunidades de progreso y bienestar para todos.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Las 7 medidas necesarias para cambiar el rumbo de decadencia y volver a la cultura del trabajo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 17/3/2021 en: http://economiaparatodos.net/las-7-medidas-necesarias-para-cambiar-el-rumbo-de-decadencia-y-volver-a-la-cultura-del-trabajo/

Tal vez como nunca, mucha gente -entre ellos, los empresarios- vive una situación de completa incertidumbre sobre su futuro personal y económico, pero hay salida hacia un horizonte mejor

Tal vez como nunca, las personas y los empresarios viven una situación de completa incertidumbre sobre su futuro personal y económico. En las elecciones de 2021 no se juega quién va tener mayoría en diputados para aprobar leyes, sino que se pone en juego la existencia misma de las libertades individuales, con el riesgo que el sistema republicano de gobierno quede en el olvido y sea sustituido por un sistema autocrático. La grieta es, justamente, los que se oponen a reemplazar un sistema republicano liberal por uno autocrático en que el Ejecutivo pasa a tener el poder absoluto de los tres poderes, en particular la justicia, y destruir la democracia desde dentro. Reestablecer un poder monárquico. No sería la primera vez en la historia del mundo que un determinado grupo use la democracia para ganar elecciones y luego, en el poder, la destruya y establezca una dictadura. El ejemplo más cercano que se puede ver es el de Chávez en Venezuela.

De manera que se hace difícil pensar en un 2023 sin un 2021 en que se le ponga un límite a los proyectos autocráticos del kirchnerismo. Pero, al mismo tiempo, la oposición tiene un serio problema que tiene que ver una historia de horrible manejo económico. Puesto de otra manera, Juntos por el Cambio nunca terminó de hacer una autocrítica seria de los errores que cometió en el campo de la economía, mientras sus acérrimos defensores se limitan a decir que no tenían mayoría en ambas cámaras para hacer las reformas estructurales necesarias. La realidad es que nunca parece haber pasado por la cabeza de Cambiemos implementar esas reformas y ni siquiera hubo un mínimo de espíritu en el cambio de discurso.

Por momentos lució más como Continuemos que como Cambiemos.

Gráfico 1

A modo de ejemplo se puede ver el gráfico 1 donde se muestra la evolución de los planes sociales entre 2008 y 2019. Prácticamente se duplicaron punta a punta y a pesar de ellos tenemos cada vez más pobres. Además durante el gobierno de Juntos por el Cambio pasaron de 10,6 millones de beneficiarios a 12,8 millones de beneficiarios, un aumento del 20,8% en solo la cantidad de planes sociales.

La economía argentina tiene un monumental problema por delante. Nivel de gasto público y su pésima calidad, un sistema tributario delirante, no tiene moneda, carece de ahorro interno para financiar el consumo y la inversión, tiene regulaciones que paralizan la capacidad de innovación de los agentes económicos y vive de espaldas al mundo. Vivir con lo nuestro refugiada en el proteccionismo.

Para salir de esta larga decadencia hay tres pasos gigantescos a dar: 1) frenar al kirchnerismo en octubre para mantener un sistema republicano y preservar las libertades individuales más elementales, 2) empezar a construir una mayoría en el Congreso que, en caso de Cambiemos llegar al gobierno en 2023, apoye las reformas necesarias. No sea cosa que de tanta mezcla ideológica, si en 2023 es nuevamente gobierno, termine teniendo en el Congreso a la oposición en sus propias filas porque se oponen a ciertas reformas mínimas que hay que llevar adelante para salir de esta decadencia y 3) acordar las medidas económicas mínimas indispensables a aplicar para torcer el rumbo de colisión del barco y enfilarlo hacia puerto seguro. El primer paso económico para iniciar la recuperación.

¿Cuáles serían esos ejes mínimos de política económica que habría que aplicar para poner en marcha la economía? No se pide aquí el máximo posible que uno quisiera, sino el mínimo del cual no se puede bajar porque se caería en otro fracaso económico.

