Las tres opciones económicas que se le abren al Gobierno a partir del 23 de octubre

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/10/17 en: https://www.infobae.com/opinion/2017/10/10/las-tres-opciones-que-se-le-abren-al-gobierno-a-partir-del-23-de-octubre/

 

Si el resultado electoral del 22 de octubre es el que se perfila actualmente, Mauricio Macri va a tener un importante capital político que, aunque no le permita tener el control de ambas cámaras legislativas, le otorgará un mayor margen de maniobra que el que tuvo hasta ahora.

Insisto, de confirmarse el resultado electoral que se vislumbra, el Presidente tendrá una segunda gran oportunidad de torcer el rumbo de decadencia económica que lleva siete décadas en Argentina, considerando que una gran primera oportunidad, a mi juicio desperdiciada, fue el 10 de diciembre de 2015 cuando asumió la presidencia. En ese momento, si se hubiese detallado claramente la herencia recibida del kirchnerismo, el margen de acción le hubiese permitido adoptar medidas económicas más contundentes que las que se adoptaron hasta ahora.

Sin duda que hoy el ambiente económico institucional es el día y la noche respecto a los nefastos años del kirchnerismo. No sólo ya no tenemos a la AFIP haciendo de KGB que persigue a los que piensan diferente, las interminables cadenas donde CF vendía un mundo irreal y no existen las medidas delirantes de Moreno y de Kicillof, entre otras cosas. Sin duda ahora somos vistos con respeto en el mundo. Ya no somos los impresentables que fuimos durante la era k.

No obstante, creo que sería un error comparar la actual situación con la era k como punto de referencia para saber si mejoramos o no, porque estaríamos poniendo la vara muy baja. El kirchnerismo nos dejó en el quinto subsuelo y no se necesita gran cosa para superar esa situación para mostrarse algo mejor. En todo caso en el gobierno de Fernando De la Rúa tampoco había controles de precios, ni de cambios, ni cepo cambiario y se llegó a una crisis final por no encarar las reformas de fondo y pensar que sólo con el cambio de expectativas que generaría la presencia de Domingo Cavallo y reestructurando la deuda pública el transcurso del tiempo iba a solucionar los problemas, algo que, como todos sabemos, no sucedió.

Si, como decía antes, el 22 de octubre, luego de contar los votos, Macri logra incrementar sustancialmente su capital político, el interrogante que queda por delante es cuál de los siguientes tres escenarios económicos se dará:

1. Que se duerman en los laureles y piensen que lo que les sirvió para ganar las elecciones también sirve para manejar la economía de aquí hasta el 2019, es decir, seguir endeudándose para financiar el déficit fiscal apostando a que, por algún efecto mágico, la economía va a crecer y del exterior nos van a financiar indefinidamente. En ese caso la economía estará en manos de Dios porque por el motivo menos pensado puede cortarse el financiamiento externo.

2. Ver si el Gobierno está dispuesto a adoptar las medidas mínimas necesarias para domar la pesada herencia k que todavía no fue desarticulada. Salvo los casos del cepo y las cosas más guarangas como los controles de precios, el gasto público sigue siendo un enorme peso para el sector privado, al igual que la carga tributaria, el retraso de las tarifas de los servicios públicos que fueron ajustadas pero todavía tienen que subir más y desarmar ese nefasto negocios de los “programas sociales” por el cual generaciones de jóvenes crecen viendo cómo sus padres viven sin trabajar. La famosa destrucción de la cultura de trabajo.

3. Adoptar un plan económico que no sólo permita dominar la herencia k sino, además, dar otro paso adelante y adoptar aquellas medidas que nos pueden llevar, en un par de décadas, a ser un país desarrollado. No nos olvidemos que Brasil acaba de corrernos el arco y nos exigirá más esfuerzo en las reformas dado que si aquí no se hace una reforma laboral importante, ni las migas de las inversiones que van a Brasil van a caer por estas tierras.

