El impactante testimonio de Pastora Mira García ante el papa Francisco

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 14/9/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2062792-el-impactante-testimonio-de-pastora-mira-garcia-ante-el-papa-francisco

 

Pastora Mira García es una mujer colombiana a la que la vida golpeó sin piedad. Como a pocos. Pese a eso, muestra una dignidad y una grandeza de espíritu, así como una entereza personal de dimensiones notables. Su rostro, sin embargo, tiene huellas del dolor que acumuló como consecuencia de la violencia que hasta no hace mucho se había apoderado de su país.

Ante el papa Francisco, portando una cruz en su pecho, Pastora habló serenamente de lo que le sucediera en Villavicencio. Su testimonio fue dramático. Cuatro veces su vida fue impactada ferozmente por la violencia. Su padre fue asesinado por la guerrilla marxista cuando ella era aún muy joven. Luego mataron a su marido. Para después secuestrar a su hija, cuyo cadáver encontró, pero recién siete años más tarde. Para ver, poco después, como la misma guerrilla asesinaba a su hijo luego de someterlo a torturas. Una experiencia de vida devastadora para cualquiera. Y son muchos los casos parecidos acumulados en una sociedad que fue sometida a medio siglo de violencia y espanto.

Entre quienes la escuchaban había otras víctimas de la guerrilla marxista. Y también algunos ex guerrilleros arrepentidos. Al culminar sus palabras, una ovación -con la gente de pie- estalló espontánea. Fue una expresión inequívoca de emoción colectiva. Sincera, como pocas. Pastora había sido invitada por la Iglesia a participar de un ejercicio de reconciliación sincera entre los colombianos, a lo que accedió. Seguramente es consciente de que la paz firmada el año pasado en su país aún debe consolidarse.

El Papa, conmovido como todos, le respondió, de inmediato. Presumiblemente con el corazón apretado por lo que acababa de escuchar. Un relato emocionante que había sido escuchado en medio de un silencio profundo. Sobre lo que sucede cuando la maldad se apodera de los hombres, sembrando muerte y destrucción.

“Mira, Pastora -dijo Francisco- tú lo has dicho bien, tú quieres poner tu sufrimiento y el de millares de víctimas a los pies de Jesús crucificado, para que se asocie con el suyo y se transforme en bendición y capacidad de perdón para romper el ciclo de violencia que se había apoderado de Colombia. Tú tienes razón, la violencia engendra más violencia, el odio más odio y la muerte más muertes. Debemos romper esa cadena que parece inevitable y esto es posible sólo a través del perdón y de la reconciliación.” A lo que agregó: “Y tú, querida Pastora, y muchos como tú, nos han mostrado que esto es posible. Si, lo es. Con la ayuda de Cristo, presente en medio de la comunidad es posible vencer al odio, es posible vencer a la muerte, y es posible recomenzar a aportar luz a una Colombia nueva. Gracias, Pastora. Qué bien nos has hecho a todos hoy con el testimonio de tu vida. Es el Cristo crucificado de Bajaya, que nos ha dado la fuerza de perdonar y de amar”.

El Cristo de Bajaya, recordemos, es una imagen sin brazos, ni piernas. Quedó así, mutilada, por la explosión de una bomba arrojada perversamente por los guerrilleros desde afuera hacia el interior de una iglesia humilde, donde estaba la imagen. Cuando el templo se encontraba repleto de inocentes campesinos allí refugiados, decenas de los cuales murieron en el absurdo atentado.

La reconciliación es el camino para unir en paz a las sociedades destrozadas por los conflictos armados internos. Siempre. También entre nosotros. Y es hora de trabajar para lograrla. Su camino pasa necesariamente por la verdad y la justicia. Y por la grandeza de espíritu que, pese al dolor, alimenta a la serenidad en el andar. Como lo prueba el testimonio, a la vez desgarrador y esperanzador, de una mujer colombiana, Pastora Mira García.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Genocidio armenio

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 24/4/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1787206-genocidio-armenio

 

Hoy se cumplen cien años del comienzo -en Estambul- de la terrible y larga serie de atentados y episodios perpetrados entre 1915 y 1923 que conformaron el genocidio de los armenios. El primero del siglo veinte.

Un millón y medio de armenios perdieron trágicamente la vida a través de ejecuciones masivas, marchas forzadas, asesinatos, torturas, deportaciones, hambrunas, así como el horror y la crueldad de los campos de concentración en los que muchos fueran internados. Esto sucedió cuando el Imperio Otomano estaba ya inmerso en su proceso de desintegración, durante y luego de la Primera Guerra Mundial.

No obstante, el gobierno turco aún niega que ese genocidio se hubiese perpetrado. En su visión, se trató tan sólo de crímenes no premeditados cometidos en tiempos de intensa violencia, en los que no solamente los armenios fueron víctimas del horror de los conflictos. Por ello las autoridades turcas reaccionan -destempladamente y hasta con furia- ante cualquiera que sostenga o se refiera simplemente a la existencia del lamentable genocidio. Ocultando así la verdad (que la historia, no obstante, comprueba) e imposibilitando además la reconciliación entre ambos pueblos, pese al largo tiempo que ha transcurrido desde que el genocidio efectivamente ocurriera.

Una de esas reacciones descontroladas de las autoridades turcas acaba de suceder luego de que el papa Francisco utilizara expresamente la palabra genocidio en su alocución en la emocionante ceremonia religiosa celebrada en San Pedro, hace dos domingos, para conmemorar a las víctimas de ese crimen abominable y acompañar a sus familiares. Airado, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, no sólo llamó a su embajador ante el Vaticano, sino que protestó -insidiosa y mendazmente- acusando al Papa de ser ciudadano de un país, la República Argentina, donde -siempre según el mencionado Erdogan- la diáspora armenia “controla los medios y los negocios”.

Con idéntica actitud, Erdogan se refirió, poco después, a la resolución que acaba de aprobar el Parlamento Europeo instando a Turquía a reconocer de una vez lo sucedido, señalando que cualquier cosa que digan los europeos “le entra por un oído y le sale por el otro”. Su primer ministro, Ahmet Davutoglu, lo acompañó destempladamente cuando, refiriéndose a la resolución del Parlamento Europeo, señaló con vehemencia que ella “refleja el racismo de Europa”. Mientras tanto, su país todavía parece aspirar a ingresar a la Unión Europea.

El centenario del genocidio de los armenios y su conmemoración están perturbando intensamente al nacionalista Erdogan y a su equipo de gobierno. Lo que es realmente sorprendente, porque hace apenas un año su posición sobre este tema era diferente. De corte más bien conciliatorio. A punto tal, que Erdogan no sólo fue el primer alto funcionario de su país que ofreciera condolencias a los descendientes de los armenios que murieran en los tiempos del genocidio -aunque sin reconocer su existencia- sino que, además, sostuvo que debería conformarse una comisión de expertos independientes que, luego de analizar lo realmente sucedido, se pronuncie acerca de sus alcances. Lo que parece haber caído en el olvido.

Para Erdogan, el tema tiene mucho que ver con una presunta defensa de la identidad de su pueblo. De allí sus esfuerzos de falsificación de la historia. Y su ahora cerrado retorno al “negacionismo”. Pero, en rigor, lo que está en juego es otra cosa. Diferente. Nada menos que aceptar la verdad. Advirtiendo que se la puede hacer padecer, pero nunca perecer. Por aquello de que no se puede tapar el sol con las manos. Lo cierto es que cuanto más se aferre Turquía al referido “negacionismo”, más se afectará su imagen, ante el mundo entero.

El lunes pasado llegó una mala noticia para el presidente Erdogan. Alemania anunció oficialmente que, cambiando de posición, reconocerá mediante una resolución parlamentaria, la existencia del genocidio de los armenios. Como ya lo ha hecho, entre otros, Francia. La resolución alemana mencionada incluirá a la tragedia de los armenios como uno de los ejemplos de genocidio en la historia del mundo. Tratándose de Alemania, el cambio de posición adquiere una relevancia muy particular.

Mientras tanto, en los colegios turcos se continúa desfigurando la historia y la publicidad oficial impulsa una narrativa alejada de la verdad. Por esto, apenas un 9% de los turcos creen que sus autoridades debieran reconocer lo sucedido y pedir las disculpas del caso por la inmensidad del crimen cometido -hace, es cierto, cien años- contra los armenios.

Para a transitar el camino de la reconciliación no hay otra alternativa que el reconocimiento honesto de lo sucedido. A través del mecanismo que fuere. Continuar negando caprichosamente que el genocidio de los armenios realmente ocurrió es un enorme error que se ha vuelto para los turcos una empresa insostenible e irracional. Absurda y hasta casi ridícula. Ocurre que, como bien dice el Papa, en las sociedades, como en las personas, cuando una herida está abierta, no hay que dejarla sangrar eternamente, sino tratar de curarla.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.