Antes de enumerar las medidas conviene aclara que no hay equipo económico que pueda solucionar el problema económico, si detrás no hay una dirigencia política convencida del camino a seguir y dispuesta a apoyar contra viento y marea el mínimo de medidas a aplicar para iniciar la recuperación o, si se prefiere, cambiar el rumbo de colisión del barco. En otras palabras, no vale el contrargumento que no se tiene el poder político para aplicarlo o que en Argentina es imposible por el peronismo porque si esos fueran los casos, entonces estaríamos frente a propiciadores del desánimo y sin ganas de dar pelea. Buscando excusas para no hacer lo que hay que hacer. O buscando excusas para seguir con esta decadencia.

Las medidas mínimas a aplicar serían 7:

  • Reforma monetaria. Argentina carece de moneda. Destruyó el peso moneda nacional, el peso ley 18.188, el peso argentino, el austral y este que está agonizando. Sin moneda no se puede hacer cálculo económico. ¿Cómo hace un empresario para estimar la rentabilidad de una inversión si no puede calcular costos hacia el futuro porque el peso se deprecia día a día? ¿Cómo se otorga crédito de largo plazo sin estabilidad en los precios? Sin moneda no hay metro para medir. En este sentido, quitarle el curso forzoso al peso y establecer el curso legal de otras monedas daría lugar a que la gente pudiera optar por hacer sus contratos en la moneda que le merezca más confianza y tengan cierta estabilidad en el tiempo.
  • Reforma laboral. En este punto lo mínimo que se pide es que toda nueva persona que pueda ser contratada por una empresa no esté amenazada por la industria del juicio que genera pánico, en particular en las PYMES, a la hora de contratar personal. Muchas empresas, aun habiendo pagado la indemnización correspondiente, luego tiene que enfrentarse a costosos juicios laborales traídos de los pelos en los cuales, generalmente, pierde los empresarios, lo cual hace que las empresas no quieran ampliar sus plantas de personal.

Considerando la delicada situación de desocupación, pobreza e indigencia que hoy rige en Argentina, flexibilizar este mercado para alentar a que las empresas contraten personal, pasa a ser un punto clave. Incluso si se va a hacer una reforma del estado que transfiera empleados del sector público hacia el sector privado.

  • Una amplia desregulación de la economía que libere la capacidad de innovación de la gente y quite costos altísimos que le quitan competitividad a las empresas.
  • Transformar los planes sociales en algo transitorio, obligando a todo beneficiario de plan social a hacer un curso de algún oficio (electricista, plomero, carpintero u otros oficios que le den una rápida salida laboral). El beneficiario de un plan social hará ese curso o perderá el beneficio del plan. Una vez finalizado el curso, se le irá reduciendo el plan social un 20 por ciento mensual para darle 5 meses para que consiga clientes que contraten sus oficios. Esto junto con el monotributo social es perfectamente posible y empezaría a reestablecer la cultura del trabajo en vez de la cultura de la dádiva.
  • Reforma del estado. El problema del gasto público en argentina es doble: alto e ineficiente. Lo primero que hay que hacer es bajarlo para ir lo más rápido posible al equilibrio fiscal, luego se irá trabajando con tiempo en la mejora de la calidad del gasto que llevará más tiempo. La eliminación del déficit fiscal lo más rápido posible es porque Argentina carece de instrumentos para financiar el déficit y depender del crédito externo es tan riesgoso como que Cambiemos quedó colgado del pincel en abril de 2018 cuando se acabó el financiamiento externo para cubrir el déficit fiscal. Cuando bajaron la persiana todo voló por los aires. Por eso es imperioso ir rápidamente a la eliminación o reducción a niveles manejables de un déficit fiscal mínimo.
  • Reforma impositiva. Simplificar el sistema tributario y bajar la carga impositiva es clave para atraer inversiones. Argentina no solo no tiene seguridad jurídica afianzada sobre los derechos de propiedad, sino que, además, las personas y las empresas son explotadas impositivamente de tal manera que ya tiene éxodo de empresas y personas hacia otros países en busca de otra residencia fiscal. No es posible crear puestos de trabajo sin inversiones, y no es posible atraer inversiones con esta carga tributaria.
  • Integración de la economía argentina al mundo. Nadie va a hacer grandes inversiones, y por lo tanto crear muchos puestos de trabajo, para abastecer un mercado interno de 44 millones de habitantes donde casi el 50% de la población es pobre, otra parte indigente y los que no son pobres o indigentes están con el agua al cuello. Para abastecer ese mercado interno no hacen falta inversiones. En cambio, si se orienta la economía argentina hacia la exportación, las empresas tendrán que tener mayores volúmenes de producción para exportar y eso atraerá inversiones y creación de puestos de trabajo.