La primera opción luce poco viable. En lo que va de 2017 las reservas del BCRA aumentaron en USD 11.418 millones y todo ese aumento se explica por las compras de divisas que dicha entidad le hace al Tesoro que se endeuda para financiar el déficit fiscal.

La expansión de circulante es del 34,5% anual luego de colocar Letras del Banco Central y pases netos para absorber la liquidez que genera la compra de divisas al tesoro. En tanto que el stock de Lebac y pases netos se multiplicó por 3,4 veces entre diciembre de 2015 y septiembre de este año o, si se prefiere, subió el 240% con el gasto cuasifiscal que ello implica, en la era k ese stock se multiplicó por 30; dicho de otro modo, el endeudamiento del BCRA creció el 2.900 por ciento.

Mi punto es que este ritmo de endeudamiento externo y del BCRA para financiar el déficit fiscal es insostenible en el largo plazo.

Por eso, la pregunta es: ¿qué es lo mínimo que tendría que hacer el Gobierno de Mauricio Macri para salir de esta trampa económica que le dejó el kirchnerismo? ¿Es viable el gradualismo que venimos viendo?

Mi punto de vista es que si apuestan a hacer sólo lo que es necesario para dominar la herencia k, será un paso adelante. Ahora,

¿En qué consiste lo mínimo para dominar la herencia k?

1. Disciplina fiscal: No se limita a bajar el déficit fiscal solamente. Lo que se requiere es una profunda reforma del sector público con reducción del gasto y una reforma impositiva. Es imprescindible que la población tome conciencia de las funciones que quiere que preste el gobierno y esté dispuesta a solventarlas con sus impuestos. Tener un gasto público del 48% del PBI sin déficit fiscal imposibilita el crecimiento económico porque el estado termina aplastando al sector privado con impuestos. La dimensión del desequilibrio fiscal no se soluciona con retoques en el gasto público, sino que la dimensión del desequilibrio implica tener que replantearse cuál debe ser el rol del estado en Argentina. Eso de que el crecimiento de la economía va a licuar el peso del Estado sobre el PBI lo veo poco probable. Es más probable que el Estado aplaste al sector privado.

 Tener un gasto público del 48% del PBI sin déficit fiscal imposibilita el crecimiento económico porque el estado termina aplastando al sector privado con impuestos

2. Reforma impositiva: El principio básico de la política tributaria debe ser que muchos paguen poco y los impuestos sean sencillos de liquidar. En vez de concentrar una enorme carga tributaria sobre un reducido sector de la población, se debe buscar aplicar alícuotas bajas y que todos paguen.
Suele argumentarse que hasta que no se reduzca la evasión impositiva no se pueden bajar los impuestos. Esto es un error. Para reducir la evasión impositiva primero hay que bajar los impuestos de manera tal que el premio por evadir sea tan bajo que el contribuyente tenga menores estímulos para evadir. El camino de reducir la tasa de evasión pasa por reducir las alícuotas de los impuestos. Hay experiencias en el mundo que demuestran que la curva de Laffer funciona. Tal vez podría pensarse en reemplazar el actual impuesto a las ganancias por un flat tax.

3. Disciplina monetaria: Para alcanzar este objetivo puede establecerse una total libertad en el uso de las monedas, anulando el curso forzoso de la moneda nacional. Los agentes económicos podrán realizar las transacciones comerciales y todo tipo de operación económica en la moneda que las partes acuerden. El peso debe ser una moneda más que podrá utilizar la gente, pero al no existir el curso forzoso el BCRA estará obligado a preservar el valor de la moneda para que la gente la elija como reserva de valor o medio de intercambio. Sin curso forzoso, con libertad de monedas, la solidez de los mercados de capital y del sistema financiero locales serán finalmente alcanzables.

