Reflexiones después de la visita papal a Chile y a Perú

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 19/2/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2110281-reflexiones-despues-de-la-visita-papal-a-chile-y-a-peru

 

Dado que el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeto a refutaciones en un contexto evolutivo, el debate, la crítica y la autocrítica resultan indispensables para progresar. Esta nota no es para fanáticos que, muchas veces con la mejor buena voluntad, son incapaces de seguir un hilo argumental; si fuera por ellos aún estaríamos con los Borgia en la Iglesia. En su respuesta a Gladstone el cardenal Newman propuso un brindis: «Primero por la conciencia y luego por el Papa».

El Papa ha visitado Chile y Perú. Entre otros aspectos surgen dos que comentamos, uno secundario en Chile y otro principal en Perú. El primero alude a su mensaje a los denominados «pueblos originarios», algunos de cuyos miembros han incurrido en delitos de diversa índole a ambos lados de la cordillera, pero lo que aquí señalo se circunscribe a un error genealógico. No son originarios puesto que todos los humanos procedemos del continente africano; son en todo caso los primeros inmigrantes en aquellas zonas, que merecen todo el respeto, que debe ser recíproco. Si hay conflictos sobre propiedades deben resolverse en la Justicia (aunque no todos parecen suscribir la idea de los derechos de propiedad).

Lo segundo se trata de consideraciones del Papa en el Palacio Episcopal de Lima, declaraciones que destacamos porque constituyen el eje central de su pensamiento en materia social. El núcleo de lo dicho es su alusión al «capitalismo liberal deshumano», que, según el Papa, es lo que hace daño en nuestra región y en otras partes del mundo.

Actualmente hay pocos vestigios de capitalismo liberal puesto que los gastos públicos, los endeudamientos estatales y los intervencionismos gubernamentales se elevan en grados exponenciales. Los nacionalismos y el consecuente proteccionismo están haciendo estragos en Europa. El mismo proceso lamentablemente tiene lugar en Estados Unidos, debido a gestos desafortunados del actual presidente, que hace alarde de proteccionismo y confrontación permanente en las relaciones exteriores y en lo doméstico (reduce impuestos al tiempo que incrementa los gastos a niveles descomunales). América Latina también se viene debatiendo en estos menesteres desde hace décadas.

Fuente: LA NACION

Lo que prima no es el capitalismo, sino las recetas estatistas. No resulta del todo claro si Francisco pondera la pobreza material o si la condena. Pero lo que sí deber resultar claro es que la inmensa mayoría de los pobres de esta tierra apuntan a salir lo más rápido posible de esa condición y lo han hecho en la medida en que se ha aplicado el «capitalismo liberal», es decir, el respeto recíproco y la liberación de la energía creadora.

Es de gran importancia tener presentes consideraciones bíblicas sobre pobreza y riqueza material para constatar el significado de estos términos en el contexto de los valores morales que deben primar sobre toda otra consideración, en concordancia con dos de los Mandamientos que hacen referencia a la trascendencia de la propiedad privada («no robar» y «no codiciar los bienes ajenos»), lo cual es del todo armónico con los postulados de una sociedad abierta. Si la pobreza material fuera una virtud, habría que condenar la caridad puesto que mejora la situación del receptor.

Así, en Deuteronomio (8:18) «acuérdate de que Yahveh tu Dios, es quien te da fuerza para que te proveas de riqueza». En Mateo (5:3), «bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos», fustigando al que anteponga lo material al amor a Dios (amor a la Perfección), en otras palabras, al que «no es rico a los ojos de Dios» (Lucas 12:21), lo cual aclara la Enciclopedia de la Biblia (con la dirección técnica de R. P. Sebastián Bartina y R. P. Alejandro Díaz Macho bajo la supervisión del arzobispo de Barcelona): «La clara fórmula de Mateo -bienaventurados los pobres de espíritu- da a entender que ricos o pobres lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza» (tomo VI, págs. 240/241).

Es pertinente destacar la obsesión del marxista Antonio Gramsci, que en sus cartas desde la cárcel apuntaba a «hacer saltar la Iglesia desde dentro», en concordancia con el padre Gustavo Gutiérrez -fundador de la teología de la liberación-, quien subraya que con el cristianismo «desde un horizonte marxista se encuentran puntos de vista convergentes […] por eso la abolición positiva de la propiedad privada». Recordemos que Marx y Engels sostienen que «pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada».