En este sentido, no se puede desaprovechar el acuerdo MERCOSUR-UE que da acceso a un mercado de casi 450 millones de habitantes con un ingreso per capita de US$ 34.000 anuales, con la ventaja que el acuerdo es que la UE baja más rápido los aranceles y le da tiempo al MERCOSUR para bajar sus aranceles y hacer competitivas sus empresas.

Una vez que se logre incrementar notablemente las exportaciones gracias a las inversiones y las reformas estructurales, bajará la desocupación, irá mejorando el ingreso real de la población y se podrá terminar con la pobreza aumentando el consumo. Creer que Argentina sale estimulando el consumo interno antes de exportar es un grosero error conceptual o puro populismo.

En síntesis, siendo esta una nota periodística, no es el lugar para explayarse ampliamente sobre cada medida, pero sí tener en cuenta que esas 7 medidas económicas son las mínimas indispensables para girar el rumbo del barco y ponerlo proa al norte para empezar a navegar a toda velocidad hacia la prosperidad.

Nadie dice que esto vaya a ser sencillo, pero lo que no se puede es insistir con más empleo público, más planes sociales, más impuestos y más violaciones a los derechos de propiedad.

Seguramente quedarán más medidas a adoptar para que Argentina vuelva a ser un país que ofrezca oportunidades a sus hijos, como en el pasado les ofreció oportunidades a nuestros abuelos que vinieron a la Argentina porque era el país que ofrecía un futuro.

En síntesis, Argentina tiene que terminar con la cultura de la dádiva y volver a la cultura del trabajo. El camino para empezar a transitar esa reconversión hacia la cultura del trabajo serían estas 7 medidas mínimas a aplicar.

Que la dirigencia política argentina y la población se meta bien en la cabeza que no se va a salir con gente viviendo de planes sociales, sino trabajando. Crear las condiciones para volver a la cultura del trabajo es el primer paso para terminar con la larga decadencia argentina.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

El 2019 será todo un desafío económico para Cambiemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 17/12/18 en: https://www.ambito.com/el-2019-sera-todo-un-desafio-economico-cambiemos-n5005402

 

Las tensiones en el mercado de cambios y financiero y la inflación serán predominantes para ver cómo llega el oficialismo a las elecciones de octubre.

El 2019 será todo un desafío económico para Cambiemos

El 2019 va a estar económicamente condicionado por factores políticos y otros puramente económicos. El factor político tiene que ver, obviamente, con las elecciones presidenciales, dato que en Argentina no es un tema menos porque vamos a los bandazos entre populismos autocráticos y populismos menos agresivos con los derechos individuales, pero ambos populismos al fin.

En lo estrictamente económico, el nivel de actividad, las tensiones en el mercado de cambios y financiero y la inflación, serán predominantes para ver cómo llega el oficialismo a las elecciones de octubre.

En lo que hace al nivel de actividad, los motores de la economía son tres. A saber: 1) consumo interno, 2) inversiones y 3) exportaciones.

Siendo que el ingreso real depende de la tasa de inversión y considerando que esta está estancada, se hace muy difícil imaginar que en los próximos meses el salario real vaya a recuperar terreno en forma significativa como para movilizar la economía. Es difícil imaginar un aumento artificial del consumo interno como en la era k porque ya no queda stock de capital para ser utilizado para financiar el consumo interno. Recordemos que en la era K el estímulo al consumo interno se basó, entre otras cosas, en consumirnos 12 millones de cabezas de ganado para tener, durante un tiempo, barato el asado de tira. Que nos consumimos el sistema energético estableciendo tarifas artificialmente bajas y financiando solo la compra de insumos dejando que el sistema energético se cayera a pedazos. Lo mismo se hizo con el agua potable, el transporte público, las rutas, los trenes, etc. Lo que la gente se ahorraba por consumir servicios públicos artificialmente bajos, se destinaba a pagar la cuota del televisor, el celular, etc., mientras se caía a pedazos la infraestructura del país.

También se financió el consumo confiscando los ahorros de aquellos que habíamos aportado a las AFJP, decisión que fue letal para el crecimiento económico porque se le quitó financiamiento de largo plazo a la economía argentina.