 Sin curso forzoso, con libertad de monedas, la solidez de los mercados de capital y del sistema financiero locales será finalmente alcanzables

4. Reforma laboral: Es fundamental para que las 650.000 Pymes y microemprendimientos contraten personal. Con 1 persona por año que contraten estas 650.000 empresas, en 5 años tenemos resuelto el problema de la desocupación. Se podrán absorber los 250.000 jóvenes que se incorporan anualmente al mercado laboral, podrán pasarse empleados del estado al sector privado y no habrá justificativos para que los piqueteros sigan exigiendo ser mantenidos por los contribuyentes.

5. Incorporarse al mundo: Si la Argentina se incorpora al mundo, estará anclando sus instituciones a las de los países desarrollados y el proceso de captación de inversiones será más acelerado. Vean cómo el gobierno de Cataluña empieza a arrugar al ver que queda fuera del mundo si se separa de España.

El desastre populista de los últimos 70 años potenciado por el kirchnerismo es tan grande que el mínimo para superar la herencia k es un mínimo muy alto. Seguir comparándose con los 12 años kirchneristas es poner la vara demasiado baja y correr el riesgo de adoptar medidas que no alcancen para salir del pozo en que nos dejaron.

En síntesis, me parece que el 23 de octubre, si se confirma la consolidación de Cambiemos, debería aparecer un plan económico global con el mínimo de medidas señaladas. Caso contrario habrá que rezar para que el financiamiento externo permita financiar este sobredimensionamiento estatal y carga tributaria que ahogan cualquier posibilidad de entrar en una senda de crecimiento de largo plazo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Bajar la presión tributaria ya

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 28/2/16 en: http://economiaparatodos.net/bajar-la-presion-tributaria-ya/

 

Es falso que para bajar la presión impositiva primero haya que reducir la evasión y luego las tasas

A propósito del gradualismo económico que se debate en estos días, se presenta una situación curiosa. Se argumenta que hay que bajar gradualmente el gasto público para evitar una crisis social. Ahora bien, siendo que el gasto público se financia con impuestos o bien con el impuesto inflacionario, la pregunta es: ¿por qué el contribuyente, que soporta una asfixiante carga tributaria puede seguir perdiendo nivel de vida y soportarlo sin que se produzca una crisis social y el que vive sin producir a costa del contribuyente no puede esperar? ¿Acaso el que vive a costa del contribuyente tiene alguna prerrogativa ante la ley, lo cual sería inconstitucional? No se entiende por qué el contribuyente tiene que seguir siendo explotado por el ñoqui o por el que vive de subsidios como si fuera su derecho a ser mantenido indefinidamente porque si el ñoqui o el subsidiado tienen que buscar un trabajo sería una política de ajuste. Una actitud de falta de solidaridad.

Acá hay una muy mala interpretación de lo que significa bajar el gasto público. En primer lugar no es solo hacer que los ñoquis vayan a trabajar, algo que, en todo caso, sería un acto de justicia, también es decirle a quienes reciben subsidios sociales que no los van a recibir para siempre, que tienen que re empadronarse y que en caso de surgir algún trabajo acorde a sus habilidades tendrá dos opciones: a) tomar el trabajo, cobrar el sueldo y además el 50% del subsidio por 6 meses o b) si no toma el trabajo automáticamente deja de cobrar el subsidio.

Por otro  lado, bastante gasto público se podría podar mediante una revisión de los contratos de obra pública que, en muchos casos, han sido verdaderos bolsones de corrupción.

Resulta realmente disparatado que a los ñoquis que están en el estado viviendo del trabajo ajeno le ajusten los salarios por inflación y a los contribuyentes que pagamos ganancias o bienes personales nos tengan con mínimos no imponibles de 14 años atrás sin indexar. No se entiende por qué en un caso se denuncia costo social y en el caso de los que producimos y somos exprimidos con impuestos no tengamos costo social.

Es falso que para bajar la presión impositiva primero haya que reducir la evasión y luego las tasas. Es exactamente al revés. Para poder reducir la evasión impositiva, primero hay que simplificar el sistema tributario y reducir las tasas de los impuestos. Al reducir las tasas de los impuestos disminuye el premio por evadir y el que está fuera del sistema considera que es más conveniente entrar al sistema que asumir el costo de ser detectado por no pagar los impuestos.