Mi buen amigo el exmarxista peruano -premio Mao y premio Lenin- y luego gran liberal Eudocio Ravines contaba que en su momento las instrucciones más encomendadas que recibía de la jerarquía comunista eran la infiltración en las iglesias católicas de España y de Chile.

Sin llegar a la abolición de la institución de la propiedad, en la medida en que se la afecte a través de la intromisión de los aparatos estatales, se desdibujan la contabilidad y la evaluación de proyectos, ya que los precios quedan distorsionados y son las únicas señales para asignar los siempre escasos recursos al efecto de satisfacer necesidades según sean las respectivas demandas. El derroche que esto implica consume capital, que a su vez se traduce en menores salarios e ingresos en términos reales.

En este cuadro de situación es de interés tener presente lo estipulado por la Comisión Teológica Internacional de la Santa Sede, que consignó el 30 de junio de 1977 en su Declaración sobre la promoción humana y la salvación cristiana: «El teólogo no está habilitado para resolver con sus propias luces los debates fundamentales en materia social […] Las teorías sociológicas se reducen de hecho a simples conjeturas y no es raro que contengan elementos ideológicos, explícitos o implícitos, fundados sobre presupuestos filosóficos discutibles o sobre una errónea concepción antropológica. Tal es el caso, por ejemplo, de una notable parte de los análisis inspirados por el marxismo y leninismo […] Si se recurre al análisis de este género, ellos no adquieren suplemento alguno de certeza por el hecho de que una teología los inserte en la trama de sus enunciados».

Por último, el Papa insistió en las visitas a Chile y Perú en una visión errada del medio ambiente, a juicio de autores como el premio Nobel en Física Ivar Giaever; el cofundador y primer CEO de Weather Channel, John Coleman, y el expresidente de Greenpeace de Canadá Patrick Moore. Otros críticos de este tema sugieren, en otro orden de cosas, que en lugar de apuntar a la corrección de los escándalos de corrupción en el banco del Vaticano habría que liquidarlo por incompatibilidad con las faenas propias de la Iglesia.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

POBRES LOS POBRES

Por Alberto Benegas Lynch (h)

El Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga -designado por el Papa Francisco para presidir la Comisión de Cardenales para la reforma de la Curia en el Vaticano- ha pronunciado un discurso en Forum Nueva Economía en el Hotel Ritz de Madrid, pieza oratoria destinada a criticar al capitalismo y al mercado; en sus extensas reflexiones sobre el tema queda en evidencia que lamentablemente no entiende el significado de lo uno ni de lo otro. Por más que intente hacer salvedades, sus “pero” revelan su desconocimiento más palmario en esta materia, en ese sentido concluye en su exposición que “El pilar, la piedra basilar más débil del gran constructor del capitalismo ideológico es la pobreza”.

Conozco bien al Cardenal Rodríguez Maradiaga puesto que cuando pronuncié el discurso inaugural en el CELAM (que titulé “Liberalismo y pobreza”) el 30 de junio de 1998, me recibió como dueño de casa en su carácter de Arzobispo de Tegucigalpa donde se celebró la mencionada reunión, a la que fui invitado por Monseñor Cristián Precht Bañados por sugerencia de Horst Schönbohm entonces Presidente de la Fundación Konrad Adenauer de Argentina, institución ésta que contribuyó a financiar ese congreso de obispos y sacerdotes.

En casos como los del mencionado Cardenal, tal como he señalado en otras ocasiones, conjeturo las mejores intenciones, pero como también he subrayado las intenciones resultan irrelevantes a estos efectos puesto que lo importante son los resultados de la política que se aconseja. Es una pena que se critique el sistema que permitió y permite a millones de personas salir de la pobreza. Sistema que se define como el respeto recíproco en el contexto de la asignación de los derechos de propiedad y la consecuente libertad de comercio interno y externo, a diferencia del estatismo que en gran medida prevalece en tantos países.

Antes de seguir adelante, respecto a la pobreza material y su ponderación por parte de algunos predicadores, es del caso citar a Sto. Tomás de Aquino de la Suma Teológica: “no es preciso que donde hay mayor pobreza haya mayor perfección; antes por el contrario, puede haber gran perfección con gran opulencia” (2da, 2da, q. clxxxv, art.vi).

En otros casos, resulta muy curioso y llamativo la actitud de muchos de los que alardean tener una preocupación por la condición de los pobres. En no pocas circunstancias parecería que más bien que sacarlos de esa condición los quieren usar para inconfesable propósitos personales de estos supuestos detractores de la pobreza quienes, paradójica y simultáneamente, la alaban.

En primer lugar, debe aclararse que todos somos pobres o ricos según con quien nos comparemos y en segundo término debemos tener muy presente que todos descendemos de miserables y muy brutos que vivían en cuevas y que el modo de pasar de una instancia de pobreza relativa a una de riqueza no consiste en arrancarle el fruto de su trabajo a quienes han prosperado puesto que, entre otras cosas, el respeto y la asignación de los derechos de propiedad permite que las consecuentes tasas de capitalización incrementen ingresos en términos reales.

Y no se trata de la caricatura grotesca del llamado “efecto derrame” como si los salarios aumentaran cuando el vaso de los ricos derrama mendrugos para los más necesitados. Se trata de un proceso que en paralelo mejora el nivel de vida de todos a medida que se expande la inversión de aquellos que han podido ahorrar.

En muchísimos casos también los aludidos adalides de los pobres los usan para fines políticos. Si desaparecieran los pobres aquellos sujetos se quedarían sin libreto para articular sus discursos. En verdad no están para nada interesados cómo se crea la riqueza ni siquiera respecto a lo que sucede hoy en China (en general socialista) donde pequeños islotes de libertad generan grandiosas riquezas y eliminación de pobrezas. Prefieren el discurso de la “redistribución de ingresos”, es decir, volver a distribuir por la fuerza lo que la gente distribuyó pacíficamente en el supermercado y afines con el consiguiente consumo de capital y baja de salarios. En otros términos, pobres los pobres.

Así, como hemos consignado en otras oportunidades, el Padre Gustavo Gutiérrez -quien fue invitado por el Papa Francisco a concelebrar misa, lo cual tuvo lugar en el Vaticano- es el creador de la teología de la liberación que en su libro que lleva el título de esa corriente de pensamiento, escribe que “Marx irá construyendo un conocimiento científico de la realidad histórica. Analizando la sociedad capitalista en la que se dan en concreto la explotación de unos seres humanos por otros, de una clase social por otra y señalando las vías de salida hacía una etapa histórica en la que la persona humana pueda vivir como tal […] Iniciativa que debe asegurar el paso del modo de producción capitalista al modo de producción socialista […] creadas las condiciones de una producción socializada de la riqueza, suprimida la apropiación privada de la plusvalía, establecido el socialismo, las personas puedan comenzar a vivir libre y humanamente”, para lo cual recomienda “una revolución social” y “una radicalización política” y que “la revolución cubana ha cumplido un papel acelerador” e insiste en los beneficios del “foquismo guerrillero” y “nuevas formas de lucha armada” y que “ello supone y facilita, por otra parte, un diálogo doctrinal con el marxismo” ya que “un sector importante del clero latinoamericano pide” que no hay que “confundir violencia injusta de los opresores que sostienen este ´nefasto sistema´ con la justa violencia de los oprimidos que se ven obligados a ella para lograr su liberación”.

La idea central de lo que hemos citado es tomada con entusiasmo por otros aunque no se refieran abiertamente al marxismo ni suscriban la violencia, y en no pocos casos rechazan de buena fe aquella tradición de pensamiento. En otras ocasiones daría la impresión que si el marxismo borrara de su credo su obsesión atea, se lo aceptaría más extendidamente. De todos modos, insistimos, es curioso observar a algunos quejarse de la pobreza cuando, al mismo tiempo, bloquean la posibilidad de salir de esa situación liberando energía creadora que proporciona la sociedad abierta y los consiguientes mercados libres y competitivos.

Como queda dicho, paradójicamente se condena la pobreza que es consecuencia de las recetas estatistas y, simultáneamente, la alaban como una condición preferencial con lo que, entre otras cosas, de hecho eliminan la caridad tanto material como del apostolado puesto que mejora la condición de los pobres. Incluso hay quienes sostienen que los pobres pertenecen al “reino de Dios” con lo que los pastores deberían solo ocuparse de los ricos ya que los primeros estarían salvados, sin percatarse que el mensaje evangélico alude a un tema de prioridades: la autoperfeción espiritual del hombre por un lado y las cosas de este mundo, por otro.

En esta línea argumental y en el contexto de la cita que hemos transcripto más arriba de Sto. Tomás de Aquino, es pertinente reiterar pasajes evangélicos: en Duteronomio (viii-18) “acuérdate que Yahveh tu Dios, es quien te da fuerza para que te proveas de riqueza”. En 1 Timoteo (v-8) “si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe”. En Mateo (v-3) “bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos” fustigando al que anteponga lo material al amor a Dios (amor a la Perfección), en otras palabras al que “no es rico a los ojos de Dios” (Lucas xii-21), lo cual aclara la Enciclopedia de la Biblia (con la dirección técnica de R. P. Sebastián Bartina y R. P. Alejandro Díaz Macho bajo la supervisión del Arzobispo de Barcelona): “fuerzan a interpretar las bienaventuranzas de los pobres de espíritu, en sentido moral de renuncia y desprendimiento”  y que “ la clara fórmula de Mateo -bienaventurados los pobres de espíritu- da a entender que ricos o pobres, lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza” (tomo vi, págs. 240/241). En Proverbios (11-18) “quien confía en su riqueza, ese caerá”. En Salmos (62-11) “a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón”. Este es también el sentido de la parábola del joven rico (Marcos x, 24-25) ya que “nadie puede servir a dos señores” (Mateo vi-24).

Por otro lado, las diferencias de ingresos y patrimonios, a que también se refirió en tono de queja y reproche el Cardenal Rodríguez Maradiaga, en un mercado abierto son el resultado de la votación diaria de la gente como consecuencia de sus preferencias y rechazos y que en este plano nada tiene que ver con la codicia ni con el “imperialismo del dinero”, es simplemente el resultado de lo que la gente prefiere, que al adquirir bienes y servicios de su agrado establece niveles de ingresos y patrimonios.

Por supuesto que esto no ocurre donde llamados empresarios se unen en alianza con el poder político de turno, situación en la que aquellos obtienen todo tipo de privilegios y dádivas con lo que explotan miserablemente a sus congéneres. Tampoco estamos hablando de sociedad abierta en la medida en que se promulguen regulaciones asfixiantes, gastos públicos siderales que ensanchan la figura del Leviatán, endeudamientos estatales que comprometen patrimonios de futuras generaciones que no han participado en la elección del gobernante que contrajo la deuda, inflaciones que no son más que estafas legales especialmente a los salarios de los más necesitados y presiones impositivas que constituyen una maraña que responde solo a la voracidad fiscal.

Y estos no son temas “meramente técnicos” sino que son consubstanciales a lo moral. Sin perjuicio de otras observaciones que se podrán hacer, lejos parece están algunas de las enseñanzas , por ejemplo,  de León xiii quien enfatizó en su Encíclica Rerum Novarum: «Quede, pues, sentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se ha de guardar intacta la propiedad privada. Sea, pues, el primer principio y como base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana; que en la sociedad civil no pueden ser todos iguales, los altos y los bajos. Afánanse en verdad los socialistas, pero vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni la fuerza, y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad de la fortuna, lo cual es conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad; porque necesita para su gobierno la vida común de facultades diversas y oficios diversos, y lo que a ejercitar otros oficios diversos principalmente mueve a los hombres es la diversidad de la fortuna de cada uno».

En cualquier caso y a modo de resumen del problema que aquí dejamos consignado respecto a manifestaciones de representantes de la Iglesia, la Comisión Teológica Internacional de la Santa Sede ha expresado por escrito el 30 de junio de 1977 que “De por sí, la teología es incapaz de deducir de sus principios específicos normas concretas de acción política; del mismo modo, el teólogo no está habilitado para resolver con sus propias luces los debates fundamentales en materia social […] Si se recurre a análisis de este género, ellos no adquieren suplemento alguno de certeza por el hecho de que una teología los inserte en la trama de sus enunciados”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.