Todos estos artificios para financiar consumo interno no están a la vista y el acceso al crédito internacional para aumentar el gasto público y estimular el consumo interno va a estar restringido, por no decir ausente. De manera que se podría descartar el consumo como factor que movilice la economía. Lo mejor que podría ocurrir es que el salario real deje de caer.

Delirio

Suponer que la inversión se va a transformar en el motor del crecimiento económico en los próximos meses es casi un delirio. Nadie va a invertir en un país con la incertidumbre política que en particular tiene la Argentina ante cada elección, dada la inestabilidad en las reglas de juego. Hoy las encuestas muestran cierta paridad en intención de voto entre Macri y Cristina Fernández. Ambos tienen un núcleo duro de votantes de aproximadamente el 30% y el resto está desconforme con la gestión de Cambiemos pero tiene miedo a que vuelva el kirchnerismo. Todo parece indicar que la elección se va a definir entre la billetera y el rechazo a la vuelta del kirchnerismo. Ahí la clase media y la clase media baja van a definir el partido.

Ahora bien, como decía antes, supongamos que llegando a las elecciones se despejara el horizonte político y mostrara a un Macri ganando cómodamente las elecciones, ¿ese escenario podría traducirse en un mayor flujo de inversiones en el sector real de la economía que contrate personal, baje la tasa de desocupación, incremente la masa salarial y el consumo interno? Francamente veo bastante complicado que con encuestas que muestren una baja probabilidad de retorno del kirchnerismo vaya a producirse la lluvia de inversiones que no se produjo en estos 3 años que gobierna Cambiemos. Es que los cambios estructurales que se necesitan para atraer inversiones parecen ir más allá de la mayoría que necesitaría el oficialismo en el Congreso para implementarlas. Más bien todo parece indicar que no está en el espíritu o la filosofía de Cambiemos ir hacia las reformas estructurales necesarias, especialmente en materia de reforma del estado, del sistema tributario y de la legislación laboral.

Tanto el Presidente como sus principales laderos parecen despreciar la importancia de la macroeconomía y consideran que todo es un problema de gestión. Es decir, administrar eficientemente el Estado y los recursos de los contribuyentes. En definitiva, el principal error de Cambiemos es creer que un sistema intrínsecamente ineficiente, el populismo, puede transformarse en eficiente con un buen managment. Con esta carga tributaria, esta legislación laboral, este nivel y calidad del gasto público es impensable hasta una garúa de inversiones, de manera que hay que descartar que las inversiones vayan a movilizar la economía en 2019 aun con encuestas que muestren el escenario político despejado. ¿Por qué Cambiemos modificaría su política económica si no lo hizo en 2015 cuando tuvo oportunidad de contar en detalle la herencia recibida, ni en 2017 luego de haber ganado en forma categórica las elecciones de medio término?

El único motor que le queda para llegar hasta octubre con una economía que deje de caer como actualmente ocurre, será el de las exportaciones, siempre y cuando no dejen caer nuevamente el tipo de cambio real como hicieron en 2017. Si el tipo de cambio real se mantiene en estos niveles. Tanto el sector agropecuario, como las economías regionales, el turismo y alguna sustitución de importaciones puede frenar la caída en el nivel de actividad, pero tampoco debe esperarse una estampida de reactivación. Solo frenar el proceso recesivo en el que estamos al momento de redactar estas líneas.

En términos de actividad, el escenario es, a mi juicio, el planteado más arriba, sin embargo la mayor preocupación debería estar en no tener una crisis cambiaria y financiera.

Sabemos que el gradualismo requirió de endeudamiento externo para financiar el déficit fiscal. También sabemos que esos dólares de crédito externo había que transformarlos en pesos para pagar los sueldos, las jubilaciones, etc. y que el BCRA compraba esos dólares contra expansión monetaria que le entregaba al tesoro a cambio de las divisas de la deuda. Luego retiraba los pesos emitidos colocando Lebac, que lo llevó a acumular un stock de Lebac de $ 1,3 billones que se transformaron en inmanejables.

Esas Lebac fueron reemplazadas por las Leliq y a fines de año el BCRA tendrá un stock de Leliq de aproximadamente $800.000 millones pero pagando una tasa de interés todavía sustancialmente mayor a las que pagaban las Lebac. ¿Qué hace pensar que el cambio de las Lebac por las Leliq aleja el peligro cambiario y financiero?

El hecho que las Leliq las tengan los bancos y no los particulares no es un cambio estructural porque los bancos compran esas Leliq con los fondos de sus depositantes. El depositante no compara la tasa de interés contra la tasa de inflación. Compara la tasa de interés que le paga el banco contra el tipo de cambio esperado. Si estima que la tasa le va a ganar al dólar, sigue apostando a la tasa. Si cree que el tipo de cambio va a subir más que la tasa, retira su plazo fijo y compra dólares. Esta historia la vimos muchas veces en Argentina.

Supongamos que el inversor decide retirar sus depósitos a plazo fijo de los bancos, la pregunta es: ¿con qué le paga el banco si tiene Leliq en su activo? El banco tendrá que pedirle al BCRA que le de los pesos a cambio de las Leliq y el BCRA no tiene los pesos para pagar las Leliq. Tiene que emitirlos. De manera que el cambio de Lebac por Leliq no solucionó nada.

¿Qué puede llevar al inversor a salir del plazo fijo y pasarse a dólares? En primer lugar ningún inversor devenga indefinidamente sus ganancias. En algún momento las realiza. En segundo lugar, si el escenario político mostrara alta incertidumbre sobre el resultado de las elecciones de octubre podría generar un cambio de cartera. En tercer lugar, estos arbitrajes siempre saltan en el momento menos pensados y por la causa menos sospechada. Son muy inestables.

En síntesis, 2019 se presenta complicado para el Gobierno, no solo porque es un año electoral, sino porque tiene que lograr llegar a las elecciones con la economía dejando de caer en su nivel de actividad y rezando para que los inversores no decidan realizar sus ganancias en dólares antes de octubre por el arbitraje tasa versus dólar.

No será un año fácil en lo económico para la gente y para Cambiemos en particular 2019 se presenta como todo un desafío.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE  

“Los poderes legislativo y judicial deberían reducir sus planteles”

Por Aldo Abram: Publicado el 8/9/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/09/08/los-poderes-legislativo-y-judicial-deberian-reducir-sus-planteles/

 

Seguidamente agregó que “después de este primer paso dado por el Ejecutivo nacional, también debieran hacer una reducción de planteles los poderes legislativo y judicial, donde hay una superpoblación que es necesario ordenar”.
Según el director ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso, “si la reforma del Estado anunciada ayer se cumple de manera efectiva se podría estar ahorrando casi un cuarto de todo lo destinado a sueldos de la administración central, que no es poca cosa”.
No obstante, Abram advirtió que “habrá que esperar si los anuncios se implementan de manera correcta o si se trata solamente de un maquillaje de cambios de nombres pero sin disminución del gasto”.
Al mismo tiempo, el economista explicó que el organigrama del Estado nacional está compuesto por tres mil reparticiones, “muchas de ellas sin funciones necesarias y otras con superposición de tareas”.
Y dijo que “es fundamental saber que dentro de cada una de esas tres mil reparticiones hay personas que es necesario atender debidamente y más en este momento de crisis”.

Por eso desde su punto de vista “existen mecanismos como la jubilación anticipada para quien esta cerca de esa edad, los retiros voluntarios y a través de la ley de empleo la posibilidad de seguir pagando el sueldo a ese empleado público por uno o dos años hasta que se lo capacite en una tarea en la cual se pueda insertar en el ámbito privado de su comunidad, generando así empleo productivo”.

A nivel local

El economista explicó que “también las provincias y los municipios debieran mirar hacia adentro de sus estructuras para ver de qué manera pueden hacer más eficiente su tarea eliminando organismos o cargos públicos que son verdaderas lacras para un desarrollo armónico de la sociedad”.
Luego aclaró que “en un país federal como el nuestro cada jurisdicción tiene autonomía sobre su funcionamiento, por eso deben ser los gobernadores y en el caso de las comunas, los intendentes, quienes tomen real conciencia de la crisis que estamos atravesando y se pongan a la altura de las circunstancias”.
Según Abram, “ningún dirigente político se puede hacer el distraído. Todos de alguna manera llegaron a sus cargos para estar al servicio de los ciudadanos, sobre todo los más pobres que siempre son los más afectados por la inflación y la devaluación”.
Con respecto a la dureza del ajuste presupuestario para el año que viene, que buscará alcanzar el déficit cero, Abram dijo que “la realidad indica que no había otra opción para tomar. Nadie quiere financiar nuestro gasto.
Por lo tanto creo que legisladores y gobernadores deberán ayudar a lograr este presupuesto porque en definitiva son las provincias las que primero se quedarán sin crédito si no se logra sacar un presupuesto acorde a las exigencias del momento y al acuerdo alcanzado con el Fondo Monetario Internacional (FMI)”.

Consultado sobre si podría haber un impacto negativo para la continuidad de algunas políticas públicas esenciales en el interior del país a partir de la desaparición de algunos ministerios, el experto en economía explicó que “el éxito de esta reestructuración del Estado radicará en dejar que sigan funcionando las políticas sin sobrecargarlas de burocracias que entorpecen y no suman. Nadie busca que desaparezca la presencia del Estado donde se lo necesite. Lo que se busca es evitar una superpoblación de empleados públicos que no hagan nada”.

Las retenciones 

Sobre el anuncio de Macri de aplicar mayores retenciones a toda la producción nacional que se exporta, Abram señaló que “es evidente que se trata de una medida de extrema necesidad que no hubiese sido tomada si pudiéramos tener otra salida. Pero la verdad es que es un mal necesario al que se apeló para tratar de que el esfuerzo sea compartido por todos”.
Seguidamente, aclaró que aunque los sectores alcanzados por la medida protesten, “es necesario advertir que se trata de firmas que estaban exportando a fines del año pasado a un dólar a 17 y ahora lo están haciendo a un valor de 40 pesos, es decir no se trata de un rubro al borde de la quiebra, sino más bien de un sector con formidable ganancias”.

Finalmente Abram destacó que le hubiese gustado que “la medida de avanzar sobre las retenciones sea anunciada con una determinada fecha de caducidad, para hacer efectivo eso de que es transitorio y no de algo que llegó para quedarse para siempre, como lamentablemente estamos acostumbrados los argentinos cuando nos aplican algún nuevo impuesto temporal y después nadie lo levanta”.

La corrida cambiaria 

Consultado sobre la vertiginosa subida del dólar durante la semana pasada, Abram manifestó que “la corrida cambiaria es como una bola de nieve que si se la deja seguir su rumbo tiende a crecer, por lo tanto el Banco central debiera frenar esa acción con los instrumentos que tiene a disposición para hacerlo”.

Seguidamente, el economista dijo que “en esta terapia intensiva en la que se encuentra la Argentina se necesitan dos cirujanos que operen con la mayor precisión posible, por un lado el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne y por el otro lado el titular del Banco Central, Luis Caputo, frenando la corrida cambiaria, porque esa bola de nieve nunca se frena sola”.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Brujos de la economía y charlatanes de la política

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 28/11/17 en: https://www.infobae.com/opinion/2017/11/28/brujos-de-la-economia-y-charlatanes-de-la-politica/

 

Los políticos no solo opinan de economía sin saber, también toman medidas o votan leyes que hacen verdaderos destrozos

 

Los “charlatanes” de la política y los “brujos” de la economía proponen soluciones mágicas a problemas estructurales. (Nicolás Aboaf)
Los “charlatanes” de la política y los “brujos” de la economía proponen soluciones mágicas a problemas estructurales. (Nicolás Aboaf)

Es muy común que gente sin formación profesional en economía opine con toda soltura y formule afirmaciones que son verdaderas burradas.

Esto suele pasar mucho en la dirigencia política. En efecto, la política, que se ha transformado en un fenomenal negocio para muchos que la practican, exige quedar bien ante el votante y, por lo tanto, opinan sin conocer. Lo grave con los políticos que opinan de economía sin saberes que no solo opinan, sino que también toman medidas o votan leyesque hacen verdaderos destrozos.

Una vez más se ha puesto de moda el argumento de que la restricción política impide adoptar ciertas medidas económicas. Las restricciones políticas y sociales harían inviable la solución a los problemas económicos generando un caos social y político, por lo tanto esto es lo máximo que se puede hacer.

Uno puede entender ciertas restricciones políticas y sociales, ahora relatar que no se pueden adoptar las medidas económicas necesarias por las mencionadas restricciones no implica que todo vaya a marchar sobre ruedas. En todo caso, los practicantes de la brujería económica no están haciendo otra cosa que relatar por qué vamos a tener problemas. Nos relatan por qué vamos a chocar y creen que relatándonos el choque, mágicamente los problemas se solucionarán.

En su libro El economista y la políticaWilliam Hutt analiza cuál es la función de los economistas que participan de la política. Resulta bastante claro que, muchas veces, los economistas terminan formulando propuestas económicas que se acomodan a los deseos de los políticos. Normalmente este comportamiento obedece a que los políticos suelen decir que tal o cual medida económica es políticamente inviable. Ante esta afirmación los economistas suelen acomodar la medida económica al gusto del político para hacerla políticamente viable, por más que lo políticamente viable sea una gigantesca payasada.

Dice Hutt en una parte de ese libro que muchas veces los economistas asesoran a los políticos para que estos terminen actuando como si no hubiesen sido asesorados por economistas. En otras palabras, si el economista acepta las llamadas restricciones políticas, lo más probable es que el político haga lo que le parece, como si nunca hubiese consultado a un economista.

Debo reconocer que es fácil para nosotros, los economistas, criticar a los políticos por ineptos, pero la realidad es que dentro de nuestro gremio ha habido cada economista en la función pública que mejor perderlo que encontrarlo. A esos economistas los llamo brujos de la economía. Ya sea por blandos, por baja capacidad profesional o solo por permanecer cerca del poder, muchos colegas han sido responsables de la decadencia económica argentina. Y luego están los charlatanes de la política que pontifican sobre economía y no tienen ni idea de cómo funciona esa ciencia.

Más de una vez, algún economista ha aceptado la restricción de lo “políticamente inviable” y terminó creyendo que podían sustituir una medida de reforma estructural con algún artificio financiero, monetario o cambiario. En la década del 80 caímos en la hiperinflación porque creyeron que los artificios financieros del Banco Central, manejando el endeudamiento, la tasa de interés y el tipo de cambio, era un sustituto de la baja del gasto público para equilibrar las cuentas del Estado.

Durante el gobierno de De la Rúa se creyó que el endeudamiento, como el blindaje y el megacanje, eran sustitutos de las reformas estructurales, en particular sustituto de la baja del gasto público. Lo echaron a Ricardo López Murphy por proponer una baja del gasto de USD 3.000 millones, porque era políticamente inviable y a los pocos meses, más precisamente en julio de 2001, terminaron bajando las jubilaciones y los sueldos de los empleados públicos bajo el nombre de política de déficit fiscal cero.

Pero la diferencia entre lo que proponía Ricardo López Murphy y lo que se hizo en julio de 2001 es que López Murphy proponía una reforma del estructural del Estado que permitiera bajar el gasto para equilibrar en forma ordenada las cuentas del sector público, en tanto que el déficit cero no implicaba una reforma estructural del sector público sino un corte horizontal para equilibrar las cuentas, es decir sin establecer prioridades en el gasto para dejar de gastar en lo que no era función esencial del Estado y así disminuir las erogaciones.

Recordemos que el rechazo de la dirigencia política a la propuesta políticamente “incorrecta” de López Murphy de bajar el gasto público porque iba a crear un caos social y político, terminó en una crisis político-institucional en diciembre de 2001, el corralito, el corralón, la confiscación de los depósitos, la pesificación asimétrica, una gigantesca devaluación y el estallido de la pobreza y la desocupación con una caída del PBI del 15% en 2002. En definitiva, estos que practican la brujería económica y la charlatanería política terminan haciéndole un daño inmenso a la población.

Pensemos que el gasto público se puede financiar de la siguiente manera:

1) Con impuestos
2) Con emisión monetaria
3) Con deuda pública interna y externa
4) Consumiendo el stock de capital
5) Confiscando activos

El kirchnerismo ya usó 4) y 5) al destruir el sistema energético, las rutas, el stock ganadero, etc., y el 5) cuando se apropió, con complicidad de casi toda la dirigencia política, de nuestros ahorros en las AFJP.

Con impuestos ya estamos en el límite, al punto tal que el presidente Macri reconoció que el contribuyente está agobiado. Emisión monetariase está utilizando, dado que el BCRA viene expandiendo el circulante a una tasa del 35% anual con adelantos transitorios al Tesoro que aumentaron el 112% en los últimos 12 meses, luego de haber colocado deuda interna vía LEBAC que ya supera el billón de pesos y aumentó el stock de esas letras un 64% en los últimos 12 meses.

Deuda externa también se está utilizando y el total de deuda colocada por el Tesoro en lo que va del gobierno de Cambiemos aumentó en USD 53.000 millones.

 La brujería económica y la charlatanería política terminan haciéndole un daño inmenso a la población

En definitiva, se están utilizando todos los instrumentos posibles para financiar el gasto público en esta política gradual y aun así el déficit fiscal consolidado, sin considerar el gasto cuasifiscal, no baja. Se mantiene en 7,5% del PBI como lo dejó el kirchnerismo, con lo cual se generan dudas sobre la efectividad del gradualismo. En rigor el déficit tenderá a aumentar por el mayor monto de intereses a pagar por el incremento del stock de la deuda pública que se toma para financiar el gradualismo.

Nadie está proponiendo echar a 1 millón de empleados públicos de un día para otro o eliminar en 24 horas todos los planes “sociales”. Esa es una caricatura que hacen los charlatanes políticos para quedar bien con los que los ponen en las listas de candidatos o bien porque quieren seguir currando con el negocio de la política.

Aprendamos de nuestro pasado cuando se creyó que tomar deuda era sustituto de reformas estructurales y pensemos que es mejor aplicar una política de shock anunciando un plan económico completo con reforma del Estado, tributaria, laboral, etc. y luego ir aplicándolo gradualmente a lo largo del tiempo, pero con la suficiente velocidad como para no terminar estrellados porque el financiamiento del gradualismo se corta antes.

Con el capital político que ha logrado Macri en las últimas elecciones, todavía estamos a tiempo de evitar otra desilusión si no se le hace caso a los brujos de la economía y a los charlatanes de la política que tanto daño le han hecho a la Argentina.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Presupuesto Base Cero como solución al Estado de Bienestar

Por Adrián Ravier. Publicado el 13/11/12 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/11/13/presupuesto-base-cero-como-solucion-al-estado-de-bienestar/

Muchos lectores coincidirán conmigo que la crisis europea en general, y la crisis de España en particular, es la crisis del Estado de Bienestar. ¿Cómo enfrentar una reforma integral del Estado que permita ordenar las finanzas públicas y terminar con los desequilibrios? La respuesta, me parece, la encontramos en una herramienta poco estudiada: “El presupuesto base cero” o el “Zero Based Budgeting” (ZBB).

El presupuesto base cero tiene su origen en el mundo de la empresa, específicamente en 1970, cuando Peter Pyhrr, su creador, lo introdujo en la empresa americana Texas Instruments. El caso fue exitoso, y poco a poco se extrapoló a otras empresas, hasta que en 1971, Jimmy Carter contrató a su creador para aplicar la herramienta a la administración estatal. Primero como gobernador del Estado de Georgia, luego como Presidente de los Estados Unidos, Carter utilizó esta herramienta para enfrentar el proceso inflacionario de los años 1970.

Con el tiempo la práctica se extendió al Reino Unido, Singapur, Nueva Zelanda y algunos otros estados de Norteamérica.

La mayor ventaja de este sistema, es que ignora la práctica habitual de considerar el gasto del año anterior y sumar algo más de dinero a cada partida. En este caso, se ignora la historia presupuestaria del gobierno municipal, provincial o nacional, y se reconsidera, o reevalúa, la necesidad de cada partida, tanto histórica como nueva. En otras palabras, se busca que se vuelva a justificar cada una de las partidas del nuevo presupuesto.

Algunos analistas insisten en que esta propuesta requiere de mucho tiempo, puesto que se debe reelaborar todo el presupuesto, o más bien, volver a discutir cada función del estado.

Mi impresión es que esta herramienta debieran utilizarla todos los gobiernos, al menos una vez cada década, justamente para mejorar la calidad del Estado, pero especialmente en casos de crisis fiscales como la del Estado de Bienestar Europeo de hoy.

Acceda aquí a un artículo de The Economist sobre el tema.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.