Creo que en Argentina nos fuimos del otro lado de la curva de Laffer. La teoría de Laffer era que a medida que crece la tasa del impuesto sube la recaudación. Pero llegado un determinado punto, si el estado sigue subiendo la tasa del impuesto, comienza a recaudar menos porque estimula la evasión o bien disminuye la actividad porque la presión tributaria hace que no sea rentable producir.

En Argentina, la voracidad fiscal es tan grande que el estado ha aumentado hasta tal nivel la presión impositiva que estimula la evasión y desestimula la producción y la inversión. Tanto exprimió al contribuyente que éste produce menos y, por lo tanto, la base sobre la que recauda es cada vez menor. Dicho de otra manera, si antes el estado aplicaba un 20% de impuesto sobre $ 1000 de base imponible,  recaudaba $ 200. Ahora aplica una tasa del 30% pero sobre una base imponible de $ 600 con lo cual recauda $ 180. Aumentó la carga impositiva un 50% pero recauda un 10% menos porque la economía produce menos y la evasión es mayor. Las altas cargas impositivas maginan a la gente del sistema formal y hacen que la economía se achique, de manera que por más que aumenten las tasas de imposición ya sea nominalmente o bien en términos reales no ajustando por inflación los balances, los mínimos no imponibles y las deducciones no van a recaudar más. Por eso considero que es un error de estrategia postergar la reducción de la carga tributaria, en particular de ganancias.

Lo que se necesita desesperadamente es que la economía crezca. Que la gente produzca más. Uno de los mayores obstáculos para captar inversiones y producir más es, justamente, esta locura de sistema tributario que ha dejado del kircherismo. Mi visión es que habría que hacer exactamente la inversa. Bajar ya la presión impositiva para agrandar la economía y sobre una mayor riqueza recaudar más o lo mismo que antes.

Por supuesto que pueden intentar sostener estas tasas de imposición y buscar reactivar la economía con deuda externa recurriendo a la receta keynesiana, pero habrá que tener en cuenta que se estarán distorsionando las variables económicas al recurrir al endeudamiento externo, no se solucionarán los problemas heredados y una vez que se acabe el financiamiento externo volveremos al punto de partida.

Me parece que hemos caído en tal locura de gasto que el estado no aplica un sistema tributario para financiar sus gastos de funcionamiento sino que parte de la siguiente premisa: ¿cuánto puedo exprimir al contribuyente para llevar la carga tributaria al máximo y así financiar la colección de programas populistas que tengo en el presupuesto? El principio es cuánto puedo explotar al contribuyente, no qué gastos necesito para tener un estado austero y eficiente.

¿Por qué una persona puede estar dispuesta a vivir en sociedad sacrificando parte de sus ingresos y libertad? Para resguardarse de los ladrones errantes. De otros grupos de delincuentes. Si uno se une a grupos más amplios para defenderse de los depredadores tendría más posibilidades de defenderse de ellos. Sin embargo el populismo estatista y distribucionista terminó por transformarse en el gran depredador. Los que producen le delegaron transitoriamente el monopolio de la fuerza a un grupo de personas para que los defienda de los depredadores y ese grupo de personas terminó utilizando el monopolio de la fuerza para depredar a los que producen y mantener a los que no producen.

En síntesis, tengo la impresión que el camino indicado no es postergar  la disminución de la carga impositiva sino, por el contrario, anticiparla para estimular la generación de más riqueza que es igual al ingreso y así tener más ingresos fiscales por ampliación de la base imponible.

De lo que se trata es de ir para el otro lado de la curva de Laffer, si es que queremos que el estado deje de ser un depredador y sirva para lo que fue creado: defender el derecho a la vida, la libertad y la  propiedad de las personas.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE